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Capitulo 71 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Armida prepara una fiesta para la compañía de teatro que esta actuando en la ciudad, los artistas suelen ser gente divertida y ella tiene ganas de pasárselo bien. Sebastián esta inquieto, hace mas de una semana que le dieron el dinero a Torres Quintero y este todavía no les ha entregado el documento. Armida responde fastidiada que ella confía en Torres Quintero, nunca les ha fallado y tiene tanto interés como ellos porque las cosas continúen tal como están. Sebastián duda, tiene la impresión que el asunto se esta volviendo peligroso, y le propone a Armida vender todas las propiedades y marcharse a vivir a Europa. Maria ha estado escuchando toda la conversación detrás de la puerta.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Alejandro esta sentado aparte pensativo, Magdalena se acerca con un café.
- ¿Cuándo volverá Cipriano? – pregunta Magdalena –
- En cuanto tenga respuesta de tu familia - Alejandro y Magdalena se sientan en unas balas de paja cercanas - ¡Qué extraño es lo del padre Abundio ¡ - dice Alejandro –
- ¿Qué crees que habrá pasado? – pregunta Magdalena intrigada –
- No lo sé.
- ¿Piensas que ya se habrá arreglado todo? Quiero decir... ¿el padre Abundio habrá hablado con las autoridades? ¿Se habrá reconocido tu inocencia?
- Puede ser – responde Alejandro lacónico –
- ¡Estoy segura que sí! – responde Magdalena sonriente y esperanzada – Nuestro hijo tendrá apellido y todo el mundo sabrá que siempre fuiste mi marido – entusiasmada -. ¡Vas a recuperar todo lo tuyo Alejandro!
- De todos modo Magdalena – Alejandro toma las manos de Magdalena y duda antes de hablar – Las cosas ya no van a ser como antes, se me va a seguir buscando por mis actividades rebeldes y si antes mi condena era la cárcel... ¡Ahora ya no!
- Pero puedes decir que te vistes obligado a huir, que esta gente te ayudo y que tuviste que...
- No, no Magdalena – Alejandro la interrumpe y dice con firmeza – Si yo estoy con ellos es por convicción no por necesidad.
- Ya lo sé pero... – Magdalena vacila un momento y después baja la cabeza - ¡Perdóname! Soy muy egoísta, solo pienso en mi.
- No mi amor, te entiendo – Alejandro le besa la mano con ternura – El egoísta soy yo, que te he obligado a quedarte aquí.
- No, tu no me obligaste – responde inmediatamente Magdalena –
- Sabes bien que si – Alejandro muy serio, parece preocupado – Me he aprovechado de tu cariño y no es justo ni por ti, ni por nuestro hijo.
- Pero Alejandrito se nos reunirá en cuanto mi tía lea la carta que le mande – Magdalena esta muy contenta y mira a Alejandro sonriente – Va a llevar a nuestro hijo a ese pueblo, estaremos otra vez juntos.
- Si, pero quiero que estés bien segura, que no te arrepientas después – Alejandro duda de la cordura de la decisión – Tu y el niño tendrán que seguirme a donde yo vaya y siempre en lugares como este, siempre en el peligro, no van a tener comodidades.
- Pero tendremos tu amor, tu protección – responde Magdalena con convicción – Alejandro, si no hay otro futuro, si tendrás que huir siempre, es justo que nosotros estemos contigo. Aquí hay muchos niños y mujeres que siguen a sus hombres.
- Pero tú eres diferente Magdalena.
- Yo solo sé que te quiero, y quiero estar contigo hasta el ultimo momento – Magdalena mira a los ojos a Alejandro enamorada y totalmente decidida a seguirlo –
José Luis ha regresado de Durango con las manos vacías, y en compañía de Rufino visita a los Mendoza para saber si han tenido noticias de Magdalena. Dimitrio lo recibe y después de comunicarle que no saben nada de su hermana, le pregunta por Alejandro. José Luis, muy fastidiado, le cuenta que cuando llegaron a Durango, Alejandro ya se había marchado con rumbo desconocido, estuvo allí, de eso esta seguro porque no se molesto en ocultarse, pero ahora no saben hacia donde partió. Él piensa seguir buscándolo, ira hasta en el mismo infierno si es necesario. Dimitrio le cuenta que su sobrino ha desaparecido. José Luis deduce inmediatamente que el raptor tiene que haber sido Alejandro.
Cipriano esta en la cantina frente a la casa de los Mendoza vigilando y esperando una oportunidad para entregar la carta, ve a Maria ir hacia la casa y sale corriendo en su busca, la alcanza frente a la puerta y le pide que lo siga, cuando Maria se dispone a hacerlo, la puerta se abre y salen José Luis y Rufino apuntando a Cipriano con sus armas y se lo llevan prisionero.
Maria entra en la casa muy alterada y le cuenta lo ocurrido a Dimitrio que se dispone a salir rápidamente para enterarse de donde llevaron a Cipriano, le pide a Maria que regrese en la noche para contarle lo sucedido con el testamente verdadero. Dimitrio sale y Maria se queda sola en medio del vestíbulo y ve con asombro al padre Abundio salir tranquilamente del despacho, al verla la saluda afectuoso, Maria lo recibe alborozada y los dos entran en el despacho para contarse lo sucedido desde la desaparición del sacerdote.
José Luis acompañado de Rufino arroja a Cipriano en un lúgubre calabozo. José Luis altivo y orgulloso se dirige a Cipriano con tono soberbio.
- ¿Dónde esta Almonte?
- Primero me como la lengua que decírselo – responde Cipriano despectivo –
Ante el tono y la mirada despectiva de Cipriano, Rufino lo amenaza con la culata del fusil.
- ¿Qué hacías frente a la casa de los Mendoza? – José Luis continua el interrogatorio –
- ¡Tomando el fresco! – responde Cipriano insolente –
Rufino vuelve a amenazarlo por no contestar como se debe y Cipriano escupe al suelo con desprecio, Rufino se dispone a atacarle pero José Luis le detiene con un gesto.
- Si no lo calientas este no te va a decir nada – señala Rufino encorajinado –
- ¡Ni muerto! – exclama Cipriano –
- Pues si, eso es lo que te podría pasar si no hablas – amenaza José Luis –
- Pues ya estaría de Dios – responde Cipriano desafiante –
José Luis da orden a Rufino de registrarlo por si lleva algún mensaje. Rufino encuentra la carta que Magdalena le escribió a su tía. Cipriano señala indiferente que no se van a enterar de nada que ya no sepan. José Luis rompe el sobre y lee la carta.

He decidido quedarme con Alejandro, es mi marido y lo amo. Yo sé que tu me entiendes, por eso recurro a ti, para que me ayudes a reunirme con mi hijo, te lo suplico tía, no te niegues o me harás infeliz el resto de mis días. Cipriano te explicara todos los detalles, dirás que vas de viaje unos días y te llevaras a Alejandrito hasta un pueblo que Cipriano te dirá, allá Alejandro te buscara y le entregaras a mi hijo.
Ponte de acuerdo con Cipriano en la fecha, pero que sea pronto te lo ruego, no sabes el deseo tan grande que tengo de estrechar a mi hijo entre mis brazos.
Los recuerdo a todos con amor y los extraño mucho, por mi no se preocupen soy muy feliz.
Un beso.
Magdalena.

José Luis termina de leer la carta muy alterado, jadea muy deprisa intentando tranquilizarse, después blande la carta en el aire mientras asegura.
- Todo, todo son mentiras – se dirige a Cipriano rabioso - ¿De qué medios se valió para obligarla a escribir estas cosas? ¿Cuál es el pueblo al que Almonte va a ir por su hijo?
- No se lo voy a decir – responde Cipriano rotundo –
- Cipriano tu no sabes cual es tu situación – dice José Luis enfurecido – Tu patrón es un traidor, un rebelde que ha causado muchos problemas y, además, se ha atrevido a robarme a mi prometida.
- ¡Su prometida! – exclama Cipriano irónico –
- ¡Sí mi prometida! – grita José Luis perdidos los nervios totalmente – Y más vale que hables por las buenas porque no quiero entregarte a las manos de la policía y te aseguro que ellos si tienen métodos para obligarte a decir todo.
- Pues eso es lo que usted dice, pero los indios somos muy tercos y este indio jamás va a traicionar a Alejandro ni muerto.
José Luis se lleva las manos a la cara con gesto de desesperación.
El padre Abundio y Maria están esperando ser recibidos en la antesala del obispo, pretenden exponerle el caso de Alejandro, los dos van a declarar a su favor.
Él padre Abundio esta seguro que el obispo le creerá; Debió haber venido inmediatamente a verlo y no escuchar los consejos de ese muchacho atolondrado. Esta seguro que todo se va a arreglar en cuanto el obispo hable con el gobernador, por muy influyente que sea Torres Quintero se va a ver obligado a decir quien tiene el testamento.
- ¡Se lo juro padre! Con tal de ayudar a Alejandro no me importa que se quede con “esa mujer” – asegura Maria con tono despectivo –
- Magdalena es su esposa y es buena – asegura el padre Abundio cortando a Maria-
Benito acude a informar a Torres Quintero de que Cipriano ha sido arrestado por el coronel Álvarez, le ha ofrecido sus servicios para interrogar al detenido pero este se ha negado. Torres Quintero da orden de interrogarle como él sabe a pesar de la negativa de José Luis.
José Luis regresa a su casa acompañado de Rufino, se deja caer en el sofá con aire de desesperación. Rufino le asegura que Cipriano no hablara, él tampoco lo haría en su lugar aunque lo mataran, pregunta a su patrón que decía la carta de Magdalena.
- Ya te dije, quiere a su hijo – responde molesto José Luis – Pero todo lo demás son mentiras, estoy seguro. Que lo quiere a él, que esta enamorada de él – mueve la cabeza desesperado -. Sepa Dios que métodos usa para obligarla, pobrecita, tal vez la maltrata, la asusta, ella siempre le tuvo miedo – José Luis levanta la voz y dice con mirada de odio - ¡Pero si hay justicia en este mundo, lo tengo que encontrar y hacerle pagar todo!
- Mira Pepe, yo te quiero mucho pero... – Rufino no puede terminar pues llaman a la puerta –
Rufino abre la puerta y entra Dimitrio Mendoza, saluda a José Luis y le pregunta porque no han permitido que entrara a ver a Cipriano y tampoco han querido darle informe de él. José Luis asegura que asi lo ordeno. Dimitrio solicita que le deje verlo, esta seguro de poder hacerle decir donde esta su hermana.
Alejandro y Magdalena pasean por el bosque muy juntos agarrado de la mano.
- Nunca he sido tan feliz como ahora – asegura Magdalena – Me acuerdo cuando te vi por primera vez, llegaste preguntando por mi papá.
- Si – responde Alejandro sonriendo – Y tu me dijiste que no estaba.
- Si, fue mi primera mentira contigo – Magdalena se detiene y pregunta – Dime ¿por qué aceptaste ese trato con mi mama?
- Porque me gustaste mucho – responde Alejandro –
- ¿De veras? – Magdalena sonríe feliz –
- ¡De veras!
- ¿Y no te arrepientes?
- No – Alejandro la mira a los ojos enamorado – Magdalena si supieras cuanto te quiero.
- ¡Quiero ser feliz Alejandro! Contigo y con nuestro hijo.
- ¡Lo serás! Te prometo que lo serás – Alejandro sonríe y le acaricia el rostro con ternura –
- ¡Te creo! – asegura Magdalena sonriendo confiada, los dos se besan en medio del camino –
Dimitrio acude a ver a Cipriano, este esta tirado en el suelo cubierto de sangre, la policía le ha interrogado pero no ha conseguido sacarle ninguna información. Dimitrio se inclina sobre él, le ofrece un cigarro y después de asegurar que esta de su lado le pregunta por el paradero de Alejandro y Magdalena, Cipriano se niega a hablar. Dimitrio le cuenta que el niño ha desaparecido, quiere saber si lo tienen ellos, Cipriano sorprendido responde que no. Dimitrio vuelve a insistir, quiere saber donde están, le jura por la memoria de su padre que no se lo dirá a nadie, pero Cipriano asegura que no se lo dirá a nadie, ni siquiera a él.
La fiesta de Armida esta en su apogeo, Torres Quintero se ha llevado a la anfitriona a un aparte en el vestíbulo, intenta besarla, quiere que entren en el despacho, ella le gusta mucho. Suena la campanilla, Armida abre y se encuentra con una mujer que dice conocerla y la llama Adelina ante la sorpresa de Torres Quintero. Armida le asegura que se ha equivocado de persona.
Maria regresa a casa de los Mendoza y le cuenta a Carmen que el señor obispo prometido hablar al día siguiente con el gobernador, el padre Abundio se ha quedado a dormir en casa del obispo bajo su protección, llega Dimitrio y al conocer las novedades expresa su deseo de que el gobernador les haga caso.
Armida esta comentando con Sebastián lo sucedido la noche anterior, una de las invitadas era conocida de los dos, se llama Luisa y la reconoció inmediatamente, ella le dijo que estaba equivocada, pero no la creyó, aunque tuvo la discreción de callarse. Maria hace su entrada en la casa, ha estado fuera todo el día y la noche anterior, Armida la regaña, no la paga para que solucione sus problemas personales, suena la campanilla y Maria acude a abrir, es Luisa que pregunta por Armida, esta da la orden de decir que no esta, Maria acude a la puerta y comunica que los señores no están. Luisa pregunta intrigada si el esposo de Armida se apellida Guillén y si es rico. Maria dándose cuenta que hay gato encerrado tira de la lengua a la visita, afirmando que ese es el apellido del marido y le pregunta si es amiga suya.
- Bueno nos conocimos hace muchos años en Lima, yo soy artista, me da mucho gusto que le haya ido tan bien – dice mirando a su alrededor –
- ¡Perdone señorita! – dice Maria – Usted me pregunto que si Guillén era su apellido de casada ¿cómo se llamaba de soltera?
Antes de que Luisa pueda contestar sale Sebastián rápidamente del salón y tira de la visita hacia el interior de la casa. Maria la retiene y insiste, quiere saber como era su apellido de soltera, porque si ella creyó que Guillén era el apellido de casada, significa que no es sobrina de Benjamín Almonte. Maria se vuelve hacia Sebastián.
- Como usted no es ningún marques de la Cruz y eso Adolfo lo sabe.
Sebastián intenta atrapa a Maria para impedirle salir de la casa pero Luisa sorprendida se interpone. Maria sale corriendo después de amenazarle con lo que le hará Alejandro cuando se entere.
Sebastián intenta hacer creer a la asombrada Luisa que Maria es una loca que tienen en la casa por compasión. Luisa quiere saber porque Adelina se hace llamar Armida Guillén, la hacen pasar al salón y le cuentan una parte de la historia: Sebastián era el profesor de música de la verdadera Armida Guillén, la familia le hablo sobre el tío de México que no tenia hijos y quería hacer de Armida su heredera. Una noche la familia fue masacrada y él pensó que Adelina podía hacerse pasar por Armida y reclamar la fortuna, pues el tío no conocía a su sobrina. Cuando llegaron, Benjamín Almonte ya había muerto y encontraron un impostor ocupando su lugar, recurrieron a Torres Quintero que les creyó y demostró que el testamento que había otorgado las propiedades al supuesto hijo de Almonte era falso.
El obispo ha ido a ver al gobernador que llama a Torres Quintero a su presencia bastante molesto.
El cura insiste en que lo mantuvieron secuestrado y que Alejandro Almonte ostenta el apellido legítimamente, también afirma que el testamento que se demostró era falso no es el mismo que él redacto, ha sido sustituido. Además, hay un testigo que escucho una conversación muy comprometedora entre Armida Guillén y el marques de la Cruz, en la que afirmaban que una persona les esta extorsionando con el verdadero testamento y que usted sabe quien es. Torres Quintero protesta, no es posible que su señoría crea semejantes patrañas.
- Yo no creo nada – dice el gobernador fastidiado – Pero el obispo exige que se investiguen los hechos, yo no sé hasta que punto dice la verdad ese sacerdote – el gobernador se inclina sobre la mesa mirando amenazador a Torres Quintero – pero si usted esta mezclado en esto, tiene que arreglar las cosas a como de lugar. No quiero escándalos y menos en un momento tan difícil como este. No quiero que este asunto trascienda y menos que se descubra que no de mis colaboradores esta involucrado en ello.
Torres Quintero intenta averiguar quien es el testigo, pero el gobernador no lo sabe. Después le advierte que el sacerdote debería ingresar en prisión, pero el gobernador se niega, porque prometió al obispo dejarlo bajo su protección.
Maria va en busca de Víctor a su hotel para contarle lo sucedido. Armida Guillén es una impostora, llego una señora de la compañía de teatro que la conoce de Lima y no se llama Armida, esa mujer se llama Luisa pero no recuerda el apellido. Víctor decide que hay que ir a buscarla inmediatamente y los dos salen a toda prisa.
Armida y Sebastián están muy contentos porque Luisa los creyó y parece que se callara lo que sabe. Torres Quintero llega para avisarles que alguien los escucho hablar sobre el verdadero testamento y ya ha acudido al gobernador quiere saber quien puede ser el testigo. Armida llega a la conclusión que debe ser Maria, que, además, esa misma mañana se fue de la casa.
José Luis ha ido a casa de los Mendoza para entregar la carta de Magdalena que le quito a Cipriano. Paula lo recibe en el despacho, parece una mujer totalmente diferente, toda su anterior soberbia y altanería han desaparecido, después de leer la carta se compadece de Magdalena, que parece desesperada por la ausencia de su hijo.
- Yo había pensado que lo tenían ellos, pero según la carta no es asi – dice José Luis –
- ¡Ojala se lo hubiera llevado Alejandro! Por lo menos estaría con su madre – asegura Paula –
- Lo encontraremos señora – y añade rabioso - ¡Y ese infeliz pagara por todo!
- ¿Y destruir a Magdalena para siempre, coronel? Ya sé que usted se había hecho muchas ilusiones con ella, siempre la ha querido pero – Paula le suplica – Mejor déjelos en paz.
- Ese hombre se la llevo a la fuerza – José Luis no puede contener su indignación-
- Si, pero ya vio lo que dice la carta. Lo quiere, esta feliz con él – asegura Paula serena –
- ¡Usted no puede creer eso! – exclama José Luis descompuesto – La obligo a escribir esas cosas para tenerlos a ustedes tranquilos. Magdalena no puede querer a un hombre que se ha burlado de ella, que desde que la conoció no ha hecho otra cosa que hacerla infeliz ¡Además, ella acepto casarse conmigo!
- No coronel, esta usted equivocado – dice Paula con tristeza – Usted se aferra a una idea equivocada, como lo hice yo por muchos años. Creí que solo lo que yo pensaba era justo, pero ya ve... Es verdad que obligue a Magdalena a casarse con Alejandro, pero después ella se enamoro de él...
- ¡No señora! – José Luis la interrumpe muy alterado negando la realidad una vez mas – Magdalena quiso cumplir con su deber de esposa, por eso les hizo creer a ustedes que amaba a ese hombre, pero yo sé que no es asi. Conozco a Magdalena tal vez mejor que cualquiera, y sé que un alma noble y delicada como la suya jamás se habría enamorado de un “hombre como ese” – José Luis se expresa con desprecio - ¿Ya ha olvidado todo lo que la hizo sufrir?
- No – Paula enfrenta a José Luis con la verdad – Pero seamos sinceros coronel, fue por culpa de usted, si al saber casada a Magdalena se hubiera apartado de su camino, Alejandro jamás hubiera dudado de ella.
José Luis incapaz de seguir escuchando, se levanta bruscamente para marcharse, pero antes se defiende.
- Y si usted señora, no la hubiese arrancado de mi lado, su hija ahora seria una mujer respetable y feliz – asegura José Luis con soberbia –
- Asumo mi parte de culpa – Paula lo desafía – Pero usted coronel, también haga lo mismo con la que le corresponde.
José Luis no responde y con un breve y seco saludo se retira apresuradamente.
Nadia esta bordando en el salón de su casa cuando llega su marido interesándose por el paradero de Adolfo. Ella sin mirarle responde que fue a la capital para arreglar unos asuntos y aun no regresa. Francisco intenta averiguar si sabe algo mas, pero Nadia apenas le contesta y no le mira, ya harto de la situación le pregunta porque esta asi de rara desde hace unos días.
Nadia incapaz de callarse le echa en cara su maldad; No comprende como pudo destruir de ese modo a una familia. Francisco intenta fingir que no sabe que esta hablando, pero su esposa le aclara que Adolfo se lo contó todo y sabe que junto con el marques de la Cruz falsifico y sustituyo el verdadero testamento del padre de Alejandro, también sabe que el testamento verdadero lo tiene Adolfo, este quiere entregarlo, pero le tiene miedo. Francisco afirma estar arrepentido, él también quiere entregarlo, el gobernador se ha enterado y se lo exige. Le pide a Nadia que se ponga en contacto con Adolfo para que regrese porque quiere hablar con él. Nadia le abraza feliz por lo que considera un cambio en su esposo, sin darse cuenta de la torva mirada que este lanza por encima de su hombro.
Alejandro y sus hombres han salido a defender a unos peones que se habían rebelado y a los que habían echado la tropa, regresan con algunos heridos, pero Alejandro esta ileso, Magdalena sale feliz a su encuentro,
- Siempre que te vas tengo miedo de que no regreses – dice Magdalena abrazándolo –
- ¿No te prometí que iba a volver? – Alejandro la abraza cariñoso –
- Si, pero uno de estos días podrías no cumplir tu promesa – dice Magdalena preocupada –
- ¿No ha vuelto Cipriano? – Alejandro esta extrañado por la tardanza –
- No, y ya debería haber regresado – Magdalena no puede ocultar su inquietud –
- Tal vez algo lo demoro – Alejandro oculta su preocupación para tranquilizarla – o quizá este esperando una respuesta de tu tía todavía – Alejandro la atrae hacia él y Magdalena apoya la cara en su pecho - ¿Estas segura que no nos iba a traicionar?
- ¡Por supuesto que no! – responde Magdalena mirándole a los ojos, Alejandro la mira unos segundos y la besa –
Víctor y Maria han pasado todo el día buscando a Luisa, por fin en la noche dan con ella en su hotel, una vez dentro de la habitación explican el motivo de su visita.
- Señorita por favor, si usted sabe que Armida no es quien dice ser nos lo tiene que decir, es muy importante – suplica Maria –
- Bueno me equivoque, la confundí con otra – responde apurada Luisa –
- No es cierto – asegura Maria volviéndose hacia Víctor –
- Es la verdad – asegura Luisa –
- Señorita, hay de por medio una familia, un hombre su esposa y una criatura de cuatro años – dice Víctor respetuoso – Tiene usted que escucharnos.
Fin del capitulo 71.
Mar






Escrito desde Apr 30, 2003, 7:26 PM

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