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Capitulo 75 y ultimo de "Bodas de Odio"

by Mar

 
José Luis esta en su despacho lamentándose con Rufino, esta muy dolido por la actitud de Magdalena que ni siquiera quiere recibirlo.
- Yo no tengo la culpa de nada ¿por qué? ¿Por qué acusarme a mí? ¿Acaso dije a Torres Quintero que falsificara el testamento? Y si Almonte se metió con esa gente ¿Es culpa mía? Yo fui la primera victima de todo esto. Si Magdalena se hubiera casado conmigo nada hubiera pasado.
- Lo que debiste de hacer era olvidarte de ella en cuanto se caso con el otro Pepe.
- ¡Es que ella no lo quería! – se lamenta José Luis –
- ¡Pues ahora si lo quiere! – declara Rufino –
- Que vida tan triste he tenido ¿Por qué no se caso conmigo? Yo si la habría hecho feliz, mi vida entera le habría dedicado.
- Si, ya sé que te están llevando los demonios Pepe – dice Rufino compasivo – pero la mera verdad, la güerita hace mucho tiempo que dejo de quererte, desde que estábamos allí en la hacienda de su marido. No mas que tu no quisiste aceptarlo ¡Pero ni modo! Hay que saber perder Pepe.
- Todos, todos vamos a perder – José Luis tiene los ojos llenos de lagrimas – Almonte la vida, ella a su marido... y yo todas mis esperanzas.
- ¿Cuándo se le van a echar? – pregunta Rufino –
- Mañana.
Alejandrito come pastel en medio de toda la familia, todos están felices por su regreso. Magdalena se pone de pie y dice que va a vestirse, tiene que alcanzar a Alejandro para decirle que el niño ha regresado, quizá todavía no se haya entregado. Dimitrio pide que se lleven al niño y le cuenta a su hermana que su esposo se entrego el día anterior en el cuartel de Cholula. Magdalena pregunta con lagrimas en los ojos, casi sin voz, sí todavía continua con vida. Dimitrio asiente. Magdalena da media vuelta y sin decir nada mas sube las escaleras decidida, Paula la sigue muy preocupada.
Llega Josefina con el padre Abundio, Dimitrio les comunica que el niño ya apareció, Josefina se va feliz a verlo, Dimitrio se queda hablando con el padre Abundio.
- Nuestro señor es justo, no podía permitir tanta maldad. Ya declare ante el magistrado y me dijo que dentro de unos días Alejandro volverá a recuperar su apellido y su posición.
- Alejandro no tiene salvación padre – dice Dimitrio muy triste – Ayer se entrego a las autoridades militares de Cholula.
Maria y Víctor llegan al cuartel de Cholula, le piden al teniente al mando permiso para visitar a Alejandro y muestran el documento que los autoriza, el teniente les franquea la entrada y los conduce a la celda de Alejandro.
Alejandro esta sentado en el suelo, escucha abrirse la puerta y se levanta. Maria entra en la celda y se arroja en sus brazos.
- Maria que gusto verte – Alejandro se dirige a Víctor – se abrazan.
- Alejandro aquí estamos – dice Víctor –
- Gracias ¿cómo se enteraron?
- Nos lo dijo tu cuñado.
- ¿Devolvieron a mi hijo? – pregunta Alejandro preocupado –
- Bueno, por lo menos hasta que salimos de la casa de tu cuñado todavía no – responde Víctor pesaroso –
- ¡Maldito sea! – Alejandro palidece aterrorizado por la suerte de su hijo –
Maria solloza sobre el hombre de Alejandro, pero él no les permite hablar de lo que va a suceder, pide que le platiquen sobre ellos, quiere saber que fue de sus vidas después que se separaron, los dos le cuentan lo sucedido en su ausencia.
Le van a devolver todo lo suyo, la mujer que se presento como su prima era una impostora que ya esta en la cárcel y el verdadero testamento de su padre fue encontrado por su cuñado que ya lo presento al gobernador. Le van a devolver su apellido, su fortuna, la hacienda y la fabrica, todo lo que era suyo.
- ¿Entonces mi hijo llevara mi nombre? – Alejandro sonríe satisfecho –
- ¡Claro que sí! – responde Víctor –
- Es increíble que precisamente ahora este pasando esto – Alejandro se queda en silencio con la mirada perdida –
- ¿Y tu madre? – pregunta Víctor –
Alejandro reacciona y contesta.
- Esta bien, se fue con Cipriano y un amigo, Manuel Calderón.
- ¿Calderón? ¿El que detuvieron esa vez junto contigo? – Víctor esta sorprendido-
- Si, ha sido como un hermano para mí – Alejandro suspira muy preocupado - ¿Entonces de mi hijo no hay ninguna noticia?
- Todavía no, pero Francisco Torres Quintero esta muerto, lo asesinaron – dice Víctor –
- También el padre Abundio ha vuelto – cuenta Maria –
- Si, me lo dijo Cipriano ¿Qué le paso?
- Lo tuvo preso el jefe de la policía, en una casa perdida en una cañada, para que no declarar a tu favor.
- Bueno, pues me alegro que todos estén bien – dice Alejandro intentando sonar animado –
- ¡Y tu Alejandro! – solloza Maria –
Alejandro no responde y acepta el abrazo de Maria con la mirada perdida y una inmensa tristeza en el rostro.
Paula no se puede resignar a quedarse sin hacer nada, sugiera a Dimitrio que vayan a ver otra vez al gobernador, pero su hijo le asegura que será inútil, sino se conmovió con Magdalena no lo hará con nadie, solo les queda resignarse.
- Hijo, es que tengo miedo que Magdalena nunca se recupere por la perdida ¿Y si fuéramos a ver al señor Presidente?
- Con todo lo que esta pasando en el país ¿Tu crees que Porfirio Díaz va a perdonarle la vida a un cabecilla de ese movimiento? Nunca.
Paula oculta el rostro en las manos desesperada.
Al cuartel de Cholula llega Magdalena con su hijo, acompañada de su tía Carmen y el padre Abundio, se presenta al teniente al mando del puesto y exige ver a su marido. El teniente le comunica que las visitas están prohibidas: No puede dejarla pasar, después de que todos los presenten intercedan por ella, ante la negativa del teniente da media vuelta con su hijo de la mano y entra en la cárcel mientras dice.
- ¡Atrévase a detenerme!
- ¡Señora por favor! – exclama el teniente corriendo detrás de ella –
Alejandro esta sentado en el suelo de su celda fumando, escucha los cerrojos de la puerta, tira el cigarrillo y se pone de pie, se abre la puerta y en el umbral aparece Magdalena con su hijo de la mano.
Alejandro contempla al niño incrédulo y emocionado, Magdalena se arrodilla al lado de su hijo, mira sonriendo a Alejandro con los ojos húmedos y le dice al niño.
- Es papa, amor mío.
Alejandro se acerca lentamente sonriendo, se arrodilla frente a su hijo, extiende los brazos y lo toma por los hombros.
- ¿Cómo te llamas? – pregunta sonriéndole con los ojos llenos de lagrimas –
- Alejandro Iván – responde el niño –
- Almonte – completa su madre orgullosa arrodillada detrás del niño –
- Almonte – repite el niño –
- Yo soy tu papa y también me llamo Alejandro – Alejandro abraza al niño emocionado –
Magdalena les observa sonriendo emocionada mientras las lagrimas corren por su rostro.
Alejandro la mira por encima del hombro de su hijo y le da las gracias mientras los ojos vuelven a llenársele de lagrimas.
- ¿Con quien viniste? – pregunta Alejandro sin dejar de abrazar a su hijo –
- Con mi tía Carmen y el padre Abundio. El teniente dice que las visitas no deben ser muy largas – Magdalena sigue llorando –
- Si claro – Alejandro suelta a su hijo –
- Despídete de tu papa mi vida – dice Magdalena – vamos dale un beso.
- ¡Adiós! – dice Alejandro mirando a su hijo emocionado –
- Adiós papá – Alejandrito le da un beso –
Magdalena entrega al niño a su tía y se queda sola con Alejandro.
Alejandro se incorpora intentando recuperarse y contener las lagrimas.
- Me vinieron a ver Víctor y Maria, y me dijeron que todo se arreglo – Alejandro intenta recuperar la serenidad –
- Si, el padre Abundio te quiere ver – dice Magdalena intentando controlarse –
- Sí, claro.
Magdalena se rompe y lo abraza llorando.
- Me voy a quedar a... hasta... – se abraza mas fuerte a Alejandro –
- No, no te vas a quedar ¡ por favor! – dice Alejandro angustiado incapaz de mirar a Magdalena, las lagrimas se escapan de sus ojos a pesar de sus esfuerzos por contenerlas –
- En cuanto haya hablado con el padre Abundio quiero que te regreses a Puebla.
- Pero Alejandro es que... – Magdalena no puede continuar le ahogan las lagrimas-
- No, te lo ruego Magdalena compláceme – Alejandro tiene la voz rota por la emoción ya no puede contener las lagrimas – No quiero que tu y mi hijo presencien... “eso”- Alejandro sonríe entre las lagrimas, acaricia el rostro de Magdalena con ternura - ¡Adiós mi vida y gracias otra vez por todo!
Magdalena lo mira llorando, Alejandro la atrae hacia él con fuerza y la estrecha entre sus brazos llorando, los dos lloran abrazados.
- Magdalena por favor... ya... ya – Alejandro intenta separarla, pero ella continua aferrada a él sollozando – Vete Magdalena, vete ya, vete Magdalena.
Alejandro hace un gran esfuerzo para recuperar el control de sus emociones, Magdalena se aparte de él con esfuerzo, se miran con los ojos llenos de dolor y desesperación. Magdalena da media vuelta y desaparece llorando. Alejandro se queda solo destrozado por el dolor.
El padre Abundio es conducido a la celda de Alejandro, mientras Magdalena y su hijo salen de la cárcel acompañados por la tía Carmen.
Alejandro tiene la frente apoyada contra la pared de la cárcel desesperado, entra el padre Abundio, se abrazan, el padre lo mira con tristeza y afirma que por primera vez en su vida no sabe que decir para consolarlo. Alejandro asegura que con su presencia es suficiente. El padre Abundio se dispone a confesar a Alejandro se pone la estola y él se arrodilla en el suelo.
José Luis esta se pasea por el salón de su casa como un león enjaulado, ha decidido darse de baja en el ejercito, ya no puede tolerar tanta injusticia-
- ¿Te refieres a lo que le van a hacer al hacendado? – pregunta Rufino –
- Ha eso y a todo lo demás – asegura José Luis – Por primera vez, por primera vez, vi en los ojos de Magdalena, el rencor y el desprecio – José Luis se rompe por el dolor – Me acuso de perseguir a Almonte como un animal, me lo dijo con odio. Él le importa mas que yo.
- Si, eso parece Pepe – Rufino mira a su amigo con compasión –
- ¿Pero como iba a saber que tenia derecho a llevársela? Creí que no era su marido y ella se iba a casar conmigo. Esta vez aunque él muera la he perdido para siempre – José Luis esta destrozado todas sus ilusiones se han roto y ya no tiene esperanza –
- Suena la campanilla, Rufino abre y entra Magdalena, quiere hablar con José Luis.
- Antes que nada quiero pedirte perdón por haber dudado de ti. Ya apareció mi hijo, estaba perdido, una mujer lo encontró muy lejos de la casa y como él no supo decir donde vivía ni su apellido, no nos lo pudo devolver, hasta que Dimitrio hizo circular unos volantes por la ciudad, a esa mujer le dieron uno y esta mañana lo llevo a la casa.
- Me alegro por ti – responde José Luis –
- José Luis no quiero que Alejandro muera – dice Magdalena mirándolo a los ojos desesperada – No es justo, él esta peleando por una causa noble, no lo puedes negar, tu mismo cuando eras pobre pensabas asi ¿lo recuerdas?
- No lo he olvidado – asegura José Luis muy serio –
- Eres el único que puede ayudarlo, tu conoces al presidente Díaz, intercede por él, te lo suplico José Luis.
José Luis se sienta al lado de Magdalena.
- ¿Estas muy enamorada de él, verdad?
- Si – responde Magdalena serena y firme –
- ¿Desde cuando?
- Desde que estábamos en la hacienda – Magdalena le hace una promesa – Si le salvas la vida te prometo que dejare a mi hijo con mi familia y me iré contigo a donde tu quieras para siempre - Magdalena lo mira con los ojos llenos de lagrimas – Te lo juro por la memoria de mi padre.
Adolfo y Dimitrio llegan a casa de los Mendoza vestidos de negro, ya tienen el permiso para asistir a la ejecución y hacerse cargo del cadáver, lo traerán a la casa para velarlo, es el marido de Magdalena.
Magdalena baja las escaleras acompañada de Carmen.
- Nos vamos a Cholula Magdalena – dice Dimitrio – Ya tengo el permiso para hacerme cargo de Alejandro, lo vamos a traer aquí.
- Pero no puede ser – Magdalena se desespera – José Luis me prometió que él iba a tratar de solucionar todo esto.
- Si, pero de todos modos, es mejor que nos vayamos para allá.
Adolfo y Dimitrio salen de la casa.
Magdalena asustada toma de las manos a su madre y su tía.
- ¿Ustedes no creen verdad?
- Dios siempre puede hacer un milagro hija – Carmen aprieta la mano de su sobrina –
- Por favor Magdalena, no te hagas demasiadas ilusiones – dice Paula preocupada-
José Luis llega al cuartel de Cholula, el teniente se cuadra delante de él y le pregunta si viene para hacerse cargo de la ejecución de Alejandro Almonte. José Luis no contesta y imperioso ordena que lo lleven con el prisionero.
Conducen a José Luis a la celda de Alejandro, este acaba de terminar de confesarse con el padre Abundio, cuando la puerta se abre dando paso a José Luis los dos hombres se miran a los ojos Alejandro orgulloso, José Luis altivo.
- Almonte al salir del cuartel, si en algo estima su vida le aconsejo que abandone inmediatamente el estado de Puebla – dice José Luis a un desconcertado Alejandro –
- ¿Qué quiere decir? – Alejandro lo mira incrédulo –
- Que lo voy a dejar libre – afirma sereno José Luis –
- Me va a dejar libre – repite Alejandro estupefacto - ¿Por qué?
- Porque... – José Luis vacila – Porque si, veámonos.
El padre Abundio y Alejandro se miran desconcertados y después siguen a José Luis, este conduce a Alejandro fuera de las celdas, hasta el puesto de guardia donde el teniente los mira asombrado. José Luis ordena a Rufino que los acompañe fuera del cuartel, después de dirige a Alejandro que no puede creer lo que esta sucediendo.
- Solo le pido que la haga muy feliz – dice José Luis –
- ¡Discúlpeme coronel! – exclama desconcertado el teniente –
- Enseguida le atiendo – José Luis lo corta con un gesto imperioso - ¡Vallase! – le dice a Alejandro –
Alejandro lo contempla unos momentos estupefacto y después se apresura a seguir a Rufino fuera del cuartel.
José Luis se vuelve hacia el desconcertado teniente y le dice.
- Teniente asumo la responsabilidad completa de lo sucedido.
- ¿Quiere decir que lo dejo libre por iniciativa propia? – el teniente esta asombrado -
- Asi es, mándele un telegrama al gobernador informándole de todo lo sucedido, yo me quedare aquí esperando la respuesta – José Luis parece sereno y decidido-
- Si, señor – el teniente se dispone a escribir el despacho –
Rufino ha conducido a Alejandro y el padre Abundio fuera del cuartel. Alejandro todavía desconcertado pregunta a Rufino.
- No entiendo, me perdonaron la vida ¿pero quienes?
- Pepe, por sus pistolas – dice Rufino muy preocupado –
- ¿Por qué? – Alejandro esta cada vez mas desconcertado –
- Porque quiso – responde Rufino –
- Sean cuales sean los motivos dele las gracias – dice Alejandro –
Rufino regresa al cuartel.
- Ha sido un milagro hijo – dice el padre Abundio loco de alegría –
- Si padre – contesta Alejandro sin acabar de creérselo –
- Pero ahora tienes que irte rápido, yo regreso a Zacatecas, al pueblo.
- Víctor y Maria se fueron para allá a cuidar de la hacienda, deles la noticia por favor padre – pide Alejandro –
- ¿Y tu mujer?
- Le voy a escribir. Adiós padre y gracias por todo.
- Que Dios te bendiga.
Alejandro se apresura a desaparecer en el bosque.
El gobernador recibe el despacho del teniente que esta a cargo del cuartel de Cholula.

Me permito informarle que el coronel José Luis Álvarez, ha dejado en libertad al sentenciado a muerte Alejandro Almonte.

El gobernador pálido de rabia arruga el despacho y ordena mandar un telegrama al presidente informándole de lo que ha hecho su protegido.
En el puesto de guardia del cuartel de Cholula José Luis apoyado en la mesa con aire ausente espera su destino. Rufino se acerca y le pide que se vayan, nadie se atreverá a detenerlos, se pueden ir al norte con los alzados, allí esta su sitio. José Luis le dice a Rufino que debe irse con ellos, pero que él no huirá.
Magdalena le cuanta a su madre y su tía su conversación con José Luis.
- Le jure a José Luis que si le salvaba la vida a Alejandro me iría con él para siempre.
Carmen y Paula se miran desconcertadas, sin creer lo que están oyendo.
- Pero como pudiste hacer eso – dice Paula – No mi amor, no debiste. Alejandro preferiría la muerte a lograr la libertad a ese precio.
- Si, pero yo prefiero saberlo vivo – dice Magdalena muy segura –
- ¡Ay no hija! - exclama Carmen – Yo pienso igual que tu mama, si el coronel cumple con su promesa, ¿te imaginas lo que va a ser la vida de Alejandro de hoy en adelante? No mil veces va a desear haber muerto.
- Si, pero tenia que hacerlo, no puedo tolerar que Alejandro muera mama, prefiero saberlo vivo aunque... aunque... – Magdalena vacila – aunque ya no seamos el uno para el otro, además, va a tener el consuelo de Alejandrito, yo en cuanto sepa donde esta se lo voy a mandar.
- No, pero tu te crees que Alejandro se va a resignar a saberte con ese hombre hija, no, no lo hará – asegura Carmen –
- Bueno tendrá que hacerlo – dice Magdalena muy decida mientras sale de la habitación –
- Bueno, esto es peor que cualquier cosa – Carmen esta desconcertada –
- Te juro Carmen, que si el coronel cumple con su promesa, aunque sea lo ultimo que haga en mi vida, yo lo convenceré para que rehusé el ofrecimiento de Magdalena.
Porfirio Díaz recibe el telegrama del gobernador de Puebla comunicándole lo que ha hecho José Luis, después de leerlo da orden de fusilarlo.
José Luis espera en una celda la hora de la ejecución, entra el teniente para buscarlo, se quita la guerrera y sale tranquilo, avanza hasta el patio seguido por los soldados.
Dimitrio y Adolfo llegan a la puerta del cuartel, entregan el documento que les autoriza a presenciar la ejecución y hacerse cargo del cadáver, después de examinarla les franquean la entrada.
José Luis es conducido hasta el paredón, se coloca junto a la pared, muy erguido, orgulloso. El pelotón forma delante de él a la voz de mando, el teniente se acerca para taparle los ojos, José Luis rechaza la venda, el teniente se cuadra y retrocede, da la orden de disparar, ante la mirada triste de Rufino que se despide de su amigo.
Dimitrio y Adolfo hacen su entrada en el patio a tiempo para contemplar la ejecución y observan desconcertados que el reo no es Alejandro.
José Luis recibe varios disparos en el pecho y cae al suelo, mientras cae recuerda los momentos felices que paso con Magdalena.
Magdalena recibe una carta de José Luis que lee en la soledad de su dormitorio.

Nunca pensé aceptar tu ofrecimiento. Yo te hubiera querido a mi lado enamorada de mí, no de otro, tampoco te sientas culpable de mi muerte, hubiera podido escapar si ese hubiera sido mi deseo. Rufino te lo puede decir, nadie se hubiera atrevido a impedírmelo, pero no quise.
Si salve a tu marido no fue solo por ti, sino por él también, su vida tiene un fin noble y justo, a mí la vida y las circunstancias me llevaron por otro camino, pero en el fondo siempre he pensado como él, tú lo sabes.
Adiós Magdalena, que seas muy dichosa.
José Luis.

Magdalena ha llorado durante toda la lectura de la carta, ahora arrecia los sollozos muy triste por el destino de su antiguo amor.
Han pasado varios meses, Adolfo y Dimitrio conversan en el despacho sobre la difícil situación del país, hay levantamientos en todos lados, les esperan tiempos muy difíciles.
- ¿Supiste que el famoso Sebastián de la Cruz o como se llame fue quien asesino a la familia Guillén? – dice Dimitrio –
- No, no lo sabia – dice Adolfo sorprendido –
- Si, la policía lo obligo a confesar, parece que era el maestro de música de la verdadera Armida Guillén, cuando se entero de la carta que mando Benjamín Almonte, se le ocurrió la idea de asesinar a toda la familia y su amiga Adelina fue la que se hizo pasar por la muchacha.
- ¡Que barbaridad! – exclama Adolfo –
En el vestíbulo esperan Paula y Carmen mientras vigilan a las sirvientas que bajan el equipaje de Magdalena.
- No es peligroso un viaje tan largo ahora, dicen que el país esta lleno de revoltosos – dice Carmen preocupada –
- No, los soldados no se atreverán a hacerle nada a la hija del general Mendoza – asegura Paula – Y los rebeldes... no olvides que es la esposa de Alejandro Almonte – Paula habla con orgullo de su yerno –
- ¡Ay, ojala tengas razón! – exclama Carmen no muy convencida –
- Por supuesto que la tengo – dice Paula altiva –
Magdalena baja acompañada de su hijo y se despide todos, abraza a Carmen y a Josefina que esta evidentemente embarazada, después se dirige a su hermano, lo abraza con cariño y le recomienda que cuide de la familia como ha hecho hasta ahora. Magdalena se despide de Adolfo con un abrazo, le pide que salude a Nadia.
- Quiero pedirte perdón Magdalena – dice Adolfo contrito –
- No, no – Magdalena le toma las manos – Mira si no le hubieras quitado el testamento a Francisco, él lo hubiera destruido, gracias Adolfo-
Magdalena y Paula se abrazan llorando.
- Que Dios te bendiga hija, y que seas tan feliz como te mereces.
Magdalena toma a su hijo de la mano y sale de la casa.
- Me da tanta tristeza que se vayan, vamos a extrañarla tanto, especialmente al niño – dice Josefina a Dimitrio –
- Pronto habrá otro correteando por la casa – Dimitrio besa a su esposa con ternura –
El carruaje llega frente al portón de una hacienda y se detiene. Cipriano llama a gritos a Rosario anunciando que ya llegaron. Magdalena se baja del coche con su hijo, Cipriano toma en brazos al niño, Rosario llega corriendo saluda a Magdalena y toma al niño en brazos.
- Vamos mi amor dale un beso a tu abuelita – dice Magdalena –
- ¿Alejandro esta aquí? – pregunta a Cipriano –
- Si, y ya estaba pensando que no la iba a ver, mañana tenemos que irnos de nuevo a la bola.
- ¿Dónde esta? – pregunta Magdalena impaciente –
- Voy a llamarlo corriendo – Cipriano atraviesa el portón de la hacienda a toda prisa, seguido por Rosario con el niño en brazos y Magdalena –
Cipriano corre entre los árboles llamando a Alejandro, cuando le ve le grita que ya llegaron. Alejandro deja el caballo que traía de las riendas y sale corriendo al encuentro de Magdalena, que al verlo a lo lejos corre también perdiendo el sombrero en la carrera, se encuentran, se detienen mirándose sonrientes, después se abrazan y se besan. Rosario pone al niño en el suelo que corre hacia sus padres, Alejandro lo toma en brazos y los tres se abrazan muy juntos, después camina hacia la casa sonrientes y felices mientras aparece la palabra fin.
Capitulo 75 y ultimo.
Mar






Escrito desde May 4, 2003, 10:44 PM

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