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Capitulo 68 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Dimitrio sorprendido ante la pregunta de Maria vacila unos segundos antes de responder.
- Bueno, las autoridades demostraron que Alejandro no era quien decía ser – responde finalmente –
- ¡Ya ves, te lo dije! – exclama Maria volviéndose hacia Víctor –
- Maria no puedes pretender que el señor Mendoza crea en Alejandro tanto como nosotros – Víctor intenta tranquilizar a Maria –
- Pero si él piensa que Alejandro es un mentiroso no va a hacer nada para ayudarlo.
- ¿Se puede saber que están hablando ustedes? – pregunta Dimitrio sorprendido e impaciente – Sea lo que sea díganmelo de una vez ¿acaso saben donde esta escondido Alejandro?
- No, no se trata de eso – responde Víctor – Es que Maria escucho una conversación entre el marques de la Cruz y la señorita Guillén, parece que hay un hombre que los esta extorsionando porque dice tener el verdadero testamento del padre de Alejandro.
- ¿Están seguros? – Dimitrio los mira incrédulo –
- ¡Claro que sí! – responde Maria con firmeza –. Además, están muy asustados porque tienen miedo que ese hombre, ahora que se sabe que Alejandro esta vivo, le dé a él el testamento, dicen que Alejandro seria capaz de dar toda su fortuna con tal de tener ese papel.
- Pues si, ya lo creo pero... ¿Estas segura que hablaron de otro testamento?
- Los oí muy bien – responde Maria con seguridad –
- Bueno ¿Y como se llama el tipo que lo tiene?
- Ellos no lo saben, pero decían que Torres Quintero sí.
- ¡Francisco! – exclama Dimitrio – Es alguien que Francisco conoce.
- Acudimos a usted señor Mendoza porque ustedes son los mas interesados en que se aclare esta situación, por el buen nombre de su hermana y para que el hijo de Alejandro tenga el apellido que le corresponde – aclara Víctor –. Maria en un primer momento pensó pedir ayuda al señor Echevarri, pero yo le dije que por mas bien intencionado que sea, es pariente del señor Torres Quintero.
- Es que don Adolfo también sospecha algo – asegura Maria – hasta mando una carta a un amigo suyo en España, para saber cosas de don Sebastián y parece que no es de allá.
Torres Quintero se encuentra con Adolfo en el salón de su casa, vuelve a pedirle el testamento y ante la negativa de su cuñado pasa a las amenazas. Este asunto se ha vuelto muy peligroso, es mejor que le pida una fuerte cantidad a Armida y entregue el testamento, sino se vera obligado a decirle a Sebastián quien lo tiene y este es un hombre muy decidido, hasta ahora no ha hecho nada contra él porque es el hermano de su esposa. Adolfo se ríe cínico y le señala que si no ha tomado represalias contra él es porque no ha podido, sabe perfectamente que si le pasa algo el testamento llegara a la familia Mendoza con una carta de su puño y letra explicando todo lo sucedido. Francisco insiste en que debe entregar el testamento, si se le ha ocurrido la idea que puede sacarle mas dinero a Alejandro Almonte, debe saber que si llega a ver a ese hombre será muerto, porque no llegara vivo a Puebla.
En casa de los Mendoza, Dimitrio y Josefina conversan en el salón mientras Alejandrito juega en la alfombra. Josefina esta asombrada por las noticias que han traído Maria y Víctor.
- ¿Te das cuenta de lo que eso significaría para nosotros? – dice Dimitrio – Si ese testamento de verdad existiera, Alejandro ya no tendría que huir, recuperaría su nombre, su posición, Magdalena volvería a ser su esposa.
- Y Alejandrito tendría un apellido – termina Josefina – Tienes que hacer algo Dimitrio – Josefina duda – Pero... ¿cómo es posible que Torres Quintero, si sabe que existe ese testamento no haya dicho nada a las autoridades?
- Porque evidentemente esta involucrado – responde Dimitrio muy seguro – Mira, Alejandro le entrego el testamento al juez y cuando volvió a verlo dijo que no era el verdadero, que lo habían sustituido por otro y que la sustitución se efectuó en el juzgado ¿Quien puede haberlo hecho? ¿El juez? ¿Francisco? ¿Algún empleado? No, tiene que ser Francisco, era el único que tenia interés en perjudicar a Alejandro y ahora resulta que el testamento verdadero lo tiene otra persona que esta extorsionando a Armida Guillén. Francisco sabe quien es y lo permite.
- Tal vez esa persona no existe y es Francisco quien se quedo con el dinero – señala Josefina –
- No, no... él no necesita el dinero, es muy rico – Dimitrio reflexiona en voz alta -. Si yo fuera Francisco habría agarrado a ese hombre lo habría encerrado en una mazmorra y a golpes le hubiera obligado a entregarme el testamento, después lo habría matado... pero él no lo hizo ¿Por qué? Evidentemente porque no puede, ese hombre lo tiene amenazado ¿pero como? Además ¿quien puede ser tan audaz para atreverse a amenazar a Torres Quintero? En estos tres años ni siquiera se ha atrevido a decírselo al marques, además, hay otra cosa, Adolfo ha hecho averiguaciones sobre este marques de la Cruz y existe la sospecha de... – Dimitrio se interrumpe ante la impaciencia de Josefina, se golpea la frente y exclama - ¡Pero que imbecil soy! Cómo no se me había ocurrido antes... ¡Adolfo! Si fuera él quien tiene el testamento se podrían explicar tantas cosas. Desde hace varios años esta llevando vida de rey, gastando dinero a manos llenas, no se ha reconciliado con su padre y negocios no tiene, entonces... ¿De donde va a sacar tanto dinero? Si el testamento lo tiene él, la actitud de Francisco es lógico, es su cuñado.
- ¡Ay no Dimitrio! – exclama Josefina - ¿Tu crees que Adolfo teniendo en sus manos la posibilidad de evitar todo esto habría dejado que tu hermana sufriera tanta vergüenza? Él siempre ha apreciado mucho a Magdalena.
- Pero más aprecia el dinero – responde Dimitrio muy seguro –
Torres Quintero entra en el despacho de José Luis cuando este se dispone a salir para dirigir a la partida de soldados que van hacia la zona donde piensa que esta refugiado Alejandro. Torres Quintero le pregunta que va a hacer con Almonte si lo atrapa.
- Pues traerlo aquí, hay varios delitos por los que tiene que responder – dice José Luis muy digno –
- Yo le sugiero que lo mate en el sitio – indica muy serio Torres Quintero – Si lo trae a Puebla volverán a surgir las habladurías, la mas perjudicada seria su prometida. Además, tiene permiso del gobernador, su excelencia en ningún momento mando respetar su vida.
José Luis lo observa incomodo sin contestar, en ese momento entra Rufino, cuando ve a Torres Quintero intenta marcharse, pero José Luis lo retiene, y Francisco no tiene mas remedio que retirarse. José Luis le ordena a Rufino que continué registrando toda la región, quiere que no quede ranchería, casa, o casucha por registrar.
Torres Quintero busca a un soldado del regimiento que va a acompañar a José Luis y le da orden de matar a Alejandro si lo capturan, de ninguna manera debe llegar vivo a Puebla.
Manuel Calderón esta ya muy recuperado, se afeita en la celda que ocupa, cuando entran Magdalena y Alejandro, este los presenta y ella le agradece la ayuda que ha proporcionado a su marido todo este tiempo. Calderón responde que Alejandro los ha ayudado mucho mas a ellos, Magdalena se despide y se retira. Manuel le pide a Alejandro que se quede.
- Eres un hombre afortunado Alejandro – dice Calderón sonriendo –
- Si no estuviera en esta situación si – responde Alejandro – Encontramos un numero grande de hombres bien armados, tienen su refugio en una hacienda abandonada, no muy lejos de aquí, es un buen lugar y quieren juntarse con nosotros.
- Si claro – Calderón mira a Alejandro dubitativo – Alejandro, tu esposa no me parece una mujer adecuada para aguantar la vida que nos espera.
- Si, ya lo sé – responde Alejandro preocupado - ¿Tu crees que la lucha será inevitable?
- El señor Madero cree en unas elecciones limpias, pero sabes bien que no será asi. Porfirio Díaz y su camarilla no cederán el poder tan fácilmente, de todos modos, no es bueno adelantarnos a los acontecimientos, vamos a esperar las noticias que Cipriano y Felipe traigan de Puebla, después ya veremos.
Dimitrio va al encuentro de Adolfo en el casino, lo saluda y se sienta con él a beber una copa, lo sondea discretamente sobre su situación económica, él asegura que no tiene problemas, se lleva muy bien con Francisco y este cubre sus necesidades. Dimitrio al ver confirmadas sus sospechas propone a Adolfo reanudar su antigua amistad, anda muy aburrido y necesita algo de diversión, Adolfo acepta encantado y sellan el acuerdo con un apretón de manos.
Magdalena esta en la celda remendando su vestido, llega Alejandro para despedirse, se marcha del convento.
- Manuel ya esta mejor y lo vamos a llevar a un refugio de los nuestros no lejos de aquí, allí nos vamos a quedar – dice Alejandro –
- ¿Tu también? – Magdalena se pone de pie alarmada –
- Sí.
- Pero... ¿Y Rosario y yo? – pregunta Magdalena acercándose a él –
- La superiora accedió a que mi madre se quede aquí, pero tu no sé que has decidido.
- No me quiero separar de ti – Magdalena se abraza a Alejandro –
- No sé si hice bien en traerte aquí – dice Alejandro preocupado abrazándola – Yo sé que sufres porque estas lejos de nuestro hijo.
- Pero a lo mejor Cipriano puede...
- No, no Cipriano solo fue a ver como están las cosas, dudo mucho que podamos traer al niño, por lo menos en algún tiempo
Magdalena baja la cabeza con expresión triste.
- Si hubiera sabido que seguías queriéndome y que tu decisión de casarte era porque pensabas que estaba muerto, te hubiera mandado un recado, con eso hubiera sido suficiente. Pero creí que ya no me amabas y quise impedir que fueras de otro aun por la fuerza – dice Alejandro arrepentido –
- Pero no te hubiera visto Alejandro – Magdalena lo mira suplicante - ¿Por qué no me llevas contigo a ese lugar?
- Es que tu no tienes idea de lo que es vivir en el campo, sin la menor comodidad, durmiendo en el suelo.
- Pero estaría a tu lado.
- No, no lo resistirías.
- Ponme a prueba – pide Magdalena –
- Mira vamos a esperar hasta que Cipriano venga y después decidimos, tal vez venga con buenas noticias – Alejandro la besa con ternura y se despide –
- ¿Vendrás esta noche? – pregunta Magdalena –
- Pero mi amor ¿tu crees que yo no quiero estar contigo? Pero la madre Encarnación me ha pedido respeto para el lugar en que estamos.
- Pero es que yo no me refería a eso.
- Si, ya lo sé, pero quise decírtelo yo para que entiendas el porque de las cosas.
- Te amo – dice Magdalena mirándole a los ojos –
- Yo también a ti, y con eso me vasta por el momento - Alejandro la besa suavemente –
En la puerta de la la prisión del padre Abundio se escuchan unos golpes. Remigio asustado no quiere abrir, los soldados tiran la puerta abajo y aparece Rufino que se queda de piedra al reconocer al padre Abundio, al darse cuenta que estaba prisionero Rufino se apresura a llevarse al padre Abundio y le promete contarle todo lo sucedido por el camino.
Magdalena esta preocupada porque Alejandro no llega, se sienta con Rosario en el patio del convento y esta le dice que Alejandro le contó que Magdalena piensa que ella mintió. Rosario le asegura que dijo la verdad, Alejandro es hijo del patrón. Magdalena le responde que a ella no le importa, se quedara con él aunque no sea su marido, porque aunque sea verdad que Alejandro es un Almonte, le quitaron el apellido, asi que a los ojos de la sociedad ya no están casados, pero ella no se va a separar de Alejandro. Le da lo mismo el escándalo, que digan lo que quieran, pero estarán siempre juntos.
Suena la campanilla del convento, abren y entra José Luis, pregunta por los rebeldes que están operando en esta zona, la portera se va rápidamente a avisar a la madre superiora, cuando cruza el patio le cuenta a Rosario y Magdalena que son los soldados dirigidos por un tal coronel Álvarez. Magdalena se asusta ante la posibilidad de que Alejandro llegue en ese momento.
Manuel, Alejandro y su grupo han llegado a la hacienda que sirve de refugio a los alzados de la zona, comentan la posibilidad de unirse a otro grupo cercano para asaltar el cuartel de Cholula, necesitan armas. Son interrumpidos por el vigilante que dejaron en el convento, que anuncia que los soldados están allí. Alejandro se marcha para investigar, antes promete a Calderón que no hará nada aunque se lleven a Magdalena, pero necesita saber que sucede.
José Luis le pregunta a la superiora por unos hombres armados que han estado operando por la zona, ella dice no saber nada. José Luis para convencerla, le cuenta que ha llevado a una de las damas mas distinguidas de Puebla, la ha raptado a la fuerza ante los ojos de su familia y de su prometido.
La madre superiora no tiene mas remedio que dejar registrar el convento, aunque le pide que no entren en las celdas de las religiosas.
José Luis y sus hombres registran el convento, en el establo encuentran restos de municiones y huellas de caballos, por lo que deducen que los rebeldes han estado escondidos en ese lugar.
Magdalena y Rosario están encerradas en una de las celdas muy asustadas. Magdalena quiere entregarse para evitar que José Luis la siga buscando y llegue a dar con Alejandro. Rosario le pide que no lo haga, porque su hijo se pondría muy triste. Magdalena considera que su vida es más importante, pero Rosario le asegura que para Alejandro nada es más importante que ella.
La madre superiora entra en la celda y les cuenta que los soldados están registrando el convento, pero que no entraran en las celdas, deben quedarse quietas, le trae un habito a Rosario para que se disfrace.
José Luis habla con la superiora en el patio del convento, le enseña el cartucho que encontraron en el establo, también hay huellas recientes de caballos.
- Tengo entendido que para los religiosos es pecado mentir. Mas pecado es proteger a unos delincuentes que se dedican a robar a asesinar y a abusar de mujeres indefensas – acusa José Luis –. Madre debe ayudarme, esos bandidos tienen a una mujer cuya familia esta muy desesperada por su suerte, se la llevaron sin contemplaciones, separándola de su hijo de cuatro años que necesita de su madre, no entiendo por que no me dice la verdad madre. Todo lo que le hayan contado para tenerla de su lado son mentiras. Mire madre yo soy un hombre de honor, no puedo, no quiero obligarla a hablar, le pido que lo haga.
- Yo no sé quien tenga razón – dice angustiada la superiora - si usted o lo otros, ellos dicen que están peleando por una causa justa, para que la gente pobre ya no pase hambre.
- Entonces son rebeldes ¿Cómo se llamaba su jefe Alejandro Almonte?
- Ya se fue.
- ¿Cuándo?
- Ayer
- ¿Eran muchos?
- No, unos cuantos.
- ¿Había una mujer rubia, muy hermosa con ellos? ¡Madre por favor contésteme, esa mujer es mi prometida! Ese infeliz me la arrebato con lujo de fuerza, yo amo a esa mujer y ella me quiere a mí, mire, íbamos a casarnos, y ahora ella esta en las manos de ese hombre, indefensa ante sus pretensiones.
La madre superiora le pide que la deje pensar, debe pedir consejo al señor y le manda regresar al día siguiente. José Luis no tiene mas remedio que aceptar.
Cuando los soldados salen del convento Rosario y Magdalena van a pedir noticias muy angustiadas, la madre superiora les cuenta que el coronel tiene casi la seguridad de que el que estuvo allí fue Alejandro Almonte y le pide a Magdalena hablar con ella a solas.
- El coronel me pareció muy convencido y sincero, pero yo no sé que hacer.
- Es que yo me iba a casar con él para darle un apellido a mi hijo, porque pensé que Alejandro estaba muerto.
- Pero Alejandro es tu marido o no.
- Bueno legalmente ya no lo es porque lo desconocieron como hijo de Benjamín Almonte, pero es el hombre que yo quiero y el padre de mi hijo.
- Pero entonces porque no hablas con el coronel Álvarez, le explicas las cosas. Él esta convencido que te retienen a la fuerza, pero si le dices cuales son tus sentimientos yo estoy segura que los dejara en paz.
- No madre, no. José Luis no se resignara tan fácilmente, si no lo hizo antes cuando frente a todo el mundo Alejandro era mi marido, mucho menos lo va a hacer ahora que esta convencido que no lo es.
- Entonces ¿qué vamos a hacer hija? El coronel sabe que le he mentido, sabe que unos hombres armados han estado aquí y si me exige registrar el convento, aun vestida asi te va a reconocer.
Alejandro regresa de su inspección en el convento, encuentra muy preocupado a Calderón porque se ha enterado que Madero esta en la cárcel, las elecciones están efectuándose por todo el país, pero no pueden tener mucha legalidad con el candidato de la oposición en la cárcel.
Alejandro le cuenta que los soldados son muchos, mas de un centenar y los manda José Luis Álvarez, lo vio salir del convento, pero Magdalena no iba con él, eso quiere decir que no la encontró. Alejandro dice que ese hombre le persigue a él, asi que es mejor que se vaya un tiempo con otro grupo, si hacen correr el rumor de que él esta fuera dejara ese rumbo para perseguirlo.
Rufino ha llevado al padre Abundio ha casa de José Luis, después de bañarse y afeitarse va en busca de Rufino y le cuenta que quiere ir a ver a las autoridades inmediatamente. Rufino intenta impedirle salir, pero el padre Abundio dice que tendrá que matarle para conseguir que no salga a la calle.
Fin del capitulo 68.
Mar






Escrito desde Apr 25, 2003, 9:24 PM

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