Pagina de Amor Real

Pagina de Bodas de Odio

 


Capitulo 47 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Alejandro observa como Rosario llora desesperada sin contestar a su pregunta, impaciente vuelve a preguntar.
- ¿Pero es usted mi madre? Contésteme.
Rosario sin dejar de llorar asiente con la cabeza.
- Pero no... ¿no me esta engañando? – dice Alejandro mirándola incrédulo –
Rosario niega con la cabeza llorando a mares, por fin consigue articular palabra y entre sollozos asegura.
- El padre Abundio lo sabe, y también Cipriano – después lo mira asustada y pregunta - ¿le da vergüenza?
- No, es que... no puedo creerlo – Alejandro esta muy emocionado, le tiemblan las manos – pero todos estos meses junta a mí – extiende las manos hacia Rosario y le toca la cara y después la abraza llorando mientras exclama - ¡Mama! –
Los dos lloran abrazados, Alejandro la besa y Rosario le corresponde.
Magdalena va a casa de Angélica a avisarla de lo sucedido y del estado de su marido, le cuenta que José Luis la mintió que si hubo duelo y que esta herido pero se pondrá bien, Angélica insiste en ir a verlo inmediatamente.
Dimitrio reúne a Carmen y Paula en el despacho para ponerlas en antecedentes de los sucedidos, Alejandro y José Luis se batieron en duelo esa madrugada, el chisme corre por toda Puebla y lo peor es que se murmura que fue por un asunto de honor en el que esta involucrada Magdalena, la muy tonta estaba en el duelo y corrió hacia el militar cuando cayo. Paula esta horrorizada, no puede creer que hayan caído tan bajo, este escándalo supone el desprestigio, una verdadera muerte civil.
En casa de Alejandro, madre e hijo conversan en el salón sentados en el sofá, tomados de las manos.
- Y yo que te creí muerta – dice Alejandro emocionado – porque no me lo dijiste enseguida, porque permitiste que te tratara asi, en la forma en que lo hice mama, como una sirvienta cuando eras mi madre – Alejandro besa la mano de su madre mientras esta llora –
- Es que tú eras el patrón hijo y cuando conocí a tu esposa y me di cuenta que era una muchacha tan elegante tan fina, me dio miedo avergonzarte.
- Yo te eche de la hacienda – dice Alejandro avergonzado – debiste habérmelo dicho en ese momento – la mira con ternura – es que no puedo creerlo ¡Te lo juro!
- Dime hijito ¿Qué vas a hacer con tu mujer?
- Ella me ha engañado mama – con tristeza – que daría yo porque no fuera cierto.
- No Alejandro, tu esposa es buena – afirma rotunda Rosario – si ha hecho algunas cosas que no debía, es cierto, pero ella no te ha traicionado como tu piensas, la criatura es tuya te lo juro, pero si es igualito a ti, te lo digo yo, no puedes desconocerlo, es sangre de tu sangre, cuando lo tengas en tus brazos te vas a dar cuenta de lo que te estoy diciendo.
- Esta bien mama – Alejandro cede ante las suplicas de su madre –
- ¿Te vas a contentar con la niña Magdalena? – pregunta Rosario esperanzada –
- No, no, eso no – Alejandro se levanta y pasea nervioso por la habitación – reconoceré a mi hijo, pero no puedes obligarme a pasar por encima de sus traiciones y volverla a aceptar – se inclina hacia su madre angustiado – entiéndeme, no puedo mama, no puedo.
Rosario se levanta y toma a Alejandro de las manos.
- Hijo tu esposa me ha contado todo, como fue que se casaron ustedes y me ha platicado del otro hombre, cuando ella hizo lo que hizo fue porque todavía no te quería. No, no es que quiera justificarla Alejandro; pero después aprendió a quererte, yo la he visto llorar por ti hijito, la he visto desesperada por tu rechazo, tu has sido el único hombre de su vida, créemelo, me lo ha jurado hijo, y yo la creo.
- ¿Tanto confías en ella? – pregunta Alejandro asombrado –
- Sí, hijo sí.
- Mama, mama, si tan solo tuviera una prueba – dice Alejandro atormentado –
- ¿Por qué no vas a hablar con ese hombre? – le propone Rosario –
- ¿Con quien? – desconcertado – Con José Luis Álvarez.
- Si, la niña dice que no es malo y tal vez diga la verdad.
En casa de los Mendoza están muy inquietos por la situación y por la ausencia de Magdalena, Paula manda a Dimitrio a buscar a su hermana, cuando este sale comenta con Carmen lo sucedido; No saben que hacer porque si al escándalo le unes la miseria ya nada puede ir peor. Carmen también esta muy asustada pero no sabe que hacer, Paula decide enviar a su cuñada a hacer visitas para intentar calmar las murmuraciones, tiene que decir que el duelo fue porque ese hombre le falto al respeto a Magdalena en la calle, a Carmen el encargo no le convence mucho pero finalmente acepta.
Angélica llega al hospital acompañada de Magdalena, José Luis esta muy mal le esta subiendo la fiebre, Magdalena se queda un rato acompañando a Angélica pero finalmente decide irse, cuando esta saliendo de la habitación se encuentra con un enfurecido Dimitrio que lleva horas buscándola y se enfurece aun mas al encontrarla visitando a José Luis para dar mas pábulo a las murmuraciones, Magdalena alega que eso a ella no le importa nada lo único que le interesa es la salud de José Luis, además si la gente esta hablando no es por su culpa sino por la de Alejandro. Dimitrio enfadado la manda callar y la saca del hospital.
Alejandro continua conversando con su madre, insiste en que no debe volver a casa de los Mendoza, su lugar esta junto a él.
- Si hijo, pero tengo que decírselo a la niña Magdalena – alega Rosario – bueno ella ya sabe quien soy yo pero...
- ¿Magdalena esta enterada? – dice Alejandro asombrado –
- Si, se lo dije esta mañana, por eso fuimos a ese lugar, ella misma me lo pidió, teníamos la esperanza de que si yo te lo decía antes no ibas a echarte de balazos con ese hombre, pero ya ves, llegamos tarde.
- Mama como puedes decir que Magdalena me quiere si lo único que le importo fue lo que le paso al otro, no puedo olvidar el odio con el que me miro.
- Es que la ofendiste mucho hijo, la echaste de tu casa como si fuera una mujer de la calle, le dijiste cosas muy feas, ella es una muchacha fina, distinguida bien criada.
- Mama ¿De verdad piensas que me equivoque? ¿Qué Magdalena no me ha engañado con ese hombre? – pregunta Alejandro dubitativo –
Rosario se levanta del sofá y se acerca a Alejandro que esta sentado en una butaca, le toma la mano mirándolo amorosamente.
- Estoy segura mi vida, ya te lo dije, ella me ha contado todo con lagrimas en los ojos.
- Es muy hábil para mentir – alega Alejandro –
- No, no mi vida, estas necio por tus celos, por el coraje, yo te entiendo, pero estas equivocado mi vida, tu mujer es buena, decente y te quiere con toda el alma.
Alejandro se levanta angustiado, ya no sabe que pensar, intenta marcharse, pero Rosario lo detiene.
- ¡Te juro por la virgen que es inocente!
- Mama – dice Alejandro desesperado - Daría mi vida para que fuera cierto, créemelo ¡No sabes cuanto la quiero! – Alejandro y Rosario se abrazan –
Magdalena llega a su casa acompañada de Dimitrio es recibida por una enfurecida doña Paula que pregunta dónde estaba, cuando se entera que en el hospital visitando a José Luis monta en cólera.
- Pero has perdido el juicio Magdalena, por todos los santos ¿qué es lo que pretendes? No te das cuenta que la ciudad entera esta hablando mal de ti y tu todavía te vas a ver a ese individuo.
- Si mama – protesta Magdalena – Yo no podía abandonar a José Luis.
- ¿Y que te importa a ti ese mequetrefe?
- No quiero que se muera José Luis, es una victima inocente de ese monstruo que tengo por marido – grita Magdalena indignada –
- Mira Magdalena, cálmate y deja de decir tontería – Dimitrio interviene en la conversación bastante molesto – debes reconocer de una vez por todas que ese infeliz se ha portado como un cobarde, cualquier otro hombre en lugar de tu marido lo habría rematado en lugar de respetarle la vida.
- ¿Y tu que sabes? Tu no puedes opinar – Magdalena se enfrenta furiosa a su hermano –
- Yo opino todo lo que se me da la gana, antes que nada porque tengo razón, además soy el jefe de esta casa y como tal me respetas - dice Dimitrio –
- ¡Respetarte! – exclama irónica Magdalena - ¿Por qué? Eres menor que yo, además no has hecho nada para que yo te respete.
- Yo soy el hombre de esta casa – afirma Dimitrio furioso –
- ¡Bueno ya! – Paula corta la discusión – Ustedes han perdido el decoro, la decencia, la dignidad y tu Magdalena, te has convertido en una vergüenza para nuestra familia. Perteneces a una de las familias mas distinguidas de Puebla y eres una señora casada con un hijo y te estas portando como una mujerzuela de lo peor ¿Qué les pasa a ustedes? ¿Qué diría su padre si aun viviera? ¿Sabes que todo el mundo esta hablando a tus espaldas? ¿Que ya están enterados de lo del duelo de tu marido y ese pelado?
- ¿Y que dicen? – pregunta Magdalena.
- ¡La verdad! – exclama indignada Paula – Que Alejandro se ha batido con él por un asunto de honor.
- Pero es que Alejandro no tiene razón – afirma Magdalena – esta equivocado, yo no lo he engañado.
- ¿Cómo puedes decir eso? – Paula esta indignada – ¿Acaso no es engaño el haber querido escaparte con él y haberle ocultado su verdadero nombre cuando estaba en la hacienda?
- Si pero... – Magdalena esta desconcertada – Pero no se dan cuenta que José Luis se puede morir y si eso sucede no se lo voy a perdonar a nadie, ni a ustedes, ni a Alejandro, ni a mi misma – Magdalena se retira llorando a su dormitorio –
- Te prohíbo que vuelvas a ver a ese hombre, entendiste, te lo prohíbo – grita Paula mientras Magdalena sube las escaleras –
Alejandro va al hospital a ver a José Luis, Rufino intenta echarle pero José Luis quiere hablar con él y le pide que los deje solo, muy a regañadientes Rufino sale de la habitación.
- Solo quiero que me diga una cosa – dice Alejandro muy serio - ¿Usted y Magdalena fueron amantes?
José Luis lo mira asombrado sin responder.
- ¿No quiere contestarme? – insiste Alejandro –
- ¿Piensa que le voy a decir la verdad? – pregunta José Luis –
- No lo sé, pero si miente espero darme cuenta.
- Usted no quiere a Magdalena porque cuando se quiere se confía en el ser amado – reprocha José Luis –
- ¿No me lo va a decir? – Alejandro no entra en el juego, no va a discutir su amor por Magdalena con José Luis –
- Me gustaría decirle que Magdalena si fue mi amante para vengarme del daño que usted me ha hecho, pero ella es una mujer buena, decente y no quiero mancharla con la calumnia ¡No señor Almonte! Magdalena nunca a sido mía, pudo mas su sentido de la dignidad que el amor que me tuvo.
- ¿Hay algo que pueda hacer por usted? – pregunta Alejandro –
- Nada – contesta cansado José Luis –
Carmen llega de la calle, ha estado visitando conocidas para saber lo que se dice y intentar contrarrestar los chismes, Paula le pregunta ansiosa por el resultado, Carmen le cuenta que fue un fracaso total, nadie se creyó su versión por que ya estaban enteradas de que Magdalena paso toda la mañana en el hospital con el militar y además sus amistades estaban muy extrañadas de que Alejandro ni una sola vez hubiera visitado a Magdalena desde la muerte del general Mendoza, las dos están muy preocupadas por el curso de los acontecimientos, tal como están no se van a atrever a poner un pie en la calle, mientras están con esta elucubraciones sueña la campanilla, Paula abre la puerta y se encuentra con Alejandro acompañado de Rosario.
Paula lo invita a pasar y le comenta sobre su angustia por lo sucedido, la gente murmura cosas horribles. Alejandro ceremonioso pide que avisen Magdalena pues quiere hablar con ella, Paula manda a Carmen a avisarla, invita a Alejandro a pasar al salón y manda a Rosario a la cocina, Alejandro detiene a su madre, que ya iba a hacer caso a la orden.
- No, no, un momento – se vuelve hacia Paula – doña Paula quiero que sepa que Rosario es mi madre y como tal quiero que desde hoy se la trate.
- ¡Tú madre! – exclama Paula estupefacta –
- ¡Sí, mi madre! – responde Alejandro rotundo –
Magdalena esta alimentando a su hijo cuando entra Carmen a anunciarle que Alejandro esta abajo y quiere verla, ella se niega a bajar, no quiere verlo, ningún arreglo es posible entre Alejandro y ella, la tía Carmen hace un gesto de desesperación y se marcha para intentar averiguar que es lo que quiere Alejandro.
En el salón, Alejandro y Rosario están sentados en el sofá y Paula en la butaca, la incomodidad de Rosario es evidente, no sabe donde meterse, Paula intenta disimular la suya. Llega Carmen anunciando que Magdalena esta alimentando al niño y que enseguida baja, Rosario intenta levantarse para cederle el sitio a Carmen, que se ha quedado de pie detrás del sillón de Paula, pero Alejandro la agarra del brazo y la detiene.
- ¿Dónde vas mama?
- No nada – responde azorada Rosario volviendo a sentarse –
- Rosario es mi madre doña Carmen – anuncia Alejandro – me acabo de enterar hoy, yo la creí muerta pero afortunadamente no es asi.
- ¡Que bueno me alegro! – exclama expresiva Carmen - ¿Y para eso vino, para darnos la noticia?
- Bueno no, no precisamente. Vine porque quiero que Magdalena y yo fijemos la fecha del bautizo de nuestro hijo – dice Alejandro nervioso –
- Quiere decir que ya esta convencido de que es de usted – dice Carmen muy contenta –
- Claro que si – contesta Alejandro –
- Ay Alejandro me alegro tanto – dice Paula con tono afectado - no sabes cuan afligidas estuvimos al enterarnos de tus dudas de tus sospechas, Magdalena estaba desesperada ¿verdad Carmen?
- Si, si claro, lloraba todo el día la pobre – contesta Carmen –
- Créanme que lo siento – contesta Alejandro incomodo –
- Alejandro que contenta estoy, Magdalena se va a volver loca de felicidad – se levanta y le dice a Alejandro - pero ven Alejandro ven para que tanta formalidad entre nosotros ¿no quieres subir a la recamara para ver a la criatura?
- Si esta bien señora – Alejandro se levanta sonriendo y sigue a Paula escaleras arriba –
Entran en el dormitorio de Magdalena, esta dándole el pecho al niño, cuando se da cuenta que Alejandro esta en la habitación lo mira asombrada y se cubre con la bata.
- Magdalena tu marido se moría de ganas de ver a la criatura – dice Paula -
Alejandro se acerca receloso, se detiene mirando a Magdalena que esta sentada en la cama con el niño en los brazos, lo mira con ternura sonriendo mientras Paula alaba la belleza del niño y lo muchísimo que se parece a él, no olvidándose de señalar que es rubio como ellos. Alejandro no sabe que hacer, esta de pie en medio de la habitación aguantando la cháchara de Paula mientras Magdalena sentada en la cama permanece fría y distante.
- Alejandro viene para fijar la fecha del bautizo del niño – anuncia Paula satisfecha a su hija – y se retira dejándolos solos.
Cuando Paula desaparece Alejandro intenta romper el hielo con Magdalena, esta nervioso, se retuerce las manos, al final las coloca en la espalda.
- Esta muy bonito – dice mirando al niño - ¿Cómo se va a llamar?
- Iván, como mi padre – contesta distante Magdalena –
- Me parece bien – dice Alejandro – Magdalena estoy muy arrepentido.
Magdalena lo mira con dureza mientras acuna a su hijo.
- No me interesan tus disculpas.
- Es que... – Alejandro vacila – Te pido perdón.
Magdalena se levanta, deja al niño en la cuna, mientras Alejandro la observa nervioso, después se vuelve y se enfrenta a su marido.
- ¿Cómo te atreves? Cuando hay un hombre agonizando por tu culpa – reprocha indignada Magdalena –
- Si ya sé – Alejandro se muestra arrepentido – no debí haber llegado hasta esos extremos. Pero ese hombre no es tan inocente como tu dices, y no quiero que volvamos a hablar de él, sino de nosotros nada mas, los dos cometimos muchos errores, pero ahora te pido que olvidemos el pasado.
- Lo mismo te dije yo hace unos días y me contestaste que nadie te puede obligar a vivir con... – se le rompe la voz y a punto de llorar vuelve el rostro – una cualquiera... eso me dijiste a mi... a mi.
- Si, estaba yo confundido – contesta Alejandro con expresión culpable – cegado por los celos ¡Perdóname por favor! – Alejandro se acerca a Magdalena y le toma una mano –
- No te acerque – dice Magdalena mientras se suelta – me has echado de tu casa me has humillado y ahora pretendes que olvide todo... Es que... no puedo, y menos sabiendo que José Luis puede morir por tu culpa.
- Bueno, y que puedo hacer para que me perdones
- Nada.
- ¿Quiere decir que ya no piensas volver a vivir conmigo? – pregunta Alejandro acongojado –
- No, ¿para qué?
- Bueno, porque estamos casados, porque tenemos un hijo – contesta Alejandro angustiado –
- También estábamos casados cuando me echaste de tu casa, y a ese hijo que ahora estas reclamando te atreviste a repudiarlo – lo mira acusadora – lo llamaste bastardo. ¿Cómo es que cambiaste de parecer?
- Mi madre me hablo de ti, ella esta segura de tu inocencia, además fui a ver a ese hombre.
- ¡A José Luis! – exclama Magdalena asombrada - ¿Por qué?
- Para preguntarle.
- Para preguntarle ¿qué cosa?
- Pues yo... necesitaba saber Magdalena.
- ¿Para creer en mi tuviste necesidad de preguntarle a todo el mundo? – Magdalena esta indignada – creíste en la palabra de los demás y no en la mía, los otros si pudieron convencerte pero yo no.
- Magdalena por favor – suplica Alejandro –
- Vete, vete, es que no te quiero ver nunca mas, lárgate, es que no quiero un marido como tu – levanta la voz - ¡Te aborrezco Alejandro! ¡Te aborrezco!
El niño comienza a llorar, Magdalena se inclina sobre la cuna para calmarlo, Alejandro la observa unos instantes aturdido y después da media vuelta y se marcha.
En casa de Alejandro este le cuenta a su madre lo sucedido con Magdalena, se queja de las muchas mentiras de esta.
- Es que me ha mentido tanto, desde la primera vez que fui a su casa me recibió con un engaño – se detiene y la sospecha vuelve a cruzar por su rostro - ¿y si estuviéramos equivocados mama?
- No Alejandro, no vuelvas a pensar esas cosas hijo – Rosario lo tranquiliza, Alejandro cariñoso toma las manos de su madre –
- Claro, tienes razón.
- ¿Cuándo será el bautizo? – pregunta Rosario –
- En cuanto llegue el padre Abundio, al rato le voy a mandar un telegrama, porque quiero que sea él quien bautice a mi hijo.
- ¡Que alegría! Y que lindo es el niño – dice Rosario –
- Si – Alejandro sonríe con ternura – es un ser tan pequeño, tan frágil.
- Y es tuyo mi vida, tuyo – afirma segura Rosario -
- Si mama, es mío, que suerte tenerte a mi lado – dice Alejandro abrazando a Rosario –
Carmen intenta convencer a su sobrina que hizo una tontería al rechazar a su marido, hablan en el vestíbulo.
- Es que tu no entiendes tía, creyó en la palabra de Rosario, hasta en la de José Luis, pero no en la mía ¿Cuántas veces le jure que no le fui infiel y que esa criatura era suya? Hasta en el nombre de mi padre se lo jure, pero nunca me creyó.
- Bueno pero lo importante es que esta arrepentido y que quiere reconciliarse contigo – dice Carmen conciliadora –
- Tía por favor, yo necesito que Alejandro crea en mi, pero por misma, no por las palabras de los demás, es que me ha herido tanto, me ha humillado profundamente.
- Si, si mi amor, pero tu reconoce también que tu comportamiento no ha sido muy claro que digamos, y para que ese pobre cristiano vuelva a tener confianza en ti se los tienes que demostrar con hechos no con palabras, lo que pasa es que también tú eres muy orgullosa Magdalena.
Suena la campanilla de la puerta, Carmen va a abrir, es Rufino que viene a buscar a Magdalena, José Luis la llama, esta muy enfermo y Rufino teme que muera, Magdalena se precipita escaleras arriba a por un chal para irse al hospital, ante las protestas de su tía que le dice que como quiere que Alejandro confié en ella si se comporta de esa manera. Ella le grita que le importa muy poco, José Luis se esta muriendo por su culpa y necesita verlo, se marcha dejando boquiabierta a Carmen.
Fin del capitulo 47.
Mar






Escrito desde Mar 27, 2003, 6:10 PM

Respond to this message

Return to Index

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement