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Capitulo 69 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Rufino protesta ante la afirmación del padre, él no podría matarle, de ninguna manera es esa su intención, solo quiere impedirle salir porque el tipo que lo tenia prisionero era de Puebla, a lo mejor lo ve por la calle y vuelve a capturarlo.
El padre Abundio, dice que si Dios llevo a Rufino a su prisión es por algo, y nada le sucederá. Antes de irse Rufino le pregunta si es cierto que Alejandro Almonte es quien dice ser y si la señora Magdalena es su esposa. El padre Abundio responde que Alejandro es el legitimo heredero de Benjamín Almonte y Magdalena su esposa por todas las leyes, eso deja bastante afectado a Rufino.
Paula sigue postrada en la cama, no quiere levantarse, Carmen intenta convencerla para que lo haga; El medico asegura que no tiene nada, si levanta se sentirá mejor. Paula pregunta por su nieto, quiere verlo. Carmen le informa que no esta, Josefina se lo llevo al parque, la esposa de Dimitrio se ha portado muy bien, apoyándolas durante toda la crisis.
- La única que se ha portado mal soy yo – dice deprimida Paula –
- ¡Otra vez con eso! – exclama Carmen impaciente – Eso es lo que te esta haciendo daño, te atormentas para nada.
- Yo labre la infelicidad de mis hijos.
- Eso debiste de haberlo pensado antes – dice Carmen fastidiada - ¡Ah, perdón! No era mi intención decirte eso Paula.
- Es la verdad – responde Paula apenada –
- ¡Pues sí! Pero como íbamos nosotras a pensar que Alejandro no era quien decía ser.
- Pero fui yo quien se fijo en él y lo escogió para marido de Magdalena, yo sabia que era un bastardo y eso debió de haberme detenido. Si cuado ella me suplico que le permitiera casarse con José Luis Álvarez yo la hubiese apoyado. Iván podría haberle ayudado a hacer carrera, ya ves hasta donde llego y por sí solo.
- Bueno pero es que nuestra situación económica estaba muy mal.
- Pero hubiéramos podido salir adelante, en todo caso era mejor la ruina que esta vergüenza que ha caído sobre nuestra familia. Magdalena robada por unos bandoleros, mi nieto un bastardo.
- Yo no veo las cosas tan trágicas como tu – asegura Carmen optimista – Mira, Dimitrio y Josefina tengo la impresión de que se están llevando muy bien. El niño – Carmen vacila y después se encoge de hombre – bueno pues eso ni modo. Pero en lo que se refiere a Magdalena ella nunca dejo de amar a Alejandro y ahora angustiada y todo, pero ha de ser feliz junto a él.
- Dios quiera que sea como tu dices – responde escéptica Paula –
En una cantina que hay frente a la casa de los Mendoza, Cipriano y Felipe vigilan, se han dado cuenta que es imposible sacar al niño, esta totalmente rodeada de policías, mientras vigila Cipriano contempla asombrado como el padre Abundio llega a la casa y entra en ella.
Carmen ha acudido a Dimitrio le pide que se invente algo para animar a su madre, conversan en el vestíbulo cuando suena la campanilla una sirvienta va a abrir la puerta y ambos se quedan de piedra cuando ven entrar al padre Abundio.
- Buenas tardes – saluda el padre Abundio – Soy yo aunque no lo crean.
- ¡Pero bueno! – exclama asombrado Dimitrio – Parece que los muertos están volviendo de la tumba, primero Alejandro y ahora usted.
- ¿Pero donde estuvo todo este tiempo padre? – pregunta estupefacta Carmen –
- Un hombre me tuvo encerrado, nunca quiso decirme el porque, pero ahora lo sé, para poder cometer tranquilamente esa infamia en contra de Alejandro, para poder despojarlo de su legitimo nombre, de su mujer y de su hijo – el padre Abundio los mira con aire de reproche – Ya se que todos creyeron en ese engaño y también ustedes, por eso antes que nada vine aquí a verlos a ustedes.
- ¿Pero entonces Alejandro no nos ha engañado? ¿Magdalena es su esposa de verdad? – pregunta Carmen alborozada –
- Me sorprende que hayas podido creer eso hija – reprocha el padre Abundio – Conociste muy bien a Alejandro.
Dimitrio le indica al padre Abundio que pase al despacho para que puedan conversar tranquilamente.
Magdalena vestida de monja esta sentada en la celda que le han asignado muy pensativa, entra Rosario también vestida de monja para contarle que los soldados siguen fuera vigilando. Magdalena esta muy preocupada porque Alejandro prometió venir y tiene miedo que lo atrapen. Magdalena toma su vestido y decide ponérselo para irse y de ese modo conseguir que José Luis retire a los soldados, vino a buscarla a ella. Rosario intenta tranquilizarla, esta segura que Alejandro ya se habrá dado cuenta y tomara sus precauciones, pero Magdalena afirma que no es solo eso, si al día siguiente registran el convento y las encuentran, a ella la llevaran a Puebla, pero Rosario se ira directa para la cárcel.
Dimitrio sentado a la mesa del despacho con el padre Abundio frente a él lo interroga ante la mirada atenta de Carmen.
- ¿Y cuando fue a por usted ese individuo? – pregunta Dimitrio –
- Al día siguiente que ese señor Torres Quintero junto con el marques de la Cruz fueron a verme.
- Y usted les dijo categóricamente que Benjamín Almonte había admitido a Alejandro como su hijo.
- ¿Cómo no se lo iba a decir si era la verdad? Yo mismo redacte el testamento, él no podía hacerlo, pero después puso su firma bien clara y los testigos también, luego lo lleve al juez de Zacatecas y él hizo todas las diligencias necesarias asegurándose que todo estaba correcto.
- ¿Y también dice usted que ese hombre lo iba a matar pero se arrepintió?
- Asi fue – asegura el padre Abundio – Y me llevo a esa casa de la cañada, iba a verme de vez en cuando, pero por mas que le insistí nunca quiso decirme ni su nombre, ni el porque me tenia allá. El pobre muchacho que me cuidaba era mudo y no sabia escribir.
- Pues lo mas seguro es que Francisco haya querido desaparecerlo a usted para que no hablara a favor de Alejandro – Dimitrio se pone de pie y se acerca al padre Abundio – Mire padre usted por el momento no puede acudir a las autoridades.
- ¿Por qué?
- Porque lo primero que van a hacer en cuanto les diga quien es seria arrestarlo, no olvide que también hay una orden de aprensión en su contra.
- Pero yo iré inmediatamente a hablar a exigir – dice el padre Abundio indignado-
- Si, pero es que mientras se abren las averiguaciones, usted estará en la cárcel, lo que equivale a estar en manos de Torres Quintero, lo cual quiere decir que usted será un hombre muerto padre. Yo le ruego que se quede aquí unos dos o tres días, mientras yo hago unas averiguaciones.
- Si, pero ese soldado que lo encontró, el ayudante del coronel Álvarez ¿no sé lo ira a decir? – dice Carmen –
- ¿Le dijo usted que venia para aquí? – pregunta preocupado Dimitrio –
- No, pero es un buen hombre – responde el padre Abundio –
- En este momento no podemos confiar en nadie y menos si es un amigo del coronel Álvarez – asegura Dimitrio –
- Pues si, porque no le va a gustar nada el enterarse de que Magdalena sigue casada con Alejandro – Carmen esta loca de alegría - ¡Bendito sea el señor! Esto me parece un milagro.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Manuel Calderón se pasea preocupado, llega Alejandro de vigilar a los soldados; Estos siguen alrededor del convento y no parecen dispuestos a irse. Calderón se muestra preocupado por Cipriano y Felipe, deben llegar esa noche de Puebla y no saben que ya no están en el convento, pueden atraparlos y si Felipe trae algún recado escrito de sus cómplices en Puebla serán descubiertos. Alejandro sugiere atacar a los soldados para después retirarse hacia el norte, asi obligaran a los soldados a perseguirles y dejaran libre el camino de Puebla, si Cipriano y Felipe están cerca oirán los disparos y tomaran precauciones y en la confusión él podrá sacar del convento a su madre y su esposa. Calderón acepta el plan.
Dimitrio esta en el casino bebiendo en compañía de Adolfo, este esta un poco bebido y se muestra muy contento de volver a ser amigo de Dimitrio, lo extrañaba mucho, siempre le tuvo mucho aprecio, claro que ahora se ha convertido en un hombre serio y trabajador. Dimitrio aclara que ha sido a la fuerza, pero que le gustaría estar todo el día de fiesta como él. Adolfo se ofrece a invitarle, el dinero le sobra. Dimitrio se sorprende por la generosidad de Francisco. Adolfo riendo cínicamente responde que su cuñado y otro, además de un tercero que daría lo que fuera por contribuir.
José Luis se pasea como un poseso por los alrededores del convento, llega Rufino a toda prisa para contarle la reaparición del padre Abundio; Lo encontró en una casa en la cañada, estaba prisionero para que no hablara, pues resulta que Alejandro si es un Almonte de verdad, no mintió, los que mintieron fueron los otros. José Luis palidece, no puede aceptar lo que Rufino le cuenta.
En el convento Magdalena se dispone a ponerse su vestido cuando se escucha disparos, Rosario y ella se miran asustadas, Alejandro llega a toda prisa y les dice que sus hombres están atacando a los soldados para distraerlos, hay que salir rápidamente para aprovechar la confusión. Magdalena le advierte que el José Luis quien manda a los soldados; Alejandro que ya lo sabe, le mira fijamente y le pregunta si quiere venir con él o tiene miedo y prefiere quedarse. Magdalena no lo duda, ira con él, se viste rápidamente con el habito y salen del convento dejando el vestido en la celda.
Adolfo y Dimitrio siguen hablando y bebiendo. Dimitrio lleva la conversación sobre su hermana y Alejandro; Él esta seguro que Alejandro dice la verdad y que alguien sustituyo el testamento, antes de desapareces Alejandro le dijo que había cotejado las firmas varias veces y que la de su padre era autentica. Dimitrio se muestra muy apenado, ahora que tiene mucho dinero estaría dispuesto a dar la mitad de la fortuna de su esposa, que esta a puesto a su nombre hace unos días, a quien pudiera darle datos que ayudaran a probar que Alejandro es quien dice ser, lo haría por su hermana y por su sobrino. Es muy injusto que la pobre criatura tenga que llevar toda su vida el estigma del bastardo. Además, la persona que le diera los datos tendría su palabra de caballero de que se mantendría en secreto su identidad. Adolfo se pone cada vez más nervioso y se despide bruscamente.
José Luis ha estado toda la noche persiguiendo a los rebeldes, cada vez esta mas lejos del convento, da la orden de detenerse, se dio cuenta que era una trampa y solo querían alejarlos. Regresan y entran a registrar el convento, en una de las celdas encuentran el vestido de Magdalena, se lo llevan a José Luis que indignado interroga a la madre superiora.
- Este es el vestido que mi prometida llevaba la noche que ese bandido se la robo – dice José Luis agitando el vestido ante la superiora –
- Estuvo aquí, es verdad – responde nerviosa la madre – Pero durante el combate su marido se la llevo.
- ¡Su marido! – exclama despectivo y fastidiado José Luis –
Da orden de volver a registrar todo el convento; no deben dejar un palmo sin mirar, pero es inútil, los rebeldes y Magdalena ya no están allí y no tiene mas remedio que rendirse.
Magdalena esta dormida en el suelo enrollada en una manta, se despierta y Calderón que ha estado vigilando se acerca y le cuenta que Alejandro no esta, se fue y estará lejos un tiempo, se ha ido al norte. Magdalena se indigna porque no se despidió de ella.
- Pensamos que era lo mejor señora – responde Calderón –
- Por supuesto que no fue lo mejor, fue una crueldad – dice Magdalena al borde de las lagrimas –
- Escuche señora. Al coronel Álvarez lo único que le interesa es usted, y no descansara hasta haberla encontrado. Nuestra posición aquí es débil, y no podemos defenderla como quisiéramos, por eso decidimos que Alejandro se alejara, el coronel lo seguirá creyendo que usted esta con él, asi nosotros tendremos tiempo de organizarnos mejor.
- ¿Pero cuando volverá? –
- No lo sabemos.
- ¿Todo ha sido por mi culpa verdad? – pregunta triste Magdalena –
- No, el enfrentamiento con los federales tarde o temprano tendría que ocurrir, lo de usted solo ha precipitado las cosas. No se preocupe, Alejandro sabe como cuidarse, siento mucho decirle que aquí no hay comodidades, tal vez se arrepienta de haber venido.
- ¿Le molesta que este aquí?
- No, pero le espera una vida muy dura, para una dama como usted es difícil ¿quiere comer algo?
- No, no tengo apetito, gracias.
Manuel se retira y llega Rosario con un plato de comida que ella misma a preparado, Magdalena lo acepta con una sonrisa, mientras come llega Cipriano se acerca a Magdalena y Rosario para darle las noticias que trae de Puebla. Magdalena pregunta por su hijo y Cipriano tiene que decirle que no hay nada que hacer, la casa esta demasiado vigilada, pero tiene una buena noticia, ha visto al padrecito Abundio, estaba entrando en la casa de los Mendoza. Rosario y Magdalena no pueden creerlo, cuando al fin se convencen que es verdad las dos se miran sonrientes y esperanzadas.
Josefina se esta peinando delante del tocador mientras tararea una cancioncilla picara mirando a Dimitrio a través del espejo, él esta sentado en la cama muerto de risa. Josefina se vuelve y le pregunta porque llego tan tarde la noche anterior y Dimitrio responde que estuvo con Adolfo, esta seguro que es él quien tiene el testamento.
- Porque no vas a ver al gobernador con el padre Abundio y le cuentas todo, de tus sospechas, de lo que oyó Maria, de todo – sugiere Josefina –
- ¿Y sí el gobernador esta de acuerdo con Torres Quintero?
- ¡Ay no! El gobernador es un caballero, un hombre decente.
- No te lo creas – señala Dimitrio –. Además, Francisco es su colaborador, si resulta mezclado en este asunto el prestigio del gobernador se vería empañado.
- Bueno ¿y entonces que vas a hacer?
- Lo ideal seria tener el documento, dárselo a la prensa, mover la opinión publica, siendo asi, el gobernador no le quedaría mas remedio que hacernos caso – dice Dimitrio –
Josefina se acerca y se sienta a la cabecera de la cama.
- ¿Cómo lo vas a lograr? – pregunta Josefina –
- Bueno, le dije a Adolfo que – Dimitrio duda – solo lo hice para ver si tenia el testamento, no tengo intención de cumplir.
- ¿Qué? – pregunta Finita impaciente –
- Que tu habías puesto todos tus bienes a mi nombre y que yo estaba dispuesto a dar la mitad con tal de ayudar a mi hermana – Dimitrio se apresura a aclarar – Solo te estoy pidiendo que me apoyes en caso de que Adolfo lo pregunte.
- ¡Pero Dimitro! – ha Josefina se le ilumina el rostro y sonríe abiertamente – Me parece una idea maravillosa, podemos hacerlo de verdad.
- No, no, es tu dinero y yo no tengo ningún derecho.
- ¡Ay! Claro que tienes todo el derecho del mundo – Josefina le toma la mano cariñosa – Porque eres mi esposo, porque todo lo que es mío es tuyo y porque...
- Y porque te quiero Finita – dice Dimitrio mientras tira de ella y la echa sobre la cama mientras se besan riéndose –
Magdalena le cuenta a Manuel Calderón la reaparición del padre Abundio, esta muy contenta porque considera que las cosas pueden arreglarse, nadie dudara de la palabra de un sacerdote y si a Alejandro le devuelven su nombre ellos ya no tendrán que huir ni esconderse.
- Tal vez a Alejandro le devuelvan su nombre y sus bienes, pero de ser fusilado no le salva nadie – dice Manuel con tristeza – Alejandro es un revolucionario señora, esta luchando en contra del gobierno, y si nos agarran para nosotros no habrá mas que la muerte.
- Entonces ¿Va a tener que huir siempre, toda la vida? – pregunta Magdalena asustada –
- Por un tiempo por lo menos, las noticias que recibí de Puebla no son nada halagadoras. El señor Madero aun sigue en la cárcel y se han cometido muchos fraudes electorales. El único camino que nos queda es la lucha armada. Yo le aconsejo señora que vuelva a Puebla.
- Sin despedirme de Alejandro no – dice muy decidida Magdalena –
- Tal vez pasen varias semanas antes de que regrese. – Manuel saluda y se retira –
Magdalena se acerca a Rosario muy triste para contarle que aunque le devuelvan el apellido, Alejandro va a tener que seguir huyendo, tiene mucho miedo. Rosario intenta animarla, deben rezar mucho y la virgen no permitirá que eso suceda.
Alejandro esta en Durango y hasta allí acude Cipriano le lleva dos cartas, una de Magdalena y otra de Manuel y, además, le cuenta que el padre Abundio apareció, él lo vio entrando en casa de los Mendoza, espero hasta la noche para ver si salía y podía hablar con él, pero no volvió a salir de la casa. Alejandro le pregunta porque no regreso a Puebla y él contesta que quería hacerlo y la patrona también, pero Manuel considero que era peligroso y no lo permitió. Alejandro lee las dos cartas, Magdalena le escribe que desea ver a su hijo porque lo extraña mucho pero que no se ira sin antes verle, si él no puede regresar le pide que escriba a Manuel para que le permita alcanzarlo, no le asusta el peligro ni las dificultades de camino.
Manuel le cuenta que Madero esta arrestado en San Luis Potosí, se esta preparando un plan para liberarlo, se ira a extranjero para entrevistarse con otros lideres de la oposición y preparar un alzamiento en todo el país. Le aconseja que escriba a su esposa para convencerla de que regrese a Puebla, allí no tiene nada que hacer, y aun si ella se muestra muy valiente, se da cuenta de que sufre.
Dimitrio y Finita han invitado a Adolfo a cenar, aprovechando la visita Josefina le cuenta lo preocupados que están por la situación de Magdalena y su disposición de convertir en millonario a quien les ayude a solucionarla. Adolfo, como siempre que se saca el tema se pone muy nervioso y se despide rápidamente. Josefina se sienta en las escaleras con aire decepcionado.
- Por mas que se le insinúan las cosas no quiere ceder – dice Dimitrio desesperado-
- ¿Y si estamos equivocados y no es él quien tiene ese papel? – se pregunta Finita-
- Estoy seguro de que es él, si no se decide pronto no sé que voy a hacer con el padre Abundio, insiste en ir a ver a las autoridades, cree que le van a hacer caso.
Magdalena termina de atender a un herido y va hacia Rosario con aire cansado.
- Sabe, cada vez que atiendo un herido, no puedo evitar pensar que Alejandro puede estar también herido.
- ¡Ay no! Ni lo piense siquiera – dice Rosario asustada –
- ¡Ay Rosario! Cuanto admiro su fortaleza, usted también ha de sufrir mucho, Alejandro es su hijo.
- Yo he sufrido toda mi vida niña, estoy acostumbrada, en cambio usted, me da tanta pena verla asi, con esta ropa, durmiendo en el suelo ¿Por qué no le hace caso a Manuel y vuelve a Puebla? Usted puede hacerlo, por lo menos estaría junto a los suyos y con el niño.
- Todos los días lo pienso, pero si vuelvo a Puebla tengo miedo de no volver a ver a Alejandro nunca mas Rosario – los ojos se le llenan de lagrimas – Por eso sigo aquí, cada mañana despierto con la esperanza que ese sea el día en que aparezca, aunque sea una sola vez, una sola, pero quiero verlo.
Benítez no tiene mas remedio que comunicarle a Torres Quintero que no se atrevió a matar al padre Abundio y que este fue liberado por el asistente del coronel Álvarez. Torres Quintero lo mira encolerizado llamándole imbecil.
Fin del capitulo 69.
Mar






Escrito desde Apr 27, 2003, 2:53 PM

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