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Capitulo 48 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Magdalena esta en el hospital visitando a José Luis, este le dice que la hizo venir porque quizá sea la ultima vez que la vea. Magdalena angustiada le asegura que eso no será asi, esta segura que se aliviara. José Luis quiere que sepa que ha sido el amor de su vida, la ama y la amara siempre, le cuenta que su marido vino a verle. Magdalena asiente; Alejandro ya se lo contó. José Luis suspira y le dice que al menos ella será feliz.
En casa de los Mendoza, Paula esta indignada con Carmen y la regaña mientras se pasea inquieta por el salón; nunca debió consentir que Magdalena fuera a ver a ese hombre, Carmen se encoge de hombros, ella no pudo retenerla, intento convencerla pero no le hizo caso. Paula tiene miedo de que Alejandro se entere y se vuelva atrás en la reconciliación y el reconocimiento del niño, esta harta, en cuanto el niño se bautice le pedirá que se los lleve a la hacienda, sobre todo por Rosario, mientras más pronto se vayan menos gente se enterara de quien es, no sabe como presentarla el día del bautizo. Carmen siempre optimista apunta que bien vestida y recomendándole que no hable puede pasar desapercibida, pero Paula no es de la misma opinión, alega despectiva que lo indio se le ve a leguas, despotrica sobre el día que emparentaron con Alejandro, Carmen es de la misma opinión, pero no por Rosario sino por las desgracias y los escándalos que esa boda ha traído a la familia y también por el sufrimiento de Magdalena. Paula considera que la culpa es de su hija, si cuando ese hombre apareció en la hacienda se lo hubiera dicho a su marido, este lo habría matado allí y nadie se hubiera enterado. Llega Dimitrio y Paula lo manda a buscar a su hermana al hospital, al principio se niega pero cuando se entera que Alejandro ha venido a buscar a Magdalena y esta dispuesto a reconciliarte con ella, accede a buscarla.
En casa de Alejandro, Rosario esta poniendo la mesa para la cena, entra Maria y sorprendida al verla allí se enfrenta con ella.
- ¿Usted que hace aquí? – pregunta altanera –
- Poniendo la mesa para la cena – contesta Rosario sin inmutarse –
- Me refiero a que hace en esta casa – pregunta Maria en tono insultante –
- Para esta aquí no necesito pedirle permiso a usted – Rosario continua con lo que esta haciendo con actitud digna –
- ¡Bien dicho Rosarito! – exclama Cipriano riéndose mientras entra en el comedor - dirigiéndose a Maria – Y tu Maria, pues no seas tan alzada que te vas a arrepentir, yo sé porque te lo digo.
- Los que se van a arrepentir son ustedes – grita Maria enfurecida – en cuanto llegue Alejandro le voy a pedir que la corra – dice señalando a Rosario – y a ti que te ponga en tu lugar – ahora señala a Cipriano –
- ¡Hijole Mariquita! – exclama Cipriano muerto de risa – Vaya que estas de genio hoy.
Suena la campanilla y Maria va a abrir la puerta, no sin antes lanzarles una mirada asesina, se le oye hablar en la distancia con Alejandro pidiéndole que vaya al comedor a poner orden.
- Tu diste permiso para que esta mujer se quede aquí – pregunta Maria señalando despectiva a Rosario –
- Esta mujer no necesita de mi permiso para quedarse aquí – dice Alejandro rotundo – tiene todo el derecho del mundo y en este mismo momento quiero que le pidas perdón.
- ¿Perdón? ¿Pero por que? – pregunta Maria asombrada –
Alejandro cruza el comedor y se coloca al lado de Rosario pasándole un brazo por los hombros con ademán protector.
- Pues porque esta señora es mi madre – anuncia Alejandro a una aturdida Maria –
- Rosarito hasta que se lo dijiste – dice Cipriano acercándose a la pareja para felicitarlos satisfecho – Yo siempre lo supe, por mas que quisiste hacerme tarugo nunca me lo hiciste creer bien. Yo te lo decía Alejandro, que Rosario en el pueblo no había mas que una.
- Si, tienes razón – dice Alejandro – Ven mama vamos a la recamara.
Alejandro conduce cariñoso a su madre fuera del comedor pasando delante de Maria, que se ha quedado muda de la impresión, sin decirle nada.
- Coste Mariquita que bastantes veces te lo dije – señala Cipriano – Te dije que te pusieras aguzada con Rosarito.
- Pero tú lo sabias – Maria se enfrenta a Cipriano indignada - ¿Por qué no me dijiste nada?
- Seguro no estaba, pero como que me latía – Cipriano mira a Maria riéndose – Ahora haber que haces para contentarte con ella, pues si se le antoja, la que te pone de patitas en la calle es ella.
Dimitrio y Magdalena llegan a su casa, Magdalena muy digna se dirige a las escaleras para irse a su dormitorio, pero su hermano la detiene, quiere hablar con ella, se encierran en el salón.
- Magdalena siempre hemos sido una familia respetada, respetable. El único que ha hechos cosas indebidas he sido yo, las calaveradas en un hombre, hasta cierto punto se toleran, pero en una mujer no – Dimitrio habla a su hermana tranquilo, sereno, en plan cabeza de familia –
- Yo no he hecho nada indebido – responde Magdalena altiva –
- Tal vez para tu conciencia no, pero para la sociedad sí. El simple hecho que ahora este yendo a visitar a ese hombre es una falta hacia tu marido.
- Pero José Luis se esta muriendo, tu mismo lo vistes – señala Magdalena angustiada –
- Si, pero tu presencia ni aminora sus penas ni lo va a salvar, en cambio si perjudica tu imagen, el motivo del duelo entre Almonte y Álvarez ha transcendido, todo el mundo lo esta comentando, si vas a verlo tan a menudo mas van a hablar, pensaran que tu marido tuvo razón para retarlo – Dimitrio intenta que su hermana razone – Ahora, me ha dicho mama, que Alejandro ha venido aquí y que esta dispuesto a reconciliarse contigo.
- Si, pero yo no quiero volver a su lado – Magdalena levanta la cabeza orgullosa –
- ¿Por qué?
- Porque Alejandro no cree en mi, y eso me duele, me hiere profundamente, se ha dejado convencer por los demás, pero cuando me mira veo la duda en sus ojos.
- ¡Te digo la verdad! – Dimitrio mira a su hermana a los ojos – Si yo fuera él tampoco tendría confianza en ti.
- Pero como puedes decir eso Dimitrio – Magdalena esta indignada por la desconfianza de su hermano – Tu sabes que no soy capaz de...
Dimitrio la interrumpe.
- Yo te conozco desde siempre, sé que eres impulsiva, testaruda, pero que en el fondo tienes arraigado el sentimiento del honor, pero tu marido no lo sabe, ahora bien, el hecho de que hayas intentado fugarte con ese tipo varias veces no habla muy bien de tus principios.
- Pero no lo hice – protesta Magdalena airada –
- No lo hiciste porque algo o alguien te lo impidió.
- Entonces ¿Tu también piensas que soy una mujer sin dignidad?
- No Magdalena, no, a lo mejor yo te entiendo mejor que nadie, tal vez porque soy un poco elástico en lo que se refiere a la moral, con eso no quiero decir que no seas decente, pero es que la barrera entre el mal y el bien es tan sutil y tan fácil de cruzar. En tu boda con Almonte te sentiste engañada, usada, mama y yo tuvimos la culpa de acuerdo, por eso te rebelaste y quisiste hacernos pagar con la misma moneda, pero ya paso el tiempo, ahora ya tienes un marido y un hijo, que a lo mejor, dentro de un tiempo te puede reprochar muchas cosas.
- Me sorprende que seas precisamente tu quien me hable asi – Magdalena mira asombrada a su hermano desconociéndole – antes decías que uno tiene que vivir lo mejor que se pueda, nunca te importo nada ni nadie.
- Bueno si – Dimitrio muy serio y con aspecto responsable reflexiona – Papa ha muerto, soy el hombre de la familia y tengo que asumir mi papel. Magdalena yo te quiero – Dimitrio toma la mano de su hermana y intenta hablarle al corazón – Deseo que seas feliz, o por lo menos que vivas tranquila, sé que la única manera de lograrlo es que te reconcilies con tu marido, no importa si lo quieres o no. Él es el único capaz de darte la respetabilidad que te esta haciendo falta, tu no has comentado nada sobre las habladurías, los chismes de la gente, pero yo sé que eso te afecta, solo puedes acallar esos malentendidos volviendo con él. Tienes que hacerlo Magdalena – Dimitrio emplea toda su capacidad de persuasión – no solo por el buen nombre que nos dejo nuestro padre, sino porque ahora tienes una responsabilidad, un hijo.
- Si, tienes razón. Pero yo amo a Alejandro y su desconfianza me lastima tanto – dice Magdalena con tristeza –
- El también te quiere, si no te amara no hubiera hecho todo lo que hizo – Dimitrio acaricia a su hermana cariñoso – Eres una mujer buena y muy hermosa, la más hermosa de Puebla, estoy seguro que con el tiempo te ganaras su confianza.
A la mañana siguiente Alejandro se dispone a salir de su casa, Rosario acude a despedirle y le pregunta si va a ir a ver a Magdalena, Alejandro responde afirmativamente.
- Me gustaría ir contigo, pero a las señoras Mendoza no les gusta mucho verme allí – señala Rosario –
- Lo que a esa gente le guste o no nos tiene sin cuidado mama – responde cariñoso Alejandro –
- Tal vez hubiera sido mejor que no les dijeras que soy tu mama, te puse en vergüenza hijo.
- No vuelvas a decir eso mama – Alejandro toma a su madre de la barbilla – Eres mi madre te quiero y estoy muy orgulloso de ti. En cuanto regrese vamos a que te compres otra ropa.
Alejandro se despide con un beso de su madre, en cuanto sale aparece Maria en el salón con expresión compungida.
- Señora yo... perdóneme por favor yo no sabia – suplicante - No le diga a Alejandro que me corra, no tengo a nadie.
- Yo no le voy a decir nada a mi hijo – dice Rosario muy digna - pero si usted es una muchacha decente usted misma sabrá que es lo que debe de hacer – Rosario sale de la habitación sin dar opción a Maria para contestar –
En casa de los Mendoza, en el salón, Paula conversa con Magdalena sobre las murmuraciones que corren por la ciudad, por ahora solo son rumores, la gente no sabe nada de cierto, asi que si se reconcilia con Alejandro las murmuraciones se acabaran, en lo que se refiere al duelo, podrían echar a rodar otra versión, que el desafió fue por un asunto de juego, que ese hombre insulto a Alejandro llamándolo tramposo, le pide a Magdalena que hable con su marido para que apoye esa versión. Magdalena no cree que Alejandro acceda, él aborrece las mentiras. Magdalena esta muy preocupada por José Luis, si él muere, ella no podrá perdonar jamás a Alejandro.
- Ya deja de pensar en ese mequetrefe, que ha sido el culpable de todos nuestras desgracias – dice Paula muy enfadada – no se te vaya a ocurrir mencionárselo a Alejandro, es necesario que hagas las paces con tu marido hija, antes que nada para parar las murmuraciones, y también porque nuestra situación es desesperada, estamos en la mas completa ruina.
- Mama, por favor, no se te vaya a ocurrir pedirle dinero – Magdalena mira a su madre horrorizada –
- Es que tengo que hacerlo – asegura Paula muy digna –
- No por favor, ayer cuando vino lo corrí y si la próxima vez me reconcilio con él y después tu le pides dinero va a pensar que lo hice por eso.
- Basta ya de esos escrúpulos tan absurdos Magdalena – Paula esta indignada con su hija – Es tu marido, tiene la obligación de mantenerte.
- Sí a mí, pero no a ti.
- En los meses que estuviste aquí no te mando dinero, además soy tu madre, ¿quieres que tu tía y yo nos muramos de hambre?
Llega Alejandro, entra en el salón, Paula lo recibe sonriente y le pregunta si quiere hablar con Magdalena.
- No sé si ella quiere – dice Alejandro inseguro –
- Por supuesto – asegura Paula amabilísima – precisamente me estaba preguntando por ti – Paula se levanta – bueno los dejo y fijen de una vez la fecha para el bautizo.
Alejandro se sienta en el sofá frente a Magdalena que esta en una butaca.
- Supongo que no es cierto que estabas preguntando por mí.
Magdalena baja la cabeza sin contestar, Alejandro se da por enterado y continua.
- Ayer me dijiste que no querías volver a verme, pero ya ves, soy necio.
- Si, lo sé – dice Magdalena –
- Magdalena ¿qué puedo hacer para que me perdones? – la mira suplicante - ¡Te amo!
- Si me amas de verdad ¿por qué dudaste tanto? – pregunta Magdalena ofendida -
- Porque tu diste motivo – asegura Alejandro con amargura – Como podía creer en ti cuando el día de nuestra boda me echaste en cara tu odio, tu desprecio, me dijiste que estabas enamorada de otro hombre y hasta intentaste escaparte con él, no una, sino dos veces. Tú eras mi mujer y yo te quería con desesperación, y luego cuando me entere que ese hombre había vivido en la hacienda haciéndose pasar por otro, que tú lo sabias y no me habías dicho nada sentí una cólera horrible ¿Por qué no me do dijiste? ¿Por qué me dejaste hacer el ridículo? ¿Por qué permitiste que ese tipo se riera en mi propia cara?
- Te lo he dicho muchas veces Alejandro – responde Magdalena angustiada intentando que él la comprenda – Lo hice para evitar una desgracia, para que no te mancharas las manos con la sangre de un hombre inocente, como sucedió ahora.
- ¡Por Dios, por Dios! No lo defiendas – exclama Alejandro mientras se levanta indignado – Ese hombre no es inocente ¿Eras o no eras mi mujer cuando te propuso escapar con él?
- Si, pero – Magdalena baja la cabeza, ella permanece sentada mientras Alejandro de pie frente a ella sigue preguntando –
- ¿Cuántas veces en la hacienda no te dijo que te amaba?
- Si pero es que... – Alejandro la interrumpe –
- ¿Cuántas veces mas intento...? – se detiene la mira – o ¿lo logro?
- ¿Que quieres decir?
Alejandro agarra de un brazo a Magdalena y la levanta de la butaca, la coloca frente a él.
- Dime la verdad por favor Magdalena – suplica Alejandro – Ese tipo siendo mi esposa ¿te beso alguna vez?
Magdalena lo mira asustada y duda, tiene miedo de la reacción de Alejandro pero decide decir la verdad.
- Si – contesta Magdalena –
Alejandro pierde el control la zarandea mientras le grita.
- Y que más, dime, que más.
- Nada mas, nada mas – asegura Magdalena asustada –
Se suelta y sale corriendo del salón, Alejandro la ve marcharse y suspira desesperado.
Paula y Carmen conversan en la habitación de Magdalena mientras esperan el resultado de la entrevista entre Magdalena y Alejandro, hablan sobre el duelo y la forma de convencer a sus amistades que Magdalena no tuvo nada que ver, espera que ella sea capaz de conseguir que Alejandro colabore, a él también le interesa defender el buen nombre de su esposa, las dos ven asombradas como Magdalena entra corriendo en la habitación llorando a mares, se sienta debajo de la ventana sollozando y les dice.
- Es inútil, no me cree, no me cree, no me va a creer nunca.
Alejandro llega a su casa con cara de pocos amigos, arroja el sombrero y los guantes sobre la mesa con gesto de malhumorado, Rosario lo observa preocupada.
- Alejandro, te enojaste otra vez con la niña Magdalena.
- Voy a reconocer al niño porque tal vez si sea mío mama – dice Alejandro furioso – pero ella no es tan inocente como tu me hiciste creer.
Alejandro se encierra en su recama, dejando a Rosario muy preocupada.
Dimitrio lee el periódico en el salón de su casa mientras Josefina borda, ella quiere ir a visitar a Magdalena para ver el niño, dice que le gustan mucho los niños lanzando una mirada significativa a Dimitrio, también desea saber si a él le gustan, Dimitrio contesta muy seco que no, asi que Josefina insiste en saber si es por eso por lo que no ha consumado el matrimonio o es que es tan fea que no puede esta con ella. Dimitrio que ya no sabe por donde salir, responde que no a las dos preguntas y se marcha evitando de ese modo tan espinoso tema.
Adolfo esta en casa de su hermana Nadia, la amiga de Magdalena, intentando sacarle dinero, parece que tiene una deuda importante, ella no puede dárselo porque la cantidad es demasiado grande, esta intentando convencerla cuando hace su entrada Francisco, el marido de Nadia, y le prohíbe a su esposa volver a visitar a Magdalena, parece ser que le ha contado en confianza un magistrado, que Almonte ha pedido la anulación del matrimonio porque su esposa es una adultera y tiene un hijo que no es de su marido, hay un abogado en Puebla que ya esta moviendo el asunto, por ahora solo lo sabe él y el magistrado que lo lleva pero dentro de unos días lo sabrá, no solo toda la ciudad, sino el país entero.
Adolfo se va corriendo a casa de los Mendoza a contarles la noticia dejándolos sumidos en la desesperación, nadie sabe que hacer, ni tampoco a que viene ese asunto, Alejandro parecia dispuesto a reconocer al niño, no entienden porque cambio de opinión tan rápido. Magdalena considera que su marido los quiere destruir. Dimitrio decide ir a verlo, hay que parar el asunto antes de que sea del dominio publico, tratara de hacerlo razonar, no puede ensañarse de ese modo con la familia, si duda de Magdalena, bueno pues ni modo, pero los demás no tienen la culpa.
- No te va a hacer caso – dice muy segura Magdalena –
- Pues ruégale a Dios que me haga caso, si no tendré que retarlo a duelo para defender el honor de la familia – dice Dimitrio muy decidido –
- ¡No! – exclaman a dúo horrorizadas Paula y Carmen –
- Espera – Magdalena detiene a Dimitrio – Todo lo que esta sucediendo es por mi culpa, yo voy a arreglar ese asunto, lo arreglare a como de lugar – dice Magdalena dispuesta a todo –
Alejandro esta en su dormitorio, vestido con una bata, sentado en la cama, parece muy triste, desesperanzado. Rosario llama a la puerta y entra, se acerca y le pregunta si quiere cenar, Alejandro responde que no y le da las buenas noches. Rosario se retira y va al salón a apagar las lámparas antes de irse también a dormir, suena la campanilla, sorprendida va a abrir y se encuentra con Magdalena que pregunta por Alejandro, Rosario quiere ir a buscarlo a su recamara pero Magdalena no lo deja, ella misma ira, tiene que hablar con él. Rosario esta asustada, quiere saber que sucede, pero Magdalena no le explica nada, solo pide que rece por ella, todo lo hace por su hijo.
Alejandro se dispone a irse a la cama, comienza a quitarse la bata, golpean la puerta.
- Adelante – contesta Alejandro, se queda de piedra cuando ve entrar a Magdalena desafiante –
- ¿Qué quieres? – pregunta seco
- Hablar contigo – Magdalena se quita la capa muy decidida – Mi mama hace tiempo vino y te propuso un trato y tu aceptaste ¿por qué?
- Lo sabes muy bien – contesta Alejandro desconcertado –
- Me gustaría que me lo dijeras – Magdalena se quita el sombrero y lo deja encima de la cómoda - ¿por qué?
- Pues... porque tu me gustabas – Alejandro vuelve a abrocharse la bata -
- ¿Y te sigo gustando? – pregunta desafiante Magdalena -
- Magdalena con un demonio ¿a qué viene todo esto? – Alejandro esta comenzando a enfadarse –
- Contéstame... – vacila – por favor.
- ¿Para que? – se miran, Magdalena inflexible mira de frente esperando respuesta – ¡Si me sigues gustando! ¿Y que? – responde enojado Alejandro –
- A pesar de que te he engañado – Magdalena habla suavemente, muy serena y decidida, mirando de frente a Alejandro –
- Bueno, ¿qué es lo que pretendes Magdalena? – pregunta exasperado Alejandro, grita - ¿Qué te mate?
- Si – Magdalena indignada da rienda suelta a su furia y se enfrenta a Alejandro – prefiero que me mates a que llenes de lodo a mi familia, el apellido de mi padre a mi hijo, por eso vine, para venderme nuevamente con tal de que no lo hagas – se quita los guantes-
- ¿Qué es lo que no voy a hacer? – Alejandro esta furioso y desconcertado – voy a reconocer a tu hijo, no es eso – grita – ¿qué pretendes?
- ¿Y el abogado? ¿Y la anulación de nuestro matrimonio? – grita Magdalena indignada –
- ¿De que esta hablando?
- Del abogado que esta aquí en Puebla, que tu contrataste, que esta pidiendo la anulación de nuestro matrimonio porque soy una adultera, porque mi hijo no es tuyo – Magdalena se lanza sobre Alejandro llorando de rabia mientras grita – pero como te atreviste.
- Magdalena lo agarra de la solapa de la bata para zarandearlo y acaba llorando en sus brazos, Alejandro la abraza con expresión angustiada, ella llora contra su pecho.
- Magdalena... si pudieras entender lo que siento – le levanta el rostro y le acaricia mientras la mira intensamente – porque a pesar de todo... te amo Magdalena, te amo mi vida, se besan apasionadamente.
Esta amaneciendo, Rosario se ha quedado dormida en el sofá del salón esperando la salida de Magdalena preocupada por lo que pudiera suceder. Magdalena se despierta en la cama de su marido, Alejandro duerme a su lado, ella se levanta lentamente procurando no despertarlo se viste sin hacer ruido y sale de la habitación pasa delante de Rosario, que intenta detenerla y sale rápidamente de la casa. Alejandro comienza a despertarse, todavía medio dormido busca a Magdalena con la mano, al darse cuenta que ya no esta en la cama se levanta deprisa, se pone la bata y sale de la habitación se encuentra a su madre dando vueltas por el salón muy preocupada, le pregunta por Magdalena y ella le cuenta que salió hace un rato muy deprisa.
- ¿Te dijo algo? – pregunta Alejandro –
- No.
- Tal vez eso haya sido lo mejor – dice Alejandro –
José Luis esta muy recuperado, parece que de esta no se muere, Rufino esta muy satisfecho porque esta seguro que fueron las hiervas que él le coloco en la herida lo que le salvo y no las medicinas de los médicos. José Luis pregunta por Magdalena, quiere saber si volvió a verle, Rufino le contesta que no, ella no volvió.
- Seguramente su marido se lo prohibió – dice José Luis con rencor – Ese hombre no la quiere, la esta haciendo sufrir demasiado, te juro Rufino, que si no tuviera a Angélica yo me la robaba.
- ¿Y para que quieres una vieja que no te quiere? – pregunta Rufino cargado de razón –
- ¿De donde sacas eso? – José Luis esta indignado antes esa idea – por supuesto que me quiere.
- ¡No Pepe! – Rufino intenta hacerle entrar en razón – Si te quisiera desde cuando se hubiera escapado contigo.
- Tu no conoces a las mujeres de esa clase, no sabes como piensan, el nombre, el apellido esta por encima de todo. Ese Almonte nunca la hará feliz, no la entiende, no la quiere como yo. Rufino yo no encontrare paz hasta que haya sido mía.
- Mejor descansa Pepe, lo que pasa es que todavía tienes calentura.
- Piensas que estoy delirando.
- La mera verdad sí Pepe.
- Algún día, algún día te darás cuenta que no.
Alejandro va a ver al abogado que contrato le reprocha que antes de comenzar los tramites no lo visitara en su casa para comentarle lo que iba a hacer, el abogado se defiende, no sabia que estaba en Puebla, Alejandro da orden de parar la anulación, él esta seguro de la inocencia de su esposa y de la paternidad de su hijo, todos los malentendidos se han arreglado por lo tanto quiere que eche para atrás los tramites. El abogado se extraña porque se entero del duelo en el que Alejandro participo, pero este seco y terminante repite la orden que el abogado no tiene mas remedio que acatar.
Magdalena conversa con Carmen sobre lo sucedido la noche anterior.
- Pero porque no te quedaste con tu marido – pregunta Carmen extrañada –
- Porque Alejandro no cree en mi tía.
- ¡Magdalena por Dios! – exclama Carmen desesperada – Como te complicas la vida, además quien te dice a ti que...
- Lo sé tía, lo sé, no debí haber ido a su casa y menos haber hecho lo que hice – Magdalena esta muy arrepentida –
- ¿Qué hiciste? ¡Humm! – Carmen comprende por la expresión de su sobrina – ¿Y que tiene eso de malo, acaso no es tu marido?
- Si, pero con eso le demostré que soy lo que él piensa, que soy capaz de todo por conseguir lo que quiero.
Paula entra con una carta de Alejandro, Magdalena la lee impaciente, Alejandro le dice que no se preocupe, que ha dado orden al abogado que pare los tramites de la anulación del matrimonio.
- ¡Bendito sea! Al fin todo se va a arreglar – suspira aliviada Paula – pero... ¿por qué no vino él personalmente?
- Quien sabe – responde Magdalena muy triste –
Fin del capitulo 48.
Mar






Escrito desde Mar 28, 2003, 8:01 PM

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