MENTIROSO

TODOS TENEMOS ALGO QUE OCULTAR
 


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CAPITULO 9

May 12 2003 at 11:44 PM
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Abdiel  (no login)
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CAPITULO 9


Invitada:

Indra Zuno como Erika


ESCENA 1


En Arosemena & Arias, recepción


A Jason, al pasar por recepción, la recepcionista lo llamó.

Erica: Joven Jasón, disculpe, aquí tengo un mensaje para usted
Jasón: ¿Un mensaje para mi??
Erica: Sí, es del Lcdo. Guardia. Me dijo que era urgente
Jasón: Ok. Dámelo.

Jasón tomó el sobre cerrado y lo abrió. Solo decía un lugar y una hora. Por lo visto a Ernesto también le interesaba hablar sobre el asunto.

Se dirigió a los ascensores y descendió hasta la planta baja. Al salir a los estacionamientos vio como su hermana abrazaba a Ernesto, y además subía al auto de éste.


ESCENA 2


En el auto de César, en la casa Arosemena.


Ana corrió llorando por los pasillos del edificio hasta llegar abajo, y justo cuando se disponía a ir a su auto volvió a tropezarse con Ernesto, qué aún estaba pensativo en los estacionamientos del edificio.

Y sin saber por qué razón lo hizo, Ana abrazó muy fuerte a Ernesto.


Ernesto convenció a Ana de llevarla a su casa. En el camino la chica no dijo ni una palabra, solo lloraba y lloraba. Y Ernesto consideró más prudente no decir nada. Como no sabía donde vivían los Arosemena tuvo que detener el coche para pedirle a Ana que le explicara. Fue entonces que Ana lo miró a los ojos.

Ana: ¿Sabe? Es horrible pensar que uno conoce a alguien y darse cuenta que no es así. No soporto las mentiras, y él me mintió. Y no solo eso, engaño a mi mamá, mi pobre madre que estaba desvalida en una cama, enferma, mientras el se...

Ernesto intuyó de inmediato qué estaba pasando. Seguramente Ana se acababa de dar cuenta de algún amorío de su padre. Y si eso acababa de pasar, debía ser con la muy eficiente Patricia. Ernesto pensó que era un buen momento para entrar en más confianza con Ana. Ganarse su amistad sería algo muy positivo. Así que se dedicó a tranquilizarla. La tomo de las manos y le dijo que todo iba a pasar, que se tranquilizara, que seguramente las cosas no eran tan malas como parecían.

Ana sintió una seguridad gigantesca. Sentir las manos de Ernesto la hacían sentir mejor. Y tenerlo tan cerca era tranquilizante.

Por fin Ana se sintió mejor para indicarle a Ernesto donde era su casa. El arrancó el coche y se dirigió hacía allá. Cuando llegaron, Ana descendió del coche lentamente. Ernesto hizo lo mismo y camino hacia ella.

Ernesto: está segura que se siente mejor??
Ana: Sí, muchas gracias por acompañarme y escucharme y por traerme y por todo, realmente ha hecho mucho por mi
Ernesto: No es nada, no se preocupe señorita...
Ana: Por favor no me trate de usted, y llámeme Ana
Ernesto: No, eso no, sería un atrevimiento de mi...
Ana: Por favor, y además tampoco es que soy una vieja fea para que me trate de usted
Ernesto: No claro que no, no es ni una vieja, y mucho menos fea. Si usted es hermosa

Ana sintió que la sangre enrojecía su rostro. Aquel hombre le había dicho que era hermosa. Ernesto notó de inmediato la emoción de Ana.

Ernesto: Al parecer le ha avergonzado lo que dije. Disculpe si...
Ana: No, no, no se preocupe. Es que no es tan frecuente que me digan que soy hermosa
Ernesto: ¿Y se supone que debo creer eso?

Ana sonrió.

Ernesto: Aaaaa, por fin una sonrisa. ¿Ve? Es mejor sonreír que llorar
Ana: Pues si, ¿verdad? Pero sigue tratándome de usted, ya le dije que puede tutearme.
Ernesto: Ok. Lo haré, pero sólo si usted, digo, tu, haces lo mismo.
Ana: Está bien, trato hecho...

Y ambos se miraron. Ana sintió que la mirada de Ernesto la había atrapado. Y Ernesto pensó que nunca antes había conocido un alma transparente como esta. Luego de unos minutos Ana por fin reaccionó.

Ana: Bueno, ahora si ya me tengo que ir. De nuevo gracias, en serio.
Ernesto: Tranquila, y cuando quieras puedes volver a llorar en mis brazos
Ana: Ok. Mire, le tomaré la palabra. Digo, TE tomaré la palabra.

Y al decir esto avanzó hacia su casa. Ernesto miró como entraba a la casa y dio la vuelta para entrar a su coche. Pero alguien lo llamó. Era Jasón.

Jasón: tu y yo tenemos que hablar, ¿verdad?



ESCENA 3



En la Casa Arosemena


Ana entró a su casa y fue recibida por Marta.

Marta: Hola mi niña, como estás... pero que te pasa porqué traes esa carita?
Ana: Nada, nana, no me pasa nada.
Marta: Ayy mi niña sabes que a esta vieja no la puedes engañar.
Ana: Sí verdad? ...mi viejita, si supieras... pero luego te cuento, ahorita solo quiero irme a mi cuarto y darme una ducha... ¿Qué te pasó en la cara?
Marta: Un golpe que me di, nada serio... El joven César está aquí. Ha estado esperando toda la tarde a tu hermana, pero Angélica no ha llegado aún. Está en el estudio.
Ana: Ah bueno, voy a saludarlo.

Ana se dirigió al estudio y abrió la puerta. César se levantó de la silla y miró ansiosamente, esperando que fuera Angélica. Pero se decepcionó al ver a Ana.

Ana: Hola César. Parece que no te gustó verme.
César: No, no es eso. Es que pensé que era Angélica. Hola. Es que tengo rato esperándola, he estado llamándola al celular y parece que lo tiene apagado. Dejó su carro en la escuela y la verdad tengo muchas ganas de hablarle... es que tuvimos una discusión y fui duro con ella... quiero pedirle perdón, pero nada que aparece.
Ana: De repente se fue de compras. Ya sabes como somos las mujeres, nos deprimimos y nos vamos de compras... pero lo raro es que haya dejado el carro en la escuela.
César: Sí. Eso es extraño... Dónde podrá estar. ¿Puedo esperarla?, ¿no hay problema verdad?
Ana: Claro que no, espérala el tiempo que quieras. Estas en tu casa. Yo voy a mi recámara a darme un baño y luego vengo por acá.
César: Ok. Aquí seguiré.

Ana iba a salir del estudio, pero no por la puerta por la que entró, sino por otra que la ubicaba más cerca de la escalera. Al intentar abrirla se dio cuenta que estaba cerrada y dijo:

Ana: Pero que raro, esta puerta está con llave. Nunca se cierra con llave.

El comentario de Ana hizo recordar algo a César. Inesperadamente el joven se levantó y dijo:

- Con tu permiso Ana, tengo que irme –Y en seguida salió del estudio y de la casa de los Arosemena.

Ana se sorprendió de la actitud de César, pero no le dio mayor importancia. Seguramente se le acababa de ocurrir dónde podría estar Angélica. Total, después de casi 1 año siendo novios, algo debían conocerse. Se dirigió a la otra puerta y cuando la abrió chocó con su tía Andrea.

Andrea: Ana, no sabía que estabas aquí... si estás estudiando me retiro.
Ana: No tía, no estoy estudiando. Puedes quedarte, ya me voy a mi recámara.

Acto seguido salió. Andrea se dirigió, entonces, al escritorio en el que Agustín guardaba dinero en efectivo para cualquier eventualidad. Intentó abrir el cajón pero estaba cerrado con llaves.

“Maldición, está cerrado – Pensó Andrea – Seguramente la vieja tonta de Marta es quien tiene la llave. Pero necesito dinero ya. Qué hago!!!!. Creo que tendré que recurrir a mi lindo sobrinito”.



ESCENA 4


En Jimmys Café


Ernesto conducía el coche y en el asiento contiguo iba Jasón. Habían acordado no decir nada hasta sentarse frente a frente en el café donde iban. Por fin llegaron y se instalaron. El primero en hablar fue Jasón:

Jasón: Ahora sí, dime cómo es eso que eres abogado y te contrataron en la firma.
Ernesto: Pues sí, soy abogado. Hace tres meses sustenté y ya tengo la idoneidad. Como soy excelente y también tengo excelentes referencias tu padre me contrató. Eso es todo.
Jasón: Eso es todo, así, y ya?
Ernesto: Ajá, es todo.
Jasón: Y por qué nunca dijiste nada?
Ernesto: No tenía porqué. Tu y yo mantuvimos una relación estrictamente comercial y tu no tenías por qué saber nada de mi vida, así como yo no tenía que saber, ni supe, nada de tu vida.
Jasón: Cierto. Ese fue siempre el trato. Tu hacías tu trabajito sin preguntas, y lo mismo yo.
Ernesto: Exactamente. Tengo que decirte que como en realidad me impactó verte ahí, pues tu eres uno de los pocos clientes que tenía, tu hermana se dio cuenta por mi asombro que tu yo nos debíamos conocer, y me preguntó si yo era gay...¿ella sabe que eres gay? Esa pregunta me pareció rara...
Jasón: Quéeeeee!!! No, no lo sabe. Y ¿qué le dijiste, qué respondiste? Le dijiste que...
Ernesto: A esa pregunta le dije la verdad, por supuesto. YO NO SOY GAY, y eso fue lo que le respondí. Claro, me tocó echarle un cuento de un supuesto trabajo comunitario que realizas en Curundu...
Jasón: Jajajaja, ¿Curundu?, y ¿se lo creyó?
Ernesto: Ajá, todito
Jasón: Definitivamente que Ana es estúpida, creerse que yo me voy a meter entre semejante basura de gente, uyyyyyy, nada más de pensarlo, mira mira: me erizo.
Ernesto: Tan refinado el niño, ¿no?
Jasón: Por supuesto... y sobre eso que no eres gay, mmmm... no lo serás pero bien que...
Ernesto: Que te pasa, respeta.
Jason: Ok, ok... A ver, y que piensas hacer respecto a todo esto?
Ernesto: ¿Qué pienso hacer de qué? Mantener la boca cerrada, igual que tu. Yo no le digo a nadie que tu ERES GAY y que todas esas noviecitas que tienes son pura pantalla y tu no le dices a nadie que yo, en algunas ocasiones me dedicaba a dar masajes privados y shows de strippers a hombres, mientras estos tenían fantasías sexuales conmigo. Así, ambos salimos ganando.
Jasón: ¿Solo masajes y fantasias...? Jajajaja. ¿Orgullo macho? Si varias veces...
Ernesto: Dije solo shows de streppers y masajes. SOLO ESO.
Jason: Ok., no hay problema, no voy a “contradecirte”... Lo que dices me parece bien. Yo no digo nada de ti y tu no dices nada de mí. Pero solo con una condición.
Ernesto: ¿Condición? ¿De qué condición hablas?



ESCENA 5


En casa de Dolores


EN CHIRIQUI, Dolores consolaba a Alicia

Dolores: Ya, Alicia, tranquila, lo de Elena no fue culpa tuya
Alicia (llorando): Sí, sí lo fue, yo tengo la culpa de que mi niña se haya perdido, yo fui quien... ayyy mi niña, mi niña, qué habrá sido de mi niña...

Dolores abrazó a su hermana.

La desaparición de Elena, cuando la niña apenas tenía 3 años, había ocurrido hace ya 24 años, pero las heridas en Alicia aún estaban abiertas, y más porque siempre se culpó de esa tragedia.


ESCENA 6


En el auto de Ernesto.


Ernesto abandonó el café en donde estaba y se dirigió a su apartamento. Mientras conducía entre el desesperante tráfico ordenaba sus pensamientos. Pese a todo había sido un buen día. Ya era un abogado de la más prestigiosa firma del país y se había ganado la confianza de la hija del Dr. Arosemena...

En ese momento recordó la propuesta o condición de Jasón.

-FLASH BACK-


“Jasón:
Me parece bien. Pero solo con una condición.

Ernesto:
¿Condición? ¿De qué condición hablas?... Ni se te ocurra pedirme...

Jasón:
Tranquilo man, que no voy a hacerte una “propuesta indecente”. La condición para mantener todo esto en silencio es simple. Es más, creo que a un tipo como tu que se las da de macho le va a fascinar.

Ernesto:
¿A si?

Jasón:
Ajá. Mira, como te dije es simple. Te vi con mi hermana, abrazándola y consolándola hace un rato, y pues se me ocurrió hacerle una pequeña bromita a mi querida Anita. Quiero que la enamores, la uses, y luego la dejes.

Ernesto:
Pero, qué dices. ¿Quieres que le haga daño a tu hermana?

Jasón:
Ajá. Sí, eso mismo. Quiero que la destruyas emocionalmente.”


-RETORNO-


Ernesto había aceptado la propuesta de Jasón, porque además de la promesa de éste de guardar silencio, le había ofrecido una buena cantidad de dinero. Total, se trataba de un trabajo más. Y de paso podría disfrutar de la compañía de Ana, que en cierta medida le agradaba.


ESCENA 7


En casa de Maura / Colegio La Salle.


Por fin ya eran las 12 de la media noche. Maura Santana se levantó de su cama, se puso un jean cómodo, un suéter y sus tenis. Se dispuso a regresar al colegio La Salle, donde estaban Angélica y el celador.

Abrió la puerta de su cuarto y muy silenciosamente salió de su casa. La escuela no estaba lejos, así que podría llegar caminando. Por si acaso, llevaba un pasa montañas que le cubría el cabello.

Pronto estuvo frente al colegio. Iluminándose con una linterna, penetró por uno de los laterales y se dirigió al gimnasio, entró al vestidor, fue directamente al llavero de la oficina donde estaban las llaves y tomó la del depósito. Abrió la puerta y encendió la luz. El corazón de Maura latió a millón.

No puede ser!!! – se dijo - Ahí no estaban ni Angélica ni el celador.

De repente todas las luces del vestidor se encendieron y tras de ella Maura escuchó una voz.

Angélica: ¿Me buscas a mi?



FIN DEL CAPITULO 9




 

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