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Sin autodeterminación no hay confederacion posible.

July 24 2008 at 9:16 AM
nfnf 

En el Camino de la Historia Juan Jesús Ayala
Ni siquiera islas, simplemente islotes
http://www.eldia.es/2008-07-24/criterios/criterios9.htm
Que el nacionalismo canario se encuentra en un trance ciertamente preocupante es evidente. Cuando algunos en otros territorios tienen perfectamente claras y definidas sus metas, sus estructuras y, sobre todo, adecuadamente perfiladas su ideología -y que no nos cansamos de decir que es llegar a la construcción nacional-, en Canarias andamos poco más o menos que en pañales. Sin objetivos y carentes de una ideología definida. Y no solo eso, sino con la insistente manía de mirar hacia atrás, retranqueándonos ya no en las islas, a las que se le pudiera dar otro tratamiento reorganizativo, sino considerando a éstas como islotes. Como una parte desgajada de un proyecto común, como reductos resabiantes de viejos tiempos, como feudos de no se sabe quién y a cuenta de qué.

Y cuando hablo de nacionalismo lo digo desde la universalidad dentro del espacio canario. Hay organizaciones políticas, y debo mencionarlo, cual es el PNC, que ha diseñado perfectamente en el X Congreso su hoja de ruta. Ha mirado de frente a las situaciones políticas-administrativas que se nos vienen encima, ha despejado dudas y ha reafirmado cara al siglo XXI su ideología. Ha fijado como meta, cuando sea posible, cuando el pueblo así lo crea conveniente, ir hacia la configuración de un estado confederal. Estado confederal que no hay que rasgarse las vestiduras, que es ni más ni menos lo que propicia Bélgica en estos momentos (desde Bruselas, el cogollo de la Unión europea) y de lo que disfruta la confederación helvética desde hace muchos años.

Entretanto, estamos de acuerdo, habrá que circular por el intríngulis de la política canaria y estatal con tiento y dentro de las posibilidades que tiene este pueblo de constituirse en nación política. Que será no cuando uno quiera, sino que ocurrirá cuando el parlamento sume al menos 31 diputados nacionalistas. De llegar ese momento, sería una inflexión definitiva y entonces sí que se podrá caminar con más decisión hacia el objetivo.

Pero lo que no debe ser de ninguna de las maneras, dado que se da de cara con la conceptualización del nacionalismo, es seguir pensando en la isla, continuar amparándose y desde el poder que en ella se establezca, porque con ello se dinamitaría o dificultaría un proyecto de nacionalismo universal canario. No debe ser que desde la isla y más desde un posicionamiento desvirtuado que está más próximo a un islote por su racanería se continúe pregonando y trabajando en el sentido de que de Canarias se construye desde las islas.

Las islas tienen lo que deben tener, su espacio geográfico y cada una con su peculiaridad, que hay que defender y hasta respetar, por supuesto, sus condicionantes culturales y hasta sus apetencias políticas. Pero no caigamos en viejas trampas y no olvidemos que desde los gobiernos de Madrid, Canarias se dividió en dos y no vengamos precisamente ahora, nosotros los que nos titulamos nacionalistas, a contribuir aún con más virulencia si cabe a la ruptura y al escapismo por el egoísmo que dan unas migajas de poder.

El nacionalismo canario debe ser otra cosa, por lo que debe y tiene que sobrepasar la isla, porque si se continúa instalado en lo mismo, pensando que El Hierro, La Gomera o Tenerife, cada una por su lado son el ombligo del universo canario y que hay que contar con su cuota representativa, se seguirá dando en el mismo clavo y haciéndonos el mismo daño al actuar a oscuras y de espaldas a una realidad nacionalista consecuente.

Las islas, para no convertirse en islotes, para no descolgarse de un proyecto nacionalista común y canario, tienen que romper el cerco, olvidarse de límites y de orillas que separan y, si hace falta, emular, y observar lo que hacen y están haciendo otros que han dejado de mirarse hacia adentro, que han echado atrás los personalismos y que lo que prima es el objetivo y no hacerlo desde ventanas con cristales opacos porque las brumas del tiempo no nos dejarían ver con nitidez el horizonte que se nos pierde, se nos aleja.

Las islas tienen que dejar de ser islas, pero no para convertirse en islotes, sino para pensar en Canarias desde la unidad, con un proyecto nacionalista claro y diáfano, sin tapujos y con un lenguaje directo. No contribuyamos a confundir a los que aún conservan la esperanza de situar a las islas donde se merecen por su geografía y por su historia. Hagámosles llegar el discurso que están esperando y deseando oír. Porque si se continúa con timideces y con ideas romas, la gente tocará a otras puertas. Y entretanto, eso sí, el nacionalismo canario estaría aún discutiendo su ideología y qué es lo que le pertenece a una isla o a otra.

De seguir por ese camino, se perdería el tiempo y sería como estar encandilados por un rayo de sol que si hoy da luz a un espacio dignificante de la política canaria, a la vuelta de la esquina estarían al acecho oscuridades que no deben repetirse y entre todos desechar.

Pero no desde el islote, no desde la isla. Eso es lo de siempre. Es el camino que en su día fue posible, quizás en aquel momento el único. Hoy debe ser otro porque otro es y debe ser el objetivo. Y eso o se tiene claro y se asume sin ningún tipo de componendas, o no habrá nada que rascar.

 
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