MENTIROSO

TODOS TENEMOS ALGO QUE OCULTAR
 


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CAPITULO 8

February 19 2003 at 6:53 PM
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CAPITULO 8

ESCENA 1

En Arosemena & Arias, oficina de Agustín


Jasón: Ya sabía yo que algo se traían ustedes. Y así me das lecciones de moral, mi querido padre. A ver dime, ¿desde cuando te revuelcas en la cama con la perra de tu asistente???...responda, señor moralidad. Atrévete a negarme que desde antes que mi madre muriera te besuqueabas y te revolcabas con esta barragana de quinta clase.
Agustín: Ya basta Jasón, no te voy a permitir que me hables así y mucho menos que insultes a Patricia!!!!
Jasón: ¿No me vas a permitir? Me das risa, me vas a permitir lo que quiera porque con esto voy a encargarme de arruinar tu imagen frente a Ana. Qué pensará Ana de su distinguido papacito...
Agustín: Dije que basta, ya es suficiente. No te atrevas a amenazarme...

Mientras Agustín hablaba avanzó hacia su hijo hasta quedar frente a él.

Jasón: ¿Qué? ¿Me piensas golpear?? Anda. A ver si puedes...

Patricia se apresuró a interponerse entre ambos.

Patricia: Agustín, tranquilízate, es tu hijo, y además no vale la pena seguir con esta discusión.

Jasón, que sabía que un golpe de su padre podría estropear lo que él consideraba su bello rostro, se movió hacia un lado y se sentó en uno de los sillones de la oficina. Y su ambiciosa mente pensó:

Jasón: Dime querido padre, ¿Qué me ofreces para que mi linda hermanita no se entere de tus aventuras clandestinas con esta zorra?. A ver dime ¿Cuánto ofreces para que Ana no se entere?

En ese preciso instante entró Ana a la oficina

Ana: ¿Para que no me entere de qué?, ¿De qué no me tengo que enterar?

ESCENA 2

En Arosemena & Aria, recepción.


Ernesto decidió esperar a Jasón en la recepción. Era preciso aclarar ese asunto en ese mismo instante. Pero se vería raro si lo esperaba. Prefirió entonces dejarle un mensaje con la recepcionista. Pidió una tarjeta de mensajes y anotó un lugar y una hora. La metió en el sobre y le dijo a la joven recepcionista (Indra Zuno) que le entregara eso al joven Jasón Arosemena cuando saliera, que era muy urgente.

Abandonó las oficinas de Arosemena & Arias. Se dirigió hacia su auto y en el instante en que lo iba a abordar su celular sonó. No identificaba el número, pero era un número de Chiriquí, así que se apresuró a contestar. Era Dolores, su tía.

Ernesto: ¿Si?? Qué tal tía, ¿por qué me llama?
Dolores: ¿Qué por qué te llamo? ¿Qué grosería es esa? Acuérdate que...
Ernesto: Ya, ya, ya. Está bien. Dígame, ¿qué sucede?
Dolores: Pues que Alicia ha tenido otra de sus crisis y está preguntando por ti. Creo que vas a tener que venir.

Ernesto se sintió desesperado. No ahora. Ahora no. ¿Hasta cuando tendría que cargar con eso?

ESCENA 3

En Casa de Maura


Maura Santana regresó a su casa. Se le notaba algo ansiosa, nerviosa. Por eso su hermano Joel, de 19 años, le preguntó.

Joel (Eduardo Arroyuelo): ¿Qué te pasa? Estás como nerviosa
Maura: ¿Qué... qué me pasa? Nada, qué me va estar pasando.
Joel: Mmmm... ‘tas rara. viste a Angélica hoy, ¿habló contigo?
Maura: Sí, sí la vi... ¿por qué?
Joel: Nada, porque estuvo por aquí al medio día. Yo la dejé pasar a tu cuarto a que te esperara
Maura: ¿A mi cuarto?... Si serás idiota, por qué hiciste eso...
Joel: ¿Por qué? ¿qué tiene? No se suponen que son amigas, además siempre entra a tu cuarto...

Maura ya no escuchaba a su hermano. Seguramente al entrar a su cuarto Angélica habría tomado su diario y de esa forma se enteró de todo. Pero por estúpida y vidajena, por no dejarle el camino libre para estar con César, esta noche moriría. Se levantó y dejó hablando a su hermano solo. Entró a su habitación y se recostó en su cama a esperar que el tiempo pasara, pero como el tiempo siempre se va lento cuando uno quiere que pase rápido, a Maura le parecieron eternas las horas.

ESCENA 4

En casa de los Arosemena


Marta condujo a Pilar al estudio para que hablaran.

Marta: ¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste? ¿Cómo lograste salir del sanatorio? ¿Qué es lo que pretendes?
Pilar: ¿No te parece que son muchas preguntas a la ves? Y fíjate, ninguna de ellas preguntan por mí, por mi bienestar. Es evidente que no te da gusto ver a tu hija fuera de ese lugar... pero, claro, cómo te va a dar gusto si fuiste tu quien me mantuvo en ese lugar por tantos años, sin importarte que...
Marta: Basta!!! Dime de una vez qué es lo que quieres, qué haces aquí.
Pilar: Está bien. Te lo diré. Quiero saber que hiciste con mis hijos, quiero qué me digas en este mismo instante dónde están mis hijos!!
Marta: ¿Tus hijos? No sé de qué hablas, tu no tienes ningunos hijos...

Marta al hablar mostraba nerviosismo. Pilar se le acercó y tomándolas por los hombros dijo molesta.

Pilar: No me engañas!! Por muchos años me mantuve perdida de éste mundo, sedada en ese manicomio, sin vida, sin recuerdos, sin esperanzas!!! Pero ahora estoy aquí y lo recuerdo todo madre, TODO!!!
Marta: Suéltame!! Cómo te atreves a hablarme así, soy tu madre!!

Pilar soltó a Marta y caminó hacia la ventana.

Pilar: ¿Madre? Esa palabra te queda grande... Una madre no le hace a su hijo lo que tú me hiciste a mi... ¿Cómo puedes reclamarme nada, después de todo el daño que me has hecho?
Marta: No te he hecho nada!!
Pilar: ¿No?... Tú sabías que mi padre, tu marido, abusaba de mí, sabías que me obliga a hacer todas esas asquerosidades y jamás hiciste nada!! Por el contrario me culpaste y me llamaste zorra... cuando yo apenas era una niña...
Marta: Cállate, cállate...
Pilar: Yo solo tenía 10 años mamá, 10 años!!!

Marta caminó hacia la puerta del estudio y la abrió.

Marta: Vete, vete, no quiero que estés aquí. No tienes nada que hacer en esta casa ni en mi vida. No me importa lo que pienses, no me importa lo que digas, no me importa nada de ti!!! Vete!!!

Pilar caminó hacia la puerta, apartó a Marta y la volvió a cerrar.

Pilar: No me iré de aquí hasta saber qué hiciste con mis hijos!!
Marta: Pero de qué hijos hablas, por Dios!! (Dijo Marta alejandose se Pilar hacia el otro extremo del estudio)
Pilar: Ya basta!!! No sigas fingiendo. Lo recuerdo todo. Yo quedé embarazada de mi propio padre y di a luz a tres niños... mis hijos, mis hermanos...
Marta: No sé de que hablas. Regresa al manicomio del que no debiste salir... Estas loca, eres una loca!!

Pilar caminó hasta donde su madre y le dio una fuerte bofetada. Airada dijo:

Pilar: No vuelvas a llamarme loca!!. No vuelvas a insultarme. Jamás lo permitiré, jamás volveré a permitir que me hagas daño!! Y entiende algo de una buena vez: no voy a descansar hasta saber qué pasó con mis hijos!!

Marta estaba impactada. No alcanzaba a pronunciar palabra. Pilar se había atrevido hasta a golpearla y al parecer su mente y memoria estaban perfectamente bien. Recordaba a sus hijos y ahora exigía verlos.

“Tengo que pensar – se dijo Marta – Tengo qué pensar qué le digo!!”

Marta: Está bien. Voy a decirte la verdad, pero no aquí, ni ahora. Estoy trabajando y tengo que preparar la cena. Dime donde nos podemos ver mañana.
Pilar: De acuerdo. Mañana a la 1 de la tarde en el Restaurante Nápoli. No me dejes esperando porque entonces sabrás hasta donde tu hija “loca” es capaz de llegar.

Diciendo esto, Pilar salió de la casa Arosemena, dejando a Marta angustiada.

ESCENA 5

En Arosemena & Arias, oficina de Agustín


Ana continuaba en la oficina de su padre esperando respuesta.

Ana: Respóndanme, ¿de qué no me tengo que enterar? ¿Papá?
Jasón: Anda, padre querido. Dile a Ana de qué no se tiene que enterar.

Agustín miró con odio a su hijo. Sintió que lo detestaba. No encontraba qué decir. Miró a su hija, luego a Patricia y nuevamente a Jasón.

Jasón rompió el silencio: Bueno, en vista de qué no hablas, se lo diré yo. A ver hermanita, nuestro querido padre...

Agustín lo interrumpió rápidamente: Jasón, viniste por dinero, ¿verdad? (Se dirigió a su escritorio y confeccionó un cheque). ¿Te parece suficiente?

Jasón se levantó y tomó el cheque que le ofrecía su padre. Lo miró y respondió: Sí, me parece suficiente... por hoy está bien. Creo que ya me voy.

Ana, que todo le parecía extraño, volvió a preguntar qué era aquella cosa de la que no se debía enterar. En ese momento intervino Patricia.

Patricia: No es nada Ana. Bueno, hubiéramos querido que no supieras, pero lo que sucede es que tu padre te estaba preparando una fiesta sorpresa para tu cumpleaños y Jasón se entero, y ya sabes como es nuestro querido Jasón...

Ana: ¿Eso era todo? ¿Una fiesta para mi, papito? (Ana corrió a abrazar a su padre) Tu siempre tan lindo. Bueno, dirás una fiesta para Jasón y para mí.
Patricia: Exacto, una fiesta para ambos.

Al ver Jasón como su padre abrazaba a Ana sintió un malestar enorme. Y así mismo sintió ganas de hacerle daño a ambos. Ya tenía el cheque guardado, así que no dudó en decir:

Jasón: ¿Sabes Ana? Me sorprende lo estúpida que eres para ser mi hermana. ¿De veras te crees lo de la fiestita? Si serás idiota. Lo que nuestro padre no quiere que te enteres es que se revuelca en la cama con esta puta que se hace llamar abogada. No quiere que te enteres que ambos se entienden desde antes que mamá muriera. No quiere que sepas que son amantes!!!

ESCENA 6

En la vicaría del Padre Santiago

El Padre Santiago entró en su iglesia. Tenía que prepararse para la Misa de las 6 de la tarde, pero no se sentía con ánimos. Le pidió al asistente que se encargara de la misma porque estaba indispuesto.

Se dirigió a su habitación y se sentó en una silla. Sentía culpa. Sentía rabia y asco de sí mismo. Toda su vida era una mentira. Desde muy niño supo sus inclinaciones sexuales, pero aún hoy, a sus 30 años ni siquiera Dios había podido hacerlas desaparecer. Se cuestionó entonces el “Poder” y la “Misericordia” de Dios, que aún sabiendo el sacrificio y esfuerzo que siempre intentaba realizar por no caer en sus deseos carnales, le permitía llegar hasta lo más profundo.

Padre Santiago: ¿No eres tu Dios? ¿No eres tu el “Todopoderoso”? Entonces por qué permites mi pecado!! Por qué me hiciste así... Porque TU me hiciste así, Tu que dices ser el creador de todas las cosas también eres mi creador... TU me hiciste homosexual... TU eres el culpable de mi angustia!!!....

Entonces se recriminó el cuestionar a Dios. Se recriminó sus palabras y reprochó su carnalidad.

Padre Santiago: Pero qué estoy diciendo, qué estoy haciendo!!

Llorando y apenas susurrando, justificó a Dios, se culpó de su pecado y rezó:


“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago... De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí... en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago... Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”



Entonces el Padre Santiago, sabiéndose culpable y responsable de su pecado tomó el flagelo que guardaba en su armario y a latigazos marcó su espalda como símbolo de su culpa. Mientras se azotaba el llanto proveniente más que de sus ojos sino de su alma corría como río turbulento por su rostro.

“Soy pecador... Soy culpable... Perdóname Dios, Perdóname!!!”


Y es que el Padre Santiago, al flagelarse, no sólo sentía que liberaba a su Dios de su pecado, sino también que limpiaba su alma con la sangre que de él brotaba

ESCENA 7

En el auto y casa de Julieta.


Julieta conducía su auto hacia la oficina de Agustín pero estaba muy nerviosa por la aparición de Tony, más cuando exigía ver a su hijo. Pensó en Danielito que estaba en casa con Perla, la niñera.

“¿Y si a ese loco le da por ir por mi hijo? – pensó Julieta – Mejor voy para mi casa y mañana hablo con Agustín. Tengo que estar segura que mi hijo está bien”

Cambió de dirección y condujo a su casa. Al llegar su hijo corrió a saludarla.

Danielito (Bryan Alejandro): Mami!!! Ya viniste, que bueno!!!
Julieta: Sí mi vida aquí estoy... (dirigiéndose a la niñera) ¿No ha venido nadie? ¿No ha pasado nada extraño?
Perla (Dacia Arcaráz): No señora... a bueno sí... pero no sé si se refiera a eso. Estuvieron llamando varias veces por teléfono pero cuando contestaba cerraban de una vez.

Julieta aumentó entonces su nerviosismo. “Ese tiene que haber sido Tony. Maldito... no pudo haberse muerto en esa cárcel!!”. Abrazó a su hijo muy fuerte y dijo:

Julieta: No lo voy a permitir mi amor, no lo voy a permitir.

ESCENA 8

En el Colegio la Salle.

En medio de la oscuridad Angélica intentaba desatarse, pero su esfuerzo era infructuoso. No podía soltarse ni pedir auxilio.

“Qué voy a hacer. Tengo que salir de esto, tengo que desatarme – pensó – Maura no puede matarme. Dios mío, se volvió loca... César, dónde estas... ”

Recordó entonces cuando vio por primera vez a César, hace ya un año, cuando en el colegio tropezaron.

- FLASH BACK -

Angélica: Oye pero fíjate... mira como me tiraste los libros...
César: Disculpa... no me di cuenta que venías...
Angélica: ¿Obvio no? La próxima vez fíjate... y ya dame mis libros
César: Toma... ee... soy César, César De La Rosa. Soy nuevo en la escuela.
Angélica: ¿Y a mi qué me importa? Dame paso que tengo prisa y me atrasas...

- RETORNO -

En ese primer encuentro César le había parecido estúpido y nada atractivo. Pero luego coincidieron en algunas clases y grupos de trabajo y así se habían hecho amigos, hasta terminar siendo novios. Y ahora, a pesar que alguna vez lo había engañado, lo amaba con toda su alma. Pero tal vez nunca ya lo volvería a ver.

Por la Angustia empezó a llorar. “No puedo morir, no quiero morir... Dios ayúdame... sácame de ésta. Prometo no portarme mal... prometo ir a la iglesia, pero ayúdame Dios, ayúdame...”

ESCENA 9

En Arosemena & Arias, Oficina de Agustín.


Ana no creía lo que escuchaba. Agustín solo alcanzaba a mirar a su hijo. Patricia se mantenía en silencio. Y mientras Ana miraba el rostro de su padre y la seguridad de su hermano, supo que era verdad lo que éste decía.

Ana solo dio tres pasos, suficientes para quedar frente a Patricia.

Hipócrita – le gritó- y así mismo le dio una bofetada.

Patricia recibió el golpe y se quedó quieta. Sabía que no le convenía reaccionar contra Ana. Esta última dio media vuelta, y sin volver a ver a su padre salió corriendo de la oficina.

Jasón solo alcanzó a decir: ¿Te dolió papito?

Y así como Ana se fue, él también lo hizo antes que su padre reaccionara. Pero Agustín estaba demasiado aturdido para reaccionar.

Ana corrió llorando por los pasillos del edificio hasta llegar abajo, y justo cuando se disponía a ir a su auto volvió a tropezarse con Ernesto, qué aún estaba pensativo en los estacionamientos del edificio.

Y sin saber por qué razón lo hizo, Ana abrazó muy fuerte a Ernesto.


FIN DEL CAPITULO 8




Saludos desde Panamá!

Abdiel

 

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