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Capitulo 25 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Magdalena esta en muy tranquila en su dormitorio cuando la puerta se abre violentamente y para dejar paso a Alejandro con el rostro descompuesto, furioso... Magdalena lo mira asustada sin comprender y retrocede.
- ¿Tu engaño no tiene limites verdad? – grita Alejandro-
- ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
- Que mientras esta mañana me hacías creer en un sentimiento que no existía, anoche intentases nuevamente escapar... pero... ¿Por qué eres tan traicionera, tan falsa conmigo? ¿Por qué?
Alejandro esta descompuesto con el rostro contraído por el dolor y la furia, agarra violentamente a Magdalena por un brazo.
- Te ruego que te calmes.
Magdalena consigue soltarse y corre asustada hasta el otro extremo de la habitación.
- Déjame explicarte.
Alejandro golpea con el puño el tocador de Magdalena.
- ¿Qué otra mentira me vas a decir?
- No... – Magdalena balbucea asustada y nerviosa – Voy a tratar de abrirte mi corazón. Te he juzgado mal Alejandro por eso te pido perdón, me doy cuenta que no has tenido la culpa de nada, tu fuiste él mas engañado porque yo por lo menos estaba enterada de que nos ibas a ayudar. Pero lo que sí te juro es que no sabia que mi mama te había hecho creer que tus sentimientos hacia mí eran correspondidos. Yo pensé que era un matrimonio arreglado, como se acostumbra entre la gente de nuestra clase, ahora que estamos casados yo quisiera que nos entendiéramos mejor.
- Si... eso ya me lo has dicho antes – Alejandro grita con rabia – pero no se como podamos llegar a un entendimiento cuando lo que tu quieres es abandonarme.
- Pero estaba muy confundida Alejandro... creí que al alejarme de ti podría al fin encontrar la...
Alejandro la interrumpe, su voz suena dura pero además de furia hay mucho dolor en su rostro, se siente engañado traicionado en su buena fe.
- ¿Encontrar que? ¿La felicidad? ¿Pensabas reunirte con el teniente Álvarez?
- ¡No! – Magdalena responde aterrada –
- ¿No o Sí? ¡Vamos responde!
- Sí.
- ¿Sigues pensando en ese hombre, verdad? ¿Dónde esta?
- No sé... no sé...
- No digas mentiras, si pensabas reunirte con él es que sabes donde se encuentra. ¿Has estado comunicándote con él verdad?. ¿Acaso fue tu hermano quien trajo noticias suyas?
- No... no... ¡Te juro que no!
- ¿Entonces como has podido estar en contacto con él? Cartas no has recibido ¿Acaso tienes algún cómplice aquí en la hacienda? ¿Rosario? ¿Antonio? ¿Es por eso por lo que has estado hablando con él? ¡Vamos contesta!
Alejandro la agarra violentamente por los hombros y la zarandea. Magdalena muy asustada grita.
- No sé.
- ¿Entonces que fue lo que te movió a intentar escapar otra vez anoche? ¿Adónde pensabas ir?
Magdalena solloza asustada.
- Alejandro te pido perdón, te prometo que voy a cambiar.
- ¡Para lógralo deberías tener otra alma! – hay mucha amargura en su voz – voy a vigilarte Magdalena, voy a observar cada gesto tuyo, cada movimiento porque no voy a tolerar que sigas burlándote de mí.
Alejandro sale del cuarto de Magdalena y baja las escaleras llamando a Rosario a gritos, se encuentra con Maria a la que ordena que vaya a buscar al administrador. Cuando Rosario acude le informa que, como su obligación era vigilar a Magdalena y no la ha cumplido, no tiene caso que siga trabajando en la hacienda y le ordena que tome sus cosas y se vaya. Rosario no se defiende, lo mira con ojos asustados y acepta irse sin protestar. Llega José Luis y Alejandro le da orden de redoblar la vigilancia en la hacienda día y noche, nadie puede salir sin el expreso consentimiento de Alejandro, después le pide los libros contables y cuando José Luis le dice que no están al día se enoja, José Luis le asegura que en unos días se los entregara, antes de que se marche Alejandro le pregunta a bocajarro si conoce al teniente José Luis Álvarez, él le responde muy serio y terminante que no.
Rosario acude a casa del padre Abundio y le cuenta lo ocurrido, su hijo la echo de la hacienda por que no había cumplido su cometido de vigilar a Magdalena de forma satisfactoria, ella no sabe que paso, solo que Alejandro estaba muy enojado. El padre Abundio se indigna con Alejandro, no comprende que le pasa, antes no era asi, era tolerante y bueno, ahora se ha convertido en un déspota, un ogro. No es de cristianos desahogarse con los que no tienen nada que ver con sus desgracias, el padre Abundio se marcha para la hacienda muy enfadado murmurando que él no educo asi a Alejandro y este le va a oír.
Magdalena se pasea inquieta por el salón, se sienta y intenta bordar pero abandona la labor sin dar una puntada. Su tía Carmen entra en la casa con un gran ramo de flores comentando que Alejandro esta de un humor de perros, anda gritando a todo el mundo, pasa Maria y Carmen le ordena que coloque las flores en agua, esta tira del llamador y le indica que cuando venga una criada se lo pida y se marcha muy altiva dejando a Carmen indignada, quejándose ante Magdalena por consentir semejante actitud de una criada. Ella le contesta que no tiene ninguna autoridad para imponer nada a Maria porque Alejandro no la respaldaría. Carmen se sorprende y se interesa por el papel de Maria en la casa.
- Oyes ¿No tendrá algo con Alejandro? Si es asi no deberías consentirlo bajo tu propio techo, ¿Has discutido otra vez con tu esposo y por eso esta él de tan mal humor?
- ¿Sí tía! Soy una tonta, todavía no me convenzo de que mi lugar esta aquí... junto a él. Que Alejandro es mi marido y no tengo derecho a hacer una nueva vida fuera de aquí.
- Pues si mi vida – asiente Carmen con entusiasmo, contenta de que su sobrina por fin vaya entendiendo – esa es la única verdad y si no lo aceptas te vas a amargar la vida.
Entra la cocinera acudiendo a la llamada, Magdalena se sorprende y pregunta porque no vino Rosario, y asi se entera que Alejandro la corrió esa mañana. Magdalena no comprende que pudo pasar, Carmen para animarla la saca de la casa y se van a sentar en la terraza desde donde ven llegar al padre Abundio muy apresurado.
Alejandro sale a recibirlo. El padre Abundio quiere hablar con él en privado, primero saluda a Magdalena y Carmen y después se aleja con Alejandro. Sin demasiados preámbulos le reprocha haber corrido a Rosario para desahogar su cólera. Ya no es el muchacho noble que él educo, se ha vuelto déspota, iracundo y injusto.
Alejandro intenta defenderse.
- Tiene usted razón padre ya no soy el mismo, la maldad de los demás me ha cambiado.
- ¡Ah... no! No trates de justificar con ese razonamiento tan absurdo tu manera de comportarte solo uno es responsable de sus actos.
- Alejandro se impacienta - ¿Quiere usted escucharme padre? Magdalena intento huir nuevamente y tuvo el descaro de admitir que pensaba reunirse con ese tipo... José Luis Álvarez. Quiere decir que ha estado en contacto con él, no sé por medio de que, de cartas, de recados... en fin... como sea y solo Rosario ha podido ayudarla.
- ¡Estas loco! Rosario nunca habría estado de acuerdo en que tu mujer te abandonara ¡Yo respondo por ella! Es una mujer de absoluta confianza.
- ¡Sí, de confianza... sí! –ironiza Alejandro – pero de mi mujer no mía.
- Tu estas trastornado, estas actuando injustamente, esos sentimientos que te inspira tu mujer se están convirtiendo en algo maligno, si no recuperas la calma vas a cometer muchas barbaridades de las que puedes arrepentirte, aun en medio de las adversidades uno no puede perder nunca la cabeza y menos un hombre como tu, de cuya voluntad dependen muchas personas. ¿Que culpa tiene Rosario de los problemas que hay entre Magdalena y tu?
- - Tiene la culpa de no haber obedecido mis ordenes, le pedí que la vigilara, que me tuviera al tanto de sus movimientos, que me dijera con quien hablaba, a quien veía y jamás lo ha hecho.
La discusión empieza a subir de tono y Carmen y Magdalena observan desde la distancia sorprendidas.
- Pero es absurdo que pretendas que una mujer decente se convierta en espía.
- No se trataba de eso, sino de proteger mis intereses.
- ¡Ah! Y para proteger tus intereses eres capaz de pasar por encima de la dignidad de las personas.
La discusión empieza a transitar por derroteros peligrosos para Alejandro y intenta cortarla.
- Perdóneme padre no quiero seguir hablando de esto con usted no quiero que nos enojemos.
El padre Abundio esta indignado y grita muy enfadado.
- ¡A mí me importa poco si nos enojamos o no! Tengo el deber de decirte que esta equivocado, y el derecho también, el derecho que me confiere, no solo, mi calidad de sacerdote, sino también, por haber sido como tu padre durante muchos años.
Alejandro se calla, parece un niño agarrado en falta. El padre Abundio intenta calmarse y continua con un tono de voz más normal.
- Me haces salir de mis casillas hijo ¡Discúlpame! Pero es que nunca pensé que fueras tan terco, es una injusticia la que cometiste con esa mujer y te pido que enmiendes ese error ¡Te ruego que vuelvas a recibir a Rosario en tu casa!
- Alejandro sigue en sus trece – Perdóneme padre pero no lo haré.
El padre Abundio se da por vencido y va en busca de Magdalena, le pide conversar con ella a solas, Carmen y Alejandro se retiran. El padre Abundio le reprocha a Magdalena su intento de huida y que causara con ello, que Rosario se haya quedado desamparada. No entiende como insiste en reunirse con ese hombre; es una locura. Magdalena lo reconoce y jura que no se repetirá mas, le explica que tenia muchos problemas y pensó que era la única solución. El padre Abundio expresa sus dudas sobre la firmeza de sus intenciones, y Magdalena intenta convencerlo.
- Padre... doy gracias a Dios porque puso en mi camino a Adolfo y me impidió cometer ese disparate... creí que al irme de aquí podría encontrar al fin la paz, la tranquilidad que tanta falta me hace, pero ahora me doy cuenta que hubiera sido peor, porque hubiera vivido con la angustia de saberme indigna, con la vergüenza de haber cometido una terrible falta, pero... ¡No lo vuelvo a hacer padre se lo prometo!
- ¡Ojala sea asi hija! Pero mientras ese hombre siga aquí, tu vivirás bajo la tentación permanente. Tienes que convencerlo de que se vaya, si no puedes hacerlo con palabras debes hacerlo con tu comportamiento. Acércate a tu marido; en cuanto ese hombre se dé cuenta que el sentimiento que te inspiraba ya no existe, no tendrá mas remedio que marcharse.
Magdalena llora angustiada.
- Yo quisiera acercarme a Alejandro pero no encuentro la manera.
- Por que no la has buscado, Alejandro es bueno y noble y todavía te quiere. Esta desesperado porque tu no le correspondes y por eso se comporta de esa manera tan agresiva, tan injusta, porque esta lleno de cólera y busca la forma de desahogarse.
Magdalena duda.
- A veces... creo que... no es cierto que me quiera, que solo esta herido en su orgullo, en su amor propio de hombre.
- No... él te ama todavía – protesta el padre Abundo – pero si en ti no encuentra respuesta, ese sentimiento se puede transformar en amargura, en rencor y eso seria muy malo.
Magdalena habla con el padre sobre Rosario y le expresa sus dudas. Ella cree que Rosario tiene algo que ver con la madre de Alejandro y busca que el padre Abundio confirme sus sospechas pero este se niega y le dice que le pregunte a ella.
Cuando el padre Abundio regresa al pueblo Rosario le espera impaciente por conocer el resultado de su gestión, se desilusiona al enterarse que Alejandro se niega a volver a recibirla. El padre Abundio esta enfadado con Alejandro, ha cambiado mucho ya no es el muchacho de antes, cada día se parece mas a su padre. Rosario se escandaliza, no consiente esa comparación, su hijo es bueno y noble, solo esta herido por el desamor de su esposa. Ella no entiende porque no quiere a su hijo, es un hombre bueno y además es rico. El padre Abundio contesta que Alejandro no ayuda, no es paciente con ella.
En la hacienda todos salen del comedor y se reúnen en el salón, Adolfo se interesa sobre las fiestas del pueblo, que se van a celebrar en breve, y Maria les cuenta en que consisten, Dimitrio y Alfonso se muestran interesados en asistir, Alejandro asiste a la conversación de pie y con cara de pocos amigos y de pronto a bocajarro le pregunta a Dimitrio por la fecha de su partida. Magdalena defiende a su hermano y dice que le ha pedido a Dimitrio y Alfonso que se queden unos días mas, a su tía y a ella les gusta tenerlos allí, les hacen compañía. Alejandro evidentemente molesto se retira bruscamente. Ante lo sucedido, Carmen considera que su sobrino debería irse pronto, sobre todo por el interés de su hermana y él contesta, que de Magdalena depende su partida.
Al día siguiente Magdalena pasea por el jardín y José Luis le sale al encuentro, quiere hablar con ella, Magdalena le vuelve a pedir que se marche, los pueden ver y eso le causaría problemas, pero él insiste y la cita dentro de una hora en el pozo, mientras discuten los alcanza Alfonso que también quiere hablar con Magdalena, cuando José Luis se va, Alfonso deja claro que él no le dijo nada a Alejandro de su intento de huida, no sabe quien lo hizo, pero Maria estaba con él en aquella ocasión. Magdalena expresa su desesperación, no tiene dinero ni forma de conseguirlo y le pide que convenza a su hermano y se vayan pronto, Alfonso le promete intentarlo.
Maria esta espiando a Magdalena mientras habla primero con José Luis y luego con Alfonso, Magdalena que la ve, se le enfrenta y la acusa de espiarla. Maria muy insolente le contesta que ella no espiaba solo miraba y no es culpa suya si la vio hablando con el administrador y con Alfonso, además, si no estaba haciendo nada malo no entiende de porque se preocupa. Magdalena muy enfadada la amenaza.
- Se cree muy segura por el apoyo que le brinda Alejandro, pero el día que yo me decida no durara mucho aquí.
- ¿Qué se decida a que? – Maria se expresa con insolencia, muy segura de su posición – Alejandro sabe que usted me odia y todo lo que diga pensara que es por perjudicarme, a mí me aprecia y me tiene confianza, además todo lo que le he dicho ha sido verdad.
- ¿Cómo cuando negó haberme ayudado a escapar al día siguiente de llegar a la hacienda no?
- ¿A quien creyó? ¿A usted o a mí? – dice Maria riéndose –
- Es usted una víbora, pero tarde o temprano me las va a pagar. Alejandro me quiere y soy su mujer.
- Solo de nombre y si se decidiera a ser mas complaciente no crea que con unas cuantas caricias lo puede obligar a hacer su voluntad, Alejandro no es de esa clase de hombres... porque... si asi fuera... si la cosa fuera tan sencilla hace tiempo que lo tendría comiendo de mi mano.
- ¿Qué quiere decir? ¿Qué entre ustedes hay algo o hubo algo?
- Yo no he dicho eso.
- Pero lo ha insinuado.
- Tómelo como quiera, y le aconsejo que no le diga a Alejandro nada de esto, porque si no me veré obligada a contarle que el día que el administrador desapareció Rosario fue con Rufino a llevarle un recado suyo – Maria mira a Magdalena con insolencia y aire de triunfo – para que vea que no soy tan chismosa... algunas cosas me las guardo.
Alfonso espera a Dimitrio en el jardín y le dice que su hermana nunca podrá pagarles, que esta desesperada y a él le da pena, Dimitrio esta de acuerdo él también siente pena por Magdalena. Acuerdan pedirle que presione a Alejandro para quedarse un tiempo mas en la hacienda mientras consiguen el dinero necesario, empezaran por apostar en la feria del pueblo si la suerte les sonríe pueden hacerse con una buena cantidad.
Magdalena le pide a su tía que le entregue una carta a José Luis en la que le pide que se vaya, su tía acepta el encargo y va a la casa del administrador, lo encuentra revisando los libros y le entrega la carta, José Luis la lee.
José Luis:
Doy gracias al cielo que el amigo de mi hermano me impidiera reunirme contigo la otra noche, porque asi pude darme cuenta del error tan terrible que íbamos a cometer. Con el tiempo no hubiera podido soportar la vergüenza de vivir al margen de la sociedad y con la angustia de haber faltado al juramento que hice ante el altar al casarme con Alejandro.
Sé que para ti será difícil aceptar lo que te digo, pero no nos queda otro remedio y si en un momento de ofuscación acepte irme contigo y te ilusione con la esperanza de tener una vida juntos, te ruego que me perdones, acéptalo y convéncete, lo nuestro es un imposible, por eso te ruego que te vayas, con el corazón en la mano te lo suplico, no confió en la discreción de mi hermano y menos cuando se entere que nunca podré darle el dinero que el me exige, tengo miedo que en venganza le diga la verdad a mi marido. Tu conoces el carácter de Alejandro y si se entera de quien eres, tiemblo al pensar que tu vida peligre. Maria también sospecha algo y no dudo que tarde o temprano, con el fin de perjudicarme, le diga algo a Alejandro ¡Vete José Luis! Te lo pido por el bien de los dos. Yo por mi parte solo puedo decirte que siempre guardare tu recuerdo en mi corazón.
Magdalena.
José Luis acaba de terminar de leer la carta, aun la tiene en la mano, cuando entra Maria muy insolente y pregunta con ironía.
- ¿Acaba usted de recibir la carta?
Fin del capitulo 25.
Mar






Escrito desde Feb 25, 2003, 10:29 PM

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