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RESUMENES DE "BODAS DE ODIO"

eres el unico

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QUE PUEDO DECIR DE TI,TODAS LAS NOVELAS QUE VEO SON TAN REAL QUE CADA DIA TE AMO MAS FERNADO ERES TAN REAL EN LAS NOVELAS QUE NO DEJO DE VERLAS ......SOY UNA MUJER ROMANTICA Y APASIONADA,COMO TU EN LAS NOVELAS,,,,Y HASTA AHORA NO HE PODIDO ENCONTRAR EL PERFECTO HOMBRE,POR ESO ME GUSTA VER TUS NOVELAS POR QUE ES LO UNICO QUE ME ENTRETIENE VERTE Y SERTIRME AMADA SOLO VIENDOTE A TI PUEDO......MS

Escrito desde May 23, 2008, 7:16 PM

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hola fernando

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bueno solo pasaba para decir hola y desearte mucha suerte en todas tus metas que tengas para este ano..... Cuidate mucho!!!!!!!!





con carino,
Ana Martinez

Escrito desde Apr 24, 2008, 2:12 AM

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Gracias Fer

by Erika


Hola Fer:

Me da gusto ver que tienes a tantas seguidoras, pero sabes yo de verdad te admiro desde hace mucho tiempo, felicidades por lo que haz alcanzado, mil besos, eres un hombre muy guapo y sencillo.

Tu admiradora Nùmero 0 osea la primera.

Gracias por todas tus novelas, pelis, teatro, etc.



Escrito desde Mar 30, 2008, 1:35 AM

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ayuda

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es que alguien me puede ayudar me gustaria ver los furcios que estan en este foro pero no lo consigo me pueden ayudar gracias

Escrito desde Oct 20, 2006, 4:16 PM

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!FELIZ CUMPLE FER!!!!!!

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FELIZ CUMPLEAÑOS FER, TE DECEO LO MEJOR, TE ADMIRO MUCHO Y ERES UN MANGO,
ERES ESPECIAL Y DANOS SIEMPRE LO MEJOR, TE KIERO
CARLA

Escrito desde Mar 4, 2006, 1:22 AM

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Te admiro, Fer

by

Tenia tiempo buscando una pagina donde pudiera espresar la admiration que siento por ti.
Cada una de las interpretaciones que haces en tus telenovelas me parecen magistrales, sobre todo en la novela Alborada.
Gracias por llenar nuestras pantallas de tu arte y de ese sentimiento que expresas en cada protagonization.
Que Dios te bendiga, deseo de todo corazon que sigas llenando tu vida de exitos.
Muchos Besos!
Besos desde Austria.

Escrito desde Mar 3, 2006, 11:50 AM

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Fernado Colunga

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Soy un fan de Fernando Colunga y estoy buskando un e-mail donde escribirle.
Gracias de antemano

Ladydev

Escrito desde Dec 28, 2005, 3:30 PM

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Capitulo 75 y ultimo de "Bodas de Odio"

by Mar

José Luis esta en su despacho lamentándose con Rufino, esta muy dolido por la actitud de Magdalena que ni siquiera quiere recibirlo.
- Yo no tengo la culpa de nada ¿por qué? ¿Por qué acusarme a mí? ¿Acaso dije a Torres Quintero que falsificara el testamento? Y si Almonte se metió con esa gente ¿Es culpa mía? Yo fui la primera victima de todo esto. Si Magdalena se hubiera casado conmigo nada hubiera pasado.
- Lo que debiste de hacer era olvidarte de ella en cuanto se caso con el otro Pepe.
- ¡Es que ella no lo quería! – se lamenta José Luis –
- ¡Pues ahora si lo quiere! – declara Rufino –
- Que vida tan triste he tenido ¿Por qué no se caso conmigo? Yo si la habría hecho feliz, mi vida entera le habría dedicado.
- Si, ya sé que te están llevando los demonios Pepe – dice Rufino compasivo – pero la mera verdad, la güerita hace mucho tiempo que dejo de quererte, desde que estábamos allí en la hacienda de su marido. No mas que tu no quisiste aceptarlo ¡Pero ni modo! Hay que saber perder Pepe.
- Todos, todos vamos a perder – José Luis tiene los ojos llenos de lagrimas – Almonte la vida, ella a su marido... y yo todas mis esperanzas.
- ¿Cuándo se le van a echar? – pregunta Rufino –
- Mañana.
Alejandrito come pastel en medio de toda la familia, todos están felices por su regreso. Magdalena se pone de pie y dice que va a vestirse, tiene que alcanzar a Alejandro para decirle que el niño ha regresado, quizá todavía no se haya entregado. Dimitrio pide que se lleven al niño y le cuenta a su hermana que su esposo se entrego el día anterior en el cuartel de Cholula. Magdalena pregunta con lagrimas en los ojos, casi sin voz, sí todavía continua con vida. Dimitrio asiente. Magdalena da media vuelta y sin decir nada mas sube las escaleras decidida, Paula la sigue muy preocupada.
Llega Josefina con el padre Abundio, Dimitrio les comunica que el niño ya apareció, Josefina se va feliz a verlo, Dimitrio se queda hablando con el padre Abundio.
- Nuestro señor es justo, no podía permitir tanta maldad. Ya declare ante el magistrado y me dijo que dentro de unos días Alejandro volverá a recuperar su apellido y su posición.
- Alejandro no tiene salvación padre – dice Dimitrio muy triste – Ayer se entrego a las autoridades militares de Cholula.
Maria y Víctor llegan al cuartel de Cholula, le piden al teniente al mando permiso para visitar a Alejandro y muestran el documento que los autoriza, el teniente les franquea la entrada y los conduce a la celda de Alejandro.
Alejandro esta sentado en el suelo, escucha abrirse la puerta y se levanta. Maria entra en la celda y se arroja en sus brazos.
- Maria que gusto verte – Alejandro se dirige a Víctor – se abrazan.
- Alejandro aquí estamos – dice Víctor –
- Gracias ¿cómo se enteraron?
- Nos lo dijo tu cuñado.
- ¿Devolvieron a mi hijo? – pregunta Alejandro preocupado –
- Bueno, por lo menos hasta que salimos de la casa de tu cuñado todavía no – responde Víctor pesaroso –
- ¡Maldito sea! – Alejandro palidece aterrorizado por la suerte de su hijo –
Maria solloza sobre el hombre de Alejandro, pero él no les permite hablar de lo que va a suceder, pide que le platiquen sobre ellos, quiere saber que fue de sus vidas después que se separaron, los dos le cuentan lo sucedido en su ausencia.
Le van a devolver todo lo suyo, la mujer que se presento como su prima era una impostora que ya esta en la cárcel y el verdadero testamento de su padre fue encontrado por su cuñado que ya lo presento al gobernador. Le van a devolver su apellido, su fortuna, la hacienda y la fabrica, todo lo que era suyo.
- ¿Entonces mi hijo llevara mi nombre? – Alejandro sonríe satisfecho –
- ¡Claro que sí! – responde Víctor –
- Es increíble que precisamente ahora este pasando esto – Alejandro se queda en silencio con la mirada perdida –
- ¿Y tu madre? – pregunta Víctor –
Alejandro reacciona y contesta.
- Esta bien, se fue con Cipriano y un amigo, Manuel Calderón.
- ¿Calderón? ¿El que detuvieron esa vez junto contigo? – Víctor esta sorprendido-
- Si, ha sido como un hermano para mí – Alejandro suspira muy preocupado - ¿Entonces de mi hijo no hay ninguna noticia?
- Todavía no, pero Francisco Torres Quintero esta muerto, lo asesinaron – dice Víctor –
- También el padre Abundio ha vuelto – cuenta Maria –
- Si, me lo dijo Cipriano ¿Qué le paso?
- Lo tuvo preso el jefe de la policía, en una casa perdida en una cañada, para que no declarar a tu favor.
- Bueno, pues me alegro que todos estén bien – dice Alejandro intentando sonar animado –
- ¡Y tu Alejandro! – solloza Maria –
Alejandro no responde y acepta el abrazo de Maria con la mirada perdida y una inmensa tristeza en el rostro.
Paula no se puede resignar a quedarse sin hacer nada, sugiera a Dimitrio que vayan a ver otra vez al gobernador, pero su hijo le asegura que será inútil, sino se conmovió con Magdalena no lo hará con nadie, solo les queda resignarse.
- Hijo, es que tengo miedo que Magdalena nunca se recupere por la perdida ¿Y si fuéramos a ver al señor Presidente?
- Con todo lo que esta pasando en el país ¿Tu crees que Porfirio Díaz va a perdonarle la vida a un cabecilla de ese movimiento? Nunca.
Paula oculta el rostro en las manos desesperada.
Al cuartel de Cholula llega Magdalena con su hijo, acompañada de su tía Carmen y el padre Abundio, se presenta al teniente al mando del puesto y exige ver a su marido. El teniente le comunica que las visitas están prohibidas: No puede dejarla pasar, después de que todos los presenten intercedan por ella, ante la negativa del teniente da media vuelta con su hijo de la mano y entra en la cárcel mientras dice.
- ¡Atrévase a detenerme!
- ¡Señora por favor! – exclama el teniente corriendo detrás de ella –
Alejandro esta sentado en el suelo de su celda fumando, escucha los cerrojos de la puerta, tira el cigarrillo y se pone de pie, se abre la puerta y en el umbral aparece Magdalena con su hijo de la mano.
Alejandro contempla al niño incrédulo y emocionado, Magdalena se arrodilla al lado de su hijo, mira sonriendo a Alejandro con los ojos húmedos y le dice al niño.
- Es papa, amor mío.
Alejandro se acerca lentamente sonriendo, se arrodilla frente a su hijo, extiende los brazos y lo toma por los hombros.
- ¿Cómo te llamas? – pregunta sonriéndole con los ojos llenos de lagrimas –
- Alejandro Iván – responde el niño –
- Almonte – completa su madre orgullosa arrodillada detrás del niño –
- Almonte – repite el niño –
- Yo soy tu papa y también me llamo Alejandro – Alejandro abraza al niño emocionado –
Magdalena les observa sonriendo emocionada mientras las lagrimas corren por su rostro.
Alejandro la mira por encima del hombro de su hijo y le da las gracias mientras los ojos vuelven a llenársele de lagrimas.
- ¿Con quien viniste? – pregunta Alejandro sin dejar de abrazar a su hijo –
- Con mi tía Carmen y el padre Abundio. El teniente dice que las visitas no deben ser muy largas – Magdalena sigue llorando –
- Si claro – Alejandro suelta a su hijo –
- Despídete de tu papa mi vida – dice Magdalena – vamos dale un beso.
- ¡Adiós! – dice Alejandro mirando a su hijo emocionado –
- Adiós papá – Alejandrito le da un beso –
Magdalena entrega al niño a su tía y se queda sola con Alejandro.
Alejandro se incorpora intentando recuperarse y contener las lagrimas.
- Me vinieron a ver Víctor y Maria, y me dijeron que todo se arreglo – Alejandro intenta recuperar la serenidad –
- Si, el padre Abundio te quiere ver – dice Magdalena intentando controlarse –
- Sí, claro.
Magdalena se rompe y lo abraza llorando.
- Me voy a quedar a... hasta... – se abraza mas fuerte a Alejandro –
- No, no te vas a quedar ¡ por favor! – dice Alejandro angustiado incapaz de mirar a Magdalena, las lagrimas se escapan de sus ojos a pesar de sus esfuerzos por contenerlas –
- En cuanto haya hablado con el padre Abundio quiero que te regreses a Puebla.
- Pero Alejandro es que... – Magdalena no puede continuar le ahogan las lagrimas-
- No, te lo ruego Magdalena compláceme – Alejandro tiene la voz rota por la emoción ya no puede contener las lagrimas – No quiero que tu y mi hijo presencien... “eso”- Alejandro sonríe entre las lagrimas, acaricia el rostro de Magdalena con ternura - ¡Adiós mi vida y gracias otra vez por todo!
Magdalena lo mira llorando, Alejandro la atrae hacia él con fuerza y la estrecha entre sus brazos llorando, los dos lloran abrazados.
- Magdalena por favor... ya... ya – Alejandro intenta separarla, pero ella continua aferrada a él sollozando – Vete Magdalena, vete ya, vete Magdalena.
Alejandro hace un gran esfuerzo para recuperar el control de sus emociones, Magdalena se aparte de él con esfuerzo, se miran con los ojos llenos de dolor y desesperación. Magdalena da media vuelta y desaparece llorando. Alejandro se queda solo destrozado por el dolor.
El padre Abundio es conducido a la celda de Alejandro, mientras Magdalena y su hijo salen de la cárcel acompañados por la tía Carmen.
Alejandro tiene la frente apoyada contra la pared de la cárcel desesperado, entra el padre Abundio, se abrazan, el padre lo mira con tristeza y afirma que por primera vez en su vida no sabe que decir para consolarlo. Alejandro asegura que con su presencia es suficiente. El padre Abundio se dispone a confesar a Alejandro se pone la estola y él se arrodilla en el suelo.
José Luis esta se pasea por el salón de su casa como un león enjaulado, ha decidido darse de baja en el ejercito, ya no puede tolerar tanta injusticia-
- ¿Te refieres a lo que le van a hacer al hacendado? – pregunta Rufino –
- Ha eso y a todo lo demás – asegura José Luis – Por primera vez, por primera vez, vi en los ojos de Magdalena, el rencor y el desprecio – José Luis se rompe por el dolor – Me acuso de perseguir a Almonte como un animal, me lo dijo con odio. Él le importa mas que yo.
- Si, eso parece Pepe – Rufino mira a su amigo con compasión –
- ¿Pero como iba a saber que tenia derecho a llevársela? Creí que no era su marido y ella se iba a casar conmigo. Esta vez aunque él muera la he perdido para siempre – José Luis esta destrozado todas sus ilusiones se han roto y ya no tiene esperanza –
- Suena la campanilla, Rufino abre y entra Magdalena, quiere hablar con José Luis.
- Antes que nada quiero pedirte perdón por haber dudado de ti. Ya apareció mi hijo, estaba perdido, una mujer lo encontró muy lejos de la casa y como él no supo decir donde vivía ni su apellido, no nos lo pudo devolver, hasta que Dimitrio hizo circular unos volantes por la ciudad, a esa mujer le dieron uno y esta mañana lo llevo a la casa.
- Me alegro por ti – responde José Luis –
- José Luis no quiero que Alejandro muera – dice Magdalena mirándolo a los ojos desesperada – No es justo, él esta peleando por una causa noble, no lo puedes negar, tu mismo cuando eras pobre pensabas asi ¿lo recuerdas?
- No lo he olvidado – asegura José Luis muy serio –
- Eres el único que puede ayudarlo, tu conoces al presidente Díaz, intercede por él, te lo suplico José Luis.
José Luis se sienta al lado de Magdalena.
- ¿Estas muy enamorada de él, verdad?
- Si – responde Magdalena serena y firme –
- ¿Desde cuando?
- Desde que estábamos en la hacienda – Magdalena le hace una promesa – Si le salvas la vida te prometo que dejare a mi hijo con mi familia y me iré contigo a donde tu quieras para siempre - Magdalena lo mira con los ojos llenos de lagrimas – Te lo juro por la memoria de mi padre.
Adolfo y Dimitrio llegan a casa de los Mendoza vestidos de negro, ya tienen el permiso para asistir a la ejecución y hacerse cargo del cadáver, lo traerán a la casa para velarlo, es el marido de Magdalena.
Magdalena baja las escaleras acompañada de Carmen.
- Nos vamos a Cholula Magdalena – dice Dimitrio – Ya tengo el permiso para hacerme cargo de Alejandro, lo vamos a traer aquí.
- Pero no puede ser – Magdalena se desespera – José Luis me prometió que él iba a tratar de solucionar todo esto.
- Si, pero de todos modos, es mejor que nos vayamos para allá.
Adolfo y Dimitrio salen de la casa.
Magdalena asustada toma de las manos a su madre y su tía.
- ¿Ustedes no creen verdad?
- Dios siempre puede hacer un milagro hija – Carmen aprieta la mano de su sobrina –
- Por favor Magdalena, no te hagas demasiadas ilusiones – dice Paula preocupada-
José Luis llega al cuartel de Cholula, el teniente se cuadra delante de él y le pregunta si viene para hacerse cargo de la ejecución de Alejandro Almonte. José Luis no contesta y imperioso ordena que lo lleven con el prisionero.
Conducen a José Luis a la celda de Alejandro, este acaba de terminar de confesarse con el padre Abundio, cuando la puerta se abre dando paso a José Luis los dos hombres se miran a los ojos Alejandro orgulloso, José Luis altivo.
- Almonte al salir del cuartel, si en algo estima su vida le aconsejo que abandone inmediatamente el estado de Puebla – dice José Luis a un desconcertado Alejandro –
- ¿Qué quiere decir? – Alejandro lo mira incrédulo –
- Que lo voy a dejar libre – afirma sereno José Luis –
- Me va a dejar libre – repite Alejandro estupefacto - ¿Por qué?
- Porque... – José Luis vacila – Porque si, veámonos.
El padre Abundio y Alejandro se miran desconcertados y después siguen a José Luis, este conduce a Alejandro fuera de las celdas, hasta el puesto de guardia donde el teniente los mira asombrado. José Luis ordena a Rufino que los acompañe fuera del cuartel, después de dirige a Alejandro que no puede creer lo que esta sucediendo.
- Solo le pido que la haga muy feliz – dice José Luis –
- ¡Discúlpeme coronel! – exclama desconcertado el teniente –
- Enseguida le atiendo – José Luis lo corta con un gesto imperioso - ¡Vallase! – le dice a Alejandro –
Alejandro lo contempla unos momentos estupefacto y después se apresura a seguir a Rufino fuera del cuartel.
José Luis se vuelve hacia el desconcertado teniente y le dice.
- Teniente asumo la responsabilidad completa de lo sucedido.
- ¿Quiere decir que lo dejo libre por iniciativa propia? – el teniente esta asombrado -
- Asi es, mándele un telegrama al gobernador informándole de todo lo sucedido, yo me quedare aquí esperando la respuesta – José Luis parece sereno y decidido-
- Si, señor – el teniente se dispone a escribir el despacho –
Rufino ha conducido a Alejandro y el padre Abundio fuera del cuartel. Alejandro todavía desconcertado pregunta a Rufino.
- No entiendo, me perdonaron la vida ¿pero quienes?
- Pepe, por sus pistolas – dice Rufino muy preocupado –
- ¿Por qué? – Alejandro esta cada vez mas desconcertado –
- Porque quiso – responde Rufino –
- Sean cuales sean los motivos dele las gracias – dice Alejandro –
Rufino regresa al cuartel.
- Ha sido un milagro hijo – dice el padre Abundio loco de alegría –
- Si padre – contesta Alejandro sin acabar de creérselo –
- Pero ahora tienes que irte rápido, yo regreso a Zacatecas, al pueblo.
- Víctor y Maria se fueron para allá a cuidar de la hacienda, deles la noticia por favor padre – pide Alejandro –
- ¿Y tu mujer?
- Le voy a escribir. Adiós padre y gracias por todo.
- Que Dios te bendiga.
Alejandro se apresura a desaparecer en el bosque.
El gobernador recibe el despacho del teniente que esta a cargo del cuartel de Cholula.

Me permito informarle que el coronel José Luis Álvarez, ha dejado en libertad al sentenciado a muerte Alejandro Almonte.

El gobernador pálido de rabia arruga el despacho y ordena mandar un telegrama al presidente informándole de lo que ha hecho su protegido.
En el puesto de guardia del cuartel de Cholula José Luis apoyado en la mesa con aire ausente espera su destino. Rufino se acerca y le pide que se vayan, nadie se atreverá a detenerlos, se pueden ir al norte con los alzados, allí esta su sitio. José Luis le dice a Rufino que debe irse con ellos, pero que él no huirá.
Magdalena le cuanta a su madre y su tía su conversación con José Luis.
- Le jure a José Luis que si le salvaba la vida a Alejandro me iría con él para siempre.
Carmen y Paula se miran desconcertadas, sin creer lo que están oyendo.
- Pero como pudiste hacer eso – dice Paula – No mi amor, no debiste. Alejandro preferiría la muerte a lograr la libertad a ese precio.
- Si, pero yo prefiero saberlo vivo – dice Magdalena muy segura –
- ¡Ay no hija! - exclama Carmen – Yo pienso igual que tu mama, si el coronel cumple con su promesa, ¿te imaginas lo que va a ser la vida de Alejandro de hoy en adelante? No mil veces va a desear haber muerto.
- Si, pero tenia que hacerlo, no puedo tolerar que Alejandro muera mama, prefiero saberlo vivo aunque... aunque... – Magdalena vacila – aunque ya no seamos el uno para el otro, además, va a tener el consuelo de Alejandrito, yo en cuanto sepa donde esta se lo voy a mandar.
- No, pero tu te crees que Alejandro se va a resignar a saberte con ese hombre hija, no, no lo hará – asegura Carmen –
- Bueno tendrá que hacerlo – dice Magdalena muy decida mientras sale de la habitación –
- Bueno, esto es peor que cualquier cosa – Carmen esta desconcertada –
- Te juro Carmen, que si el coronel cumple con su promesa, aunque sea lo ultimo que haga en mi vida, yo lo convenceré para que rehusé el ofrecimiento de Magdalena.
Porfirio Díaz recibe el telegrama del gobernador de Puebla comunicándole lo que ha hecho José Luis, después de leerlo da orden de fusilarlo.
José Luis espera en una celda la hora de la ejecución, entra el teniente para buscarlo, se quita la guerrera y sale tranquilo, avanza hasta el patio seguido por los soldados.
Dimitrio y Adolfo llegan a la puerta del cuartel, entregan el documento que les autoriza a presenciar la ejecución y hacerse cargo del cadáver, después de examinarla les franquean la entrada.
José Luis es conducido hasta el paredón, se coloca junto a la pared, muy erguido, orgulloso. El pelotón forma delante de él a la voz de mando, el teniente se acerca para taparle los ojos, José Luis rechaza la venda, el teniente se cuadra y retrocede, da la orden de disparar, ante la mirada triste de Rufino que se despide de su amigo.
Dimitrio y Adolfo hacen su entrada en el patio a tiempo para contemplar la ejecución y observan desconcertados que el reo no es Alejandro.
José Luis recibe varios disparos en el pecho y cae al suelo, mientras cae recuerda los momentos felices que paso con Magdalena.
Magdalena recibe una carta de José Luis que lee en la soledad de su dormitorio.

Nunca pensé aceptar tu ofrecimiento. Yo te hubiera querido a mi lado enamorada de mí, no de otro, tampoco te sientas culpable de mi muerte, hubiera podido escapar si ese hubiera sido mi deseo. Rufino te lo puede decir, nadie se hubiera atrevido a impedírmelo, pero no quise.
Si salve a tu marido no fue solo por ti, sino por él también, su vida tiene un fin noble y justo, a mí la vida y las circunstancias me llevaron por otro camino, pero en el fondo siempre he pensado como él, tú lo sabes.
Adiós Magdalena, que seas muy dichosa.
José Luis.

Magdalena ha llorado durante toda la lectura de la carta, ahora arrecia los sollozos muy triste por el destino de su antiguo amor.
Han pasado varios meses, Adolfo y Dimitrio conversan en el despacho sobre la difícil situación del país, hay levantamientos en todos lados, les esperan tiempos muy difíciles.
- ¿Supiste que el famoso Sebastián de la Cruz o como se llame fue quien asesino a la familia Guillén? – dice Dimitrio –
- No, no lo sabia – dice Adolfo sorprendido –
- Si, la policía lo obligo a confesar, parece que era el maestro de música de la verdadera Armida Guillén, cuando se entero de la carta que mando Benjamín Almonte, se le ocurrió la idea de asesinar a toda la familia y su amiga Adelina fue la que se hizo pasar por la muchacha.
- ¡Que barbaridad! – exclama Adolfo –
En el vestíbulo esperan Paula y Carmen mientras vigilan a las sirvientas que bajan el equipaje de Magdalena.
- No es peligroso un viaje tan largo ahora, dicen que el país esta lleno de revoltosos – dice Carmen preocupada –
- No, los soldados no se atreverán a hacerle nada a la hija del general Mendoza – asegura Paula – Y los rebeldes... no olvides que es la esposa de Alejandro Almonte – Paula habla con orgullo de su yerno –
- ¡Ay, ojala tengas razón! – exclama Carmen no muy convencida –
- Por supuesto que la tengo – dice Paula altiva –
Magdalena baja acompañada de su hijo y se despide todos, abraza a Carmen y a Josefina que esta evidentemente embarazada, después se dirige a su hermano, lo abraza con cariño y le recomienda que cuide de la familia como ha hecho hasta ahora. Magdalena se despide de Adolfo con un abrazo, le pide que salude a Nadia.
- Quiero pedirte perdón Magdalena – dice Adolfo contrito –
- No, no – Magdalena le toma las manos – Mira si no le hubieras quitado el testamento a Francisco, él lo hubiera destruido, gracias Adolfo-
Magdalena y Paula se abrazan llorando.
- Que Dios te bendiga hija, y que seas tan feliz como te mereces.
Magdalena toma a su hijo de la mano y sale de la casa.
- Me da tanta tristeza que se vayan, vamos a extrañarla tanto, especialmente al niño – dice Josefina a Dimitrio –
- Pronto habrá otro correteando por la casa – Dimitrio besa a su esposa con ternura –
El carruaje llega frente al portón de una hacienda y se detiene. Cipriano llama a gritos a Rosario anunciando que ya llegaron. Magdalena se baja del coche con su hijo, Cipriano toma en brazos al niño, Rosario llega corriendo saluda a Magdalena y toma al niño en brazos.
- Vamos mi amor dale un beso a tu abuelita – dice Magdalena –
- ¿Alejandro esta aquí? – pregunta a Cipriano –
- Si, y ya estaba pensando que no la iba a ver, mañana tenemos que irnos de nuevo a la bola.
- ¿Dónde esta? – pregunta Magdalena impaciente –
- Voy a llamarlo corriendo – Cipriano atraviesa el portón de la hacienda a toda prisa, seguido por Rosario con el niño en brazos y Magdalena –
Cipriano corre entre los árboles llamando a Alejandro, cuando le ve le grita que ya llegaron. Alejandro deja el caballo que traía de las riendas y sale corriendo al encuentro de Magdalena, que al verlo a lo lejos corre también perdiendo el sombrero en la carrera, se encuentran, se detienen mirándose sonrientes, después se abrazan y se besan. Rosario pone al niño en el suelo que corre hacia sus padres, Alejandro lo toma en brazos y los tres se abrazan muy juntos, después camina hacia la casa sonrientes y felices mientras aparece la palabra fin.
Capitulo 75 y ultimo.
Mar




Escrito desde May 4, 2003, 10:44 PM

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Capitulo 74 de "Bodas de Odio"

by Mar

La ultima noche juntos de Alejandro y Magdalena ha terminado, amanece, ambos salen de la hacienda en ruinas abrazados, fuera esperan todos los habitantes del campamento. Magdalena se separa de Alejandro y llorando se despide de Manuel Calderón que le besa la mano respetuosamente, Cipriano también le besa la mano con tristeza, Rosario se abraza a ella llorando, le pide que la escriba, va a estar en la finca de Manuel, alguien le leerá la carta. Magdalena ahogando un sollozo se lo promete y se dirige a la carreta acompañada de Alejandro que con entereza intenta darle ánimos.
- Dale un beso a mi hijo.
Alejandro la estrecha entre sus brazos y la besa, se separa de ella con esfuerzo. - Te tienes que ir mi amor.
Magdalena se sube en la carreta, Alejandro estrecha su mano – Adiós mi amor – da la orden al conductor – Ya vete – y la carreta parte. Magdalena mira hacia atrás llorando, mientras Alejandro levanta la mano para despedirla.
Maria y Víctor llegan a casa de los Mendoza, en la calle les han entregado un volante pidiendo datos del hijo de Alejandro y Magdalena y han ido a pedir noticias, les recibe Josefina que les cuenta las ultimas novedades; Por fin se abrió la instructoria para que a Alejandro le devuelvan su nombre y sus bienes, ya encontraron el verdadero testamento de Benjamín Almonte y Dimitrio, se lo entrego al gobernador, además, Armida y Sebastián ya están en la cárcel.
Dimitrio ha ido a visitar a Nadia con el fin de consolarla, también para darle las ultimas noticias, y prevenirla sobre las sospechas del gobernador en lo que respecta a la participación de Adolfo en el asesinato de Torres Quintero. Nadia se alegra mucho ante las buenas noticias sobre el asunto de Alejandro, pero se asusta cuando se entera que Adolfo es sospechoso. Además, descubren que las declaraciones de Dimitrio y Nadia sobre el hombre que fueron a ver no coinciden; Dimitrio declaro que era un hombre parecido a Adolfo, pero que no era él, sin embargo, Nadia dijo que era moreno chaparro, totalmente diferente a su hermano. Dimitrio abraza a Nadia intentando confortarla y por encima de su hombro ve entrar a Adolfo con cara contrita y asustada en la habitación. Los dos se levantan para recibirlo, Nadia lo abraza.
- Yo no quería hacerlo, pero él me amenazo, quería matarme – Adolfo mira a su hermana pidiendo perdón –
Dimitrio informa a Adolfo que el gobernador sospecha de él; No debió volver. Adolfo señala que nunca se fue, viene a pedir el perdón de Nadia porque se va a entregar, mato a un hombre, que, además, era su cuñado. Dimitrio toma las riendas de la situación.
- ¡Vamos a ver! No te precipites, en todo caso podemos alegar legitima defensa, la policía a lo mejor ya te esta buscando. Yo sugiero que antes que te agarren vayamos a hablar con el gobernador, le expondremos el caso y que él decida.
En el campamento de los rebeldes Rosario esta sentada aparte muy triste, Alejandro se acerca a ella y la abraza cariñoso.
- Perdóname mama he estado apartado de ti.
- Si hijo yo lo entiendo – responde Rosario –
- Ha sido tan corto el tiempo que pude disfrutar de ti – lamenta Alejandro – Y mucho mas breve el que estuve al lado de Magdalena pero... – sonríe con tristeza- pero no te angusties por mi mama, por lo menos he sido muy feliz ¡Ven vamos a caminar por el campo! – los dos salen abrazados –
Dimitrio y Adolfo están en presencia del gobernador, permanecen de pie delante le la mesa en la que él esta sentado, muy disgustado ante la noticia; Adolfo fue quien mato a Torres Quintero, Adolfo explica porque lo hizo.
- Yo tenia el testamento del señor Almonte y cuando le dije a Francisco que se lo había entregado al señor Mendoza quiso matarme, le quite la pistola y dispare.
- ¿Desde cuando tenia usted ese documento? – el gobernador esta muy molesto –
- Desde que Francisco y el marques de la Cruz falsificaron el otro.
- ¿Y por que no lo entrego a las autoridades?
- Porque creíamos que Almonte había muerto, yo no quería perjudicar al marido de mi hermana. Además... – Adolfo duda – porque quería sacar provecho.
- ¡Extorsionando a esa mujer! – afirma irónico el gobernador – Bueno es reconfortante el comportamiento de nuestros jóvenes, los que tendrán algún día en sus manos el futuro de nuestra patria.
- ¡Bueno excelencia! – exclama Dimitrio con insolencia – Francisco no era precisamente un joven y ya ve usted lo que hizo.
- Es usted un muchacho con muy poco tacto señor Mendoza – afirma ofendido el gobernador –
- ¿Por qué? Porque digo la verdad – Dimitrio se apoya en la mesa del gobernador – Adolfo actuó en legitima defensa, además, si usted lo entrega a la policía, mientras se aclaran las cosas pueden salir a relucir muchos detalles muy molestos. El señor Torres Quintero era “su” secretario – en la voz de Dimitrio hay una velada amenaza –
- ¿Qué insinúa usted? – el gobernador se pone de pie indignado –
- Nada señor, pero los partidarios del señor Madero, que ya están armando bastante alboroto podrían suponer cosas que no son, azuzar a la prensa en contra de usted. Un escándalo que involucre a los colaboradores del presidente no creo que sea lo más conveniente en estos momentos.
El gobernador pasea inquieto por el despacho, mientras Dimitrio y Adolfo lo observan, por fin toma una decisión, se vuelve hacia Dimitrio.
- Esta bien, váyanse y espero que sean discretos por el bien de todos.
Dimitrio y Adolfo se apresuran a retirarse, Adolfo esta visiblemente aliviado.
La mujer que encontró a Alejandrito intenta darle de comer pero el niño, cada vez más triste se niega, ella ya no sabe que hacer con él, no puede quedárselo y se plantea llevarlo con las monjitas.
Maria y Víctor continúan hablando con Josefina de los problemas de Alejandro. Maria esta muy contenta pues considera que dentro de pocos días Alejandro podrá regresar, hay que intentar localizarlo para contárselo. Josefina le dice con pena que eso no va a poder ser. Alejandro es un reconocido bandido; Víctor asegura indignado que no es un bandido, es un rebelde, que se ha levantado en armas contra el gobierno, se entero por los diarios, y el presidente Díaz ha ordenado mano dura con los que se oponen a su gobierno. Josefina asegura que la solución es que Alejandro y Magdalena se vayan al extranjero, Dimitrio venderá sus bienes y les mandara el dinero, de esta forma podrán vivir tranquilos. Maria insiste en verlo, se le ocurre que Cipriano podría decírselo, deciden ir a ver a José Luis Álvarez para pedirle permiso, están a punto de retirarse cuando aparece Carmen, que viene de la calle muy contenta porque le han entregado un volante a la salida de misa, eso quiere decir que los están repartiendo por toda la ciudad, al ver a Maria la saluda muy seca, con cara de pocos amigos, cuando se retiran le cuenta a Josefina que Maria le hizo la vida imposible a Magdalena cuando estuvo en la hacienda, no hizo mas que intrigar para causarle problemas con Alejandro, es que esta enamorada de él.
Josefina suspira compadeciendo a Maria; Es muy triste estar enamorada y no ser correspondida. Carmen la mira con picardía y le pide que le cuente como van las cosas entre ella y Dimitrio. Josefina avergonzada responde que muy bien, además, últimamente se ha sentido mal, con muchos ascos y mareos. Carmen se alegra mucho de lo que parecen síntomas de embarazo.
Suena la campanilla Josefina abre la puerta y se queda de piedra al ver entrar a Magdalena, que sin apenas detenerse a saludar, sube corriendo las escaleras diciendo que tiene que cambiarse de ropa para ir a ver a Francisco. Carmen y Josefina desconcertadas la siguen hasta su habitación.
Magdalena en su cuarto comienza a quitarse la ropa a toda prisa, mientras les informa de lo sucedido; Francisco mando un recado por Cipriano, él tiene a Alejandrito y ha amenazado con matarlo si Alejandro no se entrega. Carmen desconcertada le cuenta a su sobrina que Francisco esta muerto, lo asesinaron hace unos días. Josefina dice que Dimitrio piensa que fue Adolfo quien lo mato porque Adolfo tenia el verdadero testamento del padre de Alejandro, ante el desconcierto de Magdalena su tía intenta contarle las cosas de forma ordenada.
- Hija es que han pasado tantas cosas de las que tienes que enterarte. Dimitrio entrego al gobernador el testamento en el que el viejo Benjamín reconoce a Alejandro como su hijo, el padre Abundio ya apareció y esa mujer que se hacia pasar por la prima de tu marido esta en la cárcel junto con el famoso marques, porque se descubrió que eran unos mentirosos. Ella es una artista que se hizo pasar por la sobrina de Benjamín Almonte.
- ¿Eso quiere decir que Alejandro es mi marido de verdad? ¿Que ya no tendrá que huir? ¿Pero mi hijo, mi hijo donde esta?
- ¡Ay Magdalena! – exclama Josefina con aspecto culpable – Yo lo lleve al parque y allá se me perdió.
- Si Francisco ha muerto ¿Quién tiene a mi hijo? – Magdalena esta desconcertada-
Maria y Víctor van a pedirle a José Luis que les dé permiso para visitar a Cipriano, quieren que les diga donde esta Alejandro para reunirse con él. Víctor apela a su sentido de la amistad para que les comprenda, ellos son amigos de Alejandro y no pueden abandonarlo. José Luis le dice que Cipriano ha sido liberado, para que llevara un mensaje a Alejandro; Le mando decir que si Magdalena regresaba él dejaría de perseguirlo, él no puede decirles donde esta Alejandro porque no lo sabe. Víctor y Maria se retiran. Rufino que ha estado escuchando se queda pensativo.
- ¡Hijole Pepe! – exclama compasivo – Que lastima me dan esos cuates.
José Luis se pone de pie furioso y grita descompuesto.
- ¿Es que no hay nadie que tenga lastima de mí?
- Es que te estas haciendo tarugo tu solo Pepe – Rufino intenta hacerle razonar – Esa vieja no te quiere a ti, sino al otro, tienes que metertelo en la cabeza de una vez.
José Luis mueve la cabeza negando con firmeza mientras grita cada vez mas alterado.
- No quiero renunciar, no quiero.
Alejandro se dispone a entregarse se quita la pistola de la cintura y se la entrega a Manuel, no quiere que pase a manos de los federales.
- Alejandro – Manuel hace un ultimo intento por hacerle cambiar de idea - dentro de unos días saldrá la proclama del señor Madero declarándose presidente de la republica, llamando al país a levantarse en armas y entonces...
- Si, si... pero yo no puedo esperar Manuel, estoy seguro que la revolución va a triunfar. Por favor no te olvides de Magdalena y de mi hijo a ti te los encargo.
- Te lo prometo – dice Manuel los dos hombres se abrazan –
- Y no abandones nunca a mi mama.
- Desde luego que no – Manuel esta muy afectado –
- Cipriano te encargo a mi madre.
- No necesitas decirlo Alejandro. Por favor no te vayas, algo me dice que no es verdad que tienen a tu chamaco – Alejandro y Cipriano se abrazan –
- Quiero que te vayas a esa finca de Manuel mama – Alejandro toma la mano de su madre –
- Pero quien se va a encargar de ti... después – Rosario llora desconsolada –
- Que me entierren donde sea – se encoge de hombros con indiferencia – Prométeme que te iras con Manuel.
- Que caso va a tener mi vida cuanto tu ya no estés hijo – Rosario llora agarrada con fuerza a la mano de Alejandro –
- Prométemelo mama es lo ultimo que te pido – Rosario asiente y los dos se abrazan –
Alejandro sale de las ruinas abrazado a su madre, seguido de Cipriano y Manuel que lo acompañan hasta el final. Rosario bendice a su hijo, vuelven a abrazarse. Alejandro muy sereno se suelta de los brazos de su madre, sube a su caballo y se marcha con un simple ¡Adiós!
Magdalena irrumpe hecha una furia en el despacho de José Luis.
- ¿Dónde esta mi hijo? – grita enfurecida –
José Luis se pone de pie sonriente y avanza para abrazarla.
- ¡No me toques! ¿Dónde esta mi hijo? – Magdalena lo mira con odio –
José Luis se detiene en seco desconcertado.
- No sé, se perdió.
- Francisco nos mando decir con Cipriano que él lo tenia, que si Alejandro no se entregaba mataría al niño ¿dónde esta? – Magdalena se enfrenta a José Luis echa fuego por los ojos –
- Te juro que yo no se nada, además, Torres Quintero ya esta muerto – desconcertado José Luis intenta defenderse –
- ¡Ya lo sé! ¿Pero alguien debe tener a mi hijo? A lo mejor tu estabas de acuerdo con Francisco ¿no?
- ¡Dios mío, no puedes pensar eso de mi Magdalena – exclama dolido José Luis - Yo soy incapaz de hacerte daño.
- ¡No digas eso! – Magdalena lo enfrenta indignada mirándolo con desprecio – Tu has perseguido a Alejandro, lo has acosado como a un animal.
- ¡Ese hombre es un canalla! – grita descontrolado José Luis –
- ¡Es mi marido y lo quiero! – afirma rotunda Magdalena – Y si no me devuelves a mi hijo te juro que te mato – gritando enfurecida –
- ¿Pero como puedes pensar que yo haya robado a tu hijo para obligar a ese hombre a entregarse Magdalena? – José Luis esta muy dolido –
- Ese hombre es mi esposo – puntualiza Magdalena con firmeza – Y fuiste tú quien libero a Cipriano.
- Yo no dije nada del niño, solo le dije que te informara que se había perdido.
- ¡Entonces búscalo! – ordena Magdalena seca y terminante – Tienes influencia suficiente para hacerlo, pregúntale a los secuaces de Torres Quintero, oblígales a devolvérmelo, porque si no lo haces José Luis, te voy a odiar toda mi vida.
Después de lanzarle una mirada cargada de odio y desprecio, Magdalena da media vuelta y me marcha furiosa sin despedirse, dejando a José Luis hundido en la desesperación.
Alejandro llega a las puertas del cuartel de Cholula, se baja del caballo y se acerca a los centinelas muy decidido, ante la estupefacción de los soldados declara.
- Soy Alejandro Almonte y vengo a entregarme.
Paula se ha enterado que su hija ha regresado y le reprocha a Josefina y Carmen que no la avisaran para que pudiera verla, ellas intentan explicarle que no tuvieron tiempo, llego, se cambio de ropa y salió corriendo a ver al coronel Álvarez y al gobernador, parece que Torres Quintero le mando decir que tenia al niño y si su marido no se entregaba lo mataría. Dimitrio llega a la casa y le cuentan lo sucedido, desconcertado decide ir a buscar a su hermana al despacho de José Luis.
Los rebeldes están levantando el campamento, parten hacia el norte, Rosario se resiste a marcharse, esta obsesionada con el entierro de su hijo, no habrá nadie que se haga cargo de él. Cipriano le dice que eso lo hará Magdalena, su familia tiene influencias, a ellos no les darían el cadáver, ella prometió a Alejandro marcharse y debe cumplir, Manuel ya los esta esperando, por fin Rosario se resigna y sollozando se deja conducir por Cipriano.
Magdalena es recibida por el gobernador que muy amable le besa la mano mientras expresa su sorpresa por verla.
Magdalena se yergue furiosa y se enfrenta al gobernador mirándole fríamente con odio y le escupe toda su indignación.
- La sorpresa ha sido mía señor, al enterarme que uno de sus colaborados ha sido capaz de las cosas más indignas, más mezquinas que puedan existir, no solo ha causado la desgracia de mi marido, sino que su ultima hazaña fue querer ensañarse con mi hijo.
- Tengo entendido que se extravió – señala desconcertado el gobernador –
- Si, eso fue lo que pensamos todos, hasta que Torres Quintero nos hizo saber que él lo tenia, amenazo con matarlo si Alejandro no se entregaba – furiosa mira de frente al gobernador – Yo exijo justicia, no solo para mi hijo, sino también para mi marido.
- Le ruego que se siente señora – dice desconcertado el gobernador sin saber como controlar a la furia en que se ha convertido Magdalena – ¿Ya le dijeron que el señor Torres Quintero falleció?
- Si, ya me lo dijeron – Magdalena lo mira furiosa –
- Le aseguro que no estaba al tanto de esta situación, por otra parte dudo mucho que Torres Quintero...
- ¡Ay por favor! – Magdalena interrumpe con despectiva ironía – Si Francisco fue el que falsifico el testamento del padre de mi esposo, el que lo obligo a huir, a separarse de mí.
- Buen, bueno – dice el gobernador conciliador – Se cometió un error, pero ya lo estamos subsanando, dentro de unos días recuperara usted su apellido de casada y la fortuna de su esposo.
- ¿Lo recuperare también a él? ¿Y a mi hijo? – pregunta Magdalena indignada fulminado al gobernador con la mirada –
- Señora, le prometo que se harán todas las investigaciones necesarias y si su hijo esta en poder de alguno de los ayudantes de Torres Quintero se lo devolveré de inmediato.
- ¿Y Alejandro?
- En eso no puedo hacer nada.
- ¿Por qué?
- Usted no puede ignorar señora que Alejandro Almonte es un reconocido bandido, se ha levantado en armas en contra de nosotros, es el jefe de un grupo de traidores que trata de derrocar al gobierno del don Porfirio Díaz, no podemos tener consideraciones con él.
- Pero si se unió a esa gente fue porque ustedes lo obligaron, si las autoridades no lo hubieran declarado un impostor él estaría ahora aquí conmigo.
- Nadie lo forzó a unirse a ese grupo de bandidos – el gobernador se enfrenta a Magdalena tan indignado como ella -. Además, las ideas políticas de su marido ya las había manifestado perfectamente cuando aun era Alejandro Almonte, lo siento mucho señora.
- ¡Por favor! Por la menoría de mi padre que fue amigo suyo – suplica Magdalena-
- Si su padre estuviera vivo, pensaría como yo.
- No, mi padre era bueno y noble – Magdalena se pone de pie y golpea la mesa con la mano indignada mirando al gobernador con odio – ¡Ojala! ¡Ojala! Los amigos de Alejandro les destruyan para que se acabe de una vez por todas tanta injusticia.
Magdalena da media vuelta y sale del despacho furiosa.
Dimitrio encuentra a José Luis en su despacho desconcertado y triste. Magdalena estuvo allí, estaba muy exaltada y le acuso de ser cómplice de Torres Quintero en el rapto de su hijo-
- ¿Y no es asi? – pregunta escéptico Dimitrio –
- No le permito dudar de mi honorabilidad – José Luis se ofende –
- ¡Ay! Mejor no hablemos de honorabilidad, sabemos perfectamente que en estos tiempos hay muy poca – señala Dimitrio sarcástico –
- ¡Asi es señor Mendoza! Ya mande buscar a los colaboradores más directos de Torres Quintero, si tienen a su sobrino le aseguro que lo sabré.
Rufino entra en el despacho y entrega a José Luis un despacho del cuartel de Cholula, lo lee y le dice a Dimitrio que su cuñado se entrego esa misma mañana.
Magdalena regresa a su casa muy triste, su hijo no ha aparecido y el gobernador no quiere perdonar a Alejandro, esta desecha y su madre la manda a su cuarto a descansar.
José Luis le comunica al gobernador que Alejandro Almonte se ha entregado en el cuartel de Cholula. El gobernador se muestra muy satisfecho, un rebelde menos, no quiere que lo trasladen a Puebla, que lo juzguen y ejecuten en Cholula, no quiere mas problemas con la familia Mendoza.
Dimitrio llega a su casa y le comunica a Paula, Carmen y Josefina, que Alejandro ya se entrego, lo fusilaran en un par de días, en cuanto lo juzguen, la justicia es muy expedita en estos casos.
- ¿Se lo vas a decir a Magdalena? – pregunta Paula –
- Lo ha de suponer, de todos modos se lo diré mañana – dice Dimitrio con aspecto cansado –
Rufino le cuenta a José Luis que no averiguo nada, interrogo a todos los secuaces de Torres Quintero pero todos aseguran no saber nada de ese asunto.
- ¡Hijole Pepe! – exclama Rufino – Que gacho, que estamos haciendo tú y yo aquí con esta bola de desgraciados, mejor deberíamos irnos con los alzados Pepe. ¡Oyes Pepe! ¿Ya le digites al señor gobernador que el hacendado esta preso? ¿Qué dijo?
- Te lo puedes imaginar, para que preguntas Rufino – responde José Luis malhumorado –
- Pero bueno ¿Por qué la tomas conmigo Pepe?
- Perdóname Rufino, pero es tan feo todo esto.
- Si es lo que yo digo
- Jamás imagine una reacción asi de parte de Magdalena ¿Cómo pudo pensar que yo? No puedo creerlo.
- Pobrecita... no sabes que gacho siento. Va a perder a su marido y quizá también a su chamaco.
Magdalena llora sin consuelo tendida sobre su cama. Alejandro sentado en el suelo de su celda espera su destino muy triste.
Maria y Víctor se enteran de lo sucedido en casa de los Mendoza, Dimitrio le cuenta que Alejandro esta en la cárcel y el motivo por el que se entrego, ambos insisten en verlo, Dimitrio les dice que acudan al coronel Álvarez a por un permiso cuando se retiran se cruzan con José Luis, que viene a visitar a Magdalena, este les manda a por Rufino para que les dé el documento que le autorizara a entrar en la cárcel.
José Luis solicita a Dimitrio que avise a Magdalena que quiere verla, desea aclarar con ella su responsabilidad en lo sucedido, no puede permitir que siga pensando que ha tenido algo que ver en la desaparición de su hijo.
- Pero tendrá mucho que ver en la muerte de su marido coronel – responde fríamente Dimitrio –
Magdalena continua tendida en su cama ausente a todo, Paula intenta que coma algo pero ella se niega, entra Dimitrio para anunciarle que José Luis quiere verla. Magdalena pregunta si tiene noticias de su hijo, al enterarse que no es asi, responde que entonces no quiere verlo, no tiene nada que hablar con él.
Dimitrio baja y se lo comunica a José Luis que tiene que retirarse, pero antes le dice a Dimitrio que le comunique a su hermana que él no es el culpable de lo que esta pasando.
Todos los habitantes de la casa están muy preocupados por el estado de Magdalena, se niega a comer y no deja de llorar, como no aparezca su hijo, cuando se entere de la muerte de Alejandro se va a dejar morir.
Llaman a la puerta y es la mujer que recogió a Alejandrito, todos lo abrazan muy contentos, después lo llevan a la habitación de Magdalena, que loca de alegría abraza a su hijo.
Fin del capitulo 74.
Mar




Escrito desde May 3, 2003, 11:32 PM

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Capitulo 73 de "Bodas de Odio"

by Mar

Adolfo se ha quedado solo en el cuartucho de la fonda tumbado en la cama triste y pensativo, alguien golpea la puerta, pregunta quien es, pero la única respuesta son unos golpes cada vez más apremiantes. Se levanta para abrir, apenas a tenido tiempo de franquear la entrada, cuando la puerta es empujada violentamente y entra Torres Quintero empuñando una pistola con la que apunta a Adolfo, mientras le pide que le entregue el testamente o lo mata. Adolfo retrocede pegándose contra la pared aterrorizado; Intenta explicarle a Torres Quintero que ya no tiene caso, Armida Guillén y su cómplice han sido descubierto, a estas horas ya deben estar en la cárcel. Torres Quintero le cuenta que ya lo ha arreglado para que sean detenidos al día siguiente y cuando lleguen ellos ya estarán muertos.
- Ya los mataste – dice Adolfo asustado –
- Aun no – Torres Quintero extiende la mano sin dejar de apuntar con el arma – Dame el testamento Adolfo, te advierto que estoy decidido a lo que sea con tal de ... de liberarme de este asunto.
- ¿Por qué no se lo entregamos a Dimitrio? Él prometió no decir nada de nosotros, dijo que haría como si lo hubiera recibido por correo.
- ¿Y tu le crees? Sabes bien que Dimitrio Mendoza me aborrece – vuelve a extender la mano - ¡Entrégamelo!
- No lo tengo – Adolfo esta muy asustado pegado a la pared jadeante – Se lo di a Dimitrio. Te lo juro, pregúntaselo a Nadia si no me crees.
- ¡Imbecil! – ruge Torres Quintero –
Un gato, que Adolfo tiene en el cuarto, maúlla y llama la atención de Torres Quintero que vuelve la cabeza hacia él, momento que aprovecha Adolfo para echarse encima de su cuñado y quitarle la pistola. Francisco cae contra la pared, detrás de una mesa, se levanta furioso y se enfrenta con Adolfo que ha vuelto a retroceder contra la pared mientras le apunta con el arma.
- ¡Vete o te mato! – dice asustado Adolfo –
- ¡No te atreverás!
Torres Quintero extiende su mano hacia Adolfo - ¡Damela Adolfo! – grita mientras avanza hacia él, Adolfo aterrorizado dispara y Torres Quintero cae muerto en medio de la habitación, Adolfo lo observa llorando.
José Luis entra en la celda de Cipriano para liberarle, Cipriano se levanta con dificultad, mira desconfiado a José Luis, no esta muy seguro que no lo vayan a matar en cuanto salga y se lo dice a José Luis, este le aclara que si hubieran querido matarle ya lo habrían hecho. Hay suficientes razones para condenarle a muerte sin muchos preámbulos; Le pregunta si entendió bien lo que tiene que decir, Cipriano asiente y sale de la celda.
Magdalena esta sentada, apoyada contra unas balas de paja envuelta en una manta sobre la cama improvisada donde duerme con Alejandro. Este llega envuelto en otra manta; Le pregunta porque no duerme, ella contesta que esta nerviosa. Alejandro se sienta junto a ella.
- ¿Por qué? – pregunta Alejandro –
- Por mi hijo y por Cipriano – Magdalena esta angustiada – ¿Tu también estas preocupado verdad?
- Todo va a salir bien – dice Alejandro tranquilizador –
- Pero ya debió haber regresado ¿no crees?
- Bueno, no sabemos con que dificultades se encontró.
- Abrázame Alejandro – pide Magdalena asustada –
Alejandro la abraza y la estrecha contra su pecho cubriéndola con su manta.
- ¿Alejandro me has perdonado? – pregunta Magdalena –
- ¿Qué cosa? – Alejandro la mira desconcertado –
- Lo de José Luis – Magdalena levanta la mirada hacia el interrogante –
- Tu amor me ha hecho olvidarlo – Alejandro la besa suavemente –
- ¿Entonces ya no dudas de mi cariño? – Magdalena sonríe –
- Como podría si esta aquí conmigo – Alejandro sonríe con ternura y le acaricia el rostro –
- Cuando te vi en la fiesta no me lo podía creer – asegura Magdalena –
- Debiste de haber sabido que no renunciaría a ti – Alejandro vuelve a besarla –
- Es que pensé que habías muerto.
- ¡Hasta de la tumba habría regresado! – Alejandro sonríe dulcemente mientras levanta su barbilla con ternura –
- ¡Te amo! – exclama Magdalena feliz –
Alejandro la besa dulcemente.
Dimitrio y Josefina están en el despacho conversando sobre la desaparición del niño. Josefina esta muy esperanzada con el plan que les propuso la actriz, ya mandaron hacer los volantes y han puesto un anuncio en el periódico ofreciendo dinero. Ahora si que van a encontrarlo, si la gente que lo tiene quiere dinero, se enterara que están dispuesto a darle lo que pidan y si no es asi pues sabrán quien es y lo devolverán. Dimitrio sigue preocupado, tiene miedo que ya no estén en Puebla ya han pasado muchos días y la policía lo ha buscado por todos lados. Josefina se preocupa mucho, si Magdalena regresa y no encuentra a su hijo la va a odiar. Dimitrio la consuela, eso le podría haber pasado a cualquiera.
- Si a cualquier tonta y atolondrada como yo – dice Josefina triste –
Dimitrio se acerca a Josefina y se arrodilla frente a ella.
- Tu no eres ninguna tonta – dice Dimitrio con ternura – Eres una mujer buena y linda.
- No digas eso – Josefina coloca una mano sobre el hombro de Dimitrio – Yo sé bien que no soy bonita.
- Para mí si lo eres, por que te quiero – Dimitrio le acaricia el rostro y la besa suavemente –
Carmen abre la puerta del despacho contempla unos momentos la escena antes de volver a cerrarla suavemente.
- ¿Sabes? Todavía no puedo creerlo.
- Bueno, ya te lo demostré ¿no? – los dos se ríen. Dimitrio apoya la cabeza en la falda de su esposa, después la besa con ternura –
Carmen se va corriendo al dormitorio de Paula a contarle lo que ha visto en el despacho, la encuentra en la cama muy deprimida, insiste en considerarse culpable de todas las desgracias sucedidas, se alegra al saber que Dimitrio estaba muy acaramelado con su esposa, ella es una buena muchacha y Dimitrio ha cambiado mucho se ha convertido en todo un hombre, los dos merecen ser felices.
- ¡Ay Paula! Ya no quiero que te sientas mal, te hechas la culpa de todo, fue el destino, la mala suerte. Todo se va a componer, ya lo veras. Dimitrio esta muy confiado en que encontraremos al niño y yo también, además, mañana ira a entregar el testamento al gobernador.
- Si, pero no puedo dejar de pensar que si no hubiese obligado a Magdalena a casarse con Alejandro...
- Bueno, no lo quería entonces de acuerdo, pero ahora sí. Ya ves lo que dice en la carta, esta feliz con él y tu contribuiste a esa felicidad.
- ¿Tu crees? – durante unos momentos Paula se siente aliviada –
- ¡Por supuesto! Si ella hubiese estado realmente enamorada de José Luis Álvarez no lo habría olvidado – dice Carmen con seguridad – No, fue el amor de una muchacha alocada romántica, que con el tiempo se le hubiera pasado.
- Pero yo no lo hice buscando su felicidad, sino el dinero – se reprocha Paula –
- Bueno, pero lo que cuenta son los resultados – asegura Carmen siempre optimista – No me gusta verte asi Paula, tu siempre has sido una mujer fuerte decidida, el pilar de esta casa. Aun cuando mi hermano vivía tú eras la que decidía todo, la que arreglaba todos los problemas.
- Es que ya no tengo animo, me siento vieja y cansada. Aunque Dimitrio, tu y todos tratan de consolarme, sé muy bien que soy la culpable de la desgracia de esta familia.
Sebastián esta muy inquieto por todo lo sucedido. Luisa ha reconocido a Armida, ya han entregado el dinero y todavía nadie les ha dado el testamento autentico. Maria sospecha que ella no es la sobrina de Benjamín Almonte. Las cosas se están poniendo peligrosas. Armida alega que a Torres Quintero tampoco le conviene que el asunto se descubra y los protegerá, pero Sebastián es consciente que Torres Quintero puede alegar que no sabia nada y descargar toda la culpa en ellos, a fin de cuentas, ellos son un par de vívales y él un hombre importante, de reputación intachable, asi que esta claro a quien creerían. Armida harta de sus elucubraciones le pide que no la fastidie, se esta haciendo viejo y asustadizo, mientras discuten llaman a la puerta, Armida abre y se encuentra con la policía que viene a detenerlo. Armida intenta esgrimir el nombre de Torres Quintero pero el inspector encargado de la detención le informa que esta muerto, lo encontraron asesinado esa misma mañana, hay una orden de detención contra ellos porque hay pruebas de que son un par de impostores, los policías se los llevan a la comandancia.
Dimitrio le entrega el autentico testamento de Benjamín Almonte al gobernador, este lo recibe con frialdad, lo lee y le pregunta si ese es el autentico. Dimitrio le responde que el padre Abundio Canales lo reconoció enseguida, pero puede encargar a un perito calígrafo que ratifique si es la firma de Benjamín Almonte, a él le llego por correo. El gobernador informa a Dimitrio de lo ocurrido a Torres Quintero fue asesinado, él sospecha que andaba detrás del testamento de Almonte, el gobernador mira a Dimitrio con suspicacia.
- Yo no se nada – afirma Dimitrio - Puedo preguntar si tienen alguna pista de la persona que lo mato.
- Según un agente de la policía que la estuvo vigilando estos días, la señora Torres Quintero visito esa casa ayer por la tarde en compañía de dos caballeros, uno de los cuales era el que vivía allí.
- ¿Se sabe su nombre? – Dimitrio intenta ocultar su preocupación –
- A la casera dijo llamarse Hermilo Reina, pero puede no ser cierto – contesta el gobernador espiando las reacciones de Dimitrio –
Rufino irrumpe en el despacho de José Luis muy agitado, se ha enterado que a Torres Quintero lo han asesinado y, además, han detenido a Armida Guillén por impostora, parece que la que no era quien decía ser era ella y no el hacendado. José Luis se queda aturdido ante lo que para él son malas noticias.
Dimitrio va a consolar a Nadia y la encuentra desecha en llanto, lo abraza mientras dice que ella esta segura que fue Adolfo quien mato a su marido. Dimitrio le aclara que si lo hizo Adolfo esta seguro que fue en defensa propia, seguro que Francisco al saber que no tenia el testamento quiso matarle, le pide a Nadia que no denuncie a Adolfo.
Alejandro y Manuel conversan muy preocupados en un rincón del campamento, deben marcharse y Cipriano no regresa, esperarle esta comenzando a ser peligroso, se ha reunido mucha tropa Cholula y los están esperando en San Andrés, Manuel afirma que no son suficientes para enfrentarlos. Alejandro es partidario de que se marchen, él se quedara esperando a Cipriano, no puede abandonarlo, si fue a Puebla es porque él lo mando y si cuando vuelva no están, no va a saber donde encontrarlos. Manuel no esta muy convencido, es peligroso que se quede allí, además, sospecha que Cipriano no regresara.
Magdalena se acerca a ellos y Manuel se retira discretamente, Alejandro abraza a Magdalena.
- Mi amor, Manuel ya no puede esperar mas tiempo, asi que tu y mi mama se Irán con él hasta Durango, allí se separaran, él seguirá hacia el norte y ustedes seguirán hacia la finca.
- Pero... ¿sin saber nada de mi hijo?
- Yo me quedare aquí esperando a Cipriano.
- ¿Solo? – dice Magdalena asustada –
- Con dos o tres hombres. En cuanto tenga al niño te lo llevo allá.
- Pero es que él no te conoce, se va a asustar. No Alejandro, yo me quedo contigo – dice Magdalena con firmeza –
- Preferiría que no lo hicieras – Alejandro esta preocupado –
- Pero... ¿Y su Cipriano regresa con una mala noticia? Que no pudo ver a mi tía o que por algún motivo Alejandrito no puede venir con nosotros.
- ¿Quieres volver a Puebla?
- No, quiero irme a esa finca, pero con mi hijo.
José Luis ha acudido a casa de los Mendoza buscando la confirmación de las noticias que Rufino le llevo. Carmen y Josefina lo reciben en el despacho, ellas están sentadas y José Luis de pie en posición marcial.
- Por supuesto que esa mujer era una mentirosa y no solo eso, sino que encontramos el verdadero testamento de Benjamín Almonte, en el que se dice que Alejandro es su hijo y naturalmente su legitimo heredero y eso quiere decir que Magdalena esta de verdad casada con Alejandro – Carmen comunica estas noticias alegre y satisfecha con una amplia sonrisa – Asi que no tiene caso que usted la siga buscando.
- ¿Y quien tenia el testamento? – pregunta José Luis muy serio y estirado –
- Ah, eso si no lo sé – responde Carmen –
- Dimitrio ya se lo entrego al señor gobernador, ya no hay ninguna duda coronel – asegura Josefina, que muy satisfecha recalca – Magdalena y Alejandro siguen siendo marido y mujer.
- ¡Señoras eso no implica que ella lo quiera! – dice José Luis indignado –
- ¡Ah! – exclama Carmen - ¡Vaya que es usted testarudo! – impaciente levanta la voz - ¡Por supuesto qué lo quiere, lo ha querido siempre! Bueno, perdón pero... – Carmen continua más tranquila – pero es la verdad se lo juro, en su misma carta lo decía que esta feliz junto a él.
- Esa carta no significa nada – dice José Luis rabioso – No entiendo como pueden ustedes, que son sus parientes, mostrarse tan contentas con que Magdalena siga atada a ese hombre – José Luis continua con rencor – Pero no se dan cuenta que es peligroso que ella siga a su lado. Sus días están contados, el gobierno nunca le perdonara la vida, su cabeza tiene un precio y su destino final es el paredón.
Carmen y Josefina se quedan de piedra ante las palabras de José Luis, que pide permiso para retirarse rabioso.
Cipriano ha llegado hasta el campamento, el centinela lo recibe y le ayuda a llegar hasta Alejandro porque viene muy maltratado. Cipriano es recibido con multitud de preguntas, él pide que le dejen sentarse antes de contestarlas, se sienta y le traen un café, Magdalena y Alejandro se sientan uno a cada lado de Cipriano impacientes.
- Dime tienes buenas noticias – pregunta Alejandro –
- No – Cipriano mueve la cabeza triste –
- ¿Mi tía le dijo que no? – pregunta Magdalena –
- Ni siquiera la vi.
- Bueno, entonces no des mas vueltas por Dios – dice Alejandro impaciente – Lo que sea dilo derecho.
- Pues sí derecho. El coronel quiere que la patrona vuelva para dejarte en paz y Torres Quintero dice que si no te entregas que... – Cipriano se interrumpe incapaz de seguir –
- ¡Si no me entrego que! – grita Alejandro –
- Pues... se han robado a tu chamaco Alejandro.
- ¡Que se robaron a mi hijo! ¿Quiénes? – pregunta Alejandro asustado –
- Pues el Torres Quintero ese, y a mi se me hace que el maldito coronel esta metido en el ajo.
- No, no puede ser – dice Magdalena llevándose las manos a la cara desesperada –
- ¿Pero que te dijeron exactamente? – pregunta Alejandro intentando tranquilizarse –
- Que ellos tienen al niño. Que te entregues al primer puesto de guardia, que tu vida a cambio de la del chamaco.
- ¡Ay no! – exclama Magdalena mientras se levanta y sale corriendo –
Alejandro la sigue, en la puerta se cruza con su madre que preocupada pregunta que sucede, Alejandro sin detenerse le dice que Cipriano le contara.
Magdalena sale de las ruinas de la hacienda y corre por el campo desesperada, Alejandro la sigue y por fin logra alcanzarla, se detienen y Alejandro la abraza, Magdalena llora.
- Me quiero morir Alejandro, me quiero morir – Magdalena solloza desesperada abrazada a Alejandro –
- No digas eso, no digas eso por favor Magdalena.
- Es que va a ser tu vida o la del niño – Magdalena solloza cada vez mas fuerte –
- Bueno yo ya he vivido lo suficiente y he sido feliz – afirma sereno Alejandro –
- ¡Ay no! No te quiero perder ni a ti ni al niño – Magdalena lo mira llorando desesperada - ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si fuera un engaño? José Luis no es capaz.
- ¡Bueno tal vez! Pero no quiero correr el riesgo – Los dos se abrazan desesperados –
Rosario llora sin consuelo aplastada por la noticia, esta sentada entre Cipriano y Manuel, los dos muy preocupados. Cipriano cuenta a Manuel lo sucedido; Lo atraparon y primero querían que les dijera donde estaba Alejandro, pero él se negó a hablar, después le dijeron que le soltarían para que llevara un recado y le salen con lo del niño. Manuel no esta muy convencido, puede ser un pretexto para que se entregue. Cipriano alega que hasta el mismo hermano de la patrona le dijo que el niño había desaparecido.
Rosario sigue llorando y lamentándose, no comprende como puede haber gente capaz de hacerle eso a una criatura. Cipriano se arrodilla a su lado.
- Tu lo preguntas Rosario, tu que estuviste en las manos de esos perros.
- Pero es un niño, un inocente Cipriano. Dios no lo puede permitir – Rosario se levanta y se rebela ante su destino – ¡Dios mío! Porque, porque te ensañas asi con nosotros, que mal hemos hecho Dios mío. – Rosario sale corriendo desesperada –
Manuel y Cipriano se miran trastornados por lo ocurrido, sin saber que hacer.
- Oiga don Manuel ¿pero no podemos hacer nada? – pregunta Cipriano –
- ¿Pero que? – responde Manuel –
- ¿Pues vamos a dejar que fusilen a Alejandro? Porque seguro que se va a entregar – dice Cipriano –
- Pues si – Manuel parece descorazonado –
Alejandro y Magdalena llegan abrazados con la angustia en la cara. Alejandro pregunta por su madre, Cipriano le indica la dirección en la que se marcho, Alejandro le pide a Magdalena que la busque y la acompañe.
Alejandro se queda con Manuel y Cipriano y le pide a este ultimo que le cuente todo lo sucedido, se sienta a su lado, Manuel se queda de pie escuchando. Cipriano comienza su relato.
Rosario esta llorando en un rincón, Magdalena llega por detrás y se apoya en su espalda desecha en lagrimas, Rosario se va la vuelta y las dos se abrazan llorando.
- ¡Ay no quiero que se muera Rosario! Nunca he deseado mal a nadie, pero ahora quisiera matar a Francisco con mis propias manos.
Cipriano ha terminado de relatar lo acontecido, Alejandro y Manuel recapacitan.
- Según parece todos piensan que tu hijo esta perdido, nadie sabe que lo tiene Torres Quintero. Puede que sea un ardid para que te entregues – dice Manuel –
- ¿Y como saberlo? – Alejandro esta muy preocupado se vuelve a Cipriano - ¿Te dieron una plazo?
- No, no saben que tan lejos estas de Puebla.
- ¿Cuándo te soltaron?
- Anoche, poquito después que oscureció.
- ¿Vas a entregarte? – pregunta Manuel –
- Si – responde Alejandro con serena firmeza –
- ¿Cuándo?
- Mañana.
El gobernador llama a su presencia a Dimitrio y le acusa de haberle mentido, el testamento no le llego por correo, además, sabe que el día del asesinato estuvo en la casa donde se encontró el cadáver de Francisco con la señora de Torres Quintero. Dimitrio se defiende no quería involucrar a Nadia en ese asunto. El gobernador expresa sus sospechas sobre el hombre que vivía en esa casa, sus señas coinciden con las de Adolfo Echeverri. Dimitrio asegura que ese hombre se parecia pero que no era él.
Dimitrio cambia de conversación y pregunta por el asunto de Alejandro. El gobernador afirma que los impostores ya han sido detenidos y que al día siguiente se iniciara el proceso para devolverle su nombre a Alejandro, pero advierte que Magdalena recuperara su nombre de casada y la fortuna de su marido, su hijo tendrá derecho a llevar el apellido Almonte, pero en lo que toca a Alejandro seguirá siendo buscado por sus actividades subversivas y en cuanto se le encuentre será condenado a muerte.
José Luis esta en su casa reconcomido por el coraje por las ultimas noticias, Rufino intenta hacerle entrar en razón mientras limpia su pistola.
- Te lo dije Pepe ¿Cómo crees que el padrecito iba a decir mentiras? El hacendado es su marido y ella sigue casada con él y asi que ni modo.
- Magdalena acepto ser mi esposa – dice José Luis con obstinación –
- Pues porque todos decían que él había muerto.
- ¿Quién dice que ella lo quiere? – dice furioso José Luis –
- Pues si en la carta lo escribió Pepe – Rufino se impacienta ante la obstinación de su amigo –
- No, para convencerme me lo tiene que decir ella misma de frente.
- ¿Y tu crees que cuando Cipriano les dé el recado va a volver?
- Espero que si, por su hijo que esta perdido. Querrá estar aquí paro si lo encuentran, y aunque no volviera yo no puedo dejar de buscarla ¿Qué tal que Almonte la este reteniendo por la fuerza? ¿Tu crees que ella estará contenta con la vida que esta llevando? Lejos de su familia de su hijo, viviendo en condiciones miserables – José Luis deja volar su imaginación – A lo mejor en este mismo momento esta rogándole a Dios para que yo llegue a rescatarla.
- ¡Ay Pepe! – Rufino lo mira con impotencia – A mi se me hace que el hacendado en la va a soltar y menos para dártela a ti, y aun suponiendo que vuelva, no te vas a poder casar. Vas a tener que esperar q que sea viuda y eso va a estar bien pelón. Ahora hay alzados por todos lados, son muchos y se ayudan entre ellos.
Llaman a la puerta, Rufino va a abrir, se escucha la voz de Dimitrio preguntando por José Luis, este se levanta para recibirlo, Dimitrio se queda en el umbral del salón saluda y va directamente al grano.
- Coronel vine porque considero mi deber informarle que se han encontrado pruebas que demuestran que Alejandro ya no es un usurpador.
- Ya lo sé – José Luis pone cara de circunstancia – Su tía y la esposa de usted me lo contaron todo, lo del testamento y lo de Armida Guillén. Pero esto no libera a Almonte de ser culpable de levantarse en armas contra el gobierno – señala José Luis con rencor –
- Si claro, pero usted esta al mando de la búsqueda ¿Por qué no los deja en paz?
- ¿Esta usted insinuando que deje de cumplir con mi deber? – José Luis se yergue altivo –
Dimitrio se quita los guantes con aire displicente mientras dice.
- Coronel por favor, no seria ni la primera ni la ultima vez que se hace algo poco correcto. Además, estoy seguro que Alejandro esta con esos rebeldes porque no le quedo de otra, en cuanto se entere que su asunto se ha arreglado, los abandonara y se retirara a la vida privada junto con mi hermana, tal vez se marchen al extranjero.
- Entiendo su posición – dice José Luis – Pero usted no esta tomando en cuenta los sentimientos de su hermana ¿Quién le dice a usted que ella desea vivir con ese hombre?
- ¡Oiga! Es su marido y sabemos perfectamente que lo quiere – dice Dimitrio mirando a José Luis asombrado –
- ¡A mi no me consta! – grita José Luis furioso mientras le da la espalda a Dimitrio-
- ¡Ay coronel por Dios! – exclama Dimitrio irónico – Yo entiendo sus... sentimientos. Pero no puede negarse a aceptar la realidad.
- La única realidad es que la ultima palabra de su hermana fue que acepto casarse conmigo – José Luis esta descompuesto –
Dimitrio suspira fastidiado ante tan estúpido empecinamiento y se retira.
Magdalena y Alejandro están sentados en una escalera de la hacienda. Magdalena llora sin consuelo. Alejandro la abraza intentando tranquilizarla.
- No quiero que llores, sino que seas fuerte, lo más importante ahora es nuestro hijo. No sabes cuanto me arrepiento de haberte traído aquí. Si tu hubieras estado en Puebla esto no habría sucedido – dice Alejandro –
- Pero no te hubiera visto, no hubiéramos estado juntos Alejandro – Magdalena solloza mientras dice – Yo no te quiero perder Alejandro.
- Mi amor escúchame. Mi vida no vale mucho – Alejandro estrecha fuerte entre sus brazos –
- ¿Pero como puedes decir eso? Para mí lo eres todo – Magdalena levanta el rostro cubierto de lagrimas hacia Alejandro –
- Me refiero a que todos los días he corrido el peligro de morir – dice Alejandro con serenidad – En un enfrentamiento con los soldados, en una acción, en cualquier momento una bala hubiera podido matarme, que mejor que ofrecer mi vida para salvar la de nuestro hijo – Alejandro acaricia el rostro lleno de lagrimas de Magdalena y con ternura le dice – Me has hecho muy feliz Magdalena.
- Pero yo quería que esta felicidad continuara para siempre – Magdalena solloza desecha –
- Si me hubieran dado a elegir entre esto y... una larga vida sin ti, habría escogido lo primero – dice Alejandro con ternura –
Magdalena apoya la cabeza en su pecho y Alejandro le besa la mejilla llena de lagrimas.
- ¡Ay Alejandro que voy a hacer! – exclama Magdalena rota por el dolor –
- Cuidar de nuestro hijo y pensar mucho en mi. Recordar lo que hemos vivido y estar segura que mi amor nunca te va a abandonar – Alejandro la besa con ternura – Te amo Magdalena, te amo tanto. Solo quiero pedirte una cosa, tal vez dentro de unos años decidas volver a casarte...
- No, no Alejandro... – Alejandro la interrumpe poniendo su mano suavemente en sus labios –
- Puede ser... pero con ese tipo no.
- Ni con él ni con nadie, te lo juro, te lo juro mi amor – Magdalena levanta el rostro lleno de lagrimas hacia Alejandro mientras habla –
Alejandro la atrae hacia sí y la estrecha entre sus brazos mientras Magdalena continua llorando.
Cipriano y Rosario intentan consolarse mutuamente, hasta ellos llega Alejandro, muy sereno y firme acompañado de una Magdalena desecha por el dolor. Alejandro abraza a su madre que llora desconsolada.
- Magdalena se ira mañana temprano mama. Tu te iras con Cipriano, Manuel y los demás – se dirige a Magdalena – En cuanto llegues a Puebla ve inmediatamente a ver a Torres Quintero, le dirás que yo me entregue en el cuartel de Cholula.
- Dice Cipriano que si te entregas en un cuartel que no tenga muchos soldados te pueden liberar – asegura Rosario esperanzada –
- Si Alejandro, yo puedo exigir que me devuelvan al niño inmediatamente y mandar a alguien a avisar para que te ayuden a escapar – dice Magdalena –
- No, Torres Quintero no es tan ingenuo, antes de darte el niño va a querer estar seguro que no hay salvación posible para mí. Haremos las cosas como deben ser.
Alejandro es el único que se mantiene sereno en medio de un mar de lagrimas.
Por la noche Alejandro y Magdalena están sentados juntos y abrazados en su cama de mantas, los dos en silencio, Alejandro sereno tiene la mirada perdida, Magdalena sigue llorando.
- Lo único que siento es no haber conocido a mi hijo – dice Alejandro rompiendo el silencio – Solo lo vi de pequeño, cuando él ni siquiera se daba cuenta de que era su papa – se vuelve hacia Magdalena - ¿Cómo es háblame de él?
- Es fuerte, tiene el cabello rubio, los ojos azules...
- Como tu – Alejandro sonríe con ternura –
- Es muy simpático – Magdalena sonríe en medio de sus lagrimas – tiene un bonito carácter, es alegre, tiene una mirada muy inteligente, es muy travieso – Magdalena no puede seguir hablando rompe a llorar se lleva la cara a las manos, hace un esfuerzo y continua – pero se hace querer por todos.
- Alguna vez le has hablado de mí – pregunta Alejandro –
- No, aun es no se da bien cuenta de las cosas, solo le dije que su papa estaba en el cielo.
- ¿Y cuando sea más grande que le vas a decir?
- ¡La verdad! – Magdalena levanta el rostro hacia él – Que eres el hombre más maravilloso, más bueno, más noble – Se le rompe la voz y vuelve a llorar – Alejandro no puedo resignarme ¡Es que no quiero perderte!
Alejandro la estrecha mas fuerte entre sus brazos y la besa intentando consolarla.
- No me perderás mi amor, no me perderás, estaré siempre contigo, en tu recuerdo, en tus pensamientos – Alejandro la besa con ternura –
- ¡Ay te amo! – solloza Magdalena –
- Esta ultima noche solo en eso tenemos que pensar mi amor – Alejandro sonríe con ternura – En nuestro amor.
Alejandro la acaricia y comienza a besar apasionado el rostro lleno de lagrimas de Magdalena.
Fin del capitulo 73.
Mar




Escrito desde May 3, 2003, 12:21 AM

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Capitulo 72 de "Bodas de Odio"

by Mar

Torres Quintero se pasea furioso por su despacho abroncando a Benítez por su ineptitud y cobardía; Un cura es un hombre como cualquier otro, si no se sentía capaz de matarlo se lo hubiera dicho y habría buscado a otro. Benítez esta aterrorizado y intenta disculparse, Torres Quintero lo corta y le encarga que ponga vigilancia a su esposa y que busque a Maria, si esta vez le falla en alguna de las cosas que le encargo se puede dar por muerto.
Maria y Víctor han terminado de contarle toda la historia a Luisa Iturralde, ella esta impresionada y no sabe que creer, nadie le garantiza que ellos le estén contando la verdad, ya se demostró que el testamento no era autentico y por lo tanto ese hombre no era quien decía ser. Víctor insiste en que hay otro testamento, el verdadero fue sustituido y una persona que posee el documento autentico esta extorsionando a Armida y Sebastián, hay gente muy influyente metida en esto, pero no es justo lo que esta pasando. Luisa sigue dudando y entonces Víctor le propone llevarla con el padre Abundio para que él le cuente la verdad, el señor obispo ya esta enterado y ha ido a hablar con el gobernador. Antes de que puedan salir para ver al padre Abundio llega Torres Quintero de visita y Maria y Víctor se ven obligados a retirarse, pero antes Maria queda con Luisa que regresara al día siguiente a las once.
Maria y Víctor conversan en un café sobre Luisa y la visita de Torres Quintero, ella tiene miedo que le diga lo que ellos le han contado pues no le advirtieron que ese hombre también esta implicado. Víctor se inclina por confiar en que sea una persona de buena voluntad y decida ayudarlos.
Torres Quintero ante el relato de Luisa sobre lo sucedido con Alejandro le dice que todo son mentiras. El señor obispo fingió creer al sacerdote, este es un anciano que ha perdido sus facultades mentales, el mismo falsifico el testamento. Cuando ellos se dieron cuenta huyo para evitar la cárcel, el señor obispo fue esa mañana a hablar con el gobernador, pero solo para pedirle que en consideración a su estado de salud y a su demencia le dispensara de pasar sus últimos días en una cárcel, para evitar el escándalo lo tienen recluido en la curia. Torres Quintero interroga a Luisa sobre el incidente de la fiesta, quiere saber porque llamo a Armida por otro nombre. Luisa responde que se equivoco, la confundió con otra persona que conoció hace algún tiempo.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Alejandro le cuenta a Magdalena los planes que tiene para ellos. Magdalena, el niño y su madre se trasladaran a una casa en el campo que unos amigos de Manuel les ceden. La casa es cómoda y bonita y allí ellos podrán estar tranquilos, es un lugar seguro en el campo, les va a gustar.
- Entonces ¿eso quiere decir que nos vamos a separar? – dice magdalena con tristeza –
- Escucha Magdalena – Alejandro la abraza – Dentro de poco todo el país se va a levantar en armas, nosotros no tendremos un lugar fijo, nos iremos a donde las circunstancias nos empujen y ustedes no podrán seguirnos.
- Pero las demás mujeres van... – protesta Magdalena -
- No estamos hablando de las otras mujeres sino de ti mi amor – Alejandro la interrumpe firme – Ya sé que te has portado muy bien, que te has enfrentado a todo esto con valentía, pero hay que pensar también en nuestro hijo. Sacarlo de la vida cómoda que tiene ahora para traerlo a lugares como este, no seria justo ni prudente – Alejandro se muestra preocupado -. Yo cada vez que tengo que alejarme tiemblo de solo pensar no encontrarles al regreso. Alguna patrulla de soldados puede llegar hasta aquí y los pocos hombres que se quedan cuidando el campamento no serian suficientes para defenderlos.
- ¿Pero entonces cuando nos vamos a ver? – pregunta Magdalena triste –
- Cada vez que pueda – Alejandro la acaricia con ternura – Además, cualquier cosa que pase... – Alejandro aparta la mirada de Magdalena con tristeza -
- ¿Ay, por qué dices eso? ¿Qué nos puede pasar? – pregunta Magdalena asustada-
- No lo sé – Alejandro la acaricia lentamente cariñoso – pero allá nos volveríamos a encontrar, no lo olvides.
Torres Quintero ordena a Benítez que vaya a las once al hotel donde se hospeda Luisa Iturralde, y arreste a Maria, debe enviarla inmediatamente a un campo de trabajo con cualquier pretexto.
Dimitrio visita a Nadia para que le dé noticias de Adolfo, esta seguro que ella sabe donde esta escondido, la situación ya no se puede mantener mas tiempo. Nadia le dice muy contenta que Francisco esta arrepentido, que quiere ver a Adolfo para pedirle el testamento pues él también quiere entregarlo a las autoridades. Dimitrio no lo cree y le asegura a Nadia que lo que Francisco quiere es destruir el testamento antes de que caiga en manos de las autoridades, insiste en que lo lleve con Adolfo. Nadia accede pero tendrá que ser en la tarde, pues en eso quedo con su hermano, en verse en la tarde en un lugar determinado.
Rufino entra en la celda de Cipriano, este esta tumbado en el suelo muy golpeado, pero a pesar de todo lo recibe desafiante. Rufino comenta lo dura que tiene la cabeza, debería decir donde esta su patrón, pues tarde o temprano lo van a averiguar asi que para que aguantar tantos golpes. Rufino se sienta en un escabel frente a Cipriano, mientras le dice ya más conciliador que lo entiende, porque él en su lugar haría lo mismo.
- ¿Entonces por que alegas? – pregunta Cipriano irónico –
- Pues la mera verdad me da no se que verte asi, y lo que te espera. Tu y yo somos iguales, indio yo, indio tu también – asegura Rufino compasivo –
- ¡Iguales no! – dice Cipriano despectivo – Tu eres criado de estos malditos ricos y yo soy un hombre que pelea por los suyos. Les vamos a dar en la torre.
- Pues a lo mejor tienes razón, pero no vamos a hablar de eso. Mira la señora Magdalena... pues no es justo lo que le esta pasando ¿Ya sabes que se perdió su chamaco?
- Sí.
- ¿Y te imaginas la pobrecita lo que va a sufrir cuando lo sepa? Mira si no quieres decirme donde esta tu patrón pues no lo hagas, pero siquiera dinos donde esta la señora.
- Ya parece que te lo voy a decir – Cipriano lo desafía abiertamente –
- Mira es que si el coronel encuentra a la señora con eso se va a contentar y va a dejar a tu patrón tranquilo – dice Rufino conciliador –
- Alejandro nunca se la va a soltar a ese desgraciado y ella tampoco va a querer, porque es su marido y lo quiere a lo derecho.
- ¿Lo quiere a lo macho? – Rufino se quita la gorra y se rasca la cabeza desconcertado – ¿No esta sufriendo por volver?
- No, yo la he visto llorar no mas por su chamaco, y cuando Alejandro la tiene sola – asegura Cipriano –
- Pues entonces si lo quiere – Rufino se cala la gorra en la cabeza triste –
- ¿Y que creías? Que iba a querer al monigote ese de tu patrón – dice Cipriano con desprecio – La patrona quiere a Alejandro y él a ella y bien contenta que se puso cuando averiguo que el que se la robo fue él. Están juntos pero no te voy a decir donde están, como no se lo voy a decir a esos perros que no mas están friega y friega, si me he de morir me muero pero no hablo.
- Pues mira, yo te voy a decir lo que me mando el coronel – Rufino se pone de pie y recita sin mucho convencimiento el recado – Si la señora Magdalena vuelve, él va a dejar en paz a tu patron, pero si no lo hace lo va a buscar hasta por debajo de las piedras y lo va a matar. Te va a soltar para que les vayas con el recado.
- Pues que me suelte para que yo se lo diga – dice Cipriano –
Maria acude a casa de los Mendoza para hablar con Dimitrio, quiere que le acompañe a la visita que debe hacerle a la señorita Luisa esa mañana. Víctor ha ido a buscar al padre Abundio para que asista también a la entrevista, de esa forma esperan que les diga el verdadero nombre de Armida. Después de enterarse de quien esa señorita y de lo que parece saber Dimitrio sale inmediatamente con Maria para entrevistarse con ella.
Torres Quintero acude al despacho de José Luis, le reprocha que lo único que le interesa es Magdalena Mendoza.
- No, no es lo único, pero si es lo que más me importa – dice José Luis muy serio mirándolo desafiante – a Almonte de todos modos tarde o temprano lo van a agarrar, como han agarrado a otros cabecillas pero ella tiene que volver.
A Torres Quintero le parece bien el plan de José Luis, de soltar a Cipriano, para que lleve un mensaje a Almonte y quiere enviar a un hombre para seguirlo, pero José Luis se opone; Esta prevenido y seria muy difícil seguirle en campo abierto, seguro que lo perderían, es mejor dejarle que lleve el mensaje. Torres Quintero sugiere mandar un mensaje más contundente, una presión muy fuerte para que Almonte se entregue voluntariamente. Torres Quintero parece haber pensado en algo y se interesa por el momento en que lo van a soltar, José Luis le dice que esa misma noche si el gobernador lo autoriza.
Rufino acude al despacho de José Luis para dar cuenta del resultado de su entrevista con Cipriano. José Luis le pregunta impaciente que le dijo Cipriano.
- Pues que la señora Magdalena y el hacendado están juntos pero que si lo sueltas les va a llevar el recado – Rufino mira a José Luis, duda si seguir y finalmente le advierte – Pero se me hace que no te vas a salir con la tuya Pepe – Rufino se apoya en la mesa del despacho –
- ¿Por qué dices eso? – pregunta José Luis impaciente –
- Es que dice Cipriano que la señora no va a querer soltar al hacendado, que lo quiere mucho y que se puso retecontenta cuando él se la robo.
José Luis descompone el gesto y da un puñetazo en la mesa mientras grita con rabia.
- No, no es cierto, no puedo creerlo y aun si fuera asi, quiero que sea ella quien me lo diga... o más bien quien me convenza.
Manuel y Alejandro están muy preocupados por la tardanza de Cipriano, ya debería haber vuelto. Alejandro tiene miedo que la familia de Magdalena lo haya traicionado, ya sabe que Magdalena aseguro que eso no sucedería, pero a veces ella es demasiado ingenua y confiada. Manuel se preocupa porque lo puedan haber detenido y obligado a hablar, pero Alejandro no tiene miedo de eso, esta totalmente seguro de Cipriano, tanto como si fuera él mismo, no hablara aunque lo maten. Deciden esperar dos días mas antes de mandar a Felipe a Puebla para averiguar que paso. Llega Magdalena y se apoya afectuosa en el hombro de Alejandro.
- ¿Están preocupados? ¿Pasa algo? – pregunta extrañada –
- No, no nada – responde Alejandro –
Manuel Calderón se retira discretamente dejándolos solos.
- Dentro de unos días nos vamos de aquí – anuncia Alejandro –
- ¿Por qué?
- Porque hemos estado en este lugar demasiado tiempo y no es prudente.
- ¿Y Cipriano y mi hijo? – Magdalena lo mira inquieta –
- Nos iremos después que Cipriano haya vuelto y después que tu tía no haya llevado al niño – Alejandro al rodea con su brazo – Ustedes Irán a esa casa que te dije y yo me iré con los demás.
Dimitrio espera en el vestíbulo del hotel a Maria que ha ido a avisar a Luisa que quieren verla, Maria regresa anunciando que bajara en un momento, mientras esperan aparece Benítez con la pretensión de detener a Maria por un supuesto robo, pero Dimitrio no lo permite, alega que la señorita viene con él y no esta dispuesto a que se la lleve. Benítez intenta agarrar a Maria y arrastrarla con él, mientras forcejean aparecen Víctor y el padre Abundio que al ver a Benítez lo reconoce inmediatamente como el hombre que lo tuvo secuestrado y comienza a gritar ¡Es él, es él! Benítez al ver al padre Abundio huye a toda prisa.
En el despacho de la casa de los Mendoza esta toda la familia reunida en compañía de la señorita Luisa. Dimitrio cuenta lo ocurrido. El padre Abundio reconoció inmediatamente a su captor, durante el tiempo que lo tuvo encerrado jamás consiguió que le dijera su nombre pero de que era él no tiene ninguna duda, afirma Dimitrio, asi que la persona que tuvo secuestrado al padre fue el jefe de policía de Puebla, Dimitrio se dirige a Luisa.
- Se da cuenta señorita Iturralde de cómo están las cosas. Fue una conjura muy bien armada para despojar a mi cuñado de lo que es suyo y para hundir en la vergüenza a mi hermana.
- Si señorita, usted debe ayudarnos – dice Carmen –
- Estamos dispuestos a darle lo que usted pida – asegura Josefina –
- Si se refieren a dinero no es necesario, yo en realidad no tengo porque ayudar ni a Sebastián ni a Adelina.
- ¿Adelina se llama? – pregunta Dimitrio -
- Sí, Adelina Velásquez.
El gobernador ha recibido a Dimitrio y a Luisa Iturralde y ella le ha contado todo lo sucedido, la supuesta Armida Guillén se llama en realidad Adelina Velásquez y es una actriz que ella conoció en Lima hace muchos años.
- Y el marques Sebastián de la Cruz también es un impostor, es un vívales que se aprovecho de la tragedia ocurrida a la familia Guillén, hurto la carta de Benjamín Almonte y se vinieron a Puebla decididos a apoderarse de su fortuna – señala Dimitrio muy digno –
- ¿Asi fueron los hechos señorita? – pregunta el gobernador a Luisa –
- Si excelencia, ellos mismos me lo dijeron.
Dimitrio esta de pie, al lado de la silla en que se sienta Luisa Iturralde con una mano en el respaldo, con aspecto altivo y digno.
- Ha sido cometida una injusticia señor, no solo en contra de Alejandro Almonte, sino de mi familia, yo exijo que esta sea reparada – Dimitrio se enfrenta al gobernador con gesto altivo –
- Bueno, el hecho de que esos señores sean unos impostores, no quiere decir que ese bandido que ha tenido el descaro de robarse a su hermana y llevarme a mí de rehén sea quien dice ser – alega el gobernador fastidiado –
- Hay un testamento, no el que se mostró en el proceso, sino otro, el autentico en el que se asienta que mi cuñado es el hijo y legitimo heredero de Benjamín Almonte – asegura Dimitrio con firmeza –
- Ya me lo han dicho pero pueden ser chismes, habladurías.
- Afortunadamente no es asi – rebate Dimitrio rotundo – Yo conozco la identidad de la persona que posee ese documento.
- ¡Ah sí! ¿Quién es?
- Preferiría no decírselo, no quiero comprometer a una de las mejores familias de Puebla.
- Pues tráigamelo
- Si señor, pero la falsa Armida Guillén y su cómplice deben ser arrestado de inmediato.
El gobernador se levanta dando la entrevista por terminada mientras afirma de muy malhumorado.
- Yo mismo daré la orden.
- Mi familia le estará eternamente agradecida – Dimitrio le lanza una mirada desafiante al gobernador mientras se retira –
José Luis entra en la celda de Cipriano para anunciarle que esa noche lo dejaran salir para que lleve un recado a su patrón; Debe decirle que ya saben donde esta, que tienen rodeada toda la zona y que no podrá escapar. Cipriano le contesta insolente.
- ¿Entonces porque no va a por él?
- Porque a mi lo único que me importa es la seguridad de la señora Magdalena. Dile a tu patrón que si la deja libre, retirare el cerco que hemos puesto a su alrededor para que él y sus bandidos puedan escapar.
- ¿Para agarrarlo mas adelante no?
- Ese no es asunto miro – José Luis mira a Cipriano impaciente – No me interesa, le estoy dando la oportunidad de salvarse esta vez.
- ¿Y según ustedes donde esta? – dice Cipriano irónico –
- ¿Vas a hacer lo que te pido o no? – José Luis no contesta a la pregunta –
- ¿Y si mandan alguno de sus perros para que me siga? – dice Cipriano desconfiado –
- No somos tan ingenuos, nuestros hombres te podrían seguir en la cuidad, pero estando afuera de Puebla, en el campo, los podrías perder fácilmente.
- Pues si – asegura Cipriano - ¿Y si la señora Magdalena no quiere venir?
- Tu dale el recado a los dos y dile a Magdalena que su hijito esta perdido desde hace muchos días.
Dimitrio regresa a su casa con Luisa después de su visita al gobernador y le comenta a su familia que no lo vio muy bien dispuesto, cree que sospecha que Torres Quintero tiene algo que ver en todo esto y no le hace ninguna gracia ver a uno de sus colaboradores directos metido en semejante escándalo. Además, les va a costar mucho trabajo admitir que se dejaron tomar el pelo por un par de vívales. Las mujeres de la familia Mendoza están dispuestas a acudir al presidente si es preciso y pasan revista a todas las amistades que tiene que podrían darle acceso a las más altas esferas, por algo son la familia Mendoza.
Dimitrio se marcha a ver a Nadia, tiene que llevarle con Adolfo, este le tiene que dar el testamento a como de lugar. Le pide a Luisa que se quede en la casa hasta que él regrese, puede ser peligroso para ella salir ahora, alguien podría hacerle daño.
El gobernador ha llamado a Torres Quintero a su presencia y le abronca con dureza, considera que es un imbecil por haberse dejado engañar por un par de vívales, además, esta el testamento autentico. Ese mozalbete de Dimitrio Mendoza dice que sabe quien lo tiene, el gobernador quiere saber si ese documento existe no. Torres Quintero responde que no, pero el gobernador no le cree y le advierte que no quiere que su nombre salga en ese proceso porque en ese caso no piensa mover un dedo por él.
- Y si Dimitrio Mendoza llegara a demostrar que ese hombre es realmente Alejandro Almonte ¿lo perdonaría usted? – pregunta Torres Quintero –
- Por supuesto que no – asegura el gobernador indignado – Almonte o no, ese bandido es un traidor, un sedicioso, que ha puesto en jaque mi prestigio. El coronel Álvarez que esta enajenado con Magdalena Mendoza me ha pedido permiso para soltar a ese hombre, espera conseguir que ella vuelva y se lo concedí, mas que nada porque sé que es uno de los protegidos del señor presidente, pero en cuanto esa mujer este aquí a salvo, no descansaremos hasta haberle puesto las manos encima a ese sinvergüenza.
- ¿Si yo le entregara a Alejandro Almonte seguiría dándome su apoyo? – dice Torres Quintero –
- Siempre y cuando no haya pruebas de su participación en el asunto.
Torres Quintero acude a la celda de Cipriano y le pide que transmita otro recado a Almonte; Su hijo ha desaparecido y lo tienen ellos, si quiere que viva debera cambiar su vida por la de él. Debe entregarse en el primer puesto de guardia y entonces ellos soltaran al niño, si no lo hace lo mataran.
Dimitrio y Nadia van a buscar a Adolfo a una cantina, allí Dimitrio le cuenta como están las cosas. Armida Guillén era una impostora y va a ser detenida, sino lo ha sido ya, puede comprobarlo cuando quiera, tiene que darle el testamento para que pueda entregarlo al gobernador. Nadia insiste ante su hermano en que lo haga y finalmente Adolfo cede, los conduce al cuartucho de una posada en los arrabales y allí saca el testamento de detrás del tapiz de la pared y se lo entrega a Dimitrio, le pide que se lo entregue al gobernador al día siguiente, cuando él se haya ido. Tomara el tren a Veracruz y desde allí un barco a España, Adolfo le pregunta a su hermana que va a hacer con su marido.
- En cuanto se entere que le diste el testamento a Dimitrio, si se pone furioso querrá decir que me mintió, que no esta arrepentido, y si es asi, volveré con mi padre.
- Dimitrio, dile a Magdalena que me perdone, que si me quede con ese documento fue porque su marido había muerto, al menos fue lo que pensé. De todos modos ha sido mejor que yo me quedara con él a que Francisco lo destruyera.
Adolfo y Dimitrio se despiden con un abrazo y Dimitrio y Nadia salen de la habitación dejando a Adolfo con los ojos llenos de lagrimas.
Carmen y Paula están reunidas en el despacho con Luisa, le cuentan la desaparición de Alejandrito y a ella se le ocurre que podían poner anuncios en el periódico ofreciendo dinero a quien de noticias del niño, también repartir volantes como hacen ellos cuando quieren anunciar un espectáculo.
El policía que sigue a Nadia acude a rendir su informe a Torres Quintero, le informa que salió de su casa con un caballero, fue hasta una fonda donde esperaba otro y estuvieron conversando un rato, después salieron los tres y fueron hasta una posada, le da la dirección, de allí salió su esposa con un solo caballero. Francisco sonríe, ya sabe donde se oculta Adolfo.
Suena insistentemente la campanilla en casa de los Mendoza. Josefina abre apresurada y entra Dimitrio loco de alegría gritando que ya lo tiene mientras agita el sobre del testamento. Josefina dando saltos de alegría se arroja a sus brazos, mientras Dimitrio da vueltas con ella por toda la habitación.
Fin de capitulo 72.
Mar




Escrito desde May 1, 2003, 9:28 PM

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Capitulo 71 de "Bodas de Odio"

by Mar

Armida prepara una fiesta para la compañía de teatro que esta actuando en la ciudad, los artistas suelen ser gente divertida y ella tiene ganas de pasárselo bien. Sebastián esta inquieto, hace mas de una semana que le dieron el dinero a Torres Quintero y este todavía no les ha entregado el documento. Armida responde fastidiada que ella confía en Torres Quintero, nunca les ha fallado y tiene tanto interés como ellos porque las cosas continúen tal como están. Sebastián duda, tiene la impresión que el asunto se esta volviendo peligroso, y le propone a Armida vender todas las propiedades y marcharse a vivir a Europa. Maria ha estado escuchando toda la conversación detrás de la puerta.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Alejandro esta sentado aparte pensativo, Magdalena se acerca con un café.
- ¿Cuándo volverá Cipriano? – pregunta Magdalena –
- En cuanto tenga respuesta de tu familia - Alejandro y Magdalena se sientan en unas balas de paja cercanas - ¡Qué extraño es lo del padre Abundio ¡ - dice Alejandro –
- ¿Qué crees que habrá pasado? – pregunta Magdalena intrigada –
- No lo sé.
- ¿Piensas que ya se habrá arreglado todo? Quiero decir... ¿el padre Abundio habrá hablado con las autoridades? ¿Se habrá reconocido tu inocencia?
- Puede ser – responde Alejandro lacónico –
- ¡Estoy segura que sí! – responde Magdalena sonriente y esperanzada – Nuestro hijo tendrá apellido y todo el mundo sabrá que siempre fuiste mi marido – entusiasmada -. ¡Vas a recuperar todo lo tuyo Alejandro!
- De todos modo Magdalena – Alejandro toma las manos de Magdalena y duda antes de hablar – Las cosas ya no van a ser como antes, se me va a seguir buscando por mis actividades rebeldes y si antes mi condena era la cárcel... ¡Ahora ya no!
- Pero puedes decir que te vistes obligado a huir, que esta gente te ayudo y que tuviste que...
- No, no Magdalena – Alejandro la interrumpe y dice con firmeza – Si yo estoy con ellos es por convicción no por necesidad.
- Ya lo sé pero... – Magdalena vacila un momento y después baja la cabeza - ¡Perdóname! Soy muy egoísta, solo pienso en mi.
- No mi amor, te entiendo – Alejandro le besa la mano con ternura – El egoísta soy yo, que te he obligado a quedarte aquí.
- No, tu no me obligaste – responde inmediatamente Magdalena –
- Sabes bien que si – Alejandro muy serio, parece preocupado – Me he aprovechado de tu cariño y no es justo ni por ti, ni por nuestro hijo.
- Pero Alejandrito se nos reunirá en cuanto mi tía lea la carta que le mande – Magdalena esta muy contenta y mira a Alejandro sonriente – Va a llevar a nuestro hijo a ese pueblo, estaremos otra vez juntos.
- Si, pero quiero que estés bien segura, que no te arrepientas después – Alejandro duda de la cordura de la decisión – Tu y el niño tendrán que seguirme a donde yo vaya y siempre en lugares como este, siempre en el peligro, no van a tener comodidades.
- Pero tendremos tu amor, tu protección – responde Magdalena con convicción – Alejandro, si no hay otro futuro, si tendrás que huir siempre, es justo que nosotros estemos contigo. Aquí hay muchos niños y mujeres que siguen a sus hombres.
- Pero tú eres diferente Magdalena.
- Yo solo sé que te quiero, y quiero estar contigo hasta el ultimo momento – Magdalena mira a los ojos a Alejandro enamorada y totalmente decidida a seguirlo –
José Luis ha regresado de Durango con las manos vacías, y en compañía de Rufino visita a los Mendoza para saber si han tenido noticias de Magdalena. Dimitrio lo recibe y después de comunicarle que no saben nada de su hermana, le pregunta por Alejandro. José Luis, muy fastidiado, le cuenta que cuando llegaron a Durango, Alejandro ya se había marchado con rumbo desconocido, estuvo allí, de eso esta seguro porque no se molesto en ocultarse, pero ahora no saben hacia donde partió. Él piensa seguir buscándolo, ira hasta en el mismo infierno si es necesario. Dimitrio le cuenta que su sobrino ha desaparecido. José Luis deduce inmediatamente que el raptor tiene que haber sido Alejandro.
Cipriano esta en la cantina frente a la casa de los Mendoza vigilando y esperando una oportunidad para entregar la carta, ve a Maria ir hacia la casa y sale corriendo en su busca, la alcanza frente a la puerta y le pide que lo siga, cuando Maria se dispone a hacerlo, la puerta se abre y salen José Luis y Rufino apuntando a Cipriano con sus armas y se lo llevan prisionero.
Maria entra en la casa muy alterada y le cuenta lo ocurrido a Dimitrio que se dispone a salir rápidamente para enterarse de donde llevaron a Cipriano, le pide a Maria que regrese en la noche para contarle lo sucedido con el testamente verdadero. Dimitrio sale y Maria se queda sola en medio del vestíbulo y ve con asombro al padre Abundio salir tranquilamente del despacho, al verla la saluda afectuoso, Maria lo recibe alborozada y los dos entran en el despacho para contarse lo sucedido desde la desaparición del sacerdote.
José Luis acompañado de Rufino arroja a Cipriano en un lúgubre calabozo. José Luis altivo y orgulloso se dirige a Cipriano con tono soberbio.
- ¿Dónde esta Almonte?
- Primero me como la lengua que decírselo – responde Cipriano despectivo –
Ante el tono y la mirada despectiva de Cipriano, Rufino lo amenaza con la culata del fusil.
- ¿Qué hacías frente a la casa de los Mendoza? – José Luis continua el interrogatorio –
- ¡Tomando el fresco! – responde Cipriano insolente –
Rufino vuelve a amenazarlo por no contestar como se debe y Cipriano escupe al suelo con desprecio, Rufino se dispone a atacarle pero José Luis le detiene con un gesto.
- Si no lo calientas este no te va a decir nada – señala Rufino encorajinado –
- ¡Ni muerto! – exclama Cipriano –
- Pues si, eso es lo que te podría pasar si no hablas – amenaza José Luis –
- Pues ya estaría de Dios – responde Cipriano desafiante –
José Luis da orden a Rufino de registrarlo por si lleva algún mensaje. Rufino encuentra la carta que Magdalena le escribió a su tía. Cipriano señala indiferente que no se van a enterar de nada que ya no sepan. José Luis rompe el sobre y lee la carta.

He decidido quedarme con Alejandro, es mi marido y lo amo. Yo sé que tu me entiendes, por eso recurro a ti, para que me ayudes a reunirme con mi hijo, te lo suplico tía, no te niegues o me harás infeliz el resto de mis días. Cipriano te explicara todos los detalles, dirás que vas de viaje unos días y te llevaras a Alejandrito hasta un pueblo que Cipriano te dirá, allá Alejandro te buscara y le entregaras a mi hijo.
Ponte de acuerdo con Cipriano en la fecha, pero que sea pronto te lo ruego, no sabes el deseo tan grande que tengo de estrechar a mi hijo entre mis brazos.
Los recuerdo a todos con amor y los extraño mucho, por mi no se preocupen soy muy feliz.
Un beso.
Magdalena.

José Luis termina de leer la carta muy alterado, jadea muy deprisa intentando tranquilizarse, después blande la carta en el aire mientras asegura.
- Todo, todo son mentiras – se dirige a Cipriano rabioso - ¿De qué medios se valió para obligarla a escribir estas cosas? ¿Cuál es el pueblo al que Almonte va a ir por su hijo?
- No se lo voy a decir – responde Cipriano rotundo –
- Cipriano tu no sabes cual es tu situación – dice José Luis enfurecido – Tu patrón es un traidor, un rebelde que ha causado muchos problemas y, además, se ha atrevido a robarme a mi prometida.
- ¡Su prometida! – exclama Cipriano irónico –
- ¡Sí mi prometida! – grita José Luis perdidos los nervios totalmente – Y más vale que hables por las buenas porque no quiero entregarte a las manos de la policía y te aseguro que ellos si tienen métodos para obligarte a decir todo.
- Pues eso es lo que usted dice, pero los indios somos muy tercos y este indio jamás va a traicionar a Alejandro ni muerto.
José Luis se lleva las manos a la cara con gesto de desesperación.
El padre Abundio y Maria están esperando ser recibidos en la antesala del obispo, pretenden exponerle el caso de Alejandro, los dos van a declarar a su favor.
Él padre Abundio esta seguro que el obispo le creerá; Debió haber venido inmediatamente a verlo y no escuchar los consejos de ese muchacho atolondrado. Esta seguro que todo se va a arreglar en cuanto el obispo hable con el gobernador, por muy influyente que sea Torres Quintero se va a ver obligado a decir quien tiene el testamento.
- ¡Se lo juro padre! Con tal de ayudar a Alejandro no me importa que se quede con “esa mujer” – asegura Maria con tono despectivo –
- Magdalena es su esposa y es buena – asegura el padre Abundio cortando a Maria-
Benito acude a informar a Torres Quintero de que Cipriano ha sido arrestado por el coronel Álvarez, le ha ofrecido sus servicios para interrogar al detenido pero este se ha negado. Torres Quintero da orden de interrogarle como él sabe a pesar de la negativa de José Luis.
José Luis regresa a su casa acompañado de Rufino, se deja caer en el sofá con aire de desesperación. Rufino le asegura que Cipriano no hablara, él tampoco lo haría en su lugar aunque lo mataran, pregunta a su patrón que decía la carta de Magdalena.
- Ya te dije, quiere a su hijo – responde molesto José Luis – Pero todo lo demás son mentiras, estoy seguro. Que lo quiere a él, que esta enamorada de él – mueve la cabeza desesperado -. Sepa Dios que métodos usa para obligarla, pobrecita, tal vez la maltrata, la asusta, ella siempre le tuvo miedo – José Luis levanta la voz y dice con mirada de odio - ¡Pero si hay justicia en este mundo, lo tengo que encontrar y hacerle pagar todo!
- Mira Pepe, yo te quiero mucho pero... – Rufino no puede terminar pues llaman a la puerta –
Rufino abre la puerta y entra Dimitrio Mendoza, saluda a José Luis y le pregunta porque no han permitido que entrara a ver a Cipriano y tampoco han querido darle informe de él. José Luis asegura que asi lo ordeno. Dimitrio solicita que le deje verlo, esta seguro de poder hacerle decir donde esta su hermana.
Alejandro y Magdalena pasean por el bosque muy juntos agarrado de la mano.
- Nunca he sido tan feliz como ahora – asegura Magdalena – Me acuerdo cuando te vi por primera vez, llegaste preguntando por mi papá.
- Si – responde Alejandro sonriendo – Y tu me dijiste que no estaba.
- Si, fue mi primera mentira contigo – Magdalena se detiene y pregunta – Dime ¿por qué aceptaste ese trato con mi mama?
- Porque me gustaste mucho – responde Alejandro –
- ¿De veras? – Magdalena sonríe feliz –
- ¡De veras!
- ¿Y no te arrepientes?
- No – Alejandro la mira a los ojos enamorado – Magdalena si supieras cuanto te quiero.
- ¡Quiero ser feliz Alejandro! Contigo y con nuestro hijo.
- ¡Lo serás! Te prometo que lo serás – Alejandro sonríe y le acaricia el rostro con ternura –
- ¡Te creo! – asegura Magdalena sonriendo confiada, los dos se besan en medio del camino –
Dimitrio acude a ver a Cipriano, este esta tirado en el suelo cubierto de sangre, la policía le ha interrogado pero no ha conseguido sacarle ninguna información. Dimitrio se inclina sobre él, le ofrece un cigarro y después de asegurar que esta de su lado le pregunta por el paradero de Alejandro y Magdalena, Cipriano se niega a hablar. Dimitrio le cuenta que el niño ha desaparecido, quiere saber si lo tienen ellos, Cipriano sorprendido responde que no. Dimitrio vuelve a insistir, quiere saber donde están, le jura por la memoria de su padre que no se lo dirá a nadie, pero Cipriano asegura que no se lo dirá a nadie, ni siquiera a él.
La fiesta de Armida esta en su apogeo, Torres Quintero se ha llevado a la anfitriona a un aparte en el vestíbulo, intenta besarla, quiere que entren en el despacho, ella le gusta mucho. Suena la campanilla, Armida abre y se encuentra con una mujer que dice conocerla y la llama Adelina ante la sorpresa de Torres Quintero. Armida le asegura que se ha equivocado de persona.
Maria regresa a casa de los Mendoza y le cuenta a Carmen que el señor obispo prometido hablar al día siguiente con el gobernador, el padre Abundio se ha quedado a dormir en casa del obispo bajo su protección, llega Dimitrio y al conocer las novedades expresa su deseo de que el gobernador les haga caso.
Armida esta comentando con Sebastián lo sucedido la noche anterior, una de las invitadas era conocida de los dos, se llama Luisa y la reconoció inmediatamente, ella le dijo que estaba equivocada, pero no la creyó, aunque tuvo la discreción de callarse. Maria hace su entrada en la casa, ha estado fuera todo el día y la noche anterior, Armida la regaña, no la paga para que solucione sus problemas personales, suena la campanilla y Maria acude a abrir, es Luisa que pregunta por Armida, esta da la orden de decir que no esta, Maria acude a la puerta y comunica que los señores no están. Luisa pregunta intrigada si el esposo de Armida se apellida Guillén y si es rico. Maria dándose cuenta que hay gato encerrado tira de la lengua a la visita, afirmando que ese es el apellido del marido y le pregunta si es amiga suya.
- Bueno nos conocimos hace muchos años en Lima, yo soy artista, me da mucho gusto que le haya ido tan bien – dice mirando a su alrededor –
- ¡Perdone señorita! – dice Maria – Usted me pregunto que si Guillén era su apellido de casada ¿cómo se llamaba de soltera?
Antes de que Luisa pueda contestar sale Sebastián rápidamente del salón y tira de la visita hacia el interior de la casa. Maria la retiene y insiste, quiere saber como era su apellido de soltera, porque si ella creyó que Guillén era el apellido de casada, significa que no es sobrina de Benjamín Almonte. Maria se vuelve hacia Sebastián.
- Como usted no es ningún marques de la Cruz y eso Adolfo lo sabe.
Sebastián intenta atrapa a Maria para impedirle salir de la casa pero Luisa sorprendida se interpone. Maria sale corriendo después de amenazarle con lo que le hará Alejandro cuando se entere.
Sebastián intenta hacer creer a la asombrada Luisa que Maria es una loca que tienen en la casa por compasión. Luisa quiere saber porque Adelina se hace llamar Armida Guillén, la hacen pasar al salón y le cuentan una parte de la historia: Sebastián era el profesor de música de la verdadera Armida Guillén, la familia le hablo sobre el tío de México que no tenia hijos y quería hacer de Armida su heredera. Una noche la familia fue masacrada y él pensó que Adelina podía hacerse pasar por Armida y reclamar la fortuna, pues el tío no conocía a su sobrina. Cuando llegaron, Benjamín Almonte ya había muerto y encontraron un impostor ocupando su lugar, recurrieron a Torres Quintero que les creyó y demostró que el testamento que había otorgado las propiedades al supuesto hijo de Almonte era falso.
El obispo ha ido a ver al gobernador que llama a Torres Quintero a su presencia bastante molesto.
El cura insiste en que lo mantuvieron secuestrado y que Alejandro Almonte ostenta el apellido legítimamente, también afirma que el testamento que se demostró era falso no es el mismo que él redacto, ha sido sustituido. Además, hay un testigo que escucho una conversación muy comprometedora entre Armida Guillén y el marques de la Cruz, en la que afirmaban que una persona les esta extorsionando con el verdadero testamento y que usted sabe quien es. Torres Quintero protesta, no es posible que su señoría crea semejantes patrañas.
- Yo no creo nada – dice el gobernador fastidiado – Pero el obispo exige que se investiguen los hechos, yo no sé hasta que punto dice la verdad ese sacerdote – el gobernador se inclina sobre la mesa mirando amenazador a Torres Quintero – pero si usted esta mezclado en esto, tiene que arreglar las cosas a como de lugar. No quiero escándalos y menos en un momento tan difícil como este. No quiero que este asunto trascienda y menos que se descubra que no de mis colaboradores esta involucrado en ello.
Torres Quintero intenta averiguar quien es el testigo, pero el gobernador no lo sabe. Después le advierte que el sacerdote debería ingresar en prisión, pero el gobernador se niega, porque prometió al obispo dejarlo bajo su protección.
Maria va en busca de Víctor a su hotel para contarle lo sucedido. Armida Guillén es una impostora, llego una señora de la compañía de teatro que la conoce de Lima y no se llama Armida, esa mujer se llama Luisa pero no recuerda el apellido. Víctor decide que hay que ir a buscarla inmediatamente y los dos salen a toda prisa.
Armida y Sebastián están muy contentos porque Luisa los creyó y parece que se callara lo que sabe. Torres Quintero llega para avisarles que alguien los escucho hablar sobre el verdadero testamento y ya ha acudido al gobernador quiere saber quien puede ser el testigo. Armida llega a la conclusión que debe ser Maria, que, además, esa misma mañana se fue de la casa.
José Luis ha ido a casa de los Mendoza para entregar la carta de Magdalena que le quito a Cipriano. Paula lo recibe en el despacho, parece una mujer totalmente diferente, toda su anterior soberbia y altanería han desaparecido, después de leer la carta se compadece de Magdalena, que parece desesperada por la ausencia de su hijo.
- Yo había pensado que lo tenían ellos, pero según la carta no es asi – dice José Luis –
- ¡Ojala se lo hubiera llevado Alejandro! Por lo menos estaría con su madre – asegura Paula –
- Lo encontraremos señora – y añade rabioso - ¡Y ese infeliz pagara por todo!
- ¿Y destruir a Magdalena para siempre, coronel? Ya sé que usted se había hecho muchas ilusiones con ella, siempre la ha querido pero – Paula le suplica – Mejor déjelos en paz.
- Ese hombre se la llevo a la fuerza – José Luis no puede contener su indignación-
- Si, pero ya vio lo que dice la carta. Lo quiere, esta feliz con él – asegura Paula serena –
- ¡Usted no puede creer eso! – exclama José Luis descompuesto – La obligo a escribir esas cosas para tenerlos a ustedes tranquilos. Magdalena no puede querer a un hombre que se ha burlado de ella, que desde que la conoció no ha hecho otra cosa que hacerla infeliz ¡Además, ella acepto casarse conmigo!
- No coronel, esta usted equivocado – dice Paula con tristeza – Usted se aferra a una idea equivocada, como lo hice yo por muchos años. Creí que solo lo que yo pensaba era justo, pero ya ve... Es verdad que obligue a Magdalena a casarse con Alejandro, pero después ella se enamoro de él...
- ¡No señora! – José Luis la interrumpe muy alterado negando la realidad una vez mas – Magdalena quiso cumplir con su deber de esposa, por eso les hizo creer a ustedes que amaba a ese hombre, pero yo sé que no es asi. Conozco a Magdalena tal vez mejor que cualquiera, y sé que un alma noble y delicada como la suya jamás se habría enamorado de un “hombre como ese” – José Luis se expresa con desprecio - ¿Ya ha olvidado todo lo que la hizo sufrir?
- No – Paula enfrenta a José Luis con la verdad – Pero seamos sinceros coronel, fue por culpa de usted, si al saber casada a Magdalena se hubiera apartado de su camino, Alejandro jamás hubiera dudado de ella.
José Luis incapaz de seguir escuchando, se levanta bruscamente para marcharse, pero antes se defiende.
- Y si usted señora, no la hubiese arrancado de mi lado, su hija ahora seria una mujer respetable y feliz – asegura José Luis con soberbia –
- Asumo mi parte de culpa – Paula lo desafía – Pero usted coronel, también haga lo mismo con la que le corresponde.
José Luis no responde y con un breve y seco saludo se retira apresuradamente.
Nadia esta bordando en el salón de su casa cuando llega su marido interesándose por el paradero de Adolfo. Ella sin mirarle responde que fue a la capital para arreglar unos asuntos y aun no regresa. Francisco intenta averiguar si sabe algo mas, pero Nadia apenas le contesta y no le mira, ya harto de la situación le pregunta porque esta asi de rara desde hace unos días.
Nadia incapaz de callarse le echa en cara su maldad; No comprende como pudo destruir de ese modo a una familia. Francisco intenta fingir que no sabe que esta hablando, pero su esposa le aclara que Adolfo se lo contó todo y sabe que junto con el marques de la Cruz falsifico y sustituyo el verdadero testamento del padre de Alejandro, también sabe que el testamento verdadero lo tiene Adolfo, este quiere entregarlo, pero le tiene miedo. Francisco afirma estar arrepentido, él también quiere entregarlo, el gobernador se ha enterado y se lo exige. Le pide a Nadia que se ponga en contacto con Adolfo para que regrese porque quiere hablar con él. Nadia le abraza feliz por lo que considera un cambio en su esposo, sin darse cuenta de la torva mirada que este lanza por encima de su hombro.
Alejandro y sus hombres han salido a defender a unos peones que se habían rebelado y a los que habían echado la tropa, regresan con algunos heridos, pero Alejandro esta ileso, Magdalena sale feliz a su encuentro,
- Siempre que te vas tengo miedo de que no regreses – dice Magdalena abrazándolo –
- ¿No te prometí que iba a volver? – Alejandro la abraza cariñoso –
- Si, pero uno de estos días podrías no cumplir tu promesa – dice Magdalena preocupada –
- ¿No ha vuelto Cipriano? – Alejandro esta extrañado por la tardanza –
- No, y ya debería haber regresado – Magdalena no puede ocultar su inquietud –
- Tal vez algo lo demoro – Alejandro oculta su preocupación para tranquilizarla – o quizá este esperando una respuesta de tu tía todavía – Alejandro la atrae hacia él y Magdalena apoya la cara en su pecho - ¿Estas segura que no nos iba a traicionar?
- ¡Por supuesto que no! – responde Magdalena mirándole a los ojos, Alejandro la mira unos segundos y la besa –
Víctor y Maria han pasado todo el día buscando a Luisa, por fin en la noche dan con ella en su hotel, una vez dentro de la habitación explican el motivo de su visita.
- Señorita por favor, si usted sabe que Armida no es quien dice ser nos lo tiene que decir, es muy importante – suplica Maria –
- Bueno me equivoque, la confundí con otra – responde apurada Luisa –
- No es cierto – asegura Maria volviéndose hacia Víctor –
- Es la verdad – asegura Luisa –
- Señorita, hay de por medio una familia, un hombre su esposa y una criatura de cuatro años – dice Víctor respetuoso – Tiene usted que escucharnos.
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