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Capitulo 59 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Joaquín Arechiga habla con José Luis de la enfermedad de su hija y le comenta que ella desea ver a Magdalena Almonte y él quiere complacerla. Le pregunta a su yerno si se trata con los Almonte, a lo que él le contesta que no; Se mueven en círculos diferentes. José Luis le pide que no busque a Magdalena. El señor Arechiga interpreta que Alejandro no quiere que Magdalena sea amiga de Angélica por la diferencia de clase social y señala orgulloso que su hija si es de su clase, mas bien de la de Magdalena porque Almonte no es ningún bien nacido. José Luis corta la conversación diciendo que se tiene que ir al cuartel, pero antes le advierte que no vaya a casa de los Almonte, porque se puede encontrar en una situación muy desagradable.
Benítez entra en el despacho de Torres Quintero en Puebla, este le pregunta si esta todo arreglado y Benítez contesta que sí. Francisco satisfecho le indica que al día siguiente le dará el dinero prometido; no hace falta señalar que no debe decir nada de todo este asunto a nadie, Benítez lo promete. La expresión del esbirro de Torres Quintero es extraña, parece nervioso e inseguro, su mirada es huidiza, pero el secretario del gobernador esta demasiado apurado para fijarse en estos detalles y se marcha a toda prisa con el sobre del testamento de Benjamín Almonte. Benítez se queda solo, pensativo, con cara de asustado.
Alejandro sale de su despacho en dirección a la puerta de la calle, Magdalena le alcanza en el vestíbulo preguntándole si se va. Alejandro ya delante de la puerta, se pone los guantes y contesta que debe ir a la fabrica.
- Es que esta muy bonito el día, me gustaría dar una vuelta a la plaza – dice Magdalena –
- Ve si quieres – contesta sonriendo Alejandro –
- No... pero contigo – Magdalena sonríe cariñosa –
- No puedo, Víctor me esta esperando – Alejandro la mira amoroso – Eres la mujer mas linda que he conocido en mi vida.
- ¿Y por eso me quieres? – dice Magdalena sonriendo coqueta - ¿Por bonita nada mas?
- Sabes bien que no – contesta Alejandro sonriendo con ternura mientras le acaricia el rostro – Te quiero porque eres inteligente y porque eres la única capaz de hacerme feliz.
- ¿Eso quiere decir que crees en mi, que ya me has perdonado?
- Y tu, ¿me has perdonado la manera como me porte contigo? – pregunta Alejandro suavemente mientras le acaricia el cuello cariñoso –
- No, no tengo nada que perdonar – Magdalena lo mira a los ojos enamorada – Es que yo te quiero Alejandro y te amare siempre.
Alejandro la besa suavemente con ternura, la mira a los ojos dulcemente y le dice.
- Quiero que me tengas confianza Magdalena, muchos de los malos entendidos que ha habido entre nosotros últimamente, ha sido porque no te atreviste a decirme las cosas.
- Es que... tengo miedo que te enfades.
- Ya sé que no tengo un carácter fácil, pero te prometo que de hoy en adelante antes de manifestar mi mal genio contigo lo voy a pensar tres veces.
Magdalena le sonríe dulcemente, Alejandro la besa de nuevo para despedirse, abre la puerta y en el quicio se encuentra a Dimitrio que se disponía a llamar.
Los cuñados se saludan con cordialidad, Alejandro le invita a pasar Dimitrio saluda a su hermana zalamero.
- ¡Caray Magdalena! Estas más hermosa que nunca – Magdalena se ríe feliz, Dimitrio se dirige a Alejandro – No sabes cuanto me alegro que tu asunto se haya arreglado.
- Gracias – responde Alejandro – Agradezco a ti y a tu madre lo que han hecho por mí.
- No fue nada hombre – responde Dimitrio risueño - es lo menos que podíamos hacer por el marido de mi hermana.
Alejandro presupone que Dimitrio viene a ver a su hermana, este le dice que si, pero que también quería hablar con él, venia mas bien a visitarlos a los dos. Alejandro termina de ponerse los guantes mientras lamenta no poder quedarse, tiene que salir, pero queda en su casa. Alejandro se va y Magdalena hace pasar a su hermano al salón, se sientan y Dimitrio aborda el asunto que le trae a casa de su hermana.
- Me dijo mama que no le permitiste que le pidiera dinero a Alejandro para pagar la hipoteca de la hacienda. Te das cuenta que mañana se vence el plazo, es la herencia que nos dejo nuestro padre Magdalena, yo creo que no podemos perderla.
- Escucha Dimitrio – dice Magdalena indignada – Desde que conocimos a Alejandro no hemos hecho otra cosa que pedirle dinero ¡Yo quiero que esto se acabe entendiste!
- Bueno si, - protesta Dimitrio – pero es tu marido.
- Si, y tiene obligación de mantenerme a mí, no a ustedes.
- ¡Magdalena por Dios! – exclama Dimitrio – Nuestra madre es su suegra, ha quedado viuda, es bastante lógico que Alejandro prevea por ella.
- Si no tuviera a nadie mas estoy de acuerdo, pero además estas tu.
- Ya sé, pero yo no puedo, no tengo. Soy más pobre que una rata y aun si Josefina dispusiera de la suma necesaria, mi situación no esta como para pedirle dinero.
- La mía tampoco – responde Magdalena terminante –
- Bueno si, pero eres mujer – dice Dimitrio –
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que para las mujeres no es humillante pedirle el dinero a sus maridos, además, la mitad de esas tierras es tuya, por lo tanto también de Alejandro. Tal vez incluso se moleste cuando se entere que las has perdido y ni siquiera le has avisado. La pura tierra vale mucho mas que el monto de la hipoteca. Además, que va a pensar la gente cuando se entere que hemos perdido la hacienda estando los dos casados con gente de dinero, van a pensar que tanto Josefina como Alejandro nos desprecian, que no les importamos nada, con las habladurías que ha habido sobre mí y sobre ti. Yo por mi boda falsa, tu por tu relación con el capitán Álvarez.
- Dimitrio, porque me tienen que causar problemas tú y mama – dice Magdalena exasperada – pero porque... no te das cuenta que si le pido dinero en este momento a Alejandro va a pensar que mi acercamiento se debe a interés, me va a despreciar.
Sebastián y Francisco terminan de falsificar el testamento en el salón de la casa de Torres Quintero, están conversando sobre como hay que hacerlo, como imitar la letra del cura, pero, sin embargo, las firmas de Benjamín Almonte y de los testigos, deben ser evidentemente falsas, mientras hablan no reparan en que Adolfo escucha detrás de las cortinas de la entrada. Cuando dan por terminado el trabajo, Francisco le pide a Sebastián que Armida coloque el testamento falso en casa de Almonte, el autentico lo guardara en su secreter y más tarde lo destruirá.
Joaquín Arechiga visita a Magdalena para transmitirle la petición de su hija, le explica que esta muy enferma y quiere verla, ella le pidió que Alejandro no se enterara de su petición, pero él no puede hacerlo de esa forma, por lo que quiere ver a Almonte, Magdalena le informa que no esta y no sabe cuando regresara, pero ella se lo dirá cuando venga.
Sebastián entrega el testamento falso a Armida para que lo coloque en el despacho de Alejandro, los dos están muy contentos, todo esta listo y dentro de poco ella será la dueña de la fortuna Almonte. Sebastián confiesa que no podría haberlo hecho sin la ayuda de Torres Quintero.
Dimitrio esta en el salón de su casa con aspecto derrotado, entra Josefina y le pregunta que le sucede, Dimitrio no responde. Josefina intenta animarlo y le dice que le cree a él antes que a Adolfo. Dimitrio no comprende el porque de esa confianza.
- Porque me doy cuenta que no eres tan malo como pareces, te has preocupado mucho por tu cuñado y últimamente has sido muy amable conmigo. Te quiero dar las gracias por las flores que me has mandado.
- ¿Cuáles flores? – pregunta Dimitrio reaccionando ante la noticia –
- Las que llegaron en días pasado ¿No fuiste tu?
- ¿Estuviste recibiendo flores? ¿De quien? – pregunta Dimitrio indignado –
- No lo sé – responde Josefina desconcertada – Yo creí que habías sido tu.
- Por supuesto que no ¿Quién te las mando? – Dimitrio se ha puesto de pie y se pasea enfadado por la habitación -
- Te juro que no lo sé – Josefina esta desconcertada y asustada – Yo no conozco a nadie.
Ese es el momento que Adolfo elige para aparecer, con gesto apurado en casa de Dimitrio solicitando hablar con él de algo muy importante.
Dimitrio se vuelve hacia él furioso.
- No te he dicho que no quiero que pongas un pie en esta casa – grita Dimitrio descompuesto –
- Pero es que... – Adolfo intenta explicarse –
- Si has venido por el dinero ya te dije que no vas a ver un centavo – Dimitrio se detiene, lo mira suspicaz – Ya que estas aquí... se me ocurre una cosa... ¿Acaso fuiste tú quien se atrevió a mandarle flores a mi mujer?
- No sé que estas hablando – contesta Alfonso poniendo gesto ofendido – Pero si has decidido romper definitivamente con nuestra amistad allá tu. – Adolfo se marcha a toda prisa, ante la mirada amenazadora de Dimitrio –
En la noche Armida entra furtivamente en el despacho de Alejandro para dejar el testamento falso en el cajón del que saco el verdadero, acaba de dejarlo, cuando la sorprende Magdalena que le pregunta que hace allí a esa hora. Armida le responde con aire inocente que no podía dormir y buscaba un libro para leer. Magdalena da por buena la disculpa y la deja sola.
En su dormitorio Alejandro comienza a desvestirse, se quita la chaqueta y la deja en la silla que hay frente al tocador, alguien llama a la puerta, Alejandro le da paso y entra Magdalena, Alejandro la contempla unos instantes mientras ella se acerca y se detiene frente a él, después dice.
- Estaba pensando hasta cuando te ibas a decidir a venir ¡Me has tenido muy solo!
- Es que... antes estábamos enojados, además... – Magdalena vacila insegura – no sabia si deseaban mi compañía, como no me lo pediste.
- Bueno, no te lo pedí porque la decisión de irte a otra habitación fue tuya, no quise presionarte – Alejandro le sonríe - pero de que me da gusto verte, no puedes dudarlo.
Magdalena aparta la mirada, baja la cabeza y apoya su mano en el tocador inquieta.
- ¿Que pasa? – pregunta Alejandro alarmado –
- Tengo miedo que lo que te voy a decir eche a perder todo otra vez – dice Magdalena insegura –
- ¿Todo? ¿Qué? – pregunta Alejandro cada vez más alarmado –
- Lo nuestro – responde Magdalena –
- ¿Por qué?
- Por favor no pienses que si he buscado reconciliarme contigo ha sido por interés – dice Magdalena preocupada – Yo no quería decírtelo, esta mañana vino Dimitrio y dijo que tal vez seria peor.
- ¿Qué ha pasado? – pregunta Alejandro francamente alarmado –
- Mi mama ha hipotecado nuevamente la hacienda y mañana vence el plazo – Magdalena se adelanta a la respuesta de Alejandro – No te estoy pidiendo que cubras este compromiso, solo quería que estuvieras enterado, a mi no me importa si se pierden esas tierras o no.
- Bueno, la mitad son tuyas – dice Alejandro tranquilo –
- Si, y también hay otra cosa. Estuvo aquí el señor Arechiga, Angélica esta muy mal y me quiere ver. A mí me gustaría ir Alejandro.
Francisco va a ver al gobernador par explicarle sus sospechas sobre la impostura de Almonte. Le cuenta que se entero que es bastardo, que Benjamín Almonte lo reconoció en su lecho de muerte, pero este siempre negó tener hijos, asi que sospecha que ese testamento pueda ser falso. El gobernador le da permiso para investigar, pero discretamente, porque si el asunto trasciende y después se queda en nada, todos van a pensar que la traen en contra de Almonte.
A casa de los Mendoza llegan Magdalena y Alejandro, este pide a Paula los papeles de la hipoteca, cuando ella los trae, los revisa y se los guarda, diciendo que ese mismo día pasara por el banco para pagarla, después le pide a Paula que antes de volver a contraer esa clase de compromisos hable con él, la mitad de esas tierras es de Magdalena, inmediatamente se levanta para retirarse y Magdalena lo acompaña. Cuando salen Paula se revuelve furiosa llamándole patán, asegurando que se le nota su bajo origen, si de todos modos iba a pagar porque a tenido que hacerlo de esa forma tan humillante. Carmen alega que tiene que estar fastidiado de que siempre le estén pidiendo dinero, porque hay que ser sinceros, lo que se dice obligación no tiene. Paula indignada le contesta que claro que tiene obligación, de alguna manera tiene que pagar el favor que le hicieron cuando se emparentaron con él.
Angélica se muere sin remedio, José Luis esta muy preocupado comentándolo con Rufino en el salón de su casa cuando, ante la estupefacción de José Luis, entran Magdalena y Alejandro, este saluda con voz seca.
- Me dijo el señor Arechiga que Angélica quería verme – dice Magdalena –
José Luis le invita a acompañarle al dormitorio de Angélica, Magdalena mira a Alejandro dudando, este le indica que vaya, la esperara. Magdalena sigue a José Luis y Rufino se queda solo con Alejandro, se miran sin hablar ante la evidente incomodidad de Rufino.
Magdalena llega a la cabecera de la cama de Angélica y se angustia al ver el estado en que esta. Angélica le da las gracias por haber venido, quiere pedirle un favor, ella sabe que su familia detesta a José Luis y se olvidaran de él en cuanto muera, también sabe que él no aceptara su dinero, asi que había pensado escribir a su madrina para que hablara con quien ella sabe y auspiciara la carrera militar de José Luis, sin que él se enterara porque jamás aceptaría, ella ya no puede escribir esta demasiado débil, por eso le suplica que lo haga ella en su nombre, le indica que saque un papel con la dirección del cajón de su mesilla, Magdalena saca el papel y se lo guarda, le promete a Angélica hacer lo que ella quiere.
Mientras las dos mujeres hablan, José Luis y Alejandro están solos en el salón, Alejandro permanece de pie, muy serio. José Luis le invita a sentarse y Alejandro acepta, los dos están muy incómodos, no se hablan y apenas se miran, el ambiente es muy tenso, afortunadamente llega el señor Arechiga para romper la tensión. Alejandro se pone de pie y los dos hombres se saludan cordialmente. Alejandro le expresa su sentimiento por la situación de su hija y él les agradece su visita. Magdalena regresa de la habitación de la enferma secándose las lagrimas, se despiden del señor Arechiga y salen de la casa pasando frente a José Luis, Magdalena lo mira un instante y se retira sin saludarle. Alejandro se detiene un instante más largo y lo mira desafiante, después sale sin dirigirle la palabra.
Cuando Magdalena y Alejandro llegan a su casa son recibidos por Maria muy asustada, porque llegaron unos hombres y se llevaron a Rosario al juzgado. Alejandro muy preocupado se va a buscarla.
Rosario esta delante del juez al que acompaña Torres Quintero, comienzan a interrogarla, cuando un empleado entra y habla con Torres Quintero, este le anuncia al juez que Alejandro Almonte esta fuera y quiere presenciar el interrogatorio, pero él considera que no es conveniente.
Fin del capitulo 59.
Mar






Escrito desde Apr 13, 2003, 7:38 PM

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