El Primer Foro-Tributo de Rolando Barral

1939-2002
 


“Todo fue muy imprevisto...” (Revista Vea, Puerto Rico)

by Anonymous

 
Yolanda Barral explica que la muerte de su padre tomó a la familia de sorpresa y por lo tanto sin los recursos económicos suficientes

Acuatro días de ser operado en el Kendall Medical Center de Miami, el popular actor y locutor cubano Rolando Barral recibió cristiana sepultura en el Cementerio Graceland Park de la Calle 8 de esa ciudad. Había fallecido en la mañana del 21 de enero tras ser intervenido por el neurocirujano puertorriqueño Pablo Acebal del aneurisma cerebral sufrido 48 horas antes.
El actor cubano, que se había iniciado a los 9 años en La Habana con un papel en la novela radial “Angeles de la Calle”, dedicó toda su vida a lo que era su pasión: el mundo del espectáculo. Pero fue en los años 70 que logró fama internacional al protagonizar en Puerto Rico la telenovela “El Hijo de Angela María”. Después saltó a otros países y más tarde se mudó a Miami donde, entre otras producciones, participó durante años en “Sábado Gigante”. De hecho, su popular anfitrión Don Francisco lo menciona en su libro autobiográfico “Entre La Espada y La TV” destacando su importancia en el lanzamiento de ese programa en 1986.
Durante el funeral pudimos dialogar con Yolanda Barral, una de sus dos hijas, quien nos aclara sobre la colecta que se estaba realizando para pagar los $9,000 que costaba su entierro.
“Fueron tantas las coronas florales que la gente quería mandar, que iba a ser imposible recibirlas todas. Y pensamos que, en vez de gastar tanto dinero en flores, era mejor hacer una recolecta. Con eso, cubrimos parte de estos gastos que no esperábamos, pues fue una muerte muy rápida e imprevista, y no teníamos nada preparado. Pero esa recolección de donaciones ya terminó”, expone.
“Pero, después de tantos éxitos profesionales, ¿llegó tu papá a hacer mucho dinero?”, le preguntamos.
“No, papi era un hombre muy simple. El manejaba un Ford Escort, no un carro de lujo. Nunca pidió lo que en realidad se merecía. A él le gustaba ayudar más a la gente; no fue millonario. Viajaba por trabajo, no por placer. En realidad, él vivía bien, pero no hizo una fortuna”, responde con sinceridad.
“Su muerte ha afectado a miles de personas, ¿cierto?”
“Sí. He recibido preciosas muestras de afecto. Se me han acercado personas que lo conocieron, como alguien que me dijo que montaba bicicleta con él en Cuba; mujeres que fueron sus novias cuando eran jóvenes, y hombres con quienes jugaba pelota; otra que se lo encontró una vez en un zoológico... En fin, muchos que tienen recuerdos muy bonitos. Cada vez que se tropezaba con alguien, aunque nunca lo hubiera visto, mi papá le decía: «¿Cómo estás, mi hermano?» El trataba muy bien a todo el mundo”, recuerda Yolanda.
“Después de la operación, se pensaba que todo había salido bien y que él se encontraba en recuperación...”
“No sabíamos lo que iba a pasar. Fueron 24 horas muy difíciles, hasta que el médico nos llamó a la casa y nos dijo lo que sucedía. En uno de los exámenes postoperatorios se dieron cuenta de que papi ya no tenía actividad en el cerebro. Pero no fue un shock para nosotras, pues ya nos habían hablado de las posibilidades que tenía de morir”, comenta llorando.





    
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