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Capitulo 50 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Magdalena va a visitar a Nadia para proponerle que ella y su marido sean los padrinos de su hijo, su amiga se acepta encantada, Magdalena queda en avisarla de la fecha definitiva del bautizo. Cuando regresa su marido Nadia se lo comenta y se encuentra con la sorpresa que este se niega a tener nada que ver con Magdalena y su marido, bajo ningún concepto será el padrino de su hijo, y le reprocha que no le consultara antes de aceptar, considera que Magdalena es una mujer bajo sospecha, aunque se ha reconciliado con su marido esta el asunto del duelo, y todo el mundo sigue murmurando en voz baja, aunque nadie se atreve a comentarlo abiertamente y por si eso fuera poco Almonte cuenta con la desaprobación del gobernador por sus ideas liberales, y su forma de tratar a los obreros, que esta creando problemas a los demás industriales, asi que pronto se tomaran medidas contra él, por lo que no esta dispuesto a tener relaciones con ese revoltoso. Nadia se preocupa mucho por como disculparse con Magdalena, a ella le da mucha vergüenza, pero Francisco se muestra implacable considera que la vergüenza de entablar un compadrazgo con esa gente seria peor, asi que le ordena que mande una carta disculpándose, poniendo como excusa que él tiene que ir a la capital y ella debe acompañarle. Francisco considera terminada la discusión y se retira, Adolfo ha entrado mientras su hermana hablaba con su marido y ha escuchado en silencio, Nadia se queja a su hermano de lo injusto de la actitud de Francisco, ella sabe que Magdalena es inocente. Adolfo le indica que si Francisco piensa asi, seguro que esa es la forma de pensar de toda la buena sociedad en general, Nadia no tiene mas remedio que escribir la carta y Adolfo se encarga de llevarla.
En casa de los Mendoza Adolfo entrega la carta a Magdalena, ella la lee y queda muy desconcertada, no esperaba eso de su mejor amiga. Dimitrio entra en el salón y al enterarse de lo que sucede pregunta directamente a Adolfo si es verdad lo que se dice en ella o se trata de alguna disculpa. Adolfo aparta la mirada incomodo y baja la cabeza, eso es suficiente para Magdalena que se da cuenta que Francisco no quiere ser el padrino de su hijo. Adolfo acaba contándole la verdad, su cuñado se rehusó a causa de los rumores que corren sobre ella, aunque Alejandro haya desistido de la anulación esta el duelo y todo el mundo especula sobre su situación, pues siguen viviendo separados. Dimitrio esta indignado por lo que considera una afrenta imperdonable a su familia, no es posible que Francisco Torres Quintero los ofenda de ese modo por unos cuantos rumores, los Mendoza son una de las familias más importantes de Puebla. Adolfo les aconseja que la ceremonia sea intima, pues el resto de la sociedad puede negarse a asistir y seria muy violente verse desairados de ese modo. Magdalena le da las gracias por la advertencia y pregunta si él es de la misma opinión y tampoco asistirá, Adolfo se indigna por la duda, por supuesto él asistirá. Magdalena le pide a Dimitrio que él y su esposa Josefina sean los padrinos de su hijo y después se retira muy triste y deprimida.
Cuando ella sale Dimitrio expresa la rabia que tiene, no entiende como se atreve Francisco a ofenderles de esa manera.
- No quise decírtelo frente a tu hermana – aclara Alfonso – pero no solo se trata de los rumores, si no que el gobernador esta muy molesto con tu cuñado por el asunto de los obreros y por lo que me dijo Francisco tiene intenciones de tomar medidas contra él.
El padre Abundio le pide a Cipriano que le acompañe a casa de José Luis Álvarez, este se sorprende por la petición pero a regañadientes lo acompaña. El padre Abundio es recibido por José Luis, su esposa Angélica no esta, de lo que el padre se alegra pues asi tendrá mas libertad para hablarle, José Luis lo observa con actitud altiva, finalmente le invita a sentarse, pero él se queda de pie.
- Vine a Puebla para bautizar al hijo de Magdalena y Alejandro y ya me he enterado de todo lo que paso – dice el padre Abundio –
- ¿Al fin Almonte va a reconocer a su hijo? – José Luis se expresa con rencor - ¿Magdalena ya le perdono las ofensas, los insultos que le dijo?
- No lo sé, aun no he hablado con ella, pero supongo que si porque Magdalena lo quiere – el padre Abundio con toda intención pregunta - ¿Y tu quieres a tu esposa y la has respetado como prometiste frente al altar?
- Nunca le he faltado a Angélica padre – responde orgulloso José Luis –
- ¿Ni siquiera con el pensamiento?
- Padre el pensamiento es algo que no podemos controlar – se defiende José Luis-
- Cuando uno se lo propone y le ruega a Dios que le ayude sí.
José Luis se queda callado unos momentos y finalmente se sienta junto al padre Abundio.
- ¿Qué es lo que vino a hacer aquí padre?
- Lo sabes muy bien, ¿Por qué crees que Dios desvió la bala que estuvo a punto de matarte? Para darte tiempo de arrepentirte y enmendar tus errores, pero tu no escarmientas, sigues mandándole recados a Magdalena y hasta te atreves a decirle al mismo Alejandro que ella te quiere a ti ¿Qué es lo que pretendes? Que Alejandro se convierta en asesino.
- A lo mejor la próxima vez Almonte no tiene la misma suerte – dice José Luis con odio –
- Es mi deber...
- Padre por favor no tiene caso que sigamos hablando – interrumpe José Luis – Usted y yo nunca hemos visto las cosas de la misma manera, para usted Almonte es un hombre perfecto, intachable, pero para mí es el hombre miserable que destrozo mi vida – con amargura – Yo amaba a Magdalena, era un amor puro y limpio, ella era toda mi vida ¿Cómo puedo resignarme a que me la hayan quitado de una manera tan infame?
- Te entiendo hijo, pero ahora ya no hay nada que hacer. Ella esta casada y tu también ¿Qué es lo que pretendes? Convencerla para que se vaya contigo y tu abandonar a tu esposa.
- Yo no pretendo nada padre – responde José Luis incomodo – Si mande a Rufino a su casa fue para tener noticias suyas, me duele mucho saberla infeliz.
- Pero si Magdalena es infeliz es por tu culpa – acusa el padre Abundio –
- Esta bien padre, no se preocupe, no volveré a buscarla – promete finalmente José Luis –
Dimitrio llega a su casa muy serio, dispuesto a obligar a Josefina a ser la madrina de su sobrino a como de lugar, ordena a la sirvienta que avise a su esposa y se sienta en el sofá mentalizado para afrontar una dura discusión, entra Finita muy extrañada por la actitud de Dimitrio, se sienta a su lado y espera que él le diga lo que quiere hablar con ella.
- Tu y yo vamos a ser los padrinos de bautismo del hijo de mi hermana – dice Dimitrio terminante – y no te atrevas a decirme que no porque esta vez sí...
- ¿De veras Dimitrio? – Josefina lo interrumpe feliz - ¿de veras vamos a ser los padrinos del niño? ¡Dios mío que felicidad!
- ¿No te vas a rehusar? – pregunta Dimitrio mirándola asombrado –
- Pero... ¿Por qué? – pregunta Josefina –
- Pues... no sé, por los chismes que corren sobre Magdalena.
- ¡Ay como crees! – exclama Josefina feliz – Además ser la madrina de un niño tan lindo... habrá que hacerle un regalo muy bonito, muy importante ¿Qué podríamos comprar?
- Lo que quieras, yo no tengo dinero – dice Dimitrio muy digno –
- Bueno va veremos lo que le vamos a regalar – dice Josefina incomoda – Hoy en la mañana estuve con la madre Consuelo, la superiora del convento de las Carmelitas y le dije que tu me habías dado tu autorización para el donativo mensual para el orfanato.
- ¿Y si tu hermano se rehúsa que le vas a decir? – contesta Dimitrio fastidiado – Mi esposo dijo que si pero mi hermano, el que maneja el dinero dice que no. Eso le vas a decir para ponerme mas en vergüenza.
- Yo solo quería hacer algo para que no te sintieras mortificado – Josefina esta al borde de las lagrimas –
- Bueno perdóname. Es que estoy alterado, todo el mundo murmura sobre mi hermana y mi familia, me siento mal – Dimitrio toma la mano de Josefina – Tu eres tan buena – le besa la mano con ternura – demasiado para un tipo como yo.
Josefina lo mira feliz y arrobada mientras dice su nombre con amor. Dimitrio confuso y incomodo, se levanta y se marcha deprisa dejándola desolada.
Dimitrio se marcha a contarle sus penas a Adolfo al café de costumbre, esta muy disgustado y preocupado.
- Si tan difícil es la situación porque no pides la anulación – sugiere Adolfo – al fin el matrimonio no se ha consumado.
- Y agregar otro escándalo a mi familia.
- ¿Desde cuando te han importado los escándalos? – se sorprende Adolfo –
- Si me importan, además no se trata de eso.
- Entiendo, todavía tienes esperanzas de que Josefina te suelte dinero – dice Adolfo –
- No tampoco, Josefina es buena, me quiere de verdad – Dimitrio esta muy confuso –
- Pero a ti te desagrada tanto, que cuando estas con ella te inhibes hasta el punto de...
- No es cierto que me desagrade – dice Dimitrio molesto –
- Entonces ¿Quieres decir que te gusta? – pregunta Adolfo incrédulo –
- Bueno tiene sus cualidades – dice Dimitrio –
- Escondidas – asegura Adolfo irónico –
- ¿Estas burlándote de mí o pretendes faltarle al respeto a mi esposa? – pregunta Dimitrio lanzándole una mirada asesina a Adolfo –
- Yo solo quiero entender lo que te pasa – contesta Adolfo intentando contemporizar –
- Ni yo mismo lo sé, pero te juro que cuando hablamos de dinero me siento muy avergonzado. Es por eso que no puedo... ser normal con ella, me siento humillado cuando pienso que ella puede pensar que es el dinero lo que me mueve.
- ¿Y no es asi?
- En parte, pero yo quisiera que Josefina fuera mi mujer de verdad – dice Dimitrio triste y deprimido –
Alejandro va a visitar a Magdalena para hablar sobre el bautizo del niño, será el sábado a las diez en la iglesia de San Francisco, se sientan en el sofá para discutir los últimos detalles.
- ¿Piensas hacer alguna recepción o solo seremos nosotros? – pregunta Alejandro intentando darle un aire de normalidad a la conversación –
- Solo la familia – contesta Magdalena con tristeza –
- Como gustes. ¿Los padrinos ya están avisados?
- Los padrinos serán mi hermano Dimitrio y su esposa Josefina – Magdalena baja los ojos y se muestra nerviosa y alterada –
- ¿Por qué? – Alejandro la mira extrañado - ¿Cambiaste de parecer? Pensé que iban a ser tu amiga Torres Quintero y su marido.
Magdalena no contesta, baja la cabeza y se retuerce las manos nerviosa, parece al borde de las lagrimas.
- ¿Qué sucede Magdalena, que tienes? – pregunta Alejandro preocupado -
- Francisco Torres Quintero se negó a ser el padrino de mi hijo porque soy una mujer sin honor, porque todos piensan que soy una desvergonzada que ha engañado a mi marido y nadie quiere tener nada conmigo Alejandro – dice Magdalena con amargura –
Mientras Magdalena le cuenta lo ocurrido Alejandro parece cada vez mas incomodo, comienza a tironearse del cuello de la camisa y se remueve inquieto. Magdalena continua hablando con amargura y una inmensa tristeza.
- ¿Por que lo hiciste Alejandro? ¿Por qué me castigaste de esa manera?
Alejandro angustiado y arrepentido al ver el dolor de Magdalena se acerca a ella, le toma la mano y le pide perdón.
- Perdóname Magdalena, perdóname. En cuanto bauticemos al niño nos iremos de aquí y no volverás a ver a esta gente nunca más.
- Y tu Alejandro ¿Qué piensas de mí? – pregunta Magdalena –
Alejandro la mira a los ojos mientras besa su mano con ternura y pasión.
- Yo solo sé que te quiero, que no puedo vivir sin ti.
- Pero yo necesito saber que piensas – suplica Magdalena –
- Que quieres que piense si tu has admitido la verdad – Alejandro baja los ojos dolido –
- Pero fue solo una vez, un beso – Magdalena lo mira desesperada –
- Mira mejor no hablemos de eso – dice Alejandro –
- Pero yo necesito saberlo, no puedo vivir a tu lado si me guardas rencor, si me consideras indigna de ser tu esposa.
- ¿Pero que quieres que te diga? – pregunta Alejandro con amargura y dolor - ¿Qué no me importa? ¿Qué no me duele? ¿Quieres una mentira?
- No... no – Magdalena lo mira a los ojos – Alejandro yo te amo.
Alejandro la mira con una mezcla de amor, ternura y angustia, la toma por los hombros.
- Yo también a ti Magdalena.
Se miran unos segundos a los ojos y después lentamente se acercan y se besan.
Por fin el niño ya esta bautizado, después de la ceremonia todos los asistentes están reunidos en el salón de los Mendoza, Josefina sostiene al niño dormido en sus brazos entusiasmada y emocionada, alabando la belleza de la criatura. Dimitrio propone a los hombres reunirse en el despacho para tomar una copa y fumar un cigarro, todos aceptan la idea y se retiran dejando en el salón a las mujeres. Es hora de alimentar al niño y Magdalena se retira a su dormitorio acompañada de Rosario, cuando salen Josefina no puede menos que preguntar quien es esa señora, Carmen y Paula se miran confusas y incomodas, Paula reúne valor y contesta que es la madre de Alejandro, dejando a Josefina de una pieza, sin poder disimular su sorpresa para incomodidad de Paula y Carmen.
Los hombres reunidos en el despacho están comentando la situación política, Adolfo aprovecha para informar a Alejandro de lo peligroso de su situación.
- No quiero meterme en sus asuntos señor Almonte, pero lo que usted esta haciendo es muy peligroso – se dirige a Dimitrio – Ya se lo dijiste Dimitrio.
- No, no había tenido la oportunidad. Adolfo tiene razón Alejandro, los industriales están muy molestos, el mismo gobernador también.
- ¿Quién te lo dijo? – pregunta Alejandro –
- El cuñado de Adolfo, Francisco Torres Quintero, ¿Sabes quien es verdad? El secretario del gobernador. Dice que con tu actitud tan consecuente estas alentando la rebeldía de los trabajadores, que los obreros de las demás fabricas amenazan con una huelga.
- Pues ojala se decidieron – Alejandro es terminante –
- ¿Te das cuenta de lo que estas diciendo? Podría ser muy peligroso eso – afirma Dimitrio –
- Más peligroso es tener a la gente muerta de hambre. Porfirio Díaz ha traicionado las ideas de Juárez, el pueblo tiene años de soportar su tiranía, si se rebelan harían bien – Alejandro ha expresado su opinión con seguridad y firmeza –
- Si me permites, te aconsejo que con nadie mas vuelvas a expresar ese tipo de opiniones – advierte Dimitrio - nosotros somos de confianza, pero otra gente podría tomárselo a mal. Francisco Torres Quintero me dijo que te advirtiera que si no enmiendas tu actitud podrías verte en serios problemas.
En el dormitorio de Magdalena el niño ya ha comido y duerme en su cuna, Rosario lo observa arrobada, le parece un niño precioso.
- Estoy tan contenta de que finalmente hayan hecho las paces niña – comenta Rosario –
- Si pero... - Magdalena parece triste – Alejandro no me ha perdonado.
- Lo hará, dele un poco de tiempo, la quiere tanto.
- Si, me quiere, pero no confía en mi, y no sabe cuanto me duele su desconfianza.
En el salón Carmen pregunta a una incomoda Josefina cuando van a encargar ella y Dimitrio, porque los niños hay que tenerlos jóvenes. Josefina azorada no sabe que contestar, Paula aprovecha la situación para terciar y llevar la conversación hacia donde le interesa.
- Dime una cosa Josefina ¿Tu hermano se sigue encargando de administrar tus bienes?
- Si señora – responde Josefina incomoda –
- Perdóname que te lo diga pero ¿te parece correcto? Si fueras sola de acuerdo, pero tienes un marido y la verdad Dimitrio se siente muy humillado con esta situación, por supuesto él a mi no me ha dicho nada porque es muy delicado, pero me doy cuenta que esta muy incomodo.
- ¡Ay Paula por favor no empieces! – exclama Carmene horrorizada –
- ¿No empiece que cosa? Tengo derecho a hablar del asunto, Dimitrio es mi hijo – dirigiéndose a Josefina – No sé si estas enterada Josefina, pero nuestra situación económica es muy difícil y si no recibimos ayuda de los parientes no sé lo que vamos a hacer.
- Es que mi hermano no quiere señora – contesta Josefina que ya no sabe donde meterse –
- Pero tú estas casada hija y no tienes porque hacerle caso a lo que diga tu hermano, tu primera obligación es con tu marido, no con él.
- Yo ya le escribí señora, le mande una carta diciéndole que quiero hablar con él precisamente de eso.
- No sabes cuanto me alegro – dice Paula – por ti y por Dimitrio claro, sabemos que ustedes se han casado en condiciones un tanto incomodas, pero ya han pasado varios meses y si sigues en esa actitud con Dimitrio el pobre va a pensar que no lo has perdonado.
- Si señora – contesta Josefina muy incomoda –
Josefina es salvada por la interrupción de Alejandro que busca a su esposa y su madre, le indican que están en la habitación de Magdalena y pide permiso para subir, a lo que Paula le responde que claro que puede subir, esta en su casa.
En el dormitorio de Magdalena, esta habla con Rosario sobre su situación con Alejandro.
- Es que me siento muy incomoda cuando estoy con él, me gustaría que entendiera porque hice todo eso. Yo lo odiaba Rosario, le creía culpable de todas mis desgracias, hasta pensé que se había aprovechado de mí.
Alejandro golpea la puerta pidiendo permiso para entrar y interrumpe la conversación de las dos mujeres.
- ¿Ya se durmió mi hijo? – pregunta Alejandro acercándose a la cuna –
Rosario con discreción los deja solos. Alejandro se inclina sobre la cuna mirando a su hijo con ternura.
- Estas de acuerdo en que volvamos a la hacienda pasado mañana – pregunta a Magdalena-
- Si – contesta ella en voz muy baja evidentemente incomoda –
- ¿Y te vas a quedar estos días en casa de tu madre o prefieres venirte conmigo?
Alejandro intenta darle un aire de naturalidad a la conversación, pero la situación es forzada y ambos están incómodos. Alejandro permanece de pie, distante, los dos se miran con desconfianza, sin saber muy bien como recomponer su relación.
- Como tu quieras – responde Magdalena –
- Bueno, tu sabes que es lo que yo quiero – dice Alejandro –
- Esta bien – Magdalena acepta la mudanza con aire triste –
- ¿Qué tienes? – Alejandro se acerca a Magdalena sin poder obviar por mas tiempo su aspecto afligido –
- Es que me siento muy mal – Magdalena baja la cabeza y mira hacia el suelo, esta al borde de las lagrimas –
- ¿Por qué?
- Porque tu me sigues guardando rencor y tengo miedo que no lo vayas a olvidar nunca Alejandro – contesta angustiada Magdalena –
- Ya no pienses mas en eso – pide Alejandro –
- Es que daría mi vida por que no hubiera pasado – Magdalena lo mira con desesperación –
Alejandro suspira profundamente, la mira incomodo sin saber que decir.
- Prepara tus cosas, te espero abajo – Alejandro sale de la habitación –
Magdalena y Alejandro han salido para su casa acompañados de Rosario y el niño, Paula cierra la puerta con un suspiro de satisfacción, por fin todo ese enredo se ha arreglado, y si además Josefina convence a su hermano, por fin podrán estar en paz. Carmen esta muy incomoda por la forma en que Paula trato a Josefina, pero esta no hace caso a su cuñada, alguien tenia que decírselo, porque la situación es desesperada y si Magdalena no quiere que le pida dinero a Alejandro no queda mas remedio que presionar a Josefina.
En casa de Alejandro, Víctor, el padre Abundio y el dueño de la casa toman un café en el comedor mientras conversan sobre las advertencias de Dimitrio.
- Tal vez tu cuñado tenga razón Alejandro – dice Víctor preocupado –
- ¿Y que quieres que haga? ¿Que rebaje el sueldo a los obreros? ¿Que aumente la jornada de trabajo como esa gente pretende? – pregunta Alejandro exasperado – No, los trabajadores confían en mi, no puedo defraudarles, no seria justo, y en realidad es muy poco lo que estoy haciendo por ellos.
- Si, pero tengo miedo que esa gente haga algo en contra tuya, ya una vez el gobernador te amenazo ¿recuerdas? – dice Víctor –
- Debes tener cuidado hijo mío – recomienda el padre Abundio – Desgraciadamente el mundo esta lleno de gente mala.
En el dormitorio de Alejandro; Magdalena esta inquieta porque Rosario insiste en llevarse al niño a su cuarto.
- Es mejor asi niña, además ustedes estarán más tranquilos, si en la noche se despierta y comienza a llorar yo estaré a su lado para cuidarlo.
- Gracias Rosario.
- No tiene porque, y no sabe cuanto le agradezco que me deje cuidar a mi nieto.- Rosario se retira –
Magdalena comienza a quitarse las joyas, entra Alejandro busca a su hijo con la mirada y pregunta.
- ¿Y el niño?
- Tu mama quiso que se quedar con ella – contesta Magdalena –
Alejandro se acerca a Magdalena, la toma por los brazos y la atrae hacia el cariñoso.
- Te agradezco mucho la manera en que te estas portando con mi mama.
- Es tan buena – Magdalena sonríe con ternura –
- Y tu también eres buena, y muy bonita además.
Alejandro se quita la chaqueta mientras la mira a los ojos.
- Créeme que no se como pude vivir todos estos meses sin ti – Alejandro la rodea con sus brazos y la besa –
Al día siguiente Angélica se dispone a salir a la calle cuando entra José Luis muy alterado, le pide que no salga de casa, ha estallado una revuelta de obreros y hay disturbios por toda la ciudad, a él seguramente lo van a acuartelar y no podrá regresar esa noche, por lo que encomienda a Rufino la seguridad de Angélica.
Alejandro llega a su casa apresuradamente, esta herido, le alcanzo una pedrada en la cabeza cuando unos provocadores intentaron molestar a sus obreros. Rosario y Magdalena están muy preocupadas. Magdalena se dispone a curar a su esposo cuando llaman a la puerta. Rosario va a abrir y se encuentra con una mujer que pregunta por Benjamín Almonte diciendo que es su sobrina Armida.
Fin del capitulo 50.
Mar






Escrito desde Apr 1, 2003, 2:25 PM

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