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  • Capitulo 62 de "Bodas de Odio"
    • Mar
      Posted Apr 17, 2003 2:45 PM

      Magdalena llora desesperada mientras lamenta que Alejandro se fuera sin ella. Dimitrio le cuenta que llego la policía a buscarle y no le quedo mas remedio que escapar. Víctor le contó que Alejandro quería ir a buscarla a casa de su madre pero no tuvo tiempo, escapo con Rosario, nadie sabe donde fueron.
      - Mira Magdalena, yo no sé si Alejandro sea culpable o no – dice Dimitrio –
      - Por supuesto que no – asegura Magdalena ofendida por la duda –
      - De todos modos la verdad tal vez nunca la sabremos.
      - ¿Pero que dijo Alejandro antes de irse? ¿Se va a poner en contacto conmigo?
      - Puede ser que si – Dimitrio enfrenta a su hermana muy serio – Mira Magdalena escúchame, tienes que estar enterada de todo lo que te va a pasar. En cuanto las autoridades declaren que Alejandro Almonte es un impostor, y tienes que estar consciente que solo un milagro puede evitarlo, tu matrimonio con Alejandro no existirá.
      - ¿Cómo? – Magdalena mira a su hermano incrédula –
      - Mira, tu te casaste con Alejandro Almonte, pero si ese hombre no es Alejandro Almonte, tu matrimonio será nulo, te habrás casado con alguien que no existe.
      - Almonte o no yo me case con él – asegura Magdalena con firmeza –
      - Bueno, viviste con él, tuviste un hijo suyo, pero sin estar casada – aclara Dimitrio –
      - No es cierto, no es verdad, no puede ser cierto Dimitrio, no es verdad – Magdalena desesperada se niega a admitir lo que su hermano le cuenta mientras llora sin saber que hacer –
      Alejandro y su madre han conseguido salir de la ciudad en el carruaje conducido por Cipriano, han tomado la carretera que los conducirá a Zacatecas, viajan deprisa y el carruaje traquetea y salta en los numerosos baches del camino. Rosario le dice a su hijo que lo mejor hubiera sido quedarse, porque al escapar todos van a pensar que es culpable. Alejandro le contesta que Torres Quintero debe haber arreglado las cosas para que todos crean que es un impostor, el único que puede ayudarle es el padre Abundio, nadie se atreverá a dudar de la palabra de un sacerdote en un juicio, y, además, si falsificaron las firmas, la letra del padre también debe estar falsificada y eso se puede probar si el padre Abundio aparece. Rosario esta preocupada porque su hijo pueda pensar que ella mintió, Alejandro la tranquiliza, confía en ella, pero todo este asunto debe aclararse porque si lo desconocen como hijo de Almonte, Magdalena ya no será su esposa y su hijo se convertirá en un bastardo.
      Cipriano avisa que más adelante, hay un reten de soldados guardando el camino, al llegar el coche a ese lugar los soldados le dan el alto. Cipriano detiene los caballos, el oficial se acerca al coche. Alejandro abre la portezuela y pregunta porque los detienen, el oficial respetuoso quiere saber su nombre. Alejandro le responde que es Fernando de la Vega que viaja de Cholula a la capital. El oficial le pide alguna documentación que acredite su personalidad. Alejandro muy sereno asegura que tuvo que emprender el viaje con suma urgencia y no pensó en llevar ningún documento que lo identificara. El oficial se retira, habla unos momentos con otro soldado y después vuelve a acercarse al carruaje, pidiendo muy amable que le acompañen al puesto de guardia, pues se parece mucho a la descripción que tienen de un fugitivo, que viaja con una señora y su criado, y le pregunta directamente; ¿No es usted el señor Almonte? Alejandro le da un empujón, tira al suelo al oficial, cierra la portezuela a la vez que Cipriano pone los caballos a galope, los soldados disparan al coche, cuando ven que este desaparece, suben a los caballos persiguiéndolos.
      Alejandro después de asegurarse que Cipriano y su madre están bien, que no los alcanzo ninguno de los disparos, le grita a Cipriano en la próxima curva aminore la velocidad del coche para que su madre y él puedan saltar del coche, es mejor continuar la huida a pie, al llegar a la curva el coche se detiene y los dos bajan. Alejandro le pide a su amigo que azuce los caballos y se lance, pero Cipriano lanza los caballos a galope sin hacerle caso mientras grita que los alcanzara en la noche. Alejandro y su madre se ocultan detrás de un terraplén, entre unos árboles, y desde allí ven pasar a los soldados que persiguen el coche.
      En casa de los Mendoza, Paula, Carmen y Dimitrio están reunidos en el salón para estudiar la situación. Paula considera que la huida de Alejandro es una declaración de culpabilidad. Dimitrio y Carmen no están de acuerdo, él no tenia otra salida fuera inocente o culpable, porque poco habría podido hacer desde la cárcel. Paula defiende su posición; El testamento que obra en poder del juez lo entrego el propio Alejandro y el magistrado Ordóñez es un hombre honorable, ella cree que son culpables y no sabe que hacer ante la vergüenza que se va a abatir sobre la familia. Dimitrio considera que en este momento no pueden hacer nada, él ya advirtió a Magdalena sobre lo que va a ocurrir, ella se niega a creerlo. Paula piensa que su hija debe abandonar la casa de Alejandro, ella ya no tiene nada que hacer allí. Dimitrio no ve necesario torturar mas a Magdalena con ese tipo de peticiones, de todos modos va a tener que abandonarla en poco tiempo; En cuanto el juez desconozca a Alejandro como hijo de Almonte, todo pasara a manos de Armida Guillén.
      Magdalena esta sentada en la cama de su dormitorio llorando desesperada, Víctor pide autorización para entrar, esta muy preocupado por Magdalena, esta no ha dejado de llorar en todo el día y no ha querido comer nada, insiste para que al menos cene algo. Magdalena no tiene hambre pero quiere saber donde fue Alejandro, esta segura que Víctor sabe algo, comprende que no se lo haya querido decir a su hermano, pero a ella debe contárselo, no dirá nada a nadie. Víctor responde que cree que ha ido a Zacatecas a buscar al padre Abundio, es su única posibilidad de demostrar que lo que dice es cierto y el testamento ha sido falsificado.
      - ¿Y usted cree que el testimonio del padre Abundio seria suficiente para que las autoridades le crean? – pregunta Magdalena esperanzada –
      - Señora la palabra de un sacerdote ante un jurado tiene mucho peso – afirma Víctor –
      - ¡Ay Dios mío, ojala lo encuentren! – exclama Magdalena –
      - Señora antes de irse me dio que estuviera usted tranquila, que confiara en él, que le mandaría un recado tan pronto como le fuera posible, él quería ir por usted a casa de su señora madre pero ya no tuvo tiempo.
      - ¿Estaba muy angustiado?
      - Si, mas que nada por la pena de separarse de usted y de su hijo.
      Magdalena le da las gracias a Víctor por su información y sus atenciones, cuando él se retira continua llorando sin consuelo.
      Ha caído la noche, Alejandro y Rosario siguen escondidos entre los árboles esperando a Cipriano, Alejandro ha ido varias veces hasta el camino buscando su rastro en vano, esta muy preocupado tiene miedo que los soldados lo hayan matado, deja a su madre delante de un fuego y vuelve a salir para rastrear la zona. Rosario se queda esperando, al rato escucha unos ruidos que se acercan, se asusta y toma un tronco que hay cerca de ella y se apresta a defenderse, intenta golpear al bulto que sale de entre los árboles, se oye la voz de Cipriano protestando ante el recibimiento, ya esta bastante golpeado, no le hace falta que Rosario lo remate. Alejandro escucha las voces y acude rápidamente, interroga a Cipriano sobre lo sucedido, este le cuenta que lanzo los caballos a galope y al llegar al puente sobre el rió hizo que se desbocaran, salto del coche, este se despeño y cayo al rió, los soldados registraron las orillas bastante tiempo hasta que se convencieron que no había superviviente, pues el rió en esa zona es muy hondo, con orillas muy escarpadas y la corriente arrastro rápidamente el carruaje y los caballos, después de escuchar la explicación de Cipriano Alejandro se queda mas tranquilo y los tres se ponen en camino.
      Sebastián llega a su habitación del hotel donde lo espera Armida muy preocupado, se ha enterado que Almonte ha escapado y aunque en principio pueda parecer bueno, porque de esta forma ante los ojos del mundo será una confirmación de su culpabilidad él no esta tranquilo, Almonte es un hombre peligroso, si queda libre puede intentar tomar venganza y si se pone a investigar sobre ellos tiene miedo de lo que pueda pasar. Armida no cree que Alejandro pueda averiguar nada, no tiene datos, además, debería viajar hasta Perú para investigar y no cree que eso sea posible.
      El oficial que mandaba la patrulla que detuvo el coche de Almonte se presenta delante de Torres Quintero para dar cuenta de su muerte.
      - Estábamos de guardia en la carretera, cuando apareció un coche de dos caballos, en el interior viajaba un caballero y una señora mayor, cuando le pregunte por su nombre dijo llamarse Fernando de la Vega, en viaje de Cholula a la capital, me acorde de la descripción que nos mandaron del cuartel general del señor Almonte y este hombre se le parecia mucho.
      - ¿Cómo era? – pregunta Torres Quintero –
      - Alrededor de los treinta y cinco años, güero, ojos claros, fuerte... Le dije que tenia que acompañarnos al puesto de guardia, la señora que iba con él se veía muy asustada...
      El militar termina su relato y Torres Quintero se convence que su enemigo esta muerto, de regreso a su casa le da la noticia a Adolfo y pretende que este le entregue el testamento, ya que después de la muerte de Almonte no tiene caso que lo conserve, él esta dispuesto a firmarle un documento ante notario donde se compromete a pasarle una cantidad mensual. Adolfo sonríe cínico y le pregunta suavemente si Magdalena Mendoza ya lo sabe, dejando muy claro que aun quedan herederos, Torres Quintero palidece.
      Paula y Carmen han recibido la noticia de la muerte de Alejandro por un recado de Torres Quintero y van a casa de Magdalena para darle la noticia, Paula comienza por intentar convencer a Magdalena para que regrese a su casa, pero ella se opone, esta en su casa y, además, Alejandro prometió ponerse en contacto con ella, Paula y Carmen se miran, al fin Paula se arma de valor y habla.
      - Magdalena, tenemos que decírtelo, esta mañana un empleado de Torres Quintero llego a la casa con una noticia, resulta que una patrulla de soldados detuvo el coche donde él viajaba con su madre, los reconocieron, quisieron escaparse pero al llegar a un puente los caballos se desbocaron y cayeron al rió, murieron todos los ocupantes del coche.
      - No, no es cierto, no es verdad – las lagrimas comienzan a deslizarse por el rostro de Magdalena que se niega ha aceptar la muerte de Alejandro –
      - Hijita tienes que resignarte – dice Carmen –
      Magdalena se pone de pie, se lleva las manos a la cabeza y llora desesperada mientras grita.
      - No, Alejandro no puede haber muerto.
      Paula se pone de pie y se acerca a su hija muy afectada por su dolor intentando calmarla.
      - Magdalena por Dios cálmate hija.
      Magdalena se agarra a su ropa zarandeándola inconscientemente mientras grita desesperada.
      - Dime que no es cierto, dime que me estas mintiendo.
      Paula sostiene a su hija que rota de dolor solloza desesperada contra su hombro.
      Dimitrio esta en el salón de su casa leyendo el periódico cuando escucha llegar a Josefina que entra en la casa llamándole a gritos, la ve entrar en tromba en el salón, se tropieza con una butaca con la prisa y rueda por el suelo. Dimitrio se levanta para ayudarla asombrado por su comportamiento, ella se levanta muy apurada y le cuenta lo que ha oído en una visita que estaba haciendo; Alejandro Almonte ha muerto, y, además, estaban diciendo que era un impostor, que realmente no era hijo de Benjamín Almonte, ella no puede creer que sea cierto. Dimitrio reacciona rápidamente, le dice que no sabe si es o no cierto que Alejandro sea un impostor, pero tiene que averiguar si es verdad la noticia de su muerte, se marcha rápidamente seguido por Josefina que grita muy excitada que ella le acompaña.
      José Luis esta sentado en el salón de su casa muy triste cuando ve llegar corriendo a Rufino que parece muy excitado. Este le cuenta un rumor que recorre toda Puebla, resulta que Alejandro Almonte ha muerto, pero no era Almonte, parece que era un impostor, había sido descubierto y huía de los soldados, el coche se callo por un puente y todos los ocupantes se ahogaron, lo que más preocupa a José Luis ante esta noticia es si Magdalena viajaba en el coche y parte rápidamente para el cuartel a por noticias.
      Magdalena sentada en la cama de su dormitorio sigue llorando sin consuelo. Paula a su lado, ya no sabe que hacer para aliviarla, le repite que se calme pero no hay consuelo para ella. Paula impotente, se pone de pie y deja su sitio a Carmen que sienta sobre la cama al lado de Magdalena, le toma la mano y se la aprieta intentando transmitirle fuerza.
      - Magdalena mi amor ya no llores – dice Carmen cariñosa –
      - Pero es que no puede estar muerto tía, Alejandro es toda mi vida ¿Qué voy a hacer sin él? – Magdalena mira a su tía con expresión desesperada sin dejar de llorar –
      - Te entiendo hija, te entiendo, pero nos tienes a nosotras, a tu hijo.
      - Pero Alejandro... Alejandro, es que no quiero que hay muerto – solloza desesperada –
      Carmen la abraza contra su pecho y la acuna como si fuera una niña.
      - No quiero pensar que no lo voy a volver a ver. ¡No puede ser, no debe ser! – repite Magdalena como una letanía mientras su tía la acuna intentando calmarla-
      Víctor llega en ese momento a la casa y pregunta a Maria que esta sucediendo, extrañado por el ambiente que reina en ella. Maria no sabe nada, solo que llegaron la madre y la tía de Magdalena y ella esta llorando en su recamara como una desesperada. Víctor se preocupa, quizá trajeron alguna mala noticia.
      Paula sale de la recamara de Magdalena y pide a Maria que prepare un té para calmar los nervios para su hija, cuando Maria sale le anuncia a Víctor la muerte de Alejandro. Le cuenta que cayeron al rió con el coche cuando los soldados los perseguían y que no hubo supervivientes, los soldados trajeron la noticia. Paula da orden a Víctor de empacar las pertenencias de su hija y su nieto, se trasladaran hoy mismo a su casa, Paula se retira.
      Víctor al quedarse solo comienza a llorar. Maria entra y se sorprende al verlo, él le da la noticia; Alejandro ha muerto. Maria no puede creerlo y grita incrédula ¿Muerto? ¿Alejandro muerto?
      Dimitrio llega a casa de su hermana y encuentra a Paula y Carmen en el salón, muy preocupadas, se da cuenta que ya saben la noticia pregunta como esta Magdalena, ellas le cuentan que esta desesperada, no tiene consuelo. Paula pregunta a su hijo esperanzada si la muerte de Alejandro detendrá el proceso.
      - Se lo pregunte a Torres Quintero – responde Dimitrio – y me dijo que la muerte de Alejandro no tiene nada que ver, de todos modos se le va a desconocer como hijo de Benjamín Almonte, todos sus bienes pasaran a manos de Armida Guillén Almonte.
      Josefina que ha venido con Dimitrio, pide permiso para entrar a ver a Magdalena, Carmen la acompaña hasta su dormitorio.
      Magdalena sigue llorando sin consuelo, Josefina se acerca a ella compasiva, se sienta a su lado en la cama. Magdalena la mira desesperada.
      - No puede ser cierto, Alejandro era mi vida – dice Magdalena mientras sigue sollozando –
      - Tienes que resignarte Magdalena – Josefina la abraza con ternura –
      - Es que no lo voy a poder hacer nunca. – asegura Magdalena desesperada - Daría mi vida por poder verlo una vez mas y ahora ni una tumba tengo donde llorarle.
      - No te angusties Magdalena – Josefina no sabe como aportar consuelo –
      - Porque no me fui con él, por lo menos nos habríamos muerto juntos ¡Ojala Dios me llevara junto a él! – dice Magdalena llorando sin consuelo posible –
      José Luis regresa a su casa después de haber investigado la noticia de la muerte y impostura de Almonte, esta furioso, rabioso con Alejandro por haber engañado a Magdalena y sobre todo, porque con ese engaño lo separo de ella, compadece a su amor, tiene que estar desesperada y muerta de vergüenza. Rufino le señala que ahora ella es viuda igual que él. José Luis, indignado, aclara que ella no es viuda, nunca estuvo casada, al haberse casado con un hombre que no existe legalmente su matrimonio es nulo.
      - Maldito como pudo haberse burlado de ella de esa manera – dice José Luis rabioso – Pero ahora si, ahora si, la orgullosa familia Mendoza se va a arrepentir de no haber permitido que se casara conmigo – asegura José Luis rencoroso –
      Magdalena se traslada con su hijo a casa de su madre, se mueve como un autómata, aturdida por el dolor, deja a los demás decidir. Entra en su antigua habitación acompañada de su tía, se sienta en una silla a los pies de la cama con aspecto agotado, Carmen intenta consolarla.
      - Yo también sufrí mucho cuando falleció mi marido, entiendo lo que sientes – dice Carmen apretando la mano de Magdalena –
      - Pero tu estuviste a su lado hasta el ultimo momento, recogiste sus palabras, lo estrechaste en tus brazos, mientras que yo... es que... yo ni siquiera le puede decir adiós tía – se lamenta Magdalena con los ojos llenos de lagrimas –
      - Es verdad, pero a ti al menos te dejo un hijo, yo en cambio me quede sola.
      Víctor regresa a casa de Alejandro, Maria sale a su encuentro nerviosa, Víctor le confirma la noticia, la policía le ha dicho que Alejandro esta muerto. Maria se niega a creerlo, mientras no le muestren su cadáver no lo aceptara. Víctor la mira tristemente, ojala él tuviera su fe, pero considera que no hay nada que hacer, pregunta por Magdalena y Maria le anuncia rencorosa, que se fue a casa de su mama con el niño. Víctor considera que fue lo mejor, en unos días ellos también tendrán que abandonar la casa, todo pasara a manos de Armida. Él regresara a la capital y pide a Maria que lo acompañe, pero ella insiste en quedarse en Puebla, quiere tomar venganza, no sabe como pero las ganas de desquitarse de Armida y Torres Quintero no se las quita nadie.
      Sebastián va a casa de Torres Quintero para que le confirme la noticia de la muerte de Almonte, este no esta y le recibe Adolfo muy amable, lo invita a tomar una copa comentándole irónico la enorme suerte que tuvo la señorita Armida de que se descubriera la impostura de Alejandro. Sebastián esta inquieto, no sabe muy bien a que juega Adolfo, este continua interrogándole en el mismo tono y Sebastián no tiene mas remedio que responder a sus preguntas; Le cuenta la misma historia de siempre, es un noble español, que viaja por el mundo por diversión. Adolfo sonríe irónico y le señala la enorme suerte que tiene de poseer una fortuna suficiente para hacer esa vida.
      Alejandro ha llegado al pueblo de la hacienda, entra en casa del padre Abundio y encuentra a un sacerdote de espaldas atizando el fuego, loco de alegría llama al padre Abundio, el sacerdote se vuelve y Alejandro se da cuenta que hay otro cura en el lugar del padre Abundio.
      Fin del capitulo 62.
      Mar


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