Pagina de Amor Real

Pagina de Bodas de Odio

 


Capitulo 49 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
José Luis, ya convaleciente, regresa a su casa acompañado por Angélica y Rufino, Angélica lo atiende solicita, después de sentarlo en el sofá, va a prepararle un jugo y José Luis aprovecha su ausencia para hablar con Rufino de Magdalena.
- Rufino ¿Tu crees que Magdalena se habrá reconciliado con su marido?
- Pues a lo mejor – dice Rufino encogiéndose de hombros – Es mejor que no sepas nada de ella.
- Yo necesito estar al tanto de lo que le pasa – dice José Luis desesperado – Estoy seguro que si no ha vuelto al hospital es porque él se lo ha impedido, la ha de haber encerrado, seguramente la tiene vigilada ¡Pobre de mi Magdalena! – exclama suspirando –
- Yo mas bien diría ¡Pobre de ti Pepe! – contesta Rufino mirándole con conmiseración –
Alejandro esta en el salón de su casa revisando unos documentos antes de salir para la fabrica, entra Rosario y se sienta a su lado.
- ¿Tampoco hoy vas a ver a tu esposa? – pregunta Rosario preocupada –
- No mama – Alejandro contesta sin levantar la vista de sus papeles –
- Pero ¿por qué? A lo mejor ella te esta esperando. Dime ¿no tienes ganas de ver a la criatura?
Alejandro deja sus papeles y se vuelve para contestar a su madre, ve que lleva el mismo uniforme de sirvienta con el que salió de casa de los Mendoza y se muestra molesto.
- Mama ¿por qué sigues vistiéndote asi? ¿Por qué no te pones la ropa que te compre?
- Es que son unos trajes tan bonitos que me dan pena gastarlos o ensuciarlos – contesta Rosario –
- Bueno, cuando se gasten compramos otros ¿no?
- Yo asi me siento mas a gusto, de veras hijo.
- Pero yo quiero que te arregles como te corresponde mama – dice Alejandro cariñoso – no me gustaría que viviera alguien a la casa y te viera asi vestida.
Rosario baja la vista avergonzada.
- ¿Te da vergüenza?
- No, no me avergüenzo de ti mama – contesta Alejandro rotundo – Eres tú la que se siente incomoda cuando te presento como lo que eres, pero si te vistes adecuadamente te vas a sentir mejor.
Rosario baja la cabeza, Alejandro se la levanta tomándola cariñoso por la barbilla.
- Por favor mama compláceme. En cuanto vuelva de la fabrica te quiero ver vestida como la señora de esta casa ¿de acuerdo? –
Alejandro recoge sus papeles y se dispone a irse, Rosario lo retiene.
- Yo también quiero pedirte algo, que vayas a ver a la niña Magdalena, que hables con ella.
Alejandro suspira y mira hacia el techo mientras golpea impaciente con los dedos la carpeta, se levanta de despide y se marcha sin contestar a la petición de su madre.
En casa de los Mendoza, Carmen borda en el salón, llega Paula se sienta a su lado, y le cuenta que esta muy preocupada porque Alejandro hace días que no viene a ver a Magdalena, detuvo el asunto del abogado, eso quiere decir que Magdalena lo convenció, no entiendo porque no viene, además que va a pensar la gente si él vive en su casa y ella aquí, por otra parte necesito verlo para pedirle dinero. Carmen la mira horrorizada, y le suplica que no lo haga, porque de esa forma serán mucho más difíciles las cosas entre ellos, Magdalena se va a sentir muy mortificada, ella esta convencida de que Alejandro piensa que es una mujer interesada, que lo único que pretende es sacarle dinero. Paula mira altiva a Carmen.
- Yo no tengo porque hacer caso de los escrúpulos tontos he infantiles de Magdalena; es su marido y tiene obligaciones, no solo con ella, sino conmigo, que soy su suegra y contigo también que eres su pariente, además ¿sino recurrimos a él a quien le voy a pedir dinero?
Paula sale del salón después de pedirle a Carmen que no le diga nada a Magdalena, ella vera como arregla las cosas, se cruza con Magdalena que entra a pedirle un favor a su tía, después de mirar para todos lados asegurándose de que nadie las escucha le pide que vaya al hospital para interesarse por la salud de José Luis, ella esta muy preocupada por su estado, pero no se ha atrevido a volver por allí, sabe que no ha muerto, porque algo asi se comentaría, por eso quiere que su tía intente averiguar como esta. Carmen se niega en redondo, no lo hará por mucho que Magdalena insista, ella no necesita saber nada de ese tipo, lo único que necesita es quitarse todos los grillos que tiene en la cabeza y empezar a vivir como Dios manda.
El padre Abundio llega a casa de Alejandro y lo recibe Rosario muy elegante, ante la insistencia de su hijo se ha puesto uno de los vestidos que él le compro. El padre Abundio la mira sorprendido por el atuendo, sonríe satisfecho imaginándose lo sucedido.
- Rosario vestida con esa ropa ¿no me dirás que... ?
- Si padre estoy viviendo con mi hijo, el ya sabe quien soy – contesta Rosario sonriendo feliz –
- Que bueno que al fin te decidiste, no sabes cuanto me alegro, y no necesito preguntarte como recibió la noticia ¿me imagino que se volvió loco de alegría?
- Si padre, y yo mas que él – contesta Rosario –
El padre Abundio observa a Rosario satisfecho, ella se siente incomoda.
- Padre no me mire asi, me siento muy incomoda con esta ropa – señala la cintura- y esta cosa me aprieta tanto.
- Dime como esta Alejandro, cuando se fue de la hacienda estaba hecho un energúmeno, una furia – pregunta el padre Abundio preocupado –
- Y asi llego aquí padre – cuenta Rosario – han pasado tantas cosas
Dimitrio se ha citado en un café con Francisco Torres Quintero, el marido de Nadia, para intentar defender el buen nombre de su hermana, intenta convencerle que todo lo sucedido fue un malentendido sin importancia, Alejandro es muy celoso y posesivo, pero ya se dio cuenta que estaba equivocado y enmendó su error, el duelo fue un asunto sin importancia, el militar dijo unas palabras atrevidas y Almonte no las dejo pasar, le pide a Torres Quintero que no comente con nadie lo sucedido, él le asegura que no lo hará, es el mas interesado en que nada empañe el buen nombre de las familias ilustres de Puebla. Llega Adolfo y se sienta a la mesa, Francisco decide retirarse pero antes advierte a Dimitrio sobre el comportamiento de Alejandro.
- Su cuñado, Almonte, esta portándose de una manera que no va muy de acuerdo con los intereses de nuestra clase, esta mostrándose demasiado débil con sus obreros, les esta concediendo todo lo que piden, aumento de sueldo, disminución de la jornada de trabajo, ayuda para viudas y huérfanos, servicio medico, además acaba de terminar unas nuevas viviendas para los trabajadores – se encoge de hombros – pero en fin, ahora que si él quiere derrochar su dinero en esos pelados a nosotros no nos importa, pero el problema es que el mal ejemplo cunde y los trabajadores de las demás fabricas están manifestando mucha inconformidad, hasta han amenazado con una huelga. Asi que si usted tiene oportunidad de hablar con él, dígale que modere sus manifestaciones tan liberales, porque están perjudicándonos y esta opinión que yo estoy manifestando es compartida por los demás industriales.
- Muy bien señor Torres Quintero, yo se lo diré – dice Dimitrio –
- Gracias con su permiso – Torres Quintero se retira –
- Eso que acaba de decir mi cuñado no es solo la opinión de él, sino del gobernador también, él es su brazo derecho – dice Adolfo –
- A mi no me interesa la política – asegura Dimitrio fastidiado –
- A mí tampoco, pero si tu cuñado sigue con esos desplantes de prócer de la humanidad se puede crear problemas muy serios – señala Adolfo –
Rosario esta terminando de relatarle al padre Abundio todo lo sucedido desde que Alejandro llego a Puebla.
- Yo me quede aquí esperando hasta muy tarde, me dormí y en la madrugada, la señora Magdalena se fue, no pude hablar con ella, enseguida salió Alejandro, yo le dije que la niña se había ido y él me contesto que tal vez fuera mejor asi.
- Y no le preguntaste que paso entre ellos – dice el padre Abundio –
- No me atreví, espere a que él me lo contara, pero no lo hizo, desde entonces no ha vuelto a verla.
- Bueno, hablare con él, lo importante es que lo convenciste para que reconociera a la criatura.
- Si padre, eso si – Rosario sonríe satisfecha –
- ¿Qué sabes de ese hombre, de José Luis Álvarez? – pregunta el padre preocupado-
- Nada padre ¡Ojala se haya salvado! – exclama Rosario –
- ¡Ojala! De todos modos Alejandro ha cometido un pecado terrible y tendrá que mostrar mucho arrepentimiento para que Dios lo perdone.
Adolfo y Dimitrio siguen en el café conversando, Adolfo se interesa por la situación de su amigo con su esposa, Dimitrio muy deprimido asegura que van mal, entonces Adolfo le hace una propuesta.
- ¡Oye Dimitrio! Los dos estamos en una situación muy difícil, tengo que pagar una cantidad muy fuerte que pedí prestada y mi hermana no quiere prestármela y estoy pensando... – mira a Dimitrio y le lanza la propuesta - ¿Por qué tu no me dejas hablar con tu mujer? Estoy seguro que podría convencerla, de tu problema no pienso decirle nada.
- De ninguna manera – Dice Dimitrio rotundo - ¿No te das cuenta que la situación ha cambiado? Josefina es mi mujer, ya no le puedes sacar dinero, es mi esposa entiendes.
- Pero si le saco algo, no es para mi solo, sino para los dos – protesta Adolfo –
- El único que tiene derecho a eso soy yo ¿Cómo pretendes que deje que tu le saques dinero a mi mujer? ¡Es inconcebible! Mi mejor amigo envolviendo a mi mujer para que le dé dinero. No, búscate otra si tanta necesidad tienes – Dimitrio mira a Adolfo con desconfianza y amenaza – No te vayas a atrever a ponerme en ridículo Adolfo.
José Luis esta en la cama convaleciente, Angélica lo cuida, ella le cuenta que Rufino le comento que Alejandro estuvo en el hospital, quizá este arrepentido de lo sucedido, José Luis señala con amargura que seguro que esta arrepentido pero de no haberlo matado, él nunca le perdonara que haya hecho de la vida de Magdalena un infierno.
- ¿Todavía la quieres verdad José Luis? – pregunta Angélica con tristeza –
- No es eso Angélica, lo que pasa es que me indigna que dude de ella, que piense que el niño no es suyo.
- ¿Y lo es?
- ¡Angélica por Dios! No puedes pensar eso.
- Bueno – Angélica se muestra avergonzada por su desconfianza – Como ustedes se querían tanto y estaba dispuesta a fugarse contigo.
- Si, pero todo eso ya paso, yo le tengo mucho aprecio a Magdalena y me preocupa su situación, me duele verla tan desdichada, me gustaría hacer algo para ayudarla ¿Tu me entiendes verdad Angélica? – la toma de la barbilla intentando convencerla –
- Sí. – Angélica pregunta a su marido recelosa - José Luis dime la verdad, ¿aun la quieres?
- ¡No! – miente José Luis mirando a los ojos a su esposa –
Magdalena esta en el salón de su casa sentada abstraída en sus pensamientos, llega su madre, quiere saber que paso la otra noche en casa de Alejandro, porque no ha vuelto a visitarla. Magdalena no desea dar explicaciones y deja muy claro que esos son asuntos personales con su marido y no los va a comentar. Paula aborda el tema principal, le dice que necesita hablar con Alejandro porque tiene que pedirle dinero, Magdalena la mira horrorizada.
- ¡Ay mama! No se te vaya a ocurrir pedirle nada a Alejandro ¿entendiste? Recurre a Dimitrio, a quien sea pero a Alejandro no.
- Sabes muy bien que Josefina no quiere darle nada a tu hermano.
- Bueno, pues entonces trabajaremos, venderemos la hacienda, pero te prohíbo pedirle dinero a Alejandro ¡Te lo prohíbo mama! – Magdalena observa la expresión de su madre y se asusta – ¡Mama por favor! Es que yo me siento tan humillada, entre Alejandro y tu me han quitado el orgullo, la dignidad ¡Te lo ruego mama no lo hagas!
Paula se queda observando a su hija muy seria, no parece convencida.
Fuera de la casa Rufino ronda por los alrededores esperando una oportunidad para contactar con Magdalena, se acerca a la puerta y intenta mirar hacia dentro por los cristales.
Alejandro que ha decidido hacerle caso a su madre y va a ver a Magdalena lo encuentra atisbando a través de los cristales de la puerta de entrada, indignado lo agarra bruscamente por el brazo y lo obliga a darse la vuelta.
- ¿Qué quieres tu aquí? – pregunta Alejandro zarandeándolo – responde ¿a quien buscas?
- A nadie – responde Rufino asustado –
- Cómo que a nadie ¿Vienes de parte de ese desgraciado verdad? – grita Alejandro furioso –
- Pepe no es ningún desgraciado – responde Rufino – y además no venia de parte de él.
- ¡Ah no! – exclama Alejandro irónico –
- No, me mando la señora Angélica con un recado para la señora Magdalena – asegura Rufino –
- ¿Qué recado?
- Bueno, pues ultimadamente, yo no tengo porque darle explicaciones a usted – Rufino intenta marcharse –
- Dile a tu patrón que si se atreve a buscar nuevamente a Magdalena no habrá nada, ni nadie que me detenga de matarlo como al perro que es – Alejandro esta furioso y le grita a Rufino. Y ahora, ¡Vete, lárgate!
Rufino se va corriendo antes de que Alejandro se arrepienta y la tome con él, Alejandro da media vuelta para entrar en la casa, se detiene... duda y por fin sigue a Rufino.
Paula ha seguido a Magdalena a su dormitorio, las dos están de pie, enfrentadas, Magdalena indignada por las pretensiones de su madre y Paula intentando convencerla de la necesidad de pedirle dinero a Alejandro.
- Es que tu tienes un concepto muy equivocado de las cosas Magdalena – dice Paula conciliadora – Alejandro es tu marido, no un desconocido y no es humillante pedirle dinero.
- Tu sabes que mi matrimonio no ha sido normal. Yo me case con él solo porque es rico y Alejandro lo sabe.
- Ven siéntate y hablemos con calma – las dos se sientan bajo la ventana – Desde que Alejandro se caso contigo entro a formar parte de la familia, antes tu padre era el jefe de la casa y a él le correspondía hacerse cargo de todo, pero ahora que ya no esta con nosotras...
- Pero ¿Y Dimitrio mama? – protesta Magdalena –
- ¡Hija por Dios! – exclama irrita Paula – Conoces muy bien a tu hermano, con él no se puede contar, además estas perfectamente enterada de la situación con su mujer, es mucho más propio que sea Alejandro quien no ayude y no Josefina.
- ¿Por qué?
- Porque él es hombre, desde que tu padre murió dejamos de contar con su sueldo del ejercito y para sobrevivir tuve que volver a hipotecar la hacienda, pero ese dinero también se acabo, esta casa tiene muchos gastos, la hacienda también, ahora estamos en una situación muy difícil y ¿a quien más podemos recurrir sino a tu marido?
- ¡Mama es que tu no entiendes! – exclama Magdalena angustiada –
- Por supuesto que no entiendo, sino te explicas claramente nunca entenderé nada ¡Magdalena en nombre del cielo habla por favor!
- La otra noche cuando fui a verlo tenia intención de hacer lo que fuera con tal de evitar ese escándalo del abogado – Magdalena se decide a ser sincera con su madre – Por nuestro apellido, para que Dimitrio no se batiera en duelo con él y por mi hijo, para que nada manchara su nombre.
- Y lo lograste ¿no?
- Sí. – afirma Magdalena bajando la cabeza avergonzada – Entregándome a él, no lo hice solo por eso mama ¡Te lo juro! Es que también lo quiero y cuando estoy con él... – Magdalena se interrumpe –
- ¿Cuándo esta con él que? – Paula sonríe comprensiva - ¿Lo deseas verdad? Pero es normal criatura, es tu marido y no tienes porque avergonzarte de manifestarle tus sentimientos.
- Pero es que Alejandro va a pensar que lo hice solo por lo del abogado – Magdalena esta angustiada –
- ¡Por Dios Magdalena! Alejandro no tiene porque suponer una cosa asi.
- Es que yo misma se lo dije – Magdalena baja la vista avergonzada – Le dije que estaba dispuesta a venderme nuevamente, por eso no ha venido, seguramente debe estar arrepentido de haberse dejado llevar y yo también mama ¿Pero como puede hacerlo sabiendo que me desprecia, que piensa de mi lo peor? Y... ¡Tiene razón mama! Mi comportamiento desde que lo conocí ha sido indigno, le he engañado, le he mentido, he intentado abandonarlo, tu y Dimitrio se han aprovechado de él para sacarle dinero, por eso no quiero que le vuelvas a pedir nada, para no hacer más grande la barrera que nos separa, si lo hace mama, nunca me atreveré a mirarlo a la cara.
- Bueno el tampoco se ha portado muy bien que digamos – dice Paula pragmática – Te ha echado de su casa acusándote de cosas horribles y todavía quiso ensañarse contigo desprestigiándote públicamente con el licenciado.
- Lo que quieras mama – suplica Magdalena – pero te lo ruego por la memoria de papa, no le pidas dinero.
Paula se queda mirando fijamente a su angustiada hija y finalmente cede.
Rufino llega corriendo muy asustado a casa de José Luis le cuenta lo sucedido delante le la casa de Magdalena y le advierte que el hacendado viene para su casa muy enfadado, llaman a la puerta, José Luis le ordena Rufino que abra y entra un enfurecido Alejandro, Rufino los deja solos, Alejandro de pie frente a José Luis que esta sentado en el sofá.
- ¿Qué quiere? – pregunta José Luis desafiante –
- Lo sabe muy bien – dice Alejandro furioso - ¡Qué deje en paz a mi mujer! Porque si no lo hace...
- ¿Me va a amenazar? – pregunta José Luis altivo –
- Por supuesto que si, y la próxima vez no habrá duelo de caballeros, ya que usted no lo es, sino que lo buscare donde sea y a cualquier hora para darle su merecido – grita Alejandro enfurecido –
- Tan poco es caballero quien ofende injustamente a una mujer tan digan como Magdalena – responde José Luis –
- Usted sabe mejor que yo que Magdalena no es tan decente, pero aunque fuera la peor mujerzuela...
- Como se atreve a llamarla mujerzuela – grita José Luis indignado –
- ¿Y es usted el que me lo dice? – contesta Alejandro encolerizado – Usted que la ha obligado a faltar a la decencia con sus peticiones, con su acoso, que ha pretendido robármela.
- A sido usted quien me la ha robado a mí – grita José Luis –
- Es mi esposa – afirma Alejandro exasperado –
- Pero es a mí a quien quiere – asegura José Luis –
- Tenga cuidado con lo que dice porque soy capaz de olvidarme de que esta herido y podría matarlo con mis propias manos – Alejandro aprieta los puños y intenta contenerse –
- ¡Hágalo, hágalo! – José Luis lo desafía orgulloso – No dudo que me mate, pero por lo menos me quedar la satisfacción que Magdalena lo odiara por el resto de sus días.
- Es usted un ser despreciable que no respeta nada, ni siquiera a esa pobre infeliz que es ahora su esposa, pero ándese con cuidado Álvarez, ya se lo he advertido, y me importa muy poco que Magdalena lo quiera o no, es mía, me pertenece y antes de conseguirla nuevamente va a tener que pasar sobre mi cadáver – grita Alejandro descompuesto –
Sin mas Alejandro da media vuelta y se va. Rufino entra corriendo, José Luis le dice.
- Ahora si Rufino, ahora si... – José Luis aprieta los puños mientras mira con odio- Como me gustaría matarlo.
Josefina esta escribiendo a su hermano para pedirle que aumente su asignación mensual porque necesita mas dinero para hacer una aportación mensual a un orfanato que están fundado las monjitas, llega Dimitrio y se lo cuenta, este se indigna porque le pone en ridículo con todo el mundo hasta con las monjas, él es su marido y debería ser el que le diera permiso, no su hermano, todo el mundo va a pensar que es un mantenido y además tendrán razón, es un mantenido y muy mal mantenido, hace un gesto despectivo y le dice a Josefina que hago lo que quiera mientras se marcha con un portazo, Josefina rompe la carta y comienza otra.
Adolfo ronda la casa de Dimitrio y Josefina, ve salir a su amigo, se esconde, y cuando él se aleja aprovecha para ir a ver a Finita, se introduce en el salón auque ella se había negado a recibirlo y pretende convencerla de su inocencia en el asunto de la falsa boda, no le extraña que Dimitrio le haya echado la culpa, necesita justificarse pero él no tuvo nada que ve.
- Le juro Josefina que yo estaba seguro que Dimitrio estaba enamorado de usted, hasta me hice a un lado y reprimí mis sentimientos para dejar el camino libre a mi amigo – Adolfo se pone trascendente - ¡Josefina yo la amo!
- ¡Jesus, Maria y José! – exclama Josefina asombrada – Como se atreve, soy una mujer casada.
- Lo sé, créame que no volveré a hablar de esto con usted pero no me niegue su amistad, por lo menos déjeme la dicha de verla de vez en cuando, de platicar con usted, yo sé que tiene muchas penas y no sabe cuanto me gustaría consolarla.
- Yo no tengo ninguna pena – asegura Josefina confundida –
- No finja conmigo Finita. Lo sé todo, por eso estoy aquí, para decirle que cualquier hombre se sentiría orgulloso de tenerla por esposa, pero Dimitrio no la quiere, eso es todo. Perdóneme si me atreví a hablar de un tema tan incomodo, tan personal, pero lo hice por el gran aprecio que le tengo, le ruego que me disculpe Finita, con permiso – Adolfo se levanta ceremonioso con aire de victima y sale de la casa dejando a Josefina sin habla –
Alejandro llega a su casa y se encuentra al padre Abundio esperándolo, se abrazan, Alejandro le reprocha que no le dijera que Rosario era su madre y consintiera que trabajara en su casa como sirvienta, el padre Abundio responde que esta muy contento porque todo se aclaro, era ella la que no quería que lo supiera, tenia miedo a su reacción, después pasa a hablarle de todo lo que le contó Rosario y le reprocha que fuera capaz de retar a José Luis, ha cometido un pecado terrible y espera que se arrepienta.
- Mi pecado fue no haberlo rematado hay mismo padre – asegura indignado Alejandro –
- ¡Alejandro! – exclama horrorizado el padre Abundio - ¿Quieres condenarte para siempre? Si no muestras arrepentimiento, Dios nunca te va a perdonar.
- De lo único que me arrepiento es de haber fallado padre – contesta Alejandro enfurecido – Ese infeliz se atrevió a decirme en mi cara que Magdalena esta enamorada de él y hoy mismo mando a su criado a llevarle un recado, a buscarla o que sé yo.
- ¡Pero bueno! – dice asombrado el padre Abundio – Ese hombre no esta casado con Angélica Arechiga.
- Si padre, pero evidentemente le importa muy poco ¿Le parece que un desgraciado asi merece vivir padre?
José Luis esta en la cama y Rufino le hace compañía, hablan sobre Angélica, José Luis reconoce que ha sido egoísta, cuando se recupere la va a sacar a pasear y a acontecimientos sociales, esta seguro que le gustara, Rufino se interesa por lo que va a hacer con Magdalena, debe dejar de pensar en ella, esta casada y él también, además no debió decirle al hacendado que ella lo quiere a él.
- Bueno y por que no, si asi es – contesta José Luis orgulloso –
- Porque a ningún hombre le gusta que le digan que su mujer quiere a otro – contesta Rufino razonable –
- Es que tu no entiendes Rufino. Magdalena y yo nos amábamos con locura, íbamos a casarnos, de pronto llego Almonte, ofreció dinero a su madre y me la robo, la obligaron a casarse con él con engaños, con mentiras, se ha portado con ella como un salvaje y ha hecho de su vida un infierno – José Luis ha ido alterándose –
- Bueno, cálmate Pepe, cálmate. Pero es su mujer y tu tienes que quitártela de la cabeza.
- Y tu crees que no lo he intentado, he intentado desesperadamente quitármela del corazón, he tratado de enamorarme de Angélica, pero en cuanto volví a verla todo regreso, la rabia, la frustración, el dolor de saber que pertenecía a otro hombre. Yo debería ser quien estuviera en lugar de ese maldito, me la han robado, me la han quitado a la mala, pero hay justicia en este mundo, algún día, algún día...
Alejandro va a casa de los Mendoza a acordar el día del bautizo con Magdalena, tiene que ser pronto porque el padre Abundio no puede quedarse muchos días.
- Decídelo tu – dice Magdalena –
- El sábado – propone Alejandro –
- Sí, esta bien.
- ¿Quiénes serán los padrinos? – pregunta Alejandro –
- Bueno yo había pensado en Nadia y su marido Francisco Torres Quintero, ella es muy amiga mía, pero sí tu no estas de acuerdo...
- No, me da igual, al fin espero no morir antes de que mi hijo sea mayor de edad – Alejando pregunta – Entonces, se va a llamar Iván como tu padre.
- Si Iván y también Alejandro – responde Magdalena bajando la cabeza avergonzada, Alejandro la mira sorprendido –
- ¿Tu crees que no será perjudicial para el niño viajar? –
- ¿Por qué? – Magdalena esta asombrada –
- Porque me gustaría que después del bautizo volviéramos a la hacienda.
- ¿Todos? – Magdalena sonríe feliz - ¿Yo también?
- ¿Y que pretendes? – dice seco Alejandro – que te deje aquí para que corras a los brazos de ese hombre.
La sonrisa de Magdalena se borra y mira a Alejandro al borde de las lagrimas.
Fin del capitulo 49
Mar






Escrito desde Mar 30, 2003, 11:58 PM

Respond to this message

Return to Index

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement