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Capitulo 58 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
La mañana siguiente a la puesta en libertad de Alejandro, Magdalena acude al comedor y encuentra a Rosario y una criada poniendo la mesa para el desayuno. Rosario le comenta que Alejandro todavía no se ha levantado; El pobre debe estar muy cansado y la anima para que vaya a verlo a su recamara. Magdalena insegura de su posición con respecto a su esposo no se atreve, tiene miedo que él se moleste. Rosario desecha sus objeciones, esta segura que su hijo estará encantado de verla, la noche anterior no tenia ojos mas que para ella; Magdalena señala que apenas le dirigió la palabra. Rosario sirve una taza de café y le pide que se la lleve a Alejandro, asi podrán hablar a solas.
Magdalena entra en el dormitorio de Alejandro, se para junto a la cama y lo contempla mientras duerme, duda y finalmente se da media vuelta para salir de la habitación. Alejandro la llama y le pregunta la hora, ella se acerca y le ofrece el café. Alejandro se incorpora, se sienta en la cama y acepta la taza dándole las gracias, comenta que los días anteriores casi no pudo dormir. Magdalena le pregunta por su regreso a la hacienda.
- Tengo que esperar la respuesta de Porfirio Díaz. Víctor dijo que tanto los industriales como los trabajadores han acordado someterse a su decisión.
Magdalena se sienta en la cama de Alejandro y se decide a hablar.
- Alejandro, yo no quiero separarme de ti.
- ¿Por el miedo al que dirán? – pregunta Alejandro sereno – No te preocupes, arreglaremos las cosas para que no haya murmuraciones.
- No, no es por eso... es porque... Te quiero y no quiero alejarme de ti – responde Magdalena mirándolo a los ojos con sinceridad –
Alejandro la contempla unos momentos inmóvil, después tranquilo y sereno contesta.
- Magdalena, quiero ser sincero contigo. ¡Te amo! Pero no he podido superar la decepción de saber que me has engañado. Porque tu me engañaste, tal vez no como yo en un primer momento pensé, pero siendo mi esposa me faltaste.
- ¡Pero yo en ese momento aun no te quería! – exclama Magdalena – Ya sé que no es una justificación, pero ¿qué mas te puedo decir? ¡Perdóname!
Magdalena coloca su mano sobre la de Alejandro mirándolo suplicante, Alejandro toma su mano y sin dejar de mirarla, se la lleva a los labios y la besa.
Dimitrio va a casa de Nadia para hablar con Adolfo, esta muy enfadado con su amigo porque le hizo quedar mal con su esposa con mentiras y quiere saber que pretende al adoptar esa actitud con Josefina. Adolfo acepta la regañina de pie con expresión contrita; El no pretende nada, pero Dimitrio no tiene derecho a hacerle quedar mal con ella, a nadie le gusta que los demás piensen cosas desagradables de uno, dice con aspecto ofendido, asi que no tenias porque decirle que te pedí dinero por ayudar a tu cuñado. Dimitrio le reprocha que se haya encargado de hablarle pestes de él a Josefina, porque, bien que no reconoce su participación en la boda falsa y además niega lo de los cinco mil pesos, dejando a él por mentiroso. Adolfo se sienta frente a su amigo y intenta contemporizar.
- Mira Dimitrio, no seas tonto. Tu situación con Josefina es la que es, ella no tiene buena opinión de ti, ya lo sabes, mientras que yo... Escucha Dimitrio, ese poder que Josefina le otorgo a su hermano es irrevocable, pero tiene un plazo, y cuando este plazo expire, si yo me he ganado su confianza, pues podré conseguir dinero para ti.
- ¿Cómo pretendes que te autorice para que le saques dinero a mi mujer? – responde Dimitrio indignado –
- Pero será para tu beneficio – protesta Adolfo – De otra manera siempre vivirás igual, pidiéndole prestado a medio mundo y sufriendo después para cubrir tus deudas. Tú estas demasiado desprestigiado delante de los ojos de Josefina y aun cuando ella disponga de todo lo suyo, jamás te dará lo suficiente para cubrir tus necesidades.
- ¡Vaya! – exclama irónico Dimitrio – Que alma tan noble y desinteresada se ha vuelto la tuya.
- También estoy pensando en mi. – dice Adolfo con expresión contrita – No voy a pretender la mitad como antes, pero una pequeña ayuda de vez en cuando... lo único que necesito es tu permiso para visitarla, para ganarme nuevamente su confianza y te aseguro que para cuando el poder de su hermano termine la tendré subyugada.
- Mejor cállate, sino quieres que te agarre a bofetadas, aquí, ahorita mismo – dice Dimitrio muy enfadado – Estas hablando de mi mujer, que lleva mi apellido.
- Pero te casaste con ella solo por el dinero y es estúpido que por un orgullo de macho, renuncies a toda esa fortuna.
- Prefiero no ver un solo centavo a permitir que un descascarado como tu se burle de ella y te prohíbo ¡Entiendes! Te prohíbo que vuelvas a verla.
Dimitrio muy enfadado se dispone a marcharse, pero Adolfo lo detiene y le pide el dinero por su ayuda en el asunto de su cuñado, ya que este ha salido de la cárcel. Dimitrio se vuelve y lo mira burlón.
- ¿Cuáles 5000 pesos? ¿No negaste ante Josefina habérmelos pedido? Te quisiste hacer el digno, asi que ahora te aguantas.
Dimitrio se marcha muy enfadado, dejando a Adolfo desesperado por su situación económica.
Paula va a visitar a Magdalena y le expone su situación económica; La hipoteca sobre la hacienda vence en pocos días, asi que viene a ver a Alejandro para pedirle ayuda. Magdalena escandalizada se niega a volver a pedirle dinero a su esposo, Paula muy digna dice que tampoco hay para tanto, él tiene obligaciones y no le ha pedido dinero antes, a lo que su hija indignada le recuerda que Alejandro pago todas sus deudas cuando se caso con ella. Paula mira a su hija como si estuviera loca, y responde que eso fue hace mucho tiempo, casi un año y medio, y desde entonces no le ha pedido dinero. Magdalena se niega rotundamente, su situación con Alejandro no es buena, él le ha pedido la separación y ella esta intentando convencerle para que desista, si ahora le pide dinero va a pensar que su acercamiento es por interés económico. Magdalena pide a su madre que al menos espere unos días. Paula no esta dispuesta a hacerlo, la hipoteca esta a punto de vencer y no se lo puede permitir.
Angélica sigue insistiendo en ver a Magdalena antes de morir, ahora se lo pide a Rufino que lo consulta con José Luis, este le prohíbe ir a buscarla, le duele no cumplir el deseo de Angélica, pero no quiere perjudicar a Magdalena.
Alejandro llega y se sienta en el salón con Paula y Magdalena, su suegra aprovecha para restregarle su colaboración para sacarle de la cárcel, dejando muy claro lo mucho que le debe, también habla de su amistad con el presidente y hasta él habría acudido si el gobernador no le hubiera hecho caso. Alejandro aguanta cortésmente toda la perorata evidentemente incomodo y preguntándose a donde quiere llegar, le da las gracias por todo lo que hizo por él. Paula señala que lo hizo por el aprecio que le tiene y sobre todo porque son una familia y entre parientes hay que ayudarse. Paula considera que ha llegado el momento adecuado y se lanza al ataque... Alejandro a propósito... Magdalena interrumpe a su madre ofreciéndole café a Alejandro y después a su madre que la mira muy ofendida, cuando esta se dispone a volver a hablar, Magdalena le pregunta si ya se va... Paula le lanza una mirada asesina y responde.
- Si hija, ya me retiro, pero antes quiero hablar con Alejandro de ese asunto...
- ¡Ah sí! – interrumpe nuevamente Magdalena y se dirige a Alejandro – Es que le dije a mi mama que tal vez me quede aquí en Puebla un poco mas, hasta que Alejandrito sea más grande.
- ¡Bueno! – contesta Alejandro mirándola asombrado por el repentino cambio de opinión –
- Me iré con ella en cuanto salgas para la hacienda, no tiene caso que me quede sola en esta casa – Magdalena continua hablando dispuesta a no dejar meter baza a Paula –
- ¡Cómo quieras! – contesta Alejandro repentinamente serio – Bueno perdóneme doña Paula pero tengo algo que hacer, le ruego que me disculpe, gracias por todo una vez mas y hasta luego – Alejandro saluda ceremonioso y se retira –
Paula se vuelve hacia su hija enfurecida.
- Eres una tonta – le espeta muy ofendida –
El padre Abundio llega a su casa y se encuentra a Torres Quintero y Sebastián esperándolo, le interrogan sobre Alejandro y como llego a ser el dueño de la fortuna Almonte. El padre Abundio no tiene nada que ocultar y le cuenta toda la historia desde el comienzo, cuando los soldados se llevaron a la madre de Alejandro, y como en su lecho de muerte Benjamín Almonte reconoció a su hijo y le dicto su testamento, en el que lo declaraba único heredero de sus bienes. Francisco se interesa por los testigos y el padre aclara que además de él fueron el antiguo administrador de la hacienda, ya muerto, un tal Jacinto, que también murió y Caritino que se marcho a la capital, de esa forma se enteran los dos conspiradores que el único testigo que queda de la firma del testamento es el padre Abundio.
Alejandro esta sentado a la mesa de su despacho fumando pensativo. Magdalena entra y se sienta frente a él, le pregunta que hace y Alejandro lacónico le responde que nada. Magdalena le informa que Armida le pidió la carta de su padre. Como había visto que él la guardaba en el cajón del escritorio se la dio, espera no haber hecho mal. Alejandro le contesta que no, era de Armida y tenia derecho a pedirla, se levanta para irse. Magdalena lo detiene, quiere hablar con él, pero finalmente no se decide y lo deja marchar.
Torres Quintero y Sebastián llegan a la posada del pueblo y comentan la declaración del cura. Francisco considera que es una declaración coherente y que cualquier juez la aceptaría, porque no deben olvidar, que todo el mundo considera que los religiosos no mienten. Él considera que es muy probable que el sacerdote obrara de buena fe y la que mintiera fuera la madre, pero eso no se puede probar, lo que esta muy fastidia mucho a Francisco, porque parece que Almonte se salió con la suya; Si al menos hubiera revocado las concesiones que les hizo a sus trabajadores... Ese hombre es un soberbio, un peligro latente para el gobierno y merece un escarmiento. Sebastián insiste en que es un impostor y que algo deben hacer. Francisco expone las dos alternativas; Una pleitear, y eso será largo y de un resultado dudoso o arreglar las cosas de manera tal que no quede duda que Alejandro Almonte no es quien dice ser. Sebastián se inclina por la segunda opción y considera que no será muy difícil, porque tienen el testamento en su poder y el único testigo que existe es el cura, los otros o murieron o no se sabe donde están y la madre es una mujer ignorante y expresidiaria. Los dos llegan a un acuerdo para llevar adelante el complot contra Alejandro.
A casa de José Luis llega Joaquín Arechiga, José Luis le recibe y muy triste le informa que Angélica se muere sin remedio. Joaquín pasa a ver a su hija, cuando se queda solo con ella, Angélica le pide que vaya a buscar a Magdalena, tiene que hablar con ella antes de morir, le pide que no se lo diga a José Luis y que la busque sin que Alejandro e entere. Joaquín no entiende porque y ella le explica que Almonte no le permite ser amiga de su esposo. El señor Arechiga se indigna por lo que considera un menosprecio y le reprocha a su hija haberse casado con José Luis pues piensa que la razón de Almonte es que ella no es de su clase.
Francisco encarga a Benítez el asesinato del padre Abundio; Se llevara su coche, sacara al padre del pueblo con cualquier excusa y una vez lejos lo matara. Benítez esta receloso, no le hace ninguna gracia matar a un sacerdote, pero Francisco lo amenaza con tomar represalias contra él si no obedece, asi que Benítez no tiene mas remedio que aceptar el encargo.
Alejandro esta trabajando en el despacho cuando entra Maria, se sienta frente a él que la saluda sin levantar los ojos del libro donde esta escribiendo.
- ¿Me quieres decir algo? – pregunta impaciente Alejandro - ¿De qué se trata?
- ¿Para que te lo digo si te vas a enojar? – responde Maria con un mohín caprichoso –
- Bueno – Alejandro se ríe entre dientes – Entonces me parece muy bien que te calles.
- ¿Cuándo volvemos a la hacienda Alejandro?
- Pronto – Alejandro continua trabajando y contesta sin mirarla –
- ¿A tu mujer la vas a dejar aquí?
- Tal vez – responde Alejandro lacónico –
- ¡De veras Alejandro! – exclama entusiasmada Maria - ¿Ya no quieres saber nada de ella? ¿Es por eso por lo que la corriste de tu recamara?
- Yo no la corrí de mí recamara – Alejandro la mira francamente molesto –
- Entonces... ¿Es ella la que no quiere?
- ¿Por qué insistes en meterte en lo que no te importa? – pregunta Alejandro impaciente y malhumorado dejando de trabajar –
- ¡Si me importa! Me importa mas que nada en el mundo. Porque yo te quiero Alejandro – Maria le toma las manos – Te quise desde siempre, desde que era una niña, tú eras bueno conmigo, me hacías jugar, me consecuentabas todos mis caprichos.
Alejandro libera sus manos con gesto impaciente.
- Pero ahora has crecido y no puedo seguir complaciéndote – Alejandro la mira y con voz seca y terminante dice – Yo no me he enamorado de ti Maria, sino de otra mujer y tienes que entenderlo.
- ¡De otra que no te quiere! Que te ha...
Alejandro corta en seco a Maria, y con cara de pocos amigos le habla amenazador.
- Ya, ya, ¡No lo digas! No vuelvas a decirlo o voy a verme obligado a alejarte de mí para siempre.
Es de noche en el pueblo de la hacienda, el padre Abundio esta en su casa descansando, cuando llega Benítez con aspecto apurado, según él, ha encontrado una mujer en grave estado en las afueras del pueblo y ella le ha pedido que viniera a buscarlo, tiene un coche esperando para llevarle a atender a la moribunda. El padre Abundio sugiere que lo mejor es buscar al medico también, pero el forastero insiste en que no hay tiempo, esa mujer no tiene remedio, asi que el padre lo acompaña en el coche a socorrer a la enferma.
Alejandro esta sentado en el salón de su casa, tiene delante la cuna del niño y se inclina sobre ella haciéndole arrumacos a la criatura, llega Magdalena que lo mira satisfecha y sonriente se sienta a su lado, mientras se inclina también sobre el niño. Rosario entra en el salón, busca al niño para cambiarle, porque es hora de darle de comer, lo saca de la cuna y se lo lleva. Magdalena y Alejandro se quedan solos, sentados uno junto a otro en el sofá. Alejandro la mira y le pregunta.
- Ayer le dijiste a tu mama que yo iba a volver a la hacienda y que tu te quedarías aquí con ella ¿Cambiaste de parecer?
- No – asegura rotunda Magdalena – Lo hice por si tu decidías eso, quise justificar de alguna manera lo que podría pasar. Pero yo no me quiero quedar aquí.
- Si, ya me lo dijiste – la mira de frente y le dice – Magdalena... quiero preguntarte algo... José Luis Álvarez... ¿sigue enamorado de ti?
- Bueno... él esta casado – responde Magdalena confusa –
- Sabes muy bien que eso no significa nada para él – responde Alejandro irónico – Tu ya eras mi esposa cuando pretendió alejarte de mi lado. ¿Te ha dicho que aun te quiere?
- No recuerdo – responde Magdalena asustada apartando la mirada –
- ¿No recuerdas o no me lo quieres decir? – insiste Alejandro -
- Pero de todos modos ¿qué importancia tiene? – Magdalena le mira a los ojos muy segura – Son sus sentimientos no los míos.
- Y ahora que estuve preso, ¿pediste su ayuda basándose en ese sentimiento?
- No, lo hice porque José Luis es bueno, nunca estuvo de acuerdo con lo que te hicieron.
- ¿Por qué?
- Porque él piensa como tu. Cree que los obreros deben tener mejores condiciones de vida, siempre ha despreciado a los ricos. Mira, yo sé que tú lo odias, pero es un hombre integro recto.
- Un hombre integro, recto, no busca para casarse una mujer rica – dice Alejandro irónico – y menos si esta enamorado de otra.
Magdalena intenta convencer a Alejandro consiguiendo que se ponga en el lugar de José Luis.
- Si tu hubieras sido pobre, nos hubiéramos enamorado y después te das cuenta que me obligaron a casar con otro hombre con engaños, con mentiras ¿Qué hubieras hecho? ¿Hubieras renunciado a mí? Quiero decir... si de verdad me hubieras querido
Alejandro no contesta, pero su expresión lo dice todo. Magdalena sonríe y contesta por él.
- Si hubieras hecho lo mismo que hizo él. Por eso no me puedes culpar tanto Alejandro – Magdalena continua hablando con sinceridad – Alejandro... Yo... yo bueno... doy gracias a Dios por todo lo que paso, porque te conocí, porque me enamore de ti. Si, lo he querido, es cierto, pero nunca como a ti – Magdalena lo mira a los ojos intentando transmitirle todo su amor –
- ¿Estas siendo sincera? – pregunta Alejandro impresionado –
- Mas que nunca – contesta ella sin dudarlo –
Alejandro convencido le toma las manos, se miran intensamente a los ojos y comienza a acercarse lentamente para besarse. En ese momento entra Rosario para decirle a Magdalena que el niño esta listo para comer y interrumpe el acercamiento, los dos la miran y ella confusa no sabe que decir... Magdalena sonriente lo besa suavemente en los labios y se retira, seguida por la mirada enamorada de Alejandro.
Cuando Magdalena se va Rosario se sienta al lado de su hijo feliz.
- Hijo ¿Ya se contentaron? – pregunta emocionada –
- Si – contesta Alejandro sonriendo con ternura –
- Cuánto me alegro hijo – responde Rosario – Yo lo que más quiero es tu felicidad, yo sé que tenias tus razones para estar enojado, pero cuando se quiere todo se perdona... dime... ¿Ya no desconfías de ella?
- Los celos son algo muy feo mama – responde Alejandro sereno y triste - Te impiden razonar, te atormentan constantemente... y desgraciadamente Magdalena ha hecho muchas cosas para que yo me sintiera asi – Alejandro toma las manos de su madre sonriendo – pero bueno, en fin... ya no hay que pensar en eso. Quiero creer que ella es buena... porque es lo mejor para todos.
- No, ella es buena y te quiere de verdad, créelo – asegura Rosario segura –
- Si – contesta Alejandro sonriendo con ternura –
Benítez ha llevado al padre Abundio lejos del pueblo, han bajado del coche y se adentran en la maleza, el padre esta desconcertado, cuando Benítez considera que esta suficientemente lejos, saca una pistola y apunta, entonces el padre se da cuenta que le engaño, pregunta porque le va a matar. Benítez muy nervioso le grita que se calle y encomiende su alma a Dios. El padre quiere saber al menos porque va a morir, Benítez esta cada vez más nervioso... El padre Abundio le pide que reflexione, por él sobre todo, porque se condenara eternamente si lo mata. Benítez insiste en que encomiende su alma a Dios, el padre se arrodilla para rezar. Benítez amartilla la pistola y apunta a la sien del padre Abundio, este se vuelve para mirarlo.
Fin del capitulo 58.
Mar






Escrito desde Apr 11, 2003, 4:15 PM

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