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  • Capitulo 43 de "Bodas de Odio"
    • Mar
      Posted Mar 21, 2003 9:27 PM

      Josefina y Dimitrio regresan de la luna de miel, ninguno de los dos trae cara de felicidad, los criados están entrando el equipaje cuando Dimitrio les indica que vuelvan a colocar su maleta en el coche, Josefina lo mira sorprendida, quiere saber porque ha dado esa orden, él contesta tranquilamente que se va a su casa, ella protesta, esta es su casa ahora, pero Dimitrio afirma que su casa es el lugar donde le atienden, le miman y le complacen. Finita esta angustiada, no puede abandonarla inmediatamente después de la boda, que va a pensar la gente; pero a Dimitrio la opinión de la gente le trae sin cuidado, ya se caso con ella y por lo tanto ya le cumplió, ante esta declaración Josefina dice terminante que no es cierto que no le cumplió. Dimitrio la fulmina con la mirada, lanza un bufido y se marchan sin decir una palabra más.
      José Luis y Angélica llegan a la casa que han alquilado en Puebla. Angélica esta feliz, solo hay una cosa que la entristece, su padre se negó a perdonarla, José Luis intenta tranquilizarla, su madrina asegura que con el tiempo cederá, se tiene que ir al cuartel, cuando esta a punto de salir su esposa le recuerda que no le ha dado un beso, él le pide perdón por el descuido, la besa y se va, dejando a Angélica mirando a su alrededor ilusionada.
      Alfonso esta en la casa de los Mendoza preguntando por Dimitrio cuando este hace su entrada con cara de pocos amigos, después de saludarse lo primero que hace Dimitrio es preguntarle por ese negocio que tienen a medias, Carmen los mira suspicaz, no se fía de nada que tengan a media esos dos, cuando ella sale para avisar a Paula del regreso de su hijo, Adolfo informa a su amigo del triste destino de su negocio; Alejandro Almonte lo cerro con lujo de fuerza, llego una noche con unos soldados, hecho a la clientela a patadas y clausuro el negocio. Dimitrio le reprocha a Adolfo no haberlo impedido, pero este no acepta la responsabilidad, sabe muy bien que en ese maldito pueblo Almonte es el rey, de todas formas no cree que a Dimitrio le afecte mucho, ahora es un hombre muy rico. Dimitrio exclama ¡Sí como no! Lanzando hacia Adolfo una mirada fulminante, por lo que este se da cuenta que algo no marcha bien, pero no tienen tiempo de hablarlo porque Paula llega entusiasmada a dar la bienvenida a su hijo, quedan para verse después.
      Rosario esta en el dormitorio de Magdalena haciendo el aseo, Magdalena la observa sentada en la banqueta de su tocador, Rosario le pregunta cuanto tarda una carta en llegar a la hacienda, Magdalena sonríe al percibir su intención y le contesta que la que ella le escribió a Alejandro ya debe haber llegado. Rosario feliz le expresa su esperanza de que el patrón reaccione bien y pregunta que es lo que Magdalena cree que hará, vendrá o mandara una carta, ella esta segura que vendrá en cuanto la reciba, quizá ya esta en camino. Magdalena le sonríe con esperanza; ojala tenga razón.
      Dimitrio en el antiguo despacho de su padre explica a la familia y a Adolfo su situación con Josefina, ella se niega a revocar el poder que le dio a su hermano, ya lo ha intentado todo, la suplica, el ruego, la amenaza, pero nada resulta, esta completamente dominada por su hermano, mirando hacia Adolfo dice; te das cuenta de la jugada tan sucia que me hicieron todo fue obra de Tomas, pero no se crean que me va a manejar a su antojo. Paula lleva un tiempo intentando interrumpir a su hijo mientras mira a Adolfo, este se da cuenta y se retira, cuando sale Dimitri le reprocha su actitud, Adolfo lo sabe todo y es como de la familia, asi que no ve porque no puede estar presente. Paula no esta de acuerdo, sobre todo hay que guardar las apariencias. Carmen ante esta afirmación se ríe brevemente por lo bajo y le dice a su cuñada, que ya esta como siempre queriendo tapar el sol con un dedo. Paula le expone a su hijo lo apurado de la situación, tiene que intentar que Josefina corra con los gastos de la casa porque esta empezando a pensar que Alejandro y Magdalena no se van a reconciliar jamás.
      Dimitrio va a encontrarse con Adolfo en un café y conversan sobre la difícil situación en que se encuentra.
      - ¡De acuerdo! – dice Adolfo – entiendo que Josefina se sienta herida y humillada, pero ya estas casado con ella, eres su marido, me sorprende que no hayas podido convencerla de revocar ese poder que le ha dado a su hermano.
      - Pues aunque te parezca difícil creerlo no he podido – contesta Dimitrio malhumorado –
      - Pero... lo has intentado por todos los medios – Adolfo esta sorprendido –
      - ¡Pues sí! – exclama Dimitrio fastidiado –
      - Me extraña mucho que no hayas logrado convencerla, ella estaba enamoradísima de ti ¿ya no te quiere? ¿fuiste grosero o poco delicado con ella? – ironico - ¿la decepcionaste? ¿Qué ha pasado Dimitrio?
      - Bueno... es que... – confuso - ¡Mas bien no ha pasado nada!
      - ¡No me digas! – dice Adolfo con sorpresa y regocijo mientras le da un codazo en las costillas – no... no... no puede ser ¿pero porque? Que antes no hayas querido tener nada con ella lo entiendo, pero ahora es tu legitima esposa, además no es tan horrible como para no hacer un sacrificio hay mucho dinero por medio Dimitrio – le la una palmada en la pierna - ¡Muchísimo! Y tu no estas en una situación como para ponerte demasiado exigente.
      - Bueno, ¿y crees que no lo sé? – Dimitrio esta evidentemente fastidiado y confuso – Es que... es que... ¡no puedo!
      - ¿Oye que quieres decir con eso? No... no me digas ¿desde cuando?
      - Desde que nos casamos – contesta Dimitrio –
      - ¿Y se lo has dicho? – Adolfo trata de contener la risa –
      - ¡Por supuesto que no! – exclama Dimitrio molesto –
      - ¡Pues ese si que es un gran problema! – asegura Adolfo –
      Magdalena en el salón de su casa mira la ropa de su futuro hijo, esta ya en avanzado estado de gestación, Rosario le trae un vaso de zumo de naranja y insiste que lo tome, la criatura debe nacer fuerte y sano, Magdalena le sonríe y acepta el zumo Rosario la cuida mas que su madre, Rosario menciona al padre del niño y Magdalena le pregunta si ella cree que se acordara de ella.
      - Claro que si niña – contesta sin vacilar Rosario –
      - Tal vez ya se le paso el capricho, no sé... quizá alguna mujer le hizo olvidar los momentos que paso conmigo – dice Magdalena triste –
      - No lo creo niña. El patrón se veía tan enamorado cuando estaban en la hacienda.
      - Si, pero el amor se acaba – dice Magdalena melancólica –
      - Cuando es del bueno no – afirma Rosario rotunda –
      - Si Alejandro de verdad me hubiera querido habría contestado a mi carta, si no lo hizo quiere decir que no le importa nada de mí ni de mi hijo.
      - Porque no le escribe señora, a lo mejor esa carta que usted le mando no le llego nunca.
      - No Rosario, no tengo porque humillarme mas frente a él, bastante lo he hecho. He buscado una reconciliación, le he pedido perdón ¿qué mas puedo hacer?
      - Pero es que uno de los dos tiene que dar el primer paso.
      - Yo ya lo di – dice Magdalena rotunda – y si él no ha respondido quiere decir que sigue pensando de mi lo peor y en esas condiciones no me interesa tenerlo cerca.
      Llega al salón Carmen sonriente y feliz con una chaquetita para el bebe que acaba de terminar, comenta que van a tener que cambiar al niño tres veces al día para que tenga tiempo de estrenar todo lo que tiene también le pregunta a Magdalena si ha decidido ya que nombre va a llegar su hijo, ella contesta que si, si es niña se llamara Laura como su abuela y si es niño Iván, como su padre, Iván Mendoza dice Magdalena con orgullo y cariño en la voz.
      En la hacienda Alejandro entra en la casa de un humor de los mil demonios, arroja con violencia el sombrero sobre el sillón, se pasea nervioso de un lado a otro y por fin se deja caer en el sofá con gesto de desesperación, aparece Maria por la puerta de la cocina.
      - En un ratito comemos – dice contenta - ¿tienes hambre? ¿Es cierto que encontraron una nueva veta en la mina? Me lo dijo Cipriano.
      - Si, - contesta Alejandro lacónico sin volverse a mirarla –
      - ¿Y no estas contento? – insiste Maria –
      Alejandro la mira malhumorado y la gruñe.
      - ¿Por qué siempre estas de malhumor? Ya sé que a todos nos has prohibido hablar de eso, pero han pasado casi seis meses Alejandro, tienes que hacer algo para arrancarte a esa mala mujer de la sangre.
      Alejandro comienza a mover las manos y las piernas impaciente sin decir media palabra, se nota que esta a punto de estallar, pero Maria insiste en el tema.
      - Me da coraje que por culpa de esa mujer hayas cambiado tanto, antes eras alegre, bueno, y ahora ni tu mismo te aguantas, ella nunca te ha querido Alejandro y la verdad nunca debiste fijarte en una mujer asi.
      Alejandro mira hacia el techo harto de escuchar a Maria, esta ha conseguido colmarle la paciencia y le advierte.
      - Mejor no le sigas Maria.
      - Pero es que alguien tiene que hacerte razonar, no puedes vivir todo el tiempo amargado por una mujer que no vale la pena, tienes que dejar de pensar en ella.
      - ¿Y como? ¿Tu tienes la receta? – dice Alejandro –
      - Si, que me tomes como a tu mujer – contesta Maria –
      - Ya esto casado Maria – dice Alejandro terminante –
      - A mi no me importa, te aseguro que no te arrepentirás Alejandro, yo viviría para darte gusto y podrás tener hijos, una familia que te quiera, que te respete.
      - Pero yo no quiero tener hijos bastardos Maria.
      - Que importa si son bastardos, de todos modos serán tus hijos, vivirán contigo, los veras crecer, tendrás su amor y ya no estarás tan solo.
      Alejandro se calla pero por su expresión no parece haber sido insensible a los argumentos de Maria.
      En el salón de los Mendoza están reunidas Paula, Carmen y Magdalena, las dos ultimas cosen ropita para el bebe, Paula se queja de su suerte, según ella, parece imposible que teniendo a sus dos hijos casados con personas de gran fortuna estén en la miseria, dentro de poco no tendrán ni para comer, ha tenido que ir vendiendo sus joyas y la gente comienza a murmurar, como es posible que tenga que vender sus joyas teniendo un yerno millonario y una nuera también millonaria, y el remate va a ser cuando nazca la criatura y Alejandro no se presente a reconocerlo, entonces estarán en boca de todos. Carmen se harta de escucharla y le pide que deje ya de mortificar a Magdalena ella no tiene la culpa.
      - ¡Ah! ¿Y quien la tiene yo? – exclama indignada Paula –
      - Pues si – contesta Carmen enfadada – por haberla obligado a casarse con ese hombre que ahora es un celoso que piensa que tu hija es la mujer más despreciable del mundo.
      - ¿Y quien dio motivos para que Alejandro empezara a dudar? – pregunta alterada Paula – fue esta insensata que intento escaparse varias veces para fugarse con el otro.
      Magdalena ha seguido tejiendo en silencio pero ya esta harta y corta la discusión entre las cuñadas.
      - ¡Bueno ya basta! Estoy cansada de reproches, de lamentaciones, no hay día en que no me echen la culpa de todo lo que pasa.
      - ¡Yo no! – contesta Carmen –
      - Si tía, tu también, siempre me atormentas hablándome de él, recordándomelo y insistiendo en que me humille rogando por su perdón, cuando la ofendida soy yo – terminante - Y les voy a decir una cosa; Me importa muy poco que mi hijo nazca sin padre, asi que no voy a hacer las pacer con Alejandro.
      Alejandro ha llamado a un abogado de la capital, cuando este llega a la hacienda le informa que quiere anular su matrimonio, después de saber que este si se ha consumado, el abogado le expone las dificultades del caso, no es muy probable que se la den, además se tendrá que abrir un proceso largo y penoso, habrá que interrogar testigos a su esposa y el escándalo será inevitable, Alejandro no esta interesado en el escándalo, no le importa lo que se hable, desea la anulación y esta dispuesto a pagar todo lo que sea necesario, dejando muy claro que el abogado puede sobornar a quien quiera y al precio que sea.
      Angélica lee una carta de su madre, esta le ha perdonado y desea ir a verla pero su padre no se lo permite, no le perdona su matrimonio con José Luis, este entra en la casa y la encuentra triste con la carta en la mano, le vuelve a cuestionar su matrimonio, pero ella dice que es muy feliz a su lado, que estos meses han sido los mas dichosos de su vida, José Luis la toma de la mano y le sonríe enternecido.
      En la hacienda Alejandro esta sentado en el salón con la mirada perdida, llega Cipriano que le pregunta muy sorprendido si de verdad se va a descasar. Alejandro le contesta que sí.
      - ¿Y a poco se puede? – dice Cipriano sorprendido rascándose la cabeza – yo pensaba que cuando uno se casaba era para toda la vida.
      - Y asi es. – contesta Alejandro –
      - ¿Entonces? – pregunta Cipriano que sigue sin entender nada –
      - Pues con dinero se consigue todo – asegura Alejandro cínico – Bueno, casi todo. Este abogado que contrate es muy hábil y tiene muchas amistades, él sabrá a quien embarrarle la mano de dinero para conseguir lo que quiero, al menos que lo que herede del viejo Almonte sirva de algo.
      - ¡Hijole! – exclama Cipriano – ¿Y te vas a poder casar otra vez con quien quieras sin que tu mujer se haya muerto?
      - Eso espero – contesta Alejandro –
      - ¿Y con quien te quieres matrimoniar? ¿Con Maria?
      - ¿Por qué no? Es una muchacha decente, honrada y me quiere ¿no?
      - Pero tu no la quieres a ella – contesta Cipriano –
      Alejandro le fulmina con la mirada, se levanta sin decir nada mas y se mete en el despacho. En cuanto desaparece Alejandro entra el padre Abundio, Cipriano le saluda y le pregunta intrigado si es verdad que uno se puede descasar, el padre le contesta sorprendido que en algunas ocasiones si, pero quiere saber porque lo pregunta; Cipriano le cuenta que Alejandro a contratado a un abogado de la ciudad para que lo descase, el padre Abundio se lanza indignado hacia el despacho de Alejandro hecho una furia, entra sin llamar ni saludar, Alejandro que esta escribiendo unas cartas lo mira sorprendido por el ímpetu de la entrada.
      - Es verdad lo que acaba de decirme Cipriano – pregunta el padre Abundio muy alterado- es verdad que quieres anular tu matrimonio. –
      - Si, - contesta Alejandro aparentemente muy tranquilo – contrate un abogado para que inicie los tramites ante las autoridades civiles y eclesiásticas.
      - ¿Pero has perdido el juicio Alejandro? ¿Te das cuenta del paso que estas dando? ¿Y como piensas lograrlo?
      - Diciendo la verdad – dice Alejandro muy seguro –
      - ¿Cuál verdad, dime, cual verdad? – pregunta el padre furioso –
      - La que usted y todo el mundo sabe.
      - ¡No! – grita el padre Abundio – si no la que te dicta tu enfermo cerebro.
      - Le ruego que se calme padre – dice Alejandro –
      - No... no... no me voy a calmar, estoy indignado de que te hayas atrevido a tanto, se puede saber que mentiras, de que artimañas te vas a valer para conseguirlo, porque ningún tribunal te va a conceder la anulación sobre la base de una simple sospecha.
      - Pero si no son sospechas padre, y de todos modos si es necesario estoy dispuesto a gastar hasta el ultimo centavo de mi fortuna para lógralo.
      - ¿Quieres sobornar a la iglesia? – el padre Abundio manotea indignado – pero tú estas loco, y todavía tienes la desfachatez de decírmelo a mí, que lo único que te he enseñado es la honradez y la decencia.
      - No tengo porque ser decente y honrado con quien no lo ha sido conmigo – asegura Alejandro muy decidido – con una mujer que se ha burlado de mi cariño, que ha pisoteado mi orgullo, mi nombre, que se ha reído en mi cara engañándome de esa manera, quiero vengarme padre necesito hacerlo para aliviar un poco el dolor tan grande que estoy sintiendo.
      - No... no... no... no – grita el padre Abundio llevándose las manos a la cabeza – no puedo creerlo, no me puedo convencer que hayas cambiado de esa manera, que los celos te hayan envenenado el alma hasta ese punto. ¿Te das cuenta de lo que estas haciendo? Vas a destruir la vida de esa pobre mujer y de un inocente que no tiene la culpa de tus aberraciones.
      - ¡Pero por Dios padre! – contesta Alejandro alterado – ¿pero que pretende usted? Qué la reciba en mi casa junto con su bastardo, como si nada hubiera pasado.
      - Es que nada ha pasado – el padre Abundio esta desesperado grita manotea parece a punto del soponcio – y esa criatura no es un bastardo, es tu hijo, tú lo engendraste, Magdalena no conoció otro hombre mas que tu.
      - Bueno no tiene caso seguir hablando – Alejandro ha tomado la costumbre últimamente de cortar las conversaciones y desaparecer cuando le dicen cosas que no quiere oír –
      - ¡Ah, por supuesto que sí! – exclama el padre Abundio – y lo seguiré haciendo una y mil veces hasta hacértelo entrar en esa cabeza dura que tienes.
      - Bien, – dice Alejandro mientras se levanta – entonces me voy a ver obligado a evitar su compañía padre. Buenas tardes, y sale del despacho sin mas explicaciones.
      - Pero yo vendré a buscarte cuantas veces pueda, no... no te será tan fácil librarte de mí – grita el padre levantándose también indignado, esta a punto de llorar desesperado por la cerrazón de Alejandro, sin saber que hacer ya reza.
      - Virgen del cielo ayúdalo, ilumínalo, o esa amargura lo perderá para siempre.
      Dimitrio le cuenta a Adolfo las tretas a las que tiene que recurrir para sacarle unos cuantos pesos a Josefina, dice que le debe a alguien, que le van a meter en la cárcel, al principio ella se niega pero después accede. Adolfo lo considera un buen método, pero Dimitrio no esta de acuerdo, tiene que montar todo una comedia, primero ruega, después amenaza, suplica, llora en fin es una táctica bastante molesta. Adolfo de dice que no se queje, por lo menos tiene para irla pasando, él esta peor, su hermana ya no quiere prestarle, y su padre ha prometido no volverlo a ver mientras viva, asi que no tiene a quien recurrir, le sugiere a Dimitrio que le ayude a hacer las paces con Josefina, asi entre los dos podrán sacarle mas dinero, pero Dimitrio no acepta, Josefina es su esposa, y no esta dispuesto a que un vívales le saque el dinero.
      Magdalena y Carmen salen a la bonetería a por encajes para los vestiditos del bebe, y en el establecimiento se encuentran con Angélica Arechiga, Magdalena y ella se saludan con cariño, Angelica les cuenta que se caso con José Luis Álvarez, Magdalena la invita a su casa a tomar el té y allí la esposa de José Luis les cuenta lo sucedido, fue ella la que insistió en fugarse, él no tuvo la culpa de nada, se casaron hace seis meses en San Luis Potosí, su madrina consiguió el perdón de su marido y ahora esta en el acuartelamiento de Puebla con el grado de capitán. Magdalena pregunta si su padre sabe que se caso y donde vide, Angélica responde afirmativamente, su padre no la ha perdonado, pero su madre sí. Magdalena se interesa por el paradero de los Arechiga, quiere saber si volvieron a la hacienda, ella le cuenta que no, desde que ella se fugo no han vuelto por allí. Angélica se retira y Carmen la acompaña a la puerta cuando regresa esta indignada y suelta pestes contra José Luis; mientras Magdalena sufre por la necedad de ese desdichado a él mejor no podía haberle ido, se caso con una mujer rica, el mismo don Porfirio lo perdono, y esta otra vez en el ejercito con el grado de capitán. Quería mucho a Magdalena, estaba loco por ella, pero que rápido se consoló, para Carmen todo eran mentiras, y por un mentiroso asi, ella estuvo a punto de abandonar marido, casa y todo, perdiendo la dignidad y el orgullo.
      Magdalena ha ignorado la peorata de su tía, esta preocupada porque existe la posibilidad de que los Arechiga regresen a la hacienda y informen a Alejandro del paradero de José Luis, cuando él se entere que su antiguo amor esta residiendo en la misma ciudad a saber que va a pensar.
      Angélica regresa a su casa y encuentra a José Luis esperándola inquieto, ella le cuenta que estuvo tomando el té con Magdalena Almonte, la encontró en la bonetería, esta embarazada, su hijo nacerá dentro de poco. La noticia altera a José Luis que se siente herido por el embarazo de Magdalena.
      Esa noche en la hacienda Alejandro vestido con un batín esta en el salón a oscuras bebiendo, entra Cipriano que se sorprende al encontrarlo allí a esas horas y sin luz.
      - ¿Qué haces aquí a oscuras? – sin esperar respuesta continua – En la tardecita vino el padrecito.
      - ¿Qué quería? – dice Alejandro –
      - Pues saludarte no mas, me pregunto que si no sabíamos nada de la patroncita Magdalena. Oye Alejandro ¿tu crees que habrá nacido la criatura?
      Alejandro se levanta malhumorado después de fulminar a Cipriano con la mirada y responde rotundo.
      - Pues no lo sé ni me importa – intenta irse –
      - ¿No te importa? – pregunta Cipriano – oye espérate no te vayas, vamos a platicar un rato.
      - ¿De que quieres platicar? ¿De Magdalena? Pues es un asunto que no me interesa.
      - Pues entonces platiquemos de... – Cipriano se interrumpe y regresa sobre el tema- a lo macho ¿ya no te importa?
      - No quiero hablar de eso Cipriano porque es una herida que aun no se ha cerrado.
      - ¿Sigues enamorado? – pregunta Cipriano –
      - No lo sé... pero... – Alejandro se desespera – pienso en ella noche y día, con rabia, con coraje, como sea, pero siempre la tengo en mi pensamiento.
      - ¡Hijole te pego reduro! Tan buena gente que se veía, tan chula... una virgencita, dice el padrecito que no es verdad que te haya jugado chueco.
      - ¿Cuándo hablaste con él de eso?
      - Pues todas las veces que lo veo, siempre me platica de lo mismo, dice que él sabe que ella no te ha hecho tarugo con aquel y que te vas a condenar por haberle hecho lo que le hiciste y por no querer aceptar a tu hijo, dice el padrecito que él pone la mano en el fuego que es tuyo. – Cipriano al ver que Alejandro no reacciona continua – oye Alejandro, y si el padrecito estuviera en lo cierto y de verdad fuera tu hijo... pos como que seria muy gacho que anduviera rodando por ahí y si te descasas y la patoncita se vuelve a casar con otro – ahora Alejandro reacciona cambia de color y se le ve angustiado – pues el niño le andaría diciendo papá a uno que no es.
      Alejandro no responde, pero esta evidentemente afectado por lo que Cipriano le ha dicho.
      Esa noche en Puebla Magdalena se despierta en medio de la noche, se siente mal, se levanta, se dobla de dolor y llama a gritos a su madre y su tía, el parto ha comenzado, Rosario y Carmen suben con agua y paños limpios, mientras Nadia y Josefina esperan en el vestíbulo noticias sobre el acontecimiento.
      Fin del capitulo 43.
      Mar


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