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Capitulo 70 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Rufino entra a toda prisa en el despacho de José Luis, se ha enterado que Alejandro Almonte esta en Durango.
- Si, ya lo sé – responde José Luis muy serio – acabo de recibir permiso del señor presidente para ir para allá.
- Pepe ¿por qué no dejas las cosas por la paz? – pregunta Rufino acongojado –
- ¿Qué quieres decir Rufino?
- Que ese cristiano tenia todo el derecho de venir por su mujer – dice Rufino –
- ¡Ella no es su mujer! – exclama José Luis molesto –
- Pero si el padrecito dijo...
- ¡Tal vez! – José Luis interrumpe a Rufino muy alterado – tal vez el padre Abundio se vio obligado a mentir. Puede haber mil motivos por los que estuviera escondido, además, ya paso mas de un mes desde que lo encontraste y hasta ahora ninguna denuncia ha sido presentada.
- Pues a lo mejor el chango ese que lo tenia encerrado lo encontró y se lo echo. El mismo cura me dijo que era de Puebla – Rufino le suplica cordura – De todos modos Pepe, esa mujer tiene marido.
José Luis suspira fastidiado ante la insistencia de Rufino y intenta convencerle que esta en lo correcto al perseguir a Alejandro sin tregua.
- Alejandro Almonte... o como se llame... es un bandolero, un bandido que esta luchando en contra del gobierno, tengo ordenes de combatirlo y matarlo.
- Mira Pepe ¿te acuerdas cuando te salve de que te fusilaran y andábamos por hay huyendo? – José Luis asiente y Rufino continua su argumentación – Recuerdo muy bien que una vez me dijiste que el pueblo ya se estaba cansando y que tarde o temprano iban a agarrar a todos esos ricachones por el mero cogote y eso mismo es lo que esta haciendo el hacendado. Asi que si te lo quieres echar no es por revoltoso, sino porque se llevo a la güerita.
Josefina llega del parque con Alejandrito. Dimitrio sale a recibirlos. Adolfo acude a invitarlos al teatro y le presentan al niño, le hace unas carantoñas y comenta lo guapo y simpático que es. Josefina aprovecha para comentar lo preocupados que están por la situación del pobrecito niño, ante el nerviosismo de Adolfo. Dimitrio acepta la invitación y lo hace pasar al despacho, le pide a Josefina que lleve al niño con su madre mirándola significativamente.
El padre Abundio se pasea por el dormitorio de Paula reprochándole su anterior actitud, todo le paso por ser demasiado ambiciosa, el dinero no lo es todo en la vida.
- Es que yo debería haberle dicho a Magdalena que Alejandro estaba vivo – dice Paula acosada por los remordimientos – Si lo hubiera hecho, ella no se habría comprometido con el coronel Álvarez y no hubiera sucedido todo esto tan horrible, ahora ya nada tiene solución ¡Qué vergüenza padre! Mi hija desprestigiada de esa manera, porque aun si usted dice que Alejandro es su marido, los demás no lo saben.
- Pues si, pero es por culpa de tu hijo que no sé que esta esperando – asegura el padre Abundio indignado –
Llega Josefina con el niño, se lo entrega a Paula y advierte al padre Abundio que no debe bajar porque Adolfo esta en la casa.
Dimitrio sigue insistiendo sobre la supuesta prueba de la inocencia de Alejandro. Adolfo se siente muy incomodo y protesta; No sabe porque esta tan seguro de que esa prueba existe. Dimitrio ya cansado del juego del gato y el ratón, se acerca a la mesa del despacho donde esta sentado Adolfo y apoyándose en ella le enfrenta directamente.
- Te voy a decir la verdad ¿te acuerdas de Maria? – Adolfo asiente – Pues se ha quedado a trabajar para Armida y escucho una conversación entre ella y el marques. Ella se entero que existe una persona que desde hace tiempo esta extorsionándolos porque tiene el verdadero testamento – Dimitrio mira a Adolfo acusador –
- Pues a lo mejor es una mentira de esa muchacha – dice Adolfo nervioso, esquivando la mirada de Dimitrio –
- No es mentira Adolfo – asegura Dimitrio terminante –
Torres Quintero ha ido al despacho de José Luis a reclamarle que no entregara al padre Abundio a las autoridades, por muy sacerdote que sea hay una orden de arresto contra él, asi que le exige que le diga donde esta. José Luis no puede menos que extrañarse ante tanta urgencia por encontrar a un anciano sacerdote.
- ¿Y usted como se entero de todo esto? – pregunta José Luis – ¿Acaso se lo dijo el hombre que lo tenia prisionero?
- Yo averiguo todo lo que quiero coronel – asegura Torres Quintero altivo – Su ayudante lo encontró, lo trajo con él aquí a Puebla y quiero que me lo entregue.
- ¿A usted?
- A las autoridades competentes – dice Torres Quintero impaciente –
- No sabemos donde esta - asegura José Luis –
Rufino que ha observado la escena en silencio interviene y le jura a Torres Quintero que no sabe donde esta, lo trajo hasta Puebla y después el cura se marcho. Torres Quintero le acusa de reconocerlo y dejarlo escapar, pero José Luis dice terminante que Rufino no sabia de quien se trataba y si no le cree puede registrar su casa. Torres Quintero no tiene mas remedio que conformarse con la palabra de José Luis.
Adolfo esta en casa leyendo el periódico cuando llega su cuñado muy enfadado e impaciente, le pregunta cuanto dinero quiere por entregarle el testamento de Benjamín Almonte la cosa urge, se pone muy agresivo y Adolfo asustado acepta entregarlo a cambio de una buena cantidad de dinero.
Armida le comenta a Maria que Alejandro será arrestado tarde o temprano y que acabara fusilado, ella lo siente porque Alejandro le gustaba mucho, si él no hubiera estado casado ella se habría casado con él y los dos estarían disfrutando de su fortuna. Maria pregunta que habría sucedido con Sebastián y Armida asegura que nada, habría seguido disfrutando de la vida como lo hace ahora. Sebastián y ella se conocen desde hace muchos años, en Lima iban juntos a todos lados, fiestas, bailes, casinos a los dos les gustaba mucho jugar, entonces era muy divertido, ahora se le ha agriado el carácter. Maria pregunta sorprendida como era posible que su familia le dejara hacer esa vida, Armida se da cuenta que se ha ido de la lengua y intenta rectificar, en ese momento llaman a la puerta. Maria va a abrir y entra Torres Quintero, que pasa al salón. Maria se queda escuchando la conversación, pero vuelve a sonar la campanilla de la puerta, se ve obligada a abrir y no puede escuchar como Torres Quintero le pide a Armida el dinero que Adolfo le ha exigido por entregar el testamento. Ella le pide una semana para poder reunir el dinero.
Magdalena ha salido del campamento y llora sola en medio del bosque. Manuel va en su busca bastante molesto y le pide que no se aleje sin avisarle, es demasiado hermosa y no le gustaría que algunos de sus hombres tuvieran ideas equivocadas sobre ella. Magdalena pide disculpas, no pensó que hubiera peligro.
- Esto no es para usted señora – dice Manuel impaciente – hágame caso y regrese a Puebla.
- Es que no quiero irme sin antes haber visto a Alejandro aunque sea una sola vez – dice Magdalena llorando angustiada –
- Alejandro es muy importante en este momento para nosotros y no puede abandonar el lugar donde esta – señala Manuel irritado –
- También para mí es importante – Magdalena se enfrenta a él con lagrimas en los ojos – Es lo más importante de mi vida y si he aguantado todo esto es con la única esperanza de volverlo a ver, aunque sea una vez – mira a Manuel suplicante -. ¡Es que yo lo amo! Y si no ha venido es porque usted no quiere ¡Dígale que venga o mándeme con él! Por favor se lo ruego.
- No se da cuenta que seria muy peligroso, la distancia es grande y hay soldados por todo el país, si Alejandro se atreve a venir a verla arriesga su vida ¿Eso es lo que usted quiere?
Magdalena mueve la cabeza negativamente llorando.
- Magdalena, no soy tan insensible – dice Calderón amable – La entiendo y estoy seguro que en estos momentos Alejandro esta luchando en contra de sus deseos de venir a verla, pero si se le ha prohibido hacerlo es por su bien ¡Créame!
- Pues entonces ¿cuando lo voy a volver a ver? ¿Hasta que esto termine? ¿Y si se muere antes? – Magdalena llora sin consuelo – Por lo menos hubiera dejado que se despidiera de mí.
Magdalena se marcha dejando a Manuel con la palabra en la boca.
Adolfo y Dimitrio han regresado de la representación teatral, están conversando en el despacho comentando que la representación no valió la pena. Dimitrio señala que había mujeres de buen ver; Adolfo dice que esta harto, esas mujeres no van mas que a sacarle el dinero.
- Pero tu tienes mucho – dice Dimitrio – y más que podrías tener si te decidieras a entregarme el testamento de Benjamín Almonte.
- ¿De que estas hablando? – dice Adolfo nervioso –
- Vamos a hablar con las cartas sobre la mesa – Dimitrio enfrenta a Adolfo – Tu tienes el testamento de Benjamín Almonte.
- ¡Estas loco! – exclama Adolfo apartando la mirada –
- ¡Es la verdad! ¿Tu crees que Armida Guillén te va a ofrecer mas que nosotros? Hemos sido amigos desde niños Adolfo, yo sé que aprecias a Magdalena ¿Te hace feliz el saber que va a ser una desdichada toda su vida?
- ¡Por supuesto que no! Pero no sé que me estas hablando.
- ¡Lo sabes muy bien! – dice Dimitrio acusador - ¿Qué te cuesta? Lo mismo que te puede dar Armida te lo puedo dar yo, hasta mas, en cuanto Alejandro recupere su fortuna estara dispuesto a darte lo que quieras ¿Por qué deberias de favorecer a una desconocida? Tu y yo hemos sido como hermanos.
- ¡Ni tanto! – señala Adolfo resentido – Recuerdo muy bien la vez que te ayude para que tu cuñado saliera de la cárcel, me prometiste un dinero que jamás me entregaste.
- Bueno si, es cierto – responde Dimitrio arrepentido – pero ahora las cosas han cambiado, si no me tienes confianza Josefina te puede firmar un pagare por la cantidad que quieras a cambio del documento. Te juro por la memoria de mi padre que nadie sabrá quien me lo ha entregado y si es que tienes miedo de alguien me puedo esperar para entregarlo a las autoridades hasta que te hayas marchado ¿no era tu deseo irte a vivir a Europa? ¡Adolfo por Dios! Ayudamos a salir de esta situación tan vergonzosa, a ti te da lo mismo favorecer a unos o a otros ¿por qué los beneficiados no deberíamos de ser nosotros? Somos tus iguales, tus amigos.
- Yo... si las cosas fueran asi, como tu dices, te juro que... pero es que yo no tengo ningún documento.
Dimitrio mira a Adolfo con aire de desesperación ante la obstinación de su amigo.
Ha pasado una semana y Dimitrio se dispone a visitar a Adolfo, este sigue negando ser quien tiene el testamento, Dimitrio esta comenzando a impacientarse y si no se lo da por las buenas esta dispuesto a quitárselo a como de lugar. En el vestíbulo se encuentra con Josefina que se va para el parque con Alejandrito, salen juntos de la casa.
Alejandro en Durango recibe una carta de Manuel; Han tenido algunos enfrentamientos con los federales y todo ha salido bien, ya están organizados y cada vez se les une mas gente. El coronel Álvarez ha salido para Durango a buscarlo, al frente de un gran contingente de soldados, por lo que ya ha cumplido la misión. Puede regresar cuando quiera.
En la casa de Torres Quintero, Adolfo descansa en el salón, entra su cuñado y le entrega el dinero que le pidió a Armida y le exige la entrega del testamento del padre de Alejandro. Adolfo se ríe y le dice que si de verdad pensaba que era tan imbecil como para guardarlo en su casa; Tiene que ir a buscarlo, se lo entregara cuando lo tenga, antes quiere contar el dinero. Torres Quintero esta furioso, pero cuando va a amenazar a Adolfo, entra Nadia conduciendo a Dimitrio que ha venido a visitarlo, este esconde rápidamente el sobre con el dinero en su chaqueta. Torres Quintero saluda molesto por la interrupción, Dimitrio responde con frialdad. Torres Quintero insiste en llevarse a Adolfo pues estaban tratando de un tema importante, pero este asegura que no era tan urgente, que más tarde le dará lo que le pide porque tiene que ir a buscarlo, después de un tira y afloja Torres Quintero no tiene mas remedio que retirarse bastante fastidiado. Nadia invita a Dimitrio a tomar un café, se sienta con ellos y conversa, se interesa por el estado de su madre y hermana, Dimitrio le contesta sin apartar su mirada acusadora de Adolfo que se siente francamente incomodo.
Josefina regresa a casa muy alterada y cuenta a la familia y al padre Abundio que el niño se le perdió en el parque. Ella se detuvo a platicar con una amiga, el niño estaba a su lado y cuando volvió a mirar había desaparecido, lo busco por todo el parque, pregunto a todo el mundo, pero nadie lo había visto. Paula se desmaya ante la noticia y no tiene mas remedio que atenderla, cuando se recupera todas las mujeres lloran sin saber que hacer. El padre Abundio toma el mando, deben ir a buscarlo todos, incluidos los sirvientes, preguntar a todo el mundo, llamar a todas las puertas. Todos se disponen a emprender la búsqueda, incluido el padre Abundio, que no esta dispuesto a quedarse encerrado ante la crisis. Josefina decide ir a buscar a Dimitrio, sabe que esta en casa de Adolfo.
En casa de Torres Quintero Nadia mira el reloj y se despide; debe ir a hacer unas visitas, los dos amigos se quedan por fin solos: Ante la mirada acusadora de Dimitrio, Adolfo reacciona y intenta disculparse.
- Sabes Dimitrio, estuve pensando. Tu dices que existe otro testamento y aun suponiendo que sea verdad ¿De qué sirve recuperarlo? Tu cuñado, o lo que haya sido nunca volverá a disfrutar de su posición. Ahora se le busca también como un opositor al régimen; Dice Francisco que manda un grupo de gente armada que roba, asesina, asalta cuarteles, mata soldados.
- Ya lo sé, pero si quiero aclarar la situación no es por él, es por mi hermana y por mi sobrino – Dimitrio encara a Adolfo – Ten siquiera un gesto de decencia por lo menos una vez en tu vida.
- ¡Me estas insultando! – exclama Adolfo ofendido –
- Te estoy diciendo la verdad – asegura Dimitrio con firmeza - ¿Es que no hay nada en este mundo que conmueva tu alma negra?
Adolfo se dispone a contestar pero es interrumpido por la irrupción de Nadia, seguida de una desesperada Finita, que se arroja sobre Dimitrio contándole entre jadeos que ha perdido a Alejandrito en el parque, después enfurecida se lanza sobre Adolfo, que se ha puesto de pie para recibirla, gritándole dispuesta a golpearle.
- ¡Y usted! Usted es un desvergonzado, un infame que goza con el sufrimiento de los demás, es un sinvergüenza, que ha vendido su alma al diablo.
Ante el peligro de que Josefina acabe abofeteándole, Adolfo le sujeta el brazo.
- ¡Suélteme! – exclama Josefina soltándose con brusquedad – Pero yo también estoy dispuesta a pagar lo que sea – se vuelve hacia Nadia que contempla la escena sorprendida – Él tiene el verdadero testamento del padre de Alejandro y no lo quiere entregar. Todo fue un engaño, una mentira Nadia, y su hermano lo sabe perfectamente.
- No es cierto Nadia – dice Adolfo muy nervioso – Están inventando.
Dimitrio harto del juego, se da la vuelta y enfrenta a Nadia.
- ¡Bueno ya esta bien! Que se sepan de una vez las cosas. Tu hermano ha estado extorsionando a Armida Guillén, amenazándola con entregar el verdadero testamento de Benjamín Almonte.
- No los creas Nadia – dice Adolfo –
- ¡Ah! Entonces explícale a tu hermana de donde has sacado el dinero para vivir como vives.
- Ellos tienen razón Adolfo ¡Quiero que me lo expliques! – Nadia se enfrenta su hermano enfurecida - Porque si no lo haces voy a ir con nuestro padre, y le voy a pedir que venga a Puebla y él a puras bofetadas te va a sacar la verdad. Habla, habla o soy capaz de... – Nadia levanta la mano para abofetear a Adolfo –
- ¡No te va a gustar saber la verdad! – dice Adolfo a su hermana –
- ¡Que hables te digo! – grita amenazadora Nadia –
En el refugio de los rebeldes Manuel esta sentado en un rincón fumando pensativo, se acerca Magdalena y se sienta a su lado.
- Me da tanta pena esta pobre gente – dice Magdalena conmovida –
- Si son tan miserables es por culpa de...
- Si, ya sé de nosotros – Magdalena termina la frase – Pero que bueno, que hay gente como usted o como Alejandro para ayudarles.
- ¿Usted cree que ganaremos? – pregunta Manuel –
- No lo sé, pero seria lo justo – asegura Magdalena –
- ¿No se ofende si le digo una cosa? Envidio a Alejandro por tenerla a usted – confuso Manuel cambia de tema – Esta noche iremos a Cholula.
- ¿Para que?
- Ha volar el deposito de municiones de los federales.
- Por favor tenga cuidado – dice Magdalena preocupada –
- Gracias, gracias por sus buenos deseos y... – Manuel duda unos momentos – También quiero decirle que le escribí a Alejandro pidiéndole que volviera.
Magdalena sonríe feliz y agradecida ante la noticia.
En casa de Torres Quintero, Nadia llora sin consuelo por las indignidades que cometió su marido. Adolfo debe ir con las autoridades, no le importa que su marido sea acusado y el escándalo caiga sobre su familia, ella no puede permitir tanta injusticia. Dimitrio media tranquilizando el asunto, pueden arreglarlo para que Francisco quede al margen, en atención a Nadia; La culpa recaerá sobre Armida Guillén y Sebastián.
- ¿Pero como? – pregunta Adolfo no muy convencido – Además, que le voy a decir a Francisco si ya me dio el dinero.
- Pues se lo devuelves – dice Nadia muy enfadada –
- Tu todavía no te has dado cuenta de la clase de hombre que es tu marido, me puede matar – Adolfo mira a Dimitrio suplicante – Dimitrio tenemos que pensar en algo para salir de este embrollo con vida.
Dimitrio y Josefina regresan a la casa y son recibidos por Carmen muy preocupada. No han encontrado al niño y encima el padre Abundio no regresa, tienen miedo que le haya sucedido algo.
Josefina se abraza a Dimitrio llorando angustiada, este decide avisar a la policía. Esta hablando con Benítez informándole de lo sucedido y exigiendo que ponga a todos sus hombres a buscar al niño cuando entra Torres Quintero. Dimitrio le lanza una mirada despectiva y se retira sin saludar. Francisco después de enterarse de lo sucedido da orden de no buscar al niño.
Por fin regresa el padre Abundio ante el alivio de toda la familia, busco por todas partes, llamo en todas las puertas, pregunto a todo el mundo pero no hay rastro del niño.
Nadia esta muy enfadada con Adolfo, se avergüenza que sea su hermano, no entiende porque no le dio el testamento a Dimitrio de una vez.
- Porque... – Adolfo muy alterado – Se lo voy a dar, pero déjame hacer las cosas a mi manera.
Llega Francisco y Nadia se retira sin saludarle después de lanzarle una mirada acusadora. Francisco se enfrenta a Adolfo preguntándole si ya tiene el documento, este le responde que llegara en unos días, lo tiene un amigo suyo que vive en la capital, ya le mando un telegrama pidiéndoselo.
- ¿Quieres decir que alguien más esta enterado? – pregunta Francisco Alarmado –
- No, él no sabe nada – asegura Adolfo asustado –
- Estas mintiendo – Francisco lo agarra por las solapas, lo levanta del sofá y lo zarandea.
- Si no me suelta llamo a mi hermana – amenaza Adolfo –
Francisco Torres Quintero lo suelta empujándolo al sofá mientras lo mira amenazador.
Josefina y Dimitrio conversan en el despacho, ella esta desesperada, han pasado muchos días y todavía no saben nada del niño, ahora no desea que Magdalena regrese, porque si lo hace antes de que encuentren a Alejandrito no sabe que va a decirle, todo fue culpa suya. Dimitrio intenta consolarla, después, le comenta que esta preocupado por la reacción de Adolfo, hace una semana que no se sabe nada de él. Le dijo a Francisco que iba a la capital a por el testamento y desapareció.
- Conozco tan bien a Adolfo – dice Dimitrio – Yo sé que en el fondo es un sentimental, él quiere darme el testamento a mí, lo que pasa es que tiene miedo de Francisco.
- Pero es su cuñado, no se atreverá a hacerle nada.
- ¡Quién sabe Josefina, quien sabe! – responde Dimitrio preocupado –
Alejandro regresa al refugio de Puebla, va al encuentro de Manuel y lo primero que hace es preguntar por su esposa y su madre, su amigo le dice que salieron a caminar un rato escoltadas por dos hombres, le indica la dirección y Alejandro sale rapidamente a su encuentro. Rosario es la primera que lo ve y corre a abrazarlo muy contenta de verlo, Magdalena corre tambien al encuentro de Alejandro y se arroja en sus brazos. Rosario ordena a los hombres que las escoltaban que se retiren y ella tambien se va. Magdalena y Alejandro se quedan solos en medio del camino besándose.
Alejandro y Magdalena estan sentados en el bosque, muy juntos, Alejandro la abraza.
- ¿Me quieres? – pregunta Magdalena cariñosa –
- Mas que a nada en el mundo – responde Alejandro apasionado –
- ¿Y porque me dejaste tanto tiempo sola? – se queja Magdalena –
- Pero ahora ya esto aquí – responde Alejandro acariciándola con ternura – Voy a mandar a Cipriano a Puebla para tener noticias del padre Abundio y de nuestro hijo. – Alejandro mira preocupado a Magdalena – Te he sacrificado mucho y no puedo decirte cuanto va a durar esto ¿Quieres volver a Puebla?
- No, no quiero hablar ahora de eso – asegura Magdalena, los dos se besan apasionadamente –
Fin del capitulo 70.
Mar







Escrito desde Apr 29, 2003, 5:38 PM

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