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Capitulo 73 de "Bodas de Odio"

by Mar

 
Adolfo se ha quedado solo en el cuartucho de la fonda tumbado en la cama triste y pensativo, alguien golpea la puerta, pregunta quien es, pero la única respuesta son unos golpes cada vez más apremiantes. Se levanta para abrir, apenas a tenido tiempo de franquear la entrada, cuando la puerta es empujada violentamente y entra Torres Quintero empuñando una pistola con la que apunta a Adolfo, mientras le pide que le entregue el testamente o lo mata. Adolfo retrocede pegándose contra la pared aterrorizado; Intenta explicarle a Torres Quintero que ya no tiene caso, Armida Guillén y su cómplice han sido descubierto, a estas horas ya deben estar en la cárcel. Torres Quintero le cuenta que ya lo ha arreglado para que sean detenidos al día siguiente y cuando lleguen ellos ya estarán muertos.
- Ya los mataste – dice Adolfo asustado –
- Aun no – Torres Quintero extiende la mano sin dejar de apuntar con el arma – Dame el testamento Adolfo, te advierto que estoy decidido a lo que sea con tal de ... de liberarme de este asunto.
- ¿Por qué no se lo entregamos a Dimitrio? Él prometió no decir nada de nosotros, dijo que haría como si lo hubiera recibido por correo.
- ¿Y tu le crees? Sabes bien que Dimitrio Mendoza me aborrece – vuelve a extender la mano - ¡Entrégamelo!
- No lo tengo – Adolfo esta muy asustado pegado a la pared jadeante – Se lo di a Dimitrio. Te lo juro, pregúntaselo a Nadia si no me crees.
- ¡Imbecil! – ruge Torres Quintero –
Un gato, que Adolfo tiene en el cuarto, maúlla y llama la atención de Torres Quintero que vuelve la cabeza hacia él, momento que aprovecha Adolfo para echarse encima de su cuñado y quitarle la pistola. Francisco cae contra la pared, detrás de una mesa, se levanta furioso y se enfrenta con Adolfo que ha vuelto a retroceder contra la pared mientras le apunta con el arma.
- ¡Vete o te mato! – dice asustado Adolfo –
- ¡No te atreverás!
Torres Quintero extiende su mano hacia Adolfo - ¡Damela Adolfo! – grita mientras avanza hacia él, Adolfo aterrorizado dispara y Torres Quintero cae muerto en medio de la habitación, Adolfo lo observa llorando.
José Luis entra en la celda de Cipriano para liberarle, Cipriano se levanta con dificultad, mira desconfiado a José Luis, no esta muy seguro que no lo vayan a matar en cuanto salga y se lo dice a José Luis, este le aclara que si hubieran querido matarle ya lo habrían hecho. Hay suficientes razones para condenarle a muerte sin muchos preámbulos; Le pregunta si entendió bien lo que tiene que decir, Cipriano asiente y sale de la celda.
Magdalena esta sentada, apoyada contra unas balas de paja envuelta en una manta sobre la cama improvisada donde duerme con Alejandro. Este llega envuelto en otra manta; Le pregunta porque no duerme, ella contesta que esta nerviosa. Alejandro se sienta junto a ella.
- ¿Por qué? – pregunta Alejandro –
- Por mi hijo y por Cipriano – Magdalena esta angustiada – ¿Tu también estas preocupado verdad?
- Todo va a salir bien – dice Alejandro tranquilizador –
- Pero ya debió haber regresado ¿no crees?
- Bueno, no sabemos con que dificultades se encontró.
- Abrázame Alejandro – pide Magdalena asustada –
Alejandro la abraza y la estrecha contra su pecho cubriéndola con su manta.
- ¿Alejandro me has perdonado? – pregunta Magdalena –
- ¿Qué cosa? – Alejandro la mira desconcertado –
- Lo de José Luis – Magdalena levanta la mirada hacia el interrogante –
- Tu amor me ha hecho olvidarlo – Alejandro la besa suavemente –
- ¿Entonces ya no dudas de mi cariño? – Magdalena sonríe –
- Como podría si esta aquí conmigo – Alejandro sonríe con ternura y le acaricia el rostro –
- Cuando te vi en la fiesta no me lo podía creer – asegura Magdalena –
- Debiste de haber sabido que no renunciaría a ti – Alejandro vuelve a besarla –
- Es que pensé que habías muerto.
- ¡Hasta de la tumba habría regresado! – Alejandro sonríe dulcemente mientras levanta su barbilla con ternura –
- ¡Te amo! – exclama Magdalena feliz –
Alejandro la besa dulcemente.
Dimitrio y Josefina están en el despacho conversando sobre la desaparición del niño. Josefina esta muy esperanzada con el plan que les propuso la actriz, ya mandaron hacer los volantes y han puesto un anuncio en el periódico ofreciendo dinero. Ahora si que van a encontrarlo, si la gente que lo tiene quiere dinero, se enterara que están dispuesto a darle lo que pidan y si no es asi pues sabrán quien es y lo devolverán. Dimitrio sigue preocupado, tiene miedo que ya no estén en Puebla ya han pasado muchos días y la policía lo ha buscado por todos lados. Josefina se preocupa mucho, si Magdalena regresa y no encuentra a su hijo la va a odiar. Dimitrio la consuela, eso le podría haber pasado a cualquiera.
- Si a cualquier tonta y atolondrada como yo – dice Josefina triste –
Dimitrio se acerca a Josefina y se arrodilla frente a ella.
- Tu no eres ninguna tonta – dice Dimitrio con ternura – Eres una mujer buena y linda.
- No digas eso – Josefina coloca una mano sobre el hombro de Dimitrio – Yo sé bien que no soy bonita.
- Para mí si lo eres, por que te quiero – Dimitrio le acaricia el rostro y la besa suavemente –
Carmen abre la puerta del despacho contempla unos momentos la escena antes de volver a cerrarla suavemente.
- ¿Sabes? Todavía no puedo creerlo.
- Bueno, ya te lo demostré ¿no? – los dos se ríen. Dimitrio apoya la cabeza en la falda de su esposa, después la besa con ternura –
Carmen se va corriendo al dormitorio de Paula a contarle lo que ha visto en el despacho, la encuentra en la cama muy deprimida, insiste en considerarse culpable de todas las desgracias sucedidas, se alegra al saber que Dimitrio estaba muy acaramelado con su esposa, ella es una buena muchacha y Dimitrio ha cambiado mucho se ha convertido en todo un hombre, los dos merecen ser felices.
- ¡Ay Paula! Ya no quiero que te sientas mal, te hechas la culpa de todo, fue el destino, la mala suerte. Todo se va a componer, ya lo veras. Dimitrio esta muy confiado en que encontraremos al niño y yo también, además, mañana ira a entregar el testamento al gobernador.
- Si, pero no puedo dejar de pensar que si no hubiese obligado a Magdalena a casarse con Alejandro...
- Bueno, no lo quería entonces de acuerdo, pero ahora sí. Ya ves lo que dice en la carta, esta feliz con él y tu contribuiste a esa felicidad.
- ¿Tu crees? – durante unos momentos Paula se siente aliviada –
- ¡Por supuesto! Si ella hubiese estado realmente enamorada de José Luis Álvarez no lo habría olvidado – dice Carmen con seguridad – No, fue el amor de una muchacha alocada romántica, que con el tiempo se le hubiera pasado.
- Pero yo no lo hice buscando su felicidad, sino el dinero – se reprocha Paula –
- Bueno, pero lo que cuenta son los resultados – asegura Carmen siempre optimista – No me gusta verte asi Paula, tu siempre has sido una mujer fuerte decidida, el pilar de esta casa. Aun cuando mi hermano vivía tú eras la que decidía todo, la que arreglaba todos los problemas.
- Es que ya no tengo animo, me siento vieja y cansada. Aunque Dimitrio, tu y todos tratan de consolarme, sé muy bien que soy la culpable de la desgracia de esta familia.
Sebastián esta muy inquieto por todo lo sucedido. Luisa ha reconocido a Armida, ya han entregado el dinero y todavía nadie les ha dado el testamento autentico. Maria sospecha que ella no es la sobrina de Benjamín Almonte. Las cosas se están poniendo peligrosas. Armida alega que a Torres Quintero tampoco le conviene que el asunto se descubra y los protegerá, pero Sebastián es consciente que Torres Quintero puede alegar que no sabia nada y descargar toda la culpa en ellos, a fin de cuentas, ellos son un par de vívales y él un hombre importante, de reputación intachable, asi que esta claro a quien creerían. Armida harta de sus elucubraciones le pide que no la fastidie, se esta haciendo viejo y asustadizo, mientras discuten llaman a la puerta, Armida abre y se encuentra con la policía que viene a detenerlo. Armida intenta esgrimir el nombre de Torres Quintero pero el inspector encargado de la detención le informa que esta muerto, lo encontraron asesinado esa misma mañana, hay una orden de detención contra ellos porque hay pruebas de que son un par de impostores, los policías se los llevan a la comandancia.
Dimitrio le entrega el autentico testamento de Benjamín Almonte al gobernador, este lo recibe con frialdad, lo lee y le pregunta si ese es el autentico. Dimitrio le responde que el padre Abundio Canales lo reconoció enseguida, pero puede encargar a un perito calígrafo que ratifique si es la firma de Benjamín Almonte, a él le llego por correo. El gobernador informa a Dimitrio de lo ocurrido a Torres Quintero fue asesinado, él sospecha que andaba detrás del testamento de Almonte, el gobernador mira a Dimitrio con suspicacia.
- Yo no se nada – afirma Dimitrio - Puedo preguntar si tienen alguna pista de la persona que lo mato.
- Según un agente de la policía que la estuvo vigilando estos días, la señora Torres Quintero visito esa casa ayer por la tarde en compañía de dos caballeros, uno de los cuales era el que vivía allí.
- ¿Se sabe su nombre? – Dimitrio intenta ocultar su preocupación –
- A la casera dijo llamarse Hermilo Reina, pero puede no ser cierto – contesta el gobernador espiando las reacciones de Dimitrio –
Rufino irrumpe en el despacho de José Luis muy agitado, se ha enterado que a Torres Quintero lo han asesinado y, además, han detenido a Armida Guillén por impostora, parece que la que no era quien decía ser era ella y no el hacendado. José Luis se queda aturdido ante lo que para él son malas noticias.
Dimitrio va a consolar a Nadia y la encuentra desecha en llanto, lo abraza mientras dice que ella esta segura que fue Adolfo quien mato a su marido. Dimitrio le aclara que si lo hizo Adolfo esta seguro que fue en defensa propia, seguro que Francisco al saber que no tenia el testamento quiso matarle, le pide a Nadia que no denuncie a Adolfo.
Alejandro y Manuel conversan muy preocupados en un rincón del campamento, deben marcharse y Cipriano no regresa, esperarle esta comenzando a ser peligroso, se ha reunido mucha tropa Cholula y los están esperando en San Andrés, Manuel afirma que no son suficientes para enfrentarlos. Alejandro es partidario de que se marchen, él se quedara esperando a Cipriano, no puede abandonarlo, si fue a Puebla es porque él lo mando y si cuando vuelva no están, no va a saber donde encontrarlos. Manuel no esta muy convencido, es peligroso que se quede allí, además, sospecha que Cipriano no regresara.
Magdalena se acerca a ellos y Manuel se retira discretamente, Alejandro abraza a Magdalena.
- Mi amor, Manuel ya no puede esperar mas tiempo, asi que tu y mi mama se Irán con él hasta Durango, allí se separaran, él seguirá hacia el norte y ustedes seguirán hacia la finca.
- Pero... ¿sin saber nada de mi hijo?
- Yo me quedare aquí esperando a Cipriano.
- ¿Solo? – dice Magdalena asustada –
- Con dos o tres hombres. En cuanto tenga al niño te lo llevo allá.
- Pero es que él no te conoce, se va a asustar. No Alejandro, yo me quedo contigo – dice Magdalena con firmeza –
- Preferiría que no lo hicieras – Alejandro esta preocupado –
- Pero... ¿Y su Cipriano regresa con una mala noticia? Que no pudo ver a mi tía o que por algún motivo Alejandrito no puede venir con nosotros.
- ¿Quieres volver a Puebla?
- No, quiero irme a esa finca, pero con mi hijo.
José Luis ha acudido a casa de los Mendoza buscando la confirmación de las noticias que Rufino le llevo. Carmen y Josefina lo reciben en el despacho, ellas están sentadas y José Luis de pie en posición marcial.
- Por supuesto que esa mujer era una mentirosa y no solo eso, sino que encontramos el verdadero testamento de Benjamín Almonte, en el que se dice que Alejandro es su hijo y naturalmente su legitimo heredero y eso quiere decir que Magdalena esta de verdad casada con Alejandro – Carmen comunica estas noticias alegre y satisfecha con una amplia sonrisa – Asi que no tiene caso que usted la siga buscando.
- ¿Y quien tenia el testamento? – pregunta José Luis muy serio y estirado –
- Ah, eso si no lo sé – responde Carmen –
- Dimitrio ya se lo entrego al señor gobernador, ya no hay ninguna duda coronel – asegura Josefina, que muy satisfecha recalca – Magdalena y Alejandro siguen siendo marido y mujer.
- ¡Señoras eso no implica que ella lo quiera! – dice José Luis indignado –
- ¡Ah! – exclama Carmen - ¡Vaya que es usted testarudo! – impaciente levanta la voz - ¡Por supuesto qué lo quiere, lo ha querido siempre! Bueno, perdón pero... – Carmen continua más tranquila – pero es la verdad se lo juro, en su misma carta lo decía que esta feliz junto a él.
- Esa carta no significa nada – dice José Luis rabioso – No entiendo como pueden ustedes, que son sus parientes, mostrarse tan contentas con que Magdalena siga atada a ese hombre – José Luis continua con rencor – Pero no se dan cuenta que es peligroso que ella siga a su lado. Sus días están contados, el gobierno nunca le perdonara la vida, su cabeza tiene un precio y su destino final es el paredón.
Carmen y Josefina se quedan de piedra ante las palabras de José Luis, que pide permiso para retirarse rabioso.
Cipriano ha llegado hasta el campamento, el centinela lo recibe y le ayuda a llegar hasta Alejandro porque viene muy maltratado. Cipriano es recibido con multitud de preguntas, él pide que le dejen sentarse antes de contestarlas, se sienta y le traen un café, Magdalena y Alejandro se sientan uno a cada lado de Cipriano impacientes.
- Dime tienes buenas noticias – pregunta Alejandro –
- No – Cipriano mueve la cabeza triste –
- ¿Mi tía le dijo que no? – pregunta Magdalena –
- Ni siquiera la vi.
- Bueno, entonces no des mas vueltas por Dios – dice Alejandro impaciente – Lo que sea dilo derecho.
- Pues sí derecho. El coronel quiere que la patrona vuelva para dejarte en paz y Torres Quintero dice que si no te entregas que... – Cipriano se interrumpe incapaz de seguir –
- ¡Si no me entrego que! – grita Alejandro –
- Pues... se han robado a tu chamaco Alejandro.
- ¡Que se robaron a mi hijo! ¿Quiénes? – pregunta Alejandro asustado –
- Pues el Torres Quintero ese, y a mi se me hace que el maldito coronel esta metido en el ajo.
- No, no puede ser – dice Magdalena llevándose las manos a la cara desesperada –
- ¿Pero que te dijeron exactamente? – pregunta Alejandro intentando tranquilizarse –
- Que ellos tienen al niño. Que te entregues al primer puesto de guardia, que tu vida a cambio de la del chamaco.
- ¡Ay no! – exclama Magdalena mientras se levanta y sale corriendo –
Alejandro la sigue, en la puerta se cruza con su madre que preocupada pregunta que sucede, Alejandro sin detenerse le dice que Cipriano le contara.
Magdalena sale de las ruinas de la hacienda y corre por el campo desesperada, Alejandro la sigue y por fin logra alcanzarla, se detienen y Alejandro la abraza, Magdalena llora.
- Me quiero morir Alejandro, me quiero morir – Magdalena solloza desesperada abrazada a Alejandro –
- No digas eso, no digas eso por favor Magdalena.
- Es que va a ser tu vida o la del niño – Magdalena solloza cada vez mas fuerte –
- Bueno yo ya he vivido lo suficiente y he sido feliz – afirma sereno Alejandro –
- ¡Ay no! No te quiero perder ni a ti ni al niño – Magdalena lo mira llorando desesperada - ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si fuera un engaño? José Luis no es capaz.
- ¡Bueno tal vez! Pero no quiero correr el riesgo – Los dos se abrazan desesperados –
Rosario llora sin consuelo aplastada por la noticia, esta sentada entre Cipriano y Manuel, los dos muy preocupados. Cipriano cuenta a Manuel lo sucedido; Lo atraparon y primero querían que les dijera donde estaba Alejandro, pero él se negó a hablar, después le dijeron que le soltarían para que llevara un recado y le salen con lo del niño. Manuel no esta muy convencido, puede ser un pretexto para que se entregue. Cipriano alega que hasta el mismo hermano de la patrona le dijo que el niño había desaparecido.
Rosario sigue llorando y lamentándose, no comprende como puede haber gente capaz de hacerle eso a una criatura. Cipriano se arrodilla a su lado.
- Tu lo preguntas Rosario, tu que estuviste en las manos de esos perros.
- Pero es un niño, un inocente Cipriano. Dios no lo puede permitir – Rosario se levanta y se rebela ante su destino – ¡Dios mío! Porque, porque te ensañas asi con nosotros, que mal hemos hecho Dios mío. – Rosario sale corriendo desesperada –
Manuel y Cipriano se miran trastornados por lo ocurrido, sin saber que hacer.
- Oiga don Manuel ¿pero no podemos hacer nada? – pregunta Cipriano –
- ¿Pero que? – responde Manuel –
- ¿Pues vamos a dejar que fusilen a Alejandro? Porque seguro que se va a entregar – dice Cipriano –
- Pues si – Manuel parece descorazonado –
Alejandro y Magdalena llegan abrazados con la angustia en la cara. Alejandro pregunta por su madre, Cipriano le indica la dirección en la que se marcho, Alejandro le pide a Magdalena que la busque y la acompañe.
Alejandro se queda con Manuel y Cipriano y le pide a este ultimo que le cuente todo lo sucedido, se sienta a su lado, Manuel se queda de pie escuchando. Cipriano comienza su relato.
Rosario esta llorando en un rincón, Magdalena llega por detrás y se apoya en su espalda desecha en lagrimas, Rosario se va la vuelta y las dos se abrazan llorando.
- ¡Ay no quiero que se muera Rosario! Nunca he deseado mal a nadie, pero ahora quisiera matar a Francisco con mis propias manos.
Cipriano ha terminado de relatar lo acontecido, Alejandro y Manuel recapacitan.
- Según parece todos piensan que tu hijo esta perdido, nadie sabe que lo tiene Torres Quintero. Puede que sea un ardid para que te entregues – dice Manuel –
- ¿Y como saberlo? – Alejandro esta muy preocupado se vuelve a Cipriano - ¿Te dieron una plazo?
- No, no saben que tan lejos estas de Puebla.
- ¿Cuándo te soltaron?
- Anoche, poquito después que oscureció.
- ¿Vas a entregarte? – pregunta Manuel –
- Si – responde Alejandro con serena firmeza –
- ¿Cuándo?
- Mañana.
El gobernador llama a su presencia a Dimitrio y le acusa de haberle mentido, el testamento no le llego por correo, además, sabe que el día del asesinato estuvo en la casa donde se encontró el cadáver de Francisco con la señora de Torres Quintero. Dimitrio se defiende no quería involucrar a Nadia en ese asunto. El gobernador expresa sus sospechas sobre el hombre que vivía en esa casa, sus señas coinciden con las de Adolfo Echeverri. Dimitrio asegura que ese hombre se parecia pero que no era él.
Dimitrio cambia de conversación y pregunta por el asunto de Alejandro. El gobernador afirma que los impostores ya han sido detenidos y que al día siguiente se iniciara el proceso para devolverle su nombre a Alejandro, pero advierte que Magdalena recuperara su nombre de casada y la fortuna de su marido, su hijo tendrá derecho a llevar el apellido Almonte, pero en lo que toca a Alejandro seguirá siendo buscado por sus actividades subversivas y en cuanto se le encuentre será condenado a muerte.
José Luis esta en su casa reconcomido por el coraje por las ultimas noticias, Rufino intenta hacerle entrar en razón mientras limpia su pistola.
- Te lo dije Pepe ¿Cómo crees que el padrecito iba a decir mentiras? El hacendado es su marido y ella sigue casada con él y asi que ni modo.
- Magdalena acepto ser mi esposa – dice José Luis con obstinación –
- Pues porque todos decían que él había muerto.
- ¿Quién dice que ella lo quiere? – dice furioso José Luis –
- Pues si en la carta lo escribió Pepe – Rufino se impacienta ante la obstinación de su amigo –
- No, para convencerme me lo tiene que decir ella misma de frente.
- ¿Y tu crees que cuando Cipriano les dé el recado va a volver?
- Espero que si, por su hijo que esta perdido. Querrá estar aquí paro si lo encuentran, y aunque no volviera yo no puedo dejar de buscarla ¿Qué tal que Almonte la este reteniendo por la fuerza? ¿Tu crees que ella estará contenta con la vida que esta llevando? Lejos de su familia de su hijo, viviendo en condiciones miserables – José Luis deja volar su imaginación – A lo mejor en este mismo momento esta rogándole a Dios para que yo llegue a rescatarla.
- ¡Ay Pepe! – Rufino lo mira con impotencia – A mi se me hace que el hacendado en la va a soltar y menos para dártela a ti, y aun suponiendo que vuelva, no te vas a poder casar. Vas a tener que esperar q que sea viuda y eso va a estar bien pelón. Ahora hay alzados por todos lados, son muchos y se ayudan entre ellos.
Llaman a la puerta, Rufino va a abrir, se escucha la voz de Dimitrio preguntando por José Luis, este se levanta para recibirlo, Dimitrio se queda en el umbral del salón saluda y va directamente al grano.
- Coronel vine porque considero mi deber informarle que se han encontrado pruebas que demuestran que Alejandro ya no es un usurpador.
- Ya lo sé – José Luis pone cara de circunstancia – Su tía y la esposa de usted me lo contaron todo, lo del testamento y lo de Armida Guillén. Pero esto no libera a Almonte de ser culpable de levantarse en armas contra el gobierno – señala José Luis con rencor –
- Si claro, pero usted esta al mando de la búsqueda ¿Por qué no los deja en paz?
- ¿Esta usted insinuando que deje de cumplir con mi deber? – José Luis se yergue altivo –
Dimitrio se quita los guantes con aire displicente mientras dice.
- Coronel por favor, no seria ni la primera ni la ultima vez que se hace algo poco correcto. Además, estoy seguro que Alejandro esta con esos rebeldes porque no le quedo de otra, en cuanto se entere que su asunto se ha arreglado, los abandonara y se retirara a la vida privada junto con mi hermana, tal vez se marchen al extranjero.
- Entiendo su posición – dice José Luis – Pero usted no esta tomando en cuenta los sentimientos de su hermana ¿Quién le dice a usted que ella desea vivir con ese hombre?
- ¡Oiga! Es su marido y sabemos perfectamente que lo quiere – dice Dimitrio mirando a José Luis asombrado –
- ¡A mi no me consta! – grita José Luis furioso mientras le da la espalda a Dimitrio-
- ¡Ay coronel por Dios! – exclama Dimitrio irónico – Yo entiendo sus... sentimientos. Pero no puede negarse a aceptar la realidad.
- La única realidad es que la ultima palabra de su hermana fue que acepto casarse conmigo – José Luis esta descompuesto –
Dimitrio suspira fastidiado ante tan estúpido empecinamiento y se retira.
Magdalena y Alejandro están sentados en una escalera de la hacienda. Magdalena llora sin consuelo. Alejandro la abraza intentando tranquilizarla.
- No quiero que llores, sino que seas fuerte, lo más importante ahora es nuestro hijo. No sabes cuanto me arrepiento de haberte traído aquí. Si tu hubieras estado en Puebla esto no habría sucedido – dice Alejandro –
- Pero no te hubiera visto, no hubiéramos estado juntos Alejandro – Magdalena solloza mientras dice – Yo no te quiero perder Alejandro.
- Mi amor escúchame. Mi vida no vale mucho – Alejandro estrecha fuerte entre sus brazos –
- ¿Pero como puedes decir eso? Para mí lo eres todo – Magdalena levanta el rostro cubierto de lagrimas hacia Alejandro –
- Me refiero a que todos los días he corrido el peligro de morir – dice Alejandro con serenidad – En un enfrentamiento con los soldados, en una acción, en cualquier momento una bala hubiera podido matarme, que mejor que ofrecer mi vida para salvar la de nuestro hijo – Alejandro acaricia el rostro lleno de lagrimas de Magdalena y con ternura le dice – Me has hecho muy feliz Magdalena.
- Pero yo quería que esta felicidad continuara para siempre – Magdalena solloza desecha –
- Si me hubieran dado a elegir entre esto y... una larga vida sin ti, habría escogido lo primero – dice Alejandro con ternura –
Magdalena apoya la cabeza en su pecho y Alejandro le besa la mejilla llena de lagrimas.
- ¡Ay Alejandro que voy a hacer! – exclama Magdalena rota por el dolor –
- Cuidar de nuestro hijo y pensar mucho en mi. Recordar lo que hemos vivido y estar segura que mi amor nunca te va a abandonar – Alejandro la besa con ternura – Te amo Magdalena, te amo tanto. Solo quiero pedirte una cosa, tal vez dentro de unos años decidas volver a casarte...
- No, no Alejandro... – Alejandro la interrumpe poniendo su mano suavemente en sus labios –
- Puede ser... pero con ese tipo no.
- Ni con él ni con nadie, te lo juro, te lo juro mi amor – Magdalena levanta el rostro lleno de lagrimas hacia Alejandro mientras habla –
Alejandro la atrae hacia sí y la estrecha entre sus brazos mientras Magdalena continua llorando.
Cipriano y Rosario intentan consolarse mutuamente, hasta ellos llega Alejandro, muy sereno y firme acompañado de una Magdalena desecha por el dolor. Alejandro abraza a su madre que llora desconsolada.
- Magdalena se ira mañana temprano mama. Tu te iras con Cipriano, Manuel y los demás – se dirige a Magdalena – En cuanto llegues a Puebla ve inmediatamente a ver a Torres Quintero, le dirás que yo me entregue en el cuartel de Cholula.
- Dice Cipriano que si te entregas en un cuartel que no tenga muchos soldados te pueden liberar – asegura Rosario esperanzada –
- Si Alejandro, yo puedo exigir que me devuelvan al niño inmediatamente y mandar a alguien a avisar para que te ayuden a escapar – dice Magdalena –
- No, Torres Quintero no es tan ingenuo, antes de darte el niño va a querer estar seguro que no hay salvación posible para mí. Haremos las cosas como deben ser.
Alejandro es el único que se mantiene sereno en medio de un mar de lagrimas.
Por la noche Alejandro y Magdalena están sentados juntos y abrazados en su cama de mantas, los dos en silencio, Alejandro sereno tiene la mirada perdida, Magdalena sigue llorando.
- Lo único que siento es no haber conocido a mi hijo – dice Alejandro rompiendo el silencio – Solo lo vi de pequeño, cuando él ni siquiera se daba cuenta de que era su papa – se vuelve hacia Magdalena - ¿Cómo es háblame de él?
- Es fuerte, tiene el cabello rubio, los ojos azules...
- Como tu – Alejandro sonríe con ternura –
- Es muy simpático – Magdalena sonríe en medio de sus lagrimas – tiene un bonito carácter, es alegre, tiene una mirada muy inteligente, es muy travieso – Magdalena no puede seguir hablando rompe a llorar se lleva la cara a las manos, hace un esfuerzo y continua – pero se hace querer por todos.
- Alguna vez le has hablado de mí – pregunta Alejandro –
- No, aun es no se da bien cuenta de las cosas, solo le dije que su papa estaba en el cielo.
- ¿Y cuando sea más grande que le vas a decir?
- ¡La verdad! – Magdalena levanta el rostro hacia él – Que eres el hombre más maravilloso, más bueno, más noble – Se le rompe la voz y vuelve a llorar – Alejandro no puedo resignarme ¡Es que no quiero perderte!
Alejandro la estrecha mas fuerte entre sus brazos y la besa intentando consolarla.
- No me perderás mi amor, no me perderás, estaré siempre contigo, en tu recuerdo, en tus pensamientos – Alejandro la besa con ternura –
- ¡Ay te amo! – solloza Magdalena –
- Esta ultima noche solo en eso tenemos que pensar mi amor – Alejandro sonríe con ternura – En nuestro amor.
Alejandro la acaricia y comienza a besar apasionado el rostro lleno de lagrimas de Magdalena.
Fin del capitulo 73.
Mar






Escrito desde May 3, 2003, 12:21 AM

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