CAPITULO 17
Actuación Especial de:
Tomas Goros como Emilio De La Rosa
Y
MIGUEL CORCEGA
Como el Juez Facundo Sánchez
ESCENA 1
En Casa de los Arosemena
Felipa: Señorita Angélica, la buscan
Angélica: ¿A mí?, ¿Quién?
En ese instante entró Olivia al desayunador.
Olivia: Yo... soy yo...
Angélica se levantó de la mesa para saludar a Olivia pero se detuvo al ver el rostro de la mujer. Olivia la miraba con tanta ira que la joven se sobrecogió.
Angélica: Olivia... ¿qué le pasa...?
Olivia (pausadamente): Por tu culpa mi hija Maura está presa... por tu culpa Joel está muerto...
Angélica: Joel... ¿murió?
Olivia: No te hagas la inocente... tú lo atropellaste... tu lo mataste y ahora yo voy a matarte a tí!!!
Al decir esto Olivia sacó un cuchillo de cocina que traía en su bolso y se abalanzó contra Angélica. La joven reaccionó a tiempo para detener la mano de la mujer que sostenía el arma de filo y ambas empezaron a luchar.
Angélica: Ayyyy.... ayúdenme.... ayúdenme!!!!!
Olivia: Tienes que morir como mi hijo... tienes que morir!!!
Marta y Felipa entraron al desayunador al escuchar los gritos.
Marta: Felipa, llama a la policía, corre!!!! (Felipa salía a llamar)... Dios mío!!!
Olivia y Angélica con la lucha habían tirado varias sillas y muebles, hasta caer ambas sobre el suelo. Aunque Angélica era más joven, Olivia era una mujer muy fuerte. De espaldas al piso y con Olivia encima Angélica intentaba no dejarse clavar el cuchillo, pero no pudo con la ira intensa de Olivia que con mucha fuerza lo enterró en su pecho.
Angélica (susurrando): A...yu..den...me....
Marta estaba paralizada. La impresión era muy fuerte. Olivia se levantó al tiempo que Felipa y Andrea entraban al desayunador y gritaban horrorizadas.
Olivia: Tenía que hacerlo... tenía que hacerlo... ella mató a mi hijo...
Afuera se escucharon las sirenas de los autos de Policía que llegaban a la Casa Arosemena.
ESCENA 2
En el Edificio de Arosemena & Arias, en la entrada, en un ascensor
Ana se bajó de un taxi frente al edificio. Había preferido no conducir ese día porque tenía una fuerte jaqueca. Pensó incluso no ir a la Firma, pero le había dicho al licenciado Guardia que estaría desde temprano. Se emocionó al pensar en Ernesto. Por alguna razón él había ocupado sus pensamientos gran parte del fin de semana. “Es que es tan lindo – se dijo – Y fue tan caballeroso”
Ana caminó hasta el ascensor y lo esperaba cuando alguien posó su brazo sobre su hombro al tiempo que decía un alegre “Hola”. Era Ernesto que también llegaba a las oficinas y que sonriente la miraba. “Qué lindo!!!!”, pensó Ana.
Ernesto: ¿Cómo está señorita Arosemena?
Ana: ¿Señorita? Quedamos en que...
Ernesto: Sí, sí, lo recuerdo, pero no puedo faltarle el respeto así a la hija de mi jefe, así que me toca hablarle muy respetuosamente.
Ana: Por favor, dime Ana. Lo prefiero así... Yo soy la que no puedo llamarte Ernesto ahora que serás mi jefe.
Ernesto: ¿Tu jefe?
Ana: Sí, recuerda que te dije que había hablado con mi padre y lo había convencido de ser tu pasante... ¿no te acuerdas?
Ernesto recordó que con la impresión de haber visto a Jason aquella vez no había prestado atención a Ana.
-- FLASH BACK (Capítulo 6)--
“...Ana seguía hablando, pero él no la escuchaba. Pensaba en el hecho que tendría que hablar con Jasón. Salió de su abstracción al escuchar una pregunta de Ana.
Ana: ¿Y qué le parece?
Ernesto (sin saber a qué se refería Ana no le quedó otra que decir):Me parece bien.
Ana: Perfecto, entonces quedamos así. Ciao.
Y Ana dio media vuelta y se dirigió a la oficina de su padre. Ernesto se preguntó a qué se había referido Ana. Pero bueno, ya habría tiempo para saber eso.”
--RETORNO--
Ernesto: Oh, sí, claro. Solo que no pensé que hablara en serio. Usted no tiene ninguna necesidad de trabajar.
Ana: Económicas, no. Pero de otra índole sí... ¿y qué le parece? (En ese momento llegó el ascensor y todas las personas que esperaban se dirigieron a él, incluyendo a Ana)... ¿No viene? (dirigiéndose a Ernesto)
Ernesto: No... prefiero esperar el próximo, ese va muy lleno...¿me acompañas?
Ana: Claro... esperemos el otro. Pero te pregunté qué te parece que sea tu pasante.
Ernesto: Me parece estupendo, genial... así nos conocemos MAS.
Ana no pudo evitar que eso último le gustara. Aunque la idea de trabajar con Ernesto y conocer más sobre él, más que gustarle le fascinaba. “Creo que él me gusta” pensaba Ana al tiempo que subían al ascensor sólo él y ella. Ya adentro continuaron la conversación.
Ernesto: ¿Y te gusta el derecho empresarial?
Ana: Bueno, me gusta más la parte que tiene que ver con el derecho del trabajo. Por eso le pedí a mi padre ser tu asistente, porque me dijo que serías de ese departamento.
Ernesto: Comprendo..., claro, no podía ser otra cosa.
Ana: ¿Cómo?
Ernesto: No, nada, solo...
En ese momento el ascensor se detuvo repentinamente y todo quedó en la más completa oscuridad.
Ana: Dios mío esto se paró!!
Ernesto: Sí... Dios... y todo está tan oscuro... Ay que pedir ayuda... alguien tiene que sacarnos de aquí...
Ana: Sí, ya toqué la campanita. Nunca me había pasado... (aún estaba hablando cuando se asustó al sentir la voz de Ernesto que gritaba)
Ernesto: Sáquenme de aquí!!!... Auxilio!!!!
De pronto Ana empezó a escuchar la respiración agitada de Ernesto. No solo estaba agitado sino que susurraba “auxilio... auxilio... auxilio... voy a morir... sáquenme... sáquenme”. Comprendió que Ernesto debía tener algún tipo de fobia.
Ana: Ernesto... ¿estás bien?...
Ernesto: Me ahogo... no puedo respirar... necesito aire... esto me está asfixiando... no puedo...
Ana no sabía que hacer. Seguía escuchando la respiración agitada de Ernesto y hasta le pareció escuchar que el saco de éste caía al suelo. En la oscuridad intentó acercarse.
Ana: Ernesto... tranquilo... nada te sucederá... ven conmigo... (Buscandolo a tientas, pero cuando tocó lo que le pareció su hombro él gritó)
Ernesto: No!! Déjame... no... voy a morir...
Pasaron unos minutos que a Ana les pareció eternos y en los que escuchaba las lamentaciones de Ernesto, que hasta parecía llorar. De pronto las luces del ascensor se encendieron.
Entonces Ana quedó impresionada con lo que vio. En una esquina, completamente desnudo y acurrucado, estaba Ernesto.
ESCENA 3
En un Juzgado.
Agustín Arosemena se encontraba sentado frente al Dr. Facundo Sánchez, Juez Segundo de lo Civil del Primer Circuito Judicial de Panamá, en donde había quedado radicado el Proceso de Sucesión por el testamento de Alma. Estaba muy animado porque sabía ya lo que había acontecido con Santiago la noche anterior y eso le favorecía. Según Agustín, eso era una muestra que la fortuna le sonreía.
El Juez lo miraba por encima de sus gafas.
Juez Sánchez (Miguel Córcega): Usted dirá Dr. Arosemena. Lo escucho
Agustín: Voy a ser franco y directo con usted Dr. Sánchez. La semana pasada, en este Juzgado fue presentado, por el Padre Santiago Buenaventura, un testamento ológrafo cerrado en un sobre sellado. El testamento en cuestión fue escrito por mi difunta esposa Alma Arias en los últimos momentos de su vida, sin que yo tuviera conocimiento de su existencia. Mi presencia en este juzgado es para ofrecerle una muy gratificante cantidad de dinero si usted tiene la gentileza de permitirnos cambiar ese documento por uno que le entregaremos. Sé que como Juez de Circuito usted no debe llevar una vida tan cómoda como la que desearía...
Juez Sánchez (interrumpiendo a Agustín): Dr. Arosemena creo que no es necesario que siga. Ya lo comprendí. Y me permito informarle que lo que usted acaba de hacer es un delito severamente sancionable con pena de prisión. Yo voy a hacerme el que no escuché nada de lo que usted dijo y le voy a dar la oportunidad de que se retire de mi despacho de inmediato.
Agustín miró al Juez que también lo miraba. No podía creer lo que escuchaba. De todos los jueces corruptos él tenía que toparse con uno honesto. El imbécil de Montañez le había dicho que este era sobornable y ahora estaba ahí haciendo el ridículo y a punto de ir preso. Pero no podía irse sin insitir.
Agustín: Podría usted reconsiderar su posición y...
Juez Sánchez: Retírese por favor antes que me arrepienta y lo detenga en este mismo instante.
A Agustín no le quedó otra que levantarse y salir de ese despacho. Se sentía molesto y humillado. Fue a su auto e hizo una llamada.
Agustín: Montañez!! Eres un perfecto imbécil... Cállate... este Juez casi me manda a la cárcel por tu insensatez!!!... Ya verás lo que... Espérate que está entrando una llamada... Aló... Sí, sí Andrea, habla Agustín... Qué!!!... ¿Olivia?... ¿En qué hospital? Sí, sí voy para allá.
Agustín cambió la dirección hacia el Hospital. “Mi hija!! – pensaba – Apuñalaron a mi hija!!!”. Y aunque Agustín era un hombre perverso y ambicioso, la noticia sobre el atentado en contra de su hija lo afecto.
ESCENA 4
En el Centro De Retención Juvenil
Maura Santana estaba sentada en el Patio del Centro De Retención Juvenil. Al parecer observaba a las demás jóvenes jugar baloncesto. Pero en realidad no era así. En su mente solo tenía una cosa, o mejor dicho, solo tenía a alguien: César.
“César... maldito César. Todo esto fue por ti, porque te amaba. Y ¿qué hiciste? Me traicionaste. Preferiste a la golfa de Angélica y ahora estoy aquí, presa... Pero esto no se va a quedar así. Voy a salir de aquí y voy a acabar contigo. Te voy a buscar y cuando te tenga en frente... ay, cuando te tenga en frente juro que te voy a matar”
Los pensamientos de Maura fueron interrumpidas por una custodio.
Custodio (Verónica con “K”): Eyyy, tu... flaca, levántate de ahí. Si no tienes na que hacer aquí te tengo un trabajito... ven y limpiame las botas. ¡¡¡Que vengas te estoy ordenando!!!
A Maura no le quedó otra que levantarse y arrodillarse frente a esa mujer a limpiar sus botas. Mientras lo hacía pensaba: “En cuanto pueda te mato”
ESCENA 5
En la Universidad donde estudia Jason
Jason y Alan estaban sentados en la cafetería de la Universidad esperando que dieran las 9 para ir a sus clases.
Alan: ¿Y cómo te terminó de ir ayer? Imagino que tu papá te dio la puteada de tu vida.
Jason: No, la verdad ni lo vi ayer y mejor porque ya estoy bastante grande para sus regañaditas
Alan: Bueno sí, pero sabiendo como es... oye, ¿viste la noticia del padre, el que mataron?
Jason (sin la más mínima expresión o nerviosismo): Ah sí, la vi... ¿qué tiene eso?
Alan: No, nada, solo preguntaba... pero mira quien viene ahí y viene hacia acá...
Jason alzó la vista y vio acercarse a Jonathan, quien se sentó en la mesa.
Alan: Jonathan, que gusto verte ... oye en la noticia dijeron que tu...
Jonathan: Sí fui yo... Hola Jason
Jason: ¿Quién te dijo que te podías sentar?
Jonathan: Ay déjate de niñerías. Vengo a hablar algo importante contigo, me das unos minutos a solas (mirando a Alan)
Alan: Oh, claro... ya me iba.
Jason: No te muevas de ahí (mirando a Alan). Si tiene algo que decir que lo diga frente a ti. Después de todo somos parejas... (dijo, mintiendo, pues esto no era cierto, y en un intento por darle celos a Jonathan)
Jonathan: Ah... ya ¿son parejas? Vaya eres rápido Jason. Antes de ayer con Santiago y ya hoy con Alan...
Alan: ¿Santiago? ¿Quién es ese?
Jason se sorprendió. Jonathan había mencionado a Santiago. ¿Será que por eso Jonathan había llegado a la vicaría, porque sabía...?
Jason: ¿De dónde conoces a Santiago?
Jonathan: Lo conocí en la disco... el día que te vio con “el otro” (esto último mirando a Alan, pero éste ni se dio por aludido)
Jason: Entonces me vio... ¿Y tu que tienes que ver con eso, cómo lo conociste, qué fue...?
Alan: ¿Quién es Santiago?
Jonathan: Bueno... eso ya no importa. Lo cierto es que lo conocí y hablamos mucho y me contó todo lo de ustedes...
Jason: ¿Todo?
Jonathan: Sí… Todo. Hasta lo del testamento. Pero no vine a hablar de eso. Vine a hablarte de otra cosa...
Jason: No yo quiero saber que fue...
Jonathan: Jason... otro día hablamos de eso. Ahora tengo que decirte algo mucho más importante... y antes de decirlo te pregunto si todavía quieres que él (mirando a Alan) esté presente.
Jason, aunque quería saber lo de Santiago ya estaba intrigado por saber qué tenía que decir Jonathan. Y si no se trataba del Padre, entonces no tenía que preocuparse porque Alan escuchara
Jason: Sí, Alan puede escuchar cualquier cosa que vayas a decir... El y yo somos muy unidos y no tenemos secretos... ¿verdad mi vida? (dijo tocándole la mejilla)
Alan: Jasonnnnnn!! Estamos en la U.!!!
Jason: Jajajaja... tranquilo man, tampoco es que te voy a besar!!!
Jonathan: Bueno, ya que insistes. Y de repente sea hasta mejor porque si son tan unidos entonces ambos están en riesgo.
Jason y Alan (al mismo tiempo): ¿Riesgo...?
Jonathan: Sí, ambos tienen posibilidades de... (miró a su alrededor) posibilidades de tener SIDA.
Jason y Alan: Qué!!!
Jonathan: Ajá. Eso es lo que quería decirte Jason. Me hice los exámenes del VIH y salí positivo. Y si yo tengo SIDA entonces tu bien podrías tenerlo... y tu también (mirando a Alan)
Jason y Alan estaban paralizados por lo que acababan de escuchar.
Jason: ¿SIDA? Yo no puedo tener SIDA... no puedo...
ESCENA 6
En el Ascensor de Arosemena & Arias
Ana instintivamente se volteó para no ver a Ernesto desnudo. De espaldas a él le habló.
Ana: Ernesto... estás desnudo. Tienes que vestirte, no tardan en sacarnos de aquí. Mira, ya hay luz y de seguro pronto esto empieza a andar.
Ernesto: ¿Ah? ¿Luz? Ya hay luz... pero todavía estamos aquí... encerrados
Ana: Sí pero ya nos van a sacar...
En ese momento el ascensor empezó a andar. Ella rápidamente giró y quedó frente a Ernesto, quien se levantaba del piso, aún completamente desnudo. Por un instante se paralizó al verlo de pie, al ver su cuerpo desnudo. Pero fue una impresión breve.
Ana: Oh Dios mio!!!... vístete...
Ernesto empezó a vestirse rápidamente pidiendo disculpas por aquella actitud y mientras lo hacía Ana, en un inicio, intentó no observarlo pero se dejó llevar por su “curiosidad” y observó lo más que pudo cada centimetro del cuerpo de Ernesto. “Dios... que hombre – pensaba, mientras sentía una electricidad por su cuerpo – Pero qué te pasa Ana, disimula!!”.
Ernesto solo se había puesto el pantalón y los zapatos e intentaba ponerse la camisa ajada, cuando las puertas del ascensor se abrieron. Y frente a ellos apareció Patricia, quien también vio el pecho desnudo de Ernesto.
Patricia: ¿Qué... pasó aquí?
Ana, con cara de vergüenza, vio como Patricia y el resto de las personas que estaban en el recibidor de Arosemena & Arias los observaban con cara de sospecha.
ESCENA 7
En el Hospital Santa Fe
Marta caminaba nerviosamente en la sala de espera del hospital, a diferencia de Andrea que permanecía sentada. En eso César llegó.
César (desesperado): Marta, ¿Qué pasó? ¿Cómo está Angélica?
Marta: No sé, no sé. No me han dicho nada.
César: Pero cómo fue que pasó, dime!!
Marta: Olivia... fue la señora Olivia. Ella llegó a la casa... dijo que había matado a su hijo... Al parecer Joel está muerto y...
César escuchó detenidamente a Marta. No comprendía. ¿Joel muerto? Y por qué Olivia culpaba a Angélica. O se trataba de una venganza por lo de Maura. “No entiendo”, se decía, mientras la angustia lo invadía más.
Un médico llegó a la sala de espera.
Médico (Arsenio Campos): ¿Familiares de Angélica Arosemena?
César (corriendo hacia él): Sí, nosotros, ¿cómo está?
Marta: Sí, díganos ¿cómo está?
Médico: Lastimosamente no muy bien y las expectativas no son alentadoras. A la joven se le produjo una lesión punzo-cortante que afectó nervios de trayecto intratorácico que le causó una seria hemorragia cataclísmica y parálisis respiratoria. Afortunadamente la intervención fue oportuna para evitar la muerte de la joven, pero no así para evitar la pérdida de su embarazo.
César: ¿Cómo dice? ¿Su embarazo?
Médico: Sí. La joven estaba embarazada, ¿No lo sabían?
César: Sí, sí... claro que sí... ¿podemos verla?
Médico: No, aún no. Su situación es delicada y no se permiten las visitas y no creo que puedan verla por el momento. En cuanto sea posible les comunicaremos. Ahora, si me disculpan.
El médico se retiró dejando a César y Marta más angustiados que antes. Andrea dijo que iba por café y Cesar se sentó en una de las sillas de la sala y lloró.
César: Angélica estaba embarazada todavía... eso quiere decir que nunca abortó... pero no me lo dijo... ¿por qué? Y ahora... ahora está muriendo... No Dios, no permitas que muera, no lo permitas Dios... sin Angélica yo también me muero!!
ESCENA 8
En el hospital Santo Tomás
Emilio De La Rosa caminó por el largo pasillo del Hospital. Al final del mismo estaba el Doctor Rivas (Eduardo Liñán). Lo saludó y luego preguntó:
Emilio: ¿Cómo se encuentra Dr.?
Dr. Rivas: Diría que bastante bien. Está estable y ha resistido muy bien la operación. Es sorprendente, considerando la gravedad de las heridas. Al parecer tiene muchas ganas de vivir.
Emilio: ¿Puedo pasar a verlo?
Dr. Rivas: Sí, sí, claro. Venga conmigo.
El Policía acompañó al Doctor Rivas hasta un cuarto custodiado por un oficial de Policía. Entraron y Emilio, por primera vez desde el incidente lo veía. Ahí, sobre una cama, con todo su pecho vendado y ayudado por un respirador estaba el Padre Santiago Buenaventura, todavía luchando contra la muerte.
FIN DEL CAPITULO 17
Con:
Eduardo Liñán como el Dr. Rivas,
Arsenio Campos como el Médico,
Verónica con “K” es la Custodia
EN EL PROXIMO...
