CAPITULO 18
Actuación Especial de:
Tomas Goros como Emilio De La Rosa
Adriana Lavat como Joana
Eduardo Liñán como el Doctor Rivas
Y
Eduardo Gadea Pérez
Como Eliseo
ESCENA 1
En el Hospital Santo Tomás
Emilio acompañó al Doctor Rivas hasta un cuarto custodiado por un oficial de Policía. Entraron y Emilio, por primera vez desde el incidente lo veía. Ahí, sobre una cama, con todo su pecho vendado y ayudado por un respirador estaba el Padre Santiago Buenaventura, todavía luchando contra la muerte.
Doctor Rivas: ¿Puedo saber las razones para dar por muerto al Padre o son secretas?
Emilio: Son secretas, pero voy a confiar en su discreción. Después de todo es usted quién le ha salvado la vida... Son órdenes superiores, muy superiores. Los mensajes que había en la habitación del Padre son muy comprometedores para la iglesia. Hablamos de Pedofilia, algo a lo que las autoridades religiosas de este país no quieren enfrentarse. Muerto el padre y negando la existencia de aquellos mensajes que la prensa “sensacionalista” creo, apaciguamos todo. Un pequeño escándalo momentáneo por la muerte de un sacerdote en manos de un asaltante. Eso sería todo. Pero si permanece vivo la prensa se ensañaría en el asunto. Además, la supuesta muerte del Padre nos sirve para continuar investigando con mayor facilidad.
Doctor Rivas: Ya veo... Al parecer la Iglesia de este país tiene mucha influencia...
Emilio: Más de lo que se imagina Doctor, mucho más de lo que se imagina...
ESCENA 2
En el Edificio de Arosemena & Arias, oficina de Ernesto.
Ana salió del ascensor y caminó por el pasillo hasta la oficina de Ernesto. Sentada en su escritorio, revisando la correspondencia del día estaba Joana, la secretaria de Ernesto.
Ana: Hola Joana, ¿Cómo estas? (al tiempo que se sentaba en el escritorio que estaba junto al de Joana)
Joana (Adriana Lavat): Hola, bien y tu, que tal... ¿cómo amaneciste hoy? te noto preocupada
Ana: ¿Preocupada? No... bueno sí, algo. Pero nada nuevo, es por mi hermana Angélica. Todavía no reacciona y ya tiene una semana en coma... cada día me pregunto si será el último de su vida...
Joana: Sí es muy triste... ¿Y qué ha sucedido con la señora que la apuñaló...? Olívia, creo que se llama.
Ana: Esta detenida. Casualmente hoy voy a verla, con César, el novio de mi hermana. Vamos a ver si de alguna forma nos explica por qué hizo algo cómo esto... pero ya no hablemos de eso, ¿Ernesto está?
Joana: Sí, pero está en la oficina de Patricia, digo, la Dra. Patricia... Ana, ¿puedo hacerte una pregunta?
Ana: Sí, claro, dime
Joana: E... entre... mmm... ¿entre el Lcdo. y tu hay algo?
Ana: ¿Qué? No, por supuesto que no... cómo se te ocurre...
Joana: No hay nada, pero a ti te gusta, ¿verdad? ¿A ti te gusta el licenciado?
Ana miró a Joana y mantuvo silencio unos segundos. Al final no le quedó otra que responder con la verdad.
Ana: Sí... tengo que admitirlo. Me gusta el licenciado... me gusta Ernesto
Y en ese mismo instante Ernesto llegaba frente a ellas y alcanzaba a escuchar las palabras de Ana.
ESCENA 3
En el apartamento de Jonathan.
Jonathan abrió la puerta para darle paso a Alan, que entraba y que mostraba una evidente desesperación.
Jonathan: Alan, ¿Qué haces aquí?
Alan: Vine porque... yo vine porque... no sabía donde ir (mientras caminaba directamente al bar de Jonathan y nerviosamente se servía un trago)
Jonathan: ¿Bebiendo? ¿A esta hora? (se dirigió a él y quitó el trago de sus manos, tomaba por el hombro y lo llevaba a sentarse). Mejor ven, siéntate aquí y cuéntame que te pasa.
Alan: ¿Qué me pasa? Qué más me va a pasar... me dieron los resultados Jonathan... y.. y... ohhh... no puede ser… (sus lágrimas empezaron a salir)
Jonathan: Tranquilo Alan... supongo que fue positivo... supongo que te dijeron que tienes VIH
Alan: Sí... sí... es horrible... quiero morirme... Jonathan yo solo tengo 20 años!!!... tengo toda una vida por delante... tengo muchas cosas que hacer... y ahora... ahora ya no podré... no podré
Jonathan: ¿Jason ya lo sabe?
Alan: Sí... el muy infeliz... le dije y lo que hizo fue largarme... me dijo que no estaba para mis lamentaciones... que tenía su propia preocupación... que me fuera y lo dejara en paz...
Jonathan: No me sorprende... ese es Jason. Egoísta, arrogante, vanidoso... pero en fin... Alan, tienes que tranquilizarte. Tu vida no ha terminado. Que tengas VIH no significa que te eches a morir y mucho menos que te vayas a morir ya, de inmediato. Pueden pasar muchos años antes de que de VIH pases a tener SIDA... mientras tanto te toca “vivir”...
Alan: Jonathan... siempre has sido tan valiente, tan decidido. Nunca te importó lo que la gente dijera, que la gente te señalara o te apuntara con un dedo... por eso que siempre... te quise.
Jonathan: ¿Me quisiste? No estarás...
Alan: Sí. Siempre te quise y por eso me atreví esa noche a seducirte y a aprovecharme de tu dolor por el abandono de Jason, de los tragos que tenías encima... (se quedó silencioso repentinamente)
Jonathan: ¿Qué pasa, por qué te has quedado tan callado?
Alan: ¿Recuerdas que esa noche no usamos condón?
Jonathan: Sí... lo recuerdo muy bien. Hasta hoy me recrimino esa insensatez.
Alan: ¿Tu acostumbras usar protección?
Jonathan: Sí, con Jason siempre usé y él también. Sólo esa noche no...
Alan: Creo que... Jonathan, creo que esa noche te contagie...
Jonathan: ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
Alan (levantándose): Porque... yo ya había tenido relaciones con un tipo que luego me confesó tener SIDA. Y nunca usamos protección. Desde el primer día que estuve con él no la usé... qué tonto fui!!!... Luego me enteré lo del SIDA, pero yo nunca quise enfrentarlo, nunca quise enfrentar esa verdad, esa posibilidad... Y a pesar que lo sabía lo hice contigo, sin protección, sin condón, y así con muchos otros... quién sabe a cuantos más habré contagiado!!!
Jonathan: Entonces fuiste tu... Claro, ¿Cómo más iba a ser? Yo siempre, en los dos años que estuve con Jason le fui fiel... bueno, menos esa noche en que me cortó y yo fui a dar a tu apartamento... Creí que había sido Jason quien me contagió... pero fuiste tu...
Alan, que estaba de pie se dejó caer de rodillas en el piso, llorando. Jonathan se dirigió a él y lo abrazó.
Alan: Perdóname, perdóname... no sabía lo que hacía...
Jonathan: Alan... tranquilo, ya eso pasó. ¿Qué importa quién contagió a quien? Lo importante ahora es tener fuerzas y valor para continuar. Sé que esto es duro, pero ya no hay vuelta atrás. Ya formamos parte de las estadísticas negras del SIDA y de aquellos descuidados y tontos que por una noche de copas, por una noche loca, expusieron sus vidas a la muerte misma sin pensar en las consecuencias... Ten fuerzas Alan... Ahora ya no queda llorar, ahora solo queda continuar.
Alan miró a Jonathan y se prendió de él en un fuerte abrazo como queriendo contagiarse, pero esta vez de algo POSITIVO de verdad.
ESCENA 4
En Arosemena & Arias, oficina de Agustín
Agustín conversaba telefónicamente con Julieta.
Julieta: Agustín, no se, de verdad, cómo agradecerte lo que hiciste con Tony. Aunque no quieres decirme cuánto dinero le diste, estoy seguro que tiene que haber sido una cantidad muy fuerte. Y además de eso todo lo que me has ayudado con mi negocio. De verdad, Agustín que te mereces un premio. Pero, ¿qué podría hacer yo por ti? Nada.
Agustín: Bueno, sí hay algo que podrías hacer...
Julieta: ¿De qué hablas?
Agustín: Podrías aceptar una invitación a cenar esta noche. ¿Aceptas?
Julieta: Oh... Agustín, por supuesto que sí, para mi sería un placer...
En ese instante Carmen le comunicaba que tenía una llamada internacional y tuvo que colgar. Pero se sentía muy feliz porque por fin estaba libre para poder tener una relación con Julieta. Bueno, casi libre. Solo había un pequeño problema: Patricia. Pero de ese se libraría en ese mismo instante. Tomó el teléfono
Agustín: Carmen, por favor dígale a la Dr. Valdés que venga.
Tras unos minutos, Patricia entró a la oficina de Agustín. Directamente fue hacia a él para besarlo en los labios, pero Agustín le puso la mejilla. Se dio cuenta que algo pasaba y rodeo el escritorio hasta sentarse frente a Agustín, al tiempo que decía:
Patricia: ¿Pasa algo mi vida?
Agustín: Sí, pasa algo. Supongo que lo que te voy a decir no te va a agradar, pero no soy hombre de rodeos ni dar vueltas en un asunto, así que ahí te va. Y no quisiera ver llantos ni lamentaciones. Te pedí que vinieras para decirte que, a partir de este momento, lo nuestro se terminó.
Patricia miró a Agustín. Y la mujer no pudo evitar reírse, reírse a carcajadas.
ESCENA 5
En Arosemena & Arias, oficina de Ernesto
Al ver a Ernesto, Ana y Joana quedaron silenciosas. Pero ésta última, sabiendo que habían sido sorprendidas intentó variar el tema.
Joana: Licenciado tiene correspondencia de...
Ernesto: Ahora no Joana, luego me dices eso. Ana, ¿puedes venir a mi oficina un momento?
Ana: Claro, Licenciado.
Se levantó y siguió a Ernesto adentro. Este se sentó y le indicó sentarse. Ella fue la primera en hablar
Ana: Ya tengo listo los cálculos de la liquidación del señor...
Ernesto: Ana, Ana... permíteme. No te pedí que vinieras para hablar de eso... sino de nosotros...
Ana: ¿De nosotros? No entiendo.
Ernesto: Sí, de nosotros. Hace un rato, no pude evitar escuchar que le decías a Joana...
Ana: Puedo explicar eso... lo que yo quería decir era que...
Ernesto: Ana, no tienes que explicar nada y hazme el favor de dejarme hablar y escucharme, ¿si?
Ana: Ok., disculpa
Ernesto: Bueno, lo que decía era que te escuché decirle a Joana que te gusto. Eso, la verdad me emocionó mucho más de lo que debería. Y no entiendo por qué... bueno, realmente sí entiendo por qué. Lo que no entiendo es como todo esto ha sucedido tan rápido. Solo tenemos una semana trabajando juntos. Pero creo que esa semana, ese verte diariamente y compartir contigo tu sonrisa, tu sencillez, esa preocupación por la gente y las personas más infortunadas a pesar de ser una joven de familia adinerada me ha hecho ver algo en ti muy especial. Yo me digo, ¿una semana Ernesto? ¿Cómo es posible? El amor no puede surgir así, tan rápido y mucho menos sin que uno se de cuenta. ¿Me entiendes lo que digo?
Ana: A decir verdad... ¿me estás diciendo que te gusto?
Ernesto: E... creo que sí. O más bien creo que no. Porque, digo, es algo más. Creo, Ana, y espero que esto no te ofenda ni nada parecido, porque después de todo tu sólo hablaste de gusto y no de otra cosa... Creo Ana que en esta semana que hemos estado juntos he empezado a enamorarme de ti. Es eso, sí, no es un simple gusto. Creo que es Amor.
Ana estaba emocionada, aunque intentaba no evidenciarlo. Ernesto le estaba diciendo que la amaba. ¿Era eso posible? No podía creerlo. Al fin su sueño de amor se hacía realidad. El hombre que ella había esperado toda su vida le decía que la amaba.
Ernesto: ¿Ana? ¿Escuchaste lo que te dije?
Ana: Sí, escuché. Y... ¿quieres saber qué pienso?
Ernesto: Sí...
Ana: Creo, Ernesto, que yo también te amo. Creo que también me enamoré de ti.
Al decir esto, Ernesto se levantó de su silla y fue hasta donde Ana. Tomó su mano y ella también se puso en pie. Juntos, frente a frente, se miraron unos segundos. Ernesto pasó su mano por las mejillas de Ana y ella cerró sus ojos mientras su cuerpo se estremecía con el solo contacto de Ernesto. El acercó sus labios a los de ella y tiernamente la besó. Ana sintió esos labios y, aunque jamás había besado a nadie antes, disfrutó de ellos con un inmenso placer mientras con sus manos recorría la espalda de Ernesto. Después, separaron sus labios y se miraron a los ojos.
Ernesto: ¿Querrías... quieres ser mi novia?
ESCENA 6
En Arosemena & Arias, Oficina de Agustín
Patricia no paraba de reírse. Agustín no comprendía su actitud y se estaba exasperando.
Agustín: Pero se puede saber de qué te ries!!
Patricia: Ay... ay... que risa... cómo dice la canción. “tendría que llorar y no tengo ni una lágrima, tendría que llorar por ti y me río como un loco...” Jajajaja... ay, esto es divertidísimo...
Agustín: Cuéntame el chiste para ver si me río.
Patricia (imitándo a Agustín): “Te pedí que vinieras para decirte que, a partir de este momento, lo nuestro se terminó”... Jajajaj. Ay.. bueno... ya, no me voy a reír más... ¿Sabes por qué me río? Y ahora soy yo la que pide no lamentaciones. Me rio porque a mi me importa un pepinillo que nuestra relación termine... de hecho, ya estaba harta de ti y de tus complejos de superioridad... por eso me rio, porque es algo que mi cuerpo pedía a gritos... sangre joven... no un viejo como tu. Claro que todavía estás bastante bien, pero un viejo al fin.
Agustín estaba algo más que atónito. Lo que Patricia le decía era increíble. “Esta mujer se ha vuelto loca – se decía – Atreverse a burlarse de mi...”
Agustín: Yo creo Patricia que tu perdiste la razón. Crees que voy a permitir que me hables de esa forma en mi propia oficina, en mi propia firma. ¿Te parece que voy a permitir que te burles de mi?
Patricia: Sí, creo que te toca permitirlo y soportarlo además. ¿Y sabes por qué?
Agustín: A ver, dime ¿por qué tendría que soportarlo?
Patricia: Pues porque se un pequeño secretito de ti... Sé que mataste a Tony Lugo, y no solo eso, tengo pruebas.
Agustín jamás pensó que Patricia iba a decir eso. “Cómo sabe eso esta mujer?”
Agustín: Tony Lugo... ¿por qué dices que lo maté? ¿Y de dónde conoces a ese hombre?
Patricia se levantó caminó por la habitación pensativa. Luego habló.
ESCENA 7
En una Clínica
Jason estaba sentado en la salita de espera del consultorio del Dr. Rivera. En sus manos tenía los resultados de la prueba de VIH que se había practicado. Sus manos temblaban y, a pesar del aire acondicionado, el sudor corría por su rostro. Tenía miedo, mucho miedo, sobre todo porque recién había visto a Alan, quien ya había recibido los suyos.
--FLASH BACK—
Alan: Oh... Dios mío!!!.... no puede ser, quiero morir, quiero morir, no puedo tener SIDA, no puedo...!!!
Jason: Pero cállate ya. No puedes dejar la lloradera!!!
Alan: Cómo quieres que me calle, que no llore, si me acaban de decir que tengo SIDA!!... Y no sé cómo tu puedes estar tan tranquilo, no te das cuenta que si yo tengo tu debes tener!!!
--RETORNO--
Jason miro el sobre que tenía en sus manos. Alan tenía VIH. Jonathan tenía VIH. Con los dos había tenido relaciones sexuales. Las posibilidades de su contagio eran muchas. Por fin se decidió a abrirlo. Y así lo hizo. Leyó los resultados y después... después sonrió.
ESCENA 8
En casa de Dolores
Dolores Medina estaba en su jardín. Era un día soleado y hermoso. Cortaba unas flores para llevarlas a la tumba de su difunto padre cuando el cartero Eliseo llegó.
Eliseo (Eduardo Gadea Pérez): Buen día doña Dolores!!
Dolores: Buen día Eliseo, no me diga que me tiene cartita...
Eliseo: Ah pues, entonces no le digo!!!... Jajajaja... Sí, aquí le traigo una cartita, pero no es para usted, es para su hermana Alicia...
Dolores: ¿Para Alicia? Que extraño... será de Ernesto...
Eliseo: No creo, esta no es la letra del muchacho... ya la conozco de memoria. Esto es algo más “formal” porque está a máquina... mire
Dolores (tomando la carta): Sí... así parece... pero que será...
Eliseo: Ah pues, no se... déjeme tocarla pa ve si siento como la Perla... jajajaja...
Dolores escuchó a Eliseo un rato más hasta que se fue. Pero la carta para su hermana la intrigaba. Alicia todavía dormía, consecuencia de los calmantes que había tomado.
Dolores: ¿Espero hasta que se despierte y se la doy? No... mejor la abro yo, porque si se trata de una mala noticia... Sí, sí, mejor la abro yo.
La doña rompió el borde del sobre y de él sacó una tarjeta que decía:
“Si quiere saber de su hija Elena
pregúntele a Andrea Arosemena”
El corazón de Dolores se aceleró: “Elena... Andrea Arosemena – pensó – Y ¿qué tiene que ver esa mujer con mi sobrina Elena? ¿Será que ella tuvo algo que ver con su desaparición?”
ESCENA 9
En el hospital Santo Tomás
El Doctor Rivas recibió al Teniente De La Rosa.
Emilio: ¿Desde cuándo reaccionó?
Doctor Rivas: Desde esta mañana... pero debo advertirle que su estado no es el mejor para someterse a un interrogatorio
Emilio: No se preocupe. No voy a interrogarlo, pero ¿Está lúcido? ¿Su salud mental no está afectada?
Doctor Rivas: Para nada. Ya conversé con él y recuerda muy bien quién es e incluso está consciente de por qué está aquí y qué le sucedió.
Emilio: Entonces podrá darnos información sobre...
Doctor Rivas: Recuerde lo que le acabo de decir. El estado de salud del paciente sigue siendo delicado y...
Emilio: Sí, si. Lo comprendí, ¿puedo verlo?
Doctor Rivas: Por supuesto.
Entraron al cuarto del Padre Santiago, quien ese momento estaba siento terminado de arreglar por una enfermera que se retiró al ver llegar al médico.
Doctor Rivas: Hola nuevamente Padre, ¿cómo se siente?
Santiago (con una voz débil): Bien... bueno, dentro de lo que cabe...
Doctor Rivas: Que bueno... E.. Padre, este es el Teniente Emilio De La Rosa, de la Policía. El está encargado de las investigaciones de su caso...
Emilio (dándole la mano al Padre): Un placer Padre. Me da gusto verlo, así, mejor, recuperado...
Santiago: Gracias...
Emilio: Me gustaría hacerle unas preguntas... por supuesto, si se siente bien para contestarlas.
Santiago: Sí... puede hacerlas, no se preocupe. Estoy débil y adolorido por lo sucedido pero mi mente está muy bien.
Emilio: Que bien, entonces procedo... Tengo entendido que usted recuerda aquella noche...
Santiago: Sí, perfectamente.
Emilio: Entonces usted sabe qué fue lo que sucedió... ¿Sabe usted quién lo atacó? ¿Vio usted a su agresor? ¿Podría identificarlo?
Santiago guardó silencio unos segundos. Unos segundos en los que pensó muy bien qué respondería. Tras eso, respondió.
FIN DEL CAPITULO 18
Este capítulo está dedicado a todos
mis amigos VIH, especialmente a Joana,
que día a día continúan luchando
sin perder las esperanzas y la fe,
aunque parezca que ya no hay ni esperanzas
ni razones para tener fe.
PERO SIEMPRE HAY ESPERANZA
EN EL PROXIMO...
