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Capitulo 34 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Angélica tapa la boca de su hermana hasta que esta le promete que no gritara, después la suelta y le explica lo sucedido buscando su complicidad; ese hombre es inocente del crimen que le acusan y deben ayudarlo. José Luis afirma que se ira esa misma noche y le pide por favor que no le traicione.
Dimitrio y Alfonso están pasando el tiempo en el salón de la casa, tiene listo el negocio solo queda que llegue el tahúr que contrataron con su esposa la bailarina, para abrir, ambos están impacientes por empezar a hacer dinero, se consideran a salvo de sospechas en el robo de las botellas puesto que nadie les ha comentado nada; las cosas les están saliendo bien, tienen una buena reserva de bebidas a costa de Alejandro, planean dejar funcionando el negocio en el pueblo unos meses y con el dinero que consigan marchar a la capital a instalar otro garito, pero esta vez elegante y darse la gran vida.
Alejandro cruza el salón, les lanza una mirada despectiva al par de gandules y entra en el despacho donde Magdalena toca el piano, se queda de pie escuchándola, cuando ella termina le dice:
- Me gusta oírte tocar, quiere decir que estas contenta.
- Sí. – Magdalena se levanta y se acerca a Alejandro, la conversación es cordial – Me acuerdo que una vez me dijiste que te hubiera gustado aprender y que no pudiste hacerlo porque nunca tuviste un piano y yo me sorprendí mucho.
- Si, pero yo en esa época tenia miedo que te enteraras de mi origen, temía que me fueras a rechazar.
- Yo nunca le he dado importancia a esas cosas.
- ¿Por qué no? – intrigado – vienes de una familia con principios muy rígidos en ese aspecto, muy orgullosa de su linaje ¿Por qué eres tan diferente?
- No lo sé – Magdalena reflexiona - ¡Bueno! Mi papa es un hombre muy noble, muy justo, siempre me ha dejado leer lo que yo quisiera, hablar de lo que se me antojara – sonríe tierna – con los demás era muy estricto, pero conmigo no, todas mis amigas se sorprendían porque nunca me quiso imponer un pretendiente, siempre decía que era yo la que debía escoger, que antes que nada estaba mi felicidad..
- Pero al fin de al cabo no fue asi ¿verdad? – dice Alejandro con un suspiro –
- En cierto modo yo tuve la ultima palabra – reconoce Magdalena –
- Pero presionada por tu madre y las circunstancias.
- Sin embargo ahora no me arrepiento – Magdalena lo mira a los ojos y sonríe –
- ¿Lo dices en serio?
- Sí.
Alejandro la mira con adoración y le besa la mano.
- ¡Te quiero tanto! Te ame desde la primera vez que te vi, siempre pensaba en ti, imaginaba muchas cosas y después cuando me entere que no eras libre me sentí morir por los celos, por la desesperación, la angustia.
- Pero tienes que entender que yo...
- ¡Sí, sí mi vida! – Alejandro la interrumpe – Ahora me doy cuenta que yo fui el prepotente, el que destruyo tus ilusiones, pero yo no lo sabia ¡Te lo juro! Si me lo hubieras dicho, con todo el dolor de mi alma no me hubiera casado contigo, habría ayudado a tu familia, pero sin pedir nada a cambio ¿Me crees verdad?
- Si... si te creo ¡Sé que eres noble y bueno! La que se porto mal fui yo, tu no tienes la culpa de nada.
- No... no... no... los dos tuvimos la culpa, pero afortunadamente ya todo paso. Quiero que seamos felices mi amor, pero muy felices.
- Yo tambien lo deseo – contesta Magdalena sonriendo ilusionada –
Alejandro le besa la mano dulcemente.
Angélica le encarga a Virginia que vigile en el salón y avise si alguien quiere entrar en su cuarto, su hermana esta preocupada, si su padre se entera las va a matar. Angélica insiste en que deben ayudarle, es un hombre maravilloso, nadie lo puede ayudar mas que ellas, después de haber hablado con él después de haberlo visto; ¿serias capaz de permitir que lo arresten los soldados, que lo golpeen, y lo maten? Virginia se estremece ante esa idea, no podría permitirlo ¡Que horror! Asi que promete quedarse vigilando.
José Luis se pasea inquieto por la recamara de Angélica, en cuanto entra le pregunta angustiado si su hermana lo denunciara. Ella lo tranquiliza, Virginia no dirá nada, al contrario esta vigilando y les avisara si alguien intenta entrar. Se sientan uno frente a otro y Angélica se interesa por la vida de José Luis, este le cuenta sus desgracias, su amor por una mujer de clase alta, como acabo en la cárcel por las influencias de la familia de su amor, el intento de matarlo, su fuga y el posterior matrimonio de ella con un hombre rico. Angélica se horroriza, en su lugar nunca se hubiera casado con otro, se habría escapado con él. Ella se interesa por sus sentimientos; ¿Todavía la quiere? José Luis afirma rotundo que eso es algo que murió para siempre. Angélica lo compadece profundamente, la vida ha sido muy injusta con él:
- Si, es injusta esta sociedad Angélica – dice José Luis – Donde el rico tiene todo y al pobre ni siquiera se le concede el derecho de amar y ser feliz.
- Muchas veces el rico también es desdichado – afirma Angélica tristemente – Yo por ejemplo. Nunca podré casarme, ni conoceré el amor, ni la dicha que dan los hijos.
- ¿Por qué dice eso? Usted es muy linda, buena, cualquier hombre se sentiría dichoso de tenerla por esposa.
Angélica se levanta, le da la espalda y comienza a llorar. José Luis se acerca a ella y le ruega que no llore.
- Es que... estoy muy enferma y aunque los demás no me lo dicen sé que muy pronto me voy a morir.
En casa de los Almonte, Cipriano informa a Alejandro del resultado de sus investigaciones en el asunto del robo de las botellas, nadie vio nada y además quien se las haya llevado las saco de la hacienda, porque han registrado por todos lados. Alejandro piensa que es muy raro, si hubiera sido uno de los peones se habría llevado el mezcal, el tequila o el ron, pero se llevaron también las cajas de vino francés, el coñac, el champán, además los peones no entran en la casa y menos se atreverían a subir al piso para robarle las llaves a Magdalena, de pronto tiene una idea y sospecha de su cuñadito y el gandul de su amigo, pero no entiende para que quieren tantas botellas, si ellos pueden beber en la casa lo que quieran.
Magdalena esta en su recamara bordando acompañada de su tía Carmen, la noche esta cayendo y enciende la luz, su tía se lo agradece, casi no veía, además bordar es muy aburrido, Magdalena le da la razón vacila unos momentos y se decide a exponerle a su tía lo que le preocupa:
- ¡ Ay me siento muy mal tía!
- ¿Por qué? – Carmen esta sorprendida –
- Por José Luis.
- ¡Ay Virgen Santísima! – exclama Carmen – Todavía con eso, pero si ese hombre ya debe estar bien lejos, feliz y contento de haberse librado al fin de toda esta situación.
- Es que no me refiero a eso, yo sé que fue lo mejor para los dos, pero yo me siento culpable.
- ¿Culpable de que?
- Me parece que no tengo derecho de ser tan feliz. Alejandro me quiere y yo también a él pero...
- ¿Pero que?
- ¡Ay no me hagas caso! – Magdalena suspira –
- Pero dime hija ¿Qué te pasa? – Carmen deja lo que esta haciendo y se dispone a escuchar a su sobrina –
- ¿Cómo puedo sentir lo que siento hacia Alejandro cuando hace unos días yo creía estar enamorada de José Luis tía? ¿Soy una mujer ligera, frívola o lo que siento por Alejandro es solo una atracción indebida?
- ¡Nada es indebido entre marido y mujer hija! Lo indebido fue lo otro, y no empieces ahora a llenarte la cabeza con tanta tontería.
- Pero es que en el fondo siento que no debo querer a Alejandro, que es un sentimiento indigno.
- ¡Mira, no sigas diciendo sandeces! Tu marido es Alejandro y lo otro fue un capricho, un capricho al que te aferraste porque tu familia se oponía y porque asi son todas las muchachas, románticas y tontitas. Si ya sientes querer a tu marido ya no rechaces ese sentimiento... al contrario, piensa todos los días en eso para que crezca y se haga mas grande. ¿No quieres ser feliz hijita? ¿No quieres tener una familia con Dios manda, hijos?
Magdalena ante estas palabras sonríe soñadora y contesta.
- Si, me gustaría mucho tener un niño.
Mientras tanto José Luis interroga a Angélica sobre las costumbres de la casa, esa noche intentara escapar, Angélica esta muy preocupada y le ruega que no lo haga, que se quede unos días mas, si lo agarran ella no lo podría soportar, pero él insiste en irse, la esta comprometiendo y además no la deja descansar.
Magdalena y Alejandro pasan la velada en el salón, ella borda y él la observa mientras toma una copa de vino. Alejandro le pregunta si no esta cansada, ella al darse cuenta que es tarde recoge el bordado y se despide para irse a dormir, pero Alejandro apura su copa se levanta y le dice que la va a acompañar, ella lo mira inquieta. Entran juntos en el dormitorio, Magdalena se queda de pie cerca de la cama sin atreverse a mirarlo, Alejandro se acerca y le dice:
- Magdalena antes no me había atrevido a hacerlo... pero ahora necesito pedirte perdón.
- ¡Perdón de que! – Magdalena esta sorprendida eso es lo ultimo que esperaba –
- Por la forma en que me porte contigo la noche que llegamos aquí; sé que fui brusco y que te dije palabras hirientes.
Magdalena baja la cabeza y mira hacia otro lado, Alejandro continua hablando.
- Pero estaba desesperado, ahora quisiera borrar ese recuerdo y demostrarte lo mucho que te quiero. – Alejandro le levanta la cabeza suavemente y la mira a los ojos – Te amo Magdalena – se acerca lentamente observando su reacción y la besa –
Angélica y José Luis esperan en la recamara a que Virginia les dé la señal para salir, tienen que esperar a que todo el mundo se haya acostado, cuando Virginia les avisa salen sigilosamente, Angélica le acompaña hasta el establo y allí se despiden.
- Las palabras no son suficientes para expresar lo agradecido que estoy con usted, no la olvidare nunca – dice José Luis –
- Ni yo tampoco – Angélica esta al borde de las lagrimas – No habrá un solo día de mi vida en que no piense en usted.
José Luis se inclina ceremonioso para besar su mano.
- ¡Adiós! – Y sale dejando a Angélica desesperada y llorando –
Angélica regresa corriendo a su recamara y se arroja sobre la cama llorando, su hermana quiere saber porque llora; ¿no sera por ese hombre? Fuera se oyen gritos, a gente corriendo, disparos, por fin las voces anuncian que han detenido a un intruso. Angélica sobresaltada se levanta y sale corriendo, en el salón su padre se enfrenta al detenido y los temores de Angélica se confirman, han atrapado a José Luis. El Sr. Arechiga ordena que lo entreguen a la tropa para que lo cuelguen en la plaza del pueblo como se merece y se lo llevan ante la desesperación de Angélica. De nuevo en su cuarto llora y se lamenta con su hermana.
- No es justo, no es un criminal, es bueno y ha sufrido demasiado.
- Le hubieras dicho que no se fuera – dice Virginia –
- Lo hice, pero no quiso, estaba muy preocupado porque creía que me comprometía.
Las dos intentan pensar en una forma de ayudarle, a su padre no pueden recurrir, a la pequeña se le ocurre recabar la ayuda de Alejandro Almonte.
Rosario esta en la cocina preparando una bandeja con comida, entra Maria que altanera exige su desayuno.
- Ahora Maria; no mas le subo el desayuno a los señores y la atiendo.
- ¿Van a desayunar en la cama los dos? – Maria esta muy sorprendida –
- Si, me lo pidieron hace un rato.
- ¿Alejandro por que? ¿Esta enfermo?
- No... se le antoja desayunar arriba.
- Esta bien – dice Maria agarrando la bandeja – Yo se lo subo.
- Perdone la señora quiere que yo se lo sirva – Rosario detiene a Maria y le quita la bandeja –
- ¡A mí que me importa ella! – contesta Maria insolente – Yo voy a llevar el de Alejandro, no el suyo.
- Pero es que los señores están en la misma recamara – aclara Rosario sonriente –
- ¿Durmieron en el mismo cuarto? – pregunta Maria demudada –
- Si, son marido y mujer – contesta Rosario evidentemente complacida –
Rosario sale de la cocina con la bandeja y deja a Maria rechinado de ira.
Magdalena esta mirando por la ventana de su dormitorio vestida con una bata, se vuelve sonriente y feliz hacia Alejandro que se acerca desde el otro extremo de la habitación también ataviado con una bata.
- Que bonito esta el día.
- Pero tu estas mas bonita aun – cariñoso – soy muy feliz Magdalena.
- Yo también mi amor – contesta ella sonriente –
- Desde hace mucho estoy enamorado de ti – Alejandro esta muy cerca y la acaricia suavemente mientras habla – Pero de hoy en adelante no habrá nada mas importante en mi vida que tu – la mira con adoración – Viviré solamente para ti Magdalena, para adorarte, para mimarte, para cumplir hasta el mas pequeño de tus caprichos.
- Yo solo quiero ser feliz a tu lado y sé que a partir de ahora lo vamos a ser – contesta Magdalena mirándolo a los ojos enamorada – No va a haber nada que nos vuelva a separar.
Alejandro se dispone a besarla cuando golpean la puerta, Magdalena contesta y Rosario entra en la habitación con la bandeja del desayuno, lo prepara sobre la mesa y después de preguntar si no desea nada mas se retira con expresión feliz.
- Como pudiste pensar que esa mujer es mala – le reprocha Magdalena con suavidad – se desvive por atendernos, yo siento mucho afecto por ella.
- Si creo que fui injusto con ella – dice Alejandro confuso – pero esos fueron otros tiempos en los que ya no quiero pensar – la mira sonriendo y vuelve a besarla –
Maria esta verde de coraje y se desahoga con Adolfo, soltando sapos y culebras por la boca contra Magdalena.
- Yo estoy segura que tenia algo que ver con ese Antonio Olivares, que causalidad que antes estaba muy enojada con Alejandro y ahora que se fue hasta pasan la noche juntos.
- ¡Por Dios! Es normal son marido y mujer – contesta Adolfo –
Maria se vuelve como si le hubiera picado una víbora y con igual veneno exclama rabiosa.
- ¡Pero ella no lo quiere!
- ¿Y tu que sabes?
- Si que lo sé, porque intento escaparse varias veces y a ti también te consta.
- ¿Por qué piensa que entre Olivares y Magdalena había algo? – pregunta Adolfo –
- Porque varias veces los vi hablando, claro que no oí lo que decían pero su actitud era muy sospechosa.
- Procura no comentar eso con Alejandro – dice Alfonso preocupado –
- ¿Por qué no? Además ya lo hice – responde insolente Maria –
- Bueno y que es lo que pretendes ¿Te gusta Alejandro verdad?
- ¡Yo si lo quiero! – responde Maria rabiosa –
- Pero él esta casado y esta muy enamorado de su mujer, nunca conseguirás nada, en cambio yo esto soltero y me gustas mucho.
- ¿A poco te casarías conmigo?
- ¡Bueno no tanto! – rectifica rápidamente – quiero decir... yo no pienso casarme nunca, pero juntos podríamos divertirnos mucho.
Maria le lanza una mirada heladora y se marcha. Dimitrio aparece en bata y camisón con las pantorrillas al aire, viene fuera, Adolfo lo mira asombrado pero Dimitrio esta loco de contento, por fin llegaron el tahúr y su mujer, dentro de dos horas los esperan en el negocio para hacer una demostración.
Angélica esta dispuesta a sacar a José Luis de la cárcel a como de lugar, encarga a su hermana que pida que enganchen el coche pues van a ir al pueblo, a su madre debe decirle que van a poner flores a la Virgen y a confesarse, cuando Virginia sale, ella abre su joyero y mete varias joyas en su bolso, después va al encuentro de su hermana, una vez en el pueblo se entrevista con el sargento Cárdenas, que ha quedado al mando de la tropa, defiende la inocencia de José Luis y pide que lo liberen, no tiene pruebas de que el fuera quien mato al capitán Mejia, Cárdenas insiste en que tiene ordenes de ajusticiar a todo aquel que sea sospechoso de matar a un militar, son ordenes del capitán Mejia, Angélica le hace ver que el capitán a muerto y el que manda ahora es él, después intenta llegar a un acuerdo con él.
Magdalena baja al salón vestida de amazona y pregunta por Alejandro, han quedado en ir a montar a caballo, su marido entra en la casa muy sonriente, los caballos están preparados, la besa cariñoso y salen de la mano. Maria los observa furiosa.
- ¡Es una hipócrita! – exclama-
- ¡No diga eso de la señora! Es muy buena.
- ¡Buena! Hasta ayer casi no le dirigía la palabra y ahorita es toda sonrisas y mimos, algo se trae entre manos estoy segura, porque si lo quisiera de verdad no se hubiera portado con él como lo hizo.
Angélica esta en su recamara preparada para salir, hace jurar a Virginia que no dirá nada a sus padres, esta se resiste llorando, pero al final jura, Angélica sale.
En la cárcel José Luis esta recostado en un banco del calabozo, la puerta se abre y aparece el sargento Cárdenas, le dice que salga, José Luis se levanta receloso y sale de la celda, lo conducen fuera de la cárcel y el sargento le indica que se fugue. José Luis duda, pregunta si le van a aplicar la ley de fugas, pero Cárdenas insiste, hay un coche esperándole, José Luis corre, ya en la calle mira a todos lados esperando una trampa, Angélica acude a su lado y le conduce al coche que los espera.
Fin del capitulo 34.
Mar






Escrito desde Mar 10, 2003, 2:15 PM

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