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  • Capitulo 35 de "Bodas de Odio"
    • Mar
      Posted Mar 12, 2003 11:33 PM

      Angélica esta con José Luis a bordo del coche que lo esta sacando del pueblo. José Luis no puede creer que haya sido ella quien lo saco de la cárcel. Angélica le cuenta que soborno al sargento con sus joyas porque no hubiera soportado que lo mataran, ella cree en él por eso lo hizo. José Luis le besa la mano con agradecimiento; ella es un ángel ni con su vida podría pagarle lo que hizo, se preocupa por su situación, debe volver rápidamente con su familia. Angélica le informa que no piensa volver, se fugara con él. José Luis se levanta en el coche gritando al cochero que se detenga, quiere seguir a pie para que ella regrese a su casa; Angélica le suplica que no lo haga ella desea irse con él. José Luis intenta convencerla:
      - No Angélica, es una locura; escúcheme yo soy un prófugo de la justicia por segunda vez, usted es una muchacha decente y no puede unir su destino a un hombre como yo.
      - Nunca antes había conocido a un hombre como usted – lo mira con adoración – no quiero que nos separemos, quiero estar a su lado ¡No me rechace por favor! ¡Yo lo amo!
      - Usted no sabe lo que esta diciendo. No... no... no puede ser que usted se haya enamorado de mí; usted es una niña, no es verdad Angélica.
      - ¡Soy una mujer! Por primera vez en mi vida siento esto, si usted me deja me voy a morir.
      José Luis ya no sabe que hacer.
      - Por favor no diga eso... no diga eso... reaccione; yo no puedo ofrecerle nada.
      - Es que no pretendo nada, solo estar a su lado. Hace un rato me dijo que ni con la vida pagaría lo que hice por usted. Yo no pretendo a cambio su vida, solo unos meses... yo sé que me voy a morir y sé que nunca volveré a querer a nadie como lo quiero a usted – Angélica le suplica – ¡Se lo pido! Déjeme quedarme con usted hasta que Dios decida llamarme a su lado ¡Quiero ser feliz! Y ahora sé que no podría serlo lejos de usted ¡Por favor por lo que más quiera no sea cruel!
      José Luis ante las suplicas de Angélica se queda silencioso y acepta su presencia.
      Al día siguiente los Arechiga se dan cuenta de la ausencia de Angélica y la buscan por todos lados, están preocupados, ella no suele salir sola, su padre va a interrogar al personal para intentar averiguar que sucedió con su hija, de ese modo se entera que Angélica hizo enganchar el coche grande la noche anterior y salió sola, desde entonces no se la ha vuelto a ver. Toda la familia esta angustiada y interrogan a Virginia que dice no saber nada.
      El padre Abundio va de visita a casa de los Almonte, entra por la cocina y conversa con Rosario, esta feliz por la buena relación que tienen Alejandro y Magdalena, se han reconciliados y se los ve enamoradísimos. El padre Abundio expresa su alegría y quiere saber desde cuando se ven asi; Rosario le cuenta que se fue el administrador y poco después se reconciliaron, el padre se pone contentísimo ante la noticia y entra a ver a Magdalena, esta poniendo el nacimiento y lo recibe con alegría.
      - ¡Que gusto verlo! – exclama Magdalena –
      - Mas gusto me da a mí verte tan contenta – contesta el padre Abundio –
      - ¡Soy muy feliz! – Magdalena sonriente le indica que se siente –
      - Cuéntame, me decía Rosario que al fin se fue ese hombre.
      - Si padre, se marcho y afortunadamente Alejandro no se ha enterado de nada ¡Ay padre soy tan feliz! No sabe cuento lo quiero, es un hombre maravilloso.
      - ¡Ay! Te lo decía yo – satisfecho – No en vano lo conozco desde que nació, tiene su carácter... eso sí; pero en el fondo es bueno y generoso.
      - ¿Sabe? En estos días hemos hablado mucho – Magdalena no puede contener su alegría – y me quiere, me quiere mucho.
      - ¡Ay ya lo sé! Eres tú la que no quería convencerse; te quiso desde siempre, por eso se volvió una furia cuando se entero que no correspondías a su cariño.
      - Si, ahora me doy cuenta de lo que debe haber sufrido... porque ahora que estoy tan enamorada... – Magdalena se muestra inquieta - si él me retirara su confianza, su cariño, me sentiría morir.
      - No, eso no sucederá nunca – la tranquiliza el padre – Alejandro es un hombre de sentimientos firmes y profundos. Hay que darle gracias a Dios que todo se haya resuelto en bien para todos. ¡Tu que tanto te quejaste de tu boda! El señor sabe hacer las cosas.
      - Ahora lo que quiero es que nuestra dicha no se acabe nunca, y que ojala pronto podamos tener un hijo.
      - ¡Bueno cuéntame! – el padre Abundio cambia de conversación – Rosario me contó que a ese hombre, el administrador, le acusaron de haber matado al jefe político.
      - Ya sé que usted no comparte mi opinión – Magdalena defiende a José Luis con firmeza – pero le aseguro que José Luis es un hombre noble, decente y si disparo contra ese malvado de Loreto Mejia fue para salvar a Alejandro – se altera - ¡Lo quería asesinar padre!
      - ¿Y José Luis lo defendió? – El padre Abundio no puede creer lo que esta oyendo –
      - Si, asi como se lo digo y Alejandro lo sabe por eso lo tiene en tanto aprecio.
      El señor Arechiga baja al cuartel del pueblo a reclamar la colaboración de la tropa para buscar a su hija. Amalia esta desesperada y vuelve a interrogar a Virginia que cada vez esta mas angustiada, ve sufrir a sus padres y no se atreve a faltar a su juramento.
      Magdalena continua poniendo su nacimiento y Rosario trajina en el salón cuanto Alejandro vuelve a casa. Magdalena sale a su encuentro feliz.
      - Al fin llegar mi amor – lo abraza y besa –
      - ¿Me extrañaste? – pregunta Alejandro mimoso –
      - ¡Muchísimo! – contesta ella cariñosa –
      - ¡Ay! Tenia muchas cosas que hacer – sonríe cariñoso mientras la acaricia - pero si hubiera sabido que estabas tan ansiosa por verme me habría regresado antes – la besa –
      - Siempre estoy ansiosa por verte – Magdalena lo mira sonriente y enamorada –
      - ¿Me quieres? – pregunta Alejandro mientras le acaricia el mentón suavemente –
      - Mas que a nada en el mundo – contesta Magdalena –
      - Me parece imposible – dice Alejandro feliz – eso solo lo veía en mis sueños. Desde que te vi por primera vez... asi imagine que eras, cálida, vehemente, apasionada – vuelve a besarla –
      - ¡Ay te amo Alejandro! Me gusta que me abraces, que me beses... ¿O es impropio que te lo diga?
      - ¡Pues mira! Yo no sé si sea impropio o no – dice Alejandro riéndose – pero me encanta que lo hagas.
      - Vino el padre Abundio a verte – le cuenta Magdalena – te espero hasta la hora de comer, pero después tuvo que irse.
      - Mañana iré al pueblo a verlo.
      - No me gusta que trabajes tanto – se queja Magdalena –
      - ¡Bueno! Es que ahora tengo que hacer el trabajo de Juventino y Antonio.
      - Pero prométeme que al menos vendrás a comer todos los días, no me gusta estar separada de ti tantas horas.
      - ¡Te lo prometo! – contesta Alejandro feliz mientras vuelve a besarla – Y hablando de comida tengo un hambre terrible ¿No podrías adelantar la cena?
      - ¡Claro que sí! Voy a ordenar que te sirvan enseguida.
      Magdalena va hacia la cocina para ordenar que sirvan la cena cuando tiene un mareo y se ve obligada a sujetarse en el respaldo del sillón para no caer. Alejandro acude a sostenerla asustado y la conduce hasta el sofá. Magdalena se va reponiendo y le indica que ya paso, él quiere llamar un medico de Zacatecas, pero ella asegura que no es necesario, ya le sucedió otras veces. Alejandro ante esta declaración se asusta de veras.
      - ¡Óyeme entonces es algo serio!
      - No, es maravilloso – dice Magdalena sonriéndole feliz – no te lo había querido decir porque quería esperar un poco mas de tiempo para estar segura.
      - ¿Qué cosa? – la mira con incredulidad – no... no... no me digas que es cierto Magdalena ¿estas esperando un hijo? Mi amor – la besa feliz – mi amor, mi vida. ¡Gracias, Magdalena gracias – le besa la mano exultante de dicha –
      - Hace un tiempo que lo sospechaba, pero no quería hacerme ilusiones.
      - ¿Cómo? ¿Eso quiere decir que te diste cuenta desde antes que nos reconciliáramos?
      - Sí.
      - Y aun si todavía no me querías ¿no estabas arrepentida? – pregunta Alejandro asombrado.
      - No – contesta Magdalena rotunda – nadie puede renegar de tener una nueva vida en su ser – lo mira picara y sonríe – además ¿quién te dijo que no te quería?
      - ¡Bueno! – exclama Alejandro – por lo menos no lo demostrabas.
      - Tu tampoco – contesta riéndose Magdalena –
      - Es el día más feliz de mi vida – afirma Alejandro besándola –
      Mientras conversan felices entra Rosario para anunciar la visita de Joaquín Arechiga, este se disculpa por la intromisión y lo inconveniente de la hora, pero necesita ayuda para buscar a su hija Angélica que ha desaparecido. Magdalena y Alejandro se horrorizan ante lo ocurrido y Alejandro se va a organizar a los peones en grupos para registrar sus tierras, cuando están a punto de irse Arechiga le cuenta que apresaron a su administrador en sus tierras, el mismo lo entrego a los soldados. Alejandro se queda muy impresionado y Magdalena se levanta demudada y exclama muy alterada que no debieron detenerlo porque es inocente, después le suplica a Alejandro que haga algo, porque si mato a Mejia fue por salvarle la vida. Él se preocupa al verla tan alterada; en su estado puede hacerle daño; Magdalena insiste desesperada.
      - Tienes que salvarlo, tienes que impedirlo, ese hombre no puede morir.
      - Sí, si, iré al pueblo – Alejandro esta asombrado por la desesperación de Magdalena –
      - Dile a los soldados que él es inocente, mueve tus influencias, pero por Dios que no lo maten – Magdalena se aferra a la ropa de Alejandro cada vez mas desesperada –
      - Si mi amor – la tranquiliza Alejandro cada vez mas desconcertado –
      Dimitrio y Alfonso por fin abrieron su garito que es todo un éxito, parece que será una mina de oro y los dos están muy contentos, Dimitrio intenta conquistar a la bailarina esposa del tahúr, asi que Alfonso entretiene al marido mientras su amigo prueba suerte.
      En la casa Magdalena esta en su recamara rezando de rodillas para que José Luis se salve.
      - ¡Sálvalo Dios mío! Tu sabes que no tiene la culpa de nada, que es un hombre bueno, si no lo salvas yo jamás voy a poder ser feliz. Por este hijo que llevo en mi vientre, te suplico que lo salves ¿Cómo puedo basar mi felicidad sobre la muerte de un ser querido? Te lo ruego con todo mi corazón, te lo suplico.
      Alejandro en el pueblo va a ver al sargento Cárdenas para interesarse por la suerte de José Luis, esta muy enfadado y exige verlo, informa al sargento que conoce muy bien las anomalías del cuartel y esta al tanto de la posición de Mejia como jefe de los bandoleros, ya informo de ello al gobernador. Por lo mismo, se va a llevar a su administrador a la hacienda, hasta que llegue la autoridad competente para abrir una investigación sobre lo sucedido, él asume la responsabilidad sobre su custodia, quiere verlo en ese mismo momento y pide que le conduzcan a su celda. El sargento Cárdenas no sabe que decir ni que hacer, tiene miedo que se descubra que se dejo sobornar y le dice a Alejandro que el señor Olivares intento fugarse y tuvieron que disparar, esta muerto. Alejandro se enfurece le agarra por la ropa y lo zarandea, esta a punto de golpearle, pero se contiene.
      Amalia, la madre de Angélica, llora desesperada sobre la cama de su hija, entra Virginia y intenta consolarla, esta cada vez mas angustiada, el secreto de su hermana le pesa demasiado, pero no se atreve a traicionarla, su madre le suplica que intente recordar si su hermana le dijo algo que pudiera ser una pista para saber lo que le sucedió, Virginia duda, pero al final calla. En ese momento se escucha llegar al señor Arechiga y Amalia sale al encuentro de su esposo esperanzada, pero este tampoco tiene ninguna noticia, los dos se quedan sumidos en la desesperación.
      Cuando regresa del pueblo Alejandro encuentra a Magdalena en su dormitorio esperando noticias impaciente y angustiada, le informa que no pudieron encontrar el más mínimo rastro de Angélica, el señor Arechiga esta desesperado, Magdalena lo lamenta, pero rápidamente pregunta por la suerte de José Luis. Alejandro se ve obligado a comunicarle que los soldados le mataron cuando intentaba fugarse. Magdalena se desespera.
      - No, no es cierto – llora con desesperación – dime que no es cierto.
      - Yo también lo siento – dice Alejandro muy afectado – no sabes cuanto lo siento.
      - No... pero no puede haber muerto, dime que no es verdad – Magdalena esta cada vez mas desesperada, su comportamiento raya con la histeria –
      - Cálmate, por favor cálmate – Alejandro esta muy preocupado por la reacción de su mujer y intenta tranquilizarla – no puedes alterarte asi te puede hacer daño, yo también estoy desolado por la noticia, pero ahora ya no hay nada que hacer mi amor.
      - ¡No puede haber muerto! Alejandro no puede haber muerto – Magdalena en su desesperación comienza a gritar – Es que yo tengo la culpa de todo.
      - ¿Por qué dices eso mi amor? – pregunta Alejandro cada vez más preocupado –
      - Es que le debía haber dicho que se quedase.
      - Los dos insistimos pero él no quiso.
      - ¡Yo tuve la culpa! – Magdalena solloza desgarradamente, histérica –
      - ¿Qué estas diciendo Magdalena? Cálmate ya, te lo ruego.
      Ella solloza sin consuelo sentada en la cama ante la desconcertada mirada de Alejandro, que sintiéndose impotente, decide buscar ayuda y sale de la habitación llamando a Rosario y Carmen.
      Angélica y José Luis cenan en una posada del camino donde pasaran la noche, él le ha contado quien fue la mujer que lo abandono para casarse con otro y ella esta desconcertada porque esa mujer sea Magdalena Almonte, no comprende como pudo hacerle eso, ella la consideraba una mujer buena y noble. José Luis la defiende; la obligaron y no tuvo alternativa. Angélica no comprende como él pudo trabajar para Alejandro siendo quien era; José Luis le explica que el marido de Magdalena no le conoce, solo sabe su nombre. José Luis le insiste a Angélica para que se regrese con su familia, él no tiene nada que ofrecerle, ni siquiera un nombre, los dos que llevo están marcados y con los dos es un prófugo. Ella se niega, para ella no hay nadie mejor en el mundo y quiere vivir a su lado, él sabe bien que no será por mucho tiempo, ella ha elegido su vida prefiere unas semanas de dicha a su lado, que meses de agonía lejos de él. José Luis calla ante este argumento y le besa la mano con respeto, agradecimiento y compasión.
      Magdalena sigue llorando desesperada en su cuarto, su tía intenta calmarla:
      - Es que tienes que calmarte, antes que nada porque ese tipo de zozobras no le hacen ningún bien a la criatura, además ¿quieres que tu marido sospeche algo?
      - Pero como quieres que no llore tía ¡José Luis ha muerto! – contesta Magdalena desesperada –
      - ¡Baja la voz hija! – indica Carmen asustada –
      - Yo me siento culpable, yo le rogué, le suplique que se fuera.
      - Hiciste bien, ahora de lo que sucedió después, tu no tienes la culpa, fue una desgracia hija – argumenta Carmen intentando consolarla - ¡ya... ya... deja de llorar! Alejandro esta muy intrigado hija, no esta bien que llores asi por la muerte de un simple administrador, eso no es normal, ¿ qué no lo entiendes? ¿Quieres echar todo a perder? Ahora que están tan felices, que lo quieres y que estas esperando un hijo suyo.
      - José Luis no se merecía ese fin – Magdalena sigue llorando torturada por los remordimientos – si mato a ese hombre fue para salvar la vida de Alejandro, tenia la esperanza que con el tiempo se olvidara de mí y encontrara a otra mujer que lo hiciera feliz, como lo soy yo al lado de Alejandro.
      - ¡Ya hija ya! Deja de estar atormentándote – Carmen cambia el tono de voz ahora habla autoritaria – Te dijo una cosa Magdalena, no voy a tolerar que en mi presencia vuelvas a hablar de ese hombre y como con nadie mas lo puedes hacer, al fin dejaras de mencionarlo.
      Alejandro entra en el dormitorio, esta preocupado por la actitud de su esposa, no puede evitar considerar que hay algo raro en su reacción, los celos comienzan a despertarse de nuevo. Carmen se da cuenta y intenta tranquilizarlo:
      - Ya esta mas tranquila, es que se impresiono mucho porque como esta esperando, las mujeres se vuelven mas sensibles – sonríe quitándole importancia – cualquier cosita les altera.
      Carmen les desea buenas noches y sale de la habitación dejándolos solos.
      - ¿Te siente mejor? – pregunta Alejandro –
      - Sí. – Magdalena se seca las lagrimas y intenta cambiar de expresión –
      - Suponía que esa desgraciada noticia te iba a afectar, pero nunca imagine que hasta ese punto – su expresión es suspicaz –
      - Le tenia mucho aprecio... además... te salvo la vida – contesta Magdalena –
      - Si... ¿nada mas? – Alejandro no puede evitar sospechar algo raro –
      - ¡Nada mas! – contesta Magdalena intentando tranquilizar a Alejandro. Este se calla, pero no acaba de convencerse –
      El padre Abundio va a visitar a la familia Arechiga para consolarlos por la desaparición de su hija, la primera persona que encuentra es Virginia que parece muy afectada, el padre Abundio intenta consolarla, esta le pregunta si es muy grave el pecado que se comete al violar un juramento realizado sobre un crucifijo, el padre Abundio se da cuenta que Virginia sabe mucho mas de lo que dice y se siente obligada a callar, le explica a la niña que es mucho mas grave no decir lo que se sabe en un asunto tan grave en el que hay tantas personas sufriendo, la interroga y al fin Virginia le cuenta lo que sabe. Angélica se fugo con el administrador de Alejandro Almonte.
      Fin del capitulo 35.
      Mar


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