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RESUMENES DE "BODAS DE ODIO"

Fernando Colunga el hombre mas attractivo

by

Fernando Colunga is quite the astonishing actor. It is delightful to watch him bring Edardo's character in Manana Es Para Siempre to credible heights. I am not a long time fan of his work, But I am quickly finding myself engulfed by his amazing performance. Wow..is all I can saywhat a man I can only imagine the countless number of women that are swept away by him and his breath taking performance. He is truly what dreams of made are made of. I adore him in every aspect.....Every.


Escrito desde May 16, 2009, 10:43 AM

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te admiro

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te admiro por tus novelas que as echo. Con amor y respeto te digo que eres muy guapo. lla mero sale la nueva nobela en california se mira que ba a estar muybien mas si sales tu alli.




Escrito desde Feb 3, 2009, 5:59 AM

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eres el unico

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QUE PUEDO DECIR DE TI,TODAS LAS NOVELAS QUE VEO SON TAN REAL QUE CADA DIA TE AMO MAS FERNADO ERES TAN REAL EN LAS NOVELAS QUE NO DEJO DE VERLAS ......SOY UNA MUJER ROMANTICA Y APASIONADA,COMO TU EN LAS NOVELAS,,,,Y HASTA AHORA NO HE PODIDO ENCONTRAR EL PERFECTO HOMBRE,POR ESO ME GUSTA VER TUS NOVELAS POR QUE ES LO UNICO QUE ME ENTRETIENE VERTE Y SERTIRME AMADA SOLO VIENDOTE A TI PUEDO......MS

Escrito desde May 23, 2008, 7:16 PM

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hola fernando

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bueno solo pasaba para decir hola y desearte mucha suerte en todas tus metas que tengas para este ano..... Cuidate mucho!!!!!!!!





con carino,
Ana Martinez

Escrito desde Apr 24, 2008, 2:12 AM

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Gracias Fer

by Erika


Hola Fer:

Me da gusto ver que tienes a tantas seguidoras, pero sabes yo de verdad te admiro desde hace mucho tiempo, felicidades por lo que haz alcanzado, mil besos, eres un hombre muy guapo y sencillo.

Tu admiradora Nùmero 0 osea la primera.

Gracias por todas tus novelas, pelis, teatro, etc.



Escrito desde Mar 30, 2008, 1:35 AM

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ayuda

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es que alguien me puede ayudar me gustaria ver los furcios que estan en este foro pero no lo consigo me pueden ayudar gracias

Escrito desde Oct 20, 2006, 4:16 PM

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!FELIZ CUMPLE FER!!!!!!

by


FELIZ CUMPLEAÑOS FER, TE DECEO LO MEJOR, TE ADMIRO MUCHO Y ERES UN MANGO,
ERES ESPECIAL Y DANOS SIEMPRE LO MEJOR, TE KIERO
CARLA

Escrito desde Mar 4, 2006, 1:22 AM

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Te admiro, Fer

by

Tenia tiempo buscando una pagina donde pudiera espresar la admiration que siento por ti.
Cada una de las interpretaciones que haces en tus telenovelas me parecen magistrales, sobre todo en la novela Alborada.
Gracias por llenar nuestras pantallas de tu arte y de ese sentimiento que expresas en cada protagonization.
Que Dios te bendiga, deseo de todo corazon que sigas llenando tu vida de exitos.
Muchos Besos!
Besos desde Austria.

Escrito desde Mar 3, 2006, 11:50 AM

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Fernado Colunga

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Soy un fan de Fernando Colunga y estoy buskando un e-mail donde escribirle.
Gracias de antemano

Ladydev

Escrito desde Dec 28, 2005, 3:30 PM

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Capitulo 75 y ultimo de "Bodas de Odio"

by Mar

José Luis esta en su despacho lamentándose con Rufino, esta muy dolido por la actitud de Magdalena que ni siquiera quiere recibirlo.
- Yo no tengo la culpa de nada ¿por qué? ¿Por qué acusarme a mí? ¿Acaso dije a Torres Quintero que falsificara el testamento? Y si Almonte se metió con esa gente ¿Es culpa mía? Yo fui la primera victima de todo esto. Si Magdalena se hubiera casado conmigo nada hubiera pasado.
- Lo que debiste de hacer era olvidarte de ella en cuanto se caso con el otro Pepe.
- ¡Es que ella no lo quería! – se lamenta José Luis –
- ¡Pues ahora si lo quiere! – declara Rufino –
- Que vida tan triste he tenido ¿Por qué no se caso conmigo? Yo si la habría hecho feliz, mi vida entera le habría dedicado.
- Si, ya sé que te están llevando los demonios Pepe – dice Rufino compasivo – pero la mera verdad, la güerita hace mucho tiempo que dejo de quererte, desde que estábamos allí en la hacienda de su marido. No mas que tu no quisiste aceptarlo ¡Pero ni modo! Hay que saber perder Pepe.
- Todos, todos vamos a perder – José Luis tiene los ojos llenos de lagrimas – Almonte la vida, ella a su marido... y yo todas mis esperanzas.
- ¿Cuándo se le van a echar? – pregunta Rufino –
- Mañana.
Alejandrito come pastel en medio de toda la familia, todos están felices por su regreso. Magdalena se pone de pie y dice que va a vestirse, tiene que alcanzar a Alejandro para decirle que el niño ha regresado, quizá todavía no se haya entregado. Dimitrio pide que se lleven al niño y le cuenta a su hermana que su esposo se entrego el día anterior en el cuartel de Cholula. Magdalena pregunta con lagrimas en los ojos, casi sin voz, sí todavía continua con vida. Dimitrio asiente. Magdalena da media vuelta y sin decir nada mas sube las escaleras decidida, Paula la sigue muy preocupada.
Llega Josefina con el padre Abundio, Dimitrio les comunica que el niño ya apareció, Josefina se va feliz a verlo, Dimitrio se queda hablando con el padre Abundio.
- Nuestro señor es justo, no podía permitir tanta maldad. Ya declare ante el magistrado y me dijo que dentro de unos días Alejandro volverá a recuperar su apellido y su posición.
- Alejandro no tiene salvación padre – dice Dimitrio muy triste – Ayer se entrego a las autoridades militares de Cholula.
Maria y Víctor llegan al cuartel de Cholula, le piden al teniente al mando permiso para visitar a Alejandro y muestran el documento que los autoriza, el teniente les franquea la entrada y los conduce a la celda de Alejandro.
Alejandro esta sentado en el suelo, escucha abrirse la puerta y se levanta. Maria entra en la celda y se arroja en sus brazos.
- Maria que gusto verte – Alejandro se dirige a Víctor – se abrazan.
- Alejandro aquí estamos – dice Víctor –
- Gracias ¿cómo se enteraron?
- Nos lo dijo tu cuñado.
- ¿Devolvieron a mi hijo? – pregunta Alejandro preocupado –
- Bueno, por lo menos hasta que salimos de la casa de tu cuñado todavía no – responde Víctor pesaroso –
- ¡Maldito sea! – Alejandro palidece aterrorizado por la suerte de su hijo –
Maria solloza sobre el hombre de Alejandro, pero él no les permite hablar de lo que va a suceder, pide que le platiquen sobre ellos, quiere saber que fue de sus vidas después que se separaron, los dos le cuentan lo sucedido en su ausencia.
Le van a devolver todo lo suyo, la mujer que se presento como su prima era una impostora que ya esta en la cárcel y el verdadero testamento de su padre fue encontrado por su cuñado que ya lo presento al gobernador. Le van a devolver su apellido, su fortuna, la hacienda y la fabrica, todo lo que era suyo.
- ¿Entonces mi hijo llevara mi nombre? – Alejandro sonríe satisfecho –
- ¡Claro que sí! – responde Víctor –
- Es increíble que precisamente ahora este pasando esto – Alejandro se queda en silencio con la mirada perdida –
- ¿Y tu madre? – pregunta Víctor –
Alejandro reacciona y contesta.
- Esta bien, se fue con Cipriano y un amigo, Manuel Calderón.
- ¿Calderón? ¿El que detuvieron esa vez junto contigo? – Víctor esta sorprendido-
- Si, ha sido como un hermano para mí – Alejandro suspira muy preocupado - ¿Entonces de mi hijo no hay ninguna noticia?
- Todavía no, pero Francisco Torres Quintero esta muerto, lo asesinaron – dice Víctor –
- También el padre Abundio ha vuelto – cuenta Maria –
- Si, me lo dijo Cipriano ¿Qué le paso?
- Lo tuvo preso el jefe de la policía, en una casa perdida en una cañada, para que no declarar a tu favor.
- Bueno, pues me alegro que todos estén bien – dice Alejandro intentando sonar animado –
- ¡Y tu Alejandro! – solloza Maria –
Alejandro no responde y acepta el abrazo de Maria con la mirada perdida y una inmensa tristeza en el rostro.
Paula no se puede resignar a quedarse sin hacer nada, sugiera a Dimitrio que vayan a ver otra vez al gobernador, pero su hijo le asegura que será inútil, sino se conmovió con Magdalena no lo hará con nadie, solo les queda resignarse.
- Hijo, es que tengo miedo que Magdalena nunca se recupere por la perdida ¿Y si fuéramos a ver al señor Presidente?
- Con todo lo que esta pasando en el país ¿Tu crees que Porfirio Díaz va a perdonarle la vida a un cabecilla de ese movimiento? Nunca.
Paula oculta el rostro en las manos desesperada.
Al cuartel de Cholula llega Magdalena con su hijo, acompañada de su tía Carmen y el padre Abundio, se presenta al teniente al mando del puesto y exige ver a su marido. El teniente le comunica que las visitas están prohibidas: No puede dejarla pasar, después de que todos los presenten intercedan por ella, ante la negativa del teniente da media vuelta con su hijo de la mano y entra en la cárcel mientras dice.
- ¡Atrévase a detenerme!
- ¡Señora por favor! – exclama el teniente corriendo detrás de ella –
Alejandro esta sentado en el suelo de su celda fumando, escucha los cerrojos de la puerta, tira el cigarrillo y se pone de pie, se abre la puerta y en el umbral aparece Magdalena con su hijo de la mano.
Alejandro contempla al niño incrédulo y emocionado, Magdalena se arrodilla al lado de su hijo, mira sonriendo a Alejandro con los ojos húmedos y le dice al niño.
- Es papa, amor mío.
Alejandro se acerca lentamente sonriendo, se arrodilla frente a su hijo, extiende los brazos y lo toma por los hombros.
- ¿Cómo te llamas? – pregunta sonriéndole con los ojos llenos de lagrimas –
- Alejandro Iván – responde el niño –
- Almonte – completa su madre orgullosa arrodillada detrás del niño –
- Almonte – repite el niño –
- Yo soy tu papa y también me llamo Alejandro – Alejandro abraza al niño emocionado –
Magdalena les observa sonriendo emocionada mientras las lagrimas corren por su rostro.
Alejandro la mira por encima del hombro de su hijo y le da las gracias mientras los ojos vuelven a llenársele de lagrimas.
- ¿Con quien viniste? – pregunta Alejandro sin dejar de abrazar a su hijo –
- Con mi tía Carmen y el padre Abundio. El teniente dice que las visitas no deben ser muy largas – Magdalena sigue llorando –
- Si claro – Alejandro suelta a su hijo –
- Despídete de tu papa mi vida – dice Magdalena – vamos dale un beso.
- ¡Adiós! – dice Alejandro mirando a su hijo emocionado –
- Adiós papá – Alejandrito le da un beso –
Magdalena entrega al niño a su tía y se queda sola con Alejandro.
Alejandro se incorpora intentando recuperarse y contener las lagrimas.
- Me vinieron a ver Víctor y Maria, y me dijeron que todo se arreglo – Alejandro intenta recuperar la serenidad –
- Si, el padre Abundio te quiere ver – dice Magdalena intentando controlarse –
- Sí, claro.
Magdalena se rompe y lo abraza llorando.
- Me voy a quedar a... hasta... – se abraza mas fuerte a Alejandro –
- No, no te vas a quedar ¡ por favor! – dice Alejandro angustiado incapaz de mirar a Magdalena, las lagrimas se escapan de sus ojos a pesar de sus esfuerzos por contenerlas –
- En cuanto haya hablado con el padre Abundio quiero que te regreses a Puebla.
- Pero Alejandro es que... – Magdalena no puede continuar le ahogan las lagrimas-
- No, te lo ruego Magdalena compláceme – Alejandro tiene la voz rota por la emoción ya no puede contener las lagrimas – No quiero que tu y mi hijo presencien... “eso”- Alejandro sonríe entre las lagrimas, acaricia el rostro de Magdalena con ternura - ¡Adiós mi vida y gracias otra vez por todo!
Magdalena lo mira llorando, Alejandro la atrae hacia él con fuerza y la estrecha entre sus brazos llorando, los dos lloran abrazados.
- Magdalena por favor... ya... ya – Alejandro intenta separarla, pero ella continua aferrada a él sollozando – Vete Magdalena, vete ya, vete Magdalena.
Alejandro hace un gran esfuerzo para recuperar el control de sus emociones, Magdalena se aparte de él con esfuerzo, se miran con los ojos llenos de dolor y desesperación. Magdalena da media vuelta y desaparece llorando. Alejandro se queda solo destrozado por el dolor.
El padre Abundio es conducido a la celda de Alejandro, mientras Magdalena y su hijo salen de la cárcel acompañados por la tía Carmen.
Alejandro tiene la frente apoyada contra la pared de la cárcel desesperado, entra el padre Abundio, se abrazan, el padre lo mira con tristeza y afirma que por primera vez en su vida no sabe que decir para consolarlo. Alejandro asegura que con su presencia es suficiente. El padre Abundio se dispone a confesar a Alejandro se pone la estola y él se arrodilla en el suelo.
José Luis esta se pasea por el salón de su casa como un león enjaulado, ha decidido darse de baja en el ejercito, ya no puede tolerar tanta injusticia-
- ¿Te refieres a lo que le van a hacer al hacendado? – pregunta Rufino –
- Ha eso y a todo lo demás – asegura José Luis – Por primera vez, por primera vez, vi en los ojos de Magdalena, el rencor y el desprecio – José Luis se rompe por el dolor – Me acuso de perseguir a Almonte como un animal, me lo dijo con odio. Él le importa mas que yo.
- Si, eso parece Pepe – Rufino mira a su amigo con compasión –
- ¿Pero como iba a saber que tenia derecho a llevársela? Creí que no era su marido y ella se iba a casar conmigo. Esta vez aunque él muera la he perdido para siempre – José Luis esta destrozado todas sus ilusiones se han roto y ya no tiene esperanza –
- Suena la campanilla, Rufino abre y entra Magdalena, quiere hablar con José Luis.
- Antes que nada quiero pedirte perdón por haber dudado de ti. Ya apareció mi hijo, estaba perdido, una mujer lo encontró muy lejos de la casa y como él no supo decir donde vivía ni su apellido, no nos lo pudo devolver, hasta que Dimitrio hizo circular unos volantes por la ciudad, a esa mujer le dieron uno y esta mañana lo llevo a la casa.
- Me alegro por ti – responde José Luis –
- José Luis no quiero que Alejandro muera – dice Magdalena mirándolo a los ojos desesperada – No es justo, él esta peleando por una causa noble, no lo puedes negar, tu mismo cuando eras pobre pensabas asi ¿lo recuerdas?
- No lo he olvidado – asegura José Luis muy serio –
- Eres el único que puede ayudarlo, tu conoces al presidente Díaz, intercede por él, te lo suplico José Luis.
José Luis se sienta al lado de Magdalena.
- ¿Estas muy enamorada de él, verdad?
- Si – responde Magdalena serena y firme –
- ¿Desde cuando?
- Desde que estábamos en la hacienda – Magdalena le hace una promesa – Si le salvas la vida te prometo que dejare a mi hijo con mi familia y me iré contigo a donde tu quieras para siempre - Magdalena lo mira con los ojos llenos de lagrimas – Te lo juro por la memoria de mi padre.
Adolfo y Dimitrio llegan a casa de los Mendoza vestidos de negro, ya tienen el permiso para asistir a la ejecución y hacerse cargo del cadáver, lo traerán a la casa para velarlo, es el marido de Magdalena.
Magdalena baja las escaleras acompañada de Carmen.
- Nos vamos a Cholula Magdalena – dice Dimitrio – Ya tengo el permiso para hacerme cargo de Alejandro, lo vamos a traer aquí.
- Pero no puede ser – Magdalena se desespera – José Luis me prometió que él iba a tratar de solucionar todo esto.
- Si, pero de todos modos, es mejor que nos vayamos para allá.
Adolfo y Dimitrio salen de la casa.
Magdalena asustada toma de las manos a su madre y su tía.
- ¿Ustedes no creen verdad?
- Dios siempre puede hacer un milagro hija – Carmen aprieta la mano de su sobrina –
- Por favor Magdalena, no te hagas demasiadas ilusiones – dice Paula preocupada-
José Luis llega al cuartel de Cholula, el teniente se cuadra delante de él y le pregunta si viene para hacerse cargo de la ejecución de Alejandro Almonte. José Luis no contesta y imperioso ordena que lo lleven con el prisionero.
Conducen a José Luis a la celda de Alejandro, este acaba de terminar de confesarse con el padre Abundio, cuando la puerta se abre dando paso a José Luis los dos hombres se miran a los ojos Alejandro orgulloso, José Luis altivo.
- Almonte al salir del cuartel, si en algo estima su vida le aconsejo que abandone inmediatamente el estado de Puebla – dice José Luis a un desconcertado Alejandro –
- ¿Qué quiere decir? – Alejandro lo mira incrédulo –
- Que lo voy a dejar libre – afirma sereno José Luis –
- Me va a dejar libre – repite Alejandro estupefacto - ¿Por qué?
- Porque... – José Luis vacila – Porque si, veámonos.
El padre Abundio y Alejandro se miran desconcertados y después siguen a José Luis, este conduce a Alejandro fuera de las celdas, hasta el puesto de guardia donde el teniente los mira asombrado. José Luis ordena a Rufino que los acompañe fuera del cuartel, después de dirige a Alejandro que no puede creer lo que esta sucediendo.
- Solo le pido que la haga muy feliz – dice José Luis –
- ¡Discúlpeme coronel! – exclama desconcertado el teniente –
- Enseguida le atiendo – José Luis lo corta con un gesto imperioso - ¡Vallase! – le dice a Alejandro –
Alejandro lo contempla unos momentos estupefacto y después se apresura a seguir a Rufino fuera del cuartel.
José Luis se vuelve hacia el desconcertado teniente y le dice.
- Teniente asumo la responsabilidad completa de lo sucedido.
- ¿Quiere decir que lo dejo libre por iniciativa propia? – el teniente esta asombrado -
- Asi es, mándele un telegrama al gobernador informándole de todo lo sucedido, yo me quedare aquí esperando la respuesta – José Luis parece sereno y decidido-
- Si, señor – el teniente se dispone a escribir el despacho –
Rufino ha conducido a Alejandro y el padre Abundio fuera del cuartel. Alejandro todavía desconcertado pregunta a Rufino.
- No entiendo, me perdonaron la vida ¿pero quienes?
- Pepe, por sus pistolas – dice Rufino muy preocupado –
- ¿Por qué? – Alejandro esta cada vez mas desconcertado –
- Porque quiso – responde Rufino –
- Sean cuales sean los motivos dele las gracias – dice Alejandro –
Rufino regresa al cuartel.
- Ha sido un milagro hijo – dice el padre Abundio loco de alegría –
- Si padre – contesta Alejandro sin acabar de creérselo –
- Pero ahora tienes que irte rápido, yo regreso a Zacatecas, al pueblo.
- Víctor y Maria se fueron para allá a cuidar de la hacienda, deles la noticia por favor padre – pide Alejandro –
- ¿Y tu mujer?
- Le voy a escribir. Adiós padre y gracias por todo.
- Que Dios te bendiga.
Alejandro se apresura a desaparecer en el bosque.
El gobernador recibe el despacho del teniente que esta a cargo del cuartel de Cholula.

Me permito informarle que el coronel José Luis Álvarez, ha dejado en libertad al sentenciado a muerte Alejandro Almonte.

El gobernador pálido de rabia arruga el despacho y ordena mandar un telegrama al presidente informándole de lo que ha hecho su protegido.
En el puesto de guardia del cuartel de Cholula José Luis apoyado en la mesa con aire ausente espera su destino. Rufino se acerca y le pide que se vayan, nadie se atreverá a detenerlos, se pueden ir al norte con los alzados, allí esta su sitio. José Luis le dice a Rufino que debe irse con ellos, pero que él no huirá.
Magdalena le cuanta a su madre y su tía su conversación con José Luis.
- Le jure a José Luis que si le salvaba la vida a Alejandro me iría con él para siempre.
Carmen y Paula se miran desconcertadas, sin creer lo que están oyendo.
- Pero como pudiste hacer eso – dice Paula – No mi amor, no debiste. Alejandro preferiría la muerte a lograr la libertad a ese precio.
- Si, pero yo prefiero saberlo vivo – dice Magdalena muy segura –
- ¡Ay no hija! - exclama Carmen – Yo pienso igual que tu mama, si el coronel cumple con su promesa, ¿te imaginas lo que va a ser la vida de Alejandro de hoy en adelante? No mil veces va a desear haber muerto.
- Si, pero tenia que hacerlo, no puedo tolerar que Alejandro muera mama, prefiero saberlo vivo aunque... aunque... – Magdalena vacila – aunque ya no seamos el uno para el otro, además, va a tener el consuelo de Alejandrito, yo en cuanto sepa donde esta se lo voy a mandar.
- No, pero tu te crees que Alejandro se va a resignar a saberte con ese hombre hija, no, no lo hará – asegura Carmen –
- Bueno tendrá que hacerlo – dice Magdalena muy decida mientras sale de la habitación –
- Bueno, esto es peor que cualquier cosa – Carmen esta desconcertada –
- Te juro Carmen, que si el coronel cumple con su promesa, aunque sea lo ultimo que haga en mi vida, yo lo convenceré para que rehusé el ofrecimiento de Magdalena.
Porfirio Díaz recibe el telegrama del gobernador de Puebla comunicándole lo que ha hecho José Luis, después de leerlo da orden de fusilarlo.
José Luis espera en una celda la hora de la ejecución, entra el teniente para buscarlo, se quita la guerrera y sale tranquilo, avanza hasta el patio seguido por los soldados.
Dimitrio y Adolfo llegan a la puerta del cuartel, entregan el documento que les autoriza a presenciar la ejecución y hacerse cargo del cadáver, después de examinarla les franquean la entrada.
José Luis es conducido hasta el paredón, se coloca junto a la pared, muy erguido, orgulloso. El pelotón forma delante de él a la voz de mando, el teniente se acerca para taparle los ojos, José Luis rechaza la venda, el teniente se cuadra y retrocede, da la orden de disparar, ante la mirada triste de Rufino que se despide de su amigo.
Dimitrio y Adolfo hacen su entrada en el patio a tiempo para contemplar la ejecución y observan desconcertados que el reo no es Alejandro.
José Luis recibe varios disparos en el pecho y cae al suelo, mientras cae recuerda los momentos felices que paso con Magdalena.
Magdalena recibe una carta de José Luis que lee en la soledad de su dormitorio.

Nunca pensé aceptar tu ofrecimiento. Yo te hubiera querido a mi lado enamorada de mí, no de otro, tampoco te sientas culpable de mi muerte, hubiera podido escapar si ese hubiera sido mi deseo. Rufino te lo puede decir, nadie se hubiera atrevido a impedírmelo, pero no quise.
Si salve a tu marido no fue solo por ti, sino por él también, su vida tiene un fin noble y justo, a mí la vida y las circunstancias me llevaron por otro camino, pero en el fondo siempre he pensado como él, tú lo sabes.
Adiós Magdalena, que seas muy dichosa.
José Luis.

Magdalena ha llorado durante toda la lectura de la carta, ahora arrecia los sollozos muy triste por el destino de su antiguo amor.
Han pasado varios meses, Adolfo y Dimitrio conversan en el despacho sobre la difícil situación del país, hay levantamientos en todos lados, les esperan tiempos muy difíciles.
- ¿Supiste que el famoso Sebastián de la Cruz o como se llame fue quien asesino a la familia Guillén? – dice Dimitrio –
- No, no lo sabia – dice Adolfo sorprendido –
- Si, la policía lo obligo a confesar, parece que era el maestro de música de la verdadera Armida Guillén, cuando se entero de la carta que mando Benjamín Almonte, se le ocurrió la idea de asesinar a toda la familia y su amiga Adelina fue la que se hizo pasar por la muchacha.
- ¡Que barbaridad! – exclama Adolfo –
En el vestíbulo esperan Paula y Carmen mientras vigilan a las sirvientas que bajan el equipaje de Magdalena.
- No es peligroso un viaje tan largo ahora, dicen que el país esta lleno de revoltosos – dice Carmen preocupada –
- No, los soldados no se atreverán a hacerle nada a la hija del general Mendoza – asegura Paula – Y los rebeldes... no olvides que es la esposa de Alejandro Almonte – Paula habla con orgullo de su yerno –
- ¡Ay, ojala tengas razón! – exclama Carmen no muy convencida –
- Por supuesto que la tengo – dice Paula altiva –
Magdalena baja acompañada de su hijo y se despide todos, abraza a Carmen y a Josefina que esta evidentemente embarazada, después se dirige a su hermano, lo abraza con cariño y le recomienda que cuide de la familia como ha hecho hasta ahora. Magdalena se despide de Adolfo con un abrazo, le pide que salude a Nadia.
- Quiero pedirte perdón Magdalena – dice Adolfo contrito –
- No, no – Magdalena le toma las manos – Mira si no le hubieras quitado el testamento a Francisco, él lo hubiera destruido, gracias Adolfo-
Magdalena y Paula se abrazan llorando.
- Que Dios te bendiga hija, y que seas tan feliz como te mereces.
Magdalena toma a su hijo de la mano y sale de la casa.
- Me da tanta tristeza que se vayan, vamos a extrañarla tanto, especialmente al niño – dice Josefina a Dimitrio –
- Pronto habrá otro correteando por la casa – Dimitrio besa a su esposa con ternura –
El carruaje llega frente al portón de una hacienda y se detiene. Cipriano llama a gritos a Rosario anunciando que ya llegaron. Magdalena se baja del coche con su hijo, Cipriano toma en brazos al niño, Rosario llega corriendo saluda a Magdalena y toma al niño en brazos.
- Vamos mi amor dale un beso a tu abuelita – dice Magdalena –
- ¿Alejandro esta aquí? – pregunta a Cipriano –
- Si, y ya estaba pensando que no la iba a ver, mañana tenemos que irnos de nuevo a la bola.
- ¿Dónde esta? – pregunta Magdalena impaciente –
- Voy a llamarlo corriendo – Cipriano atraviesa el portón de la hacienda a toda prisa, seguido por Rosario con el niño en brazos y Magdalena –
Cipriano corre entre los árboles llamando a Alejandro, cuando le ve le grita que ya llegaron. Alejandro deja el caballo que traía de las riendas y sale corriendo al encuentro de Magdalena, que al verlo a lo lejos corre también perdiendo el sombrero en la carrera, se encuentran, se detienen mirándose sonrientes, después se abrazan y se besan. Rosario pone al niño en el suelo que corre hacia sus padres, Alejandro lo toma en brazos y los tres se abrazan muy juntos, después camina hacia la casa sonrientes y felices mientras aparece la palabra fin.
Capitulo 75 y ultimo.
Mar




Escrito desde May 4, 2003, 10:44 PM

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Capitulo 74 de "Bodas de Odio"

by Mar

La ultima noche juntos de Alejandro y Magdalena ha terminado, amanece, ambos salen de la hacienda en ruinas abrazados, fuera esperan todos los habitantes del campamento. Magdalena se separa de Alejandro y llorando se despide de Manuel Calderón que le besa la mano respetuosamente, Cipriano también le besa la mano con tristeza, Rosario se abraza a ella llorando, le pide que la escriba, va a estar en la finca de Manuel, alguien le leerá la carta. Magdalena ahogando un sollozo se lo promete y se dirige a la carreta acompañada de Alejandro que con entereza intenta darle ánimos.
- Dale un beso a mi hijo.
Alejandro la estrecha entre sus brazos y la besa, se separa de ella con esfuerzo. - Te tienes que ir mi amor.
Magdalena se sube en la carreta, Alejandro estrecha su mano – Adiós mi amor – da la orden al conductor – Ya vete – y la carreta parte. Magdalena mira hacia atrás llorando, mientras Alejandro levanta la mano para despedirla.
Maria y Víctor llegan a casa de los Mendoza, en la calle les han entregado un volante pidiendo datos del hijo de Alejandro y Magdalena y han ido a pedir noticias, les recibe Josefina que les cuenta las ultimas novedades; Por fin se abrió la instructoria para que a Alejandro le devuelvan su nombre y sus bienes, ya encontraron el verdadero testamento de Benjamín Almonte y Dimitrio, se lo entrego al gobernador, además, Armida y Sebastián ya están en la cárcel.
Dimitrio ha ido a visitar a Nadia con el fin de consolarla, también para darle las ultimas noticias, y prevenirla sobre las sospechas del gobernador en lo que respecta a la participación de Adolfo en el asesinato de Torres Quintero. Nadia se alegra mucho ante las buenas noticias sobre el asunto de Alejandro, pero se asusta cuando se entera que Adolfo es sospechoso. Además, descubren que las declaraciones de Dimitrio y Nadia sobre el hombre que fueron a ver no coinciden; Dimitrio declaro que era un hombre parecido a Adolfo, pero que no era él, sin embargo, Nadia dijo que era moreno chaparro, totalmente diferente a su hermano. Dimitrio abraza a Nadia intentando confortarla y por encima de su hombro ve entrar a Adolfo con cara contrita y asustada en la habitación. Los dos se levantan para recibirlo, Nadia lo abraza.
- Yo no quería hacerlo, pero él me amenazo, quería matarme – Adolfo mira a su hermana pidiendo perdón –
Dimitrio informa a Adolfo que el gobernador sospecha de él; No debió volver. Adolfo señala que nunca se fue, viene a pedir el perdón de Nadia porque se va a entregar, mato a un hombre, que, además, era su cuñado. Dimitrio toma las riendas de la situación.
- ¡Vamos a ver! No te precipites, en todo caso podemos alegar legitima defensa, la policía a lo mejor ya te esta buscando. Yo sugiero que antes que te agarren vayamos a hablar con el gobernador, le expondremos el caso y que él decida.
En el campamento de los rebeldes Rosario esta sentada aparte muy triste, Alejandro se acerca a ella y la abraza cariñoso.
- Perdóname mama he estado apartado de ti.
- Si hijo yo lo entiendo – responde Rosario –
- Ha sido tan corto el tiempo que pude disfrutar de ti – lamenta Alejandro – Y mucho mas breve el que estuve al lado de Magdalena pero... – sonríe con tristeza- pero no te angusties por mi mama, por lo menos he sido muy feliz ¡Ven vamos a caminar por el campo! – los dos salen abrazados –
Dimitrio y Adolfo están en presencia del gobernador, permanecen de pie delante le la mesa en la que él esta sentado, muy disgustado ante la noticia; Adolfo fue quien mato a Torres Quintero, Adolfo explica porque lo hizo.
- Yo tenia el testamento del señor Almonte y cuando le dije a Francisco que se lo había entregado al señor Mendoza quiso matarme, le quite la pistola y dispare.
- ¿Desde cuando tenia usted ese documento? – el gobernador esta muy molesto –
- Desde que Francisco y el marques de la Cruz falsificaron el otro.
- ¿Y por que no lo entrego a las autoridades?
- Porque creíamos que Almonte había muerto, yo no quería perjudicar al marido de mi hermana. Además... – Adolfo duda – porque quería sacar provecho.
- ¡Extorsionando a esa mujer! – afirma irónico el gobernador – Bueno es reconfortante el comportamiento de nuestros jóvenes, los que tendrán algún día en sus manos el futuro de nuestra patria.
- ¡Bueno excelencia! – exclama Dimitrio con insolencia – Francisco no era precisamente un joven y ya ve usted lo que hizo.
- Es usted un muchacho con muy poco tacto señor Mendoza – afirma ofendido el gobernador –
- ¿Por qué? Porque digo la verdad – Dimitrio se apoya en la mesa del gobernador – Adolfo actuó en legitima defensa, además, si usted lo entrega a la policía, mientras se aclaran las cosas pueden salir a relucir muchos detalles muy molestos. El señor Torres Quintero era “su” secretario – en la voz de Dimitrio hay una velada amenaza –
- ¿Qué insinúa usted? – el gobernador se pone de pie indignado –
- Nada señor, pero los partidarios del señor Madero, que ya están armando bastante alboroto podrían suponer cosas que no son, azuzar a la prensa en contra de usted. Un escándalo que involucre a los colaboradores del presidente no creo que sea lo más conveniente en estos momentos.
El gobernador pasea inquieto por el despacho, mientras Dimitrio y Adolfo lo observan, por fin toma una decisión, se vuelve hacia Dimitrio.
- Esta bien, váyanse y espero que sean discretos por el bien de todos.
Dimitrio y Adolfo se apresuran a retirarse, Adolfo esta visiblemente aliviado.
La mujer que encontró a Alejandrito intenta darle de comer pero el niño, cada vez más triste se niega, ella ya no sabe que hacer con él, no puede quedárselo y se plantea llevarlo con las monjitas.
Maria y Víctor continúan hablando con Josefina de los problemas de Alejandro. Maria esta muy contenta pues considera que dentro de pocos días Alejandro podrá regresar, hay que intentar localizarlo para contárselo. Josefina le dice con pena que eso no va a poder ser. Alejandro es un reconocido bandido; Víctor asegura indignado que no es un bandido, es un rebelde, que se ha levantado en armas contra el gobierno, se entero por los diarios, y el presidente Díaz ha ordenado mano dura con los que se oponen a su gobierno. Josefina asegura que la solución es que Alejandro y Magdalena se vayan al extranjero, Dimitrio venderá sus bienes y les mandara el dinero, de esta forma podrán vivir tranquilos. Maria insiste en verlo, se le ocurre que Cipriano podría decírselo, deciden ir a ver a José Luis Álvarez para pedirle permiso, están a punto de retirarse cuando aparece Carmen, que viene de la calle muy contenta porque le han entregado un volante a la salida de misa, eso quiere decir que los están repartiendo por toda la ciudad, al ver a Maria la saluda muy seca, con cara de pocos amigos, cuando se retiran le cuenta a Josefina que Maria le hizo la vida imposible a Magdalena cuando estuvo en la hacienda, no hizo mas que intrigar para causarle problemas con Alejandro, es que esta enamorada de él.
Josefina suspira compadeciendo a Maria; Es muy triste estar enamorada y no ser correspondida. Carmen la mira con picardía y le pide que le cuente como van las cosas entre ella y Dimitrio. Josefina avergonzada responde que muy bien, además, últimamente se ha sentido mal, con muchos ascos y mareos. Carmen se alegra mucho de lo que parecen síntomas de embarazo.
Suena la campanilla Josefina abre la puerta y se queda de piedra al ver entrar a Magdalena, que sin apenas detenerse a saludar, sube corriendo las escaleras diciendo que tiene que cambiarse de ropa para ir a ver a Francisco. Carmen y Josefina desconcertadas la siguen hasta su habitación.
Magdalena en su cuarto comienza a quitarse la ropa a toda prisa, mientras les informa de lo sucedido; Francisco mando un recado por Cipriano, él tiene a Alejandrito y ha amenazado con matarlo si Alejandro no se entrega. Carmen desconcertada le cuenta a su sobrina que Francisco esta muerto, lo asesinaron hace unos días. Josefina dice que Dimitrio piensa que fue Adolfo quien lo mato porque Adolfo tenia el verdadero testamento del padre de Alejandro, ante el desconcierto de Magdalena su tía intenta contarle las cosas de forma ordenada.
- Hija es que han pasado tantas cosas de las que tienes que enterarte. Dimitrio entrego al gobernador el testamento en el que el viejo Benjamín reconoce a Alejandro como su hijo, el padre Abundio ya apareció y esa mujer que se hacia pasar por la prima de tu marido esta en la cárcel junto con el famoso marques, porque se descubrió que eran unos mentirosos. Ella es una artista que se hizo pasar por la sobrina de Benjamín Almonte.
- ¿Eso quiere decir que Alejandro es mi marido de verdad? ¿Que ya no tendrá que huir? ¿Pero mi hijo, mi hijo donde esta?
- ¡Ay Magdalena! – exclama Josefina con aspecto culpable – Yo lo lleve al parque y allá se me perdió.
- Si Francisco ha muerto ¿Quién tiene a mi hijo? – Magdalena esta desconcertada-
Maria y Víctor van a pedirle a José Luis que les dé permiso para visitar a Cipriano, quieren que les diga donde esta Alejandro para reunirse con él. Víctor apela a su sentido de la amistad para que les comprenda, ellos son amigos de Alejandro y no pueden abandonarlo. José Luis le dice que Cipriano ha sido liberado, para que llevara un mensaje a Alejandro; Le mando decir que si Magdalena regresaba él dejaría de perseguirlo, él no puede decirles donde esta Alejandro porque no lo sabe. Víctor y Maria se retiran. Rufino que ha estado escuchando se queda pensativo.
- ¡Hijole Pepe! – exclama compasivo – Que lastima me dan esos cuates.
José Luis se pone de pie furioso y grita descompuesto.
- ¿Es que no hay nadie que tenga lastima de mí?
- Es que te estas haciendo tarugo tu solo Pepe – Rufino intenta hacerle razonar – Esa vieja no te quiere a ti, sino al otro, tienes que metertelo en la cabeza de una vez.
José Luis mueve la cabeza negando con firmeza mientras grita cada vez mas alterado.
- No quiero renunciar, no quiero.
Alejandro se dispone a entregarse se quita la pistola de la cintura y se la entrega a Manuel, no quiere que pase a manos de los federales.
- Alejandro – Manuel hace un ultimo intento por hacerle cambiar de idea - dentro de unos días saldrá la proclama del señor Madero declarándose presidente de la republica, llamando al país a levantarse en armas y entonces...
- Si, si... pero yo no puedo esperar Manuel, estoy seguro que la revolución va a triunfar. Por favor no te olvides de Magdalena y de mi hijo a ti te los encargo.
- Te lo prometo – dice Manuel los dos hombres se abrazan –
- Y no abandones nunca a mi mama.
- Desde luego que no – Manuel esta muy afectado –
- Cipriano te encargo a mi madre.
- No necesitas decirlo Alejandro. Por favor no te vayas, algo me dice que no es verdad que tienen a tu chamaco – Alejandro y Cipriano se abrazan –
- Quiero que te vayas a esa finca de Manuel mama – Alejandro toma la mano de su madre –
- Pero quien se va a encargar de ti... después – Rosario llora desconsolada –
- Que me entierren donde sea – se encoge de hombros con indiferencia – Prométeme que te iras con Manuel.
- Que caso va a tener mi vida cuanto tu ya no estés hijo – Rosario llora agarrada con fuerza a la mano de Alejandro –
- Prométemelo mama es lo ultimo que te pido – Rosario asiente y los dos se abrazan –
Alejandro sale de las ruinas abrazado a su madre, seguido de Cipriano y Manuel que lo acompañan hasta el final. Rosario bendice a su hijo, vuelven a abrazarse. Alejandro muy sereno se suelta de los brazos de su madre, sube a su caballo y se marcha con un simple ¡Adiós!
Magdalena irrumpe hecha una furia en el despacho de José Luis.
- ¿Dónde esta mi hijo? – grita enfurecida –
José Luis se pone de pie sonriente y avanza para abrazarla.
- ¡No me toques! ¿Dónde esta mi hijo? – Magdalena lo mira con odio –
José Luis se detiene en seco desconcertado.
- No sé, se perdió.
- Francisco nos mando decir con Cipriano que él lo tenia, que si Alejandro no se entregaba mataría al niño ¿dónde esta? – Magdalena se enfrenta a José Luis echa fuego por los ojos –
- Te juro que yo no se nada, además, Torres Quintero ya esta muerto – desconcertado José Luis intenta defenderse –
- ¡Ya lo sé! ¿Pero alguien debe tener a mi hijo? A lo mejor tu estabas de acuerdo con Francisco ¿no?
- ¡Dios mío, no puedes pensar eso de mi Magdalena – exclama dolido José Luis - Yo soy incapaz de hacerte daño.
- ¡No digas eso! – Magdalena lo enfrenta indignada mirándolo con desprecio – Tu has perseguido a Alejandro, lo has acosado como a un animal.
- ¡Ese hombre es un canalla! – grita descontrolado José Luis –
- ¡Es mi marido y lo quiero! – afirma rotunda Magdalena – Y si no me devuelves a mi hijo te juro que te mato – gritando enfurecida –
- ¿Pero como puedes pensar que yo haya robado a tu hijo para obligar a ese hombre a entregarse Magdalena? – José Luis esta muy dolido –
- Ese hombre es mi esposo – puntualiza Magdalena con firmeza – Y fuiste tú quien libero a Cipriano.
- Yo no dije nada del niño, solo le dije que te informara que se había perdido.
- ¡Entonces búscalo! – ordena Magdalena seca y terminante – Tienes influencia suficiente para hacerlo, pregúntale a los secuaces de Torres Quintero, oblígales a devolvérmelo, porque si no lo haces José Luis, te voy a odiar toda mi vida.
Después de lanzarle una mirada cargada de odio y desprecio, Magdalena da media vuelta y me marcha furiosa sin despedirse, dejando a José Luis hundido en la desesperación.
Alejandro llega a las puertas del cuartel de Cholula, se baja del caballo y se acerca a los centinelas muy decidido, ante la estupefacción de los soldados declara.
- Soy Alejandro Almonte y vengo a entregarme.
Paula se ha enterado que su hija ha regresado y le reprocha a Josefina y Carmen que no la avisaran para que pudiera verla, ellas intentan explicarle que no tuvieron tiempo, llego, se cambio de ropa y salió corriendo a ver al coronel Álvarez y al gobernador, parece que Torres Quintero le mando decir que tenia al niño y si su marido no se entregaba lo mataría. Dimitrio llega a la casa y le cuentan lo sucedido, desconcertado decide ir a buscar a su hermana al despacho de José Luis.
Los rebeldes están levantando el campamento, parten hacia el norte, Rosario se resiste a marcharse, esta obsesionada con el entierro de su hijo, no habrá nadie que se haga cargo de él. Cipriano le dice que eso lo hará Magdalena, su familia tiene influencias, a ellos no les darían el cadáver, ella prometió a Alejandro marcharse y debe cumplir, Manuel ya los esta esperando, por fin Rosario se resigna y sollozando se deja conducir por Cipriano.
Magdalena es recibida por el gobernador que muy amable le besa la mano mientras expresa su sorpresa por verla.
Magdalena se yergue furiosa y se enfrenta al gobernador mirándole fríamente con odio y le escupe toda su indignación.
- La sorpresa ha sido mía señor, al enterarme que uno de sus colaborados ha sido capaz de las cosas más indignas, más mezquinas que puedan existir, no solo ha causado la desgracia de mi marido, sino que su ultima hazaña fue querer ensañarse con mi hijo.
- Tengo entendido que se extravió – señala desconcertado el gobernador –
- Si, eso fue lo que pensamos todos, hasta que Torres Quintero nos hizo saber que él lo tenia, amenazo con matarlo si Alejandro no se entregaba – furiosa mira de frente al gobernador – Yo exijo justicia, no solo para mi hijo, sino también para mi marido.
- Le ruego que se siente señora – dice desconcertado el gobernador sin saber como controlar a la furia en que se ha convertido Magdalena – ¿Ya le dijeron que el señor Torres Quintero falleció?
- Si, ya me lo dijeron – Magdalena lo mira furiosa –
- Le aseguro que no estaba al tanto de esta situación, por otra parte dudo mucho que Torres Quintero...
- ¡Ay por favor! – Magdalena interrumpe con despectiva ironía – Si Francisco fue el que falsifico el testamento del padre de mi esposo, el que lo obligo a huir, a separarse de mí.
- Buen, bueno – dice el gobernador conciliador – Se cometió un error, pero ya lo estamos subsanando, dentro de unos días recuperara usted su apellido de casada y la fortuna de su esposo.
- ¿Lo recuperare también a él? ¿Y a mi hijo? – pregunta Magdalena indignada fulminado al gobernador con la mirada –
- Señora, le prometo que se harán todas las investigaciones necesarias y si su hijo esta en poder de alguno de los ayudantes de Torres Quintero se lo devolveré de inmediato.
- ¿Y Alejandro?
- En eso no puedo hacer nada.
- ¿Por qué?
- Usted no puede ignorar señora que Alejandro Almonte es un reconocido bandido, se ha levantado en armas en contra de nosotros, es el jefe de un grupo de traidores que trata de derrocar al gobierno del don Porfirio Díaz, no podemos tener consideraciones con él.
- Pero si se unió a esa gente fue porque ustedes lo obligaron, si las autoridades no lo hubieran declarado un impostor él estaría ahora aquí conmigo.
- Nadie lo forzó a unirse a ese grupo de bandidos – el gobernador se enfrenta a Magdalena tan indignado como ella -. Además, las ideas políticas de su marido ya las había manifestado perfectamente cuando aun era Alejandro Almonte, lo siento mucho señora.
- ¡Por favor! Por la menoría de mi padre que fue amigo suyo – suplica Magdalena-
- Si su padre estuviera vivo, pensaría como yo.
- No, mi padre era bueno y noble – Magdalena se pone de pie y golpea la mesa con la mano indignada mirando al gobernador con odio – ¡Ojala! ¡Ojala! Los amigos de Alejandro les destruyan para que se acabe de una vez por todas tanta injusticia.
Magdalena da media vuelta y sale del despacho furiosa.
Dimitrio encuentra a José Luis en su despacho desconcertado y triste. Magdalena estuvo allí, estaba muy exaltada y le acuso de ser cómplice de Torres Quintero en el rapto de su hijo-
- ¿Y no es asi? – pregunta escéptico Dimitrio –
- No le permito dudar de mi honorabilidad – José Luis se ofende –
- ¡Ay! Mejor no hablemos de honorabilidad, sabemos perfectamente que en estos tiempos hay muy poca – señala Dimitrio sarcástico –
- ¡Asi es señor Mendoza! Ya mande buscar a los colaboradores más directos de Torres Quintero, si tienen a su sobrino le aseguro que lo sabré.
Rufino entra en el despacho y entrega a José Luis un despacho del cuartel de Cholula, lo lee y le dice a Dimitrio que su cuñado se entrego esa misma mañana.
Magdalena regresa a su casa muy triste, su hijo no ha aparecido y el gobernador no quiere perdonar a Alejandro, esta desecha y su madre la manda a su cuarto a descansar.
José Luis le comunica al gobernador que Alejandro Almonte se ha entregado en el cuartel de Cholula. El gobernador se muestra muy satisfecho, un rebelde menos, no quiere que lo trasladen a Puebla, que lo juzguen y ejecuten en Cholula, no quiere mas problemas con la familia Mendoza.
Dimitrio llega a su casa y le comunica a Paula, Carmen y Josefina, que Alejandro ya se entrego, lo fusilaran en un par de días, en cuanto lo juzguen, la justicia es muy expedita en estos casos.
- ¿Se lo vas a decir a Magdalena? – pregunta Paula –
- Lo ha de suponer, de todos modos se lo diré mañana – dice Dimitrio con aspecto cansado –
Rufino le cuenta a José Luis que no averiguo nada, interrogo a todos los secuaces de Torres Quintero pero todos aseguran no saber nada de ese asunto.
- ¡Hijole Pepe! – exclama Rufino – Que gacho, que estamos haciendo tú y yo aquí con esta bola de desgraciados, mejor deberíamos irnos con los alzados Pepe. ¡Oyes Pepe! ¿Ya le digites al señor gobernador que el hacendado esta preso? ¿Qué dijo?
- Te lo puedes imaginar, para que preguntas Rufino – responde José Luis malhumorado –
- Pero bueno ¿Por qué la tomas conmigo Pepe?
- Perdóname Rufino, pero es tan feo todo esto.
- Si es lo que yo digo
- Jamás imagine una reacción asi de parte de Magdalena ¿Cómo pudo pensar que yo? No puedo creerlo.
- Pobrecita... no sabes que gacho siento. Va a perder a su marido y quizá también a su chamaco.
Magdalena llora sin consuelo tendida sobre su cama. Alejandro sentado en el suelo de su celda espera su destino muy triste.
Maria y Víctor se enteran de lo sucedido en casa de los Mendoza, Dimitrio le cuenta que Alejandro esta en la cárcel y el motivo por el que se entrego, ambos insisten en verlo, Dimitrio les dice que acudan al coronel Álvarez a por un permiso cuando se retiran se cruzan con José Luis, que viene a visitar a Magdalena, este les manda a por Rufino para que les dé el documento que le autorizara a entrar en la cárcel.
José Luis solicita a Dimitrio que avise a Magdalena que quiere verla, desea aclarar con ella su responsabilidad en lo sucedido, no puede permitir que siga pensando que ha tenido algo que ver en la desaparición de su hijo.
- Pero tendrá mucho que ver en la muerte de su marido coronel – responde fríamente Dimitrio –
Magdalena continua tendida en su cama ausente a todo, Paula intenta que coma algo pero ella se niega, entra Dimitrio para anunciarle que José Luis quiere verla. Magdalena pregunta si tiene noticias de su hijo, al enterarse que no es asi, responde que entonces no quiere verlo, no tiene nada que hablar con él.
Dimitrio baja y se lo comunica a José Luis que tiene que retirarse, pero antes le dice a Dimitrio que le comunique a su hermana que él no es el culpable de lo que esta pasando.
Todos los habitantes de la casa están muy preocupados por el estado de Magdalena, se niega a comer y no deja de llorar, como no aparezca su hijo, cuando se entere de la muerte de Alejandro se va a dejar morir.
Llaman a la puerta y es la mujer que recogió a Alejandrito, todos lo abrazan muy contentos, después lo llevan a la habitación de Magdalena, que loca de alegría abraza a su hijo.
Fin del capitulo 74.
Mar




Escrito desde May 3, 2003, 11:32 PM

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Capitulo 73 de "Bodas de Odio"

by Mar

Adolfo se ha quedado solo en el cuartucho de la fonda tumbado en la cama triste y pensativo, alguien golpea la puerta, pregunta quien es, pero la única respuesta son unos golpes cada vez más apremiantes. Se levanta para abrir, apenas a tenido tiempo de franquear la entrada, cuando la puerta es empujada violentamente y entra Torres Quintero empuñando una pistola con la que apunta a Adolfo, mientras le pide que le entregue el testamente o lo mata. Adolfo retrocede pegándose contra la pared aterrorizado; Intenta explicarle a Torres Quintero que ya no tiene caso, Armida Guillén y su cómplice han sido descubierto, a estas horas ya deben estar en la cárcel. Torres Quintero le cuenta que ya lo ha arreglado para que sean detenidos al día siguiente y cuando lleguen ellos ya estarán muertos.
- Ya los mataste – dice Adolfo asustado –
- Aun no – Torres Quintero extiende la mano sin dejar de apuntar con el arma – Dame el testamento Adolfo, te advierto que estoy decidido a lo que sea con tal de ... de liberarme de este asunto.
- ¿Por qué no se lo entregamos a Dimitrio? Él prometió no decir nada de nosotros, dijo que haría como si lo hubiera recibido por correo.
- ¿Y tu le crees? Sabes bien que Dimitrio Mendoza me aborrece – vuelve a extender la mano - ¡Entrégamelo!
- No lo tengo – Adolfo esta muy asustado pegado a la pared jadeante – Se lo di a Dimitrio. Te lo juro, pregúntaselo a Nadia si no me crees.
- ¡Imbecil! – ruge Torres Quintero –
Un gato, que Adolfo tiene en el cuarto, maúlla y llama la atención de Torres Quintero que vuelve la cabeza hacia él, momento que aprovecha Adolfo para echarse encima de su cuñado y quitarle la pistola. Francisco cae contra la pared, detrás de una mesa, se levanta furioso y se enfrenta con Adolfo que ha vuelto a retroceder contra la pared mientras le apunta con el arma.
- ¡Vete o te mato! – dice asustado Adolfo –
- ¡No te atreverás!
Torres Quintero extiende su mano hacia Adolfo - ¡Damela Adolfo! – grita mientras avanza hacia él, Adolfo aterrorizado dispara y Torres Quintero cae muerto en medio de la habitación, Adolfo lo observa llorando.
José Luis entra en la celda de Cipriano para liberarle, Cipriano se levanta con dificultad, mira desconfiado a José Luis, no esta muy seguro que no lo vayan a matar en cuanto salga y se lo dice a José Luis, este le aclara que si hubieran querido matarle ya lo habrían hecho. Hay suficientes razones para condenarle a muerte sin muchos preámbulos; Le pregunta si entendió bien lo que tiene que decir, Cipriano asiente y sale de la celda.
Magdalena esta sentada, apoyada contra unas balas de paja envuelta en una manta sobre la cama improvisada donde duerme con Alejandro. Este llega envuelto en otra manta; Le pregunta porque no duerme, ella contesta que esta nerviosa. Alejandro se sienta junto a ella.
- ¿Por qué? – pregunta Alejandro –
- Por mi hijo y por Cipriano – Magdalena esta angustiada – ¿Tu también estas preocupado verdad?
- Todo va a salir bien – dice Alejandro tranquilizador –
- Pero ya debió haber regresado ¿no crees?
- Bueno, no sabemos con que dificultades se encontró.
- Abrázame Alejandro – pide Magdalena asustada –
Alejandro la abraza y la estrecha contra su pecho cubriéndola con su manta.
- ¿Alejandro me has perdonado? – pregunta Magdalena –
- ¿Qué cosa? – Alejandro la mira desconcertado –
- Lo de José Luis – Magdalena levanta la mirada hacia el interrogante –
- Tu amor me ha hecho olvidarlo – Alejandro la besa suavemente –
- ¿Entonces ya no dudas de mi cariño? – Magdalena sonríe –
- Como podría si esta aquí conmigo – Alejandro sonríe con ternura y le acaricia el rostro –
- Cuando te vi en la fiesta no me lo podía creer – asegura Magdalena –
- Debiste de haber sabido que no renunciaría a ti – Alejandro vuelve a besarla –
- Es que pensé que habías muerto.
- ¡Hasta de la tumba habría regresado! – Alejandro sonríe dulcemente mientras levanta su barbilla con ternura –
- ¡Te amo! – exclama Magdalena feliz –
Alejandro la besa dulcemente.
Dimitrio y Josefina están en el despacho conversando sobre la desaparición del niño. Josefina esta muy esperanzada con el plan que les propuso la actriz, ya mandaron hacer los volantes y han puesto un anuncio en el periódico ofreciendo dinero. Ahora si que van a encontrarlo, si la gente que lo tiene quiere dinero, se enterara que están dispuesto a darle lo que pidan y si no es asi pues sabrán quien es y lo devolverán. Dimitrio sigue preocupado, tiene miedo que ya no estén en Puebla ya han pasado muchos días y la policía lo ha buscado por todos lados. Josefina se preocupa mucho, si Magdalena regresa y no encuentra a su hijo la va a odiar. Dimitrio la consuela, eso le podría haber pasado a cualquiera.
- Si a cualquier tonta y atolondrada como yo – dice Josefina triste –
Dimitrio se acerca a Josefina y se arrodilla frente a ella.
- Tu no eres ninguna tonta – dice Dimitrio con ternura – Eres una mujer buena y linda.
- No digas eso – Josefina coloca una mano sobre el hombro de Dimitrio – Yo sé bien que no soy bonita.
- Para mí si lo eres, por que te quiero – Dimitrio le acaricia el rostro y la besa suavemente –
Carmen abre la puerta del despacho contempla unos momentos la escena antes de volver a cerrarla suavemente.
- ¿Sabes? Todavía no puedo creerlo.
- Bueno, ya te lo demostré ¿no? – los dos se ríen. Dimitrio apoya la cabeza en la falda de su esposa, después la besa con ternura –
Carmen se va corriendo al dormitorio de Paula a contarle lo que ha visto en el despacho, la encuentra en la cama muy deprimida, insiste en considerarse culpable de todas las desgracias sucedidas, se alegra al saber que Dimitrio estaba muy acaramelado con su esposa, ella es una buena muchacha y Dimitrio ha cambiado mucho se ha convertido en todo un hombre, los dos merecen ser felices.
- ¡Ay Paula! Ya no quiero que te sientas mal, te hechas la culpa de todo, fue el destino, la mala suerte. Todo se va a componer, ya lo veras. Dimitrio esta muy confiado en que encontraremos al niño y yo también, además, mañana ira a entregar el testamento al gobernador.
- Si, pero no puedo dejar de pensar que si no hubiese obligado a Magdalena a casarse con Alejandro...
- Bueno, no lo quería entonces de acuerdo, pero ahora sí. Ya ves lo que dice en la carta, esta feliz con él y tu contribuiste a esa felicidad.
- ¿Tu crees? – durante unos momentos Paula se siente aliviada –
- ¡Por supuesto! Si ella hubiese estado realmente enamorada de José Luis Álvarez no lo habría olvidado – dice Carmen con seguridad – No, fue el amor de una muchacha alocada romántica, que con el tiempo se le hubiera pasado.
- Pero yo no lo hice buscando su felicidad, sino el dinero – se reprocha Paula –
- Bueno, pero lo que cuenta son los resultados – asegura Carmen siempre optimista – No me gusta verte asi Paula, tu siempre has sido una mujer fuerte decidida, el pilar de esta casa. Aun cuando mi hermano vivía tú eras la que decidía todo, la que arreglaba todos los problemas.
- Es que ya no tengo animo, me siento vieja y cansada. Aunque Dimitrio, tu y todos tratan de consolarme, sé muy bien que soy la culpable de la desgracia de esta familia.
Sebastián esta muy inquieto por todo lo sucedido. Luisa ha reconocido a Armida, ya han entregado el dinero y todavía nadie les ha dado el testamento autentico. Maria sospecha que ella no es la sobrina de Benjamín Almonte. Las cosas se están poniendo peligrosas. Armida alega que a Torres Quintero tampoco le conviene que el asunto se descubra y los protegerá, pero Sebastián es consciente que Torres Quintero puede alegar que no sabia nada y descargar toda la culpa en ellos, a fin de cuentas, ellos son un par de vívales y él un hombre importante, de reputación intachable, asi que esta claro a quien creerían. Armida harta de sus elucubraciones le pide que no la fastidie, se esta haciendo viejo y asustadizo, mientras discuten llaman a la puerta, Armida abre y se encuentra con la policía que viene a detenerlo. Armida intenta esgrimir el nombre de Torres Quintero pero el inspector encargado de la detención le informa que esta muerto, lo encontraron asesinado esa misma mañana, hay una orden de detención contra ellos porque hay pruebas de que son un par de impostores, los policías se los llevan a la comandancia.
Dimitrio le entrega el autentico testamento de Benjamín Almonte al gobernador, este lo recibe con frialdad, lo lee y le pregunta si ese es el autentico. Dimitrio le responde que el padre Abundio Canales lo reconoció enseguida, pero puede encargar a un perito calígrafo que ratifique si es la firma de Benjamín Almonte, a él le llego por correo. El gobernador informa a Dimitrio de lo ocurrido a Torres Quintero fue asesinado, él sospecha que andaba detrás del testamento de Almonte, el gobernador mira a Dimitrio con suspicacia.
- Yo no se nada – afirma Dimitrio - Puedo preguntar si tienen alguna pista de la persona que lo mato.
- Según un agente de la policía que la estuvo vigilando estos días, la señora Torres Quintero visito esa casa ayer por la tarde en compañía de dos caballeros, uno de los cuales era el que vivía allí.
- ¿Se sabe su nombre? – Dimitrio intenta ocultar su preocupación –
- A la casera dijo llamarse Hermilo Reina, pero puede no ser cierto – contesta el gobernador espiando las reacciones de Dimitrio –
Rufino irrumpe en el despacho de José Luis muy agitado, se ha enterado que a Torres Quintero lo han asesinado y, además, han detenido a Armida Guillén por impostora, parece que la que no era quien decía ser era ella y no el hacendado. José Luis se queda aturdido ante lo que para él son malas noticias.
Dimitrio va a consolar a Nadia y la encuentra desecha en llanto, lo abraza mientras dice que ella esta segura que fue Adolfo quien mato a su marido. Dimitrio le aclara que si lo hizo Adolfo esta seguro que fue en defensa propia, seguro que Francisco al saber que no tenia el testamento quiso matarle, le pide a Nadia que no denuncie a Adolfo.
Alejandro y Manuel conversan muy preocupados en un rincón del campamento, deben marcharse y Cipriano no regresa, esperarle esta comenzando a ser peligroso, se ha reunido mucha tropa Cholula y los están esperando en San Andrés, Manuel afirma que no son suficientes para enfrentarlos. Alejandro es partidario de que se marchen, él se quedara esperando a Cipriano, no puede abandonarlo, si fue a Puebla es porque él lo mando y si cuando vuelva no están, no va a saber donde encontrarlos. Manuel no esta muy convencido, es peligroso que se quede allí, además, sospecha que Cipriano no regresara.
Magdalena se acerca a ellos y Manuel se retira discretamente, Alejandro abraza a Magdalena.
- Mi amor, Manuel ya no puede esperar mas tiempo, asi que tu y mi mama se Irán con él hasta Durango, allí se separaran, él seguirá hacia el norte y ustedes seguirán hacia la finca.
- Pero... ¿sin saber nada de mi hijo?
- Yo me quedare aquí esperando a Cipriano.
- ¿Solo? – dice Magdalena asustada –
- Con dos o tres hombres. En cuanto tenga al niño te lo llevo allá.
- Pero es que él no te conoce, se va a asustar. No Alejandro, yo me quedo contigo – dice Magdalena con firmeza –
- Preferiría que no lo hicieras – Alejandro esta preocupado –
- Pero... ¿Y su Cipriano regresa con una mala noticia? Que no pudo ver a mi tía o que por algún motivo Alejandrito no puede venir con nosotros.
- ¿Quieres volver a Puebla?
- No, quiero irme a esa finca, pero con mi hijo.
José Luis ha acudido a casa de los Mendoza buscando la confirmación de las noticias que Rufino le llevo. Carmen y Josefina lo reciben en el despacho, ellas están sentadas y José Luis de pie en posición marcial.
- Por supuesto que esa mujer era una mentirosa y no solo eso, sino que encontramos el verdadero testamento de Benjamín Almonte, en el que se dice que Alejandro es su hijo y naturalmente su legitimo heredero y eso quiere decir que Magdalena esta de verdad casada con Alejandro – Carmen comunica estas noticias alegre y satisfecha con una amplia sonrisa – Asi que no tiene caso que usted la siga buscando.
- ¿Y quien tenia el testamento? – pregunta José Luis muy serio y estirado –
- Ah, eso si no lo sé – responde Carmen –
- Dimitrio ya se lo entrego al señor gobernador, ya no hay ninguna duda coronel – asegura Josefina, que muy satisfecha recalca – Magdalena y Alejandro siguen siendo marido y mujer.
- ¡Señoras eso no implica que ella lo quiera! – dice José Luis indignado –
- ¡Ah! – exclama Carmen - ¡Vaya que es usted testarudo! – impaciente levanta la voz - ¡Por supuesto qué lo quiere, lo ha querido siempre! Bueno, perdón pero... – Carmen continua más tranquila – pero es la verdad se lo juro, en su misma carta lo decía que esta feliz junto a él.
- Esa carta no significa nada – dice José Luis rabioso – No entiendo como pueden ustedes, que son sus parientes, mostrarse tan contentas con que Magdalena siga atada a ese hombre – José Luis continua con rencor – Pero no se dan cuenta que es peligroso que ella siga a su lado. Sus días están contados, el gobierno nunca le perdonara la vida, su cabeza tiene un precio y su destino final es el paredón.
Carmen y Josefina se quedan de piedra ante las palabras de José Luis, que pide permiso para retirarse rabioso.
Cipriano ha llegado hasta el campamento, el centinela lo recibe y le ayuda a llegar hasta Alejandro porque viene muy maltratado. Cipriano es recibido con multitud de preguntas, él pide que le dejen sentarse antes de contestarlas, se sienta y le traen un café, Magdalena y Alejandro se sientan uno a cada lado de Cipriano impacientes.
- Dime tienes buenas noticias – pregunta Alejandro –
- No – Cipriano mueve la cabeza triste –
- ¿Mi tía le dijo que no? – pregunta Magdalena –
- Ni siquiera la vi.
- Bueno, entonces no des mas vueltas por Dios – dice Alejandro impaciente – Lo que sea dilo derecho.
- Pues sí derecho. El coronel quiere que la patrona vuelva para dejarte en paz y Torres Quintero dice que si no te entregas que... – Cipriano se interrumpe incapaz de seguir –
- ¡Si no me entrego que! – grita Alejandro –
- Pues... se han robado a tu chamaco Alejandro.
- ¡Que se robaron a mi hijo! ¿Quiénes? – pregunta Alejandro asustado –
- Pues el Torres Quintero ese, y a mi se me hace que el maldito coronel esta metido en el ajo.
- No, no puede ser – dice Magdalena llevándose las manos a la cara desesperada –
- ¿Pero que te dijeron exactamente? – pregunta Alejandro intentando tranquilizarse –
- Que ellos tienen al niño. Que te entregues al primer puesto de guardia, que tu vida a cambio de la del chamaco.
- ¡Ay no! – exclama Magdalena mientras se levanta y sale corriendo –
Alejandro la sigue, en la puerta se cruza con su madre que preocupada pregunta que sucede, Alejandro sin detenerse le dice que Cipriano le contara.
Magdalena sale de las ruinas de la hacienda y corre por el campo desesperada, Alejandro la sigue y por fin logra alcanzarla, se detienen y Alejandro la abraza, Magdalena llora.
- Me quiero morir Alejandro, me quiero morir – Magdalena solloza desesperada abrazada a Alejandro –
- No digas eso, no digas eso por favor Magdalena.
- Es que va a ser tu vida o la del niño – Magdalena solloza cada vez mas fuerte –
- Bueno yo ya he vivido lo suficiente y he sido feliz – afirma sereno Alejandro –
- ¡Ay no! No te quiero perder ni a ti ni al niño – Magdalena lo mira llorando desesperada - ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si fuera un engaño? José Luis no es capaz.
- ¡Bueno tal vez! Pero no quiero correr el riesgo – Los dos se abrazan desesperados –
Rosario llora sin consuelo aplastada por la noticia, esta sentada entre Cipriano y Manuel, los dos muy preocupados. Cipriano cuenta a Manuel lo sucedido; Lo atraparon y primero querían que les dijera donde estaba Alejandro, pero él se negó a hablar, después le dijeron que le soltarían para que llevara un recado y le salen con lo del niño. Manuel no esta muy convencido, puede ser un pretexto para que se entregue. Cipriano alega que hasta el mismo hermano de la patrona le dijo que el niño había desaparecido.
Rosario sigue llorando y lamentándose, no comprende como puede haber gente capaz de hacerle eso a una criatura. Cipriano se arrodilla a su lado.
- Tu lo preguntas Rosario, tu que estuviste en las manos de esos perros.
- Pero es un niño, un inocente Cipriano. Dios no lo puede permitir – Rosario se levanta y se rebela ante su destino – ¡Dios mío! Porque, porque te ensañas asi con nosotros, que mal hemos hecho Dios mío. – Rosario sale corriendo desesperada –
Manuel y Cipriano se miran trastornados por lo ocurrido, sin saber que hacer.
- Oiga don Manuel ¿pero no podemos hacer nada? – pregunta Cipriano –
- ¿Pero que? – responde Manuel –
- ¿Pues vamos a dejar que fusilen a Alejandro? Porque seguro que se va a entregar – dice Cipriano –
- Pues si – Manuel parece descorazonado –
Alejandro y Magdalena llegan abrazados con la angustia en la cara. Alejandro pregunta por su madre, Cipriano le indica la dirección en la que se marcho, Alejandro le pide a Magdalena que la busque y la acompañe.
Alejandro se queda con Manuel y Cipriano y le pide a este ultimo que le cuente todo lo sucedido, se sienta a su lado, Manuel se queda de pie escuchando. Cipriano comienza su relato.
Rosario esta llorando en un rincón, Magdalena llega por detrás y se apoya en su espalda desecha en lagrimas, Rosario se va la vuelta y las dos se abrazan llorando.
- ¡Ay no quiero que se muera Rosario! Nunca he deseado mal a nadie, pero ahora quisiera matar a Francisco con mis propias manos.
Cipriano ha terminado de relatar lo acontecido, Alejandro y Manuel recapacitan.
- Según parece todos piensan que tu hijo esta perdido, nadie sabe que lo tiene Torres Quintero. Puede que sea un ardid para que te entregues – dice Manuel –
- ¿Y como saberlo? – Alejandro esta muy preocupado se vuelve a Cipriano - ¿Te dieron una plazo?
- No, no saben que tan lejos estas de Puebla.
- ¿Cuándo te soltaron?
- Anoche, poquito después que oscureció.
- ¿Vas a entregarte? – pregunta Manuel –
- Si – responde Alejandro con serena firmeza –
- ¿Cuándo?
- Mañana.
El gobernador llama a su presencia a Dimitrio y le acusa de haberle mentido, el testamento no le llego por correo, además, sabe que el día del asesinato estuvo en la casa donde se encontró el cadáver de Francisco con la señora de Torres Quintero. Dimitrio se defiende no quería involucrar a Nadia en ese asunto. El gobernador expresa sus sospechas sobre el hombre que vivía en esa casa, sus señas coinciden con las de Adolfo Echeverri. Dimitrio asegura que ese hombre se parecia pero que no era él.
Dimitrio cambia de conversación y pregunta por el asunto de Alejandro. El gobernador afirma que los impostores ya han sido detenidos y que al día siguiente se iniciara el proceso para devolverle su nombre a Alejandro, pero advierte que Magdalena recuperara su nombre de casada y la fortuna de su marido, su hijo tendrá derecho a llevar el apellido Almonte, pero en lo que toca a Alejandro seguirá siendo buscado por sus actividades subversivas y en cuanto se le encuentre será condenado a muerte.
José Luis esta en su casa reconcomido por el coraje por las ultimas noticias, Rufino intenta hacerle entrar en razón mientras limpia su pistola.
- Te lo dije Pepe ¿Cómo crees que el padrecito iba a decir mentiras? El hacendado es su marido y ella sigue casada con él y asi que ni modo.
- Magdalena acepto ser mi esposa – dice José Luis con obstinación –
- Pues porque todos decían que él había muerto.
- ¿Quién dice que ella lo quiere? – dice furioso José Luis –
- Pues si en la carta lo escribió Pepe – Rufino se impacienta ante la obstinación de su amigo –
- No, para convencerme me lo tiene que decir ella misma de frente.
- ¿Y tu crees que cuando Cipriano les dé el recado va a volver?
- Espero que si, por su hijo que esta perdido. Querrá estar aquí paro si lo encuentran, y aunque no volviera yo no puedo dejar de buscarla ¿Qué tal que Almonte la este reteniendo por la fuerza? ¿Tu crees que ella estará contenta con la vida que esta llevando? Lejos de su familia de su hijo, viviendo en condiciones miserables – José Luis deja volar su imaginación – A lo mejor en este mismo momento esta rogándole a Dios para que yo llegue a rescatarla.
- ¡Ay Pepe! – Rufino lo mira con impotencia – A mi se me hace que el hacendado en la va a soltar y menos para dártela a ti, y aun suponiendo que vuelva, no te vas a poder casar. Vas a tener que esperar q que sea viuda y eso va a estar bien pelón. Ahora hay alzados por todos lados, son muchos y se ayudan entre ellos.
Llaman a la puerta, Rufino va a abrir, se escucha la voz de Dimitrio preguntando por José Luis, este se levanta para recibirlo, Dimitrio se queda en el umbral del salón saluda y va directamente al grano.
- Coronel vine porque considero mi deber informarle que se han encontrado pruebas que demuestran que Alejandro ya no es un usurpador.
- Ya lo sé – José Luis pone cara de circunstancia – Su tía y la esposa de usted me lo contaron todo, lo del testamento y lo de Armida Guillén. Pero esto no libera a Almonte de ser culpable de levantarse en armas contra el gobierno – señala José Luis con rencor –
- Si claro, pero usted esta al mando de la búsqueda ¿Por qué no los deja en paz?
- ¿Esta usted insinuando que deje de cumplir con mi deber? – José Luis se yergue altivo –
Dimitrio se quita los guantes con aire displicente mientras dice.
- Coronel por favor, no seria ni la primera ni la ultima vez que se hace algo poco correcto. Además, estoy seguro que Alejandro esta con esos rebeldes porque no le quedo de otra, en cuanto se entere que su asunto se ha arreglado, los abandonara y se retirara a la vida privada junto con mi hermana, tal vez se marchen al extranjero.
- Entiendo su posición – dice José Luis – Pero usted no esta tomando en cuenta los sentimientos de su hermana ¿Quién le dice a usted que ella desea vivir con ese hombre?
- ¡Oiga! Es su marido y sabemos perfectamente que lo quiere – dice Dimitrio mirando a José Luis asombrado –
- ¡A mi no me consta! – grita José Luis furioso mientras le da la espalda a Dimitrio-
- ¡Ay coronel por Dios! – exclama Dimitrio irónico – Yo entiendo sus... sentimientos. Pero no puede negarse a aceptar la realidad.
- La única realidad es que la ultima palabra de su hermana fue que acepto casarse conmigo – José Luis esta descompuesto –
Dimitrio suspira fastidiado ante tan estúpido empecinamiento y se retira.
Magdalena y Alejandro están sentados en una escalera de la hacienda. Magdalena llora sin consuelo. Alejandro la abraza intentando tranquilizarla.
- No quiero que llores, sino que seas fuerte, lo más importante ahora es nuestro hijo. No sabes cuanto me arrepiento de haberte traído aquí. Si tu hubieras estado en Puebla esto no habría sucedido – dice Alejandro –
- Pero no te hubiera visto, no hubiéramos estado juntos Alejandro – Magdalena solloza mientras dice – Yo no te quiero perder Alejandro.
- Mi amor escúchame. Mi vida no vale mucho – Alejandro estrecha fuerte entre sus brazos –
- ¿Pero como puedes decir eso? Para mí lo eres todo – Magdalena levanta el rostro cubierto de lagrimas hacia Alejandro –
- Me refiero a que todos los días he corrido el peligro de morir – dice Alejandro con serenidad – En un enfrentamiento con los soldados, en una acción, en cualquier momento una bala hubiera podido matarme, que mejor que ofrecer mi vida para salvar la de nuestro hijo – Alejandro acaricia el rostro lleno de lagrimas de Magdalena y con ternura le dice – Me has hecho muy feliz Magdalena.
- Pero yo quería que esta felicidad continuara para siempre – Magdalena solloza desecha –
- Si me hubieran dado a elegir entre esto y... una larga vida sin ti, habría escogido lo primero – dice Alejandro con ternura –
Magdalena apoya la cabeza en su pecho y Alejandro le besa la mejilla llena de lagrimas.
- ¡Ay Alejandro que voy a hacer! – exclama Magdalena rota por el dolor –
- Cuidar de nuestro hijo y pensar mucho en mi. Recordar lo que hemos vivido y estar segura que mi amor nunca te va a abandonar – Alejandro la besa con ternura – Te amo Magdalena, te amo tanto. Solo quiero pedirte una cosa, tal vez dentro de unos años decidas volver a casarte...
- No, no Alejandro... – Alejandro la interrumpe poniendo su mano suavemente en sus labios –
- Puede ser... pero con ese tipo no.
- Ni con él ni con nadie, te lo juro, te lo juro mi amor – Magdalena levanta el rostro lleno de lagrimas hacia Alejandro mientras habla –
Alejandro la atrae hacia sí y la estrecha entre sus brazos mientras Magdalena continua llorando.
Cipriano y Rosario intentan consolarse mutuamente, hasta ellos llega Alejandro, muy sereno y firme acompañado de una Magdalena desecha por el dolor. Alejandro abraza a su madre que llora desconsolada.
- Magdalena se ira mañana temprano mama. Tu te iras con Cipriano, Manuel y los demás – se dirige a Magdalena – En cuanto llegues a Puebla ve inmediatamente a ver a Torres Quintero, le dirás que yo me entregue en el cuartel de Cholula.
- Dice Cipriano que si te entregas en un cuartel que no tenga muchos soldados te pueden liberar – asegura Rosario esperanzada –
- Si Alejandro, yo puedo exigir que me devuelvan al niño inmediatamente y mandar a alguien a avisar para que te ayuden a escapar – dice Magdalena –
- No, Torres Quintero no es tan ingenuo, antes de darte el niño va a querer estar seguro que no hay salvación posible para mí. Haremos las cosas como deben ser.
Alejandro es el único que se mantiene sereno en medio de un mar de lagrimas.
Por la noche Alejandro y Magdalena están sentados juntos y abrazados en su cama de mantas, los dos en silencio, Alejandro sereno tiene la mirada perdida, Magdalena sigue llorando.
- Lo único que siento es no haber conocido a mi hijo – dice Alejandro rompiendo el silencio – Solo lo vi de pequeño, cuando él ni siquiera se daba cuenta de que era su papa – se vuelve hacia Magdalena - ¿Cómo es háblame de él?
- Es fuerte, tiene el cabello rubio, los ojos azules...
- Como tu – Alejandro sonríe con ternura –
- Es muy simpático – Magdalena sonríe en medio de sus lagrimas – tiene un bonito carácter, es alegre, tiene una mirada muy inteligente, es muy travieso – Magdalena no puede seguir hablando rompe a llorar se lleva la cara a las manos, hace un esfuerzo y continua – pero se hace querer por todos.
- Alguna vez le has hablado de mí – pregunta Alejandro –
- No, aun es no se da bien cuenta de las cosas, solo le dije que su papa estaba en el cielo.
- ¿Y cuando sea más grande que le vas a decir?
- ¡La verdad! – Magdalena levanta el rostro hacia él – Que eres el hombre más maravilloso, más bueno, más noble – Se le rompe la voz y vuelve a llorar – Alejandro no puedo resignarme ¡Es que no quiero perderte!
Alejandro la estrecha mas fuerte entre sus brazos y la besa intentando consolarla.
- No me perderás mi amor, no me perderás, estaré siempre contigo, en tu recuerdo, en tus pensamientos – Alejandro la besa con ternura –
- ¡Ay te amo! – solloza Magdalena –
- Esta ultima noche solo en eso tenemos que pensar mi amor – Alejandro sonríe con ternura – En nuestro amor.
Alejandro la acaricia y comienza a besar apasionado el rostro lleno de lagrimas de Magdalena.
Fin del capitulo 73.
Mar




Escrito desde May 3, 2003, 12:21 AM

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Capitulo 72 de "Bodas de Odio"

by Mar

Torres Quintero se pasea furioso por su despacho abroncando a Benítez por su ineptitud y cobardía; Un cura es un hombre como cualquier otro, si no se sentía capaz de matarlo se lo hubiera dicho y habría buscado a otro. Benítez esta aterrorizado y intenta disculparse, Torres Quintero lo corta y le encarga que ponga vigilancia a su esposa y que busque a Maria, si esta vez le falla en alguna de las cosas que le encargo se puede dar por muerto.
Maria y Víctor han terminado de contarle toda la historia a Luisa Iturralde, ella esta impresionada y no sabe que creer, nadie le garantiza que ellos le estén contando la verdad, ya se demostró que el testamento no era autentico y por lo tanto ese hombre no era quien decía ser. Víctor insiste en que hay otro testamento, el verdadero fue sustituido y una persona que posee el documento autentico esta extorsionando a Armida y Sebastián, hay gente muy influyente metida en esto, pero no es justo lo que esta pasando. Luisa sigue dudando y entonces Víctor le propone llevarla con el padre Abundio para que él le cuente la verdad, el señor obispo ya esta enterado y ha ido a hablar con el gobernador. Antes de que puedan salir para ver al padre Abundio llega Torres Quintero de visita y Maria y Víctor se ven obligados a retirarse, pero antes Maria queda con Luisa que regresara al día siguiente a las once.
Maria y Víctor conversan en un café sobre Luisa y la visita de Torres Quintero, ella tiene miedo que le diga lo que ellos le han contado pues no le advirtieron que ese hombre también esta implicado. Víctor se inclina por confiar en que sea una persona de buena voluntad y decida ayudarlos.
Torres Quintero ante el relato de Luisa sobre lo sucedido con Alejandro le dice que todo son mentiras. El señor obispo fingió creer al sacerdote, este es un anciano que ha perdido sus facultades mentales, el mismo falsifico el testamento. Cuando ellos se dieron cuenta huyo para evitar la cárcel, el señor obispo fue esa mañana a hablar con el gobernador, pero solo para pedirle que en consideración a su estado de salud y a su demencia le dispensara de pasar sus últimos días en una cárcel, para evitar el escándalo lo tienen recluido en la curia. Torres Quintero interroga a Luisa sobre el incidente de la fiesta, quiere saber porque llamo a Armida por otro nombre. Luisa responde que se equivoco, la confundió con otra persona que conoció hace algún tiempo.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Alejandro le cuenta a Magdalena los planes que tiene para ellos. Magdalena, el niño y su madre se trasladaran a una casa en el campo que unos amigos de Manuel les ceden. La casa es cómoda y bonita y allí ellos podrán estar tranquilos, es un lugar seguro en el campo, les va a gustar.
- Entonces ¿eso quiere decir que nos vamos a separar? – dice magdalena con tristeza –
- Escucha Magdalena – Alejandro la abraza – Dentro de poco todo el país se va a levantar en armas, nosotros no tendremos un lugar fijo, nos iremos a donde las circunstancias nos empujen y ustedes no podrán seguirnos.
- Pero las demás mujeres van... – protesta Magdalena -
- No estamos hablando de las otras mujeres sino de ti mi amor – Alejandro la interrumpe firme – Ya sé que te has portado muy bien, que te has enfrentado a todo esto con valentía, pero hay que pensar también en nuestro hijo. Sacarlo de la vida cómoda que tiene ahora para traerlo a lugares como este, no seria justo ni prudente – Alejandro se muestra preocupado -. Yo cada vez que tengo que alejarme tiemblo de solo pensar no encontrarles al regreso. Alguna patrulla de soldados puede llegar hasta aquí y los pocos hombres que se quedan cuidando el campamento no serian suficientes para defenderlos.
- ¿Pero entonces cuando nos vamos a ver? – pregunta Magdalena triste –
- Cada vez que pueda – Alejandro la acaricia con ternura – Además, cualquier cosa que pase... – Alejandro aparta la mirada de Magdalena con tristeza -
- ¿Ay, por qué dices eso? ¿Qué nos puede pasar? – pregunta Magdalena asustada-
- No lo sé – Alejandro la acaricia lentamente cariñoso – pero allá nos volveríamos a encontrar, no lo olvides.
Torres Quintero ordena a Benítez que vaya a las once al hotel donde se hospeda Luisa Iturralde, y arreste a Maria, debe enviarla inmediatamente a un campo de trabajo con cualquier pretexto.
Dimitrio visita a Nadia para que le dé noticias de Adolfo, esta seguro que ella sabe donde esta escondido, la situación ya no se puede mantener mas tiempo. Nadia le dice muy contenta que Francisco esta arrepentido, que quiere ver a Adolfo para pedirle el testamento pues él también quiere entregarlo a las autoridades. Dimitrio no lo cree y le asegura a Nadia que lo que Francisco quiere es destruir el testamento antes de que caiga en manos de las autoridades, insiste en que lo lleve con Adolfo. Nadia accede pero tendrá que ser en la tarde, pues en eso quedo con su hermano, en verse en la tarde en un lugar determinado.
Rufino entra en la celda de Cipriano, este esta tumbado en el suelo muy golpeado, pero a pesar de todo lo recibe desafiante. Rufino comenta lo dura que tiene la cabeza, debería decir donde esta su patrón, pues tarde o temprano lo van a averiguar asi que para que aguantar tantos golpes. Rufino se sienta en un escabel frente a Cipriano, mientras le dice ya más conciliador que lo entiende, porque él en su lugar haría lo mismo.
- ¿Entonces por que alegas? – pregunta Cipriano irónico –
- Pues la mera verdad me da no se que verte asi, y lo que te espera. Tu y yo somos iguales, indio yo, indio tu también – asegura Rufino compasivo –
- ¡Iguales no! – dice Cipriano despectivo – Tu eres criado de estos malditos ricos y yo soy un hombre que pelea por los suyos. Les vamos a dar en la torre.
- Pues a lo mejor tienes razón, pero no vamos a hablar de eso. Mira la señora Magdalena... pues no es justo lo que le esta pasando ¿Ya sabes que se perdió su chamaco?
- Sí.
- ¿Y te imaginas la pobrecita lo que va a sufrir cuando lo sepa? Mira si no quieres decirme donde esta tu patrón pues no lo hagas, pero siquiera dinos donde esta la señora.
- Ya parece que te lo voy a decir – Cipriano lo desafía abiertamente –
- Mira es que si el coronel encuentra a la señora con eso se va a contentar y va a dejar a tu patrón tranquilo – dice Rufino conciliador –
- Alejandro nunca se la va a soltar a ese desgraciado y ella tampoco va a querer, porque es su marido y lo quiere a lo derecho.
- ¿Lo quiere a lo macho? – Rufino se quita la gorra y se rasca la cabeza desconcertado – ¿No esta sufriendo por volver?
- No, yo la he visto llorar no mas por su chamaco, y cuando Alejandro la tiene sola – asegura Cipriano –
- Pues entonces si lo quiere – Rufino se cala la gorra en la cabeza triste –
- ¿Y que creías? Que iba a querer al monigote ese de tu patrón – dice Cipriano con desprecio – La patrona quiere a Alejandro y él a ella y bien contenta que se puso cuando averiguo que el que se la robo fue él. Están juntos pero no te voy a decir donde están, como no se lo voy a decir a esos perros que no mas están friega y friega, si me he de morir me muero pero no hablo.
- Pues mira, yo te voy a decir lo que me mando el coronel – Rufino se pone de pie y recita sin mucho convencimiento el recado – Si la señora Magdalena vuelve, él va a dejar en paz a tu patron, pero si no lo hace lo va a buscar hasta por debajo de las piedras y lo va a matar. Te va a soltar para que les vayas con el recado.
- Pues que me suelte para que yo se lo diga – dice Cipriano –
Maria acude a casa de los Mendoza para hablar con Dimitrio, quiere que le acompañe a la visita que debe hacerle a la señorita Luisa esa mañana. Víctor ha ido a buscar al padre Abundio para que asista también a la entrevista, de esa forma esperan que les diga el verdadero nombre de Armida. Después de enterarse de quien esa señorita y de lo que parece saber Dimitrio sale inmediatamente con Maria para entrevistarse con ella.
Torres Quintero acude al despacho de José Luis, le reprocha que lo único que le interesa es Magdalena Mendoza.
- No, no es lo único, pero si es lo que más me importa – dice José Luis muy serio mirándolo desafiante – a Almonte de todos modos tarde o temprano lo van a agarrar, como han agarrado a otros cabecillas pero ella tiene que volver.
A Torres Quintero le parece bien el plan de José Luis, de soltar a Cipriano, para que lleve un mensaje a Almonte y quiere enviar a un hombre para seguirlo, pero José Luis se opone; Esta prevenido y seria muy difícil seguirle en campo abierto, seguro que lo perderían, es mejor dejarle que lleve el mensaje. Torres Quintero sugiere mandar un mensaje más contundente, una presión muy fuerte para que Almonte se entregue voluntariamente. Torres Quintero parece haber pensado en algo y se interesa por el momento en que lo van a soltar, José Luis le dice que esa misma noche si el gobernador lo autoriza.
Rufino acude al despacho de José Luis para dar cuenta del resultado de su entrevista con Cipriano. José Luis le pregunta impaciente que le dijo Cipriano.
- Pues que la señora Magdalena y el hacendado están juntos pero que si lo sueltas les va a llevar el recado – Rufino mira a José Luis, duda si seguir y finalmente le advierte – Pero se me hace que no te vas a salir con la tuya Pepe – Rufino se apoya en la mesa del despacho –
- ¿Por qué dices eso? – pregunta José Luis impaciente –
- Es que dice Cipriano que la señora no va a querer soltar al hacendado, que lo quiere mucho y que se puso retecontenta cuando él se la robo.
José Luis descompone el gesto y da un puñetazo en la mesa mientras grita con rabia.
- No, no es cierto, no puedo creerlo y aun si fuera asi, quiero que sea ella quien me lo diga... o más bien quien me convenza.
Manuel y Alejandro están muy preocupados por la tardanza de Cipriano, ya debería haber vuelto. Alejandro tiene miedo que la familia de Magdalena lo haya traicionado, ya sabe que Magdalena aseguro que eso no sucedería, pero a veces ella es demasiado ingenua y confiada. Manuel se preocupa porque lo puedan haber detenido y obligado a hablar, pero Alejandro no tiene miedo de eso, esta totalmente seguro de Cipriano, tanto como si fuera él mismo, no hablara aunque lo maten. Deciden esperar dos días mas antes de mandar a Felipe a Puebla para averiguar que paso. Llega Magdalena y se apoya afectuosa en el hombro de Alejandro.
- ¿Están preocupados? ¿Pasa algo? – pregunta extrañada –
- No, no nada – responde Alejandro –
Manuel Calderón se retira discretamente dejándolos solos.
- Dentro de unos días nos vamos de aquí – anuncia Alejandro –
- ¿Por qué?
- Porque hemos estado en este lugar demasiado tiempo y no es prudente.
- ¿Y Cipriano y mi hijo? – Magdalena lo mira inquieta –
- Nos iremos después que Cipriano haya vuelto y después que tu tía no haya llevado al niño – Alejandro al rodea con su brazo – Ustedes Irán a esa casa que te dije y yo me iré con los demás.
Dimitrio espera en el vestíbulo del hotel a Maria que ha ido a avisar a Luisa que quieren verla, Maria regresa anunciando que bajara en un momento, mientras esperan aparece Benítez con la pretensión de detener a Maria por un supuesto robo, pero Dimitrio no lo permite, alega que la señorita viene con él y no esta dispuesto a que se la lleve. Benítez intenta agarrar a Maria y arrastrarla con él, mientras forcejean aparecen Víctor y el padre Abundio que al ver a Benítez lo reconoce inmediatamente como el hombre que lo tuvo secuestrado y comienza a gritar ¡Es él, es él! Benítez al ver al padre Abundio huye a toda prisa.
En el despacho de la casa de los Mendoza esta toda la familia reunida en compañía de la señorita Luisa. Dimitrio cuenta lo ocurrido. El padre Abundio reconoció inmediatamente a su captor, durante el tiempo que lo tuvo encerrado jamás consiguió que le dijera su nombre pero de que era él no tiene ninguna duda, afirma Dimitrio, asi que la persona que tuvo secuestrado al padre fue el jefe de policía de Puebla, Dimitrio se dirige a Luisa.
- Se da cuenta señorita Iturralde de cómo están las cosas. Fue una conjura muy bien armada para despojar a mi cuñado de lo que es suyo y para hundir en la vergüenza a mi hermana.
- Si señorita, usted debe ayudarnos – dice Carmen –
- Estamos dispuestos a darle lo que usted pida – asegura Josefina –
- Si se refieren a dinero no es necesario, yo en realidad no tengo porque ayudar ni a Sebastián ni a Adelina.
- ¿Adelina se llama? – pregunta Dimitrio -
- Sí, Adelina Velásquez.
El gobernador ha recibido a Dimitrio y a Luisa Iturralde y ella le ha contado todo lo sucedido, la supuesta Armida Guillén se llama en realidad Adelina Velásquez y es una actriz que ella conoció en Lima hace muchos años.
- Y el marques Sebastián de la Cruz también es un impostor, es un vívales que se aprovecho de la tragedia ocurrida a la familia Guillén, hurto la carta de Benjamín Almonte y se vinieron a Puebla decididos a apoderarse de su fortuna – señala Dimitrio muy digno –
- ¿Asi fueron los hechos señorita? – pregunta el gobernador a Luisa –
- Si excelencia, ellos mismos me lo dijeron.
Dimitrio esta de pie, al lado de la silla en que se sienta Luisa Iturralde con una mano en el respaldo, con aspecto altivo y digno.
- Ha sido cometida una injusticia señor, no solo en contra de Alejandro Almonte, sino de mi familia, yo exijo que esta sea reparada – Dimitrio se enfrenta al gobernador con gesto altivo –
- Bueno, el hecho de que esos señores sean unos impostores, no quiere decir que ese bandido que ha tenido el descaro de robarse a su hermana y llevarme a mí de rehén sea quien dice ser – alega el gobernador fastidiado –
- Hay un testamento, no el que se mostró en el proceso, sino otro, el autentico en el que se asienta que mi cuñado es el hijo y legitimo heredero de Benjamín Almonte – asegura Dimitrio con firmeza –
- Ya me lo han dicho pero pueden ser chismes, habladurías.
- Afortunadamente no es asi – rebate Dimitrio rotundo – Yo conozco la identidad de la persona que posee ese documento.
- ¡Ah sí! ¿Quién es?
- Preferiría no decírselo, no quiero comprometer a una de las mejores familias de Puebla.
- Pues tráigamelo
- Si señor, pero la falsa Armida Guillén y su cómplice deben ser arrestado de inmediato.
El gobernador se levanta dando la entrevista por terminada mientras afirma de muy malhumorado.
- Yo mismo daré la orden.
- Mi familia le estará eternamente agradecida – Dimitrio le lanza una mirada desafiante al gobernador mientras se retira –
José Luis entra en la celda de Cipriano para anunciarle que esa noche lo dejaran salir para que lleve un recado a su patrón; Debe decirle que ya saben donde esta, que tienen rodeada toda la zona y que no podrá escapar. Cipriano le contesta insolente.
- ¿Entonces porque no va a por él?
- Porque a mi lo único que me importa es la seguridad de la señora Magdalena. Dile a tu patrón que si la deja libre, retirare el cerco que hemos puesto a su alrededor para que él y sus bandidos puedan escapar.
- ¿Para agarrarlo mas adelante no?
- Ese no es asunto miro – José Luis mira a Cipriano impaciente – No me interesa, le estoy dando la oportunidad de salvarse esta vez.
- ¿Y según ustedes donde esta? – dice Cipriano irónico –
- ¿Vas a hacer lo que te pido o no? – José Luis no contesta a la pregunta –
- ¿Y si mandan alguno de sus perros para que me siga? – dice Cipriano desconfiado –
- No somos tan ingenuos, nuestros hombres te podrían seguir en la cuidad, pero estando afuera de Puebla, en el campo, los podrías perder fácilmente.
- Pues si – asegura Cipriano - ¿Y si la señora Magdalena no quiere venir?
- Tu dale el recado a los dos y dile a Magdalena que su hijito esta perdido desde hace muchos días.
Dimitrio regresa a su casa con Luisa después de su visita al gobernador y le comenta a su familia que no lo vio muy bien dispuesto, cree que sospecha que Torres Quintero tiene algo que ver en todo esto y no le hace ninguna gracia ver a uno de sus colaboradores directos metido en semejante escándalo. Además, les va a costar mucho trabajo admitir que se dejaron tomar el pelo por un par de vívales. Las mujeres de la familia Mendoza están dispuestas a acudir al presidente si es preciso y pasan revista a todas las amistades que tiene que podrían darle acceso a las más altas esferas, por algo son la familia Mendoza.
Dimitrio se marcha a ver a Nadia, tiene que llevarle con Adolfo, este le tiene que dar el testamento a como de lugar. Le pide a Luisa que se quede en la casa hasta que él regrese, puede ser peligroso para ella salir ahora, alguien podría hacerle daño.
El gobernador ha llamado a Torres Quintero a su presencia y le abronca con dureza, considera que es un imbecil por haberse dejado engañar por un par de vívales, además, esta el testamento autentico. Ese mozalbete de Dimitrio Mendoza dice que sabe quien lo tiene, el gobernador quiere saber si ese documento existe no. Torres Quintero responde que no, pero el gobernador no le cree y le advierte que no quiere que su nombre salga en ese proceso porque en ese caso no piensa mover un dedo por él.
- Y si Dimitrio Mendoza llegara a demostrar que ese hombre es realmente Alejandro Almonte ¿lo perdonaría usted? – pregunta Torres Quintero –
- Por supuesto que no – asegura el gobernador indignado – Almonte o no, ese bandido es un traidor, un sedicioso, que ha puesto en jaque mi prestigio. El coronel Álvarez que esta enajenado con Magdalena Mendoza me ha pedido permiso para soltar a ese hombre, espera conseguir que ella vuelva y se lo concedí, mas que nada porque sé que es uno de los protegidos del señor presidente, pero en cuanto esa mujer este aquí a salvo, no descansaremos hasta haberle puesto las manos encima a ese sinvergüenza.
- ¿Si yo le entregara a Alejandro Almonte seguiría dándome su apoyo? – dice Torres Quintero –
- Siempre y cuando no haya pruebas de su participación en el asunto.
Torres Quintero acude a la celda de Cipriano y le pide que transmita otro recado a Almonte; Su hijo ha desaparecido y lo tienen ellos, si quiere que viva debera cambiar su vida por la de él. Debe entregarse en el primer puesto de guardia y entonces ellos soltaran al niño, si no lo hace lo mataran.
Dimitrio y Nadia van a buscar a Adolfo a una cantina, allí Dimitrio le cuenta como están las cosas. Armida Guillén era una impostora y va a ser detenida, sino lo ha sido ya, puede comprobarlo cuando quiera, tiene que darle el testamento para que pueda entregarlo al gobernador. Nadia insiste ante su hermano en que lo haga y finalmente Adolfo cede, los conduce al cuartucho de una posada en los arrabales y allí saca el testamento de detrás del tapiz de la pared y se lo entrega a Dimitrio, le pide que se lo entregue al gobernador al día siguiente, cuando él se haya ido. Tomara el tren a Veracruz y desde allí un barco a España, Adolfo le pregunta a su hermana que va a hacer con su marido.
- En cuanto se entere que le diste el testamento a Dimitrio, si se pone furioso querrá decir que me mintió, que no esta arrepentido, y si es asi, volveré con mi padre.
- Dimitrio, dile a Magdalena que me perdone, que si me quede con ese documento fue porque su marido había muerto, al menos fue lo que pensé. De todos modos ha sido mejor que yo me quedara con él a que Francisco lo destruyera.
Adolfo y Dimitrio se despiden con un abrazo y Dimitrio y Nadia salen de la habitación dejando a Adolfo con los ojos llenos de lagrimas.
Carmen y Paula están reunidas en el despacho con Luisa, le cuentan la desaparición de Alejandrito y a ella se le ocurre que podían poner anuncios en el periódico ofreciendo dinero a quien de noticias del niño, también repartir volantes como hacen ellos cuando quieren anunciar un espectáculo.
El policía que sigue a Nadia acude a rendir su informe a Torres Quintero, le informa que salió de su casa con un caballero, fue hasta una fonda donde esperaba otro y estuvieron conversando un rato, después salieron los tres y fueron hasta una posada, le da la dirección, de allí salió su esposa con un solo caballero. Francisco sonríe, ya sabe donde se oculta Adolfo.
Suena insistentemente la campanilla en casa de los Mendoza. Josefina abre apresurada y entra Dimitrio loco de alegría gritando que ya lo tiene mientras agita el sobre del testamento. Josefina dando saltos de alegría se arroja a sus brazos, mientras Dimitrio da vueltas con ella por toda la habitación.
Fin de capitulo 72.
Mar




Escrito desde May 1, 2003, 9:28 PM

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Capitulo 71 de "Bodas de Odio"

by Mar

Armida prepara una fiesta para la compañía de teatro que esta actuando en la ciudad, los artistas suelen ser gente divertida y ella tiene ganas de pasárselo bien. Sebastián esta inquieto, hace mas de una semana que le dieron el dinero a Torres Quintero y este todavía no les ha entregado el documento. Armida responde fastidiada que ella confía en Torres Quintero, nunca les ha fallado y tiene tanto interés como ellos porque las cosas continúen tal como están. Sebastián duda, tiene la impresión que el asunto se esta volviendo peligroso, y le propone a Armida vender todas las propiedades y marcharse a vivir a Europa. Maria ha estado escuchando toda la conversación detrás de la puerta.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Alejandro esta sentado aparte pensativo, Magdalena se acerca con un café.
- ¿Cuándo volverá Cipriano? – pregunta Magdalena –
- En cuanto tenga respuesta de tu familia - Alejandro y Magdalena se sientan en unas balas de paja cercanas - ¡Qué extraño es lo del padre Abundio ¡ - dice Alejandro –
- ¿Qué crees que habrá pasado? – pregunta Magdalena intrigada –
- No lo sé.
- ¿Piensas que ya se habrá arreglado todo? Quiero decir... ¿el padre Abundio habrá hablado con las autoridades? ¿Se habrá reconocido tu inocencia?
- Puede ser – responde Alejandro lacónico –
- ¡Estoy segura que sí! – responde Magdalena sonriente y esperanzada – Nuestro hijo tendrá apellido y todo el mundo sabrá que siempre fuiste mi marido – entusiasmada -. ¡Vas a recuperar todo lo tuyo Alejandro!
- De todos modo Magdalena – Alejandro toma las manos de Magdalena y duda antes de hablar – Las cosas ya no van a ser como antes, se me va a seguir buscando por mis actividades rebeldes y si antes mi condena era la cárcel... ¡Ahora ya no!
- Pero puedes decir que te vistes obligado a huir, que esta gente te ayudo y que tuviste que...
- No, no Magdalena – Alejandro la interrumpe y dice con firmeza – Si yo estoy con ellos es por convicción no por necesidad.
- Ya lo sé pero... – Magdalena vacila un momento y después baja la cabeza - ¡Perdóname! Soy muy egoísta, solo pienso en mi.
- No mi amor, te entiendo – Alejandro le besa la mano con ternura – El egoísta soy yo, que te he obligado a quedarte aquí.
- No, tu no me obligaste – responde inmediatamente Magdalena –
- Sabes bien que si – Alejandro muy serio, parece preocupado – Me he aprovechado de tu cariño y no es justo ni por ti, ni por nuestro hijo.
- Pero Alejandrito se nos reunirá en cuanto mi tía lea la carta que le mande – Magdalena esta muy contenta y mira a Alejandro sonriente – Va a llevar a nuestro hijo a ese pueblo, estaremos otra vez juntos.
- Si, pero quiero que estés bien segura, que no te arrepientas después – Alejandro duda de la cordura de la decisión – Tu y el niño tendrán que seguirme a donde yo vaya y siempre en lugares como este, siempre en el peligro, no van a tener comodidades.
- Pero tendremos tu amor, tu protección – responde Magdalena con convicción – Alejandro, si no hay otro futuro, si tendrás que huir siempre, es justo que nosotros estemos contigo. Aquí hay muchos niños y mujeres que siguen a sus hombres.
- Pero tú eres diferente Magdalena.
- Yo solo sé que te quiero, y quiero estar contigo hasta el ultimo momento – Magdalena mira a los ojos a Alejandro enamorada y totalmente decidida a seguirlo –
José Luis ha regresado de Durango con las manos vacías, y en compañía de Rufino visita a los Mendoza para saber si han tenido noticias de Magdalena. Dimitrio lo recibe y después de comunicarle que no saben nada de su hermana, le pregunta por Alejandro. José Luis, muy fastidiado, le cuenta que cuando llegaron a Durango, Alejandro ya se había marchado con rumbo desconocido, estuvo allí, de eso esta seguro porque no se molesto en ocultarse, pero ahora no saben hacia donde partió. Él piensa seguir buscándolo, ira hasta en el mismo infierno si es necesario. Dimitrio le cuenta que su sobrino ha desaparecido. José Luis deduce inmediatamente que el raptor tiene que haber sido Alejandro.
Cipriano esta en la cantina frente a la casa de los Mendoza vigilando y esperando una oportunidad para entregar la carta, ve a Maria ir hacia la casa y sale corriendo en su busca, la alcanza frente a la puerta y le pide que lo siga, cuando Maria se dispone a hacerlo, la puerta se abre y salen José Luis y Rufino apuntando a Cipriano con sus armas y se lo llevan prisionero.
Maria entra en la casa muy alterada y le cuenta lo ocurrido a Dimitrio que se dispone a salir rápidamente para enterarse de donde llevaron a Cipriano, le pide a Maria que regrese en la noche para contarle lo sucedido con el testamente verdadero. Dimitrio sale y Maria se queda sola en medio del vestíbulo y ve con asombro al padre Abundio salir tranquilamente del despacho, al verla la saluda afectuoso, Maria lo recibe alborozada y los dos entran en el despacho para contarse lo sucedido desde la desaparición del sacerdote.
José Luis acompañado de Rufino arroja a Cipriano en un lúgubre calabozo. José Luis altivo y orgulloso se dirige a Cipriano con tono soberbio.
- ¿Dónde esta Almonte?
- Primero me como la lengua que decírselo – responde Cipriano despectivo –
Ante el tono y la mirada despectiva de Cipriano, Rufino lo amenaza con la culata del fusil.
- ¿Qué hacías frente a la casa de los Mendoza? – José Luis continua el interrogatorio –
- ¡Tomando el fresco! – responde Cipriano insolente –
Rufino vuelve a amenazarlo por no contestar como se debe y Cipriano escupe al suelo con desprecio, Rufino se dispone a atacarle pero José Luis le detiene con un gesto.
- Si no lo calientas este no te va a decir nada – señala Rufino encorajinado –
- ¡Ni muerto! – exclama Cipriano –
- Pues si, eso es lo que te podría pasar si no hablas – amenaza José Luis –
- Pues ya estaría de Dios – responde Cipriano desafiante –
José Luis da orden a Rufino de registrarlo por si lleva algún mensaje. Rufino encuentra la carta que Magdalena le escribió a su tía. Cipriano señala indiferente que no se van a enterar de nada que ya no sepan. José Luis rompe el sobre y lee la carta.

He decidido quedarme con Alejandro, es mi marido y lo amo. Yo sé que tu me entiendes, por eso recurro a ti, para que me ayudes a reunirme con mi hijo, te lo suplico tía, no te niegues o me harás infeliz el resto de mis días. Cipriano te explicara todos los detalles, dirás que vas de viaje unos días y te llevaras a Alejandrito hasta un pueblo que Cipriano te dirá, allá Alejandro te buscara y le entregaras a mi hijo.
Ponte de acuerdo con Cipriano en la fecha, pero que sea pronto te lo ruego, no sabes el deseo tan grande que tengo de estrechar a mi hijo entre mis brazos.
Los recuerdo a todos con amor y los extraño mucho, por mi no se preocupen soy muy feliz.
Un beso.
Magdalena.

José Luis termina de leer la carta muy alterado, jadea muy deprisa intentando tranquilizarse, después blande la carta en el aire mientras asegura.
- Todo, todo son mentiras – se dirige a Cipriano rabioso - ¿De qué medios se valió para obligarla a escribir estas cosas? ¿Cuál es el pueblo al que Almonte va a ir por su hijo?
- No se lo voy a decir – responde Cipriano rotundo –
- Cipriano tu no sabes cual es tu situación – dice José Luis enfurecido – Tu patrón es un traidor, un rebelde que ha causado muchos problemas y, además, se ha atrevido a robarme a mi prometida.
- ¡Su prometida! – exclama Cipriano irónico –
- ¡Sí mi prometida! – grita José Luis perdidos los nervios totalmente – Y más vale que hables por las buenas porque no quiero entregarte a las manos de la policía y te aseguro que ellos si tienen métodos para obligarte a decir todo.
- Pues eso es lo que usted dice, pero los indios somos muy tercos y este indio jamás va a traicionar a Alejandro ni muerto.
José Luis se lleva las manos a la cara con gesto de desesperación.
El padre Abundio y Maria están esperando ser recibidos en la antesala del obispo, pretenden exponerle el caso de Alejandro, los dos van a declarar a su favor.
Él padre Abundio esta seguro que el obispo le creerá; Debió haber venido inmediatamente a verlo y no escuchar los consejos de ese muchacho atolondrado. Esta seguro que todo se va a arreglar en cuanto el obispo hable con el gobernador, por muy influyente que sea Torres Quintero se va a ver obligado a decir quien tiene el testamento.
- ¡Se lo juro padre! Con tal de ayudar a Alejandro no me importa que se quede con “esa mujer” – asegura Maria con tono despectivo –
- Magdalena es su esposa y es buena – asegura el padre Abundio cortando a Maria-
Benito acude a informar a Torres Quintero de que Cipriano ha sido arrestado por el coronel Álvarez, le ha ofrecido sus servicios para interrogar al detenido pero este se ha negado. Torres Quintero da orden de interrogarle como él sabe a pesar de la negativa de José Luis.
José Luis regresa a su casa acompañado de Rufino, se deja caer en el sofá con aire de desesperación. Rufino le asegura que Cipriano no hablara, él tampoco lo haría en su lugar aunque lo mataran, pregunta a su patrón que decía la carta de Magdalena.
- Ya te dije, quiere a su hijo – responde molesto José Luis – Pero todo lo demás son mentiras, estoy seguro. Que lo quiere a él, que esta enamorada de él – mueve la cabeza desesperado -. Sepa Dios que métodos usa para obligarla, pobrecita, tal vez la maltrata, la asusta, ella siempre le tuvo miedo – José Luis levanta la voz y dice con mirada de odio - ¡Pero si hay justicia en este mundo, lo tengo que encontrar y hacerle pagar todo!
- Mira Pepe, yo te quiero mucho pero... – Rufino no puede terminar pues llaman a la puerta –
Rufino abre la puerta y entra Dimitrio Mendoza, saluda a José Luis y le pregunta porque no han permitido que entrara a ver a Cipriano y tampoco han querido darle informe de él. José Luis asegura que asi lo ordeno. Dimitrio solicita que le deje verlo, esta seguro de poder hacerle decir donde esta su hermana.
Alejandro y Magdalena pasean por el bosque muy juntos agarrado de la mano.
- Nunca he sido tan feliz como ahora – asegura Magdalena – Me acuerdo cuando te vi por primera vez, llegaste preguntando por mi papá.
- Si – responde Alejandro sonriendo – Y tu me dijiste que no estaba.
- Si, fue mi primera mentira contigo – Magdalena se detiene y pregunta – Dime ¿por qué aceptaste ese trato con mi mama?
- Porque me gustaste mucho – responde Alejandro –
- ¿De veras? – Magdalena sonríe feliz –
- ¡De veras!
- ¿Y no te arrepientes?
- No – Alejandro la mira a los ojos enamorado – Magdalena si supieras cuanto te quiero.
- ¡Quiero ser feliz Alejandro! Contigo y con nuestro hijo.
- ¡Lo serás! Te prometo que lo serás – Alejandro sonríe y le acaricia el rostro con ternura –
- ¡Te creo! – asegura Magdalena sonriendo confiada, los dos se besan en medio del camino –
Dimitrio acude a ver a Cipriano, este esta tirado en el suelo cubierto de sangre, la policía le ha interrogado pero no ha conseguido sacarle ninguna información. Dimitrio se inclina sobre él, le ofrece un cigarro y después de asegurar que esta de su lado le pregunta por el paradero de Alejandro y Magdalena, Cipriano se niega a hablar. Dimitrio le cuenta que el niño ha desaparecido, quiere saber si lo tienen ellos, Cipriano sorprendido responde que no. Dimitrio vuelve a insistir, quiere saber donde están, le jura por la memoria de su padre que no se lo dirá a nadie, pero Cipriano asegura que no se lo dirá a nadie, ni siquiera a él.
La fiesta de Armida esta en su apogeo, Torres Quintero se ha llevado a la anfitriona a un aparte en el vestíbulo, intenta besarla, quiere que entren en el despacho, ella le gusta mucho. Suena la campanilla, Armida abre y se encuentra con una mujer que dice conocerla y la llama Adelina ante la sorpresa de Torres Quintero. Armida le asegura que se ha equivocado de persona.
Maria regresa a casa de los Mendoza y le cuenta a Carmen que el señor obispo prometido hablar al día siguiente con el gobernador, el padre Abundio se ha quedado a dormir en casa del obispo bajo su protección, llega Dimitrio y al conocer las novedades expresa su deseo de que el gobernador les haga caso.
Armida esta comentando con Sebastián lo sucedido la noche anterior, una de las invitadas era conocida de los dos, se llama Luisa y la reconoció inmediatamente, ella le dijo que estaba equivocada, pero no la creyó, aunque tuvo la discreción de callarse. Maria hace su entrada en la casa, ha estado fuera todo el día y la noche anterior, Armida la regaña, no la paga para que solucione sus problemas personales, suena la campanilla y Maria acude a abrir, es Luisa que pregunta por Armida, esta da la orden de decir que no esta, Maria acude a la puerta y comunica que los señores no están. Luisa pregunta intrigada si el esposo de Armida se apellida Guillén y si es rico. Maria dándose cuenta que hay gato encerrado tira de la lengua a la visita, afirmando que ese es el apellido del marido y le pregunta si es amiga suya.
- Bueno nos conocimos hace muchos años en Lima, yo soy artista, me da mucho gusto que le haya ido tan bien – dice mirando a su alrededor –
- ¡Perdone señorita! – dice Maria – Usted me pregunto que si Guillén era su apellido de casada ¿cómo se llamaba de soltera?
Antes de que Luisa pueda contestar sale Sebastián rápidamente del salón y tira de la visita hacia el interior de la casa. Maria la retiene y insiste, quiere saber como era su apellido de soltera, porque si ella creyó que Guillén era el apellido de casada, significa que no es sobrina de Benjamín Almonte. Maria se vuelve hacia Sebastián.
- Como usted no es ningún marques de la Cruz y eso Adolfo lo sabe.
Sebastián intenta atrapa a Maria para impedirle salir de la casa pero Luisa sorprendida se interpone. Maria sale corriendo después de amenazarle con lo que le hará Alejandro cuando se entere.
Sebastián intenta hacer creer a la asombrada Luisa que Maria es una loca que tienen en la casa por compasión. Luisa quiere saber porque Adelina se hace llamar Armida Guillén, la hacen pasar al salón y le cuentan una parte de la historia: Sebastián era el profesor de música de la verdadera Armida Guillén, la familia le hablo sobre el tío de México que no tenia hijos y quería hacer de Armida su heredera. Una noche la familia fue masacrada y él pensó que Adelina podía hacerse pasar por Armida y reclamar la fortuna, pues el tío no conocía a su sobrina. Cuando llegaron, Benjamín Almonte ya había muerto y encontraron un impostor ocupando su lugar, recurrieron a Torres Quintero que les creyó y demostró que el testamento que había otorgado las propiedades al supuesto hijo de Almonte era falso.
El obispo ha ido a ver al gobernador que llama a Torres Quintero a su presencia bastante molesto.
El cura insiste en que lo mantuvieron secuestrado y que Alejandro Almonte ostenta el apellido legítimamente, también afirma que el testamento que se demostró era falso no es el mismo que él redacto, ha sido sustituido. Además, hay un testigo que escucho una conversación muy comprometedora entre Armida Guillén y el marques de la Cruz, en la que afirmaban que una persona les esta extorsionando con el verdadero testamento y que usted sabe quien es. Torres Quintero protesta, no es posible que su señoría crea semejantes patrañas.
- Yo no creo nada – dice el gobernador fastidiado – Pero el obispo exige que se investiguen los hechos, yo no sé hasta que punto dice la verdad ese sacerdote – el gobernador se inclina sobre la mesa mirando amenazador a Torres Quintero – pero si usted esta mezclado en esto, tiene que arreglar las cosas a como de lugar. No quiero escándalos y menos en un momento tan difícil como este. No quiero que este asunto trascienda y menos que se descubra que no de mis colaboradores esta involucrado en ello.
Torres Quintero intenta averiguar quien es el testigo, pero el gobernador no lo sabe. Después le advierte que el sacerdote debería ingresar en prisión, pero el gobernador se niega, porque prometió al obispo dejarlo bajo su protección.
Maria va en busca de Víctor a su hotel para contarle lo sucedido. Armida Guillén es una impostora, llego una señora de la compañía de teatro que la conoce de Lima y no se llama Armida, esa mujer se llama Luisa pero no recuerda el apellido. Víctor decide que hay que ir a buscarla inmediatamente y los dos salen a toda prisa.
Armida y Sebastián están muy contentos porque Luisa los creyó y parece que se callara lo que sabe. Torres Quintero llega para avisarles que alguien los escucho hablar sobre el verdadero testamento y ya ha acudido al gobernador quiere saber quien puede ser el testigo. Armida llega a la conclusión que debe ser Maria, que, además, esa misma mañana se fue de la casa.
José Luis ha ido a casa de los Mendoza para entregar la carta de Magdalena que le quito a Cipriano. Paula lo recibe en el despacho, parece una mujer totalmente diferente, toda su anterior soberbia y altanería han desaparecido, después de leer la carta se compadece de Magdalena, que parece desesperada por la ausencia de su hijo.
- Yo había pensado que lo tenían ellos, pero según la carta no es asi – dice José Luis –
- ¡Ojala se lo hubiera llevado Alejandro! Por lo menos estaría con su madre – asegura Paula –
- Lo encontraremos señora – y añade rabioso - ¡Y ese infeliz pagara por todo!
- ¿Y destruir a Magdalena para siempre, coronel? Ya sé que usted se había hecho muchas ilusiones con ella, siempre la ha querido pero – Paula le suplica – Mejor déjelos en paz.
- Ese hombre se la llevo a la fuerza – José Luis no puede contener su indignación-
- Si, pero ya vio lo que dice la carta. Lo quiere, esta feliz con él – asegura Paula serena –
- ¡Usted no puede creer eso! – exclama José Luis descompuesto – La obligo a escribir esas cosas para tenerlos a ustedes tranquilos. Magdalena no puede querer a un hombre que se ha burlado de ella, que desde que la conoció no ha hecho otra cosa que hacerla infeliz ¡Además, ella acepto casarse conmigo!
- No coronel, esta usted equivocado – dice Paula con tristeza – Usted se aferra a una idea equivocada, como lo hice yo por muchos años. Creí que solo lo que yo pensaba era justo, pero ya ve... Es verdad que obligue a Magdalena a casarse con Alejandro, pero después ella se enamoro de él...
- ¡No señora! – José Luis la interrumpe muy alterado negando la realidad una vez mas – Magdalena quiso cumplir con su deber de esposa, por eso les hizo creer a ustedes que amaba a ese hombre, pero yo sé que no es asi. Conozco a Magdalena tal vez mejor que cualquiera, y sé que un alma noble y delicada como la suya jamás se habría enamorado de un “hombre como ese” – José Luis se expresa con desprecio - ¿Ya ha olvidado todo lo que la hizo sufrir?
- No – Paula enfrenta a José Luis con la verdad – Pero seamos sinceros coronel, fue por culpa de usted, si al saber casada a Magdalena se hubiera apartado de su camino, Alejandro jamás hubiera dudado de ella.
José Luis incapaz de seguir escuchando, se levanta bruscamente para marcharse, pero antes se defiende.
- Y si usted señora, no la hubiese arrancado de mi lado, su hija ahora seria una mujer respetable y feliz – asegura José Luis con soberbia –
- Asumo mi parte de culpa – Paula lo desafía – Pero usted coronel, también haga lo mismo con la que le corresponde.
José Luis no responde y con un breve y seco saludo se retira apresuradamente.
Nadia esta bordando en el salón de su casa cuando llega su marido interesándose por el paradero de Adolfo. Ella sin mirarle responde que fue a la capital para arreglar unos asuntos y aun no regresa. Francisco intenta averiguar si sabe algo mas, pero Nadia apenas le contesta y no le mira, ya harto de la situación le pregunta porque esta asi de rara desde hace unos días.
Nadia incapaz de callarse le echa en cara su maldad; No comprende como pudo destruir de ese modo a una familia. Francisco intenta fingir que no sabe que esta hablando, pero su esposa le aclara que Adolfo se lo contó todo y sabe que junto con el marques de la Cruz falsifico y sustituyo el verdadero testamento del padre de Alejandro, también sabe que el testamento verdadero lo tiene Adolfo, este quiere entregarlo, pero le tiene miedo. Francisco afirma estar arrepentido, él también quiere entregarlo, el gobernador se ha enterado y se lo exige. Le pide a Nadia que se ponga en contacto con Adolfo para que regrese porque quiere hablar con él. Nadia le abraza feliz por lo que considera un cambio en su esposo, sin darse cuenta de la torva mirada que este lanza por encima de su hombro.
Alejandro y sus hombres han salido a defender a unos peones que se habían rebelado y a los que habían echado la tropa, regresan con algunos heridos, pero Alejandro esta ileso, Magdalena sale feliz a su encuentro,
- Siempre que te vas tengo miedo de que no regreses – dice Magdalena abrazándolo –
- ¿No te prometí que iba a volver? – Alejandro la abraza cariñoso –
- Si, pero uno de estos días podrías no cumplir tu promesa – dice Magdalena preocupada –
- ¿No ha vuelto Cipriano? – Alejandro esta extrañado por la tardanza –
- No, y ya debería haber regresado – Magdalena no puede ocultar su inquietud –
- Tal vez algo lo demoro – Alejandro oculta su preocupación para tranquilizarla – o quizá este esperando una respuesta de tu tía todavía – Alejandro la atrae hacia él y Magdalena apoya la cara en su pecho - ¿Estas segura que no nos iba a traicionar?
- ¡Por supuesto que no! – responde Magdalena mirándole a los ojos, Alejandro la mira unos segundos y la besa –
Víctor y Maria han pasado todo el día buscando a Luisa, por fin en la noche dan con ella en su hotel, una vez dentro de la habitación explican el motivo de su visita.
- Señorita por favor, si usted sabe que Armida no es quien dice ser nos lo tiene que decir, es muy importante – suplica Maria –
- Bueno me equivoque, la confundí con otra – responde apurada Luisa –
- No es cierto – asegura Maria volviéndose hacia Víctor –
- Es la verdad – asegura Luisa –
- Señorita, hay de por medio una familia, un hombre su esposa y una criatura de cuatro años – dice Víctor respetuoso – Tiene usted que escucharnos.
Fin del capitulo 71.
Mar




Escrito desde Apr 30, 2003, 7:26 PM

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Capitulo 70 de "Bodas de Odio"

by Mar

Rufino entra a toda prisa en el despacho de José Luis, se ha enterado que Alejandro Almonte esta en Durango.
- Si, ya lo sé – responde José Luis muy serio – acabo de recibir permiso del señor presidente para ir para allá.
- Pepe ¿por qué no dejas las cosas por la paz? – pregunta Rufino acongojado –
- ¿Qué quieres decir Rufino?
- Que ese cristiano tenia todo el derecho de venir por su mujer – dice Rufino –
- ¡Ella no es su mujer! – exclama José Luis molesto –
- Pero si el padrecito dijo...
- ¡Tal vez! – José Luis interrumpe a Rufino muy alterado – tal vez el padre Abundio se vio obligado a mentir. Puede haber mil motivos por los que estuviera escondido, además, ya paso mas de un mes desde que lo encontraste y hasta ahora ninguna denuncia ha sido presentada.
- Pues a lo mejor el chango ese que lo tenia encerrado lo encontró y se lo echo. El mismo cura me dijo que era de Puebla – Rufino le suplica cordura – De todos modos Pepe, esa mujer tiene marido.
José Luis suspira fastidiado ante la insistencia de Rufino y intenta convencerle que esta en lo correcto al perseguir a Alejandro sin tregua.
- Alejandro Almonte... o como se llame... es un bandolero, un bandido que esta luchando en contra del gobierno, tengo ordenes de combatirlo y matarlo.
- Mira Pepe ¿te acuerdas cuando te salve de que te fusilaran y andábamos por hay huyendo? – José Luis asiente y Rufino continua su argumentación – Recuerdo muy bien que una vez me dijiste que el pueblo ya se estaba cansando y que tarde o temprano iban a agarrar a todos esos ricachones por el mero cogote y eso mismo es lo que esta haciendo el hacendado. Asi que si te lo quieres echar no es por revoltoso, sino porque se llevo a la güerita.
Josefina llega del parque con Alejandrito. Dimitrio sale a recibirlos. Adolfo acude a invitarlos al teatro y le presentan al niño, le hace unas carantoñas y comenta lo guapo y simpático que es. Josefina aprovecha para comentar lo preocupados que están por la situación del pobrecito niño, ante el nerviosismo de Adolfo. Dimitrio acepta la invitación y lo hace pasar al despacho, le pide a Josefina que lleve al niño con su madre mirándola significativamente.
El padre Abundio se pasea por el dormitorio de Paula reprochándole su anterior actitud, todo le paso por ser demasiado ambiciosa, el dinero no lo es todo en la vida.
- Es que yo debería haberle dicho a Magdalena que Alejandro estaba vivo – dice Paula acosada por los remordimientos – Si lo hubiera hecho, ella no se habría comprometido con el coronel Álvarez y no hubiera sucedido todo esto tan horrible, ahora ya nada tiene solución ¡Qué vergüenza padre! Mi hija desprestigiada de esa manera, porque aun si usted dice que Alejandro es su marido, los demás no lo saben.
- Pues si, pero es por culpa de tu hijo que no sé que esta esperando – asegura el padre Abundio indignado –
Llega Josefina con el niño, se lo entrega a Paula y advierte al padre Abundio que no debe bajar porque Adolfo esta en la casa.
Dimitrio sigue insistiendo sobre la supuesta prueba de la inocencia de Alejandro. Adolfo se siente muy incomodo y protesta; No sabe porque esta tan seguro de que esa prueba existe. Dimitrio ya cansado del juego del gato y el ratón, se acerca a la mesa del despacho donde esta sentado Adolfo y apoyándose en ella le enfrenta directamente.
- Te voy a decir la verdad ¿te acuerdas de Maria? – Adolfo asiente – Pues se ha quedado a trabajar para Armida y escucho una conversación entre ella y el marques. Ella se entero que existe una persona que desde hace tiempo esta extorsionándolos porque tiene el verdadero testamento – Dimitrio mira a Adolfo acusador –
- Pues a lo mejor es una mentira de esa muchacha – dice Adolfo nervioso, esquivando la mirada de Dimitrio –
- No es mentira Adolfo – asegura Dimitrio terminante –
Torres Quintero ha ido al despacho de José Luis a reclamarle que no entregara al padre Abundio a las autoridades, por muy sacerdote que sea hay una orden de arresto contra él, asi que le exige que le diga donde esta. José Luis no puede menos que extrañarse ante tanta urgencia por encontrar a un anciano sacerdote.
- ¿Y usted como se entero de todo esto? – pregunta José Luis – ¿Acaso se lo dijo el hombre que lo tenia prisionero?
- Yo averiguo todo lo que quiero coronel – asegura Torres Quintero altivo – Su ayudante lo encontró, lo trajo con él aquí a Puebla y quiero que me lo entregue.
- ¿A usted?
- A las autoridades competentes – dice Torres Quintero impaciente –
- No sabemos donde esta - asegura José Luis –
Rufino que ha observado la escena en silencio interviene y le jura a Torres Quintero que no sabe donde esta, lo trajo hasta Puebla y después el cura se marcho. Torres Quintero le acusa de reconocerlo y dejarlo escapar, pero José Luis dice terminante que Rufino no sabia de quien se trataba y si no le cree puede registrar su casa. Torres Quintero no tiene mas remedio que conformarse con la palabra de José Luis.
Adolfo esta en casa leyendo el periódico cuando llega su cuñado muy enfadado e impaciente, le pregunta cuanto dinero quiere por entregarle el testamento de Benjamín Almonte la cosa urge, se pone muy agresivo y Adolfo asustado acepta entregarlo a cambio de una buena cantidad de dinero.
Armida le comenta a Maria que Alejandro será arrestado tarde o temprano y que acabara fusilado, ella lo siente porque Alejandro le gustaba mucho, si él no hubiera estado casado ella se habría casado con él y los dos estarían disfrutando de su fortuna. Maria pregunta que habría sucedido con Sebastián y Armida asegura que nada, habría seguido disfrutando de la vida como lo hace ahora. Sebastián y ella se conocen desde hace muchos años, en Lima iban juntos a todos lados, fiestas, bailes, casinos a los dos les gustaba mucho jugar, entonces era muy divertido, ahora se le ha agriado el carácter. Maria pregunta sorprendida como era posible que su familia le dejara hacer esa vida, Armida se da cuenta que se ha ido de la lengua y intenta rectificar, en ese momento llaman a la puerta. Maria va a abrir y entra Torres Quintero, que pasa al salón. Maria se queda escuchando la conversación, pero vuelve a sonar la campanilla de la puerta, se ve obligada a abrir y no puede escuchar como Torres Quintero le pide a Armida el dinero que Adolfo le ha exigido por entregar el testamento. Ella le pide una semana para poder reunir el dinero.
Magdalena ha salido del campamento y llora sola en medio del bosque. Manuel va en su busca bastante molesto y le pide que no se aleje sin avisarle, es demasiado hermosa y no le gustaría que algunos de sus hombres tuvieran ideas equivocadas sobre ella. Magdalena pide disculpas, no pensó que hubiera peligro.
- Esto no es para usted señora – dice Manuel impaciente – hágame caso y regrese a Puebla.
- Es que no quiero irme sin antes haber visto a Alejandro aunque sea una sola vez – dice Magdalena llorando angustiada –
- Alejandro es muy importante en este momento para nosotros y no puede abandonar el lugar donde esta – señala Manuel irritado –
- También para mí es importante – Magdalena se enfrenta a él con lagrimas en los ojos – Es lo más importante de mi vida y si he aguantado todo esto es con la única esperanza de volverlo a ver, aunque sea una vez – mira a Manuel suplicante -. ¡Es que yo lo amo! Y si no ha venido es porque usted no quiere ¡Dígale que venga o mándeme con él! Por favor se lo ruego.
- No se da cuenta que seria muy peligroso, la distancia es grande y hay soldados por todo el país, si Alejandro se atreve a venir a verla arriesga su vida ¿Eso es lo que usted quiere?
Magdalena mueve la cabeza negativamente llorando.
- Magdalena, no soy tan insensible – dice Calderón amable – La entiendo y estoy seguro que en estos momentos Alejandro esta luchando en contra de sus deseos de venir a verla, pero si se le ha prohibido hacerlo es por su bien ¡Créame!
- Pues entonces ¿cuando lo voy a volver a ver? ¿Hasta que esto termine? ¿Y si se muere antes? – Magdalena llora sin consuelo – Por lo menos hubiera dejado que se despidiera de mí.
Magdalena se marcha dejando a Manuel con la palabra en la boca.
Adolfo y Dimitrio han regresado de la representación teatral, están conversando en el despacho comentando que la representación no valió la pena. Dimitrio señala que había mujeres de buen ver; Adolfo dice que esta harto, esas mujeres no van mas que a sacarle el dinero.
- Pero tu tienes mucho – dice Dimitrio – y más que podrías tener si te decidieras a entregarme el testamento de Benjamín Almonte.
- ¿De que estas hablando? – dice Adolfo nervioso –
- Vamos a hablar con las cartas sobre la mesa – Dimitrio enfrenta a Adolfo – Tu tienes el testamento de Benjamín Almonte.
- ¡Estas loco! – exclama Adolfo apartando la mirada –
- ¡Es la verdad! ¿Tu crees que Armida Guillén te va a ofrecer mas que nosotros? Hemos sido amigos desde niños Adolfo, yo sé que aprecias a Magdalena ¿Te hace feliz el saber que va a ser una desdichada toda su vida?
- ¡Por supuesto que no! Pero no sé que me estas hablando.
- ¡Lo sabes muy bien! – dice Dimitrio acusador - ¿Qué te cuesta? Lo mismo que te puede dar Armida te lo puedo dar yo, hasta mas, en cuanto Alejandro recupere su fortuna estara dispuesto a darte lo que quieras ¿Por qué deberias de favorecer a una desconocida? Tu y yo hemos sido como hermanos.
- ¡Ni tanto! – señala Adolfo resentido – Recuerdo muy bien la vez que te ayude para que tu cuñado saliera de la cárcel, me prometiste un dinero que jamás me entregaste.
- Bueno si, es cierto – responde Dimitrio arrepentido – pero ahora las cosas han cambiado, si no me tienes confianza Josefina te puede firmar un pagare por la cantidad que quieras a cambio del documento. Te juro por la memoria de mi padre que nadie sabrá quien me lo ha entregado y si es que tienes miedo de alguien me puedo esperar para entregarlo a las autoridades hasta que te hayas marchado ¿no era tu deseo irte a vivir a Europa? ¡Adolfo por Dios! Ayudamos a salir de esta situación tan vergonzosa, a ti te da lo mismo favorecer a unos o a otros ¿por qué los beneficiados no deberíamos de ser nosotros? Somos tus iguales, tus amigos.
- Yo... si las cosas fueran asi, como tu dices, te juro que... pero es que yo no tengo ningún documento.
Dimitrio mira a Adolfo con aire de desesperación ante la obstinación de su amigo.
Ha pasado una semana y Dimitrio se dispone a visitar a Adolfo, este sigue negando ser quien tiene el testamento, Dimitrio esta comenzando a impacientarse y si no se lo da por las buenas esta dispuesto a quitárselo a como de lugar. En el vestíbulo se encuentra con Josefina que se va para el parque con Alejandrito, salen juntos de la casa.
Alejandro en Durango recibe una carta de Manuel; Han tenido algunos enfrentamientos con los federales y todo ha salido bien, ya están organizados y cada vez se les une mas gente. El coronel Álvarez ha salido para Durango a buscarlo, al frente de un gran contingente de soldados, por lo que ya ha cumplido la misión. Puede regresar cuando quiera.
En la casa de Torres Quintero, Adolfo descansa en el salón, entra su cuñado y le entrega el dinero que le pidió a Armida y le exige la entrega del testamento del padre de Alejandro. Adolfo se ríe y le dice que si de verdad pensaba que era tan imbecil como para guardarlo en su casa; Tiene que ir a buscarlo, se lo entregara cuando lo tenga, antes quiere contar el dinero. Torres Quintero esta furioso, pero cuando va a amenazar a Adolfo, entra Nadia conduciendo a Dimitrio que ha venido a visitarlo, este esconde rápidamente el sobre con el dinero en su chaqueta. Torres Quintero saluda molesto por la interrupción, Dimitrio responde con frialdad. Torres Quintero insiste en llevarse a Adolfo pues estaban tratando de un tema importante, pero este asegura que no era tan urgente, que más tarde le dará lo que le pide porque tiene que ir a buscarlo, después de un tira y afloja Torres Quintero no tiene mas remedio que retirarse bastante fastidiado. Nadia invita a Dimitrio a tomar un café, se sienta con ellos y conversa, se interesa por el estado de su madre y hermana, Dimitrio le contesta sin apartar su mirada acusadora de Adolfo que se siente francamente incomodo.
Josefina regresa a casa muy alterada y cuenta a la familia y al padre Abundio que el niño se le perdió en el parque. Ella se detuvo a platicar con una amiga, el niño estaba a su lado y cuando volvió a mirar había desaparecido, lo busco por todo el parque, pregunto a todo el mundo, pero nadie lo había visto. Paula se desmaya ante la noticia y no tiene mas remedio que atenderla, cuando se recupera todas las mujeres lloran sin saber que hacer. El padre Abundio toma el mando, deben ir a buscarlo todos, incluidos los sirvientes, preguntar a todo el mundo, llamar a todas las puertas. Todos se disponen a emprender la búsqueda, incluido el padre Abundio, que no esta dispuesto a quedarse encerrado ante la crisis. Josefina decide ir a buscar a Dimitrio, sabe que esta en casa de Adolfo.
En casa de Torres Quintero Nadia mira el reloj y se despide; debe ir a hacer unas visitas, los dos amigos se quedan por fin solos: Ante la mirada acusadora de Dimitrio, Adolfo reacciona y intenta disculparse.
- Sabes Dimitrio, estuve pensando. Tu dices que existe otro testamento y aun suponiendo que sea verdad ¿De qué sirve recuperarlo? Tu cuñado, o lo que haya sido nunca volverá a disfrutar de su posición. Ahora se le busca también como un opositor al régimen; Dice Francisco que manda un grupo de gente armada que roba, asesina, asalta cuarteles, mata soldados.
- Ya lo sé, pero si quiero aclarar la situación no es por él, es por mi hermana y por mi sobrino – Dimitrio encara a Adolfo – Ten siquiera un gesto de decencia por lo menos una vez en tu vida.
- ¡Me estas insultando! – exclama Adolfo ofendido –
- Te estoy diciendo la verdad – asegura Dimitrio con firmeza - ¿Es que no hay nada en este mundo que conmueva tu alma negra?
Adolfo se dispone a contestar pero es interrumpido por la irrupción de Nadia, seguida de una desesperada Finita, que se arroja sobre Dimitrio contándole entre jadeos que ha perdido a Alejandrito en el parque, después enfurecida se lanza sobre Adolfo, que se ha puesto de pie para recibirla, gritándole dispuesta a golpearle.
- ¡Y usted! Usted es un desvergonzado, un infame que goza con el sufrimiento de los demás, es un sinvergüenza, que ha vendido su alma al diablo.
Ante el peligro de que Josefina acabe abofeteándole, Adolfo le sujeta el brazo.
- ¡Suélteme! – exclama Josefina soltándose con brusquedad – Pero yo también estoy dispuesta a pagar lo que sea – se vuelve hacia Nadia que contempla la escena sorprendida – Él tiene el verdadero testamento del padre de Alejandro y no lo quiere entregar. Todo fue un engaño, una mentira Nadia, y su hermano lo sabe perfectamente.
- No es cierto Nadia – dice Adolfo muy nervioso – Están inventando.
Dimitrio harto del juego, se da la vuelta y enfrenta a Nadia.
- ¡Bueno ya esta bien! Que se sepan de una vez las cosas. Tu hermano ha estado extorsionando a Armida Guillén, amenazándola con entregar el verdadero testamento de Benjamín Almonte.
- No los creas Nadia – dice Adolfo –
- ¡Ah! Entonces explícale a tu hermana de donde has sacado el dinero para vivir como vives.
- Ellos tienen razón Adolfo ¡Quiero que me lo expliques! – Nadia se enfrenta su hermano enfurecida - Porque si no lo haces voy a ir con nuestro padre, y le voy a pedir que venga a Puebla y él a puras bofetadas te va a sacar la verdad. Habla, habla o soy capaz de... – Nadia levanta la mano para abofetear a Adolfo –
- ¡No te va a gustar saber la verdad! – dice Adolfo a su hermana –
- ¡Que hables te digo! – grita amenazadora Nadia –
En el refugio de los rebeldes Manuel esta sentado en un rincón fumando pensativo, se acerca Magdalena y se sienta a su lado.
- Me da tanta pena esta pobre gente – dice Magdalena conmovida –
- Si son tan miserables es por culpa de...
- Si, ya sé de nosotros – Magdalena termina la frase – Pero que bueno, que hay gente como usted o como Alejandro para ayudarles.
- ¿Usted cree que ganaremos? – pregunta Manuel –
- No lo sé, pero seria lo justo – asegura Magdalena –
- ¿No se ofende si le digo una cosa? Envidio a Alejandro por tenerla a usted – confuso Manuel cambia de tema – Esta noche iremos a Cholula.
- ¿Para que?
- Ha volar el deposito de municiones de los federales.
- Por favor tenga cuidado – dice Magdalena preocupada –
- Gracias, gracias por sus buenos deseos y... – Manuel duda unos momentos – También quiero decirle que le escribí a Alejandro pidiéndole que volviera.
Magdalena sonríe feliz y agradecida ante la noticia.
En casa de Torres Quintero, Nadia llora sin consuelo por las indignidades que cometió su marido. Adolfo debe ir con las autoridades, no le importa que su marido sea acusado y el escándalo caiga sobre su familia, ella no puede permitir tanta injusticia. Dimitrio media tranquilizando el asunto, pueden arreglarlo para que Francisco quede al margen, en atención a Nadia; La culpa recaerá sobre Armida Guillén y Sebastián.
- ¿Pero como? – pregunta Adolfo no muy convencido – Además, que le voy a decir a Francisco si ya me dio el dinero.
- Pues se lo devuelves – dice Nadia muy enfadada –
- Tu todavía no te has dado cuenta de la clase de hombre que es tu marido, me puede matar – Adolfo mira a Dimitrio suplicante – Dimitrio tenemos que pensar en algo para salir de este embrollo con vida.
Dimitrio y Josefina regresan a la casa y son recibidos por Carmen muy preocupada. No han encontrado al niño y encima el padre Abundio no regresa, tienen miedo que le haya sucedido algo.
Josefina se abraza a Dimitrio llorando angustiada, este decide avisar a la policía. Esta hablando con Benítez informándole de lo sucedido y exigiendo que ponga a todos sus hombres a buscar al niño cuando entra Torres Quintero. Dimitrio le lanza una mirada despectiva y se retira sin saludar. Francisco después de enterarse de lo sucedido da orden de no buscar al niño.
Por fin regresa el padre Abundio ante el alivio de toda la familia, busco por todas partes, llamo en todas las puertas, pregunto a todo el mundo pero no hay rastro del niño.
Nadia esta muy enfadada con Adolfo, se avergüenza que sea su hermano, no entiende porque no le dio el testamento a Dimitrio de una vez.
- Porque... – Adolfo muy alterado – Se lo voy a dar, pero déjame hacer las cosas a mi manera.
Llega Francisco y Nadia se retira sin saludarle después de lanzarle una mirada acusadora. Francisco se enfrenta a Adolfo preguntándole si ya tiene el documento, este le responde que llegara en unos días, lo tiene un amigo suyo que vive en la capital, ya le mando un telegrama pidiéndoselo.
- ¿Quieres decir que alguien más esta enterado? – pregunta Francisco Alarmado –
- No, él no sabe nada – asegura Adolfo asustado –
- Estas mintiendo – Francisco lo agarra por las solapas, lo levanta del sofá y lo zarandea.
- Si no me suelta llamo a mi hermana – amenaza Adolfo –
Francisco Torres Quintero lo suelta empujándolo al sofá mientras lo mira amenazador.
Josefina y Dimitrio conversan en el despacho, ella esta desesperada, han pasado muchos días y todavía no saben nada del niño, ahora no desea que Magdalena regrese, porque si lo hace antes de que encuentren a Alejandrito no sabe que va a decirle, todo fue culpa suya. Dimitrio intenta consolarla, después, le comenta que esta preocupado por la reacción de Adolfo, hace una semana que no se sabe nada de él. Le dijo a Francisco que iba a la capital a por el testamento y desapareció.
- Conozco tan bien a Adolfo – dice Dimitrio – Yo sé que en el fondo es un sentimental, él quiere darme el testamento a mí, lo que pasa es que tiene miedo de Francisco.
- Pero es su cuñado, no se atreverá a hacerle nada.
- ¡Quién sabe Josefina, quien sabe! – responde Dimitrio preocupado –
Alejandro regresa al refugio de Puebla, va al encuentro de Manuel y lo primero que hace es preguntar por su esposa y su madre, su amigo le dice que salieron a caminar un rato escoltadas por dos hombres, le indica la dirección y Alejandro sale rapidamente a su encuentro. Rosario es la primera que lo ve y corre a abrazarlo muy contenta de verlo, Magdalena corre tambien al encuentro de Alejandro y se arroja en sus brazos. Rosario ordena a los hombres que las escoltaban que se retiren y ella tambien se va. Magdalena y Alejandro se quedan solos en medio del camino besándose.
Alejandro y Magdalena estan sentados en el bosque, muy juntos, Alejandro la abraza.
- ¿Me quieres? – pregunta Magdalena cariñosa –
- Mas que a nada en el mundo – responde Alejandro apasionado –
- ¿Y porque me dejaste tanto tiempo sola? – se queja Magdalena –
- Pero ahora ya esto aquí – responde Alejandro acariciándola con ternura – Voy a mandar a Cipriano a Puebla para tener noticias del padre Abundio y de nuestro hijo. – Alejandro mira preocupado a Magdalena – Te he sacrificado mucho y no puedo decirte cuanto va a durar esto ¿Quieres volver a Puebla?
- No, no quiero hablar ahora de eso – asegura Magdalena, los dos se besan apasionadamente –
Fin del capitulo 70.
Mar





Escrito desde Apr 29, 2003, 5:38 PM

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Capitulo 69 de "Bodas de Odio"

by Mar

Rufino protesta ante la afirmación del padre, él no podría matarle, de ninguna manera es esa su intención, solo quiere impedirle salir porque el tipo que lo tenia prisionero era de Puebla, a lo mejor lo ve por la calle y vuelve a capturarlo.
El padre Abundio, dice que si Dios llevo a Rufino a su prisión es por algo, y nada le sucederá. Antes de irse Rufino le pregunta si es cierto que Alejandro Almonte es quien dice ser y si la señora Magdalena es su esposa. El padre Abundio responde que Alejandro es el legitimo heredero de Benjamín Almonte y Magdalena su esposa por todas las leyes, eso deja bastante afectado a Rufino.
Paula sigue postrada en la cama, no quiere levantarse, Carmen intenta convencerla para que lo haga; El medico asegura que no tiene nada, si levanta se sentirá mejor. Paula pregunta por su nieto, quiere verlo. Carmen le informa que no esta, Josefina se lo llevo al parque, la esposa de Dimitrio se ha portado muy bien, apoyándolas durante toda la crisis.
- La única que se ha portado mal soy yo – dice deprimida Paula –
- ¡Otra vez con eso! – exclama Carmen impaciente – Eso es lo que te esta haciendo daño, te atormentas para nada.
- Yo labre la infelicidad de mis hijos.
- Eso debiste de haberlo pensado antes – dice Carmen fastidiada - ¡Ah, perdón! No era mi intención decirte eso Paula.
- Es la verdad – responde Paula apenada –
- ¡Pues sí! Pero como íbamos nosotras a pensar que Alejandro no era quien decía ser.
- Pero fui yo quien se fijo en él y lo escogió para marido de Magdalena, yo sabia que era un bastardo y eso debió de haberme detenido. Si cuado ella me suplico que le permitiera casarse con José Luis Álvarez yo la hubiese apoyado. Iván podría haberle ayudado a hacer carrera, ya ves hasta donde llego y por sí solo.
- Bueno pero es que nuestra situación económica estaba muy mal.
- Pero hubiéramos podido salir adelante, en todo caso era mejor la ruina que esta vergüenza que ha caído sobre nuestra familia. Magdalena robada por unos bandoleros, mi nieto un bastardo.
- Yo no veo las cosas tan trágicas como tu – asegura Carmen optimista – Mira, Dimitrio y Josefina tengo la impresión de que se están llevando muy bien. El niño – Carmen vacila y después se encoge de hombre – bueno pues eso ni modo. Pero en lo que se refiere a Magdalena ella nunca dejo de amar a Alejandro y ahora angustiada y todo, pero ha de ser feliz junto a él.
- Dios quiera que sea como tu dices – responde escéptica Paula –
En una cantina que hay frente a la casa de los Mendoza, Cipriano y Felipe vigilan, se han dado cuenta que es imposible sacar al niño, esta totalmente rodeada de policías, mientras vigila Cipriano contempla asombrado como el padre Abundio llega a la casa y entra en ella.
Carmen ha acudido a Dimitrio le pide que se invente algo para animar a su madre, conversan en el vestíbulo cuando suena la campanilla una sirvienta va a abrir la puerta y ambos se quedan de piedra cuando ven entrar al padre Abundio.
- Buenas tardes – saluda el padre Abundio – Soy yo aunque no lo crean.
- ¡Pero bueno! – exclama asombrado Dimitrio – Parece que los muertos están volviendo de la tumba, primero Alejandro y ahora usted.
- ¿Pero donde estuvo todo este tiempo padre? – pregunta estupefacta Carmen –
- Un hombre me tuvo encerrado, nunca quiso decirme el porque, pero ahora lo sé, para poder cometer tranquilamente esa infamia en contra de Alejandro, para poder despojarlo de su legitimo nombre, de su mujer y de su hijo – el padre Abundio los mira con aire de reproche – Ya se que todos creyeron en ese engaño y también ustedes, por eso antes que nada vine aquí a verlos a ustedes.
- ¿Pero entonces Alejandro no nos ha engañado? ¿Magdalena es su esposa de verdad? – pregunta Carmen alborozada –
- Me sorprende que hayas podido creer eso hija – reprocha el padre Abundio – Conociste muy bien a Alejandro.
Dimitrio le indica al padre Abundio que pase al despacho para que puedan conversar tranquilamente.
Magdalena vestida de monja esta sentada en la celda que le han asignado muy pensativa, entra Rosario también vestida de monja para contarle que los soldados siguen fuera vigilando. Magdalena esta muy preocupada porque Alejandro prometió venir y tiene miedo que lo atrapen. Magdalena toma su vestido y decide ponérselo para irse y de ese modo conseguir que José Luis retire a los soldados, vino a buscarla a ella. Rosario intenta tranquilizarla, esta segura que Alejandro ya se habrá dado cuenta y tomara sus precauciones, pero Magdalena afirma que no es solo eso, si al día siguiente registran el convento y las encuentran, a ella la llevaran a Puebla, pero Rosario se ira directa para la cárcel.
Dimitrio sentado a la mesa del despacho con el padre Abundio frente a él lo interroga ante la mirada atenta de Carmen.
- ¿Y cuando fue a por usted ese individuo? – pregunta Dimitrio –
- Al día siguiente que ese señor Torres Quintero junto con el marques de la Cruz fueron a verme.
- Y usted les dijo categóricamente que Benjamín Almonte había admitido a Alejandro como su hijo.
- ¿Cómo no se lo iba a decir si era la verdad? Yo mismo redacte el testamento, él no podía hacerlo, pero después puso su firma bien clara y los testigos también, luego lo lleve al juez de Zacatecas y él hizo todas las diligencias necesarias asegurándose que todo estaba correcto.
- ¿Y también dice usted que ese hombre lo iba a matar pero se arrepintió?
- Asi fue – asegura el padre Abundio – Y me llevo a esa casa de la cañada, iba a verme de vez en cuando, pero por mas que le insistí nunca quiso decirme ni su nombre, ni el porque me tenia allá. El pobre muchacho que me cuidaba era mudo y no sabia escribir.
- Pues lo mas seguro es que Francisco haya querido desaparecerlo a usted para que no hablara a favor de Alejandro – Dimitrio se pone de pie y se acerca al padre Abundio – Mire padre usted por el momento no puede acudir a las autoridades.
- ¿Por qué?
- Porque lo primero que van a hacer en cuanto les diga quien es seria arrestarlo, no olvide que también hay una orden de aprensión en su contra.
- Pero yo iré inmediatamente a hablar a exigir – dice el padre Abundio indignado-
- Si, pero es que mientras se abren las averiguaciones, usted estará en la cárcel, lo que equivale a estar en manos de Torres Quintero, lo cual quiere decir que usted será un hombre muerto padre. Yo le ruego que se quede aquí unos dos o tres días, mientras yo hago unas averiguaciones.
- Si, pero ese soldado que lo encontró, el ayudante del coronel Álvarez ¿no sé lo ira a decir? – dice Carmen –
- ¿Le dijo usted que venia para aquí? – pregunta preocupado Dimitrio –
- No, pero es un buen hombre – responde el padre Abundio –
- En este momento no podemos confiar en nadie y menos si es un amigo del coronel Álvarez – asegura Dimitrio –
- Pues si, porque no le va a gustar nada el enterarse de que Magdalena sigue casada con Alejandro – Carmen esta loca de alegría - ¡Bendito sea el señor! Esto me parece un milagro.
En la hacienda abandonada que sirve de refugio a los rebeldes Manuel Calderón se pasea preocupado, llega Alejandro de vigilar a los soldados; Estos siguen alrededor del convento y no parecen dispuestos a irse. Calderón se muestra preocupado por Cipriano y Felipe, deben llegar esa noche de Puebla y no saben que ya no están en el convento, pueden atraparlos y si Felipe trae algún recado escrito de sus cómplices en Puebla serán descubiertos. Alejandro sugiere atacar a los soldados para después retirarse hacia el norte, asi obligaran a los soldados a perseguirles y dejaran libre el camino de Puebla, si Cipriano y Felipe están cerca oirán los disparos y tomaran precauciones y en la confusión él podrá sacar del convento a su madre y su esposa. Calderón acepta el plan.
Dimitrio esta en el casino bebiendo en compañía de Adolfo, este esta un poco bebido y se muestra muy contento de volver a ser amigo de Dimitrio, lo extrañaba mucho, siempre le tuvo mucho aprecio, claro que ahora se ha convertido en un hombre serio y trabajador. Dimitrio aclara que ha sido a la fuerza, pero que le gustaría estar todo el día de fiesta como él. Adolfo se ofrece a invitarle, el dinero le sobra. Dimitrio se sorprende por la generosidad de Francisco. Adolfo riendo cínicamente responde que su cuñado y otro, además de un tercero que daría lo que fuera por contribuir.
José Luis se pasea como un poseso por los alrededores del convento, llega Rufino a toda prisa para contarle la reaparición del padre Abundio; Lo encontró en una casa en la cañada, estaba prisionero para que no hablara, pues resulta que Alejandro si es un Almonte de verdad, no mintió, los que mintieron fueron los otros. José Luis palidece, no puede aceptar lo que Rufino le cuenta.
En el convento Magdalena se dispone a ponerse su vestido cuando se escucha disparos, Rosario y ella se miran asustadas, Alejandro llega a toda prisa y les dice que sus hombres están atacando a los soldados para distraerlos, hay que salir rápidamente para aprovechar la confusión. Magdalena le advierte que el José Luis quien manda a los soldados; Alejandro que ya lo sabe, le mira fijamente y le pregunta si quiere venir con él o tiene miedo y prefiere quedarse. Magdalena no lo duda, ira con él, se viste rápidamente con el habito y salen del convento dejando el vestido en la celda.
Adolfo y Dimitrio siguen hablando y bebiendo. Dimitrio lleva la conversación sobre su hermana y Alejandro; Él esta seguro que Alejandro dice la verdad y que alguien sustituyo el testamento, antes de desapareces Alejandro le dijo que había cotejado las firmas varias veces y que la de su padre era autentica. Dimitrio se muestra muy apenado, ahora que tiene mucho dinero estaría dispuesto a dar la mitad de la fortuna de su esposa, que esta a puesto a su nombre hace unos días, a quien pudiera darle datos que ayudaran a probar que Alejandro es quien dice ser, lo haría por su hermana y por su sobrino. Es muy injusto que la pobre criatura tenga que llevar toda su vida el estigma del bastardo. Además, la persona que le diera los datos tendría su palabra de caballero de que se mantendría en secreto su identidad. Adolfo se pone cada vez más nervioso y se despide bruscamente.
José Luis ha estado toda la noche persiguiendo a los rebeldes, cada vez esta mas lejos del convento, da la orden de detenerse, se dio cuenta que era una trampa y solo querían alejarlos. Regresan y entran a registrar el convento, en una de las celdas encuentran el vestido de Magdalena, se lo llevan a José Luis que indignado interroga a la madre superiora.
- Este es el vestido que mi prometida llevaba la noche que ese bandido se la robo – dice José Luis agitando el vestido ante la superiora –
- Estuvo aquí, es verdad – responde nerviosa la madre – Pero durante el combate su marido se la llevo.
- ¡Su marido! – exclama despectivo y fastidiado José Luis –
Da orden de volver a registrar todo el convento; no deben dejar un palmo sin mirar, pero es inútil, los rebeldes y Magdalena ya no están allí y no tiene mas remedio que rendirse.
Magdalena esta dormida en el suelo enrollada en una manta, se despierta y Calderón que ha estado vigilando se acerca y le cuenta que Alejandro no esta, se fue y estará lejos un tiempo, se ha ido al norte. Magdalena se indigna porque no se despidió de ella.
- Pensamos que era lo mejor señora – responde Calderón –
- Por supuesto que no fue lo mejor, fue una crueldad – dice Magdalena al borde de las lagrimas –
- Escuche señora. Al coronel Álvarez lo único que le interesa es usted, y no descansara hasta haberla encontrado. Nuestra posición aquí es débil, y no podemos defenderla como quisiéramos, por eso decidimos que Alejandro se alejara, el coronel lo seguirá creyendo que usted esta con él, asi nosotros tendremos tiempo de organizarnos mejor.
- ¿Pero cuando volverá? –
- No lo sabemos.
- ¿Todo ha sido por mi culpa verdad? – pregunta triste Magdalena –
- No, el enfrentamiento con los federales tarde o temprano tendría que ocurrir, lo de usted solo ha precipitado las cosas. No se preocupe, Alejandro sabe como cuidarse, siento mucho decirle que aquí no hay comodidades, tal vez se arrepienta de haber venido.
- ¿Le molesta que este aquí?
- No, pero le espera una vida muy dura, para una dama como usted es difícil ¿quiere comer algo?
- No, no tengo apetito, gracias.
Manuel se retira y llega Rosario con un plato de comida que ella misma a preparado, Magdalena lo acepta con una sonrisa, mientras come llega Cipriano se acerca a Magdalena y Rosario para darle las noticias que trae de Puebla. Magdalena pregunta por su hijo y Cipriano tiene que decirle que no hay nada que hacer, la casa esta demasiado vigilada, pero tiene una buena noticia, ha visto al padrecito Abundio, estaba entrando en la casa de los Mendoza. Rosario y Magdalena no pueden creerlo, cuando al fin se convencen que es verdad las dos se miran sonrientes y esperanzadas.
Josefina se esta peinando delante del tocador mientras tararea una cancioncilla picara mirando a Dimitrio a través del espejo, él esta sentado en la cama muerto de risa. Josefina se vuelve y le pregunta porque llego tan tarde la noche anterior y Dimitrio responde que estuvo con Adolfo, esta seguro que es él quien tiene el testamento.
- Porque no vas a ver al gobernador con el padre Abundio y le cuentas todo, de tus sospechas, de lo que oyó Maria, de todo – sugiere Josefina –
- ¿Y sí el gobernador esta de acuerdo con Torres Quintero?
- ¡Ay no! El gobernador es un caballero, un hombre decente.
- No te lo creas – señala Dimitrio –. Además, Francisco es su colaborador, si resulta mezclado en este asunto el prestigio del gobernador se vería empañado.
- Bueno ¿y entonces que vas a hacer?
- Lo ideal seria tener el documento, dárselo a la prensa, mover la opinión publica, siendo asi, el gobernador no le quedaría mas remedio que hacernos caso – dice Dimitrio –
Josefina se acerca y se sienta a la cabecera de la cama.
- ¿Cómo lo vas a lograr? – pregunta Josefina –
- Bueno, le dije a Adolfo que – Dimitrio duda – solo lo hice para ver si tenia el testamento, no tengo intención de cumplir.
- ¿Qué? – pregunta Finita impaciente –
- Que tu habías puesto todos tus bienes a mi nombre y que yo estaba dispuesto a dar la mitad con tal de ayudar a mi hermana – Dimitrio se apresura a aclarar – Solo te estoy pidiendo que me apoyes en caso de que Adolfo lo pregunte.
- ¡Pero Dimitro! – ha Josefina se le ilumina el rostro y sonríe abiertamente – Me parece una idea maravillosa, podemos hacerlo de verdad.
- No, no, es tu dinero y yo no tengo ningún derecho.
- ¡Ay! Claro que tienes todo el derecho del mundo – Josefina le toma la mano cariñosa – Porque eres mi esposo, porque todo lo que es mío es tuyo y porque...
- Y porque te quiero Finita – dice Dimitrio mientras tira de ella y la echa sobre la cama mientras se besan riéndose –
Magdalena le cuenta a Manuel Calderón la reaparición del padre Abundio, esta muy contenta porque considera que las cosas pueden arreglarse, nadie dudara de la palabra de un sacerdote y si a Alejandro le devuelven su nombre ellos ya no tendrán que huir ni esconderse.
- Tal vez a Alejandro le devuelvan su nombre y sus bienes, pero de ser fusilado no le salva nadie – dice Manuel con tristeza – Alejandro es un revolucionario señora, esta luchando en contra del gobierno, y si nos agarran para nosotros no habrá mas que la muerte.
- Entonces ¿Va a tener que huir siempre, toda la vida? – pregunta Magdalena asustada –
- Por un tiempo por lo menos, las noticias que recibí de Puebla no son nada halagadoras. El señor Madero aun sigue en la cárcel y se han cometido muchos fraudes electorales. El único camino que nos queda es la lucha armada. Yo le aconsejo señora que vuelva a Puebla.
- Sin despedirme de Alejandro no – dice muy decidida Magdalena –
- Tal vez pasen varias semanas antes de que regrese. – Manuel saluda y se retira –
Magdalena se acerca a Rosario muy triste para contarle que aunque le devuelvan el apellido, Alejandro va a tener que seguir huyendo, tiene mucho miedo. Rosario intenta animarla, deben rezar mucho y la virgen no permitirá que eso suceda.
Alejandro esta en Durango y hasta allí acude Cipriano le lleva dos cartas, una de Magdalena y otra de Manuel y, además, le cuenta que el padre Abundio apareció, él lo vio entrando en casa de los Mendoza, espero hasta la noche para ver si salía y podía hablar con él, pero no volvió a salir de la casa. Alejandro le pregunta porque no regreso a Puebla y él contesta que quería hacerlo y la patrona también, pero Manuel considero que era peligroso y no lo permitió. Alejandro lee las dos cartas, Magdalena le escribe que desea ver a su hijo porque lo extraña mucho pero que no se ira sin antes verle, si él no puede regresar le pide que escriba a Manuel para que le permita alcanzarlo, no le asusta el peligro ni las dificultades de camino.
Manuel le cuenta que Madero esta arrestado en San Luis Potosí, se esta preparando un plan para liberarlo, se ira a extranjero para entrevistarse con otros lideres de la oposición y preparar un alzamiento en todo el país. Le aconseja que escriba a su esposa para convencerla de que regrese a Puebla, allí no tiene nada que hacer, y aun si ella se muestra muy valiente, se da cuenta de que sufre.
Dimitrio y Finita han invitado a Adolfo a cenar, aprovechando la visita Josefina le cuenta lo preocupados que están por la situación de Magdalena y su disposición de convertir en millonario a quien les ayude a solucionarla. Adolfo, como siempre que se saca el tema se pone muy nervioso y se despide rápidamente. Josefina se sienta en las escaleras con aire decepcionado.
- Por mas que se le insinúan las cosas no quiere ceder – dice Dimitrio desesperado-
- ¿Y si estamos equivocados y no es él quien tiene ese papel? – se pregunta Finita-
- Estoy seguro de que es él, si no se decide pronto no sé que voy a hacer con el padre Abundio, insiste en ir a ver a las autoridades, cree que le van a hacer caso.
Magdalena termina de atender a un herido y va hacia Rosario con aire cansado.
- Sabe, cada vez que atiendo un herido, no puedo evitar pensar que Alejandro puede estar también herido.
- ¡Ay no! Ni lo piense siquiera – dice Rosario asustada –
- ¡Ay Rosario! Cuanto admiro su fortaleza, usted también ha de sufrir mucho, Alejandro es su hijo.
- Yo he sufrido toda mi vida niña, estoy acostumbrada, en cambio usted, me da tanta pena verla asi, con esta ropa, durmiendo en el suelo ¿Por qué no le hace caso a Manuel y vuelve a Puebla? Usted puede hacerlo, por lo menos estaría junto a los suyos y con el niño.
- Todos los días lo pienso, pero si vuelvo a Puebla tengo miedo de no volver a ver a Alejandro nunca mas Rosario – los ojos se le llenan de lagrimas – Por eso sigo aquí, cada mañana despierto con la esperanza que ese sea el día en que aparezca, aunque sea una sola vez, una sola, pero quiero verlo.
Benítez no tiene mas remedio que comunicarle a Torres Quintero que no se atrevió a matar al padre Abundio y que este fue liberado por el asistente del coronel Álvarez. Torres Quintero lo mira encolerizado llamándole imbecil.
Fin del capitulo 69.
Mar




Escrito desde Apr 27, 2003, 2:53 PM

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Capitulo 68 de "Bodas de Odio"

by Mar

Dimitrio sorprendido ante la pregunta de Maria vacila unos segundos antes de responder.
- Bueno, las autoridades demostraron que Alejandro no era quien decía ser – responde finalmente –
- ¡Ya ves, te lo dije! – exclama Maria volviéndose hacia Víctor –
- Maria no puedes pretender que el señor Mendoza crea en Alejandro tanto como nosotros – Víctor intenta tranquilizar a Maria –
- Pero si él piensa que Alejandro es un mentiroso no va a hacer nada para ayudarlo.
- ¿Se puede saber que están hablando ustedes? – pregunta Dimitrio sorprendido e impaciente – Sea lo que sea díganmelo de una vez ¿acaso saben donde esta escondido Alejandro?
- No, no se trata de eso – responde Víctor – Es que Maria escucho una conversación entre el marques de la Cruz y la señorita Guillén, parece que hay un hombre que los esta extorsionando porque dice tener el verdadero testamento del padre de Alejandro.
- ¿Están seguros? – Dimitrio los mira incrédulo –
- ¡Claro que sí! – responde Maria con firmeza –. Además, están muy asustados porque tienen miedo que ese hombre, ahora que se sabe que Alejandro esta vivo, le dé a él el testamento, dicen que Alejandro seria capaz de dar toda su fortuna con tal de tener ese papel.
- Pues si, ya lo creo pero... ¿Estas segura que hablaron de otro testamento?
- Los oí muy bien – responde Maria con seguridad –
- Bueno ¿Y como se llama el tipo que lo tiene?
- Ellos no lo saben, pero decían que Torres Quintero sí.
- ¡Francisco! – exclama Dimitrio – Es alguien que Francisco conoce.
- Acudimos a usted señor Mendoza porque ustedes son los mas interesados en que se aclare esta situación, por el buen nombre de su hermana y para que el hijo de Alejandro tenga el apellido que le corresponde – aclara Víctor –. Maria en un primer momento pensó pedir ayuda al señor Echevarri, pero yo le dije que por mas bien intencionado que sea, es pariente del señor Torres Quintero.
- Es que don Adolfo también sospecha algo – asegura Maria – hasta mando una carta a un amigo suyo en España, para saber cosas de don Sebastián y parece que no es de allá.
Torres Quintero se encuentra con Adolfo en el salón de su casa, vuelve a pedirle el testamento y ante la negativa de su cuñado pasa a las amenazas. Este asunto se ha vuelto muy peligroso, es mejor que le pida una fuerte cantidad a Armida y entregue el testamento, sino se vera obligado a decirle a Sebastián quien lo tiene y este es un hombre muy decidido, hasta ahora no ha hecho nada contra él porque es el hermano de su esposa. Adolfo se ríe cínico y le señala que si no ha tomado represalias contra él es porque no ha podido, sabe perfectamente que si le pasa algo el testamento llegara a la familia Mendoza con una carta de su puño y letra explicando todo lo sucedido. Francisco insiste en que debe entregar el testamento, si se le ha ocurrido la idea que puede sacarle mas dinero a Alejandro Almonte, debe saber que si llega a ver a ese hombre será muerto, porque no llegara vivo a Puebla.
En casa de los Mendoza, Dimitrio y Josefina conversan en el salón mientras Alejandrito juega en la alfombra. Josefina esta asombrada por las noticias que han traído Maria y Víctor.
- ¿Te das cuenta de lo que eso significaría para nosotros? – dice Dimitrio – Si ese testamento de verdad existiera, Alejandro ya no tendría que huir, recuperaría su nombre, su posición, Magdalena volvería a ser su esposa.
- Y Alejandrito tendría un apellido – termina Josefina – Tienes que hacer algo Dimitrio – Josefina duda – Pero... ¿cómo es posible que Torres Quintero, si sabe que existe ese testamento no haya dicho nada a las autoridades?
- Porque evidentemente esta involucrado – responde Dimitrio muy seguro – Mira, Alejandro le entrego el testamento al juez y cuando volvió a verlo dijo que no era el verdadero, que lo habían sustituido por otro y que la sustitución se efectuó en el juzgado ¿Quien puede haberlo hecho? ¿El juez? ¿Francisco? ¿Algún empleado? No, tiene que ser Francisco, era el único que tenia interés en perjudicar a Alejandro y ahora resulta que el testamento verdadero lo tiene otra persona que esta extorsionando a Armida Guillén. Francisco sabe quien es y lo permite.
- Tal vez esa persona no existe y es Francisco quien se quedo con el dinero – señala Josefina –
- No, no... él no necesita el dinero, es muy rico – Dimitrio reflexiona en voz alta -. Si yo fuera Francisco habría agarrado a ese hombre lo habría encerrado en una mazmorra y a golpes le hubiera obligado a entregarme el testamento, después lo habría matado... pero él no lo hizo ¿Por qué? Evidentemente porque no puede, ese hombre lo tiene amenazado ¿pero como? Además ¿quien puede ser tan audaz para atreverse a amenazar a Torres Quintero? En estos tres años ni siquiera se ha atrevido a decírselo al marques, además, hay otra cosa, Adolfo ha hecho averiguaciones sobre este marques de la Cruz y existe la sospecha de... – Dimitrio se interrumpe ante la impaciencia de Josefina, se golpea la frente y exclama - ¡Pero que imbecil soy! Cómo no se me había ocurrido antes... ¡Adolfo! Si fuera él quien tiene el testamento se podrían explicar tantas cosas. Desde hace varios años esta llevando vida de rey, gastando dinero a manos llenas, no se ha reconciliado con su padre y negocios no tiene, entonces... ¿De donde va a sacar tanto dinero? Si el testamento lo tiene él, la actitud de Francisco es lógico, es su cuñado.
- ¡Ay no Dimitrio! – exclama Josefina - ¿Tu crees que Adolfo teniendo en sus manos la posibilidad de evitar todo esto habría dejado que tu hermana sufriera tanta vergüenza? Él siempre ha apreciado mucho a Magdalena.
- Pero más aprecia el dinero – responde Dimitrio muy seguro –
Torres Quintero entra en el despacho de José Luis cuando este se dispone a salir para dirigir a la partida de soldados que van hacia la zona donde piensa que esta refugiado Alejandro. Torres Quintero le pregunta que va a hacer con Almonte si lo atrapa.
- Pues traerlo aquí, hay varios delitos por los que tiene que responder – dice José Luis muy digno –
- Yo le sugiero que lo mate en el sitio – indica muy serio Torres Quintero – Si lo trae a Puebla volverán a surgir las habladurías, la mas perjudicada seria su prometida. Además, tiene permiso del gobernador, su excelencia en ningún momento mando respetar su vida.
José Luis lo observa incomodo sin contestar, en ese momento entra Rufino, cuando ve a Torres Quintero intenta marcharse, pero José Luis lo retiene, y Francisco no tiene mas remedio que retirarse. José Luis le ordena a Rufino que continué registrando toda la región, quiere que no quede ranchería, casa, o casucha por registrar.
Torres Quintero busca a un soldado del regimiento que va a acompañar a José Luis y le da orden de matar a Alejandro si lo capturan, de ninguna manera debe llegar vivo a Puebla.
Manuel Calderón esta ya muy recuperado, se afeita en la celda que ocupa, cuando entran Magdalena y Alejandro, este los presenta y ella le agradece la ayuda que ha proporcionado a su marido todo este tiempo. Calderón responde que Alejandro los ha ayudado mucho mas a ellos, Magdalena se despide y se retira. Manuel le pide a Alejandro que se quede.
- Eres un hombre afortunado Alejandro – dice Calderón sonriendo –
- Si no estuviera en esta situación si – responde Alejandro – Encontramos un numero grande de hombres bien armados, tienen su refugio en una hacienda abandonada, no muy lejos de aquí, es un buen lugar y quieren juntarse con nosotros.
- Si claro – Calderón mira a Alejandro dubitativo – Alejandro, tu esposa no me parece una mujer adecuada para aguantar la vida que nos espera.
- Si, ya lo sé – responde Alejandro preocupado - ¿Tu crees que la lucha será inevitable?
- El señor Madero cree en unas elecciones limpias, pero sabes bien que no será asi. Porfirio Díaz y su camarilla no cederán el poder tan fácilmente, de todos modos, no es bueno adelantarnos a los acontecimientos, vamos a esperar las noticias que Cipriano y Felipe traigan de Puebla, después ya veremos.
Dimitrio va al encuentro de Adolfo en el casino, lo saluda y se sienta con él a beber una copa, lo sondea discretamente sobre su situación económica, él asegura que no tiene problemas, se lleva muy bien con Francisco y este cubre sus necesidades. Dimitrio al ver confirmadas sus sospechas propone a Adolfo reanudar su antigua amistad, anda muy aburrido y necesita algo de diversión, Adolfo acepta encantado y sellan el acuerdo con un apretón de manos.
Magdalena esta en la celda remendando su vestido, llega Alejandro para despedirse, se marcha del convento.
- Manuel ya esta mejor y lo vamos a llevar a un refugio de los nuestros no lejos de aquí, allí nos vamos a quedar – dice Alejandro –
- ¿Tu también? – Magdalena se pone de pie alarmada –
- Sí.
- Pero... ¿Y Rosario y yo? – pregunta Magdalena acercándose a él –
- La superiora accedió a que mi madre se quede aquí, pero tu no sé que has decidido.
- No me quiero separar de ti – Magdalena se abraza a Alejandro –
- No sé si hice bien en traerte aquí – dice Alejandro preocupado abrazándola – Yo sé que sufres porque estas lejos de nuestro hijo.
- Pero a lo mejor Cipriano puede...
- No, no Cipriano solo fue a ver como están las cosas, dudo mucho que podamos traer al niño, por lo menos en algún tiempo
Magdalena baja la cabeza con expresión triste.
- Si hubiera sabido que seguías queriéndome y que tu decisión de casarte era porque pensabas que estaba muerto, te hubiera mandado un recado, con eso hubiera sido suficiente. Pero creí que ya no me amabas y quise impedir que fueras de otro aun por la fuerza – dice Alejandro arrepentido –
- Pero no te hubiera visto Alejandro – Magdalena lo mira suplicante - ¿Por qué no me llevas contigo a ese lugar?
- Es que tu no tienes idea de lo que es vivir en el campo, sin la menor comodidad, durmiendo en el suelo.
- Pero estaría a tu lado.
- No, no lo resistirías.
- Ponme a prueba – pide Magdalena –
- Mira vamos a esperar hasta que Cipriano venga y después decidimos, tal vez venga con buenas noticias – Alejandro la besa con ternura y se despide –
- ¿Vendrás esta noche? – pregunta Magdalena –
- Pero mi amor ¿tu crees que yo no quiero estar contigo? Pero la madre Encarnación me ha pedido respeto para el lugar en que estamos.
- Pero es que yo no me refería a eso.
- Si, ya lo sé, pero quise decírtelo yo para que entiendas el porque de las cosas.
- Te amo – dice Magdalena mirándole a los ojos –
- Yo también a ti, y con eso me vasta por el momento - Alejandro la besa suavemente –
En la puerta de la la prisión del padre Abundio se escuchan unos golpes. Remigio asustado no quiere abrir, los soldados tiran la puerta abajo y aparece Rufino que se queda de piedra al reconocer al padre Abundio, al darse cuenta que estaba prisionero Rufino se apresura a llevarse al padre Abundio y le promete contarle todo lo sucedido por el camino.
Magdalena esta preocupada porque Alejandro no llega, se sienta con Rosario en el patio del convento y esta le dice que Alejandro le contó que Magdalena piensa que ella mintió. Rosario le asegura que dijo la verdad, Alejandro es hijo del patrón. Magdalena le responde que a ella no le importa, se quedara con él aunque no sea su marido, porque aunque sea verdad que Alejandro es un Almonte, le quitaron el apellido, asi que a los ojos de la sociedad ya no están casados, pero ella no se va a separar de Alejandro. Le da lo mismo el escándalo, que digan lo que quieran, pero estarán siempre juntos.
Suena la campanilla del convento, abren y entra José Luis, pregunta por los rebeldes que están operando en esta zona, la portera se va rápidamente a avisar a la madre superiora, cuando cruza el patio le cuenta a Rosario y Magdalena que son los soldados dirigidos por un tal coronel Álvarez. Magdalena se asusta ante la posibilidad de que Alejandro llegue en ese momento.
Manuel, Alejandro y su grupo han llegado a la hacienda que sirve de refugio a los alzados de la zona, comentan la posibilidad de unirse a otro grupo cercano para asaltar el cuartel de Cholula, necesitan armas. Son interrumpidos por el vigilante que dejaron en el convento, que anuncia que los soldados están allí. Alejandro se marcha para investigar, antes promete a Calderón que no hará nada aunque se lleven a Magdalena, pero necesita saber que sucede.
José Luis le pregunta a la superiora por unos hombres armados que han estado operando por la zona, ella dice no saber nada. José Luis para convencerla, le cuenta que ha llevado a una de las damas mas distinguidas de Puebla, la ha raptado a la fuerza ante los ojos de su familia y de su prometido.
La madre superiora no tiene mas remedio que dejar registrar el convento, aunque le pide que no entren en las celdas de las religiosas.
José Luis y sus hombres registran el convento, en el establo encuentran restos de municiones y huellas de caballos, por lo que deducen que los rebeldes han estado escondidos en ese lugar.
Magdalena y Rosario están encerradas en una de las celdas muy asustadas. Magdalena quiere entregarse para evitar que José Luis la siga buscando y llegue a dar con Alejandro. Rosario le pide que no lo haga, porque su hijo se pondría muy triste. Magdalena considera que su vida es más importante, pero Rosario le asegura que para Alejandro nada es más importante que ella.
La madre superiora entra en la celda y les cuenta que los soldados están registrando el convento, pero que no entraran en las celdas, deben quedarse quietas, le trae un habito a Rosario para que se disfrace.
José Luis habla con la superiora en el patio del convento, le enseña el cartucho que encontraron en el establo, también hay huellas recientes de caballos.
- Tengo entendido que para los religiosos es pecado mentir. Mas pecado es proteger a unos delincuentes que se dedican a robar a asesinar y a abusar de mujeres indefensas – acusa José Luis –. Madre debe ayudarme, esos bandidos tienen a una mujer cuya familia esta muy desesperada por su suerte, se la llevaron sin contemplaciones, separándola de su hijo de cuatro años que necesita de su madre, no entiendo por que no me dice la verdad madre. Todo lo que le hayan contado para tenerla de su lado son mentiras. Mire madre yo soy un hombre de honor, no puedo, no quiero obligarla a hablar, le pido que lo haga.
- Yo no sé quien tenga razón – dice angustiada la superiora - si usted o lo otros, ellos dicen que están peleando por una causa justa, para que la gente pobre ya no pase hambre.
- Entonces son rebeldes ¿Cómo se llamaba su jefe Alejandro Almonte?
- Ya se fue.
- ¿Cuándo?
- Ayer
- ¿Eran muchos?
- No, unos cuantos.
- ¿Había una mujer rubia, muy hermosa con ellos? ¡Madre por favor contésteme, esa mujer es mi prometida! Ese infeliz me la arrebato con lujo de fuerza, yo amo a esa mujer y ella me quiere a mí, mire, íbamos a casarnos, y ahora ella esta en las manos de ese hombre, indefensa ante sus pretensiones.
La madre superiora le pide que la deje pensar, debe pedir consejo al señor y le manda regresar al día siguiente. José Luis no tiene mas remedio que aceptar.
Cuando los soldados salen del convento Rosario y Magdalena van a pedir noticias muy angustiadas, la madre superiora les cuenta que el coronel tiene casi la seguridad de que el que estuvo allí fue Alejandro Almonte y le pide a Magdalena hablar con ella a solas.
- El coronel me pareció muy convencido y sincero, pero yo no sé que hacer.
- Es que yo me iba a casar con él para darle un apellido a mi hijo, porque pensé que Alejandro estaba muerto.
- Pero Alejandro es tu marido o no.
- Bueno legalmente ya no lo es porque lo desconocieron como hijo de Benjamín Almonte, pero es el hombre que yo quiero y el padre de mi hijo.
- Pero entonces porque no hablas con el coronel Álvarez, le explicas las cosas. Él esta convencido que te retienen a la fuerza, pero si le dices cuales son tus sentimientos yo estoy segura que los dejara en paz.
- No madre, no. José Luis no se resignara tan fácilmente, si no lo hizo antes cuando frente a todo el mundo Alejandro era mi marido, mucho menos lo va a hacer ahora que esta convencido que no lo es.
- Entonces ¿qué vamos a hacer hija? El coronel sabe que le he mentido, sabe que unos hombres armados han estado aquí y si me exige registrar el convento, aun vestida asi te va a reconocer.
Alejandro regresa de su inspección en el convento, encuentra muy preocupado a Calderón porque se ha enterado que Madero esta en la cárcel, las elecciones están efectuándose por todo el país, pero no pueden tener mucha legalidad con el candidato de la oposición en la cárcel.
Alejandro le cuenta que los soldados son muchos, mas de un centenar y los manda José Luis Álvarez, lo vio salir del convento, pero Magdalena no iba con él, eso quiere decir que no la encontró. Alejandro dice que ese hombre le persigue a él, asi que es mejor que se vaya un tiempo con otro grupo, si hacen correr el rumor de que él esta fuera dejara ese rumbo para perseguirlo.
Rufino ha llevado al padre Abundio ha casa de José Luis, después de bañarse y afeitarse va en busca de Rufino y le cuenta que quiere ir a ver a las autoridades inmediatamente. Rufino intenta impedirle salir, pero el padre Abundio dice que tendrá que matarle para conseguir que no salga a la calle.
Fin del capitulo 68.
Mar




Escrito desde Apr 25, 2003, 9:24 PM

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Capitulo 67 de "Bodas de Odio"

by Mar

Magdalena mira a Alejandro desconcertada, él se pone de pie, cruza los brazos y vuelve a preguntar.
- ¿Por qué con él?
- Porque fue el único que me lo pidió – responde Magdalena levantando la mirada hacia él –
- ¿Quieres decir que te habrías casado con cualquiera? ¿Por qué? – pregunta Alejandro sorprendido –
- Para darle un apellido a mi hijo – Magdalena sigue sentada en el catre y lo mira con determinación –
- Bueno, nuestro hijo tiene un apellido el mío – señala Alejandro molesto –
- Es que ante la sociedad tu no tienes ninguno Alejandro.
Alejandro suspira y se sienta a su lado ya tranquilo.
- Esta sociedad corrupta muy pronto va a dejar de existir mi amor. Ya no va a haber clases ni privilegios y un apellido va a ser tan bueno como otro.
- Ya me dio tu mama lo que ustedes pretenden – dice Magdalena preocupada – No quiero que arriesgues la vida en algo que nunca va a triunfar. El señor presidente tiene un ejercito muy grande y es absurdo que pretendan luchar contra él.
- Bueno es lógico que pienses asi, es la opinión de los aristócratas que siempre han menospreciado al pueblo, pero poco a poco te vas a convencer de que ahora somos los más fuertes – Alejandro se calla un momento mira a Magdalena y vacila - ¿Magdalena has dejado de quererme?
- Nunca ¿Me crees? – responde Magdalena con firmeza mirándolo a los ojos –
Alejandro duda antes de responder baja la vista y pregunta.
- ¿Y Álvarez?
Magdalena vuelve la cara con gesto de cansancio, después vuelve a mirarlo y se sincera con Alejandro.
- Mira hace unos meses José Luis comenzó a frecuentar la casa, no había motivo para rechazarlo –
Alejandro cambia el gesto y va a hablar Magdalena lo corta.
- No, no te enojes, ya sé que lo odias, pero cuando te desconocieron como hijo de Benjamín Almonte las amistades nos retiraron el saludo, se hablo mucho de mí, algunos se burlaban otros se compadecían, yo deje de salir a la calle, sufrí mucho, mas que nada porque creí que habías muerto, ni siquiera tenia una tumba donde llorarte.
- Te mande una carta – Alejandro le toma las manos –
- Ahora lo sé, tu mama me lo contó.
- Y si después no te escribí mas fue porque Manuel pensó que era peligroso para nuestra causa, no quise comprometer a los que tanto me ayudaron – señala Alejandro en tono de disculpa -
- Lo entiendo – Magdalena asiente – Luego con el tiempo, poco a poco me fui resignando, lo único que me angustiaba era la situación de mi hijo. Cuando José Luis supo que iba a formar parte del estado mayor presidencial me propuso matrimonio, me dio que iríamos a vivir a la capital, allí era más difícil que la gente estuviera enterada de mi pasado, me dijo que reconocería al niño como suyo, que la criatura crecería creyéndolo su padre de verdad.
- ¡Pero Magdalena! – exclama Alejandro - ¿Cómo pudiste desear que mi hijo llamara padre a ese hombre? De cualquiera lo hubiera tolerado menos de él.
- Pero es que fue el único que se ofreció – Magdalena se expresa con firmeza – Yo creí que estabas muerto Alejandro, pensé en lo mejor para el niño, tu creciste sin padre, sabiéndote un bastardo y sufriste mucho ¿No?
- Si – responde Alejandro pensativo –
- Te juro que si no hubiera sido por Alejandro... – Magdalena se interrumpe y baja la cabeza ocultando su mirada –
- ¿Asi lo sigues llamando? – pregunta Alejandro sonriendo –
- Si – Magdalena sonríe tranquila ante la reacción de Alejandro – Mama en un principio quería que lo llamáramos Iván, sabes que lo bautizamos con los dos nombres, pero yo no quise.
Alejandro suspira y le besa la mano con ternura, Magdalena continua explicándose.
- Alejandro, nunca deje de quererte, no tengo porque engañarte y mucho menos ahora.
- Yo siempre pensé en ti – Alejandro le acaricia el rostro con dulzura – No hubo ni un solo momento del día o de la noche que tu recuerdo no me acompañara ¡Te extrañe tanto mi vida! – se acerca y la besa con ternura –
- No me puedo convencer que estés aquí junto a mí.
Magdalena sonriendo feliz aprieta la cara contra la mano de Alejandro, en ese momento golpean la puerta con fuerza y se escucha la voz de Cipriano anunciando que una compañía de soldados están subiendo hacia el convento. Alejandro se apresura a salir, no sin antes decirle a Magdalena que no se mueva de la celda.
Una monja se apresura a abrir la puerta ante la llamada de los soldados, el teniente entra en el vestíbulo y pregunta si han observado la presencia de hombres armados por los alrededores, la monja va a responder afirmativamente cuando aparece la superiora que le ordena retirarse, ella atenderá personalmente a los soldados; La madre superiora dice que no ha visto nada raro, bandidos siempre ha habido, pero a ellas las respetan y nunca han tenido problemas.
Alejandro esta en la celda de Manuel Calderón, los dos están preocupados, la superiora ha prometido que no dirá nada, pero si los soldados insisten en registrar el convento, descubrirán los caballos que están en el establo, los hombres están escondidos en el granero y tienen orden de disparar si entran los soldados. Alejandro se pasea inquieto por la habitación. Calderón se pregunta si estarán buscando a Magdalena, Alejandro no lo cree, todavía es demasiado pronto para que hayan encontrado su rastro.
- Ese coronel, su prometido ¿te reconoció verdad? – pregunta Calderón preocupado –
- Si – responde Alejandro – Es un hombre peligroso y es muy empecinado también. Según lo que me contó Magdalena va a formar parte del estado mayor presidencial, lo que significa que cuenta con el apoyo de Porfirio Díaz – Alejandro se acerca a Calderón – Ya sé que esto puede ser peligroso para nosotros, pero... – Alejandro levanta la voz apasionado –. Se iba a casar con otro Manuel y yo no podía permitirlo, entiéndelo, Magdalena es mi mujer.
- Sí. Claro que te entiendo Alejandro – responde Calderón con gesto preocupado –
Llega la madre superiora anunciando que los soldados se han ido, buscaban a unos bandidos que había robado en la hacienda de los Limantur caballos y armas, y pregunta mirándolos significativamente si ellos no saben nada de eso. Manuel y Alejandro se miran y después cuenta la verdad a la madre, ella no sabe que pensar, tienen razón cuando dicen que los poderosos abusan de los pobres, estos acuden muchas veces a ellas en busca de ayuda, pero ellos roban y matan, y eso no esta bien. Alejandro le pide unos días mas para que Manuel se recupere los suficiente y después se iran, la superiora les concede esos días.
Paula esta postrada en su cama, llorando sin cesar, Dimitrio sentado a su cabecera intenta consolarla, pero ella no tiene paz, se considera culpable de todo lo sucedido, sabia que Alejandro estaba vivo y no le dijo nada a Magdalena. Carmen quería decírselo, pero ella la convenció para que guardara silencio pensando que era lo mejor, también influyo en Magdalena para que se casara con Álvarez, para que el niño tuviera apellido, para que se acabaran de una vez las murmuraciones y volvió a equivocarse. Esta vez es el fin de la familia y ella tiene toda la culpa. Dimitrio le pide que se calme, Álvarez encontrara a Magdalena se casaran y se iran de Puebla, ellos también pueden irse a vivir a otra ciudad. Josefina le ha ofrecido su fortuna muchas veces, él no ha aceptado por razones personales, pero puede hacerlo y se podrían ir a vivir a Europa si su madre lo desea.
- Pero ahora que Magdalena sabe que Alejandro esta vivo nunca será feliz – señala Paula llorando sin consuelo – Mi pobre hija, tan linda, se merecía lo mejor y mira nada mas lo que he hecho con ella, yo tengo la culpa yo por haberla obligado a casarse con Alejandro.
- No mama, nosotros no sabíamos que Alejandro era un impostor, fue el destino mama.
- No hijo, fui yo – responde Paula –
José Luis vestido todavía con su uniforme de gala llega a casa de los Mendoza, Carmen le abre la puerta. José Luis le pregunta si alguien ha visto gente extraña merodeando la casa en los últimos días. Carmen no ha visto a nadie y no le han comentado nada, pero puede preguntar a los sirvientes por si ellos han observado algo.
- Lo que no entiendo es porque ese hombre apareció ahora, porque no la busco antes, ha pasado mucho tiempo – dice José Luis desconcertado –
- Pues seguramente porque no pudo – responde Carmen –
- Pero ¿por qué no pudo?
- Coronel – Carmen duda unos momentos – Yo diría que dejáramos un poco las cosas como están.
- ¿Qué quiere decir con eso? – dice José Luis fastidiado –
- Que... que si Magdalena quiere volver, ella sabrá como convencer a Alejandro y si no pues que sea lo que Dios quiera.
- ¡Señora Magdalena es mi prometida! – exclama indignado José Luis – Ese hombre me la robo, ya una vez me la deje arrebatar pensando que tenia derecho, pero ahora no.
- Bueno... es que ella lo quiere – apunta Carmen tímidamente –
- No, no es verdad – asegura indignado José Luis – Nunca lo quiso, pretendió cumplir con su deber de esposa cuando creyó que lo era, pero ese infeliz no tiene ningún derecho sobre ella, le aseguro señora que no voy a descansar hasta haberla encontrado y él pagara muy caro su atrevimiento.
Carmen suspira resignada ante el empecinamiento de José Luis, este le pide que pregunte a los criados y ella se va a cumplir su petición.
Sebastián llega a casa de Armida muy alarmado, se encierra con ella en el despacho, Maria se queda escuchando detrás de la puerta.
Sebastián le cuenta a Armida que Alejandro Almonte esta vivo, aparecio en medio de la fiesta de los Mendoza y se llevo a su esposa. El asunto se esta volviendo muy peligroso, mas si tienen en cuenta que llevan tres años extorsionándolos una persona que tiene el testamento autentico y que ahora puede pensar que puede sacarle mas dinero vendiéndoselo a Alejandro, deben convencer a Torres Quintero para que les diga quien es la persona que tiene el testamento quitárselo y matarlo.
Alejandro y Magdalena conversan en la celda del convento muy juntos y tiernos.
- En cuanto Madero sea declarado presidente habrá terminado el peligro para nosotros – dice Alejandro – Todo va a cambiar mi amor, voy a solicitar la revisión del proceso en el que se me despojo del apellido y Torres Quintero ya no va a ser el todo poderoso y lo vamos a obligar a decir la verdad.
- Pero todo el mundo dice que ese hombre no tiene ninguna posibilidad de ser presidente – señala Magdalena escéptica –
- Bueno, es lo que dicen los de tu clase porque no les conviene, pero el pueblo esta con Madero
- Suponiendo que eso que tu dices no suceda, ¿qué va a ser de nosotros?
- Te asusta la vida que podrías llevar a mi lado – pregunta Alejandro mientras la acaricia suavemente –
- No, lo que me duele es la preocupación de mi familia y sobre todo estar separada de mi hijo.
- Es casi seguro que la casa de tu madre este vigilada, la policía ha de imaginar que voy a intentar ir por el niño, pero de todos modos te prometo que voy a hacer todo lo que este de mi lado para traerte a Alejandro, pero si eso no fuera posible, la decisión es tuya Magdalena, yo sabré esperar – Alejandro la besa con ternura –
Víctor recibe una carta de Maria en la que le pide que regrese rápidamente a Puebla, porque Alejandro esta vivo y ella se ha enterado de algunas cosas que podrían ser muy valiosas para ayudarle, pero solo se las contara en persona.
José Luis entra en su casa acompañado de Rufino, esta furioso y maldice a Alejandro; Porque tuvo que ocurrírsele regresar del infierno precisamente ahora, pero lo va a agarrar aunque sea lo ultimo que haga en su vida, no piensa permitir que ese canalla se salga con la suya. José Luis piensa que esta con los rebeldes, entro en la fiesta comandando un grupo de hombres armados hasta los dientes, asi que o es un jefe de bandidos o de insurrectos, además, alguien tiene que haberlo ayudado durante este tiempo, asi que, por su manera de pensar se inclina a pensar que se a unido a un grupo de rebeldes. Rufino lamenta que esto haya sucedido ahora que por fin se le estaba haciendo su asunto con Magdalena.
- Por eso estoy asi Rufino, por eso, pobre Magdalena, ha de estar desesperada – dice José Luis llevándose las manos a la cara, mientras Rufino lo observa escéptico –
Es de noche, Alejandro esta fumando en el vestíbulo del convento, Magdalena se acerca a él cariñosa.
- No te había visto en todo el día ¿Dónde estuviste?
- Reconociendo los alrededores por si es necesario buscar otro refugio – responde Alejandro –
Alejandro rodea con su brazo la cintura de Magdalena y la atrae hacia él.
- Te extrañe tanto ¿Y tú a mí? – la besa suavemente –
- En un principio yo también desee morir, después pensé que tenia que vivir para nuestro hijo – Magdalena sonríe feliz – Es tan bueno, tan cariñoso.
- No sabes las ganas que tengo de verlo – dice Alejandro – Anoche cuando fui por ti pensé llevármelo, pero me di cuenta que hubiera sido más peligroso. Además, no sabia cual iba a ser tu reacción al verme, pensé que podías rechazarme.
- ¿Sabias que me iba a casar?
- Si, una sirvienta de tu casa se lo dijo a Felipe.
- ¿Con José Luis?
- No.
- Alejandro mira, no quiero que vuelvas a pensar cosas que no son, ya te explique porque acepte casarme con José Luis, por el niño nada más.
- ¿Le dijiste que le querías? – pregunta Alejandro –
- No, el nunca me lo pregunto, si lo quisiera a él en vez de a ti, ahora no estaría asi contigo, te estaría exigiendo que me dejaras ir al fin que...
- Al fin que no crees que soy tu marido – Alejandro termina la frase –
- Es que no sé que pensar.
- ¿Crees que te he engañado?
- No tu no.
- ¿Mi madre entonces?
- No lo sé, solo te puedo decir, que ahora que tengo a Alejandrito, con tal de salvarlo de algo terrible seria capaz de cualquier cosa – dice Magdalena serena –
- ¿Y piensas que eso fue lo que hizo mi madre? ¿Qué mintió al padre Abundio para salvarme de ir a Valle Nacional?
- ¿Podría ser no crees?
- Si – admite tranquilo Alejandro – pero no fue asi ¿Y a pesar de creer que no soy tu marido estas dispuesta a vivir conmigo?
- Si – responde Magdalena sin dudarlo –
Alejandro sonríe feliz, la mira y se fija en su aspecto.
- Tu vestido ya esta muy maltratado – dice Alejandro riéndose –
Magdalena se mira riéndose también.
- Me gustaría tomar un baño, pero no creo que sea posible.
- Bueno yo lo hago en el rió, pero le diré a la madre superiora haber que se puede hacer.
Alejandro acompaña a Magdalena a la celda.
- ¿Tu donde duermes? – pregunta Magdalena –
- En el granero con los demás, solo mi madre y Manuel que esta enfermo tienen otra celda – Alejandro enciende la vela –
- Has de estar muy incomodo.
Alejandro se acerca a ella le besa la mano y le da las buenas noches, cuando se dispone a retirarse Magdalena le retiene, el se vuelve.
- Alejandro te amo – dice Magdalena mirándolo a los ojos, Alejandro la besa apasionadamente –
Josefina esta leyendo en la recamara de Magdalena esperando a Dimitrio para que le dé las ultimas noticias sobre la búsqueda de su hermana. Dimitrio llega y le cuenta que no sucedió nada, le da la impresión que Álvarez no tiene ni idea de por donde comenzar a buscar, le agradece que se haya quedado en la casa.
- Es que tu mama esta muy deprimida y tu tía sola no iba a poder con ella y con el niño – Josefina sonríe con ternura – Además, lo hago con gusto, me hace sentir mas de la familia.
- ¡Ay! Bonita familia con la que te emparentaste – Dimitrio sonríe y le acaricia el pelo con ternura –
- Yo los aprecio mucho a todos ustedes – afirma Josefina –
- ¿Eso me incluye a mí también? – pregunta Dimitrio –
- Si, ya no te enojas conmigo, eres muy amable – Josefina sonríe –
- Es que tu te lo mereces.
Josefina se pone de pie y se acerca a Dimitrio que esta apoyado en la ventana.
- ¿De veras? – pregunta asombrada –
- Josefina eres una mujer tan linda, tan buena, cualquiera en tu lugar me odiaría.
- Quise hacerlo, pero no pude porque a pesar de todo te estoy agradecida, no porque te hayas casado conmigo, sé que te obligaron a hacer, pero yo misma te pedí que anuláramos nuestro matrimonio y tu no quisiste – Josefina se acerca cariñosa – Y ahora sigo casada con un hombre educado, de buena familia, muy fino, muy guapo – Josefina se ríe avergonzada mientras Dimitrio la mira con ternura – Ya se que no debería platicarte todo esto, pero no me avergüenza decirte que aunque no ha habido nada entre nosotros me siento muy dichosa de estar casada con el hombre a quien yo quiero.
- ¡Ay Josefina! – exclama Dimitrio – Yo estoy enamorado de ti – confiesa Dimitrio –
Josefina lo mira incrédula, asombrada ante la declaración de su esposo, al darse cuenta que habla en serio le echa los brazos al cuello y se besan.
Armida da una fiesta en su casa, Sebastián esta muy molesto considera que debía suspenderla, pero Armida le contesta que ya los había invitado y seria muy sospechoso que la suspendiera. Sebastián se acerca a Torres Quintero y le pide una conversación privada, entran los tres en el despacho. Maria que pasaba por delante del despacho con una bandeja con copas en aquel momento se queda escuchando detrás de la puerta.
Ante la preocupación de Sebastián por la reaparición de Alejandro Almonte, Torres Quintero intenta tranquilizar a su cómplice, ya dio orden de que Alejandro no debe llegar vivo a Puebla, por lo que no tienen porque preocuparse, a pesar de todo Sebastián quiere saber quien es la persona que tiene el testamento autentico, porque hay que acabar con ella, es un peligro. Torres Quintero se niega a decir quien es, comprende que la perdida del testamento se dio por un descuido suyo pero hasta ahora se ha encargado de mantener a esa persona tranquila y seguirá haciéndolo.
Magdalena se ha levantado y esta intentando arreglarse en la celda, entra Alejandro con un habito colgado del brazo.
- Buenos días ¿dormiste bien? – pregunta Alejandro.
- Sí. ¿Y tu? – Magdalena se acerca cariñosa y le arregla el pañuelo del cuello –
- Pues no mucho – responde Alejandro –
- ¿Por qué?
- Estuve pensando en ti que estabas tan cerca y...
- ¿Y? – inquiere Magdalena acercándose mas a él –
Alejandro aparta la vista nervioso y cambia la conversación.
- La superiora me dio esto para ti.
- ¿Un habito?
- Si, por el momento no hay otra cosa, también te prepararon agua caliente para que te bañes. Cipriano y Felipe se fueron a Puebla.
- ¿Por mi hijo?
- Bueno, se fueron a ver como están las cosas.
- Magdalena ¿en el caso que no se pueda traer al niño que harás?
- No lo sé, decídelo tu – responde Magdalena –
- No, yo aceptare lo que tu quieras.
Magdalena lo mira sin responder y se apoya en su pecho, Alejandro la rodea con sus brazos y la estrecha con ternura.
Víctor a llegado a Puebla y se encuentra con Maria en un café, ella le cuenta que Alejandro esta vivo y todo lo que escucho en casa de Armida. Victor dice que ellos no pueden hacer nada, deben recurrir a alguien con mas poder. Maria sugiere a Adolfo, pero Víctor no se fía, es cuñado de Torres Quintero.
Alejandro esta en el patio del convento cuando ve venir a Magdalena vestida con el habito de monja, se acerca a ella.
- Me siento muy extraña – dice Magdalena sonriente –
- Nunca había visto a una monja tan hermosa - dice Alejandro riéndose mientras da una vuelta a su alrededor observándola, la besa ante la mirada de escándalo de una monja que atravesaba el patio –
- Estamos escandalizando a las religiosas – señala Alejandro riéndose –
- Si pudiera tener a mi hijo seria la mujer más feliz del mundo Alejandro – dice sonriente Magdalena –
- Lo tendrás – asegura Alejandro –
Maria y Víctor han ido a visitar a Dimitrio, este los recibe amablemente, pregunta si su visita tiene algo que ver con la reaparición de Alejandro. Víctor le indica que han venido a contarle algo que Maria ha averiguado, piensan que él como hermano de la señora Magdalena puede estar interesado en contárselo a las autoridades y abrir una investigación, antes de que Víctor pueda decir nada Maria interrumpe y pregunta a Dimitrio si él piensa que Alejandro los engaño a todos y no era quien decía ser.
Fin del capitulo 67.
Mar




Escrito desde Apr 24, 2003, 6:55 PM

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Capitulo 66 de "Bodas de Odio"

by Mar

Ante la noticia que le trae Felipe, Alejandro de queda de piedra, era lo ultimo que se esperaba.
- Que Magdalena se va a casar – repite Alejandro incrédulo - ¿Estas seguro?
- Es lo que me dijo la sirvienta, que va a haber una gran fiesta con invitados importantes - responde Felipe apenado –
- ¿Cuándo?
- ¿El sábado?
- ¿Se casa pasado mañana? – pregunta Alejandro trastornado –
- La boda no es pasado mañana, sino la fiesta de compromiso – aclara Felipe –
- ¿Y con quien se casa?
- Con un coronel.
En la celda donde Manuel Calderón se repone de su herida están reunidos, Alejandro, Rosario, Felipe y el propio Manuel. Alejandro ha terminado de contarles las noticias que le ha traído Felipe, habla despacio, aparentemente calmado, con gran tristeza y amargura. Rosario no puede creérselo, es imposible que la niña Magdalena se case.
- Se casa con un coronel del ejercito - afirma Alejandro aparentemente tranquilo, sentado a la cabecera de Manuel Calderón – ¡Siempre tuvo debilidad por los militares! – señala Alejandro con amarga ironía-
- No, no me lo puedo creer, no habrás entendido bien Felipe – dice Rosario –
- No Doña Rosario, entendí bien.
- Tal vez tu mujer piense que estas muerto Alejandro – señala Calderón intentando animarle –
- A lo mejor ya me olvido – dice Alejandro con amargura –
- Alejandro tómalo con calma – dice Calderón preocupado –
- Estoy calmado – asegura Alejandro inexpresivo –
- Parece que después de la boda se van a ir a vivir a la capital – informa Felipe –
- ¿Ese coronel con el que se va a casar es de la capital? – pregunta Alejandro –
- No sé, es que no pregunte.
- ¿Y se van a llevar a mi hijo? – Alejandro ahora parece angustiado –
- No sé Alejandro.
- ¿Tu crees que si se entera de que estas vivo y aquí cerca de ella, desistirá de su propósito? – pregunta Calderón –
- Si Magdalena ha decidido casarse, quiere decir que ya no piensa en mi – responde Alejandro con tristeza – Tal vez su familia la ha convencido de que soy un impostor y por lo tanto la he engañado.
- Pero no puede ser hijo, no, ella no puede pensar eso de ti – dice Rosario incrédula –
- Tu siempre la has defendido pero esta equivocada mama. Si Magdalena hubiera seguido confiando en mi me estaría esperando, me conoció lo suficiente para saber que jamás habría renunciado a ella y a mi hijo – Alejandro mira a su madre con amargura –
Magdalena se encuentra en el vestíbulo de su casa con Dimitrio que se dispone a salir, lo retiene y le pregunta como va la hacienda, su hermano responde que no da demasiado dinero, pero su madre no se queja. Magdalena esta preocupada por la fiesta de compromiso, considera que va a resultar demasiado cara y no sabe de donde va a salir el dinero. Dimitrio le indica que no se preocupe, su madre tenia unos ahorros. Magdalena no se fía, tiene miedo que se dedique a pedirle dinero a José Luis como hacia con... se interrumpe incapaz de seguir y Dimitrio termina la frase por ella;
- Como hacia con Alejandro, no creo – dice Dimitrio mientras Magdalena asiente bajando la vista –
Magdalena quiere hablar con su hermano y lo conduce al salón, se sientan debajo de la ventana y aborda el tema de su situación con Josefina. Dimitrio intenta marcharse, pero Magdalena lo retiene, esta preocupada por la situación de su hermano. Josefina lo quiere y es una buena mujer no entiende porque Dimitrio no quiere ceder. Todo el mundo sabe que se ocupa de la hacienda, que esta manteniendo a su familia sin tocar un solo céntimo de la fortuna de su esposa, eso habla muy bien de él, pero también es su deber llevar una vida normal con su esposa. Magdalena no entiende lo que pasa, es cierto que Josefina no es muy agraciada, pero es una mujer agradable, ella en muchas ocasiones hasta bonita la ve, le resulta muy difícil creer que a Dimitrio le repugne tanto que no pueda ni tocarla. Dimitrio se niega a hablar de su situación con una mujer y intenta levantarse para irse pero Magdalena vuelve a impedírselo, es su hermana y puede entender cualquier cosa que le cuente, al principio pensó que la rechazaba por que ella no quería compartir su fortuna con él, que era una forma de presionarla, pero ahora la misma Josefina se la ha ofrecido varias veces y es él quien se niega a aceptarla. No debe sentirse acomplejado por la situación, es normal arreglar bodas por las fortunas, una vez el rico es el hombre y en otras ocasiones la mujer, además, a Dimitrio nunca le han importado mucho esas cosas. Dimitrio insiste en que no puede hablar de eso con una mujer, él desearía arreglar su situación con Josefina pero no puede, y le da vergüenza hablarlo con ella, si fuera un hombre todavía, bruscamente se levanta y se marcha sin que Magdalena pueda impedírselo.
Paula y Carmen sentadas en el despacho comentan lo mucho que van a extrañar a Magdalena y su hijo. Paula señala que hasta Francisco Torres Quintero acepto la invitación a la fiesta de compromiso. Carmen pone mala cara, ella considera que no debieron invitar a ese hombre, fue el principal causante de la desgracia de Alejandro y se ha portado muy mal con ellas.
- Pero eso son cosas pasadas – responde Paula satisfecha – Hay que darle gracias a Dios que las amistades que antes nos dieron la espalda están ahora bien dispuestas hacia nosotros. Claro que el coronel Álvarez tiene mucho que ver en esto, como todo el mundo sabe que es protegido del señor presidente nadie se atreve a desairarle.
- Como han cambiado las cosas, antes era un pobre diablo – dice Carmen con gesto de disgusto –
Nadia esta muy contenta porque su marido acepto la invitación a la fiesta de compromiso de Magdalena y le pide permiso para ir a visitarla inmediatamente, porque en la fiesta habrá mucha gente y no podrán hablar tranquilas. Francisco al final cede y Nadia sale muy contenta. Adolfo entra en el salón cuando su hermana se marcha y se sorprende de que su cuñado haya recibido una invitación después de lo mal que se porto con los Mendoza.
- Les hice un favor – responde altivo – Ese hombre es un impostor, además, sin ningún derecho a codearse con gente como nosotros.
- Me gusta tu cinismo – dice Adolfo riéndose – Eso lo has repetido tantas veces que tu mismo te has convencido de la mentira que fabricaste ¿No tienes miedo que alguien descubra la verdad?
- Eso podría suceder solo si tu entregas el testamento, no creo que seas tan tonto, desde que lo tienes vives como un príncipe, has de poseer un buen capital
- No me quejo, pero todavía no es suficiente. Vuelvo a preguntarte ¿Si alguien descubre la verdad, oyendo conversaciones, atando cabos?
- ¿Quién? – pregunta Torres Quintero alarmado –
- No lo sé ¿pero como quedaríamos tu y yo?
- ¿Y quien puede tener interés en investigar? Ese hombre Alejandro, ya esta muerto y Magdalena Mendoza se va a casar con su antiguo amante, y, además, cualquier cosa que alguien pueda descubrir sin la prueba que tu tienes no tendría ninguna fuerza ¿Tu conoces a alguien que este haciendo eso? Porque si es asi más vale que me lo digas.
- No, no conozco a nadie – responde Adolfo –
- Alejandro se pasea solo y desesperado por el patio del convento, Cipriano y Rosario lo observan preocupados, desde que llego Felipe con la noticia a estado asi, solo sin querer hablar con nadie, triste y amargado, ninguno de los dos sabe que hacer para consolarlo, Rosario ruega que la virgen lo ayude a olvidar.
Alejandro esta sentado a la cabecera de Manuel Calderón, silencioso y triste, Manuel rompe el silencio.
- No sé que decirte Alejandro, imagino como te sientes.
- Había pensado muchas cosas, hasta en una desgracia como la muerte. Pero te juro que esto nunca me había pasado por la cabeza – asegura Alejandro con amargura –
- ¿Hubieras preferido saberla muerta? – pregunta Calderón –
- ¡No, claro que no! – responde inmediatamente Alejandro – Pero esto me duele tanto Manuel. Si decidió casarse es porque esta convencida de que la he engañado, pero soy su marido pero... ¡Si lo soy!
- Ante la ley no – señala Calderón –
- Pero ante Dios si – responde Alejandro con firmeza – Él sabe que ni mi madre, ni el padre Abundio, ni yo hemos mentido y Magdalena hasta que yo muera no puede casarse con nadie.
- Alejandro ¿nunca se te ha ocurrido pensar que tu mujer puede creerte muerto?
- ¿Por los años que han pasado sin tener noticias mías?
- No tanto por eso, sino por lo que paso cuando saliste huyendo de Puebla, el carruaje cayo al rió y los soldados pudieron haber pensado que se ahogaron y haber llevado la noticia a Puebla.
- ¿Tu crees? – la esperanza lucha por abrirse paso en Alejandro –
- Puede ser – responde Calderón –
- Aun asi, que pronto me olvido – dice Alejandro con amargura -. No, no Manuel, yo no puedo resignarme y menos perder a mi hijo.
- Mira Alejandro, muy pronto las cosas van a cambiar, en cuanto Porfirio Díaz sea derrocado pediremos que se revise tu asunto.
- Yo no quiero esperar hasta entonces, entiéndeme Manuel. Magdalena es mi esposa y no puede ser de nadie mas – dice Alejandro decidido –
- Comprendo lo que quieres decir ¿pero que otra cosa puedes hacer Alejandro?
Alejandro no responde se queda en silencio con expresión pensativa.
Llego el día de la fiesta de compromiso, por la mañana José Luis va a visitar a Magdalena que lo recibe con una sonrisa amable.
- Imagino que has de estar muy ocupada – dice José Luis en tono de disculpa – solo vine a traerte esto.
José Luis saca de su bolsillo un anillo de compromiso que coloca en el dedo de Magdalena, ella le da las gracias fríamente. José Luis se acerca para besarla, Magdalena incomoda le deja hacer, pero mira hacia otro lado y permanece fría sin responder al beso. José Luis se separa y la mira sorprendido, Magdalena intenta hablar para explicarle, pero José Luis la interrumpe.
- Hasta la noche – le dice ceremonioso mientras le besa la mano y se apresura a retirarse, Magdalena lo ve marchar con expresión de disgusto –
Por fin llego el momento tan anhelado por Paula, toda la buena sociedad de Puebla esta otra vez reunida en casa de los Mendoza celebrando el compromiso de Magdalena. José Luis vestido con su uniforme de gala, blanco con charreteras doradas, conversa muy a gusto con Torres Quintero y Adolfo. Llegan Dimitrio y Josefina, saludan a Magdalena que conversa con Nadia y después Dimitrio mira fríamente a Adolfo, finalmente le saluda en la distancia de forma forzada. El gobernador hace su entrada, todos se apresuran a ir a saludarlo, felicita a José Luis por su boda con Magdalena y comenta sobre la luz eléctrica que han instalado los Mendoza, después se acerca a conversar con Torres Quintero, Adolfo y José Luis sobre los grupos armados que recorren el país y el resultado de las próximas elecciones. Cuando la fiesta esta en su apogeo la luz se apaga repentinamente y entra Alejandro con el rostro cubierto, al frente de una partida de hombres armados, disparan al aire, todos gritan asustados. Alejandro entra en el vestíbulo y se enfrenta a José Luis, lo apunta directamente al estomago y este retrocede, da orden a sus hombres para que saquen a Magdalena de la casa, después apunta al gobernador y se lo lleva como rehén, cuando salen José Luis reacciona con un gesto de rabia, ha reconocido a su odiado rival.
Los invitados se han retirado, Paula esta en el sofá del salón destrozada. Carmen le trae un té que ella se niega a tomar.
- Todo se acabo, es la muerte de nuestra familia y yo tengo la culpa – dice Paula con aspecto derrotado –
Carmen intenta animarla, niega que ella sea culpable de nada y le dice que esta segura que pronto encontraran a Magdalena. Josefina las observa sin saber que hacer. Entra Dimitrio y aconseja a su madre que se acueste, Carmen la ayuda a levantarse y la acompaña, al pasar por delante de su hijo para retirarse Paula le dice que todo lo hizo pensado en el bien de sus hijos. Dimitrio le contesta que lo sabe y la besa en la frente.
Dimitrio le cuenta a Josefina que el secuestrador es Alejandro, esta seguro de eso, en cuanto hablo reconoció su voz, además, aunque había poca luz, su estatura su cuerpo eran los mismos. Dimitrio decide ir al palacio de gobierno para buscar noticias y quiere llevarse a su esposa a casa, pero ella decide quedarse para lo que se pueda ofrecer, Paula esta muy deprimida y a lo mejor es necesaria su ayuda. Dimitrio se despide de ella y se marcha.
En el palacio de gobierno están reunidos todos los altos funcionarios y aristocracia local esperando noticias. Llega José Luis y les cuenta que el gobernador fue liberado en las afueras de Puebla, pero que no hay ni rastro de los secuestradores, él tiene como misión organizar una partida de búsqueda, alguien pregunta si esta seguro que era Alejandro Almonte y José Luis rabioso responde que si, y esta dispuesto a atraparlo. Dimitrio hace su entrada y se acerca a José Luis interesándose por lo sucedido, este le cuenta que encontraron al gobernador pero de Magdalena ni rastro.
- ¿La van a buscar imagino? – pregunta Dimitrio –
- De eso no le quepa duda Dimitrio – responde José Luis fuera de sí – Disculpe vamos a poner vigilancia en la casa de su señora madre.
- ¿Por qué? – sorprendido –
- Porque es casi seguro que ese hombre intente robarse el niño también – responde José Luis rencoroso –
José Luis se marcha apresuradamente, Adolfo se acerca a Dimitrio para expresarle su sentimiento por lo sucedido. Dimitrio sin responderle le mira despectivo y le da la espalda dirigiéndose hacia la puerta, dejando a Adolfo con la palabra en la boca.
Torres Quintero se acerca a Adolfo, los dos están asustados por la resurrección de Alejandro.
- Adolfo, estando ese hombre vivo, ahora si que ese asunto puede volverse peligroso. Te aconsejo que destruyas ese testamento, convenceré a Sebastián para que te de una buena cantidad pero tienes que deshacerte de eso – Adolfo lo mira sin responder –
Carmen y Josefina esperan el regreso del Dimitrio sentadas en el sofá del salón.
- Yo sé que para mi cuñada es un golpe terrible, pero me alegro que esto haya sucedido – dice Carmen ante la sorpresa de Josefina –
- ¿Cómo puede decir eso doña Carmen?
- Si, Magdalena iba a casarse con el coronel, mas que nada, para darle un apellido a su hijo, pero ella nunca olvido a Alejandro – asegura Carmen sonriendo satisfecha –
- Pero ese hombre no es su marido, la ha engañado – protesta Josefina –
- No... con todo y eso, ella seguía queriéndolo. Si Dios quiso que se apareciera en el ultimo momento por algo ha de ser.
Carmen convence a Josefina para que se retire a descansar, le ofrece el dormitorio de Dimitrio, pero ella pide permiso para utilizar el de Magdalena.
Dimitrio llega a la casa con aspecto preocupado y encuentra a Carmen esperándolo, le cuenta que no hay rastro de Magdalena.
- ¿Pero la van a buscar? – pregunta Carmen alarmada –
- ¿Tu crees que Alvarez se va a resignar? Va a buscar hasta debajo de las piedras. En cuanto lo encuentre ya no será la cárcel para Alejandro, sino el paredón – asegura Dimitrio con gesto preocupado - ¿Cómo esta mama?
- ¡Ay hijo! – exclama Carmen – Yo nunca la había visto asi, ni siquiera cuando murió tu padre, no sé... como que se esta desmoronando, se hecha la culpa de todo.
Dimitrio pregunta por su esposa y su tía le cuenta que subió a descansar al dormitorio de Magdalena. Dimitrio sube a la recamara de su hermana y se encuentra a Josefina dormida sobre la cama, la mira con ternura, toma la capa de Finita y muy despacio la tapa con ella, después apaga la luz y se retira.
Dentro del carruaje donde la llevan los secuestradores Magdalena no puede creer lo que ha visto. Ella ha reconocido a Alejandro pero no puede ser, esta muerto, por fin el coche se detiene, Felipe la amordaza antes de introducirla en el convento por miedo a que grite y despierte a las monjas, ya dentro de la celda le quita la mordaza. Magdalena se apresura a preguntar si quien la trajo a ese lugar es Alejandro, Felipe asiente mientras la puerta se abre y Alejandro entra en la habitación, Felipe se retira y se quedan solos.
Magdalena lo mira asombrada, incrédula.
- ¡Alejandro, Alejandro! – exclama atónita – Te creía muerto.
Magdalena se acerca a él y le echa los brazos al cuello rompiendo todas las reservas de Alejandro, se besan apasionadamente mientras Alejandro la abraza con fuerza. Magdalena llora de emoción.
- Mi vida, todos estos años pensando que habías muerto - Magdalena se abraza a él –
- ¿Eso te dijeron? – pregunta Alejandro sonriendo feliz –
- Si, es que no puedo creerlo, me dijeron que el coche en el que viajabas había caído al rió y te habías ahogado.
Alejandro sonríe feliz mientras le acaricia el rostro.
- ¿Y tu mama? – pregunta Magdalena –
- Esta aquí – responde Alejandro besándola –
- Me parece un sueño – Magdalena todavía no puede creérselo –
Los dos vuelven a besarse apasionadamente, en ese momento la madre superiora golpea la puerta de la celda mientras llama a Alejandro, este con esfuerzo se separa de Magdalena y abre la puerta, la madre superiora entra indignada.
- No podía creerlo cuando la hermana me lo dijo ¿qué es lo que te has propuesto?
- No se alarme madre es mi esposa – le contesta Alejandro –
- ¿Es verdad hija? ¿Eres su esposa?
Magdalena duda unos segundos, mira a Alejandro y después responde afirmativamente.
- De todos modos esto no puede ser – dice indignada la madre superiora –
- Si, me doy cuenta que estoy abusando de su bondad, pero se trata de una emergencia, si usted me lo permite yo se lo puedo explicar.
- Por supuesto que me lo vas a explicar, te espero en mi celda.
Cuando sale la madre superiora Alejandro se vuelve hacia Magdalena molesto.
- ¿Por qué titubeaste cuando te pregunto si eras mi esposa?
- Porque tu y yo no estamos casados – responde Magdalena vacilante –
- ¿Quieres decir que piensas que te engañe? – pregunta Alejandro enfadado –
- No, tu no – responde Magdalena -
- ¿Quién entonces? ¿Mi madre? ¿El padre Abundio?
- No te enojes Alejandro – suplica Magdalena - tal vez ni tu mismo lo sabes.
- Yo jamás he dudado de ser hijo de Benjamín Almonte y el apellido que llevo me corresponde por derecho y tú eres mi esposa – dice Alejandro rotundo con disgusto –
- Mira esto tenemos que hablarlo – responde Magdalena inquieta –
- ¡Claro que sí! – exclama Alejandro – Y también tendrás que explicarme porque escogiste precisamente a “ese” para marido.
Alejandro sale de la celda para entrevistarse con la madre superiora, esta habla con Rosario que le jura que Magdalena es la esposa de su hijo, hasta tienen un hijo, solo que han sucedido tantas cosas, llega Alejandro y Rosario se retira para ver a Magdalena.
- Estoy a sus ordenes madre ¿Quiere que hablemos ahora? – dice Alejandro –
- Cuándo le pregunte a esa señora si era tu esposa me dijo que si, pero no parecia muy convencida – dice la madre superiora con desconfianza –
- Bueno es que ella piensa que no lo es pero le aseguro que esta equivocada – responde Alejandro ante la sorpresa de la superiora –
Magdalena esta muy triste sentada en el catre de la celda cuando entra Rosario, las dos se abrazan con alegría, Rosario pregunta por su nieto y Magdalena responde que esta bien, después ella le pide que le platique que sucedió, porque no le avisaron que estaban vivos, porque Alejandro no se comunico con ella. Rosario le cuenta que si lo hizo, le mando una carta, pero su madre la intercepto y respondió diciendo que era mejor que la dejara en paz, y Alejandro pensó que tenia razón, porque él no tenia nada que ofrecerle, vivían en el campo, después llegaron al norte y pasaron la frontera.
Alejandro ha terminado de contarle toda la historia a la madre superiora que esta escandalizada. Ni por un momento se le ha ocurrido dudar de la palabra de Alejandro, lo que más le horroriza es que se dudara de la palabra de un sacerdote y la posibilidad que se hayan atrevido a matarlo, ahora entiende porque Magdalena cree que no es su esposa. Alejandro piensa que la familia seguramente la convenció, él se entero que se iba a casar con otro hombre, por eso se vio obligado a traerla. La madre superiora esta cada vez mas escandalizada, porque Magdalena ha estado a punto de cometer sacrilegio. La madre decide ayudarle; Solo el demonio podría ser tan convincente como Alejandro y ella no cree que él sea el demonio.
El padre Abundio esta encerrado en una habitación con las ventanas tapiadas en compañía de unas gallinas a las que esta echando de comer, llega Benítez.
- Cuando te decidirás a decirme porque me tienes aquí – dice el padre Abundio, Benítez aparta la mirada y no contesta – ¿Esta bonito el día? ¿Hace calorcito? – pregunta el padre cambiando de conversación – ¿Hasta cuando vas a tenerme aquí? ¿Hasta que Dios se apiade de mí y me llame a su lado?
- No puedo soltarlo padre, porque si lo hago...
- Si peligra tu vida, ya me lo has dicho, pero haciendo lo que estas haciendo la que peligra es tu alma, yo sé que no eres malo y confió en que el señor tarde o temprano te ilumine, ya una vez lo hizo deteniendo tu mano cuando ibas a matarme.
Benítez incomodo se levanta para irse, el padre Abundio le pregunta lastimero cuando regresara.
Magdalena duerme en el catre de la celda, Alejandro entra y se acerca despacio se inclina sobre Magdalena y se arrodilla a la cabecera, ella se despierta, se incorpora y le dice dulcemente-
- Creí que había sido un sueño.
- No. ¿Dime? ¿Por qué te ibas a casar con José Luis Álvarez?
- Porque... me dijeron que habías muerto – responde Magdalena vacilante –
- Si, ya lo sé, pero porque precisamente con él.
Fin del capitulo 66.
Mar




Escrito desde Apr 24, 2003, 8:05 AM

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Capitulo 65 de "Bodas de Odio"

by Mar

Magdalena en su dormitorio, conversa con Josefina que esta muy contenta por la noticia de su próxima boda con José Luis, y le expresa su alegría de forma muy evidente, pero en medio de sus demostraciones se da cuenta que Magdalena esta triste y no comparte el regocijo general. Magdalena le cuenta que ella no quería volver a casarse, pero su hijo necesita un apellido y José Luis se ofreció a proporcionárselo, ella quiere a José Luis, pero no como debería, le tiene afecto pero no lo ama. Josefina se sorprende pues sabe que antes estaba muy enamorada del militar. Magdalena suspira con tristeza; Si, pero ese fue antes de conocer a Alejandro. Josefina entiende lo que su cuñada siente; pero Alejandro ya murió y, además, se porto muy mal con ella, porque la engaño. Magdalena baja los ojos con tristeza y no contesta, cambia de conversación y pregunta a Josefina como va su matrimonio con Dimitrio; Ella contesta que igual; Ya esta desesperada, hace tiempo le propuso que anularan el matrimonio, pero él no quiso; La verdad es que no quiere nada de ella, ni su dinero, ni nada. Ahora no se llevan mal, al contrario, pero ella lo quiere y eso no le es suficiente.
Adolfo va a visitar a Armida a casa de Alejandro. Maria abre la puerta y le anuncia que no esta, le invita a pasar para esperarla. Ella intenta retirarse pero Adolfo le pide que le haga compañía, Maria se sienta a su lado. Adolfo aprovecha para contarle la noticia que recorre todos los mentideros de Puebla. Magdalena Mendoza se casa con el coronel José Luis Álvarez. Maria pone cara de fastidio y expresa su opinión negativa.
- Se han tardado mucho ¡Pobre Alejandro! Que bueno que esta muerto, asi no se entera de esas porquerías.
Adolfo sabe que Maria odia a Armida y quiere saber porque se quedo en la casa cuando paso a ser propiedad de esta. Maria le devuelve la pregunta, quiere saber porque si antes era amigo de los Mendoza ahora frecuenta a Armida.
- Pues porque los Mendoza se han vuelto muy aburridos, mientras que aquí uno se divierte – responde Adolfo cínico –
- Si con el dinero de Alejandro – responde Maria molesta –
- ¡Otra vez con eso! ¿Por qué insistes tanto?
- Porque es la verdad. Alejandro sí era hijo de Benjamín Almonte – responde Maria muy segura –
- Bueno, pues vuelvo a preguntarte ¿Por qué te quedaste aquí?
- Por tonta, pero ya me voy a ir. Si quieres que te diga la verdad, te la voy a decir, total no me importa que se la digas a Armida. Me quede aquí para descubrir cosas.
- ¿Y que has averiguado? – pregunta Adolfo intrigado –
- Algunas.
- ¿Me las vas a decir?
- No – responde Maria mirándolo con desconfianza –
- Yo también he descubierto algo de nuestros amigos, podríamos intercambiar información – propone Adolfo –
Alejandro y el grupo de rebeldes se acercan a Puebla, viajan por el camino conduciendo una carreta donde llevan provisiones y armas escondidas. Un explorador regresa anunciando que se acerca una patrulla militar, los rebeldes se esconden entre la maleza, pero no tienen tiempo de sacar la carreta del camino. Llegan los soldados y la registran encontrando las armas. Los rebeldes apostados a ambos lados del camino comienzan a disparar, se organiza un tiroteo en el que es herido de gravedad Manuel Calderon. Alejandro ordena la retirada para proteger la vida de su amigo y lo transportan herido fuera de la escaramuza, en su huida encuentran un convento. Alejandro se presenta a las monjas diciendo que han sido asaltados por unos bandidos, que les robaron todo lo que llevaban, su hermano ha sido herido de gravedad, la superiora les da refugio y se ofrece para cuidar al herido.
José Luis esta visitando a Magdalena, sentados en el sofá él habla y ella escucha con aire ausente, asintiendo de forma mecánica a todo lo que dice.
- Deseo que las cosas se hagan a la luz del sol, no tenemos nada que ocultar ni de que avergonzarnos – dice José Luis –
- Tu no, pero yo si – señala Magdalena –
- Fuiste engañada, no tienes la culpa. Cuando estemos en la capital comenzaras una nueva vida, no habrá nadie que te recuerdo lo que paso. Estaremos juntos, serás feliz – explica José Luis sin darse cuenta de la expresión lejana de Magdalena –
- Si – responde ella lacónica –
- Te noto tan extraña. Ya no eres la Magdalena de antes, la mujer vehemente, apasionada, te noto cohibida ¿Por qué no me dices todo lo que piensas como hacías antes?
- Es que me siento avergonzada contigo – dice Magdalena –
- ¿Por qué? – pregunta extrañado José Luis –
- Porque me estas haciendo un favor al casarte conmigo.
- No, el favor me lo estas haciendo tú a mí – dice José Luis –
- Me estas rescatando de la vergüenza, estas rescatando a mi hijo de ser un bastardo toda la vida, yo quisiera compensarte como te mereces.
- Me vas a dar tu amor, que más puedo pedir.
- Yo quisiera – Magdalena baja los ojos – quiero ser feliz y olvidar.
- Ha pasado mucho tiempo desde la muerte de ese hombre y si no has olvidado es porque no has querido, porque en lugar de verlo como era, lo consideras una victima – señala José Luis molesto –
- Es que él era inocente – Magdalena defiende a Alejandro –
- No Magdalena no, no lo era – dice José Luis cada vez mas molesto – Ese hombre era un impostor que se hizo pasar por el hijo de un hombre importante, que te engaño.
- No, estoy segura que él no lo sabia, además, me haya engañado o no me quiso mucho – dice Magdalena –
- Y yo también te quiero – protesta José Luis – Solo que estoy vivo y el muerto.
Magdalena suspira y pone gesto de fastidio. José Luis argumenta para intentar convencer a Magdalena que su marido era un indeseable.
- Magdalena. Alejandro no era un ingenuo, al contrario, era un hombre inteligente, suponiendo que él no haya estado de acuerdo con el engaño de Rosario y le cura, en cuanto tuvo en sus manos por primera vez el testamento de Benjamín Almonte seguramente se dio cuenta que las firmas no eran las mismas, es lógico pensar eso, él manejo otros documentos del hacendado y del padre de Maria también.
- Si, pero él decía que el testamento no era el mismo, que había sido cambiado – Magdalena sigue defendiéndole ante el fastidio de José Luis –
- ¿Y la carta que la familia de la señorita Guillén recibió no cuenta para nada? Benjamín Almonte decía no tener hijos ¿Por qué negarlo por tantos años si al final de cuentas lo iba a reconocer? ¡Por favor convéncete! Ese hombre te engaño, tienes que creerme.
Magdalena baja los ojos incapaz de seguir argumentando y se calla.
Josefina regresa a su casa muy contenta, le cuenta a Dimitrio que ha encargado dos vestidos, uno para la fiesta del compromiso de Magdalena y otro para la boda. Dimitrio siente que su hermana se vaya a vivir a la capital, la extrañara. Josefina muy contenta le dice que la capital esta cerca, además, ella tiene una casa allí, asi que podrá ir todas las veces que desee. Dimitrio muy molesto le reprocha que no pierda ocasión de restregarle su dinero por la cara. Josefina muy ofendida se le enfrenta.
- Dimitrio yo creo que ya es suficiente, estoy cansada de tus reproches y de tus complejos. Tiene razón Magdalena, todo son complejos. Te sientes inferior porque yo tengo dinero y tu no, pero yo no tengo la culpa. Si no querías una mujer rica ¿Por qué te casaste conmigo? Te estoy dando todo y no lo quieres, te propuse que anuláramos el matrimonio y tampoco quieres. ¿Que es lo que pretendes de mí? ¿Qué sea infeliz toda mi vida?
- No. – responde Dimitrio asombrado –
- ¿Entonces? ¿Entonces? – grita Josefina –
- Nada, nada – Dimitrio se marcha bruscamente sin mas explicación –
Adolfo ha citado a Maria en un café, le muestra una carta que le envió un amigo que vive en España. En ella le cuenta que después de una ardua investigación puede decirle que no existe ningún marques de la Cruz y Cañizares de origen español, por lo que Adolfo piensa que, o su amigo se equivoco, o Sebastián no es quien dice ser. Maria se sorprende mucho del interés de Adolfo por averiguar cosas de Sebastián y Armida, él le responde que es muy curioso, asi que quiere saber que es lo que ella averiguo, porque aunque para ella no signifique nada, unido a lo que él sabe podrían atar cabos y averiguar muchas cosas sobre la pareja. Maria no acaba de fiarse de Adolfo y no le cuenta nada.
Manuel Calderón esta en una celda del convento malherido, cuidado por Rosario y Alejandro, lleva muchos días inconsciente, por fin recupera el conocimiento. Alejandro le cuenta lo sucedido, después de que le hirieran tuvieron que huir, perdieron las armas y los pertrechos, también a cuatro hombres. Están refugiados en un convento de monjas, que piensan que son una partida de viajeros asaltados por unos bandidos, hay una hacienda cercana. Alejandro esta preparando una incursión, necesitan armas, provisiones y caballos. Manuel le pregunta si ya fue a Puebla, Alejandro le responde que no, quería estar seguro que él se iba a salvar. Manuel le pide que mande a Felipe a Puebla, estando el herido no quiere arriesgarse a que le detengan o le maten en Puebla y el grupo se quede sin jefes. Alejandro no esta muy convencido, pero finalmente accede; Mandara a Felipe a averiguar que ha sido de su mujer y su hijo.
Armida esta en el salón intentando decidirse entre dos collares, pregunta a Maria su opinión y esta despectiva le dice que compre los dos, total dinero es lo que le sobra. Armida se muestra de acuerdo, llega Sebastián, que se sorprende al enterarse de la compra, le reprocha el ritmo de gasto, la fortuna de Almonte es grande, pero como siga gastando asi la va a agotar. Armida le responde que el dinero es suyo y puede hacer lo que quiera. Sebastián le propone casarse con él, ella se niega, ya se lo ha dicho muchas veces, no quiere casarse con él.
- Será un matrimonio solo en apariencia, puedes hacer lo que te dé la gana después – dice Sebastián –
- Pero yo no quiero casarme contigo, tal vez algún día me enamore de verdad – señala Armida –
- Y cuando tu marido descubra que estas compartiendo tu fortuna conmigo ¿Qué va a pasar? ¿Le vas a decir todo?
Armida se pone de pie fastidiada.
- No me molestes ahora con eso.
- Es que no quiero que cometas tonterías – dice Sebastián –
- ¿Cuales tonterías? ¿Hasta ahora he dicho o hecho algo que no sea conveniente?
- No porque yo siempre estoy pendiente de las cosas que estas diciendo – responde Sebastián –
- Mira, hoy amanecí de muy buen humor y no quiero que me lo quites – dice Armida muy enojada – Tomate una copa, ponte a leer o haz lo que quieras, pero a mi no me fastidies.
Maria detrás de la cortina ha escuchado toda la conversación y esta muy sorprendida.
En el convento Alejandro le da las ultimas instrucciones a Felipe antes de su partida para Puebla; Quiere que busque la forma de hablar con Magdalena, pero no quiere que vaya directamente a la casa, ni la tía ni la madre de su esposa deben verlo, le pide que busque otra forma de acercarse a Magdalena, quizá por medio de alguna sirvienta, él sabrá lo que tiene que hacer. Felipe le dice que no se preocupe y parte para la ciudad.
Paula, en el despacho, revisa la lista de invitados que José Luis ha mandado para la fiesta del compromiso, esta muy contenta porque ha invitado a toda Puebla. Carmen sentada frente a ella esta muy inquieta y insiste en que deben decirle la verdad a Magdalena sobre Alejandro, para que al menos este consciente de lo que va a hacer. Paula no quiere ni oír hablar del asunto, esta segura que Alejandro en verdad esta muerto, porque sino habría intentado mantenerse en contacto y esta boda es lo mejor que podía pasarle a Magdalena y al niño, al fin el niño tendrá un nombre, y eso es lo que ellas querían, además, Alejandro no fue nunca el esposo de Magdalena.
La entrada de Magdalena interrumpe la conversación, Paula le enseña la lista y Magdalena pone mala cara, ella no quería una fiesta, habría preferido algo mucho más discreto, se sentirá muy incomoda con tanta gente que hace años que no ve y que ha hablado muy mal de ella.
Paula afirma que ellas no tienen nada de que avergonzarse, esta de acuerdo con José Luis, hay que dar la cara a la gente. Fueron engañas por un hombre que se hizo pasar por un caballero, le pide a Magdalena que no se sienta mortificada, ella no tuvo la culpa de nada y quiere que en su fiesta de compromiso se muestro feliz, como corresponde a una muchacha que se va a casar. Magdalena se calla, pero no parece muy dichosa.
Alejandro y la partida de rebeldes regresan al convento después de la incursión en la hacienda vecina, son interceptados por la madre superiora, que le expresa sus dudas sobre la veracidad de sus afirmaciones. Alejandro acaba confesándole que son rebeldes que luchan contra el gobierno corrupto de Porfirio Díaz, ellos pretenden derrocarle para instaurar un orden mas justo en el que el pueblo no se muera de hambre.
Felipe esta apoyado en la balaustrada frente a la puerta de la casa de los Mendoza, ve salir a una sirvienta joven que lleva una cesta para hacer el mandado y la sigue.
José Luis visita a Magdalena, sentados en el sofá, José Luis habla sobre su futuro a una Magdalena distante que a duras penas consigue responder con monosílabos.
- La familia del capitán Aguirre tiene una casa en la capital que nos puede alquilar, dice el capitán que es cómoda y bonita, en una zona muy elegante – José Luis toma la mano de Magdalena y le dice feliz ajeno a su expresión – Magdalena me parece imposible que al fin seas mi esposa, tantos años que hemos esperado ¿Estas contenta?
- Si – contesta Magdalena distante ¿Y tu?
- ¿Lo dudas? – responde José Luis exultante –
- ¿No te arrepentirás? – pregunta dubitativa Magdalena –
- Es lo que más he deseado en la vida – responde feliz José Luis –
- Pero ahora tengo un hijo que siempre te va a recordar el pasado – señala Magdalena –
- El pasado no importa y querré a Alejandrito como si fuera mío, te lo prometo Magdalena.
- Gracias – responde Magdalena lacónica –
Felipe a abordado a la sirvienta de los Mendoza, le lleva la canasta y mientras tanto la va interrogando con discreción, asi se entera de la vida y milagros de Magdalena, esta tiene un hijo, su marido murió, pero dicen que no era su marido sino que la engaño, ahora se va a casar, el sábado es la fiesta del compromiso, para esa ocasión hasta han mandado instalar la luz eléctrica.
La superiora del convento busca a Alejandro en el patio, ha estado pensando en lo que le contó la noche anterior, ella comprende la bondad de sus intenciones, pero para realizarlas ellos también roban y matan. Alejandro señala que no piensan poner la otra mejilla, y la monja afirma que esta segura de ello, le pide que en cuanto Manuel Calderón pueda caminar se vayan, esa casa es un lugar santo y no pueden dar refugio a gente como ellos. Alejandro comprende a la superiora y le da las gracias por su ayuda, le pide un ultimo favor que deje quedarse en el convento a su madre, la superiora acepta.
José Luis se ha marchado y Magdalena permanece en el salón sola, sentada en el sofá con la mirada perdida y una expresión de profunda tristeza, entra Carmen.
- ¿Qué estas haciendo aquí solita? – pregunta Carmen mientras se sienta a su lado - ¿Pensando?
- Si, en esta nueva boda que va a ser como la otra. También aquella vez me case sin estar enamorada de mi marido – dice Magdalena triste –
- Bueno, pero después lo llegaste a querer – responde Carmen nerviosa e insegura – A lo mejor también ahora va a pasar lo mismo. Además, tu antes estabas muy enamorada de José Luis.
- Si, lo quise, pero nunca como Alejandro. ¿Tía de verdad crees que Alejandro se caso conmigo sabiendo que no era hijo de Benjamín Almonte? ¿Qué me engaño? – pregunta Magdalena acongojada –
- Hija ¿Qué quieres que te diga? Es lo que todo el mundo piensa.
- También José Luis. Pero yo no puedo creerlo, mas bien no quiero. Prefiero conservar su recuerdo limpio ¡Lo quise tanto tía!
Carmen se decide a contarle a su sobrina que Alejandro esta vivo comienza.
- Magdalena si yo te dijera...
La sirvienta irrumpe en el salón interrumpiendo la conversación; Han terminado de instalar la luz eléctrica y van a encenderla, Magdalena se levanta curiosa y sale al vestíbulo, Carmen no tiene mas remedio que seguirla y toda la familia contempla como se enciende la lámpara.
Felipe regresa al convento y es recibido por un impaciente Alejandro que le pregunta que averiguo; El muchacho le cuenta que trabo conversación con una sirvienta y por ella se entero que su esposa y su hijo están bien, siguen viviendo en la casa de los Mendoza con su tía y su madre, pero tiene que decirle algo que no le va a gustar, se ha enterado que su esposa se va a casar.
Fin del capitulo 65.
Mar




Escrito desde Apr 21, 2003, 3:17 PM

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Capitulo 64 de "Bodas de Odio"

by Mar

Carmen le pide la carta a Felipe, este insiste en entregarla personalmente pero Carmen no le da acceso a la casa, finalmente se ve obligado a dársela a Carmen, que promete hacerla llegar a Magdalena. Felipe se retira advirtiendo que en la noche volverá por la respuesta.
Cuando cierra la puerta Carmen se queda petrificada en el centro del vestíbulo con la carta en la mano sin saber que hacer, Paula que baja las escaleras se da cuenta y pregunta quien escribió. Carmen sin reponerse todavía de su asombro, responde que Alejandro, que esta vivo, esa carta es para Magdalena. Paula le quita la carta de las manos y entra en el despacho seguida por Carmen que intenta arrebatársela, una vez cerrada la puerta Paula abre la carta de Alejandro y la lee en voz alta:

Mi amor:
No sabes cuando me duele esta lejanía, ni siquiera pude despedirme, estrecharte entre mis brazos una vez más. Ahora que no te tengo cerca, me arrepiento tanto de los días desperdiciados en dudas y celos estúpidos, te extraño tanto a ti y a nuestro hijo. Te mando esta carta para que estés tranquila, para que sepas que nada malo me ha pasado.
No sé cuando volveremos a vernos, pero te pido que tengas fe en mi. Desgraciadamente no pude encontrar al padre Abundio y temo que sin su testimonio me declaren culpable, pero tu no debes dudar, el apellido que te di es legitimo, eres mi esposa y lo seguirás siendo hasta que Dios nos dé vida.
No puedo decirte donde estoy, pero me encuentro con unos amigos, junto con mi madre y Cipriano.
Cuéntale a Felipe, el muchacho con quien te envié esta carta, todo lo referente al juicio que seguramente se estará siguiendo en mi contra, pero pase lo que pase tienes que creer en mi.
En un primer momento pensé en que te reunieras conmigo, pero me di cuenta que tu y la criatura difícilmente podrían soportar esta vida, pero no desesperes, sabes bien que haré hasta lo imposible para que volvamos a estar juntos.
No me olvides Magdalena, piensa mucho en mi, porque yo no dejare de hacerlo ni un instante.
Un beso a ti y a mi hijo. Te amo.
Alejandro.

Carmen ha escuchado la lectura de la Carta desecha en llanto, esta tan emocionada que no puede ni hablar, la voz de Paula ha temblado por la emoción en muchos pasajes de la lectura, las dos se miran con enorme tristeza.
- ¡Ay Paula! Que pena, que pena – se lamenta Carmen sollozando –
- Si – dice Paula muy afectada mientras mete la carta en el sobre – Pero no debemos enseñársela a Magdalena.
- ¿Por qué? – pregunta Carmen asombrada – Tiene derecho a leerla, además, ella piensa que esta muerto.
- Es mejor que sigua creyendo eso – dice Paula con firmeza –
- No, no de ninguna manera, esta vez no voy a solapar tus engaños, no estoy de acuerdo contigo Paula. Magdalena esta destrozada, cree que su marido a muerto por lo menos que le quede el consuelo de que no es asi.
- Pero no te das cuenta que si sabe que Alejandro esta vivo menos podrá olvidarlo, si se entera es capaz de hacer una tontería, podría insistirle a ese muchacho para que la lleve con él – dice Paula angustiada –
- No, de todos modos, es ella la que tiene que decidir – Carmen va hacia la puerta dispuesta a llamar a Magdalena –
- Carmen, Carmen, por Dios reacciona – Paula la retiene - ¿Quieres que mi hija se desprestigie aun más? ¿Qué se escape con ese hombre que ni siquiera es su marido?
- Yo no estoy tan segura de eso, a lo mejor es verdad que cambiaron el testamento por otro – dice Carmen sin dejarse convencer –
- Aunque fuera cierto, ante los ojos de todo el mundo Alejandro no es hijo de Almonte y Magdalena legalmente no esta casada con él.
- Pero Paula, Paula ¡Por Dios! Tu hija esta desesperada entiéndelo, es que no te da pena verla tan desdichada, es que otra vez vas a anteponer “el que dirán” ante su felicidad – dice Carmen angustiada – Mira, podríamos decir que se ha marchado a la capital, o al extranjero, pero ella lo ama Paula entiéndelo. ¿Pero como puedes ser tan dura? ¿Qué tienes en lugar de corazón? Una piedra.
- Eres injusta conmigo Carmen – responde Paula con la voz quebrada - ¿Crees que no quiero a mis hijos? ¿Qué no me duele la infelicidad de Magdalena? Pero seria peor ¿no te das cuenta? ¿Qué vida le espera junto a Alejandro? Es un fugitivo, toda la vida se la pasaría escondiéndose, de pueblo en pueblo, a salto de mata y siempre con la angustia de que alguien lo reconozca y lo arreste. Si tiene que andarse escondiendo ¿Cómo encontrara trabajo? ¿Y de que? De peón de mozo. ¿Qué futuro le espera a Magdalena y a su hijo?
- Pero ella lo quiere – responde Carmen sin dejar de llorar – Por lo menos vamos a decirle que esta vivo.
- ¿Y que ganaríamos con eso? Que su desdicha dure toda la vida, en cambio si lo cree muerto con el tiempo se resignara, volveremos a verla animada, tranquila. Carmen, sé que la quieres mucho, yo también la quiero, no soy tan inhumana como ustedes piensan, todo lo que hice fue buscando su bien. Te lo digo sinceramente, si arregle su matrimonio con Alejandro fue porque creí que era lo mejor para ella, y lo fue por un tiempo, se enamoro de él y si no hubiera sucedido esta desgracia ahora seria feliz, pero como están las cosas si permitimos que Magdalena se entere de la verdad, le quitaremos la oportunidad de rehacer su vida ¿Qué puede ofrecerle ahora Alejandro? ¿Cuánto durara el amor en esas condiciones? ¿Un año, dos, y después que?
Felipe llega al campamento rebelde, Alejandro lo recibe impaciente; Felipe le dice que entrego la carta a su esposa, no pudo hacerlo en mano y se la dejo a su tía, la de Víctor Garay no pudo entregarla, no esta en Puebla y nadie supo darle razón de su paradero, le entrega a Alejandro las dos cartas, la de Víctor y la respuesta a la de Magdalena. Alejandro se retira del grupo para leerla, la abre impaciente y se encuentra que la carta es de Paula:

Alejandro:
Recibimos tu carta y perdóname si no se la enseñe a Magdalena pero estoy segura que comprenderás mis razones.
Desgraciadamente las autoridades te han desconocido como hijo de Benjamín Almonte y te han declarado un impostor, tu fabrica, la casa y la hacienda ya pasaron a manos de la señorita Armida Guillén, y nosotros, ya podrás comprender como nos sentimos, mas que nada por la deshonra de Magdalena.
Yo no sé si tu seas quien dices ser, pero la realidad es que mi hija ya no tiene derecho a llevar el apellido Almonte y el niño tampoco. A los ojos de todos el mundo, ella es una mujer que ha sido burlada y que tiene un hijo ilegitimo. Te imaginaras la pena tan grande que la embarga.

Alejandro termina de leer la carta con gesto de amargura y desesperación. Rosario se acerca a preguntarle que dice Magdalena en su carta. Alejandro, con profunda tristeza, le dice que la carta es de Paula, en ella le cuenta que ya le desconocieron como hijo de Almonte, que Magdalena sufre mucho y que no tiene derecho a importunarla, por lo menos mientras se siga creyendo que no soy su marido. No sabe que pensara Magdalena, pero doña Paula esta vez si tiene razón ¿Qué puede ofrecerle a ella y a su hijo? ¿Una vida de fugitivo? No, no, es mejor que se queden allá, tranquilos, seguros.
La conversación se ve interrumpida por los gritos de Manuel Calderón; Una patrulla de soldados se acerca, hay que irse, los rebeldes desmontan rápidamente el campamento.
Han pasado mas de tres años desde que Magdalena y Alejandro se vieron obligados a separarse, estamos en 1910. Alejandrito esta a punto de cumplir cuatro años. Magdalena esta con su hijo en el despacho, su madre entra para anunciarle la visita de José Luis que ya ha sido ascendido a coronel, el presidente ha cumplido la promesa que le hizo a la madrina de Angélica. José Luis ha vuelto a frecuentar la casa con propósitos matrimoniales. Magdalena sale a recibirlo, se sientan en el salón. José Luis le cuenta que el señor presidente desea tomarlo a su servicio y eso significa que tendrá que trasladarse a vivir a la capital, le ruega que vaya con él, quiere que acepte su proposición y se case con ella. Magdalena le agradece su bondad y intenta rechazarle con diplomacia; Ella no es la mujer que él se merece, puede casarse con cualquier señorita sin ninguna mancha en su pasado. José Luis insiste; Ella es la única que le interesa. Llega Paula con el té, se muestra muy amable con José Luis, cuando este le cuenta las novedades, se sorprende de la brillante carrera que ha realizado en tan poco tiempo y lo felicita. Carmen se incorpora a la conversación y cuenta las ultimas murmuraciones sobre Armida Guillén, que esta dando mucho que hablar, parece que va de escándalo en escándalo, se pasa la vida de fiesta en fiesta, dicen que juega y se emborracha. Si la viera el viejo Benjamín Almonte se revolvería en su tumba, por supuesto ninguna de las señoras decentes frecuenta su casa. Magdalena, incomoda, aprovecha la entrada de su hijo en el salón para disculparse y salir. Paula señala que esas conversaciones mortifican mucho a su hija. José Luis lo comprende perfectamente y aprovecha la ausencia de Magdalena para buscar la complicidad de Paula en su proposición de matrimonio. Sus sentimientos no son nuevos sino de mucho tiempo atrás, ahora tiene una posición suficiente para mantener a Magdalena como se merece, tiene que trasladarse a la capital y de ese modo Magdalena se alejara de las murmuraciones, allí nadie tiene porque saber lo que sucedió. Esta dispuesto a reconocer al hijo de Magdalena como propio, porque para él Alejandrito es tan solo hijo de Magdalena, y como tal esta dispuesto a quererlo. Paula le dice que la decisión la tiene que tomar Magdalena. José Luis lo sabe, pero quiere que Paula influya sobre ella y apoye su petición, sabe que en otro tiempo le rechazaron porque no era nadie, pero en este momento las cosas han cambiado.
José Luis se despide y se retira, Magdalena le acompaña a la puerta y después sube a los dormitorios con su hijo. Paula y Carmen se quedan solas en el salón, después de asegurarse que no las escuchan Carmen mira a su cuñada desesperada y pregunta que van a hacer ante la nueva perspectiva. Paula no lo sabe; A ella José Luis continua sin gustarle, aunque ya no es el pobre diablo de hace unos años, pero es la única proposición de matrimonio que Magdalena ha recibido y esta segura que será la única. Carmen deja claro que no se refería a eso, ella piensa que para que Magdalena sea capaz de decidir con justicia, debe saber que Alejandro esta vivo. Paula la mira como si hubiera enloquecido. Después de que callaron durante tanto tiempo no se lo van a decir ahora. No quiere que Magdalena vuelva a sumirse en la desesperación, ahora que esta tranquila y contenta. Carmen sonríe con tristeza y le hace ver que Magdalena dista mucho de estar contenta. Paula afirma que por lo menos esta tranquila y resignada, además, Alejandro nunca fue su marido, hace años que no saben nada de él, lo mas seguro es que haya olvidado a Magdalena o que de verdad este muerto. Carmen no esta nada convencida, ella piensa que hay que decírselo, además, cabe la posibilidad de que Alejandro regrese cuando Magdalena ya este casada.
Carmen esta muy preocupada y se siente culpable por haber callado tanto tiempo, entra en el dormitorio de Magdalena para hablar con ella, comienza conversando sobre el próximo cumpleaños del niño, le están preparando un pastel enorme. Magdalena sonríe y dice que en lo goloso es en lo único que Alejandrito se parece a ella, en lo demás es igual que su padre.
- ¿Sigues pensando en él? – pregunta Carmen –
- Sí. – responde Magdalena con tristeza – ¿Es normal, no?
- ¿Pero ya no te duele?
- ¿Por qué quieres que hablemos de él? – pregunta Magdalena con una sonrisa triste – Por años nadie ha mencionado su nombre en esta casa.
- No es por morbo, ni por molestarte, quiero saber que sientes ahora que ha pasado tanto tiempo.
- Pienso en él como el hombre que más he querido en mi vida, lo recuerdo con mucho cariño – duda y continua con profunda tristeza – Tal vez fue mejor que muriera, no por mí, si no por él, un hombre como Alejandro no hubiera soportado la cárcel, la angustia de que su madre estuviera compartiendo su misma suerte.
- ¿Entonces no le guardas ningún rencor por lo que hizo, por haberte engañado?
- Es que Alejandro no me engaño – dice Magdalena muy segura – Si hubo engaño no fue por parte de él, tal vez fue idea de Rosario. Yo también por mi hijo estaría dispuesta a cualquier cosa.
- Pero contéstame hija, contéstame ¿Ya no te duele? – pregunta angustiada Carmen –
- No te preocupes – dice Magdalena con tristeza y amargura – Ya hace tiempo que me he resignado.
En la frontera norte, del lado de EE.UU. Alejandro entra en la oficina de Calderón, regresa de una incursión en territorio mexicano para robar armas al ejercito, todo ha ido bien, se sienta frente a Calderón con aspecto agotado; la próxima vez le toca ir a él. Calderón se ríe y le responde que no habrá próxima vez, ha llegado la orden de regresar a México, Madero puede ganar las elecciones y quiere a sus hombres cerca de las ciudades, Manuel ha elegido Puebla para su grupo. Alejandro recibe la noticia con alegría, desea volver a ver a Magdalena.
Alejandro va en busca de su madre para comunicarle la noticia, Rosario se muestra preocupada, piensa que regresar a Puebla puede ser peligroso.
- Bueno ha pasado mas de tres años, no creo que nos sigan buscando, y aunque asi fuera, cualquier riego valdría la pena mama – dice Alejandro ilusionado - ¡Verla otra vez, ver a mi hijo! Mañana cumple cuatro años. Espero que estén bien, tienen que esta bien los dos. Se me han hecho tan largos estos tres años ¡Ver a Magdalena otra vez! Es que no puedo creerlo mama.
Es el cumpleaños de Alejandrito, están en el salón jugando con los juguetes nuevos y esperando los invitados a la fiesta. Paula le pide a Magdalena que pase al despacho tiene que hablar con ella, se sientan en el sofá y Paula aborda el tema.
- Alejandrito hoy cumple cuatro años y creo que es tiempo que pienses en su futuro, me refiero a la situación del niño. Ahora el no se da cuenta de nada pero dentro de unos años habrá que mandarlo al colegio, es allí donde empezaran los problemas. No quiero presionarte Magdalena, ya una vez lo hice y todo salió mal, por eso eres tu quien debe tomar una decisión. Hija es mi deber de madre hacerte ver la realidad, el coronel José Luis Álvarez me pidió formalmente tu mano, no es el partido que yo hubiera querido para ti, pero como están las cosas... Es el único que lo ha hecho.
- Es que a José Luis no le importan las habladurías de la gente, él me quiere – dice Magdalena –
- Bueno, ahora tiene una muy buena posición, además, goza de la estima del señor presidente.
- Mama, yo aprecio a José Luis, pero no lo amo – señala Magdalena –
- Ya lo sé hija, me da mucha pena decirte esto pero quiero que entiendas que después de lo que paso es muy difícil que otro hombre te pida que seas su esposa. Yo sé que no tuviste la culpa de nada, pero desgraciadamente la gente no piensa asi, ya no puedes pensar únicamente en ti, sino en tu hijo. El coronel esta dispuesto a darle un apellido y ha reconocerlo como suyo, y si te casas ahora que Alejandrito es pequeño llegara a creer realmente que ese hombre es su padre y no tendrá problemas, menos si ustedes se van a vivir a la capital, donde nadie te conoce.
Magdalena ha escuchado a su madre en silencio mientras las lagrimas corren por su rostro. Carmen entra para anunciar que los invitados han llegado, las dos se levantan para acudir. Paula toma la mano de Magdalena y le pide que lo piense detenidamente, después sale. Magdalena se deja caer otra vez en el sofá, triste y angustiada. Carmen se sienta a su lado preguntando que le sucede. Magdalena se lo cuenta secándose las lagrimas y le pide consejo, Carmen se pone muy nerviosa y le pide que decida ella mientras sale deprisa.
Manuel Caldero y Alejandro están planeando el viaje a Puebla, el nerviosismo de Alejandro es tan evidente que Calderón no puede por menos que percibirlo.
- Alejandro estas demasiado nervioso y eso no es propio de ti – señala Calderón –
- Tienes razón, bueno sabes bien porque estoy asi – responde Alejandro –
- Si, te entiendo, yo me sentiría igual, pero en el asunto en que estamos nunca podemos perder el control. Todos te aprecian precisamente por tu arrojo y tu sangre fría, y no quisiera que tus problemas familiares te debilitaran en este momento Alejandro.
- Nadie puede dudar de la firmeza de mis convicciones y creo que lo he demostrado, pero no puedo evitar sentirme nervioso al pensar que pronto voy a ver a mi esposa y a mi hijo y eso no puedes tomarlo como una señal de debilidad precisamente – dice Alejandro muy serio –
- Por supuesto que no Alejandro, y de eso precisamente quería que habláramos como amigos Alejandro. Tienes que estar prevenido, piensa en todas las posibilidades, porque me dolería mucho si sufrieras una decepción.
- Si, durante estos años he pensado muchas cosas – dice Alejandro inquieto -. Tal vez Magdalena ya se olvido de mí, o ha dejado de quererme, o a lo mejor piensa que la he engañado, pero no sé, puede ser que no sea verdad, que me siga esperando, por eso Manuel te agradezco que hayas escogido esa zona, la de Puebla, porque voy a salir de dudas de una vez por todas.
Calderón se despide de Alejandro y Rosario y se retira, Alejandro se queda triste y pensativo, su madre intenta animarlo. Manuel no conoce a Magdalena, pero Rosario esta segura que ella le sigue queriendo.
Magdalena recibe a José Luis que viene al cumpleaños del niño, le entrega el regalo y le pide hablar con ella en privado, pasan al despacho y vuelve a pedirle que se case con él, ya hablo con su madre y su familia no se opone a su matrimonio, esta vez lo aceptan. José Luis le suplica que lo acepte, no se va a arrepentir, le pide que no tenga miedo por su hijo, le dirán a todo el mundo que es de los dos y como tal lo querrá.
Magdalena lo ha escuchado con aspecto triste, por fin se decide y le contesta.
- Esta bien. Gracias – Magdalena parece resignada -
- Gracias a ti por aceptar – dice José Luis feliz mientras le besa la mano –
Fin del capitulo 64.
Mar





Escrito desde Apr 19, 2003, 11:40 PM

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Capitulo 63 de "Bodas de Odio"

by Mar

Rosario espera escondida en una cabaña abandonada el regreso de Alejandro, este vuelve y le cuenta que el padre Abundio ha desaparecido, en su lugar hay otro cura, que llego hace pocos días de Zacatecas. Llega Cipriano que ha ido a investigar a la hacienda; Allí todo parece normal, no hay gente extraña ni soldados, los tres especulan sobre lo sucedido al padre Abundio. Cipriano señala que si han enviado a otro cura es que lo dan por muerto, pero Alejandro y Rosario no quieren plantearse esa posibilidad. Alejandro toma una decisión, iran a la capital, allí se quedaran Rosario y Cipriano, entre tanta gente les resultara más fácil pasar desapercibidos y él regresara a Puebla, tiene que enterarse de lo que sucedió y quiere ver a Magdalena y a su hijo, los tres se ponen en camino.
Doña Prudencia la madrina de Angélica se despide de José Luis, regresa a su casa, antes le ofrece el dinero que pensaba dejarle en herencia a Angélica, considera que se lo merece porque hizo feliz a Angélica en los últimos meses de su vida. José Luis se rehúsa a aceptar; Recibió mucho más de Angélica de lo que le dio. Prudencia viendo que es inútil seguir insistiendo se marcha después de despedirse afectuosamente.
Magdalena esta en su dormitorio sentada en la cama, con la mirada perdida y expresión de infinita tristeza, su tía intenta que salga al jardín a tomar el sol, lleva días encerrada ni siquiera se molesta en vestirse. Magdalena le suplica que no insista y Carmen se marcha muy preocupada, baja al salón donde esta Paula, y le comenta el estado de Magdalena, esta muy triste, si al menos tuviera una tumba donde llorar. Paula se horroriza ante esa idea.
- Mejor asi, hubiera sido vergonzoso que la gente la viera llorando ante la tumba de un hombre que la ha deshonrado de esa manera.
- Pero ella insiste en que Alejandro era inocente – señala Carmen –. Además, lo quería tanto.
Llega Dimitrio muy serio y se deja caer sobre una bocata con aspecto preocupado. Les cuenta que viene del palacio de gobierno, han declarado impostor a Alejandro y todos sus bienes pasaran a manos de Armida Guillén, su familia es victima de las habladurías, unos los compadecen y otros se regocijan platicando la historia. Paula esta muerta de vergüenza, después de esto no se atreverá ni a ir a misa los domingos. Carmen es partidaria de no decírselo a Magdalena, ella sabia que esto sucedería pero en el estado que esta es mejor no molestarla.
Dimitrio pasa a anunciarle a su madre la decisión que ha tomado sobre el futuro, al día siguiente se marchara a hacerse cargo de la hacienda, es el único patrimonio que le queda a la familia y de ahora en adelante solo contaran para sufragar sus necesidades con lo que esas tierras puedan darles. Él no quiere depender mas de Josefina para vivir. Paula protesta, esas tierras nunca han dado lo suficiente, además, Josefina tiene que estar consciente que ahora ya no cuentan con la ayuda de Alejandro. Dimitrio mira a su madre con firmeza y repite que no le volverá a pedir un centavo a su esposa y sin admitir mas discusiones se pone de pie y se retira muy digno.
- ¿Te parece este el momento para mostrarse tan orgulloso? – dice Paula a Carmen indignada –
- Si – responde Carmen rotunda con expresión complacida – Y deberías agradecerle a tu hijo que haya tomado esa actitud, ahora mas que nunca, es cuando nuestra familia debe portarse con dignidad. Me alegro que Dimitrio al fin este madurando – señala Carmen orgullosa –
Paula la mira como si estuviera loca, no muy convencida de las bondades de la nueva actitud de Dimitrio.
Maria y Víctor están sentados en el salón de la casa de Alejandro. Maria se lamenta; Ella quería de verdad a Alejandro, era tan bueno, tan valiente, no puede creer que sea verdad que haya muerto. En medio de la conversación llaman a la puerta, Víctor abre y se encuentra con Armida y Sebastián que le enseñan un documento del juzgado donde se declara a Armida heredera de los bienes de Benjamín Almonte, vienen a tomar posesión. Víctor se retira al despacho con Sebastián para enseñarle los libros y Armida se queda con Maria, con cinismo lamenta lo sucedido a Alejandro; Ella nunca le deseo ningún mal y le pregunta a Maria que va a hacer, esta le contesta que piensa quedarse en Puebla, y le pide trabajo en su casa. Armida acepta tomarla a su servicio.
José Luis en su casa conversa con Rufino sobre lo sucedido, ya se entero que desconocieron a Almonte, compadece a Magdalena y le gustaría buscarla para consolarla. Ella no quiso huir con él por miedo al escándalo y ahora tiene un escándalo mayor, piensa que todavía es demasiado pronto pero pasado un tiempo volverá a buscarla.
Víctor se despide de Maria, ya no tiene nada que hacer en Puebla, regresa a la capital, vuelve a pedirle que se vaya con él, pero Maria se niega, Armida le dio trabajo y se quedara en la casa de Alejandro, porque para ella esta es y siempre será la casa de Alejandro. Víctor no comprende porque quiere quedarse con esa mujer, pero Maria dice tener sus razones. Víctor se despide de ella cariñosamente después de decirle que le mandara su dirección, y si en algún momento lo necesita puede contar con él.
Dimitrio llega a su casa muy deprimido, le cuenta lo sucedido a Josefina; Ya se dicto sentencia y Alejandro fue desconocido como hijo de Almonte, Josefina se preocupa por la reacción de Magdalena ante la noticia. Dimitrio le dice que aun no lo sabe, el se lo comunico a su madre y ella decidirá cuando es oportuno enterarla de la situación.
- ¡Ay pobrecita! – exclama Josefina – Dimitrio ¿tu crees que es verdad que Alejandro sea un impostor?
- Todas las pruebas estuvieron en su contra – asegura Dimitrio con aspecto de no estar muy convencido –
- ¿Y que va a pasar con nuestro ahijado?
- Llevara la marca de ser un bastardo al igual que su padre.
Dimitrio cambia la conversación y anuncia que al día siguen ira a la hacienda para hacerse cargo de ella. Josefina aborda el tema económico, mientras termina el poder que le dio a su hermano ella tiene un dinero que puede utilizar la familia de Dimitrio, se lo ofrece de corazón. Dimitrio se niega rotundamente a aceptar, no volverá a tomar un céntimo de Josefina.
- Por favor Josefina no me tientes a aceptar, vas a seguir pensando que lo único que me interesa de ti es tu dinero y yo ya no quiero que pienses mas eso.
- Entonces quieres decir... – Josefina se interrumpe y lo mira esperanzada –
- Josefina, han pasado tantas cosas tan feas entre nosotros, yo me he portado de una manera tan vergonzosa – Dimitrio baja los ojos avergonzado – Pero yo no te conocía Josefina, tú para mi no eras una mujer era...
- Un negocio – dice Josefina terminando la frase con tristeza –
- Pues sí. – reconoce Dimitrio avergonzado –
- No te culpo, es lógico. Como podía un joven tan apuesto como tu enamorarse de una mujer sin atractivos y, además, mayor que tu – asegura Josefina con infinita tristeza – Fui una ilusa Dimitrio, perdóname.
- Josefina perdóname tú a mí. No sabes cuanto me arrepiento de todo lo que hice. Daría cualquier cosa por borrar el pasado. Yo quisiera decirte tantas cosas, pero es que no puedo, me siento incomodo, me siento acomplejado, tengo miedo que mis palabras suenen falsas y que no me creas.
- Dimitrio si tu quieres podemos pedir la anulación del matrimonio – Josefina tiene el rostro lleno de lagrimas – Al fin no ha sido consumado.
- ¿Eso es lo que quieres? – pregunta Dimitrio alarmado –
- No, yo aun asi prefiero seguir contigo – responde Josefina sin dejar de llorar –
- Josefina yo... – Dimitrio duda, mira a Josefina y no puede enfrentar su mirada, baja los ojos, bruscamente se pone de pie y se marcha –
Víctor va a casa de los Mendoza para despedirse de Magdalena, esta lo recibe en bata, se disculpa por su aspecto; Ha estado enferma.
Víctor se disculpa por haber venido a molestarle, le anuncia que se va a la capital, todo ha terminado y esa mañana Armida a tomado posesión de las propiedades de Alejandro, él se marcha a la capital, le mandara su dirección.
- Señora Alejandro antes de irse me encargo que velara por usted y por su hijo, sé que no es mucho lo que puedo hacer, pero cualquier cosa que se le ofrezca no dude en buscarme. Alejandro no la ha engañado, a pesar de todo lo que digan usted sigue siendo la señora Almonte.
Alejandro acompañado de Rosario y Cipriano continúan su viaje hacia la capital, han acampado en un bosquecillo para descansar. Rosario esta muy preocupada por la intención de su hijo de regresar a Puebla en cuanto los deje a salvo, considera que es muy peligroso. Alejandro le explica que tiene que hacerlo, necesita ver a Magdalena y a su hijo.
- ¿Pero le vas a decir que venga con nosotros, ella y la criatura? – pregunta Rosario preocupada – Yo lo digo porque es una mujer delicada, no creo que se acostumbre a esta vida, además, el niño es muy pequeño.
- Si, yo también lo pensé. Primero voy a hablar con ella y después veremos, necesito saber como están las cosas en Puebla.
Mientras recogen sus pertenencias para seguir camino son asaltados por un grupo de revolucionarios que los toman prisioneros y los llevan a presencia de su jefe, que resulta ser Manuel Calderón, este al reconocer a Alejandro lo saluda con alegría, da orden de soltarlos y los recibe en su grupo. Calderón le cuenta a Alejandro que después de dejarle en libertada se dio cuenta que lo estaban vigilando, Torres Quintero jamás dudo de sus actividades políticas, asi que no le quedo mas remedio que echarse al monte, los que le acompañan son revolucionarios, unos por convicción y otros por necesidad, Calderón esta seguro que Alejandro pronto será uno de ellos.
- Bueno, yo necesito volver a Puebla, tengo que saber lo que paso, tal vez el padre Abundio se presento a declarar a mi favor, además, tengo que ver a mi mujer y a mi hijo – señala decidido Alejandro –
- Es muy arriesgado, al llegar a Puebla no podrá pasar desapercibido, menos si intenta acercarse a su casa. Si lo detienen no tendrá la posibilidad de defenderse – Calderón le propone otra solución a Alejandro – Mire, nosotros estamos de paso hacia la frontera, pero podemos quedarnos aquí unos días mas, mi hermano Felipe es un muchacho muy listo, podrá ir a Puebla, enterarse de lo que paso, y llevarle un mensaje a su esposa.
Alejandro duda, comprende que es prudente lo que le ofrece Calderón, pero él desea ver a Magdalena y su hijo. Calderón lo entiende, esta dispuesto a ayudarle porque se siente en deuda con él por lo sucedido en Puebla, pero es Alejandro el que tiene que decidir.
Josefina va a visitar a Magdalena, esta sigue encerrada en su dormitorio, sin siquiera vestirse. Josefina alaba a su ahijado y intenta confortar a Magdalena, pero nada parece capaz de traspasar el muro de tristeza y melancolía que la rodea. Josefina se cuestiona ante Magdalena si es prudente hablar de lo sucedido o es mejor no mencionarlo.
- De todos modos no hago mas que pensar en él – dice Magdalena sonriendo con tristeza - ¡Yo lo quería tanto!
- ¿A pesar de que te engaño? – pregunta Josefina –
- No. Alejandro no me engaño – responde Magdalena ofendida –
- ¿Tu piensas que de verdad era hijo de Benjamín Almonte? – pregunta extrañada Josefina –
- Si – responde Magdalena rotunda sin ninguna duda –
- Pero si el testamento era falso.
- El no me engaño – repite Magdalena muy segura –
Doña Prudencia la madrina de Angélica es recibida por el Presidente Porfirio Díaz. Su visita tiene como motivo la carta que Magdalena escribió para Angélica, en la que esta le pedía a su madrina que ayudara a José Luis en su carrera militar. La señora considera que esa es la ultima voluntad de Angélica y quiere cumplirla, después de contarle todo lo sucedido al presidente este se muestra dispuesto a ayudarla, de principio ascenderán a José Luis y después poco a poco promoverán su carrera. Doña Prudencia le advierte que José Luis no debe saber nada, es muy orgulloso y no aceptaría.
Alejandro ha decidido aceptar el ofrecimiento de Manuel Calderón y le entrega dos cartas a Felipe, una para Magdalena y otra para Víctor, este parte hacia Puebla. Rosario se acerca a su hijo y le pregunta que le dice a Magdalena en la carta, quiere saber si le pide que venga a reunirse con él.
- No, no yo no sé cuál será mi futuro y no puedo obligarla a llevar esta vida – responde triste Alejandro – Somos unos prófugos mama y dinero ya no tengo. Magdalena es una mujer acostumbrada a llevar una vida cómoda, fácil y sufriría demasiado a mi lado, además, no quiero que mi hijo pase privaciones.
Rosario se siente culpable de lo sucedido, si ella no le hubiera dicho al padre Abundio que Alejandro era hijo del patrón nada de esto hubiera sucedido, serian pobres pero vivirían tranquilos y él tendría a su mujer y su hijo. Alejandro sonríe con tristeza y le contesta que con otra mujer tal vez, pero no con Magdalena, ella se caso con él porque era un hombre rico. Tranquiliza a su madre, ella no tiene la culpa de nada y él sobre todo confía en ella, sabe que todo lo que dijo era la verdad. Si las cosas no se aclaran lo siente sobre todo por ella que tendrá que llevar una vida incomoda, por Magdalena y por su hijo. Alejandro expresa su tristeza y desesperanza; Quien sabe hasta cuando vaya a estar en condiciones de traerlos a su lado, tal vez nunca.
Felipe llega a Puebla y se presenta en la casa de Alejandro, pregunta por la señora Magdalena. Armida que ha abierto la puerta responde incomoda que ya no vive allí. Felipe necesita saber donde puede encontrarla porque hace algún tiempo encargo una tela en su tienda y tiene que entregársela. Armida responde que vive en casa de su madre, cuando Felipe intenta preguntar por Víctor Garay le cierra la puerta en las narices.
Felipe llega a casa de los Mendoza y abre la tía Carmen, él le dice que tiene que entregar una tela que Magdalena encargo y su patrón le dio orden de entregársela personalmente a la señora Magdalena. Carmen hace caso omiso, toma el paquete y entra en la casa para dárselo a Magdalena, que lo abre sorprendida, ella no encargo nada, y le pide a su tía que lo devuelva. Carmen regresa al recibidor y intenta echar a Felipe que se ve obligado a decirle el motivo de su visita; Trae una carta de Alejandro Almonte.
Fin de capitulo 63.
Mar




Escrito desde Apr 18, 2003, 9:30 PM

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Capitulo 62 de "Bodas de Odio"

by Mar

Magdalena llora desesperada mientras lamenta que Alejandro se fuera sin ella. Dimitrio le cuenta que llego la policía a buscarle y no le quedo mas remedio que escapar. Víctor le contó que Alejandro quería ir a buscarla a casa de su madre pero no tuvo tiempo, escapo con Rosario, nadie sabe donde fueron.
- Mira Magdalena, yo no sé si Alejandro sea culpable o no – dice Dimitrio –
- Por supuesto que no – asegura Magdalena ofendida por la duda –
- De todos modos la verdad tal vez nunca la sabremos.
- ¿Pero que dijo Alejandro antes de irse? ¿Se va a poner en contacto conmigo?
- Puede ser que si – Dimitrio enfrenta a su hermana muy serio – Mira Magdalena escúchame, tienes que estar enterada de todo lo que te va a pasar. En cuanto las autoridades declaren que Alejandro Almonte es un impostor, y tienes que estar consciente que solo un milagro puede evitarlo, tu matrimonio con Alejandro no existirá.
- ¿Cómo? – Magdalena mira a su hermano incrédula –
- Mira, tu te casaste con Alejandro Almonte, pero si ese hombre no es Alejandro Almonte, tu matrimonio será nulo, te habrás casado con alguien que no existe.
- Almonte o no yo me case con él – asegura Magdalena con firmeza –
- Bueno, viviste con él, tuviste un hijo suyo, pero sin estar casada – aclara Dimitrio –
- No es cierto, no es verdad, no puede ser cierto Dimitrio, no es verdad – Magdalena desesperada se niega a admitir lo que su hermano le cuenta mientras llora sin saber que hacer –
Alejandro y su madre han conseguido salir de la ciudad en el carruaje conducido por Cipriano, han tomado la carretera que los conducirá a Zacatecas, viajan deprisa y el carruaje traquetea y salta en los numerosos baches del camino. Rosario le dice a su hijo que lo mejor hubiera sido quedarse, porque al escapar todos van a pensar que es culpable. Alejandro le contesta que Torres Quintero debe haber arreglado las cosas para que todos crean que es un impostor, el único que puede ayudarle es el padre Abundio, nadie se atreverá a dudar de la palabra de un sacerdote en un juicio, y, además, si falsificaron las firmas, la letra del padre también debe estar falsificada y eso se puede probar si el padre Abundio aparece. Rosario esta preocupada porque su hijo pueda pensar que ella mintió, Alejandro la tranquiliza, confía en ella, pero todo este asunto debe aclararse porque si lo desconocen como hijo de Almonte, Magdalena ya no será su esposa y su hijo se convertirá en un bastardo.
Cipriano avisa que más adelante, hay un reten de soldados guardando el camino, al llegar el coche a ese lugar los soldados le dan el alto. Cipriano detiene los caballos, el oficial se acerca al coche. Alejandro abre la portezuela y pregunta porque los detienen, el oficial respetuoso quiere saber su nombre. Alejandro le responde que es Fernando de la Vega que viaja de Cholula a la capital. El oficial le pide alguna documentación que acredite su personalidad. Alejandro muy sereno asegura que tuvo que emprender el viaje con suma urgencia y no pensó en llevar ningún documento que lo identificara. El oficial se retira, habla unos momentos con otro soldado y después vuelve a acercarse al carruaje, pidiendo muy amable que le acompañen al puesto de guardia, pues se parece mucho a la descripción que tienen de un fugitivo, que viaja con una señora y su criado, y le pregunta directamente; ¿No es usted el señor Almonte? Alejandro le da un empujón, tira al suelo al oficial, cierra la portezuela a la vez que Cipriano pone los caballos a galope, los soldados disparan al coche, cuando ven que este desaparece, suben a los caballos persiguiéndolos.
Alejandro después de asegurarse que Cipriano y su madre están bien, que no los alcanzo ninguno de los disparos, le grita a Cipriano en la próxima curva aminore la velocidad del coche para que su madre y él puedan saltar del coche, es mejor continuar la huida a pie, al llegar a la curva el coche se detiene y los dos bajan. Alejandro le pide a su amigo que azuce los caballos y se lance, pero Cipriano lanza los caballos a galope sin hacerle caso mientras grita que los alcanzara en la noche. Alejandro y su madre se ocultan detrás de un terraplén, entre unos árboles, y desde allí ven pasar a los soldados que persiguen el coche.
En casa de los Mendoza, Paula, Carmen y Dimitrio están reunidos en el salón para estudiar la situación. Paula considera que la huida de Alejandro es una declaración de culpabilidad. Dimitrio y Carmen no están de acuerdo, él no tenia otra salida fuera inocente o culpable, porque poco habría podido hacer desde la cárcel. Paula defiende su posición; El testamento que obra en poder del juez lo entrego el propio Alejandro y el magistrado Ordóñez es un hombre honorable, ella cree que son culpables y no sabe que hacer ante la vergüenza que se va a abatir sobre la familia. Dimitrio considera que en este momento no pueden hacer nada, él ya advirtió a Magdalena sobre lo que va a ocurrir, ella se niega a creerlo. Paula piensa que su hija debe abandonar la casa de Alejandro, ella ya no tiene nada que hacer allí. Dimitrio no ve necesario torturar mas a Magdalena con ese tipo de peticiones, de todos modos va a tener que abandonarla en poco tiempo; En cuanto el juez desconozca a Alejandro como hijo de Almonte, todo pasara a manos de Armida Guillén.
Magdalena esta sentada en la cama de su dormitorio llorando desesperada, Víctor pide autorización para entrar, esta muy preocupado por Magdalena, esta no ha dejado de llorar en todo el día y no ha querido comer nada, insiste para que al menos cene algo. Magdalena no tiene hambre pero quiere saber donde fue Alejandro, esta segura que Víctor sabe algo, comprende que no se lo haya querido decir a su hermano, pero a ella debe contárselo, no dirá nada a nadie. Víctor responde que cree que ha ido a Zacatecas a buscar al padre Abundio, es su única posibilidad de demostrar que lo que dice es cierto y el testamento ha sido falsificado.
- ¿Y usted cree que el testimonio del padre Abundio seria suficiente para que las autoridades le crean? – pregunta Magdalena esperanzada –
- Señora la palabra de un sacerdote ante un jurado tiene mucho peso – afirma Víctor –
- ¡Ay Dios mío, ojala lo encuentren! – exclama Magdalena –
- Señora antes de irse me dio que estuviera usted tranquila, que confiara en él, que le mandaría un recado tan pronto como le fuera posible, él quería ir por usted a casa de su señora madre pero ya no tuvo tiempo.
- ¿Estaba muy angustiado?
- Si, mas que nada por la pena de separarse de usted y de su hijo.
Magdalena le da las gracias a Víctor por su información y sus atenciones, cuando él se retira continua llorando sin consuelo.
Ha caído la noche, Alejandro y Rosario siguen escondidos entre los árboles esperando a Cipriano, Alejandro ha ido varias veces hasta el camino buscando su rastro en vano, esta muy preocupado tiene miedo que los soldados lo hayan matado, deja a su madre delante de un fuego y vuelve a salir para rastrear la zona. Rosario se queda esperando, al rato escucha unos ruidos que se acercan, se asusta y toma un tronco que hay cerca de ella y se apresta a defenderse, intenta golpear al bulto que sale de entre los árboles, se oye la voz de Cipriano protestando ante el recibimiento, ya esta bastante golpeado, no le hace falta que Rosario lo remate. Alejandro escucha las voces y acude rápidamente, interroga a Cipriano sobre lo sucedido, este le cuenta que lanzo los caballos a galope y al llegar al puente sobre el rió hizo que se desbocaran, salto del coche, este se despeño y cayo al rió, los soldados registraron las orillas bastante tiempo hasta que se convencieron que no había superviviente, pues el rió en esa zona es muy hondo, con orillas muy escarpadas y la corriente arrastro rápidamente el carruaje y los caballos, después de escuchar la explicación de Cipriano Alejandro se queda mas tranquilo y los tres se ponen en camino.
Sebastián llega a su habitación del hotel donde lo espera Armida muy preocupado, se ha enterado que Almonte ha escapado y aunque en principio pueda parecer bueno, porque de esta forma ante los ojos del mundo será una confirmación de su culpabilidad él no esta tranquilo, Almonte es un hombre peligroso, si queda libre puede intentar tomar venganza y si se pone a investigar sobre ellos tiene miedo de lo que pueda pasar. Armida no cree que Alejandro pueda averiguar nada, no tiene datos, además, debería viajar hasta Perú para investigar y no cree que eso sea posible.
El oficial que mandaba la patrulla que detuvo el coche de Almonte se presenta delante de Torres Quintero para dar cuenta de su muerte.
- Estábamos de guardia en la carretera, cuando apareció un coche de dos caballos, en el interior viajaba un caballero y una señora mayor, cuando le pregunte por su nombre dijo llamarse Fernando de la Vega, en viaje de Cholula a la capital, me acorde de la descripción que nos mandaron del cuartel general del señor Almonte y este hombre se le parecia mucho.
- ¿Cómo era? – pregunta Torres Quintero –
- Alrededor de los treinta y cinco años, güero, ojos claros, fuerte... Le dije que tenia que acompañarnos al puesto de guardia, la señora que iba con él se veía muy asustada...
El militar termina su relato y Torres Quintero se convence que su enemigo esta muerto, de regreso a su casa le da la noticia a Adolfo y pretende que este le entregue el testamento, ya que después de la muerte de Almonte no tiene caso que lo conserve, él esta dispuesto a firmarle un documento ante notario donde se compromete a pasarle una cantidad mensual. Adolfo sonríe cínico y le pregunta suavemente si Magdalena Mendoza ya lo sabe, dejando muy claro que aun quedan herederos, Torres Quintero palidece.
Paula y Carmen han recibido la noticia de la muerte de Alejandro por un recado de Torres Quintero y van a casa de Magdalena para darle la noticia, Paula comienza por intentar convencer a Magdalena para que regrese a su casa, pero ella se opone, esta en su casa y, además, Alejandro prometió ponerse en contacto con ella, Paula y Carmen se miran, al fin Paula se arma de valor y habla.
- Magdalena, tenemos que decírtelo, esta mañana un empleado de Torres Quintero llego a la casa con una noticia, resulta que una patrulla de soldados detuvo el coche donde él viajaba con su madre, los reconocieron, quisieron escaparse pero al llegar a un puente los caballos se desbocaron y cayeron al rió, murieron todos los ocupantes del coche.
- No, no es cierto, no es verdad – las lagrimas comienzan a deslizarse por el rostro de Magdalena que se niega ha aceptar la muerte de Alejandro –
- Hijita tienes que resignarte – dice Carmen –
Magdalena se pone de pie, se lleva las manos a la cabeza y llora desesperada mientras grita.
- No, Alejandro no puede haber muerto.
Paula se pone de pie y se acerca a su hija muy afectada por su dolor intentando calmarla.
- Magdalena por Dios cálmate hija.
Magdalena se agarra a su ropa zarandeándola inconscientemente mientras grita desesperada.
- Dime que no es cierto, dime que me estas mintiendo.
Paula sostiene a su hija que rota de dolor solloza desesperada contra su hombro.
Dimitrio esta en el salón de su casa leyendo el periódico cuando escucha llegar a Josefina que entra en la casa llamándole a gritos, la ve entrar en tromba en el salón, se tropieza con una butaca con la prisa y rueda por el suelo. Dimitrio se levanta para ayudarla asombrado por su comportamiento, ella se levanta muy apurada y le cuenta lo que ha oído en una visita que estaba haciendo; Alejandro Almonte ha muerto, y, además, estaban diciendo que era un impostor, que realmente no era hijo de Benjamín Almonte, ella no puede creer que sea cierto. Dimitrio reacciona rápidamente, le dice que no sabe si es o no cierto que Alejandro sea un impostor, pero tiene que averiguar si es verdad la noticia de su muerte, se marcha rápidamente seguido por Josefina que grita muy excitada que ella le acompaña.
José Luis esta sentado en el salón de su casa muy triste cuando ve llegar corriendo a Rufino que parece muy excitado. Este le cuenta un rumor que recorre toda Puebla, resulta que Alejandro Almonte ha muerto, pero no era Almonte, parece que era un impostor, había sido descubierto y huía de los soldados, el coche se callo por un puente y todos los ocupantes se ahogaron, lo que más preocupa a José Luis ante esta noticia es si Magdalena viajaba en el coche y parte rápidamente para el cuartel a por noticias.
Magdalena sentada en la cama de su dormitorio sigue llorando sin consuelo. Paula a su lado, ya no sabe que hacer para aliviarla, le repite que se calme pero no hay consuelo para ella. Paula impotente, se pone de pie y deja su sitio a Carmen que sienta sobre la cama al lado de Magdalena, le toma la mano y se la aprieta intentando transmitirle fuerza.
- Magdalena mi amor ya no llores – dice Carmen cariñosa –
- Pero es que no puede estar muerto tía, Alejandro es toda mi vida ¿Qué voy a hacer sin él? – Magdalena mira a su tía con expresión desesperada sin dejar de llorar –
- Te entiendo hija, te entiendo, pero nos tienes a nosotras, a tu hijo.
- Pero Alejandro... Alejandro, es que no quiero que hay muerto – solloza desesperada –
Carmen la abraza contra su pecho y la acuna como si fuera una niña.
- No quiero pensar que no lo voy a volver a ver. ¡No puede ser, no debe ser! – repite Magdalena como una letanía mientras su tía la acuna intentando calmarla-
Víctor llega en ese momento a la casa y pregunta a Maria que esta sucediendo, extrañado por el ambiente que reina en ella. Maria no sabe nada, solo que llegaron la madre y la tía de Magdalena y ella esta llorando en su recamara como una desesperada. Víctor se preocupa, quizá trajeron alguna mala noticia.
Paula sale de la recamara de Magdalena y pide a Maria que prepare un té para calmar los nervios para su hija, cuando Maria sale le anuncia a Víctor la muerte de Alejandro. Le cuenta que cayeron al rió con el coche cuando los soldados los perseguían y que no hubo supervivientes, los soldados trajeron la noticia. Paula da orden a Víctor de empacar las pertenencias de su hija y su nieto, se trasladaran hoy mismo a su casa, Paula se retira.
Víctor al quedarse solo comienza a llorar. Maria entra y se sorprende al verlo, él le da la noticia; Alejandro ha muerto. Maria no puede creerlo y grita incrédula ¿Muerto? ¿Alejandro muerto?
Dimitrio llega a casa de su hermana y encuentra a Paula y Carmen en el salón, muy preocupadas, se da cuenta que ya saben la noticia pregunta como esta Magdalena, ellas le cuentan que esta desesperada, no tiene consuelo. Paula pregunta a su hijo esperanzada si la muerte de Alejandro detendrá el proceso.
- Se lo pregunte a Torres Quintero – responde Dimitrio – y me dijo que la muerte de Alejandro no tiene nada que ver, de todos modos se le va a desconocer como hijo de Benjamín Almonte, todos sus bienes pasaran a manos de Armida Guillén Almonte.
Josefina que ha venido con Dimitrio, pide permiso para entrar a ver a Magdalena, Carmen la acompaña hasta su dormitorio.
Magdalena sigue llorando sin consuelo, Josefina se acerca a ella compasiva, se sienta a su lado en la cama. Magdalena la mira desesperada.
- No puede ser cierto, Alejandro era mi vida – dice Magdalena mientras sigue sollozando –
- Tienes que resignarte Magdalena – Josefina la abraza con ternura –
- Es que no lo voy a poder hacer nunca. – asegura Magdalena desesperada - Daría mi vida por poder verlo una vez mas y ahora ni una tumba tengo donde llorarle.
- No te angusties Magdalena – Josefina no sabe como aportar consuelo –
- Porque no me fui con él, por lo menos nos habríamos muerto juntos ¡Ojala Dios me llevara junto a él! – dice Magdalena llorando sin consuelo posible –
José Luis regresa a su casa después de haber investigado la noticia de la muerte y impostura de Almonte, esta furioso, rabioso con Alejandro por haber engañado a Magdalena y sobre todo, porque con ese engaño lo separo de ella, compadece a su amor, tiene que estar desesperada y muerta de vergüenza. Rufino le señala que ahora ella es viuda igual que él. José Luis, indignado, aclara que ella no es viuda, nunca estuvo casada, al haberse casado con un hombre que no existe legalmente su matrimonio es nulo.
- Maldito como pudo haberse burlado de ella de esa manera – dice José Luis rabioso – Pero ahora si, ahora si, la orgullosa familia Mendoza se va a arrepentir de no haber permitido que se casara conmigo – asegura José Luis rencoroso –
Magdalena se traslada con su hijo a casa de su madre, se mueve como un autómata, aturdida por el dolor, deja a los demás decidir. Entra en su antigua habitación acompañada de su tía, se sienta en una silla a los pies de la cama con aspecto agotado, Carmen intenta consolarla.
- Yo también sufrí mucho cuando falleció mi marido, entiendo lo que sientes – dice Carmen apretando la mano de Magdalena –
- Pero tu estuviste a su lado hasta el ultimo momento, recogiste sus palabras, lo estrechaste en tus brazos, mientras que yo... es que... yo ni siquiera le puede decir adiós tía – se lamenta Magdalena con los ojos llenos de lagrimas –
- Es verdad, pero a ti al menos te dejo un hijo, yo en cambio me quede sola.
Víctor regresa a casa de Alejandro, Maria sale a su encuentro nerviosa, Víctor le confirma la noticia, la policía le ha dicho que Alejandro esta muerto. Maria se niega a creerlo, mientras no le muestren su cadáver no lo aceptara. Víctor la mira tristemente, ojala él tuviera su fe, pero considera que no hay nada que hacer, pregunta por Magdalena y Maria le anuncia rencorosa, que se fue a casa de su mama con el niño. Víctor considera que fue lo mejor, en unos días ellos también tendrán que abandonar la casa, todo pasara a manos de Armida. Él regresara a la capital y pide a Maria que lo acompañe, pero ella insiste en quedarse en Puebla, quiere tomar venganza, no sabe como pero las ganas de desquitarse de Armida y Torres Quintero no se las quita nadie.
Sebastián va a casa de Torres Quintero para que le confirme la noticia de la muerte de Almonte, este no esta y le recibe Adolfo muy amable, lo invita a tomar una copa comentándole irónico la enorme suerte que tuvo la señorita Armida de que se descubriera la impostura de Alejandro. Sebastián esta inquieto, no sabe muy bien a que juega Adolfo, este continua interrogándole en el mismo tono y Sebastián no tiene mas remedio que responder a sus preguntas; Le cuenta la misma historia de siempre, es un noble español, que viaja por el mundo por diversión. Adolfo sonríe irónico y le señala la enorme suerte que tiene de poseer una fortuna suficiente para hacer esa vida.
Alejandro ha llegado al pueblo de la hacienda, entra en casa del padre Abundio y encuentra a un sacerdote de espaldas atizando el fuego, loco de alegría llama al padre Abundio, el sacerdote se vuelve y Alejandro se da cuenta que hay otro cura en el lugar del padre Abundio.
Fin del capitulo 62.
Mar




Escrito desde Apr 17, 2003, 2:45 PM

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Capitulo 61 de "Bodas de Odio"

by Mar

Ante la insinuación de Torres Quintero de que el padre Abundio huyo Alejandro se molesta profundamente.
- ¿Huyo? ¿De que y por que? – pregunta Alejandro –
- Pues por temor a que su engaño fuera descubierto – dice Torres Quintero altivo-
- ¿Pero cual engaño? – reclama Alejandro desconcertado –
- Hace unos días yo mismo fui al pueblo de la Concepción para hablar con el padre Abundio Canales, me contó toda la historia; Que Benjamín Almonte poco antes de su muerte lo mando llamar, que él lo convenció para que lo reconociera a usted como su hijo, que el hombre arrepentido accedió, como el señor no podía escribir, el cura redacto el testamento y fue firmado por Benjamín Almonte y unos testigos.
- Si, asi fue – asegura Alejandro –
Torres Quintero afirma que el sacerdote se notaba muy nervioso mientras lo estaba interrogando. Alejandro se enfada y levanta la voz, no es posible que Torres Quintero este acusando a un sacerdote tan integro como el padre Abundio de mentir. El juez tiene que pedir a Alejandro que se calme porque ha comenzado a levantar la voz indignado. Torres Quintero explica que los policías que mando a buscar al padre, han regresado diciendo que ha desaparecido y que se esfumo justo después de su visita. Alejandro ahora esta francamente preocupado por la suerte que haya podido correr el padre Abundio. El juez explica a Alejandro que ha sido comprobado que la firma de Benjamín Almonte es falsa, y también la del antiguo administrador, las otras no han podido ser comprobadas. Alejandro lo considera absurdo, el testamento fue autentificado por el juez de Zacatecas y todo era legal, esto es una treta urdida por Torres Quintero para perjudicarle. El juez señala que la firma del administrador no fue reconocida por su hija, y que la de Benjamín Almonte es muy diferente a la de los documentos que obran en poder del ayuntamiento y de la que la señorita Armida Guillén les proporciono para su comprobación.
- ¡Ah, ahora entiendo! – exclama Alejandro – Ya sé de donde viene todo el asunto ¿Puedo ver el testamento de mi padre?
El juez asiente, saca el testamento de una carpeta y se lo entrega a Alejandro que lo revisa detenidamente, después se lo vuelve a entregar al juez.
- Este testamento no es el mismo, la caligrafía del padre Abundio si parece la suya, pero las demás firmas no – afirma rotundo Alejandro –
Dimitrio sigue en casa de su madre discutiendo con Carmen el asunto del testamento de Benjamín Almonte. Carmen no cree que Alejandro haya mentido, ella esta segura que es un hombre honesto. Dimitrio esta de acuerdo, él tampoco cree culpable a Alejandro pero considera que para ellos es otro golpe, porque mientras todo se aclara estarán en boca de todos, la gente se enterara que Alejandro es un bastardo y que han emparentado con una india. Carmen se horroriza ante la perspectiva, y llega a la considerar que hubiera sido mejor que Magdalena se casara con el militar, pero Dimitrio desecha la idea con gesto despectivo, menudo ejemplar el pelado ese. Paula regresa de su visita al gobernador, no se puede hacer nada, el gobernador a sido inflexible, si Alejandro ha usurpado un lugar que no le correspondía debe recibir su merecido. Dimitrio se interesa por las pruebas de que el testamento es falso y Paula le cuenta que todavía no han terminado los interrogatorios.
Alejandro entra en su casa y se dirige directamente al despacho, allí escribe un texto rápidamente y llama a Cipriano para que vaya al telégrafo a poner un telegrama al pueblo es urgente, Cipriano se marcha y se cruza con Magdalena que entra en el despacho muy preocupada.
- ¿Hablaste con el juez? – pregunta Magdalena –
- Si, el testamento de mi padre es falso – contesta Alejandro –
- ¿Quieres decir que Francisco tenia razón? Que tu no eres...
- Por supuesto que soy Alejandro Almonte – Alejandro interrumpe bruscamente a Magdalena - ¿Crees acaso que el padre Abundio y mi madre mintieron?
- No, no. ¿Pero entonces porque dices que es falso?
- Porque no es el mismo, alguien lo cambio por otro, las firmas están falsificadas, y seguramente la letra del padre Abundio también, aunque esa es la única que se parece.
- ¿Tu crees que fue Francisco? – dice Magdalena preocupada –
- Quien otro – afirma seguro Alejandro –
- ¿Qué vas a hacer?
- Localizar al padre Abundio que parece ha desaparecido, por eso mande un telegrama a una gente del pueblo, para que me informen inmediatamente que paso con él. Los hombres que envió Torres Quintero aseguran que hace varios días que no esta en el pueblo y que nadie sabe nada de él.
- Tengo miedo Alejandro – dice Magdalena –
- Si, yo también, se me hace muy extraño que el padre no este en el pueblo, que se haya marchado sin decirle nada a nadie, temo que algo le haya pasado – Alejandro esta muy intranquilo –
Alejandro le pide a Magdalena que vaya a buscar a Armida, cuando esta entra en el despacho Alejandro se pone de pie y la enfrenta; Le pregunta cuando conoció a Torres Quintero, ante la cara de fingida sorpresa de Armida, la acusa directamente de ser la causante de la investigación y de todos los manejos que hay en su contra. Armida viéndose atrapada deja los fingimientos y se revuelve contra Alejandro; Cuando ella llego a México se encontró con un primo del que no sabia nada, asi que, es lógico que desconfiara, acudió al marques de la Cruz y este la puso en contacto con Torres Quintero.
- Por supuesto, y mientras tanto tu te quedabas aquí interrogando a mis gentes para ver que averiguabas en mi contra ¿Quién te contó que mi madre estuvo en Valle Nacional? – Alejandro esta indignado –
- Cipriano – contesta Armida que ya no ve ninguna razón para mentir –
- ¿Y de quien fue la idea de cambiar el testamento por otro? ¿Fue idea tuya, del marques, o de Torres Quintero?
- No sé de que estas hablando – responde Armida asustada por el sesgo de los acontecimientos –
Alejandro la agarra fuertemente por un brazo y la zarandea.
- Lo sabes perfectamente ¿Dónde esta el testamento verdadero? ¿Quién lo tiene? Contesta.
- Me estas lastimando – dice Armida intentando escapar –
Magdalena que esta observando la escena se da cuenta que Alejandro esta a punto de perder el control y interviene.
- Alejandro contrólate.
Alejandro suelta a Armida mientras le dice.
- Toma tus cosas y vete de mi casa.
- De acuerdo – responde Armida altiva – pero dentro de poco el que se va de aquí eres tu.
En su casa Torres Quintero interroga a Adolfo, esta seguro que fue él quien tomo el documento de su secreter, nadie mas puede haberlo hecho, le exige que se lo entregue inmediatamente. Adolfo sonrie cínicamente, mientras toma un sorbo de su café y amenaza con entregarlo a su autentico propietario, si Torres Quintero no quiere que eso suceda debe entregarle una cantidad sustanciosa todos los meses, suficiente para que pueda vivir como se merece un hombre de su categoría, a cambio garantiza su silencio, pero conservara el documento en su poder, es su seguro para que Torres Quintero cumpla su parte del acuerdo.
Nadia ha escuchado parte de la conversación y una vez que su esposo deja solo a Adolfo, entra para interrogar a su hermano, quiere saber porque le va a dar dinero Francisco, escucho que era a cambio de algo, Adolfo sonríe divertido, pero no contesta.
Alejandro sale de su despacho y se tropieza con Magdalena que esta a punto de salir a la calle.
- ¿Adónde vas? – pregunta intrigado –
- A pedirle a mama que vayamos a ver al gobernador. Él tiene que saber que el testamento que obra en su poder no es el verdadero – responde Magdalena angustiada –
- No mi amor, yo fui a verlo, no me recibió porque estaba ocupado, pero mañana voy a insistir – responde Alejandro –
- Es que mama lo conoce muy bien, por favor Alejandro déjame intentarlo – suplica Magdalena –
- Es que no quiero que tu familia piense... – Magdalena lo interrumpe –
- Este no es el momento para mostrarse orgulloso Alejandro.
Alejandro la toma por los hombros, la mira con ternura y le pregunta.
- Si las cosas salieran mal, si no pudiera demostrar quien soy ¿Seguirías a mi lado?
- ¡Yo te amo Alejandro! Solo la muerte me separaría de ti – asegura Magdalena mirándole a los ojos –
Alejandro la besa dulcemente y la deja salir para intentar mediar con el gobernador.
Nadia se pasea de una lado a otro por el salón de su casa, esta muy preocupada, sabe que esta ocurriendo algo muy feo con respecto a su amiga, escucha llegar a su marido acompañado de Sebastián y rápidamente se esconde detrás de los cortinajes de la puerta.
Sebastián y Torres Quintero se sientan en el salón y conversan con absoluta tranquilidad. Torres Quintero asegura que Alejandro Almonte no tiene salvación, ya se ha cursado la orden de detención contra él, su madre y el cura, pronto estará en la cárcel, a Sebastián lo que le interesa es saber cuanto tiempo se tomara el juicio. Francisco asegura que no mucho, Almonte no tiene nada a su favor, alegara que el testamento no es el verdadero, pero nadie lo creerá, es lógico que un delincuente mienta para salvarse. Sebastián le expresa su preocupación porque el juez de Zacatecas que certifico la autenticidad del testamento de Almonte pueda dar problemas. Torres Quintero desecha esa objeción, él ya se esta ocupando de eso, puede estar seguro que el juez no dará ningún problema, además, en cuanto Alejandro Almonte este en la cárcel, quien podría molestarse en investigar a fondo. Sebastián responde que queda la esposa de Alejandro; Magdalena Almonte.
Nadia ha estado escuchando toda la conversación horrorizada, no puede creer que su marido sea capaz de algo tan bajo.
Magdalena intenta convencer a su madre para que la acompañen a ver al gobernador para decirle que ese testamento no es el verdadero, que alguien lo sustituyo. Paula se muestra renuente, teme que el gobernador no crea en la palabra de Alejandro. Magdalena protesta airadamente ante la duda que percibe en su madre, ella esta segura que Alejandro no esta mintiendo y se dirige a su familia indignada ¿Acaso ustedes creen que Alejandro es un impostor? Ahora es Dimitrio quien toma la palabra, llevan todo el día hablando de ese tema y han llegado a la conclusión de que el hecho que Alejandro sea o no un impostor no tiene importancia para ellos. Magdalena enfadada se enfrenta a su familia porque llega a la conclusión de que creen culpable a su marido. Carmen interviene conciliadora, no es que ellos lo crean, pero en este caso, lo que importa es lo que crean los demás. Magdalena se levanta indignada y anuncia que ira sola a ver al gobernador, al verla tan decidía Carmen se presta a acompañarla, cuando ellas van hacia la puerta Paula se decide y las sigue, ella también ira. Dimitrio se queda solo en la casa muy preocupado.
Alejandro esta en el salón de su casa reunido con Víctor y Cipriano, se muestra muy preocupado por la situación, pero su máxima inquietud es para el padre Abundio, le parece muy extraño su desaparición del pueblo, tiene miedo que le hayan hecho algo para que no pueda atestiguar a su favor. Cipriano dice en voz alta lo que los demás están pensando y expresa su temor de que el padrecito este muerto. Alejandro se resiste ante esa idea; no cree que se hayan atrevido a tanto.
- Alejandro ¿Estas seguro que el testamento que te enseñaron no era el mismo? – pregunta Víctor muy preocupado.
- ¡Por supuesto! Me di cuenta inmediatamente. Esa firma no es la de mi padre y tampoco las demás son como las anteriores.
- Alejandro ¿Estas consciente de que si se salen con la suya perderás todo, no solo tu fortuna, sino el apellido también, y que tu matrimonio con Magdalena no tendrá validez alguna?
- Claro que lo sé – afirma Alejandro angustiado –
- ¿Y a ella se lo has dicho?
- No. – responde Alejandro –
Suena la campanilla y Cipriano va a abrir, es Nadia que pregunta angustiada por Magdalena. Cipriano le responde que no esta, en ese momento aparece Alejandro en el vestíbulo preguntando que sucede, Nadia se dirige a él.
- Señor Almonte esta usted en peligro van a venir a detenerlo a usted y a su mama.
- ¿Esta usted segura? ¿Cómo se entero? – pregunta Alejandro alarmado –
- Escuche a mi marido decírselo a un caballero – asegura Nadia muy alterada – La orden ya esta dada, el mismo gobernador la autorizo.
Alejandro se queda demudado, sin saber que hacer. Víctor le urge a que escape.
Alejandro se niega, si lo hace será tanto como admitir su culpa.
- Pero si hay una orden de arresto en tu contra significa que esta plenamente comprobado que el testamento es falso, además, estando en la cárcel menos podrás defenderte, piensa en tu madre también – Víctor intenta convencerle que huya –
Alejandro se resiste, no quiere abandonar a Magdalena y a su hijo. Víctor intenta convencerlo que ellos no corren peligro, pero él y su madre si, deben marcharse inmediatamente. Rosario se incorpora al grupo asustada, preguntando si sucede algo. Víctor le pide a Alejandro que vaya en busca del padre Abundio, sin él no tiene ninguna posibilidad de salvarse. Nadia se une a las suplicas, debe irse rápidamente, la orden de aprensión ya esta dictada, llegaran en cualquier momento. Alejandro sigue resistiéndose ha abandonar a Magdalena. Víctor intenta hacerle recapacitar, no puede ir a buscarla, quizá no tenga tiempo. En ese momento llama a la puerta, Alejandro se precipita a abrir con la esperanza de que sea su esposa la que llama. Víctor lo detiene y le impide abrir, ahora es Víctor quien se hace cargo de la situación, ordena a Cipriano que enganche el coche y lo saque por detrás, le pide a Rosario que lo acompañe. Se oyen gritos al otro lado de la puerta mientras golpean con mas fuerza, los soldados dan orden de abrir o echaran la puerta abajo. Víctor y Nadia empujan a Alejandro urgiéndole a que escape. Alejandro se dirige a Víctor.
- Dile a Magdalena que confié en mi, en cuanto pueda le mando un recado, cuídala y cuida a mi hijo.
Alejandro le da las gracias a Nadia por su ayuda y escapa en dirección a la puerta trasera de la casa. Nadia y Víctor se quedan en el vestíbulo. Víctor grita que va a abrir y se demora durante unos minutos para darle tiempo a Alejandro, después abre la puerta, entran los soldados anunciando que tienen una orden de aprensión contra Alejandro Almonte y Rosario Valdés. Víctor y Nadia intentan obstruir todo lo que pueden la entrada de los soldados, él pide la orden de detención y ella explica que es la esposa de Torres Quintero. Nadia le asegura al oficial que Alejandro y su madre no están, salieron a casa de Paula de Mendoza, ella misma los esta esperando. El oficial intenta entrar en la casa, Nadia vuelve a cortarle el paso preguntando con aire de indignación si tiene la osadía de dudar de su palabra. El oficial confundido afirma que no duda de la palabra de Nadia pero tiene ordenes que cumplir y debe registrar la casa. Los soldados entran, se oyen unos disparos y se escucha voces anunciando que un coche acaba de salir por la parte trasera de la casa, los soldados pasan corriendo por delante de Víctor y Nadia y abandonan la casa mientras el oficial da orden de perseguir el coche.
Las tres mujeres de la familia Mendoza han ido a ver al gobernador, este las recibe muy amable, y se conduele de su situación, pero lamenta no poder ayudarlas, él no cree que exista otro testamento, el que tienen se lo proporciono el propio Alejandro Almonte. Magdalena expresa sus dudas, el testamento pudo haber sido sustituido, el gobernador se ofende al darse cuenta que Magdalena los esta acusando de falsificar pruebas y ella no tiene mas remedio que pedir disculpas, viendo que todo es inútil las Mendoza se retiran después de agradecerle al gobernador su amabilidad.
El oficial que dirigía la patrulla que fue a detener a Alejandro Almonte, entra en el despacho de Torres Quintero anunciando que no pudo ejecutar la orden. Almonte escapo con su madre, habrían podido detenerle si la señora Torres Quintero no lo hubiera impedido obstruyendo su entrada en la casa de los Almonte. Francisco se pone furioso ante la osadía de Nadia.
Las tres mujeres Mendoza regresan de su visita al gobernador muy preocupadas, Magdalena todavía conserva la esperanza de que el padre Abundio aparezca y todo se aclare. Paula deja muy claro que no cree en la inocencia de Alejandro, asi que no espera que aparezca nadie a salvarlas, ya le gustara a ella que todo esto fuera un mal sueño, pero no es asi, ese cura fue el que falsificó el testamento, seguramente de acuerdo con Alejandro. Magdalena se enfada con su madre, ella esta segura de que tanto Alejandro como el padre Abundio son inocentes. Carmen tercia diciendo que la única salvación posible es encontrar ese otro testamento. Paula expresa sus dudas de que tal testamento exista. Magdalena esta segura que Alejandro no los engaño y muy enfadada por las dudas de su madre abandona la casa.
Cuando Magdalena sale Paula, que se pase por el vestíbulo muy alterada, declara dramática que este escándalo es el fin, no podrán soportar semejante vergüenza, esta situación las llevara a la muerte civil. Carmen parece muy triste, a ella lo que le preocupa es la situación de Magdalena, porque si anulan su matrimonio su situación se tornara muy difícil. Paula esta segura que el matrimonio será anulado, Magdalena se caso con Alejandro Almonte, y si este no existe el matrimonio no es valido.
A casa de José Luis llega la madrina de Angélica, recibió tarde el telegrama que le enviaron anunciándole la enfermedad de su ahijada porque estaba de viaje, quiere verla inmediatamente. José Luis se ve obligado a comunicarle que hace cuatro días que enterraron a Angélica. La señora llora muy afectada, cuando se tranquiliza un poco agradece a José Luis la felicidad que le proporciono en los últimos meses de su vida, Angélica en sus cartas, le contaba lo feliz que era y lo bueno que su marido era con ella, pregunta a José Luis si llego a quererla y este le contesta que si.
Torres Quintero llega a su casa enfurecido y enfrenta a Nadia por su comportamiento en el asunto de Alejandro Almonte, esta le reprocha lo que esta haciendo en contra de Magdalena, y él afirma con mucha seguridad que el testamento de Benjamín Almonte es falso, ha sido comprobado y Alejandro Almonte es un impostor. Nadia se queda confusa, ya no sabe que pensar y llora amargamente por la situación de su amiga. Llega Adolfo y Nadia se retira y los deja solo, no sin antes pedirle a Torres Quintero que le cuente la situación a su hermano.
- Se ha comprobado que ese hombre que se hizo pasar por Alejandro Almonte, es un impostor, el testamento de Benjamín Almonte resulto falso – explica cínico Torres Quintero –
- ¡Claro por supuesto! – exclama irónico Adolfo – Lo falsificases tu junto con el marques de la Cruz y el que tengo yo es el bueno.
- Ah. Estabas aquí el otro día escuchando detrás de la puerta como acostumbras.
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto aborreces a Alejandro Almonte?
- Lo hice porque estoy convencido que ese hombre no es hijo de Benjamín Almonte, y que ese testamento le fue arrancado por el cura en un momento de debilidad mental – asegura Torres Quintero –
- Pues con todo y eso ¿Te imaginas lo que pagaría Alejandro Almonte por tener el testamento verdadero? Hasta la mitad de su fortuna.
- Hicimos un trato Adolfo y no intentes pasarte de listo, si tu le entregas ese documento a quien sea, en principio yo negaría todo y a ti te costaría la vida – dice Torres Quintero amenazador –
En casa de Alejandro reina la desesperación, en el salón están reunidos Víctor, Maria y Dimitrio. Este ultimo pregunta a Víctor si sabe donde fueron, pero este no tiene idea. Maria solloza muy afectada por lo sucedido y maldice a Armida, le sacaría los ojos si la tuviera delante. Lamenta su propia estupidez al responder a todas sus preguntas sin encontrar sospechoso tanto interés.
Magdalena llega a la casa y entra muy agitada preguntando por Alejandro, al advertir la expresión de las personas reunidas se detiene asustada, su hermano pide que los dejen a solas. Dimitrio le pide a su hermana que tome las cosas con entereza, ha estado hablando con el magistrado que lleva el caso de Alejandro y todo esta en su contra, ya se dicto orden de aprensión contra Alejandro y su madre. Magdalena pregunta aterrada si volvieron a llevarle a la cárcel. Dimitrio la tranquiliza, no pudieron, tanto Alejandro como su madre lograron escapar.
Fin del capitulo 61.
Mar




Escrito desde Apr 16, 2003, 2:49 PM

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Capitulo 60 de "Bodas de Odio"

by Mar

Torres Quintero consigue que el juez no deja entrar a Alejandro al interrogatorio, él mismo sale al pasillo para decirle que están investigando a su madre pues saben que estuvo presa en Valle Nacional; no puede pasar, tiene que esperar a que el juez termine, después le llamaran. Alejandro se queda en el pasillo muy preocupado.
Torres Quintero presiona a Rosario, hasta hacerle decir, que si confeso al cura de quien era su hijo fue para librarle del destino que sufrieron otros niños del pueblo al tener que ir con sus madres a Valle Nacional. Con sus preguntas Torres Quintero consigue que suene como si Rosario hubiera mentido para salvar a su hijo, cuando ella intenta explicarse él no se lo permite, y corta el interrogatorio pues ya consiguió de ella lo que quería, la deja salir, fuera la espera Alejandro muy preocupado la abraza y la interroga sobre lo sucedido, ella no sabe explicarse, solo le repite que paso mucha vergüenza. Torres Quintero sale para autorizar la entrada de Alejandro, este entra y se sienta frente al juez.
- Bueno a que se debe todo esto – pregunta Alejandro molesto –
- A petición de su excelencia el señor gobernador, estamos investigando señor Almonte, para ver si sus derechos como hijo y heredero de Benjamín Almonte son legítimos – informa el juez –
- Y el señor gobernador, como una deferencia hacia usted, ordeno que esta instructoria se hiciera con la máxima discreción – dice Torres Quintero con amable hipocresía –
- ¿Y quien dice que mis derechos no son legítimos? – pregunta Alejandro muy extrañado –
- El gobierno – responde Torres Quintero –
- ¡Pero esto es absurdo! Existe un testamento de mi padre en el que me reconoce como hijo suyo – asegura con firmeza Alejandro –
El juez mira significativamente a Torres Quintero y este afirma que ya lo mandaron pedir a Zacatecas.
- No, no es necesario – aclara Alejandro – Yo lo tengo, lo solicite para unos tramites que me hacían falta.
- Podría usted proporcionármelo – dice el juez –
- Claro que si – responde Alejandro - ¿Por qué interrogaron a mi madre?
- La interrogamos como vamos a interrogar a todos los que tienen algo que ver con usted y con el testamento de Benjamín Almonte. También solicitamos la comparecencia del sacerdote Abundio Canales, de Laureano García, Jesus Peña y Secundino Pérez. – dice Torres Quintero, que parece tener la voz cantante en el asunto –
- García y Pérez han muerto y Jesus Peña ya no vive en la hacienda – asegura Alejandro –
- ¿Quiere usted decir que el único testigo disponible es el cura Don Abundio Canales? – pregunta Torres Quintero con aire de inocencia –
- Si, asi es – Alejandro esta cada vez mas sorprendido – Pero... ¿cómo consiguieron ustedes esos datos?
- Investigando señor Almonte – responde Torres Quintero con aire de suficiencia-
- No, no, me extraña mucho lo que están haciendo, mi derecho ha llevar el apellido Almonte es legitimo y lo atestigua el testamento firmado de su puño y letra por mi padre – asegura muy molesto Alejandro –
- Bueno, si es asi no tiene porque preocuparse – responde altivo Torres Quintero –
- ¡Muy bien! Hoy mismo le enviare el testamento de mi padre – dice Alejandro dirigiéndose al juez –
Alejandro se levanta y sale del despacho altivo, el juez mira receloso a Torres Quintero, no se siente seguro del terreno que pisa.
Alejandro regresa a su casa muy preocupado y disgustado, abre Armida. Alejandro entra en el despacho acompañado de su madre, Armida les sigue con aire de falsa preocupación, después de intentar tranquilizar a su madre, cuando Alejandro se percibe la presencia de su supuesta prima la interroga; Quiere saber a quien le contó que ella estaba en la ciudad y las circunstancias de su viaje a México, es decir, la existencia de la carta de Benjamín Almonte y el hecho que no sabia nada de Alejandro. Ella con aire de inocencia afirma que a nadie fuera de la familia. Alejandro la corta, quiere saber si lo sabia alguien aparte del marques de la Cruz, Armida responde que no. Alejandro le pide que vaya a buscar a Magdalena y Armida sale del despacho a regañadientes.
- ¿Tu crees que fue ella? – pregunta Rosario –
- No sé, tal vez. Llego creyendo que iba a ser la heredera de mi padre y me extraña que de repente haya surgido todo esto, solo la familia de Magdalena esta enterada de mi origen y ellos son los menos interesados en que se sepa – Alejandro esta muy extrañado -. ¿Cómo pudo Torres Quintero enterarse del nombre de los testigos y que tu estuviste en Valle Nacional?
- ¿Tienes miedo hijo? – pregunta asustada Rosario - ¿Crees que algo malo va a pasar?
- Por supuesto que no mama – contesta Alejandro mientras saca el testamento falso del cajón de su escritorio –
Magdalena entra en el despacho muy preocupada preguntando que paso.
- Torres Quintero piensa que no soy hijo de Benjamín Almonte.
- Pero... ¿Por qué? – Magdalena esta asombrada –
- ¿A quien le dijiste que soy un bastardo? – pregunta Alejandro –
- A nadie. Mi familia estaba enterada antes que yo. Estoy segura que ellos no... - Alejandro la interrumpe -
- ¿A quien le contaste que mi madre estuvo en Valle Nacional?
- A nadie ¿Por qué? – Magdalena esta asombrada y alarmada –
Alejandro se pone de pie y se dispone a salir para entregar el testamento al juez, le pide a su madre que le cuente a Magdalena lo sucedido. Rosario le relata lo que paso y le dice que Torres Quintero cree que ella mintió y Alejandro no es hijo del patrón. Magdalena asombrada por la osadía de Torres Quintero lo considera absurdo.
Nadia esta bordando en le salón de su casa cuando aparece su marido hecho una furia reclamándole la rotura de la cerradura de su secreter y la desaparición de un documento. Nadia responde airada que ella es incapaz de hacer semejante cosa, si le falta algo que busque entre los criados. Francisco la agarra violentamente por un brazo la obliga a ponerse de pie y la zarandea mientras la acusa de haber tomado el documento, porque a nadie mas que le interesaba, asi que tuvo que ser ella, porque esta claro que le importa mas su amistad con esa desvergonzada de Magdalena Mendoza que lo que pueda pasarle a él. Nadia se le enfrenta, no entiende que tiene que ver Magdalena en este asunto... Cuando la discusión se pone violenta entra Adolfo intentando poner paz, los criados están escuchando todo, por lo menos deberían tener discreción. Francisco mira a su cuñado y parece caer en la cuenta de que pudo ser responsabilidad de Adolfo la desaparición del testamento y se vuelve hacia él acusador. Adolfo niega saber nada, Francisco pide a Nadia que se vaya y cuando se quedan solos le ofrece dinero a su cuñado por el testamento, Adolfo sigue afirmando que no tiene ni idea de que habla.
Magdalena informa a Dimitrio de los últimos acontecimientos, los dos están sentados en el salón de la casa de los Almonte. Dimitrio esta muy preocupado porque Francisco este promoviendo el asunto, este aborrece a Alejandro eso esta claro, ya intento una vez perjudicarlo y le fallo, si ahora trata de hacerlo nuevamente, no cree que se arriesgue sin tener algo importante entre las manos. Magdalena alega que hay un testamento de Benjamín Almonte en el que reconoce a Alejandro y lo nombra su heredero, además, esta el testimonio del padre Abundio y de Rosario. Dimitrio considera que el testimonio de Rosario no tiene ninguna validez. El del padre Abundio es otra cosa, pero lo que le preocupa es que conociendo a Francisco no puede creer que se haya metido en un asunto que lo va a llevar al fracaso, es una lastima que precisamente ahora se haya enojado con Adolfo, por él podría averiguar algo.
Dimitrio va a visitar a Nadia para pedirle su ayuda, su marido quiere perjudicar a Alejandro a como de lugar. Nadia esta asombrada y fastidiada por la perseverancia de su marido. Dimitrio le cuenta que esta muy preocupado porque no se fía de Francisco. Este esta tratando de demostrar que Alejandro Almonte no es quien dice ser, porque Alejandro es hijo bastardo de Benjamín Almonte, su padre lo reconoció en el lecho de muerte, existe un testamento que lo acredita, pero si Francisco esta intentando demostrar lo contrario quiere decir que tiene alguna prueba. Nadia se sorprende con la noticia y quiere saber si Magdalena sabe que su marido el un bastardo. Dimitrio afirma que todos lo saben, se enteraron después de la boda, pero ahora no es el momento de preocuparse de eso. Alejandro es el marido de Magdalena y eso es lo importante, asi que lo que le pide es que este atenta, que tenga los oídos y los ojos bien abiertos para ver de que se entera, a lo mejor Francisco no tiene nada en contra de Alejandro y lo único que pretende es desprestigiarle, al poner en conocimiento de todo el mundo que es un bastardo. Dimitrio aconseja a Nada que no le platique a nadie sobre el asunto y menos que nadie a Francisco, esta vez no hay que ponerle sobré aviso.
Magdalena esta en su dormitorio delante del espejo quitándose los pendientes cuando llega con aspecto preocupado Alejandro.
- ¿Dónde fuiste? – pregunta alarmada Magdalena - ¿Tardaste muchísimo?
- Fui a ver a Víctor para platicarle de este asunto – responde Alejandro –
- ¿Les entregaste el testamento?
- Sí.
- ¿Estas preocupado?
- Tanto como preocupado no. Sé que Torres Quintero nunca va a poder probar nada en contra mía, pero se va a hablar de nosotros, de mi madre y eso es lo que más me aflige – dice Alejandro cabizbajo –
Magdalena le echa los brazos al cuello cariñosa y lo mira con ternura.
- ¡Ay Alejandro! Tan contentos que estábamos.
- Debiste casarte con alguien que no tuviera ninguna mancha en su pasado – Alejandro la acaricia sonriendo con ternura – Bueno, tú en realidad no escogiste a tu marido.
- No hables de esas cosas – reprocha Magdalena dulcemente –
Alejandro sonríe y se acerca para besarla, en ese momento llaman a la puerta del dormitorio, Alejandro autoriza el paso con gesto de fastidio y Maria hace su entrada, y le lanza una mirada asesina a Magdalena al observar la evidente intimidad que hay entre la pareja. Alejandro le pregunta que quiere bruscamente. Maria dice que en el salón esta Rufino, el criado del capitán Álvarez y pregunta por Magdalena porque tiene algo que decirle, añade maliciosa mirando a Alejandro significativamente, seguramente será un recado del capitán. Magdalena mira a Alejandro alarmada e inmediatamente piensa en Angélica, se lo dice a su marido y los dos salen apresuradamente.
Rufino esta en el salón con aspecto apesadumbrado, cuando entran Alejandro y Magdalena les cuenta que la patrona Angélica ha muerto a las seis de la tarde y le mandaron a avisarlos. Magdalena se impresiona mucho, y muy apenada mira a Alejandro, que también esta muy afectado, este no lo duda y ambos salen inmediatamente hacia el velorio.
Dimitrio va a visitar a Carmen y Paula y les cuenta el nuevo problema en el que están metidos Alejandro y Magdalena por la persecución de Francisco, que parece obsesionado con perjudicar a Alejandro a como de lugar. Ambas se preocupan mucho, es lo que les faltaba, otro escándalo. Dimitrio les dice que esta muy preocupado, porque le asombra que Francisco de este paso sin tener ninguna prueba, y como consiga lo que pretende, no solo le quitaran su fortuna a Alejandro, sino que Magdalena se habrá casado con un hombre que no existe, por lo que su boda no será valida y además, el niño no tendría derecho a llevar el apellido Almonte y seria un bastardo. Las dos se quedan horrorizadas ante las implicaciones que tiene el paso que Francisco quiere dar.
Maria es llamada a declarar, le preguntan sobre su relación con Alejandro. Ella afirma que lo conoce de siempre, que vivía con el padre Abundio, todos pensaban que era un sobrino del cura, pero cuando murió el patrón viejo se enteraron que era su hijo y heredero. El juez le enseña las firmas del documento, cuidándose de tapar el texto, para que Maria no se dé cuenta de que documento es, y le pregunta si reconoce alguna firma, ella dice que no, le vuelven a preguntar si ninguna de ellas es de su padre y al volver a negar, el juez la interroga sobre la posibilidad de que ella no reconociera la firma de su padre, a lo que Maria alega que eso es imposible, porque ella ayudaba a su padre a llevar los libros de la hacienda y conoce perfectamente su letra.
Alejandro y Magdalena regresan a su casa después de asistir al entierro de Angélica, entran en el salón Magdalena se sienta en el sofá con aspecto cansado.
- Alejandro, te agradezco que hayas sido tan comprensivo – dice Magdalena –
Alejandro se quita el abrigo y se sienta a su lado.
- Ahora solo te pido una cosa Magdalena, pase lo que pase no quiero que vuelvas a ver a ese hombre – dice Alejandro con firmeza – Antes lo hiciste buscando ayuda para que yo saliera de la cárcel, después por la enfermedad de Angélica, pero ahora no hay ningún motivo para que vuelvas a hacerlo. Lo mas seguro es que dentro de un tiempo intente buscarte de nuevo ahora que ha quedado libre.
- No pienses eso – protesta Magdalena – No lo juzgues tan mal.
- ¡No lo defiendas Magdalena, por favor! – exclama Alejandro molesto –
Maria entra en el salón corriendo mientras anuncia muy alarmada, que los mismos hombres que se llevaron a Rosario, vinieron a buscarla y se la llevaron al juzgado a declarar. Esos hombres le preguntaron muchas cosas sobre Alejandro y después le enseñaron unas firmas para ver si reconocía alguna, pero ella les dijo que no, que ninguna era de su papá. Alejandro alarmado quiere saber si le enseñaron el testamento, pero ella no sabe que documento era. Alejandro se queda muy serio y preocupado.
Torres Quintero y Sebastián están en el despacho oficial del secretario del gobernador comentando como va el complot contra Alejandro. Están muy satisfechos porque Maria no reconoció las firmas, aunque eso era lógico y ellos sabían que ocurriría, todo marcha muy bien. Francisco tiene prisa por ir a comunicarle al juez que los hombres que mando a por el cura han regresado sin él y cita a Sebastián en su casa a las cinco de la tarde para seguir conversando sobre el tema.
Alejandro esta en el despacho del juez sentado frente al él, parece tranquilo.
- Lo siento mucho señor Almonte, pero todo parece indicar que el testamento del señor Benjamín Almonte es falso
- ¿Pero como falso? – pregunta Alejandro alarmado –
- Si, por lo menos eso parece, la firma de su padre no es igual a las otras, ni la del administrador de la hacienda, su hija no la identifico. Los otros testigos desgraciadamente no existen.
- Pero su señoría aquí hay un error, una confusión – dice Alejandro confundido –
Entra Torres Quintero con cara de circunstancia.
- Señor Torres Quintero le estaba diciendo al señor Almonte que tenemos la sospecha que el testamento es falso.
- Si, asi es – responde Torres Quintero mirando a Alejandro con regocijo mal disimulado –
- Claro que falta el testimonio del sacerdote, el padre Abundio Canales y por supuesto es un testimonio muy importante – asegura el juez –
- Creo que deberemos prescindir de eso su señoría. Ese cura no esta en el pueblo, hace días que desapareció o tal vez... huyo – dice Torres Quintero malintencionado –
Alejandro palidece y en su rostro aparece la preocupación.
Fin del capitulo 60.
Mar




Escrito desde Apr 15, 2003, 1:52 PM

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Capitulo 59 de "Bodas de Odio"

by Mar

Joaquín Arechiga habla con José Luis de la enfermedad de su hija y le comenta que ella desea ver a Magdalena Almonte y él quiere complacerla. Le pregunta a su yerno si se trata con los Almonte, a lo que él le contesta que no; Se mueven en círculos diferentes. José Luis le pide que no busque a Magdalena. El señor Arechiga interpreta que Alejandro no quiere que Magdalena sea amiga de Angélica por la diferencia de clase social y señala orgulloso que su hija si es de su clase, mas bien de la de Magdalena porque Almonte no es ningún bien nacido. José Luis corta la conversación diciendo que se tiene que ir al cuartel, pero antes le advierte que no vaya a casa de los Almonte, porque se puede encontrar en una situación muy desagradable.
Benítez entra en el despacho de Torres Quintero en Puebla, este le pregunta si esta todo arreglado y Benítez contesta que sí. Francisco satisfecho le indica que al día siguiente le dará el dinero prometido; no hace falta señalar que no debe decir nada de todo este asunto a nadie, Benítez lo promete. La expresión del esbirro de Torres Quintero es extraña, parece nervioso e inseguro, su mirada es huidiza, pero el secretario del gobernador esta demasiado apurado para fijarse en estos detalles y se marcha a toda prisa con el sobre del testamento de Benjamín Almonte. Benítez se queda solo, pensativo, con cara de asustado.
Alejandro sale de su despacho en dirección a la puerta de la calle, Magdalena le alcanza en el vestíbulo preguntándole si se va. Alejandro ya delante de la puerta, se pone los guantes y contesta que debe ir a la fabrica.
- Es que esta muy bonito el día, me gustaría dar una vuelta a la plaza – dice Magdalena –
- Ve si quieres – contesta sonriendo Alejandro –
- No... pero contigo – Magdalena sonríe cariñosa –
- No puedo, Víctor me esta esperando – Alejandro la mira amoroso – Eres la mujer mas linda que he conocido en mi vida.
- ¿Y por eso me quieres? – dice Magdalena sonriendo coqueta - ¿Por bonita nada mas?
- Sabes bien que no – contesta Alejandro sonriendo con ternura mientras le acaricia el rostro – Te quiero porque eres inteligente y porque eres la única capaz de hacerme feliz.
- ¿Eso quiere decir que crees en mi, que ya me has perdonado?
- Y tu, ¿me has perdonado la manera como me porte contigo? – pregunta Alejandro suavemente mientras le acaricia el cuello cariñoso –
- No, no tengo nada que perdonar – Magdalena lo mira a los ojos enamorada – Es que yo te quiero Alejandro y te amare siempre.
Alejandro la besa suavemente con ternura, la mira a los ojos dulcemente y le dice.
- Quiero que me tengas confianza Magdalena, muchos de los malos entendidos que ha habido entre nosotros últimamente, ha sido porque no te atreviste a decirme las cosas.
- Es que... tengo miedo que te enfades.
- Ya sé que no tengo un carácter fácil, pero te prometo que de hoy en adelante antes de manifestar mi mal genio contigo lo voy a pensar tres veces.
Magdalena le sonríe dulcemente, Alejandro la besa de nuevo para despedirse, abre la puerta y en el quicio se encuentra a Dimitrio que se disponía a llamar.
Los cuñados se saludan con cordialidad, Alejandro le invita a pasar Dimitrio saluda a su hermana zalamero.
- ¡Caray Magdalena! Estas más hermosa que nunca – Magdalena se ríe feliz, Dimitrio se dirige a Alejandro – No sabes cuanto me alegro que tu asunto se haya arreglado.
- Gracias – responde Alejandro – Agradezco a ti y a tu madre lo que han hecho por mí.
- No fue nada hombre – responde Dimitrio risueño - es lo menos que podíamos hacer por el marido de mi hermana.
Alejandro presupone que Dimitrio viene a ver a su hermana, este le dice que si, pero que también quería hablar con él, venia mas bien a visitarlos a los dos. Alejandro termina de ponerse los guantes mientras lamenta no poder quedarse, tiene que salir, pero queda en su casa. Alejandro se va y Magdalena hace pasar a su hermano al salón, se sientan y Dimitrio aborda el asunto que le trae a casa de su hermana.
- Me dijo mama que no le permitiste que le pidiera dinero a Alejandro para pagar la hipoteca de la hacienda. Te das cuenta que mañana se vence el plazo, es la herencia que nos dejo nuestro padre Magdalena, yo creo que no podemos perderla.
- Escucha Dimitrio – dice Magdalena indignada – Desde que conocimos a Alejandro no hemos hecho otra cosa que pedirle dinero ¡Yo quiero que esto se acabe entendiste!
- Bueno si, - protesta Dimitrio – pero es tu marido.
- Si, y tiene obligación de mantenerme a mí, no a ustedes.
- ¡Magdalena por Dios! – exclama Dimitrio – Nuestra madre es su suegra, ha quedado viuda, es bastante lógico que Alejandro prevea por ella.
- Si no tuviera a nadie mas estoy de acuerdo, pero además estas tu.
- Ya sé, pero yo no puedo, no tengo. Soy más pobre que una rata y aun si Josefina dispusiera de la suma necesaria, mi situación no esta como para pedirle dinero.
- La mía tampoco – responde Magdalena terminante –
- Bueno si, pero eres mujer – dice Dimitrio –
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que para las mujeres no es humillante pedirle el dinero a sus maridos, además, la mitad de esas tierras es tuya, por lo tanto también de Alejandro. Tal vez incluso se moleste cuando se entere que las has perdido y ni siquiera le has avisado. La pura tierra vale mucho mas que el monto de la hipoteca. Además, que va a pensar la gente cuando se entere que hemos perdido la hacienda estando los dos casados con gente de dinero, van a pensar que tanto Josefina como Alejandro nos desprecian, que no les importamos nada, con las habladurías que ha habido sobre mí y sobre ti. Yo por mi boda falsa, tu por tu relación con el capitán Álvarez.
- Dimitrio, porque me tienen que causar problemas tú y mama – dice Magdalena exasperada – pero porque... no te das cuenta que si le pido dinero en este momento a Alejandro va a pensar que mi acercamiento se debe a interés, me va a despreciar.
Sebastián y Francisco terminan de falsificar el testamento en el salón de la casa de Torres Quintero, están conversando sobre como hay que hacerlo, como imitar la letra del cura, pero, sin embargo, las firmas de Benjamín Almonte y de los testigos, deben ser evidentemente falsas, mientras hablan no reparan en que Adolfo escucha detrás de las cortinas de la entrada. Cuando dan por terminado el trabajo, Francisco le pide a Sebastián que Armida coloque el testamento falso en casa de Almonte, el autentico lo guardara en su secreter y más tarde lo destruirá.
Joaquín Arechiga visita a Magdalena para transmitirle la petición de su hija, le explica que esta muy enferma y quiere verla, ella le pidió que Alejandro no se enterara de su petición, pero él no puede hacerlo de esa forma, por lo que quiere ver a Almonte, Magdalena le informa que no esta y no sabe cuando regresara, pero ella se lo dirá cuando venga.
Sebastián entrega el testamento falso a Armida para que lo coloque en el despacho de Alejandro, los dos están muy contentos, todo esta listo y dentro de poco ella será la dueña de la fortuna Almonte. Sebastián confiesa que no podría haberlo hecho sin la ayuda de Torres Quintero.
Dimitrio esta en el salón de su casa con aspecto derrotado, entra Josefina y le pregunta que le sucede, Dimitrio no responde. Josefina intenta animarlo y le dice que le cree a él antes que a Adolfo. Dimitrio no comprende el porque de esa confianza.
- Porque me doy cuenta que no eres tan malo como pareces, te has preocupado mucho por tu cuñado y últimamente has sido muy amable conmigo. Te quiero dar las gracias por las flores que me has mandado.
- ¿Cuáles flores? – pregunta Dimitrio reaccionando ante la noticia –
- Las que llegaron en días pasado ¿No fuiste tu?
- ¿Estuviste recibiendo flores? ¿De quien? – pregunta Dimitrio indignado –
- No lo sé – responde Josefina desconcertada – Yo creí que habías sido tu.
- Por supuesto que no ¿Quién te las mando? – Dimitrio se ha puesto de pie y se pasea enfadado por la habitación -
- Te juro que no lo sé – Josefina esta desconcertada y asustada – Yo no conozco a nadie.
Ese es el momento que Adolfo elige para aparecer, con gesto apurado en casa de Dimitrio solicitando hablar con él de algo muy importante.
Dimitrio se vuelve hacia él furioso.
- No te he dicho que no quiero que pongas un pie en esta casa – grita Dimitrio descompuesto –
- Pero es que... – Adolfo intenta explicarse –
- Si has venido por el dinero ya te dije que no vas a ver un centavo – Dimitrio se detiene, lo mira suspicaz – Ya que estas aquí... se me ocurre una cosa... ¿Acaso fuiste tú quien se atrevió a mandarle flores a mi mujer?
- No sé que estas hablando – contesta Alfonso poniendo gesto ofendido – Pero si has decidido romper definitivamente con nuestra amistad allá tu. – Adolfo se marcha a toda prisa, ante la mirada amenazadora de Dimitrio –
En la noche Armida entra furtivamente en el despacho de Alejandro para dejar el testamento falso en el cajón del que saco el verdadero, acaba de dejarlo, cuando la sorprende Magdalena que le pregunta que hace allí a esa hora. Armida le responde con aire inocente que no podía dormir y buscaba un libro para leer. Magdalena da por buena la disculpa y la deja sola.
En su dormitorio Alejandro comienza a desvestirse, se quita la chaqueta y la deja en la silla que hay frente al tocador, alguien llama a la puerta, Alejandro le da paso y entra Magdalena, Alejandro la contempla unos instantes mientras ella se acerca y se detiene frente a él, después dice.
- Estaba pensando hasta cuando te ibas a decidir a venir ¡Me has tenido muy solo!
- Es que... antes estábamos enojados, además... – Magdalena vacila insegura – no sabia si deseaban mi compañía, como no me lo pediste.
- Bueno, no te lo pedí porque la decisión de irte a otra habitación fue tuya, no quise presionarte – Alejandro le sonríe - pero de que me da gusto verte, no puedes dudarlo.
Magdalena aparta la mirada, baja la cabeza y apoya su mano en el tocador inquieta.
- ¿Que pasa? – pregunta Alejandro alarmado –
- Tengo miedo que lo que te voy a decir eche a perder todo otra vez – dice Magdalena insegura –
- ¿Todo? ¿Qué? – pregunta Alejandro cada vez más alarmado –
- Lo nuestro – responde Magdalena –
- ¿Por qué?
- Por favor no pienses que si he buscado reconciliarme contigo ha sido por interés – dice Magdalena preocupada – Yo no quería decírtelo, esta mañana vino Dimitrio y dijo que tal vez seria peor.
- ¿Qué ha pasado? – pregunta Alejandro francamente alarmado –
- Mi mama ha hipotecado nuevamente la hacienda y mañana vence el plazo – Magdalena se adelanta a la respuesta de Alejandro – No te estoy pidiendo que cubras este compromiso, solo quería que estuvieras enterado, a mi no me importa si se pierden esas tierras o no.
- Bueno, la mitad son tuyas – dice Alejandro tranquilo –
- Si, y también hay otra cosa. Estuvo aquí el señor Arechiga, Angélica esta muy mal y me quiere ver. A mí me gustaría ir Alejandro.
Francisco va a ver al gobernador par explicarle sus sospechas sobre la impostura de Almonte. Le cuenta que se entero que es bastardo, que Benjamín Almonte lo reconoció en su lecho de muerte, pero este siempre negó tener hijos, asi que sospecha que ese testamento pueda ser falso. El gobernador le da permiso para investigar, pero discretamente, porque si el asunto trasciende y después se queda en nada, todos van a pensar que la traen en contra de Almonte.
A casa de los Mendoza llegan Magdalena y Alejandro, este pide a Paula los papeles de la hipoteca, cuando ella los trae, los revisa y se los guarda, diciendo que ese mismo día pasara por el banco para pagarla, después le pide a Paula que antes de volver a contraer esa clase de compromisos hable con él, la mitad de esas tierras es de Magdalena, inmediatamente se levanta para retirarse y Magdalena lo acompaña. Cuando salen Paula se revuelve furiosa llamándole patán, asegurando que se le nota su bajo origen, si de todos modos iba a pagar porque a tenido que hacerlo de esa forma tan humillante. Carmen alega que tiene que estar fastidiado de que siempre le estén pidiendo dinero, porque hay que ser sinceros, lo que se dice obligación no tiene. Paula indignada le contesta que claro que tiene obligación, de alguna manera tiene que pagar el favor que le hicieron cuando se emparentaron con él.
Angélica se muere sin remedio, José Luis esta muy preocupado comentándolo con Rufino en el salón de su casa cuando, ante la estupefacción de José Luis, entran Magdalena y Alejandro, este saluda con voz seca.
- Me dijo el señor Arechiga que Angélica quería verme – dice Magdalena –
José Luis le invita a acompañarle al dormitorio de Angélica, Magdalena mira a Alejandro dudando, este le indica que vaya, la esperara. Magdalena sigue a José Luis y Rufino se queda solo con Alejandro, se miran sin hablar ante la evidente incomodidad de Rufino.
Magdalena llega a la cabecera de la cama de Angélica y se angustia al ver el estado en que esta. Angélica le da las gracias por haber venido, quiere pedirle un favor, ella sabe que su familia detesta a José Luis y se olvidaran de él en cuanto muera, también sabe que él no aceptara su dinero, asi que había pensado escribir a su madrina para que hablara con quien ella sabe y auspiciara la carrera militar de José Luis, sin que él se enterara porque jamás aceptaría, ella ya no puede escribir esta demasiado débil, por eso le suplica que lo haga ella en su nombre, le indica que saque un papel con la dirección del cajón de su mesilla, Magdalena saca el papel y se lo guarda, le promete a Angélica hacer lo que ella quiere.
Mientras las dos mujeres hablan, José Luis y Alejandro están solos en el salón, Alejandro permanece de pie, muy serio. José Luis le invita a sentarse y Alejandro acepta, los dos están muy incómodos, no se hablan y apenas se miran, el ambiente es muy tenso, afortunadamente llega el señor Arechiga para romper la tensión. Alejandro se pone de pie y los dos hombres se saludan cordialmente. Alejandro le expresa su sentimiento por la situación de su hija y él les agradece su visita. Magdalena regresa de la habitación de la enferma secándose las lagrimas, se despiden del señor Arechiga y salen de la casa pasando frente a José Luis, Magdalena lo mira un instante y se retira sin saludarle. Alejandro se detiene un instante más largo y lo mira desafiante, después sale sin dirigirle la palabra.
Cuando Magdalena y Alejandro llegan a su casa son recibidos por Maria muy asustada, porque llegaron unos hombres y se llevaron a Rosario al juzgado. Alejandro muy preocupado se va a buscarla.
Rosario esta delante del juez al que acompaña Torres Quintero, comienzan a interrogarla, cuando un empleado entra y habla con Torres Quintero, este le anuncia al juez que Alejandro Almonte esta fuera y quiere presenciar el interrogatorio, pero él considera que no es conveniente.
Fin del capitulo 59.
Mar




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Capitulo 58 de "Bodas de Odio"

by Mar

La mañana siguiente a la puesta en libertad de Alejandro, Magdalena acude al comedor y encuentra a Rosario y una criada poniendo la mesa para el desayuno. Rosario le comenta que Alejandro todavía no se ha levantado; El pobre debe estar muy cansado y la anima para que vaya a verlo a su recamara. Magdalena insegura de su posición con respecto a su esposo no se atreve, tiene miedo que él se moleste. Rosario desecha sus objeciones, esta segura que su hijo estará encantado de verla, la noche anterior no tenia ojos mas que para ella; Magdalena señala que apenas le dirigió la palabra. Rosario sirve una taza de café y le pide que se la lleve a Alejandro, asi podrán hablar a solas.
Magdalena entra en el dormitorio de Alejandro, se para junto a la cama y lo contempla mientras duerme, duda y finalmente se da media vuelta para salir de la habitación. Alejandro la llama y le pregunta la hora, ella se acerca y le ofrece el café. Alejandro se incorpora, se sienta en la cama y acepta la taza dándole las gracias, comenta que los días anteriores casi no pudo dormir. Magdalena le pregunta por su regreso a la hacienda.
- Tengo que esperar la respuesta de Porfirio Díaz. Víctor dijo que tanto los industriales como los trabajadores han acordado someterse a su decisión.
Magdalena se sienta en la cama de Alejandro y se decide a hablar.
- Alejandro, yo no quiero separarme de ti.
- ¿Por el miedo al que dirán? – pregunta Alejandro sereno – No te preocupes, arreglaremos las cosas para que no haya murmuraciones.
- No, no es por eso... es porque... Te quiero y no quiero alejarme de ti – responde Magdalena mirándolo a los ojos con sinceridad –
Alejandro la contempla unos momentos inmóvil, después tranquilo y sereno contesta.
- Magdalena, quiero ser sincero contigo. ¡Te amo! Pero no he podido superar la decepción de saber que me has engañado. Porque tu me engañaste, tal vez no como yo en un primer momento pensé, pero siendo mi esposa me faltaste.
- ¡Pero yo en ese momento aun no te quería! – exclama Magdalena – Ya sé que no es una justificación, pero ¿qué mas te puedo decir? ¡Perdóname!
Magdalena coloca su mano sobre la de Alejandro mirándolo suplicante, Alejandro toma su mano y sin dejar de mirarla, se la lleva a los labios y la besa.
Dimitrio va a casa de Nadia para hablar con Adolfo, esta muy enfadado con su amigo porque le hizo quedar mal con su esposa con mentiras y quiere saber que pretende al adoptar esa actitud con Josefina. Adolfo acepta la regañina de pie con expresión contrita; El no pretende nada, pero Dimitrio no tiene derecho a hacerle quedar mal con ella, a nadie le gusta que los demás piensen cosas desagradables de uno, dice con aspecto ofendido, asi que no tenias porque decirle que te pedí dinero por ayudar a tu cuñado. Dimitrio le reprocha que se haya encargado de hablarle pestes de él a Josefina, porque, bien que no reconoce su participación en la boda falsa y además niega lo de los cinco mil pesos, dejando a él por mentiroso. Adolfo se sienta frente a su amigo y intenta contemporizar.
- Mira Dimitrio, no seas tonto. Tu situación con Josefina es la que es, ella no tiene buena opinión de ti, ya lo sabes, mientras que yo... Escucha Dimitrio, ese poder que Josefina le otorgo a su hermano es irrevocable, pero tiene un plazo, y cuando este plazo expire, si yo me he ganado su confianza, pues podré conseguir dinero para ti.
- ¿Cómo pretendes que te autorice para que le saques dinero a mi mujer? – responde Dimitrio indignado –
- Pero será para tu beneficio – protesta Adolfo – De otra manera siempre vivirás igual, pidiéndole prestado a medio mundo y sufriendo después para cubrir tus deudas. Tú estas demasiado desprestigiado delante de los ojos de Josefina y aun cuando ella disponga de todo lo suyo, jamás te dará lo suficiente para cubrir tus necesidades.
- ¡Vaya! – exclama irónico Dimitrio – Que alma tan noble y desinteresada se ha vuelto la tuya.
- También estoy pensando en mi. – dice Adolfo con expresión contrita – No voy a pretender la mitad como antes, pero una pequeña ayuda de vez en cuando... lo único que necesito es tu permiso para visitarla, para ganarme nuevamente su confianza y te aseguro que para cuando el poder de su hermano termine la tendré subyugada.
- Mejor cállate, sino quieres que te agarre a bofetadas, aquí, ahorita mismo – dice Dimitrio muy enfadado – Estas hablando de mi mujer, que lleva mi apellido.
- Pero te casaste con ella solo por el dinero y es estúpido que por un orgullo de macho, renuncies a toda esa fortuna.
- Prefiero no ver un solo centavo a permitir que un descascarado como tu se burle de ella y te prohíbo ¡Entiendes! Te prohíbo que vuelvas a verla.
Dimitrio muy enfadado se dispone a marcharse, pero Adolfo lo detiene y le pide el dinero por su ayuda en el asunto de su cuñado, ya que este ha salido de la cárcel. Dimitrio se vuelve y lo mira burlón.
- ¿Cuáles 5000 pesos? ¿No negaste ante Josefina habérmelos pedido? Te quisiste hacer el digno, asi que ahora te aguantas.
Dimitrio se marcha muy enfadado, dejando a Adolfo desesperado por su situación económica.
Paula va a visitar a Magdalena y le expone su situación económica; La hipoteca sobre la hacienda vence en pocos días, asi que viene a ver a Alejandro para pedirle ayuda. Magdalena escandalizada se niega a volver a pedirle dinero a su esposo, Paula muy digna dice que tampoco hay para tanto, él tiene obligaciones y no le ha pedido dinero antes, a lo que su hija indignada le recuerda que Alejandro pago todas sus deudas cuando se caso con ella. Paula mira a su hija como si estuviera loca, y responde que eso fue hace mucho tiempo, casi un año y medio, y desde entonces no le ha pedido dinero. Magdalena se niega rotundamente, su situación con Alejandro no es buena, él le ha pedido la separación y ella esta intentando convencerle para que desista, si ahora le pide dinero va a pensar que su acercamiento es por interés económico. Magdalena pide a su madre que al menos espere unos días. Paula no esta dispuesta a hacerlo, la hipoteca esta a punto de vencer y no se lo puede permitir.
Angélica sigue insistiendo en ver a Magdalena antes de morir, ahora se lo pide a Rufino que lo consulta con José Luis, este le prohíbe ir a buscarla, le duele no cumplir el deseo de Angélica, pero no quiere perjudicar a Magdalena.
Alejandro llega y se sienta en el salón con Paula y Magdalena, su suegra aprovecha para restregarle su colaboración para sacarle de la cárcel, dejando muy claro lo mucho que le debe, también habla de su amistad con el presidente y hasta él habría acudido si el gobernador no le hubiera hecho caso. Alejandro aguanta cortésmente toda la perorata evidentemente incomodo y preguntándose a donde quiere llegar, le da las gracias por todo lo que hizo por él. Paula señala que lo hizo por el aprecio que le tiene y sobre todo porque son una familia y entre parientes hay que ayudarse. Paula considera que ha llegado el momento adecuado y se lanza al ataque... Alejandro a propósito... Magdalena interrumpe a su madre ofreciéndole café a Alejandro y después a su madre que la mira muy ofendida, cuando esta se dispone a volver a hablar, Magdalena le pregunta si ya se va... Paula le lanza una mirada asesina y responde.
- Si hija, ya me retiro, pero antes quiero hablar con Alejandro de ese asunto...
- ¡Ah sí! – interrumpe nuevamente Magdalena y se dirige a Alejandro – Es que le dije a mi mama que tal vez me quede aquí en Puebla un poco mas, hasta que Alejandrito sea más grande.
- ¡Bueno! – contesta Alejandro mirándola asombrado por el repentino cambio de opinión –
- Me iré con ella en cuanto salgas para la hacienda, no tiene caso que me quede sola en esta casa – Magdalena continua hablando dispuesta a no dejar meter baza a Paula –
- ¡Cómo quieras! – contesta Alejandro repentinamente serio – Bueno perdóneme doña Paula pero tengo algo que hacer, le ruego que me disculpe, gracias por todo una vez mas y hasta luego – Alejandro saluda ceremonioso y se retira –
Paula se vuelve hacia su hija enfurecida.
- Eres una tonta – le espeta muy ofendida –
El padre Abundio llega a su casa y se encuentra a Torres Quintero y Sebastián esperándolo, le interrogan sobre Alejandro y como llego a ser el dueño de la fortuna Almonte. El padre Abundio no tiene nada que ocultar y le cuenta toda la historia desde el comienzo, cuando los soldados se llevaron a la madre de Alejandro, y como en su lecho de muerte Benjamín Almonte reconoció a su hijo y le dicto su testamento, en el que lo declaraba único heredero de sus bienes. Francisco se interesa por los testigos y el padre aclara que además de él fueron el antiguo administrador de la hacienda, ya muerto, un tal Jacinto, que también murió y Caritino que se marcho a la capital, de esa forma se enteran los dos conspiradores que el único testigo que queda de la firma del testamento es el padre Abundio.
Alejandro esta sentado a la mesa de su despacho fumando pensativo. Magdalena entra y se sienta frente a él, le pregunta que hace y Alejandro lacónico le responde que nada. Magdalena le informa que Armida le pidió la carta de su padre. Como había visto que él la guardaba en el cajón del escritorio se la dio, espera no haber hecho mal. Alejandro le contesta que no, era de Armida y tenia derecho a pedirla, se levanta para irse. Magdalena lo detiene, quiere hablar con él, pero finalmente no se decide y lo deja marchar.
Torres Quintero y Sebastián llegan a la posada del pueblo y comentan la declaración del cura. Francisco considera que es una declaración coherente y que cualquier juez la aceptaría, porque no deben olvidar, que todo el mundo considera que los religiosos no mienten. Él considera que es muy probable que el sacerdote obrara de buena fe y la que mintiera fuera la madre, pero eso no se puede probar, lo que esta muy fastidia mucho a Francisco, porque parece que Almonte se salió con la suya; Si al menos hubiera revocado las concesiones que les hizo a sus trabajadores... Ese hombre es un soberbio, un peligro latente para el gobierno y merece un escarmiento. Sebastián insiste en que es un impostor y que algo deben hacer. Francisco expone las dos alternativas; Una pleitear, y eso será largo y de un resultado dudoso o arreglar las cosas de manera tal que no quede duda que Alejandro Almonte no es quien dice ser. Sebastián se inclina por la segunda opción y considera que no será muy difícil, porque tienen el testamento en su poder y el único testigo que existe es el cura, los otros o murieron o no se sabe donde están y la madre es una mujer ignorante y expresidiaria. Los dos llegan a un acuerdo para llevar adelante el complot contra Alejandro.
A casa de José Luis llega Joaquín Arechiga, José Luis le recibe y muy triste le informa que Angélica se muere sin remedio. Joaquín pasa a ver a su hija, cuando se queda solo con ella, Angélica le pide que vaya a buscar a Magdalena, tiene que hablar con ella antes de morir, le pide que no se lo diga a José Luis y que la busque sin que Alejandro e entere. Joaquín no entiende porque y ella le explica que Almonte no le permite ser amiga de su esposo. El señor Arechiga se indigna por lo que considera un menosprecio y le reprocha a su hija haberse casado con José Luis pues piensa que la razón de Almonte es que ella no es de su clase.
Francisco encarga a Benítez el asesinato del padre Abundio; Se llevara su coche, sacara al padre del pueblo con cualquier excusa y una vez lejos lo matara. Benítez esta receloso, no le hace ninguna gracia matar a un sacerdote, pero Francisco lo amenaza con tomar represalias contra él si no obedece, asi que Benítez no tiene mas remedio que aceptar el encargo.
Alejandro esta trabajando en el despacho cuando entra Maria, se sienta frente a él que la saluda sin levantar los ojos del libro donde esta escribiendo.
- ¿Me quieres decir algo? – pregunta impaciente Alejandro - ¿De qué se trata?
- ¿Para que te lo digo si te vas a enojar? – responde Maria con un mohín caprichoso –
- Bueno – Alejandro se ríe entre dientes – Entonces me parece muy bien que te calles.
- ¿Cuándo volvemos a la hacienda Alejandro?
- Pronto – Alejandro continua trabajando y contesta sin mirarla –
- ¿A tu mujer la vas a dejar aquí?
- Tal vez – responde Alejandro lacónico –
- ¡De veras Alejandro! – exclama entusiasmada Maria - ¿Ya no quieres saber nada de ella? ¿Es por eso por lo que la corriste de tu recamara?
- Yo no la corrí de mí recamara – Alejandro la mira francamente molesto –
- Entonces... ¿Es ella la que no quiere?
- ¿Por qué insistes en meterte en lo que no te importa? – pregunta Alejandro impaciente y malhumorado dejando de trabajar –
- ¡Si me importa! Me importa mas que nada en el mundo. Porque yo te quiero Alejandro – Maria le toma las manos – Te quise desde siempre, desde que era una niña, tú eras bueno conmigo, me hacías jugar, me consecuentabas todos mis caprichos.
Alejandro libera sus manos con gesto impaciente.
- Pero ahora has crecido y no puedo seguir complaciéndote – Alejandro la mira y con voz seca y terminante dice – Yo no me he enamorado de ti Maria, sino de otra mujer y tienes que entenderlo.
- ¡De otra que no te quiere! Que te ha...
Alejandro corta en seco a Maria, y con cara de pocos amigos le habla amenazador.
- Ya, ya, ¡No lo digas! No vuelvas a decirlo o voy a verme obligado a alejarte de mí para siempre.
Es de noche en el pueblo de la hacienda, el padre Abundio esta en su casa descansando, cuando llega Benítez con aspecto apurado, según él, ha encontrado una mujer en grave estado en las afueras del pueblo y ella le ha pedido que viniera a buscarlo, tiene un coche esperando para llevarle a atender a la moribunda. El padre Abundio sugiere que lo mejor es buscar al medico también, pero el forastero insiste en que no hay tiempo, esa mujer no tiene remedio, asi que el padre lo acompaña en el coche a socorrer a la enferma.
Alejandro esta sentado en el salón de su casa, tiene delante la cuna del niño y se inclina sobre ella haciéndole arrumacos a la criatura, llega Magdalena que lo mira satisfecha y sonriente se sienta a su lado, mientras se inclina también sobre el niño. Rosario entra en el salón, busca al niño para cambiarle, porque es hora de darle de comer, lo saca de la cuna y se lo lleva. Magdalena y Alejandro se quedan solos, sentados uno junto a otro en el sofá. Alejandro la mira y le pregunta.
- Ayer le dijiste a tu mama que yo iba a volver a la hacienda y que tu te quedarías aquí con ella ¿Cambiaste de parecer?
- No – asegura rotunda Magdalena – Lo hice por si tu decidías eso, quise justificar de alguna manera lo que podría pasar. Pero yo no me quiero quedar aquí.
- Si, ya me lo dijiste – la mira de frente y le dice – Magdalena... quiero preguntarte algo... José Luis Álvarez... ¿sigue enamorado de ti?
- Bueno... él esta casado – responde Magdalena confusa –
- Sabes muy bien que eso no significa nada para él – responde Alejandro irónico – Tu ya eras mi esposa cuando pretendió alejarte de mi lado. ¿Te ha dicho que aun te quiere?
- No recuerdo – responde Magdalena asustada apartando la mirada –
- ¿No recuerdas o no me lo quieres decir? – insiste Alejandro -
- Pero de todos modos ¿qué importancia tiene? – Magdalena le mira a los ojos muy segura – Son sus sentimientos no los míos.
- Y ahora que estuve preso, ¿pediste su ayuda basándose en ese sentimiento?
- No, lo hice porque José Luis es bueno, nunca estuvo de acuerdo con lo que te hicieron.
- ¿Por qué?
- Porque él piensa como tu. Cree que los obreros deben tener mejores condiciones de vida, siempre ha despreciado a los ricos. Mira, yo sé que tú lo odias, pero es un hombre integro recto.
- Un hombre integro, recto, no busca para casarse una mujer rica – dice Alejandro irónico – y menos si esta enamorado de otra.
Magdalena intenta convencer a Alejandro consiguiendo que se ponga en el lugar de José Luis.
- Si tu hubieras sido pobre, nos hubiéramos enamorado y después te das cuenta que me obligaron a casar con otro hombre con engaños, con mentiras ¿Qué hubieras hecho? ¿Hubieras renunciado a mí? Quiero decir... si de verdad me hubieras querido
Alejandro no contesta, pero su expresión lo dice todo. Magdalena sonríe y contesta por él.
- Si hubieras hecho lo mismo que hizo él. Por eso no me puedes culpar tanto Alejandro – Magdalena continua hablando con sinceridad – Alejandro... Yo... yo bueno... doy gracias a Dios por todo lo que paso, porque te conocí, porque me enamore de ti. Si, lo he querido, es cierto, pero nunca como a ti – Magdalena lo mira a los ojos intentando transmitirle todo su amor –
- ¿Estas siendo sincera? – pregunta Alejandro impresionado –
- Mas que nunca – contesta ella sin dudarlo –
Alejandro convencido le toma las manos, se miran intensamente a los ojos y comienza a acercarse lentamente para besarse. En ese momento entra Rosario para decirle a Magdalena que el niño esta listo para comer y interrumpe el acercamiento, los dos la miran y ella confusa no sabe que decir... Magdalena sonriente lo besa suavemente en los labios y se retira, seguida por la mirada enamorada de Alejandro.
Cuando Magdalena se va Rosario se sienta al lado de su hijo feliz.
- Hijo ¿Ya se contentaron? – pregunta emocionada –
- Si – contesta Alejandro sonriendo con ternura –
- Cuánto me alegro hijo – responde Rosario – Yo lo que más quiero es tu felicidad, yo sé que tenias tus razones para estar enojado, pero cuando se quiere todo se perdona... dime... ¿Ya no desconfías de ella?
- Los celos son algo muy feo mama – responde Alejandro sereno y triste - Te impiden razonar, te atormentan constantemente... y desgraciadamente Magdalena ha hecho muchas cosas para que yo me sintiera asi – Alejandro toma las manos de su madre sonriendo – pero bueno, en fin... ya no hay que pensar en eso. Quiero creer que ella es buena... porque es lo mejor para todos.
- No, ella es buena y te quiere de verdad, créelo – asegura Rosario segura –
- Si – contesta Alejandro sonriendo con ternura –
Benítez ha llevado al padre Abundio lejos del pueblo, han bajado del coche y se adentran en la maleza, el padre esta desconcertado, cuando Benítez considera que esta suficientemente lejos, saca una pistola y apunta, entonces el padre se da cuenta que le engaño, pregunta porque le va a matar. Benítez muy nervioso le grita que se calle y encomiende su alma a Dios. El padre quiere saber al menos porque va a morir, Benítez esta cada vez más nervioso... El padre Abundio le pide que reflexione, por él sobre todo, porque se condenara eternamente si lo mata. Benítez insiste en que encomiende su alma a Dios, el padre se arrodilla para rezar. Benítez amartilla la pistola y apunta a la sien del padre Abundio, este se vuelve para mirarlo.
Fin del capitulo 58.
Mar




Escrito desde Apr 11, 2003, 4:15 PM

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Capitulo 57 de "Bodas de Odio"

by Mar

Francisco Torres Quintero examina los documentos que Sebastián y Armida le han traído, compara la letra de la carta con la del testamento y se da cuenta que no son iguales, la firma también parece distorsionada. Sebastián le aclara que el testamento fue redactado por el cura del pueblo, que Benjamín Almonte solo firmo, estaba muy enfermo, las otras firmas son de los testigos y del cura; Señala que dado el estado de salud de Almonte, puede que no estuviera en posesión de todas sus facultades mentales. Francisco considera que es posible, pero que seria muy difícil de demostrar, por lo que es mejor tomar otro camino menos arriesgado, pide un tiempo para reflexionar sobre el asunto; No hay que olvidar que esta casado con una Mendoza, y aunque el general ya ha muerto, su madre y su hermano todavía conservan muchas influencias. Sebastián considera que la familia Mendoza al enterarse del engaño, seria la primera en repudiar a Alejandro Almonte, pero Francisco no esta de acuerdo; Ellos buscarían evitar el escándalo, no hay que olvidar que la mas perjudicada seria doña Magdalena, su hijo perdería el derecho a llevar el apellido Almonte, seria un bastardo y ella habría convivido con un hombre que legalmente no es su marido, asi que es mejor obrar con cautela.
José Luis continua insistiendo con Magdalena para que intente convencer a su marido de aceptar la oferta de Torres Quintero; Él mas que nadie es consciente de que Alejandro tiene razón, no reprueba su comportamiento con los obreros, al contrario, pero es la única manera para que salga de la cárcel. Manuel Calderón es un hombre bien intencionado, pero esta sometido a torturas y no se sabe lo que pueda aguantar. Alejandro debe escoger, por una parte esta la posibilidad de pasar varios años en la cárcel, y por la otra volver junta a ella y su hijo. Magdalena considera que no hay posibilidad de que Alejandro acepte la oferta porque nunca traicionara la palabra dada a los trabajadores.
- Pero de todos modos se lo tienes que decir – argumenta José Luis – Él debe decidir.
- Te lo agradezco mucho José Luis. ¿Tu ya no lo odias, verdad?
- Mira Magdalena, esto nada tiene que ver con mis sentimientos hacia tu marido, reconozco la nobleza de sus ideales, pero no puedo olvidar que él fue quien te arranco de mi lado y que uso su dinero para lograrlo – José Luis la mira con tristeza – Si por lo menos te hubiera hecho feliz.
- Si no soy feliz la culpa no es de Alejandro sino mía – Magdalena defiende apasionadamente a su marido – Yo le he sido infiel, lo he engañado contigo, y eso ningún hombre lo olvida.
- Yo si lo hubiera olvidado – dice José Luis mirándola con adoración –
Magdalena baja la cabeza incomoda. José Luis se levanta y se despide, ella lo acompaña a la puerta, cuando abre para que salga, llegan Maria y Rosario que regresan de la cárcel. José Luis se despide y sale rápidamente. Maria se vuelve hacia Magdalena indignada reprochándole su descaro. Rosario la corta rápidamente y le asegura que no sabe nada asi que es mejor que se calle y no se meta, Maria entra en la casa furiosa murmurando que Magdalena los ha embrujado a los dos.
- Niña, ya sé que usted no esta haciendo nada malo, pero si todo esto llega a oídos de Alejandro – Rosario esta preocupada – Él no le tiene la misma confianza que yo.
- Rosario, ya lo sé, pero a mí lo que más me importa es que salga libre y después que sea lo que Dios quiera – dice Magdalena con aire cansado –
Paula y Dimitrio van a ver al gobernador para exponerle la situación. El gobernador los recibe y Paula le cuenta que están muy preocupados por la detención de su yerno, es injusta y arbitraria. Después de la introducción de su madre, Dimitrio pasa a explicar los detalles técnicos; Estan seguros, porque han hablado con Manuel Calderon, que este no ha involucrado a Alejandro en ningun movimiento revolucionario. Lo único que ha declarado, es la verdad, que es comerciante y fue a ver a Alejandro por asuntos de negocios, pero Torres Quintero esta usando la brutalidad policial para intentar obligarlo a firmar una confesión que involucre a Alejandro, no hay ninguna prueba contra él y por lo tanto su detención es arbitraria e injusta. Dimitrio le expone al gobernador lo difícil que se puede volver su situación si no toma cartas en el asunto; Si esto trasciende, la opinión publica podria ponerse en contra de su gobierno, todo el mundo sabe que el señor Torres Quintero es uno de sus allegados, sé podria pensar que fue por orden suya por lo que se arresto a Alejandro Almonte, que es totalmente inocente.
- Ni tan inocente – responde el gobernador – Buenos dolores de cabeza nos ha dado con su actitud con los obreros y yo le advertí claramente, que tarde o temprano se metería en problemas.
- Bueno si – señala Dimitrio – Pero aquí se trata de inventarle un crimen que no existe.
- Bueno investigare el asunto y si las cosas son asi, como ustedes aseguran, daré orden de ponerlo en libertad.
Paula y Dimitrio se despiden del gobernador, señalando que sabían podían contar con su comprensión y generosidad.
Alfonso ha decidido visitar a Josefina en ausencia de Dimitrio, ella le habla de los cinco mil pesos que exigió por ayudar a Dimitrio con el asunto de su cuñado y Alfonso lo niega con aspecto ofendido, eso es una mentira de Dimitrio para desprestigiarle, seguro que es él quien quiere sacarle ese dinero a su hermana o su cuñado. Josefina se niega a creerle, esta seguro que Dimitrio a cambiado, ya no le interesa su dinero, algunas veces ella se da cuenta que querría decirle algo bonito pero que no se atreve. Además, desde que noto ese cambio en Dimitrio, todos los días le envían un ramo de flores anónimo y ella esta segura que es de su esposo, que quiere expresarle de ese modo lo que no se atreve a decir con palabras; Adolfo se dispone a contarle a Josefina quien le manda el ramo de flores diario cuando aparece Dimitrio, este al ver a Adolfo supone que viene a cobrar por su colaboración y le dice, con cara de pocos amigos, que todavia no pudo hablar con su hermana y no tiene su dinero. Alfonso con cara de no haber roto nunca un plato, le expresa su asombro; No tiene ni idea de que habla, él nunca le pidió dinero para colaborar en la salvación de Alejandro. Dimitrio lo mira asombrado, no entiende a que viene la actitud de su amigo, le informa que no tiene necesidad de mantener su fachada de hombre honorable, Josefina ya lo sabe todo, incluido que el engaño que le hicieron fue idea suya.
- Estas loco, me quieres culpar a mí para reivindicarte ante los ojos de ella – contesta Adolfo con aspecto indignado – Es mentira, como también es mentira que yo te pedí dinero para ayudar a tu cuñado y seguramente lo hiciste con el propósito de sacarle dinero a ella.
- El que esta mintiendo eres tu Adolfo – Dimitrio se acerca amenazador –
- No voy a escuchar una palabra más tuya – dice Adolfo retrocediendo hacia la puerta –
- No, no, tu no te vas – dice Dimitrio mientras le corta la retirada y le agarra por las solapas enfurecido –
- ¡Déjalo! – grita Josefina que contempla la escena estupefacta –
- Pero si esta mintiendo – grita Dimitrio mientras zarandea a Adolfo –
Por fin Adolfo consigue soltares y escapa corriendo, Dimitrio pretende seguirlo furioso, pero Josefina lo agarra y tira de él hacia la casa, suplicando que lo deje. Dimitrio entra dentro mientras dice enfurecido.
- Pero es que no es cierto, no sé porque quiere que quede mal contigo – se vuelve hacia Josefina y le dice desesperado – Tienes que creerme a mi Josefina.
Francisco es llamado a presencia del gobernador para que de cuentas de la detención de Alejandro Almonte, este defiende su posición; Manuel Calderón es un conocido activista y ha purgado condena por sedición, él esta seguro que su visita a Almonte no fue para hablar de negocios, como ellos dicen, sino para urdir un plan contra el gobierno. El gobernador impaciente pregunta si tiene pruebas y Francisco debe reconocer que no; Calderón no ha firmado ninguna confesión, pero él esta seguro de su culpabilidad y le pide un día mas para intentar conseguir que involucre a Almonte. El gobernador le concede ese día, pero si no lo consigue hay que poner en libertada a Almonte, esta de acuerdo en que su comportamiento con los obreros les ha causado muchos problemas, pero si no tienen pruebas claras y irrefutables en contra suya es muy arriesgado retenerlo en la cárcel. Los Mendoza están prevenidos y si algo indebido se comete en este asunto, podrían publicarlo a los cuatro vientos y él no quiere que se les juzgue arbitrarios y faltos de respeto ante la ley, y menos con un exponente de su clase. Francisco protesta, Almonte es muy peligroso. El gobernador esta de acuerdo en eso, pero no en los métodos utilizados para contrarrestarlo.
- Es más peligroso si lo condenamos injustamente – dice el gobernador enojado – Usted sabe perfectamente que los ánimos del pueblo están caldeados y que esto podría ser la chispa que encendiera la mecha.
Alejandro se pasea inquiero por la celda, un guardia abre la puerta para dejar paso a Magdalena, trae un maletín en la mano con ropa limpia para Alejandro, él da las gracias y le pregunta por ella y el niño. Magdalena le responde que están bien y comienza a hablar del tema que le ha llevado a visitarlo.
- Dice Francisco Torres Quintero que si retiras todo lo que les concediste a tus obreros te va a dejar libre.
- ¿Cuándo te lo dijo? ¿Hoy? – pregunta Alejandro –
- No, ayer.
- No quiero que te humilles frente a ese hombre Magdalena – dice Alejandro molesto –
- Bueno, me lo mando decir – Magdalena se acerca suplicante – Acepta Alejandro, si dices que si te van a poner en libertad.
- No puedo, no debo traicionar a esa gente – dice Alejandro sin dudarlo –
- ¿Prefieres mantenerte leal a ellos aun a costa de tu libertad? Te van a condenar a muchos años de cárcel Alejandro. Vas a estar lejos de nosotros, en este lugar tan miserable o tal vez en uno peor – Magdalena junta las manos suplicante – Acepta lo que te propone Francisco.
- Seria un cobarde si lo hiciera – responde Alejandro inflexible –
- Prefiero eso a saberte aquí. Quiero que vuelvas junto a mí ¡Por favor Alejandro! Dijiste que me quieres, hazlo como una muestra de tu cariño. Si de verdad me amas di que si, yo te prometo... te prometo... que voy a hacer todo lo que tu decidas – Magdalena suplica con lagrimas en los ojos –. Mira... si quieres que me quede contigo lo haré, si prefieres no volver a verme... te juro que me iré a casa de mi madre y no te voy a buscar nunca mas – se acerca mas a él intentando convencerlo – Por favor Alejandro acepta lo que te propone Francisco.
- ¿De verdad te importa lo que me pueda pasar? – pregunta Alejandro impresionado a su pesar por la evidente preocupación y angustia de Magdalena –
- Si – responde ella sin dudarlo –
Magdalena regresa a su casa con aspecto derrotado, muy deprimida, Maria le abre la puerta y comienza a interrogarla sobre el estado de Alejandro, ella apenas tiene fuerzas para responder con un lacónico, esta igual, y entra en el salón, mientras Maria murmura a sus espaldas. Víctor que estaba en el despacho, sale y se enfrenta con Maria.
- Es una hipócrita – dice Maria enfadada – Quiere que todo el mundo pensemos que esta preocupada por Alejandro.
- ¡Y es verdad! – responde terminante Víctor –
- Tu también eres un simple – dice Maria - ¿Cómo puede querer que Alejandro salga cuando se aprovecha que él no esta para verse a cada rato con ese hombre?
- Las intenciones de la señora son buenas – señala Víctor con serenidad – pero tu como la odias, lo ves todo con mala voluntad.
- A ti también te ha sorbido el seso – Maria rechina de rabia – Me da un coraje ¿Cómo pueden ser tan ciegos todos? Víctor tú eres amigo de Alejandro ¿Por qué no le haces ver las cosas?
- Es que no hay nada que ver Maria – contesta Víctor seguro – La señora Magdalena es una mujer decente.
- Pero... ¡Víctor por favor! – exclama Maria indignada –
- Por favor es lo que te digo a ti. Ya es tiempo que dejes de intrigar para meter mas dificultades entre Alejandro y ella.
- Yo solo estoy diciendo la verdad – dice Maria muy ofendida –
- Pero lo que tu desearías fuera verdad – contesta Víctor – Maria sé que quieres a Alejandro y que te ilusionaste creyendo que él te escogería a ti como esposa, pero las cosas no fueron asi y tienes que resignarte.
- Es que me resignaría si lo viera feliz – responde Maria –
- Entonces deja de contribuir para que sea desdichado – responde Víctor –
Rosario entra en el vestíbulo preguntado si ya llego Magdalena, Víctor muy amable le responde que llego hace unos momentos y Rosario se apresura a ir a su encuentro. Maria sigue rechinando de rabia.
- Y ella también esta enterada de todo y ni una palabra dice. Le ha de encantar que su hijo haga el papel de tonto.
- La tonta eres tu que no quieres darte cuenta de nada – señala Víctor irritado –
Magdalena esta en su dormitorio, muy triste, sentada frente al tocador, entra Rosario impaciente por saber el resultado de su entrevista con Alejandro. Magdalena le cuenta que no quiere aceptar la proposición de Francisco, dice que no puede faltarle a sus obreros. Trato por todos los medios de convencerlo pero no quiere, Magdalena esta al borde de las lagrimas, desesperada, no pueden confiar en que Calderón aguante, esta siendo sometido a demasiadas presiones.
Francisco da orden de investigar con las autoridades de Valle Nacional una remesa de campesinos enviados por Benjamín Almonte, de la hacienda “Las Palomas” en Zacatecas. Quiere lista de reos, penas, comportamiento, todo lo que se encuentre en los registros.
El gobernador entra muy enfadado en el despacho de Francisco, el asunto de Almonte se les ha ido de las manos, la noticia ha transcendido y se murmura de ellos en todos lados. Francisco reacciona con extrañeza, él no cree que la familia Mendoza se haya atrevido a destapar el escándalo. El gobernador le responde que evidentemente se atrevieron. Hasta su hermana esta enterada y ha empezado a darle la lata y lo peor es que hablan de Almonte como un mártir y ellos son los villanos. Se están echando la opinión publica encima, este puede ser un pretexto, para que despotriquen contra ellos y la oposición puede tomarlo como bandera para atacarlos, quiere saber sí Manuel Calderón ya confeso.
- Aun no, pero en el ultimo interrogatorio empezó a dar algunos signos de querer hablar – contesta Francisco –
- ¿Y no ha pensado usted que si obtenemos su declaración por la fuerza durante el proceso podría decir que lo obligamos? ¿Usted cree que el abogado de Almonte no lo llamaría a declarar? Nos acusarían, no solo de querer condenar a un inocente, sino de brutalidad policial. No... no, además, Almonte pertenece a nuestra clase, no es un individuo con el que se pueda hacer lo que se quiera, el escándalo podría llegar hasta el congreso.
- Pero excelencia – protesta Francisco – Hay que dar un escarmiento para que nadie se atreva a seguir sus pasos.
- No, póngalo en libertad – ordena terminante el gobernador –
- Bueno, por lo menos déjeme presionarle un poco, para que siquiera revoque las concesiones otorgadas a sus trabajadores.
- Esta bien, pero si se niega suéltelo de todos modos.
José Luis regresa a su casa y habla con Rufino de su petición de perdón, las autoridades se niegan a extenderlo, este se insubordino contra las ordenes de un superior, asi que no hay nada que hacer. Rufino comprende que la justicia no es igual para los recomendados que para los pobres. José Luis pregunta por Angélica y su amigo le cuenta que no se levanto en toda la mañana, asi que acude a verla y la encuentra postrada en cama muy enferma, rápidamente va a buscar un medico, este le dice que Angélica esta agonizando, ya no hay remedio llego el final. José Luis le manda un telegrama a los padres de Angélica y después se sienta a la cabecera de su cama, ella le pide que busque a Magdalena, quiere hablar con ella.
Francisco entra en la celda de Alejandro, aparenta una gran seguridad, su aspecto es insolente, y se enfrenta a cara de perro con su enemigo.
- ¿Cómo esta señor Almonte? – dice Francisco con arrogancia – Acabo de hablar con el señor gobernador. Su excelencia en consideración a su nombre y a la familia de su señora esposa desea ser magnánimo con usted y le ofrece la libertad a cambio de algo.
- Si se refiere a que cambie de forma de pensar con respecto a los trabajadores de mí fabrica, pierde usted su tiempo ¡No lo haré! – asegura Alejandro terminante –
- No sea usted tan precipitado en sus decisiones, no olvide que si se niega, pasara muchos años en la cárcel y no aquí, sino en toro penal, lejos de Puebla, de su familia. Tal vez su esposa lo visite en un principio, pero después... con el paso de los años – dice Francisco burlón - doña Magdalena es una mujer muy hermosa... joven...
- ¿Qué insinúa usted? – pregunta Alejandro furioso –
- Nada que usted no sepa – responde insolente Francisco – Por cierto... que el capitán Álvarez se ha portado muy bien con su familia – irónico – muy “solicito” con su esposa.
- ¡Bueno ya basta! – grita Alejandro enfurecido – No le permito expresarse de esa manera de mi esposa y si lo esta haciendo para convencerme a aceptar su proposición le digo de una vez ¡NO!
- No sea tan terco... razone un poco. Si se le condena perderá usted familia, apellido, honor y tal vez la vida, porque son muy pocos los que logran salir vivos de San Juan de Ulua. En cambio si usted acepta, todo quedara olvidado y podrá disfrutar de muchos años de una vida tranquila junto a su esposa y junto a su hijo.
- Si, estoy consciente de lo que me espera – contesta Alejandro desafiante – pero prefiero eso a que un día cuando mi hijo sea grande, se avergüence de haber tenido un padre cobarde.
- Es mejor tener un padre cobarde que – Francisco mira con insolencia a Alejandro – Que una madre...
Alejandro se lanza sobre Francisco y lo agarra por las solapas con violencia, mientras grita.
- ¡No se atreva o le mato!
Víctor repasa unos documentos en el despacho, suena la campanilla, abre la puerta y se encuentra con Alejandro, lo recibe con alegría, quiere saber como fue que le soltaron. Alejandro explica que Torres Quintero fue a verle para intentar convencerle que revocara las concesiones a sus trabajadores a cambio de su libertad, se negó, pero igualmente lo soltaron. Entra en el salón y es abrazado por Rosario y Maria, pregunta por Magdalena, Rosario le cuenta que esta atendiendo al niño, pero enseguida la avisa, al instante llega Magdalena que loca de alegría se lanza a sus brazos, Alejandro duda un instante, y después la abraza.
Sebastián reprocha a Francisco que dejara libre a Alejandro, este dice que no tuvo mas remedio, pero que Almonte se las va a pagar, de principio se ha tomado unos días libres para ir a Zacatecas para hablar con el cura, ese es el mayor escollo para desconocer a Almonte. Sebastián esta de acuerdo y se presta para acompañarle.
Fin del capitulo 57.
Mar




Escrito desde Apr 10, 2003, 10:10 PM

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Capitulo 56 de "Bodas de Odio"

by Mar

Magdalena esta en el despacho, sentada a la mesa pensativa, entra Armida y se sienta a conversar con ella, muy hipócrita le expresa su sentimiento por lo que le acontece a Alejandro, después le pide la carta de su tío. Magdalena se la entrega, Armida lleva la conversación hacia el testamento de Benjamín Almonte y el modo en que fue legitimado Alejandro. Magdalena le aclara que no sabe nada de todo ese asunto y Armida se retira.
Adolfo y Nadia consiguen entrar en la prisión, después de recorrer varias celdas, en las que ven a hombres destrozados por la tortura, llegan a la celda de Manuel Calderón, este yace en el suelo, aturdido por del dolor y ensangrentado. Nadia lo contempla horrorizada. Adolfo se inclina sobre él y después de comunicarle que son amigos de Alejandro Almonte le pregunta que declaro. Calderón responde que siempre lo mismo; Es comerciante y fueron asuntos de negocios lo que le llevaron a visitar a Almonte. Adolfo señala que Alejandro ha declarado lo mismo y por lo tanto no debe cambiar su declaración, de esta forma los dos podrán salir de prisión en breve tiempo, le insinúa que si no involucra a Alejandro, la familia del señor Almonte le compensara económicamente. Calderón no quiere compensación económica, lo único que pide es que se apresure su salida de prisión, porque tiene miedo no poder resistir mas las torturas, de pronto se fija en Nadia, que ha permanecido aparte y pregunta si es la esposa de Almonte, Adolfo responde que si, entonces Calderón se dirige a ella.
- Dígale a su esposo señora, que siento mucho haber sido causante de este problema y váyase usted tranquila. Torres Quintero no se saldrá con la suya, primero tendría que matarme y los muertos no hablan.
En el salón de la casa de Alejandro, Maria mira por la ventana ensimismada, entra Armida y le pregunta que hace, ella contesta que piensa en lo estúpido que es Alejandro. No entiende como puede ser tan dejado con su mujer, como puede aguantar tantos engaños y traiciones, ayer mismo “ese hombre” estuvo en la casa y se encerró en el despacho con Magdalena y su hermano, no sabe que hablaron, pero semejante descaro no se puede tolerar. Ahora que no esta Alejandro hasta lo recibe en su casa y el hermanito esta muy de acuerdo, es el colmo de la desvergüenza. Armida le da la razón a Maria y aprovecha el momento de intimidad para intentar averiguar donde guarda Alejandro los papeles importantes, en la hacienda o en Puebla. Maria no lo sabe, pero como es Víctor quien lleva todos esos asuntos, supone que están en la casa. Armida después de conseguir la información de deseaba cambia hábilmente de conversación, y le cuenta que hace unos días vio a Magdalena por la calle con José Luis Álvarez, y en ese momento estaban solos.
Josefina ha ido de visita a casa de los Mendoza y conversa con Carmen sobre lo sucedido a Alejandro, esta indignada, nunca pensó que Francisco fuera capaz de hacer algo tan bajo. Carmen esta de acuerdo, nunca creyó que fuera un hombre tan malo, su hermano lo apreciaba muchísimo, fue él quien se lo presento al gobernador. Están en estas cuando llega Dimitrio, se sienta en el salón con ellas y les pide su ayuda. Es necesario que se dediquen a visitar a todas sus amistades, hay que publicar lo sucedido a los cuatro vientos; Deben decir que Alejandro esta detenido, que no hay pruebas contra él y que Francisco Torres Quintero esta utilizando la brutalidad policial para obligar a un pobre diablo a que declare contra él. Al día siguiente llega el gobernador, y iran a verlo, le contaran todo, pero si por otro lado, recibe presiones, oye chismes dentro de la buena sociedad, ordenara a Torres Quintero la libertad de Alejandro. Hay que hacerle ver a todo el mundo que Francisco se esta portando como un perro, que no respeta ni la posición ni la clase ni nada. Si se atreve a actuar asi en contra de uno de los de su clase, mañana pude ser para otro, asi nadie estaría seguro. Carmen le da la razón, esta tratando a Alejandro como si fuera un pelado cualquiera. Josefina sugiere hablar con su confesor, es también el confesor de la hermana del gobernador, y él puede contarle lo sucedido, de ese modo los chismes van a llegar a la propia casa del gobernador. Dimitrio acepta la idea encantado, esta dispuesto a que intervenga todo el mundo, curas, monjas, ateos, mojigatas, lo importante es que Francisco no se salga con la suya. Indignado les relata la forma en que lo trato, parecia que él fuera su criado.
A casa de los Mendoza llega Adolfo a darle cuenta a Dimitrio del resultado de su gestión; Consiguieron hablar con Calderón, todo esta bien, no ha declarado nada en contra de Alejandro y no lo va a hacer. Nadia salió de la cárcel hecha una histérica.
Nadia sale de la cárcel directa para el despacho de su marido y entra hecha una furia, gritándole que es un malvado y un hombre sin corazón, ha perdido la dignidad, como se atrevió a hacerle eso a Alejandro Almonte. Francisco que hasta ese momento había contemplado estupefacto a Nadia entiende ahora su indignación, pero quiere saber quien se lo dijo, y añade que son asuntos de política que ella no entiende. Ella le exige la libertad de Alejandro, además, nadie se lo dijo, ella entro en la cárcel y fue a ver a Calderón, sabe que no ha declarado nada todavía y que esta intentando obligarle usando la brutalidad, asi que vuelve a exigir que lo ponga en libertad.
Magdalena visita a Alejandro en la cárcel, cuando la puerta se abre, Alejandro que esta arrodillado en el suelo intentando comer, la mira fijamente sin decir nada, ella rompe el silencio saludando. Alejandro contesta el saludo mientras se levanta, alejándose de ella se para en el otro extremo de la celda.
- En mañana no pude venir porque estoy viendo a unas amistades para que nos ayuden – dice Magdalena inmóvil en la puerta de la celda –
- Si, ya me lo dijo mi mama, y te lo agradezco. Ayer vino tu hermano – responde Alejandro frió –
Magdalena por fin se mueve y se acerca a Alejandro se queda frente a él, a poca distancia.
- Nadia y Adolfo lograron hablar hoy con Manuel Calderón, dice que no declaro nada en contra tuya y prometió no hacerlo, también me dijo Dimitrio que mañana vuelve el gobernador, iremos a hablar con él. Es una infamia lo que Francisco esta haciendo contigo.
- ¿Por qué viniste? – pregunta Alejandro inexpresivo –
- Para verte – responde Magdalena con dulzura –
- ¿Cumpliendo con tu deber de esposa? – pregunta Alejandro irónico -
- No, tenia deseos de hacerlo – Magdalena lo mira a los ojos con sinceridad –
- ¿Por qué te estas tomando tantas molestias para conseguir mi libertad? – irónico – ¿No seria mejor para ti que me declararan culpable? Asi podrías hacer lo que quieras, lo que te gusta, ver a ese infeliz cuando se te antoje.
- ¿Te refieres a José Luis, verdad? Te lo voy a explicar.
- ¿Explicar que? – dice Alejandro indignado – En cuanto tuviste la oportunidad de eludir mi vigilancia no pudiste resistir la tentación de correr a sus brazos, y al sentirte tan afligida por lo que me paso, no se te ocurrió otra cosa que buscar consuelo – levanta la voz furioso - ¿Cómo te atreviste a presentarte ante Torres Quintero acompañada de él?
- Pero... José Luis fue quien se hizo cargo de la investigación sobre ti – Magdalena angustiada hace un esfuerzo por explicarse – Lo busque para reclamarle que te hubiera hecho detener, pero él no sabia nada, entonces me llevo con Torres Quintero para que yo me diera cuenta de que él, no tenia la culpa Alejandro.
- ¿Y como te enteraste que Álvarez estaba haciendo eso? – pregunta Alejandro incrédulo –
- Me lo dijo Nadia, por eso el día que Cipriano me acompaño a casa de mi mama tuve que salir por la puerta de jardín, fui a verlo para preguntarle, para saber que se trataba.
- ¿Y porque en vez de buscarle a él, no viniste conmigo para platicarme lo que pasaba? – aparta la mirada receloso –
- Acuérdate, te dije que Nadia me había contado – señala Magdalena –
- Pero lo de Álvarez te lo callaste – Alejandro desconfiado se enfurece - ¿Por qué?¿Por qué? Porque para ti cualquier pretexto es bueno para verlo.
- No Alejandro, te juro que solo lo hice con la intención de ayudarte.
- ¡Ayudarme, ayudarme, ayudarme! – exclama Alejandro, se apoya en los barrotes del ventanuco con aspecto cansado – Mira Magdalena, ya no tiene caso hablar de lo mimo, siempre... siempre... Ya no me importa saber si estas diciendo la verdad o no. Lo único cierto, es que por mas que te hayas esforzado no has podido olvidar a ese hombre, y yo ya estoy cansado, no quiero seguir luchando por ti.
- Estas equivocado Alejandro ¡Yo te amo! – Magdalena desesperada intenta convencerlo de su amor –
- No te esfuerces en hacerme creer algo que los dos sabemos no es verdad – Alejandro ya no grita, se muestra triste derrotado –
- ¿Qué puedo hacer para convencerte?
- Nada, porque nada vas a lograr.
Magdalena se acerca a Alejandro mirándolo a los ojos, intentando transmitirle la veracidad de su amor, le pone las manos en el pecho, Alejandro le toma la mano mientras aparta la mirada.
- Has hecho el intento, lo sé – dice con tristeza, sin agresividad – Pero también sé que no se puede arrancar un sentimiento cuando lo tenemos muy adentro – se vuelve a mirarla – Yo hubiera querido dejar de quererte, pero no pude, y lo mismo te paso a ti.
- ¡No es cierto! – exclama Magdalena asustada –
- Te agradezco que hayas venido a verme, pero me gustaría que no volvieras a hacerlo, lo prefiero y si quieres vivir en casa de tu madre, estas en libertad de hacerlo – con tristeza aparta la mirada de ella – Ahora te ruego que te vayas.
- No, no me quiero ir, no me quiero separar de ti, no quiero – suplica Magdalena con lagrimas en los ojos – Por favor Alejandro, por favor.
Magdalena se acerca mas a él y intenta abrazarlo, Alejandro le toma las manos y duda por unos momentos, pero por fin se decide y dice.
- Te lo ruego, vete. –
Se acerca a la puerta y la golpea llamando al guardia, anunciando que la señora se va, esta abre la puerta de la celda y Magdalena sale muy digna y triste sin volverse a mirarlo.
Magdalena llega a su casa y habla con Rosario, le cuenta todo lo sucedido y le pide su ayuda para convencer a Alejandro, esta muy angustiada, esta vez esta segura que todo se acabo. Rosario intenta tranquilizarla, seguro que Alejandro lo dijo en un momento de coraje, pero él la quiere-
- Si, me quiere, pero piensa que yo no a él y no me quiere volver a ver, esta vez ni siquiera estaba enfadado, eso es peor, quiere decir que lo pensó fríamente, no como antes – Magdalena llora desesperada – Rosario explíquele porque tuve que ver a José Luis, hágale ver que es a él a quien quiero. Si no desea hacerlo por mí que piense en su hijo.
José Luis es llamado al despacho de Torres Quintero, cuando acude este le acusa de traición, por haber facilitado informes sobre lo dicho por Calderón a la señora Magdalena Almonte. José Luis alega que él era el encargado de la investigación, por lo que tuvo que interrogar a Calderon. En cuanto a contárselo a Magdalena ella le pregunto y él no podía mentirle. Alejandro Almonte esta encarcelado con una acusación inexistente. Francisco intenta negarlo, pero finalmente desiste de convencer a José Luis y le encarga transmitirle un mensaje a Magdalena, debe decirle a su marido que si retira las mejoras a los trabajadores de su fabrica lo pondrá en libertad y hará desaparecer cualquier cargo en su contra.
Esa noche, cuando todo el mundo duerme, Armida se introduce furtivamente en el despacho de Alejandro, y procede a registrar todos los cajones y carpetas que hay en él.
A la mañana siguiente Francisco lee el periódico en su casa, cuando ve pasar a Nadia en bata sin mirarlo, la detiene y le pregunta porque esa noche durmió en otra recamara, a lo que ella le contesta que no piensa compartir su cama con un hombre capaz de cometer una acción tan baja. Después discuten airadamente, Francisco le dice que la política de un estado no se puede regir por lo que quiere una mujer, y ella le responde que tampoco se puede manejar con engaños. Él la llama tonta y ella desalmado, cuando sale a relucir el cura que la acompaño, entra Adolfo que se había mantenido al margen escuchando, y reconocer ser el acompañante de Nadia. Francisco les pregunta porque fueron a la cárcel y Adolfo le contesta con ironía y cinismo.
- Queríamos averiguar la verdad cuñado, solo la verdad... solo la verdad. Que ese pobre diablo es inocente y tu quieres obligarlo a comprometer a Almonte y eso no esta bien, esos métodos los podrás utilizar con otra gente pero no con Alejandro, la familia Mendoza todavía pesa.
- No se están dando cuenta ustedes de que Alejandro Almonte no esta perjudicando a todos, que es un peligro para la paz.
- ¡No seas exagerado! – contesta Adolfo riéndose - ¿Cómo puede hacer eso solo un hombre?
- Pero otros pueden seguir su ejemplo y los trabajadores al sentirse apoyados, podrían levantarse en contra de nosotros.
- Pues si se levantan les echaras al ejercito – dice Adolfo con indiferencia – No seria ni la primera, ni la ultima vez, pero ya deja a Alejandro en paz.
- Adolfo tiene razón Francisco, déjalo libre y al otro hombre también, son inocentes.
- El hecho de que todavía no hayan confesado no quiere decir que sean inocentes.
Nadia pierde los nervios y vuelve a insultar a Francisco, además, le amenaza con contarle a todo el mundo lo que esta haciendo sino suelta inmediatamente a Alejandro y al otro hombre. Ante eso Francisco le prohíbe poner los pies en la calle, a partir de este momento esta encerrada en casa, y se marcha furioso. Nadia le comenta a Adolfo que lo que más le duele es haber comprobado la clase de hombre con el que esta casada, ella lo consideraba un hombre bueno y noble. Adolfo intenta animarla, no debe pensar tan mal de su marido, pero cuando Nadia le pregunta si lo defiende, él es incapaz de hacerlo.
Maria va a ver a Alejandro, después de colgarse de su cuello, sin percibir que él no corresponde al saludo y intenta apartarla, no pierde oportunidad de meterse con Magdalena, señalando que vino con Rosario y Víctor, que están esperando fuera, pero que su mujer no quiso venir. Alejandro la corta inmediatamente; él pidió a Magdalena que no viniera, este no es lugar para mujeres, su madre y ella tampoco deberían venir, además, pronto va a salir, Magdalena ira a ver al gobernador y como no hay pruebas en su contra no tendrán mas remedio que soltarle. Maria aparta la mirada expresando sus dudas y Alejandro se asusta, pregunta si ha sucedido algo que él no sepa.
- Yo no se nada porque tu mujer nunca me quiere decir nada – dice Maria furiosa – pero tengo miedo. El otro día ese hombre José Luis Álvarez, llego a la casa y se metió al despacho con Magdalena, y también se han estado viendo varias veces. Ella dice que el capitán la esta ayudando para sacarte a ti de la cárcel, pero... ¿Tu crees eso Alejandro? Ese hombre no puede querer ayudarte, te odia, a lo mejor él y Magdalena se están poniendo de acuerdo para hacerte daño – Maria le pone la mano en el hombro – Piénsalo bien Alejandro.
- No, no me creo que Magdalena sea capaz de tanto – dice Alejandro inquieto –
- ¿Y por que no? – pregunta Maria rabiosa –
Josefina llega a su casa, y se encuentra a su esposo a punto de salir para ver al gobernador. Le cuenta que viene de cumplir su petición, ha propagado a los cuatro vientos la situación de Alejandro, ya hablo con su confesor, que se ha ido sin mas tardanza a contárselo a la hermana del gobernador, si Dimitrio quiere puede seguir visitando gente. Dimitrio acepta y le da las gracias. Josefina se muestra impresionado por la actitud de Adolfo, siendo cuñado de Torres Quintero esta ayudando en lo que puede. Dimitrio lanza un bufido impaciente y contesta con ironía, que el cerebro de Adolfo no funciona si no hay dinero de por medio, cinco mil pesos le pidió por su colaboración. Josefina no se lo puede creer y Dimitrio se molesta.
- ¿Por qué no habrías de creerlo? Acaso no partió de él la idea de... – Dimitrio no se atreve a continuar, cada vez le avergüenza mas aquel asunto – Tu sabes a que me refiero, yo sé que no me crees, que piensas que yo fui quien urdió todo, pero no es asi, si acepte de acuerdo, no sabes cuanto me arrepiento – Mira a Josefina y aclara – Me arrepiento de haberme casado contigo en esas condiciones – se acerca a Josefina - Me siento mal contigo porque yo nada mas he recibido cosas buenas de ti, yo te aprecio mucho... de veras.
Josefina le mira enamorada, Dimitrio incomodo, se despide para irse; debe buscar a su madre para ir a ver al gobernador. Josefina se queda suspirando sonriente y ilusionada.
Rosario ha entrado en la celda de Alejandro, este le expresa sus dudas por la actitud de Magdalena, pero su madre las desecha inmediatamente.
- Ella me cuenta todo, y en el corazón siento que dice la verdad – dice Rosario abrazada a su hijo –
- ¿Por qué recurrió a ese hombre? ¿Es que la familia Mendoza no tiene suficientes amistades? Y gente mucho más influyente que un simple capitán del ejercito. No... no mama, Magdalena lo hizo porque siempre lo tiene en la mente y cualquier pretexto es bueno para verlo. Si, es un sentimiento que no puede controlar, además, ¿cómo puede ese tipo desear mi salvación? Si desde que me case con Magdalena su único propósito ha sido robármela.
- No Alejandro, a lo mejor no es tan malo como tu piensas. Él fue quien le dijo a Magdalena que ese hombre no había dicho nada en contra tuya.
- ¿Estas segura? – dice Alejandro mirándola sorprendido –
- ¡Claro que sí! La misma niña me lo dijo, a lo mejor ese señor Álvarez esta arrepentido y quiere ayudar.
- No sé que pensar mama. Estoy tan confundido, tan desesperado – dice Alejandro abrazando a su madre –
- Si hijo, si te entiendo, pero no puedes seguir asi, creyendo que toda la gente es mala. Yo sé que la niña te ha faltado, sí. Pero esta tan arrepentida Alejandro... pobrecita... mira con lagrimas en los ojos me ha pedido que la ayudara para que no la eches de tu lado, ella te quiere, te quiere mucho – Rosario le suplica a su hijo - Se bueno hijo, se bueno y perdónala.
José Luis se presenta en casa de Magdalena, ella se lo reprocha, pero él dice que es muy importante lo que viene a decirle, tiene que transmitirle un mensaje de Torres Quintero, este le manda decir, que si Alejandro retira las mejoras a sus obreros, él lo dejara libre inmediatamente. José Luis es partidario de que Alejandro acepte el trato, de ese modo podrá salir de la cárcel ya mismo. Magdalena duda, esta segura que Alejandro no aceptara, ella ya se lo pidió antes de que todo esto sucediera y él se negó, dijo que no podía decepcionar a las personas que habían confiado en él. José Luis le pregunta si Alejandro la quiere, ella contesta que si y entonces José Luis alega, que si la quiere ¿cómo puede negarse a una petición suya?
Sebastián y Armida están solos en el despacho de Torres Quintero, Armida esta muy nerviosa, lo que van a proponerle es muy comprometido, es muy probable que no acepte. Sebastián la tranquiliza, Torres Quintero odia a Almonte, aceptara, pero tiene que dejarle hablar a él. Entra Torres Quintero, y Sebastián le entrega la carta que esta en posesión de Armida y el testamento de Benjamín Almonte.
Fin del capitulo 56.
Mar




Escrito desde Apr 9, 2003, 6:00 PM

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Capitulo 55 de "Bodas de Odio"

by Mar

Sebastián se presenta a Francisco Torres Quintero como el marques de la Cruz y Cañizares y le explica el motivo de su visita. La señorita Armida Guillen es sobrina de Benjamín Almonte. La conoció durante el viaje desde Perú y se intereso por su caso, esa señorita tiene una carta de su tío, en la que dice, que esta dispuesto a declararla heredera de sus bienes al no tener mas parientes, pero cuando dicha señorita llego, se encontró a un hijo que no sabia que existía, en posesión de la herencia. Este hijo confiesa ser bastardo, pero él considera la posibilidad de que pueda ser un impostor. También le habla de la madre de Almonte, una campesina que purgo una condena de treinta años en Valle Nacional. Francisco se muestra muy interesado por la historia de Sebastián y le promete su ayuda, desea conocer a la señorita Guillén. Sebastián quiere corresponder a la buena disposición del señor Torres Quintero hacia su protegida poniendo en su conocimiento algo que la señorita Guillén escucho en casa de Almonte. Parece que la señora Magdalena Almonte y su hermano, tienen la sospecha de que no hay pruebas en contra de Alejandro Almonte, dicen que la confesión no existe, y el señor Mendoza iba a intentar entrevistarse con Almonte para prevenirlo. Francisco se pone muy nervioso ante esa perspectiva, se despide bruscamente de Sebastián y sale rápidamente de su despacho.
Mientras tanto Dimitrio, que ha ido a visitar al director de la cárcel a su casa, ha obtenido un permiso escrito para visitar a su cuñado, se presenta en el puesto de guardia con la autorización y el oficial no tiene mas remedio que conducirle a la celda de Alejandro.
Magdalena y Rosario están muy preocupadas, las dos conversan en el salón, lo que más le duele a Magdalena es que se han separado enojados porque ella fue a ver a José Luis, esto sorprende a Rosario, no puede creer que Magdalena haya visitado a ese hombre; ella le cuenta que fue para ayudar a Alejandro, pero que él esta siempre dispuesto a creer lo peor de ella y de José Luis, si no hubiera sido por él no se habrían enterado de que el hombre no había confesado, es un buen hombre pese a lo que cree Alejandro. Rosario compadece terriblemente a su hijo, imaginando la tortura que tiene que estar pasando en la cárcel, con semejantes ideas.
Dimitrio es conducido a la celda de Alejandro, este esta sentado en el suelo sobre una manta, mira sorprendido a Dimitrio, no esperaba esa visita. Dimitrio entra y mira a su alrededor con expresión de repulsión, pide al soldado que le deje el farol para no pisar las ratas y mientras se queja de lo espantoso del lugar.
- ¿Por qué no ha venido mi abogado? – pregunta Alejandro –
- Porque estas incomunicado, tuve que ir a buscar al director de la cárcel para pedirle premiso, me dejo gracias a quien soy.
- ¿Ya contrataron al abogado?
- Si ya, pero a mi se me hace que este asunto vamos a tener que tratarlo a otros niveles, no por la ley, sino por medio de influencias y amistades.
- ¿Por qué? – pregunta Alejandro extrañado –
- Porque Torres Quintero esta empecinado en salirse con la suya.
En ese momento llega Torres Quintero muy apresurado al puesto de guardia, pregunta al oficial por Dimitrio Mendoza y le dicen que tuvieron que dejarle pasar a ver a Alejandro Almonte, tenían un permiso escrito del director de la cárcel, Francisco ahogando un juramento se marcha a toda prisa en dirección a la celda de Alejandro.
En la celda de Alejandro, este se ha levantado y apoyado en los barrotes de la ventana conversa con Dimitrio.
- Si, me interrogaron una vez, el mismo Torres Quintero.
- ¿Y que dijiste? ¿Te declaraste culpable?
- Pero ¿por qué me voy a declarar culpable si soy inocente de lo que me acusan? – dice sorprendido y molesto Alejandro –
- ¿Conoces a ese hombre, sí o no?
- Si, fue a mi casa a proponerme pertenecer a un grupo, creo que se llama circulo de obreros del Rió Blanco.
- Entonces es verdad.
- Si, pero yo no acepte.
- ¿Le dijiste eso a Torres Quintero? – pregunta Dimitrio preocupado –
- No, solo le dije que había ido para comprar mercancía de la fabrica.
- Pues hiciste bien – Dimitrio pasa directo al asunto – Bueno mira, te voy a explicar como están las cosas.
Antes de que Dimitrio pueda comenzar a hablar, la puerta se abre y aparece Torres Quintero, entra y la puerta se cierra a sus espaldas.
- ¿Viniste a ver a tu cuñado?
- Si, a pesar de que distes ordenes que nadie lo visitara – contesta Dimitrio arrogante – para que veas que yo si puedo entrar.
- Pero esas ordenes no se referían a nadie en especial de tu familia, sino a otras gentes – Francisco intenta salir del paso –
- ¿Cómo mi abogado? – pregunta burlón Alejandro –
- Nadie me informo que su abogado quería verlo – se dirige a Dimitrio – Lo siento mucho Dimitrio, pero tu visita a terminado.
- Pero si acabo de llegar – dice indignado Dimitrio –
- Lo entiendo, pero el señor Almonte tendrá que venir conmigo porque necesitamos confrontar su declaración con la de la otra persona.
- Lo que tenia que declarar ya se lo dije en la mañana – dice Alejandro altivo –
- Si, pero hay algunas cosas mas que quisiéramos preguntarle – Francisco esta nervioso y intenta impedir que Dimitrio hable con él –
- Esta bien – acepta impaciente Dimitrio – tan solo déjeme hablar con él unos momentos.
- Con gusto – responde Francisco mientras se aparta ligeramente y da la espalda a los cuñados –
- En privado – Dimitrio esta indignado por la desfachatez de Francisco –
- Perdóname pero eso es imposible – afirma Francisco –
- Asi ¿Por qué?
- Son reglamentos.
- ¿Reglamentos de quien? – Dimitrio esboza un gesto de fastidio y desprecio – Esta clase de cosas podrás hacerlas con los pelados, no con gente como nosotros, además, me importa muy poco que estés aquí – se dirige a Alejandro – Lo que quiero decirte es lo siguiente, tu solo dirás que ese Calderón fue a tu casa por asuntos de negocios, que no han hablado de ninguna otra cosa ¿de acuerdo? Porque has de saber que ese hombre – ahora Dimitrio mira despectivo y desafiante a Francisco – a pesar de lo que te han asegurado, no ha declarado nada en contra tuya, nada ¿entendiste?
- Estas diciendo una mentira para obstaculizar la justicia y puedo acusarte – dice Francisco enfurecido –
- ¿De que? ¿De que me vas a acusar? – desafiando abiertamente a Francisco – Además, aquí estamos solos los tres, yo puedo asegurar que no he dicho nada.
- Pero... mi testimonio. – Francisco intenta recuperar el terreno pedido –
- Tu palabra es tan valida como la mía.
- Entonces si Calderón no ha declarado en mi contra yo estoy detenido injustamente ¿no? – afirma Alejandro indignado –
- No se deje confundir por su cuñado, esa confesión existe – dice Francisco intentando aparentar seguridad –
- Enséñemela – pide Alejandro desafiante –
- Son documentos que se exhibirán únicamente ante el juez, cuando usted sea juzgado.
- Nada de eso sucederá Alejandro, no te preocupes – dice Dimitrio desdeñoso –
- No se como lo vas a impedir – Francisco mira con prepotencia a Dimitrio –
- Tengo mucho recursos Francisco, no lo olvides – dice Dimitrio esbozando una sonrisa burlona –
Francisco se queda sin argumentos y dándose media vuelta golpea la puerta de la celda y sale sin despedirse, seguido por la voz burlona de Dimitrio que pregunta.
- Que.. ¿No le vas a interrogar?
- ¿Estas seguro que Calderón no ha confesado nada? – pregunta Alejandro en cuanto Francisco sale – ¿Cómo se enteraron?
- No lo sé, no se me ocurrió preguntarse lo a Magdalena – contesta Dimitrio –
Por el rostro de Alejandro cruza la sospecha, cree saber quien le dio la información a su esposa.
Francisco sale de la celda y se va directo al puesto de guardia, autoriza las visitas para el señor Almonte, pero de ninguna manera se debe dejar pasar a nadie a ver a Manuel Calderón sin su expreso consentimiento.
Poco después Dimitrio llega al puesto de guardia preguntando por Torres Quintero, cuando le informan que se acaba de ir expresa su disgusto, pues habían quedado en ir juntos a ver a Manuel Calderón, pero sino esta, ira él solo. El oficial de guardia le dice que eso no podrá ser porque Torres Quintero acaba de ordenar que nadie lo visite sin su autorización y Dimitrio debe batirse en retirada.
Magdalena y Rosario están sentadas a la mesa del comedor, muy deprimidas, cuando llega Dimitrio diciendo que consiguió ver a Alejandro. Las dos quieren saber que tal esta, y él les informa que bien, dentro de lo que cabe. Hablo con él y le dijo todo lo que habían acordado. Pero lo más importante, en su opinión, es asegurarse que Calderón no ha hablado ni hablara, porque según le contó Alejandro, es verdad que le propuso unirse a un grupo que esta en contra del gobierno, por supuesto Alejandro no dijo nada de esto, pero si el otro habla la cosa se va a poner mas difícil. Especialmente estando tan interesado Francisco en perjudicarle. Dimitrio sugiere que podrían ofrecerle dinero a Calderón para asegurarse su silencio. Magdalena esta de acuerdo, cualquier cosa con tal de sacar a Alejandro de la cárcel. Dimitrio señala que el principal problema es llegar a Calderón, han prohibido las visitas, él ya lo intento y no lo dejaron pasar. Magdalena sugiere que quizá José Luis pueda entrar, y le comenta a su hermano que él fue quien se entrevisto con ese hombre y les comunico que no había confesado, Rosario les pide que supliquen su ayuda, y Magdalena se muestra dispuesta a ir en ese mismo momento, pero Dimitrio la detiene.
- No tiene caso que vayas ahora, ya es de noche, mejor ve mañana y que te acompañe alguien de confianza, no tuya, sino de Alejandro, tarde o temprano se va a enterar de quien te ayudo y es mejor que tengas testigos de tus platicas con ese tipo – aconseja Dimitrio a su hermana –
- No sabes cuanto te lo agradezco Dimitrio.
- No lo hago solo por ti, sino por mí también, seria humillante que Francisco se saliera con la suya, tal vez ahora sea más influyente que nosotros, pero más inteligente nunca.
- ¿Alejandro pregunto por mí? – dice Magdalena –
- No – contesta Dimitrio ante la desolación de su hermana –
Francisco va a buscar a Sebastián al casino, quiere que este le averigüe quien es la persona que informo a Magdalena de Almonte sobre la inexistencia de la confesión, Sebastián promete intentarlo, y le pregunta si Alejandro Almonte va ha salir libre, los Mendoza son una familia muy influyente. Francisco le dice que nada podrán hacer, de todos modos es conveniente comenzar a mover el otro asunto. Porque si ese hombre es un impostor hay que desenmascáralo, él de Almonte o como se llame, cree cualquier cosa, porque si se ha atrevido a ponerse en contra de su clase, quiere decir que no pertenece a ella y por lo tanto por sus venas no corre sangre de hombre bien nacido. Ahora sabe que no lo es, él mismo admite ser un bastardo, pero a saber de quien porque de Benjamín Almonte seguro que no. Sebastián sugiere muy diplomáticamente que quizá no haya suficientes pruebas para desconocerle, asi que quizá podrían... deja la posibilidad en el aire, pero Francisco entiende perfectamente y esta de acuerdo, desde luego que podrían.
Magdalena y Rosario se disponen a salir rumbo a la casa de José Luis cuando llega Víctor con la autorización para visitar a Alejandro, Rosario se va con él y Magdalena tiene que ir sola a ver a José Luis.
Francisco insiste a Benítez para que obligue a confesar a Calderón a como de lugar, en un par de días llega el gobernador, los Mendoza acudirán a visitarlo y él le pedirá pruebas, si no las tiene se vera obligado a liberar a Almonte, por lo que debe presionar mas al prisionero, seguro que tiene familia, puede amenazarlo. Benítez sugiere una confesión falsa, porque con Calderón ya lo han intentado todo y ha resultado inútil, a lo mejor no tiene nada que confesar. Francisco responde que no se puede, Dimitrio esta prevenido, miraría la confesión con lupa, también pide a Benítez una lista de todos los que visitaron la cárcel, es necesario que averigüe quien paso la información a los Mendoza.
Rosario entra en la celda de Alejandro, se abrazan, mientras Alejandro protesta por la visita de su madre, no debió venir, es un lugar muy feo. Ella le contesta que ha estado en peores sitios y se interesa por su estado de salud, Alejandro intenta tranquilizarla, esta bien, y dentro de unos días volverán a estar juntos otra vez, Alejandro pregunta por Magdalena.
- Esta muy angustiada – contesta Rosario – Ella y su hermano han estado viendo gente para ayudarte.
- ¿Y porque no ha venido a verme?
- Iba a venir, pero tenia que ver a una persona – Rosario huye la mirada de Alejandro –
- ¿Qué persona? – pregunta Alejandro mientras la sospecha se hace evidente en su rostro –
- Su hermano – responde Rosario dubitativa –
Alejandro aparta la mirada y su desconfianza es evidente.
- ¿No me crees hijo? – pregunta Rosario preocupada –
- ¿Sabes una cosa mama? Si salgo de esta volveremos a la hacienda tu, yo y mi hijo.
- ¿Y Magdalena? – inquiere Rosario angustiada –
- Es mejor darse cuenta como están las cosas – Alejandro habla con profunda tristeza y amargura – Reconozco que ella ha luchado para hacer el papel de esposa y por momentos me ha hecho creer que me quiere, pero no, no es asi, sus sentimientos hacia ese hombre son más fuertes que cualquier otra cosa, y yo ya estoy cansado.
Alejandro se abraza a su madre triste y angustiado.
Magdalena llega a casa de José Luis para pedirle que hable con Calderón porque tienen que estar seguros que no va a declarar nada en contra de Alejandro, han pensado ofrecerle dinero si es necesario. Dimitrio hablo con Alejandro y este le dijo que si era un activista, que fue a verlo para proponerle que se uniera a ellos. Alejandro ha declarado que solamente hablaron de negocios y las dos declaraciones deben coincidir. José Luis promete visitar de nuevo a Calderón, no cree que sea un hombre susceptible de ser comprado. De todos modos le dio la sensación de que no hablaría fácilmente, pero esta siendo torturado y no sabe cuanto pueda resistir, Torres Quintero esta empecinado en perjudicar a Almonte y si lo ha detenido alegando tener una acusación que no existe, hará hasta lo imposible para conseguirla.
- ¿Por qué odia tanto a Alejandro?
- Porque tu marido esta afectando los intereses de una clase, de la que Torres Quintero es el máximo exponente ¡Tal vez si renunciara a sus ideas!
- ¿Tu crees que entonces Francisco lo dejaría en libertad?
- Es lo más probable.
- Si, pero es que Alejandro es tan empecinado... yo misma se lo pedí antes de que ocurriera todo esto, pero dice que no quiere defraudar a los obreros.
- Si, lo entiendo – contesta José Luis –
- Entonces iras a verlo – suplica Magdalena –
- Si, iré. Magdalena ¿estas muy preocupada? – dudando - ¿Tanto lo quieres?
- Es mi marido – responde Magdalena como si eso lo explicara todo –
- Eso no contesta a mi pregunta.
- Lo nuestro ya murió José Luis – responde Magdalena rotunda -
- Para mi no, yo sigo amándote, mas que antes – dice José Luis apasionado - y sé que en el fondo tu también me quieres...
- No, no sigas, por favor – Magdalena le interrumpe - no hagas que me arrepienta de haber acudido a ti.
- Magdalena si tan solo me dijeras – suplicante – yo...
Angélica entra en el salón interrumpiendo a José Luis, este le cuenta que vino para hablar del asunto de su marido. Angélica le expresa su sentimiento a Magdalena. José Luis se va a la cárcel y Angélica y Magdalena se quedan conversando.
Benítez esta en el puesto de guardia de la cárcel preguntando quien entro a ver a Calderón, el oficial le contesta que ningún civil ha entrado a verlo, en ese momento José Luis pasa por delante de la puerta abierta, para dirigirse a la celda de Calderón. Benítez lo llama y le pregunta dónde va, este responde que a ver a Manuel Calderón, quiere hacerle unas preguntas, porque él es el encargado de la investigación. Benítez le prohíbe el paso, la investigación ya termino y ahora son ellos lo encargados. José Luis se ve obligado a retirarse. Benítez pregunta si el capitán había venido antes, pero el guardia no se acuerda, los militares entran y salen a su antojo.
Magdalena regresa a la casa, Maria le abre la puerta y Dimitrio, que estaba esperándola sale a su encuentro, llaman a la puerta y cuando abren se encuentran con José Luis, al que Maria mira boquiabierta, él le anuncia que no pudo ser, le impidieron la entrada.
Benítez le cuenta a Francisco las sospechas que le despierta el capitán Álvarez, los militares entran y salen de la prisión a su antojo y más sino oficiales. Francisco amenaza a José Luis, si averigua que fue él, se lo va a pagar.
Dimitrio acude en busca de ayuda a Adolfo y Nadia, ella esta indignada, jamás pensó que su marido podría ser capaz de tanta indignidad, acusar a un hombre siendo inocente, esta dispuesta a ayudar, pide un momento para ponerse el sombrero. Cuando ella se va, Dimitrio habla con Adolfo sobre su ayuda, este le dice que no aprecia demasiado a Alejandro porque le destrozo un magnifico negocio, asi que quiere cinco mil pesos por su ayuda, Dimitrio acepta, asi que Nadia y Adolfo disfrazado de sacerdote se presentan en la cárcel para llevarle unas palabras de consuelo a los presos.
Fin del capitulo 55.
Mar




Escrito desde Apr 8, 2003, 5:36 PM

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Capitulo 54 de "Bodas de Odio"

by Mar

Ante la noticia de que Alejandro va a ser arrestado, se miran asombrados, Alejandro es el primero en reaccionar responde altivo.
- ¿Una orden de detención? ¿Bajo que cargos?
- Conspirar en contra del gobierno del presidente don Porfirio Díaz.
- ¿Y quien me acusa?
- La denuncia partió de Francisco Torres Quintero.
- ¡No puede ser! – exclama asustada Magdalena –
Rosario se abre paso entre los policías que llenan el vestíbulo y llega hasta su hijo, Alejandro la rodea con su brazo protector.
- Le ruego que me acompañe señor Almonte.
- ¿Qué pasa hijo? – pregunta Rosario asustada –
- Nada, nada mama, no te preocupes – Alejandro se dirige a Cipriano – Avisa inmediatamente a Víctor para que contrate un abogado.
- Si Alejandro – responde Cipriano –
- Es que no es cierto – alega Magdalena dirigiéndose a Benítez – Debe ser un error, mire yo soy amiga de Francisco Torres Quintero, hablare con él.
- De nada servirá – dice Alejandro orgulloso, si dirige a Benítez – Cuando usted guste.
Alejandro se dispone a acompañar a Benítez, su madre lo retiene angustiada.
- Dime que es lo que pasa.
- Todo se va a arreglar mama, que Magdalena te lo explique
Alejandro intenta tranquilizar a su madre, la besa en la frente y sale con los policías, Rosario intenta seguirlo, pero Magdalena la retiene.
- Luego le explico – dice Magdalena –
- Cipriano vaya a buscar a Víctor, que contrate el mejor abogado, yo iré a ver a unas personas.
Obedeciendo las ordenes de Magdalena todos salen, ella se va con Rosario para explicarle lo ocurrido.
Manuel Calderón esta siendo interrogado por Francisco Torres Quintero, esta sentado en una silla maniatado y muy golpeado. Insiste en declarar que no tiene nada que ver con movimiento político alguno, eso quedo en el pasado, en la actualidad no es mas que un comerciante de telas, y fue a ver al señor Almonte para adquirir mercancía. Francisco afirma no creerle, los exaltados como él jamás se reforman, pero a él no le interesan las ratas como Calderón, si él firma una confesión incriminando a Almonte, influirá en los jueces para que la condena sea leve, a lo sumo unos cuantos meses, pero si no lo hace le jura que se pasara el resto de su vida en San Juan de Ulua. Calderón sigue declarando lo mismo, y Francisco da orden de seguir torturándole hasta obtener la confesión.
Alejandro es conducido a una celda por Benítez, este le transmite irónico su deseo de que se encuentre cómodo y cierra la puerta, Alejandro se queda solo en la celda, mira a su alrededor, la cela es un pequeño cubículo con un ventanuco enrejado por el que apenas entra la luz, tiene una manta en el suelo y un pequeño taburete que hace las veces de mesa, Alejandro se desabrocha la chaqueta y se queda de pie en medio de la celda todavía desconcertado por lo sucedido.
En el salón de casa de Alejandro están reunidas, Rosario, Armida y Maria, esta ultima esta asombrada, no entiende como es posible que hayan arrestado a Alejandro, es un señor. Armida esta muy interesada en saber que lo acusan, Rosario poco puede contar, no entendió muy bien las explicaciones de Magdalena, solo sabe que es por un asunto de la fabrica, Magdalena se fue a ver a unas amistades para pedir ayuda. Maria expresa su desconfianza; Ojala su intención sea de veras ayudarlo, y no utilizar esas influencias para dejarlo encerrado y asi librarse de él. Rosario se enfada con Maria y ella se disculpa, pero repite que es de todos sabido de Magdalena no quiere a Alejandro. Rosario muy molesta con ella y se retira del salón, cuando sale Maria se dirige a Armida.
- Se hace la loca, pero todos sabemos que Magdalena esta enamorada de ese José Luis Álvarez y que se caso con Alejandro por su dinero.
- Pero ¿él la quiere, verdad? – pregunta Armida interesada –
- Te diré... – Maria da a entender que Alejandro no quiere a Magdalena – lo que pasa es que como es su mujer Alejandro quiere que se quede con él, es muy orgulloso.
Magdalena ha ido a ver al cuartel a ver a José Luis, lo esta esperando en su despacho, este entra sorprendido por lo inesperado de la visita.
- ¿Ha sucedido algo?
- ¿Y me lo preguntas? – Magdalena esta indignada – ¿No fue gracias a tus acusaciones por lo que detuvieron a Alejandro?
- ¿Lo arrestaron? ¿Cuándo?
- Esta mañana, hace un rato, lo acusaron de conspiración en contra del gobierno y la orden fue dada por Francisco Torres Quintero ¿No fue por los informes que tu distes?
- Magdalena te aseguro que no.
- ¿Pero como pudiste José Luis?
- Yo no tengo nada que ver, al contrario, voy a ver a Torres Quintero, también quiero saber porque lo arrestaron.
- Voy contigo – dice Magdalena con determinación –
- Esta bien, es mejor asi te darás cuenta que yo no hice que detuvieran a Almonte.
Armida va al hotel a contarle a Sebastián lo ocurrido, este se ríe a carcajadas por la desgracia de Alejandro le parece muy divertido y además les beneficia. Ella le informa que lo detuvieron por conspiración contra el gobierno, la orden de detención partió de Torres Quintero. Sebastián no se sorprende, Villarias le había contado que ese hombre llamo a Almonte traidor en la junta de industriales. Armida le cuenta todo lo que averiguo. En primer lugar el testamento fue redactado por un cura llamado Abundio, Benjamín lo firmo, hubo testigos, el administrador, ya fallecido, un par de trabajadores de la hacienda y el mismo sacerdote, asi que no fue redactado por un juez ni escribanos, ya que el viejo estaba a punto de morir. Le relata además el chisme que le contó Maria sobre la supuesta infidelidad de Magdalena y su amor por el capitán José Luis Álvarez.
Benítez informa a Torres Quintero que no consiguieron que Calderón confesara, este le mete prisa, no pueden retener a Almonte mucho tiempo sin una confesión firmada, es un hombre poderoso y pronto tendrá un abogado, asi que hay que hacerle confesar a como de lugar, Francisco deja muy claro que no importan los métodos que empleen, deben hacerlo confesar.
Benítez sale del despacho, pero vuelve a entrar un instante después para anunciar que el capitán Álvarez esta fuera y quiere verle viene acompañado de la señora Magdalena de Almonte.
- ¡Que desfachatez! – exclama Francisco – Esta bien que pasen.
Entran Magdalena y José Luis, Francisco se levanta para saludar ceremonioso a Magdalena, esta sin rodeos aborda el asunto, quiere saber porque arrestaron a su esposo siendo inocente. Francisco invita a sentarse a Magdalena, ella se sienta y después lo hace él, José Luis interviene. La señora Almonte fue a buscarlo para preguntar porque se había detenido a su esposo. Francisco afirma que él sabe muy bien porque, por la visita de Manuel Calderón. Magdalena pregunta desconcertada quien es ese señor Francisco contesta que Manuel Calderón es un activista que purgo condena por el delito de sedición. José Luis afirma rotundo que él mismo interrogo a Calderón y que si bien es cierto que en el pasado se dedico a actividades subversivas, en la actualidad es un simple comerciante que fue a ver al señor Almonte por asuntos de negocios. Francisco se niega a aceptar las alegaciones de José Luis, esta seguro que Calderón fue a ver a Almonte por asuntos políticos, para ponerse de acuerdo en las actividades en contra del gobierno. Manuel Calderón también esta detenido y acaba de confesar. Magdalena indignada, asegura que no es cierto y que si ese hombre ha dicho eso esta mintiendo, recurre suplicar la ayuda de Francisco en nombre de la antigua amistad que lo une con su familia y a su estrecha relación con Nadia. Francisco alega que aunque quiere ayudarla el asunto se escapa de sus manos, no pueden ser tolerantes con los que atentan contra la paz que tanto costo instaurar al presidente Díaz.
- Pero es que Alejandro no quiere perjudicar a nadie – protesta Magdalena indignada –
- Perdóneme si la desmiento, pero su comportamiento con respecto a los obreros no habla muy bien de sus acciones. Entiendo su preocupación y la comprendo, pero créame, desgraciadamente, el asunto ya no esta en mis manos.
Magdalena se levanta altiva, mira orgullosa a Francisco y deja claro que pasara por encima de él, quiere ver al gobernador. Francisco la informa que el gobernador no esta, fue a la capital con una delegación de industriales para hablar sobre el problema con los obreros y no sabe cuando volverá. Magdalena se vuelve hacia José Luis, le indica que se van y muy digna sale del despacho.
José Luis la acompaña hasta la esquina de su casa, allí Magdalena le pide que se vaya no quiere que nadie los vea llegar juntos, antes de irse José Luis quiere dejar claro que él no tuvo nada que ver en el encarcelamiento de Alejandro. Magdalena esta preocupada, esta segura que ese hombre miente y que Alejandro no tiene nada que ver con activistas. José Luis le promete tratar de hablar con Calderón para averiguar que fue lo que declaro.
Armida esta llegando a la casa y ve a Magdalena acompañada de José Luis, se esconde detrás de una esquina hasta que se separan.
Paula esta de visita en casa de Alejandro, le han contado lo sucedido y esta asombrada y indignada, Magdalena llega a la casa acompañada de Armida que la alcanzo fuera, saluda a su madre, que le dice que no puede creer lo sucedido y menos que lo haya ordenado Francisco. Magdalena le informa que acaba de hablar con él, que detuvieron a un hombre que ha implicado a Alejandro en actividades subversivas, pero ella esta segura de que miente. Paula esta indignada de todos modos no tiene derecho a detener a Alejandro si Francisco no la escucho hay que acudir al gobernador, su hija le dice que ya lo pensó, pero no esta en Puebla, y no pudieron decirle cuando regresara. Armida hipócrita apoya su mano en el hombro de Magdalena mientras pronuncia palabras de consuelo, Paula repara por primera vez en ella y Magdalena se la presenta, la aparición súbita de un pariente de Alejandro sorprende mucho a Paula.
José Luis visita a Calderón en su celda, esta tendido en el suelo prácticamente desmayado, cuando entra José Luis se incorpora con dificultad, después de que José Luis deje claro que no esta detenido por orden suya, le pregunta que confeso, a lo que Calderón responde que no confeso nada y que no incrimino a Almonte, quieren obligarlo a hacerlo, pero él solo ha dicho que es un comerciante y que sus relaciones con el señor Almonte son por negocios.
Francisco y Benítez están en la sala de interrogatorios, la puerta se abre y entra Alejandro conducido por un agente y con grilletes en las muñecas, mira a Francisco altivo.
- No creo que con el señor Almonte eso sea necesario – dice Francisco – quíteselas.
El agente le quita los grilletes, Alejandro se frota las muñecas. Francisco lo invita a sentarse, pero Alejandro permanece de pie.
- Según lo que me dio este hombre se me acusa de conspirar en contra del gobierno ¿Cuáles son las pruebas? – Alejandro habla con seguridad manteniendo altivo la mirada de Francisco –
- ¿Conoce usted a un individuo llamado Manuel Calderón? – pregunta Francisco levantándose –
- Si – contesta Alejandro sin dudarlo –
- ¿Cuándo y donde lo conoció?
- Ayer, fue a mi casa – responde Alejandro –
- ¿Esta usted seguro que no lo había visto antes?
- Por supuesto que no.
- ¿Y por que fue a verlo?
- Es comerciante – Alejandro contesta con seguridad, desafiante –
- Mire señor Almonte, si confiesa usted de una vez nos ahorraremos palabras y situaciones incomodas – amenaza Francisco –
- ¿Y que es lo que pretende usted que confiese? – pregunta Alejandro altivo –
- Sus nexos con grupos que no están conformes con el gobierno del general Porfirio Díaz.
- No tengo porque admitir algo que no es cierto – responde Alejandro terminante-
- ¿Esta usted seguro? Porque Manuel Calderón nos hablo de algo muy diferente.
- ¿Qué cosa les hablo?
- Que la visita que le hizo no fue precisamente para tratar asuntos relacionados con el comercio de sus telas, sino para hablar de sus actividades políticas.
Alejandro lo mira desafiante en silencio, lentamente se sienta.
- Quiero hablar con mi abogado.
- Por supuesto, hablara usted con su abogado, pero también es necesario que conteste a nuestras preguntas.
- Lo único que puedo decirles es que jamás he participado en actividades subversivas.
- ¿Y su política con los trabajadores de su fabrica no revela acaso una actitud subversiva? – señala irritado Francisco –
- No, es un acto de justicia – contesta Alejandro con seguridad –
- Mire señor Almonte, yo en consideración al lugar que usted ocupa en nuestra sociedad, a la posición de la familia de su señora esposa, estaría dispuesto a hacer caso omiso de la acusación que Manuel Calderón hace en su contra, siempre y cuando, usted revocara las concesiones otorgadas a sus trabajadores y me prometiera someterse a las decisiones que al respecto tomaran los demás industriales de nuestra ciudad, si usted acepta lo que le estoy pidiendo, daré ordenes para que lo pongan en libertad y pueda usted reunirse con su familia, con su hijo, con su esposa que... – Francisco se interrumpe –
- ¿Qué iba usted a decir? – pegunta irritado Alejandro –
- Que lógicamente ha de estar muy preocupada por usted, hoy mismo fue a verme para enterarse de cómo esta su situación, por cierto le acompañaba el capitán José Luis Álvarez – Francisco mira a Alejandro significativamente, Alejandro acusa el golpe – Supongo que estará usted consciente que una acusación como la que existe en su contra significa varios años de cárcel, varios años lejos de “su” familia.
Alejandro mira directamente a Francisco altivo, con firmeza y decisión y dice.
- Nunca traicionare la confianza que los obreros han depositado en mi, por lo menos los míos no van a morir de hambre como ustedes pretenden.
- Esta bien ¿Cuándo va a firma usted su confesión?
- No tengo nada que confesar – contesta Alejandro desafiante y orgulloso –
Francisco da la orden para que se lleven a Alejandro de vuelta a su celda, cuando sale, se dirige a Benítez para ordenarle que intensifique el interrogatorio a Calderón, debe obtener su confesión, no podrá retener a Almonte mucho tiempo más.
José Luis esta en el salón de su casa y le cuenta a Rufino lo que averiguo, este debe ir a casa de Magdalena para avisarla que Calderón no confeso nada, han intentado obligarlo y no sabe cuanto tiempo podrá soportar, por eso tienen que darse prisa, debe decirle a Magdalena que maneje la información muy discretamente, si Torres Quintero se entera que fui él quien se la proporciono, no solo lo encerrarían también, sino que no podría conseguir mas información y en este momento todo lo que se pueda averiguar es muy importante para la salvación de Almonte.
- Oyes y ultimadamente, si lo condenan o no a ti que, estas arriesgando mucho Pepe.
- Lo sé, pero Magdalena acudió a mí, antes que a sus amistades, inclusive antes que a su hermano, eso quiere decir que confía en mi y que... – José Luis se interrumpe – me aprecia mas que a nadie y no voy a defraudarla.
Magdalena esta en el salón de su casa muy preocupada, Armida hipócritamente le prodiga palabras de consuelo, llega Víctor con noticias sobre el abogado, ya lo contrato, pero no pudieron ver a Alejandro, lo tienen incomunicado y eso tiene a Víctor muy preocupado, Alejandro esta en su derecho de ver a su abogado. En la comandancia le dijeron que hay una acusación de un tal Manuel Calderón. Magdalena afirma rotunda que esta segura que ese hombre miente, Víctor esta de acuerdo, si Alejandro hubiera estado metido en algún movimiento de ese estilo se lo hubiera contado sin ninguna duda, pero parece que vieron a ese hombre entrar en la casa y se trata de un hombre que hace algunos años fue condenado por sedición.
Suena la campanilla de la puerta Cipriano va a abrir y se encuentra con Rufino, los dos se pelean a la entrada, Cipriano no quiere dejarle pasar, Rufino se empeña en hablar con Magdalena, pero Cipriano le dice que lo que tiene que decirle a ella primero se lo diga a él, como Rufino se niega, pretende echarlo de la casa y saca una pistola, están en estas cuando aparecen Magdalena y Víctor preguntando que pasa. Rufino solicita hablar con Magdalena, esta lo hace pasar al despacho ante el evidente desagrado de Cipriano, Víctor pregunta quien es, porque le suena su cara, le parece que lo conoce. Cipriano muy ofendido contesta que es el perro del otro perro, como Víctor pone cara de no entender nada, aclara que es el criado de José Luis Álvarez.
En el despacho Rufino le cuenta todo a Magdalena, Calderón no firmo nada, quieren obligarlo a hacerlo pero todavía resiste, claro que Pepe no sabe cuento tiempo va a aguantar. Magdalena abre la puerta del despacho y hace entrar a Víctor, pide a Rufino que le repita lo que averiguo una persona que ella conoce, Víctor se sorprende mucho ante las noticias, Rufino recomienda que por favor no utilicen el nombre de la persona que paso la información porque a él también lo meterían en la cárcel. Magdalena esta asombrada nunca pensó que Francisco fuera capaz de cometer tales bajezas, mando arrestar a Alejandro sin ninguna prueba.
Mientras Magdalena esta en el despacho con Víctor y Rufino, Armida se ocupa de interrogar a Cipriano sobre la madre de Alejandro y este le cuenta todo, que se la llevaron a Valle Nacional cuando Alejandro era muy pequeño, ese lugar es un penal horrendo donde llevan a los rateros, pero Rosario era inocente, la llevaron por orden del patrón viejo que era muy canijo.
Llaman a la puerta y llega Dimitrio, Armida lo recibe con una mirada insinuante, Dimitrio reacciona y se presenta ceremonioso, los dos pasan al salón, una vez allí Dimitrio se ofrece para acompañar a Armida en una visita por la ciudad mientras disimuladamente se quita la alianza y la mete en un bolsillo de la chaqueta.
Rufino se retira y Magdalena pide a Víctor que vaya a comunicarle al abogado esa información y le pregunte que es lo que pueden hacer, antes de irse le pregunta si sabe quien les ha proporcionado la información, Víctor responde afirmativamente, fue el capitán Álvarez.
- Asi es, debemos estarle agradecidos al capitán por su ayuda y le ruego que a nadie mencione su nombre, ni siquiera a Alejandro.
- Como guste señora – Víctor sale de la casa –
Magdalena acude al salón a ver a su hermano le cuenta las nuevas noticias, la acusación contra Alejandro no existe, ese hombre no ha confesado nada todavía, quieren obligarle a hacerlo pero por el momento no tienen pruebas, están deteniendo a Alejandro arbitrariamente y lo peor es que esta incomunicado, no permiten que nadie hable con él, ni siquiera su abogado, Magdalena esta muy preocupada, alguien tiene que llegar hasta el para prevenirlo.
- ¿Pero estas segura que ese tipo no ha acusado a Alejandro? – dice Dimitrio –
- Segurísima, pero según la policía ese hombre vino aquí a ver a Alejandro – se lleva la mano a la cabeza desesperada – Yo no sé que pensar Dimitrio, ese hombre hace años purgo una condena por sedición. Necesitamos saber que hablo con Alejandro y él tiene que estar enterado de cómo están las cosas.
- ¡Ay hermanita! - exclama Dimitrio - Este si que es un problema.
Alejandro esta sentado en su celda, se levanta y pasea inquieto, se acerca a la ventana y se apoya en los barrotes, solo puede pensar en la nueva traición de Magdalena, sus pensamientos regresan una y otra vez hacia ella.
- Me ha engañado todo el tiempo, sigue viéndose con ese hombre – apoya la cabeza en el brazo desesperado - ¿Pero como es posible? ¿Por qué? Pero en cuanto salga de eso... ¿Y si me condenan? Ella quedara libre de... hacer lo que se le antoje ¿y el niño? ¿Y el niño? – piensa Alejandro angustiado – No, tengo que salir de aquí a como de lugar.
Armida se escapa de la casa por la puerta trasera y va a ver a Sebastián para contarle las novedades, parece que han averiguado que la acusación contra Almonte no existe y van a mover todas su influencias para sacarlo de la cárcel, el hermano de Magdalena va a intentar verlo, porque esta incomunicado para contarle como están las cosas y que la acusación no existe. Sebastián no duda que lo saquen de la cárcel en poco tiempo, esa gente es muy influyente, Armida le cuenta la historia de la madre de Alejandro y su paso por el penal de Valle Nacional.
Dimitrio entra en la cárcel y se dirige al oficial de guardia altivo, quiere ver a Alejandro Almonte, cuando le piden el permiso responde orgulloso que él no necesita permiso es Dimitrio Mendoza cuñado de Almonte e hijo del general Mendoza, el oficial se pone inmediatamente de pie y ordena a un soldado que lo lleve a la celda numero 14, pero en ese momento interviene Benítez, Almonte esta incomunicado y nadie puede verlo. Dimitrio pregunta porque y Benítez responde grosero y prepotente.
- Porque no.
- Tú a mi no me contestas de esa manera – señala Dimitrio muy enfadado – Soy Dimitrio Mendoza y exijo ver a mi cuñado.
- Perdone señor Mendoza – Benítez cambia inmediatamente su tono – pero yo recibo ordenes, Francisco Torres Quintero ha prohibido las visitas al señor Almonte y yo sin ordenes de él no puedo autorizarle la visita.
- Quien es el director de esta cárcel – pegunta autoritario Dimitrio –
- El general Fulgencio Pasquel.
Dimitrio después de lanzarle una mirada despectiva sale del puesto de guardia en busca del director de la cárcel.
Sebastián acude a ver a Torres Quintero.
- Le ruego que perdone señor Torres Quintero que venga a verle sin que nos hayan presentado antes, es porque se trata de algo muy importante.
- Me dijo mi secretario que usted quiere comunicarme algo sobre el señor Almonte.
Fin del capitulo 54.
Mar




Escrito desde Apr 7, 2003, 11:19 AM

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Capitulo 53 de "Bodas de Odio"

by Mar

José Luis esta sentado en el salón de su casa revisando los informes sobre sociedades secretas revolucionarias que le proporciono Francisco Torres Quintero, suena la campanilla de la puerta, alguien abre y en el salón irrumpe una alterada Magdalena, ante la sorpresa de José Luis que se levanta para recibirla. Magdalena sin rodeos le pregunta si es cierto que esta buscando pruebas para meter en la cárcel a Alejandro.
Cipriano esta esperando a Magdalena delante de la puerta principal, cuando ve asombrado llegar a Paula y Carmen de la calle, ellas le preguntan que hace allí, y cuando se enteran que esta esperando a Magdalena entran muy contentas de la visita, dejando a Cipriano muy mosqueado.
Magdalena se ha sentado en el sofá con José Luis y defiende a su marido, Alejandro no tiene nada que ver con extremistas, ni con nadie, es inocente, José Luis lo conoció y sabe como piensa, es un hombre noble y generoso, si ayuda a sus obreros es porque lo considera justo. José Luis le responde que él lo sabe, pero que los ricos de la ciudad no piensan igual; Magdalena le reprocha su cambio de actitud, antes no pensaba asi. José Luis se defiende, sigue pensando lo mismo y lo pensara siempre, pero es un militar al que han dado una orden, intento negarse pero Torres Quintero amenazo con acusarle de desacato, le deja muy claro a Magdalena que no esta intentando vengarse de Alejandro, hará una investigación limpia, dentro de la ley, si Alejandro no tiene nada que ver con grupos revolucionarios no tiene nada que temer, él intento avisarle, para eso fue a su casa el otro día, y para pedirle que retire la mejoras concedidas a los trabajadores. Magdalena se disculpa por haber dudado de él. José Luis aborda el tema que le preocupa, la presencia de Magdalena en casa de Alejandro, le pregunta si esta viviendo en su casa, y ante la respuesta afirmativa de Magdalena se expresa con ironía, herido; entonces seguro que él le ha pedido perdón y por fin cree en ella. Magdalena aparta la mirada y vuelve el rostro con expresión triste. José Luis se acerca a ella le toma la mano, quiere saber si el feliz, ella responde negativamente, Alejandro la desprecia por lo que ocurrió. José Luis se pone furioso y indignado ataca verbalmente a su rival.
- ¡Ese infeliz! ¿Cómo se atreve? Tu no puedes vivir al lado de un hombre como ese Magdalena.
- No, no – Magdalena defiende calurosamente a su marido – Es que tiene razón José Luis, yo lo he engañado.
- No Magdalena, no – José Luis protesta airado – El primero que engaño fue él, que ofreció dinero a tu familia para conseguirte, que te compro como se compra una mercancía – se aproxima a ella y le vuelve a tomar la mano apasionado – Magdalena si me hubieras hecho caso y te hubieras escapado conmigo cuando te lo propuse en la hacienda – se acerca mas a ella – Yo te amo Magdalena, te amo como a nadie en el mundo.
José Luis intenta besarle la mano, Magdalena se levanta horrorizada diciendo.
- ¡No, no, no por Dios mejor me voy ¿Cómo esta Angélica?
- Acostada, hace unos días que no se siente bien – José Luis ahora parece darse cuenta de la existencia de su esposa –
- Ella me pidió que fuéramos amigas, que nos viéramos pero... yo...
- ¿Tienes miedo de tu marido? – dice José Luis indignado – Magdalena ¿cómo es posible que puedas vivir asi?
- Adiós José Luis y gracias por todo – Magdalena no esta dispuesta a hablar de Alejandro con él –
- ¿Volveremos a vernos? – pregunta José Luis –
- No. – responde Magdalena rotunda –
Paula y Carmen han buscado a Magdalena por toda la casa, es evidente que no esta, Paula piensa que quizá salió con Nadia y Cipriano no se dio cuenta porque se había ido unos momentos, y quiere salir a preguntarle. Carmen sospechando que Magdalena se escapo de la vigilancia del criado de Alejandro por la puerta de atrás se lo impide y va a ver si la tranca esta quitada, cuando confirma su suposición deciden esperar a Magdalena.
En la casa de Alejandro suena la campanilla, Alejandro que se dirigía en ese momento al despacho abre personalmente la puerta, fuera hay un hombre desconocido que pregunta por Alejandro Almonte y dice llamarse Manuel Calderón, es un comerciante que vive en la capital y quiere hablar con él. Alejandro lo hace pasar a su despacho, allí el visitante le cuenta que su intención es recabar su ayuda para el movimiento en contra de la tiranía de Porfirio Díaz, cree que él piensa como ellos por la forma en que se esta comportando con los obreros de su fabrica, para él es evidente que Alejandro profesa ideas liberales y solicita que se una a su circulo, deben unirse para tener fuerza, un hombre con la fortuna y las ideas de Alejandro seria muy útil para el movimiento revolucionario. Alejandro expresa sus dudas, en principio él no tiene ninguna intención de meterse en política, y además no puede fiarse del primero que llega, Calderón podría estar tendiéndole una trampa para involucrarle en algo que le pudiera perjudicar. Calderón le explica que no es cuestión de política sino de justicia social y para acallar sus dudas le invita a visitar el lugar en el que se reúnen, esta seguro que no les traicionara, Calderón le deja la dirección de la posada en que se hospeda y le pide que lo piense, Alejandro le acompaña a la puerta y se va. Fuera de la casa los hombres que vigilan siguen al visitante.
Carmen espera el regreso de Magdalena bordando en el salón, Paula llega impaciente, su hija esta tardando mucho y ya duda que vaya a volver, seguro que el tipo ese que esta fuera se marcho a la cantina y Magdalena salió mientras tanto, no le gusta tener la puerta trasera abierta, alguien podría meterse a la casa, impaciente decide preguntar a Cipriano, Carmen intenta impedirlo, pero su cuñada ya ha abierto la puerta y esta hablando con Cipriano, le pregunta si ha estado hay todo el tiempo o se ha dado su vuelta a la cantina, Cipriano asombrado jura que no se ha movido de la puerta, Paula quiere saber si su hija salió con Nadia, Cipriano asegura que solo salió esa señorita y que la señora Magdalena volvió a entrar diciendo que iba a platicar con ellas, ahora Cipriano sorprendido pregunta si es que Magdalena no esta dentro. Paula dándose cuenta que ha metido la pata, entra en casa sin responder, nada mas cerrar la puerta aparece Magdalena, las dos le preguntan dónde fue y ella confiesa que se escapo para ver a José Luis porque Nadia le contó que quieren meter a Alejandro en la cárcel y es José Luis el que dirige la investigación, asi que fue a ver que tan grave era la cosa, no puede contarles mas porque se le ha hecho muy tarde y se marcha apresuradamente. Paula decide ir a verla al día siguiente, tiene que hablar con ella, pero sobre todo necesita tener una entrevista con Alejandro.
Sebastián esta preocupado, Armida le ha contado que Alejandro le pidió la carta que escribió Benjamín Almonte para entregársela a su administrador, Sebastián tiene miedo que la destruya, es una prueba muy importante y le pide a Armida que la recupere lo mas pronto posible. Ella le cuenta que conoció a la madre de Alejandro, es una campesina vestida de señora, la interrogo sobre el testamento, pero ella no sabe nada, parece que el que arreglo las cosas fue un cura, un tal don Abundio, eso preocupa a Sebastián, no le gusta que el clero este metido en el asunto y conmina a Armida a darse prisa, lo mas importante es que averigüe como fue redactado el testamento.
Magdalena llega a la casa, Maria le abre la puerta y detiene a Cipriano en la entrada, quiere saber a donde fue Magdalena y si Alejandro le pidió que la vigilara, se ríe de la confianza de Alejandro tiene en su mujer. Cipriano la mira de arriba abajo despectivo y no contesta, ella también quiere saber si de veras esa señorita que llego es prima de Alejandro, Cipriano responde encogiéndose de hombros que eso le dijeron y se entra en la casa.
Vuelven a llamar a la puerta, Maria abre y Armida entra en la casa, las dos se presentan y se sientan en el salón para conversar, Armida le pregunta a Maria sobre la muerte de Benjamín Almonte y como fue nombrado Alejandro su heredero, y Maria encantada de que alguien le dé la importancia que merece le cuenta encantada toda la historia; Nadie sabia que Alejandro era hijo del patrón, cuando este enfermo de muerte, llego el padre Abundio y se encerró en su recamara, al rato salió y llamo al administrador de la hacienda y a algunos trabajadores, como el patrón ya no podía escribir, don Abundio redacto y leyó el testamento, en el que Benjamín Almonte reconocía a Alejandro como su hijo y le heredaba toda su fortuna, después el patrón firmo y detrás todos los testigos. Cuando el patrón se murió, llamaron a Alejandro que estaba en la capital y don Abundio se lo contó todo. Armida se sorprende; ¿acaso Alejandro no sabia nada? ¿Su madre no se lo había dicho? Maria piensa que no lo sabia, y su madre no estaba, apareció en la hacienda cuando Alejandro ya estaba casado, entro a trabajar de sirvienta, él no sabia quien era, porque si lo hubiera sabido no la habría corrido cuando echo a su esposa de la hacienda. Armida se sorprende ante esta noticia, no puede creer que su primo expulsara a Magdalena. Maria quiere seguir contándole, pero suena la campanilla de la puerta, Cipriano cruza el salón y les lanza una mirada desconfiada, asi que Armida invita a Maria a segur platicando en su cuarto y las dos se marchan.
Alejandro entra en la casa, saluda a Cipriano y le pregunta si hace mucho que regresaron, y si su esposa fue solo a casa de su madre. Cipriano responde que llegaron hace un ratito y empieza a contarle lo sucedido, pero solo llega hasta la visita de Nadia porque Magdalena entra en el salón y Cipriano se apresura a retirarse. Alejandro la saluda y le pregunta ceremonioso.
- ¿Sabes que día es hoy?
- Lunes ¿por qué? – contesta Magdalena desconcertada –
- No, porque hace un año que nos casamos – responde Alejandro –
- No me acordaba – Magdalena sonríe –
- Pero yo sí.
Alejandro saca un estuche de su chaqueta, lo abre y se lo entrega a Magdalena, dentro hay un brazalete de diamantes.
- ¿Te gusta? – pregunta Alejandro –
- Es muy bonito Alejandro, gracias
Magdalena sonríe complacida por el detalle, lo mira un momento y después le declara una vez más su amor.
- Alejandro yo te amo y daría mi vida por...
Alejandro la interrumpe, le acaricia el rostro con ternura, mientras dice.
- No, no digas nada.
Se miran intensamente durante unos instantes, después se acercan lentamente y se besan.
Sebastián acude a casa de Villarias, el antiguo administrador de los Almonte, para preguntarle si ya le encontró casa y también para enterarse de lo sucedido en la reunión de industriales. Villarias le informa que ya le encontró una casa para alquilar, pertenece a Josefina de Icaza, esposa del señor Dimitrio Mendoza, hermano de la esposa de Almonte, ese dato interesa mucho a Sebastián, después le cuenta lo sucedido en la reunión de industriales, Almonte se opuso al cierre de las fabricas, se negó a cerrar la suya y a retirarles las mejoras a sus trabajadores, Francisco Torres Quintero, que presidía la reunión, dijo cuando Almonte la abandono que había que aplastarle la cabeza. Sebastián quiere saber quien es Torres Quintero y Villarias le explica encantado que es un hombre muy influyente, nada menos que el secretario del gobernador. Sebastián sonríe satisfecho, el rompecabezas va cuadrando, ya sabe a quien se tiene que dirigir.
Alejandro y Magdalena están sentados en el sofá del salón, al lado esta la cuna del niño. Alejandro esta inclinado sobre la cuna ha levantado la manta y contempla al niño con ternura.
- Pero que grande esta. Tengo unas ganas de verlo caminar ¿Cuándo empezara a hablar?
- Falta mucho todavía – afirma Magdalena sonriendo satisfecha por la actitud de Alejandro –
- Es un niño muy hermoso Magdalena – Alejandro sonríe con ternura –
- Si, cada día se parece mas a ti – contesta Magdalena –
Alejandro se queda inmóvil, su expresión cambia y se incorpora lentamente, la duda se refleja de forma evidente en su expresión.
- Es tu hijo Alejandro – afirma Magdalena dándose cuenta de lo que sucede –
- Te he dicho que no quiero que hablemos de eso – Alejandro se retira de la cuna con rostro inexpresivo.
Cipriano aparece en la puerta dispuesto a hablar con Alejandro, al ver que esta con Magdalena se retira sin decir nada.
José Luis escucha el informe de Benítez sobre el resultado de la vigilancia a la casa de Almonte, todo es normal, el agente le describe una serie de idas y venidas que no tienen nada de extraño, hasta que le menciona la visita de Manuel Calderón, el nombre le suena, consulta el informe sobre revolucionarios y sociedades secretas y después le pide a Benítez que cite al a ese hombre para declarar.
Magdalena y Alejandro conversan en el despacho, están sentados cada uno a un lado de la mesa. Magdalena le cuenta la visita de Nadia y su advertencia.
- Cuando te dijo eso – pregunta Alejandro –
- Esta misma tarde, cuando fui a casa de mi mama la encontré, había ido precisamente para decírmelo – Magdalena esta muy preocupada – Están buscando cualquier pretexto para meterte en la cárcel Alejandro ¿Tu no tienes nada que ver con los que están en contra del gobierno, verdad?
- No.
- Mira me dijeron que si retiras los beneficios que les concediste a tus trabajadores se podían olvidar del asunto – Magdalena esta asustada y intenta que Alejandro se retracte –
- ¿Te dijeron? ¿Quiénes? – Alejandro desconfía –
- Pues... Nadia.
- ¿Y porque hablaste en plural?
- Porque me equivoque – Magdalena le quita importancia al error y le suplica – Tienes que hacerlo Alejandro.
- No, no puedo – dice Alejandro con firmeza – seria un cobarde si lo hiciera.
- Entonces ¿prefieres ir a la cárcel? – dice Magdalena angustiada –
- No, no va a pasar nada, no te preocupes. Por más influyente que sea Torres Quintero, necesita pruebas para arrestarme.
Cipriano aparece en la puerta, al ver a Magdalena se detiene, Alejandro extrañado, su amigo lleva rondando toda la tarde, pregunta si quiere algo, pero Cipriano se marcha después de decir que no quiere nada. Alejandro y Magdalena se disponen a ir a cenar, pero antes Alejandro guarda en un cajón una carta y le dice a Magdalena que es la que envió su padre a Armida, se la pidió para cotejar su letra con la de unos documentos que guardaban en la fabrica, parece que es la misma. Magdalena se extraña de las sospechas de Alejandro, pero este alega que solo quería estar seguro.
Dimitrio y Adolfo conversan en el café, Dimitrio esta cariacontecido, le ha explicado a su amigo que Josefina quiso retirarle el poder a su hermano pero que este era irrevocable. Adolfo quiere saber por cuanto tiempo se extendió el poder. Dimitrio se encoge de hombros, no lo sabe ni le importa. El cambio de actitud en su amigo sorprende a Adolfo, se caso con Josefina por su dinero y ahora dice que no le importa, Dimitrio se enfada con Adolfo.
- Me case con ella porque me obligaron a hacerlo y tú eres el principal responsable.
- Pero últimamente te he notado muy extraño ¿qué te pasa? – pregunta Adolfo –
- Ni yo mismo sé que me pasa – Dimitrio esta tirado en la silla con expresión disgustada –
- Podrías intentar explicármelo, asi tu mismo aclaras la situación.
- Es que cuando planeamos ese asunto de Josefina yo no la conocía, pero ahora que la he tratado, que me he dado cuenta que es buena, que sufre mucho, yo me siento mal, a pesar de lo que le he hecho ella sigue enamorada de mi. Yo quisiera... quisiera complacerla.
- Pero no puedes.
- No, no puedo.
- ¿Tanto te repugna?
- ¿Por qué iba a repugnarme? Josefina no es un monstruo, es mas, hay momentos en que la encuentro agradable.
- ¿Te estas enamorando de ella? – pregunta Adolfo con sonrisa burlona –
- No digas tonterías – Dimitrio le lanza una mirada asesina –
- Bueno, si no te interesa el dinero y el matrimonio no se ha consumado, puedes pedir la anulación.
- ¿Y agregar otro escándalo a mi familia?
- ¡De verdad que has cambiado mucho! – exclama sorprendido Adolfo –
Sebastián se acerca a la mesa de Dimitrio y Adolfo, se presenta y le agradece a Dimitrio que le haya alquilado su casa, después los invita a una copa, ellos aceptan y los tres se sientan de nuevo.
Esa noche Alejandro se esta desvistiendo en su recamara cuando entra Magdalena que al verlo se detiene confusa.
- Perdon creí que estabas en el despacho hablando con Víctor.
- No, ya se fue a dormir.
- Venia a por una cosa – aclara Magdalena -
- Si, claro tómala.
Alejandro esta de pie delante del tocador, Magdalena se acerca para tomar un cepillo del pelo.
- Es que el otro cepillo se rompió.
Cuando intenta irse Alejandro la toma por la cintura y la retiene pegándose a ella.
- Porque no te quedas – le dice con voz ronca mientras la abraza –
- No, no me lo pidas por favor – suplica Magdalena –
- ¿Por qué? Dijiste que me quieres ¿no? – Alejandro la besa –
- Si, pero – ella intenta liberarse –
- Me haces mucha falta Magdalena – Alejandro la abraza mas fuerte y la besa en el cuello con pasión y deseo –
- Alejandro pero... ¿qué clase de cariño es el nuestro? Unos momentos de pasión y después, al día siguiente, las dudas y los celos..
Alejandro la abraza mas estrechamente, impidiéndole marcharse y continua besándola en el rostro y el cuello, Magdalena esta a punto de ceder, pero se recupera.
- Yo me siento de verdad como lo que crees que soy, una mala mujer que se entrega a ti sin importarle el desprecio que me tienes, yo sé que en estos momentos tu olvida todo, pero yo no.
Alejandro no la escucha, sigue abrazando, besándola y acariciándola mientras ella habla, Magdalena pregunta.
- ¿Tu me quieres Alejandro?
- Sí. – afirma Alejandro con voz ronca volviendo a besarla –
- Pero ¿qué quieres de mí, mi cuerpo? Para mí eso no es suficiente.
Ahora Alejandro se detiene y la mira.
- ¿Qué pretendes entonces?
- Que me perdones y que olvides – dice Magdalena mirándole a los ojos –
- Olvidar... no podré nunca... – Alejandro aparta la mirada – Perdonar... ¡Todavía me duele mucho Magdalena!
Alejandro vuelve a besarla con deseo y pasión mientras le dice con voz ronca.
- Pero necesito que me demuestres tu amor para convencerme que todo eso quedo en el pasado, que no vas a volver a engañarme nunca.
Continua besándola, expresándole su deseo y pasión, pero Magdalena se revela.
- No por favor, no me obligues a aceptar.
Magdalena se libera bruscamente del abrazo de Alejandro y se marcha corriendo. Alejandro se queda quieto, desolado, mientras se lleva la mano a la cara desesperado.
Al despacho de José Luis llega Manuel Calderón acompañado del agente Benítez, este quiere quedarse a presenciar el interrogatorio pero José Luis le ordena que abandone el despacho. Calderón quiere saber cual es la acusación y José Luis le responde que no hay cargos contra él, solo quiere hacerle unas preguntas, quiere saber que hace en Puebla y porque fue a visitar a Alejandro Almonte. Calderón contesta que es un comerciante en telas que viene de la capital y ha llegado a Puebla con el propósito de visitar a los fabricantes de la ciudad para ver que precios le ofrecen, Almonte fue solo el primero de la lista, pero tiene pensado visitarlos a todos. José Luis le pide que se vaya de la ciudad y que no vuelva a visitar a Almonte, sabe que ha purgado una condena por sedición, Calderón afirma que eso ya paso y que ahora no es mas que un simple comerciante, José Luis insiste en que se vaya inmediatamente y se despide de él, en cuanto sale entra Benítez y le pregunta que paso, José Luis le contesta muy tranquilo que nada, es un simple comerciante en telas, Benítez no parece quedar muy convencido.
Benítez acude inmediatamente al despacho de Torres Quintero para informarle de sus sospechas, le cuenta que no quiso que él estuviera presente en el interrogatorio, además cuando hablo al capitán de ese hombre él se puso a consultar unos papeles que él le dio y parecia muy preocupado. Francisco quiere saber el nombre del hombre, en cuanto se lo dice, le levanta muy excitado, ese nombre estaba en el informe que le facilito al capitán Álvarez, purgo una condena por sedición, Benítez aclara que el capitán dijo que solo era un comerciante en telas, pero a Francisco eso no le importa, aunque sea verdad, ya tiene lo que necesita, ordena que se curse una orden de detención contra Calderón y Almonte una vez en su poder ya se encargara él de que Calderón confiese y incrimine a Almonte.
Alejandro regresa a su casa, Cipriano le abre la puerta, Alejandro entra en su despacho y le pregunta a su amigo que le pasa, todo el día de ayer lo vio muy raro.
- Pues no sé si decírtelo o no – contesta Cipriano –
- ¿Qué cosa? – pregunta intrigado Alejandro –
- Ayer cuando fui con tu mujer a la casa de su mama, llego una señorita y entraron en la casa.
- Si, ya me lo dijo Magdalena, era le señora Nadia.
- Pues si, yo me quede afuera, en la calle, poquito después la señora se fue y yo le dije a tu esposa que si ya nos íbamos, ella me dijo que no, que su mama y su tía la estaban esperando para platicar.
- Bueno ¿y?
- Un buen rato después, la mama y la tía de tu mujer llegaron.
- ¿Cómo que llegaron? – Alejandro esta cada vez mas intrigado –
- Pues si, venían de la calle y se metieron en la casa.
- ¿Y luego?
- Pues pasado un buen rato, tu suegra volvió a salir y me pregunto que si yo había estado allí todo el tiempo. Y yo te juro por diosito santo que no me moví ni un momento de esa puerta.
- Bueno ¿y entonces? – Alejandro esta cada vez más nervioso e impaciente –
- Pues la señora me dijo que si cuando salió la otra señora, la que te dije...
- Si, si, Nadia – interrumpe Alejandro impaciente –
- Pues esa mera, si la patrona no se había ido con ella, y yo me puse a pensar, tu mujer me dijo que su mama y su tía la estaban esperando, pero las señoras esas no estaban en la casa y luego me preguntan si no la había visto salir, pues eso quiere decir que no estaba allí dentro, entonces yo me dije... que tal si salió por otra puerta y te están haciendo tarugo otra vez.
Alejandro ha ido descomponiéndose durante el relato, ahora esta furioso, rabioso por el nuevo engaño de Magdalena, esta llega en ese momento sonriente y amable, saluda a Alejandro, este le pregunta furioso.
- Se puede saber donde fuiste ayer.
- A casa de mi mama – responde Magdalena asustada –
- Pero no estuviste allí todo el tiempo, te escapaste ¿a dónde fuiste? No me digas que a verte con ese infeliz.
Alejandro esta de pie detrás de la mesa del escritorio, todavía tiene los guantes en la mano y los arroja sobre la mesa rabioso.
- Si, fui a ver a José Luis – dice Magdalena en voz muy baja muy asustada –
Alejandro intenta tomarla violentamente del brazo, ella se retira con un grito. Suena la puerta, Cipriano abre y entra el agente Benítez acompañado de unos policías.
- Buenos días ¿El señor Almonte? – dice dirigiéndose a Alejandro –
- Si ¿Qué se le ofrece? – responde Alejandro controlándose –
- Tengo una orden de aprensión en contra suya, le ruego que me acompañe a la comandancia.
Fin del capitulo 53.
Mar




Escrito desde Apr 7, 2003, 11:17 AM

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Capitulo 52 de "Bodas de Odio"

by Mar

Magdalena le suplica a Alejandro que la deje irse, ella esta de pie, delante de la butaca donde él esta sentado mirándola asombrado, inmóvil y en silencio, pues de ninguna manera esperaba esta reacción.
- Deja que me vaya Alejandro – dice Magdalena suplicante – Tu me desprecias, yo no podría volver a estar contigo sabiendo que me guardas tanto rencor.
Alejandro se levanta y se coloca frente a ella, y continua mirándola en silencio.
- Por favor Alejandro, mira prefiero las habladurías de la gente al constante odio que veo en tus ojos, porque tú en el fondo me odias y si me retienes aquí es solo para atormentarme – Magdalena continua hablando desesperada ante el silencio de Alejandro – He cometido un grave pecado, no sabes cuanto me arrepiento, pero si no me puedes perdonar, si no puedes olvidar, déjame ir. Dentro de unos días volverás a la hacienda y podemos decir que el niño no esta en condiciones de hacer el viaje o que yo estoy enferma.
Ante esta petición Alejandro reacciona y bruscamente dice.
- No, no voy a dejarte aquí sola donde vive ese hombre.
- ¡Ya basta! – exclama Magdalena desesperada – Estoy cansada de tus celos, sé muy bien que te he faltado, pero también sé que no soy la mujer que tu crees y si tu propósito es destrozarme la vida no te lo voy a permitir Alejandro – Magdalena sale del salón con lagrimas en los ojos –
Sebastián despierta a Armida muy contento, la noche anterior fue fructífera y se entero de muchas cosas, los aristócratas de la ciudad están muy enfadados con Almonte por algunos asuntos de política laboral, si además de eso se enteran que es un bastardo, no será difícil hacerles creer que también es un impostor y de este modo Armida entrara en posesión de su herencia, lo más importante es meter a Armida en casa de Almonte para que averigüe que clase de testamento le convirtió en heredero, Armida esta de acuerdo con el plan, pero le pide que se apresure, porque no podrá hacer el papel de señorita de familia mucho tiempo, asi que Sebastián sale para casa de los Almonte dispuesto a conseguir que acepten a Armida en su casa.
Al despacho de José Luis llega el agente de la policía secreta Benítez, es el encargado de ayudarle en la investigación, le cuenta que ya puso vigilancia a la casa de Almonte y que un agente le seguirá a todos los sitios donde vaya, le cuenta a José Luis que la simple sospecha del señor Torres Quintero habría bastado con cualquier otra persona para encerrarle y una vez en la cárcel ya se encargarían de que confesara, pero Almonte es un hombre rico e importante y necesitan pruebas para encarcelarle. José Luis le da la orden de enseñarle a él sus informes en primer lugar, es el jefe de la investigación y la responsabilidad es suya.
Magdalena y Alejandro están sentados en el salón de su casa, en silencio, uno en cada extremo, el ambiente es tenso, Magdalena borda, Alejandro fuma mientras la observa.
- Esta tarde me gustaría ir a ver a mi mama – Magdalena rompe el silencio –
- Esta bien, que te acompañe Cipriano – contesta Alejandro dejando muy claro que no la dejara salir sola –
Magdalena lo mira un momento y después baja la vista hacia el bordado y continua cosiendo.
- ¿Por qué anoche te fuiste a dormir a otra habitación? – pregunta Alejandro con aire distante –
- Porque quería estar sola – contesta Magdalena mirándolo desafiante – ¿Cuánto tiempo nos quedaremos en Puebla?
- No sé, esta noche hay una reunión en el club de industriales.
- ¿Por qué?
- Para ponerse de acuerdo sobre las medidas que van a tomar si los obreros entran en huelga.
- ¿Y tu que vas a hacer?
- Si deciden algo que perjudique a los trabajadores, que es lo más probable, oponerme.
- Pero se van a poner en tu contra – Magdalena deja de bordar -
- Ya lo están – contesta Alejandro resignado –
- Pero ¿eso no es peligroso Alejandro? – Magdalena ya no puede ocultar su preocupación –
- Podría ser – dice Alejandro inexpresivo, lacónico –
- Entonces no lo hagas.
- Magdalena yo he sido pobre, sé lo que es el hambre y conozco también la opulencia y el despilfarro en el que se vive la gente de tu clase y no es justo. Ahora que tengo la posibilidad de hacerlo, no voy a retirarle el apoyo a los que han puesto su confianza en mi.
Alejandro ha hablado con decisión, dispuesto a afrontar las consecuencias de sus actos, Magdalena lo mira con admiración, baja la vista de nuevo hacia el bordado y habla para sí misma.
- Como me hubiera gustado.
- ¿Qué cosa? – pregunta Alejandro sorprendido –
- Conocerte antes.
Alejandro la mira desconcertado sin saber que contestar, pero no necesita hacerlo porque suena la campanilla y se escucha a Sebastián preguntando por el señor Almonte, este se levanta para recibirlo. Sebastián entra y después de presentarse y saludar, se sienta y comunica el motivo de su visita; Conoció a la señorita Guillén en el viaje desde Perú y la tomo bajo su protección, ella estaba todavía muy afectada por la tragedia de la muerte de sus padres, cuenta la historia de la familia Guillén asesinada en su casa por unos asaltantes, Armida se salvo porque no estaba en la casa, también les cuenta que se ha quedado sola en el mundo y sin fortuna; Alejandro se muestra inmediatamente dispuesto a tomarla bajo su protección, le comprara una casa y le pasara una cantidad para sus gastos, pero Sebastián sugiere que lo que Armida necesita es el calor de un hogar, por lo que considera que lo que preferiría que la acogieran en su casa, Magdalena y Alejandro impresionados por la historia acceden a la petición.
Sebastián regresa muy satisfecho al hotel, le cuenta a Armida que consiguió que la admitieran en su casa, al día siguiente se mudara a la casa de los Almonte, ella le pregunta que le pareció Alejandro, Sebastián opina que no parece un tipo blando, va a ser un rival de cuidado, pero esta seguro de poder con él, a Armida le parece muy atractivo y va a intentar conquistarlo para divertirse un rato.
Josefina esta recibiendo últimamente ramitos de violetas anónimos ya lleva cinco, la sirvienta le trae otro y ella lo contempla asombrada, los entregan muchachos en la puerta que después escapan antes de que les puedan interrogar, esta contemplando el ramito cuando aparece Dimitrio, ella lo esconde, él se da cuenta que esta ocultando algo en su espalda y estira el cuello intentando ver que es, pero Josefina se mueve para evitarlo y Dimitrio no se atreve a preguntar, por fin se cansa y decide irse, su esposa le pregunta si necesita dinero y Dimitrio responde brusco que no, él no necesita limosnas.
José Luis va al despacho de Francisco para informarle del curso de sus investigaciones, ya puso vigilancia a Almonte. Francisco le informa que el señor gobernador quiere resultados rápidos, una vez que hayan demostrado la culpabilidad de Almonte le pedirán al presidente la autorización para requisar la fabrica y todo volverá a la normalidad. José Luis pregunta que es lo que sucederá si Almonte es inocente y no tiene conexión con ningún grupo de revoltosos. La pregunta causa un gran fastidio en el secretario del gobernador y abruptamente le responde que él esta para eso, para demostrar que esa conexión existe; José Luis se altera, se da cuenta que le están pidiendo que fabrique pruebas contra Almonte, quieren aprovechar su enemistad personal para hundirle, y le reclama a Francisco; ¿Usted pretende que yo fabrique las pruebas si no existen? Francisco esta cada vez mas enojado y le responde que el no pretende nada, solo salvar los intereses de la patria y el cómo militar debería tener el mismo objetivo.
- Por supuesto, pero si tengo que acusar a un hombre inocente yo... – José Luis es interrumpido por Francisco –
- Un hombre que esta minando la estabilidad de un régimen no es inocente, usted limítese a llevar a cabo su investigación capitán y presénteme su informe, yo seré quien decida.
Josefina va a visitar a Magdalena, esta entusiasmada siendo la madrina de Alejandrito y le agradece a su cuñada que se lo haya permitido, le encantan los niños. Magdalena considera que la que debe estar agradecida es ella por haber aceptado, y le asegura sonriente que pronto tendrá sus propios hijos. Josefina baja la cabeza triste y avergonzada, Magdalena se da cuenta que algo ocurre y la interroga, a pesar de que su cuñada intenta no hablar, pronto es evidente para ella que Dimitrio no se esta portando bien con su esposa y se lo pregunta directamente. Josefina le cuenta que es muy infeliz, nunca debió haberse casado con Dimitrio, él no la quiere, es mas, ella le repugna, solo es la esposa de Dimitrio de nombre, jamás ha sucedido nada entre ellos. Magdalena se queda boquiabierta ante la situación del matrimonio de su hermano.
Los industriales están reunidos en el casino bajo la presidencia de Francisco Torres Quintero, la asamblea esta agitada, todos hablan a la vez, Francisco intenta calmarlos, los problemas son graves pero están reunidos para encontrarles una solución. Alejandro entra y se queda de pie, apoyado contra la pared escuchando a Francisco. Este califica las pretensiones de los trabajadores de absurdas y aboga por una postura común e inamovible de todos los industriales, es necesario la mano dura, el plan que propone consiste en cerrar las fabricas para obligar a los obreros a ceder por hambre, ya que ellos han planteado huelgas parciales para no quedarse sin salario. La asamblea aplaude entusiasmada la propuesta; Alejandro hasta ese momento ha escuchado en silencio y ahora levanta su voz entre los gritos de aprobación, expresando su desacuerdo.
- Yo no esto de acuerdo – dice Alejandro con firmeza –
- ¿Qué dice? – pregunta Francisco –
- Que no estoy de acuerdo – repite Alejandro –
- Suponía que iba a decir eso señor Almonte, pero tendrá que someterse a la decisión de la mayoría.
- Lo siento mucho señor Torres Quintero pero no lo haré – dice Alejandro con determinación – Es inhumano obligarlos a trabajar mas de doce horas al día y por salarios menores de ochenta centavos, de los que además se les descuenta una gran parte con pretextos estúpidos. No voy a cerrar mi fabrica para obligarlos a morirse de hambre ¡No lo haré!
Toda la asamblea protesta enérgicamente, se oyen gritos contra Alejandro, en medio del guirigay se impone la voz de Francisco, reclamándole a Alejandro su desafección a la causa de los poderosos.
- Usted pertenece a una sociedad, a una clase cuyos intereses debe respetar.
- ¿Aun si estos intereses van en contra de todo el pueblo? – pregunta Alejandro muy tranquilo –
- Esta usted tomando una bandera muy equivocada señor Almonte, el que va en contra de los intereses de este país es usted y eso podría llamarse traición – hay una amenaza implícita en la acusación de Francisco -
Josefina llega a su casa y encuentra esperándola a su hermano Tomas, ella aprovecha su visita para pedirle que le devuelva el poder que le firmo, desea administrar ella sus bienes. Tomas la llama tonta, porque esta seguro que es el vago de su esposo quien se lo ha pedido, y no esta dispuesto a renunciar al poder que ella le otorgo, porque si lo hace esta seguro que Dimitrio derrochara el dinero en pocos años y la pondrá en la calle, asi que como el poder que ella firmo es irrevocable se quedara con él hasta su vencimiento y aun falta mucho tiempo, Josefina le suplica pero Tomas se muestra inconmovible y sin hacer caso de las lagrimas de su hermana se marcha muy enfadado.
Dimitrio ha escuchado el jaleo y sale, se indigna con Tomas por hacer llorar a su esposa, esta le dice que le pidió el poder a Tomas y no se lo quiso devolver, ella quería que él estuviera contento y también ayudar a su madre, si el dinero es lo único que desea de ella, esta dispuesta a dárselo. Dimitrio la mira avergonzado.
- Josefina, yo me siento tan avergonzado. No se como te lo hice, no sabes lo que daría porque eso no hubiera pasado.
Josefina lo mira con adoración y enternecido Dimitrio la besa, después confuso se marcha deprisa, muy avergonzado, dejando a su esposa desconcertada.
Alejandro esta trabajando en su despacho, entra Magdalena y se sienta frente a él, después de saludarlo se interesa por el resultado de la reunión del club de industriales.
- Como te fue anoche. – pregunta Magdalena -
- Pues regular – contesta Alejandro –
- Que paso.
- El marido de tu amiga... Francisco Torres Quintero, presidio la reunión y me acuso de quien sabe cuantas cosas.
- Pero Francisco es el secretario del gobernador.
- Si, ya lo sé, pero no voy a ceder Magdalena, de ninguna manera lo haré.
- Tengo miedo Alejandro. Muchas veces esa gente utiliza métodos poco correctos para obligar a los demás a hacer lo que ellos quieren.
- Esa gente son los tuyos Magdalena, los de tu clase – señala Alejandro –
- Bueno, también tu perteneces a esta clase, eres rico, hijo de un hombre importante.
- Pero fui pobre hasta hace poco. Soy hijo de una campesina y de ese hombre importante, soy el bastardo, asi que no se puede decir que soy precisamente uno de ustedes – con ironía – Me pregunto que dirían Torres Quintero y todos esos aristócratas si supieran que soy un bastardo – Alejandro cambia la conversación y pregunta - ¿Fuiste a ver a tu madre?
- No, vino a verme Josefina y no pude ir, pero hoy pienso ir ¿Nos vamos a quedar muchos días aquí?
- Pues por lo menos hasta que la situación se haya normalizado – Alejandro se acomoda en la silla, mira a Magdalena y pregunta – Y tu ¿cuánto tiempo mas piensas dormir en esa recamara?
Magdalena no puede responder, Rosario entra y anuncia que la prima de Alejandro ha llegado con su equipaje, los dos salen a recibirla, ella les agradece su amabilidad y sigue a Magdalena que se ofrece para indicarle su habitación, cuando se retiran, Alejandro comenta con su madre que esta demasiado alegre para haber perdido a sus padres hace poco tiempo. Rosario responde que la juventud olvida pronto las penas.
Francisco Torres Quintero prohíbe a su esposa volver a visitar a Magdalena. Estuvo preguntando al magistrado que iba a llevar el proceso de anulación y le contó que Magdalena tuvo otro enamorado antes de casarse, y que lo metió en la hacienda de su esposo haciéndolo pasar por otra persona y el hijo que tiene es de ese individuo y no de su esposo, ella es una mujer sin honor y por lo tanto no quiere que la vea mas. Nadia intenta defender a su amiga, todo eso son mentiras y ella conoce perfectamente toda la historia, pero Francisco insiste, además esta la traición a su clase de Almonte, le han puesto vigilancia y pronto lo detendrán, asi que es mejor alejarse de ellos.
Magdalena sale hacia casa de su madre acompañada de Cipriano, cuando llega a la puerta Nadia la llama, estaba buscándola, tiene que decirle algo muy importante, pero no puede quedarse mucho tiempo. Magdalena la hace pasar al vestíbulo, Cipriano insiste en quedarse fuera esperando, Nadia le cuenta lo que sucedió, la prohibición de su marido y la investigación a la que esta siendo sometido su esposo para encarcelarle por pertenecer a los grupos revolucionarios que conspiran contra el gobierno, además le cuenta que el que dirige la investigación es José Luis Álvarez, Magdalena se queda horrorizada ante la noticia, acompaña a Nadia a la puerta, y vuelve a entrar en la casa después de decirle a Cipriano que su madre y su tía la están esperando para conversar, una vez dentro se dirige a la puerta de atrás y sale rumbo a casa de José Luis, para reclamarle su propósito de encerrar a Alejandro. Cipriano esta esperando a Magdalena cuando ve llegar a la casa a Paula y Carmen, que estaban en la calle. Mientras tanto Magdalena ha llegado a casa de José Luis que la recibe asombrado.
Fin del capitulo 52.
Mar




Escrito desde Apr 3, 2003, 2:18 PM

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Capitulo 51 de "Bodas de Odio"

by Mar

Alejandro observa en el espejo de su dormitorio la pedrada que tiene en la frente, Rosario entra para anunciarle la inesperada visita, él se vuelve desconcertado por la noticia, estaba seguro que su padre no tenia parientes. Magdalena entra con el agua y los paños para limpiar la herida, quiere saber como sucedió. Alejandro le cuenta que cuando llego a la fabrica la muchedumbre estaba frente a ella aventando piedras y alguna le alcanzo. Alejandro, mientras Magdalena le cura, pide a su madre que le comunique a esa señorita que espere unos momentos, enseguida la atenderá, su esposa sorprendida pregunta quien esta esperando y Alejandro le cuenta que es alguien que se dice sobrina de su padre, todos están sorprendidos y desconcertados por la súbita aparición de un presunto pariente.
Armida espera inquieta en el salón, Rosario acude a anunciarle que el señor la recibirá en unos momentos, Armida le pregunta si es el ama de llaves, Rosario incomoda responde que no y se retira sin mas explicaciones.
Alejandro entra en el salón acompañado de Magdalena, se presenta y presenta a su esposa, Armida parece desconcertada, ella venia buscando a Benjamín Almonte. Alejandro la informa que su padre murió hace un año y medio, ante eso Armida exclama asombrada que ella tenia entendido que Benjamín Almonte no tenia hijos, Alejandro le contesta fríamente que eso pensaba todo el mundo, pero no era asi, él tampoco sabia que su padre tenia otros parientes, ante esta alusión ella se presenta es Armida Guillén Almonte, su madre era hermana de Benjamín Almonte, saca una carta del bolso y se la entrega a Alejandro, que la lee y se la pasa a Magdalena, esa carta según Armida, fue escrita hace dos años por el padre de Alejandro, la envió al consulado mexicano en Lima porque no conocía su dirección y ellos tardaron en hacérsela llegar, la recibió hace tan solo unos meses, en esa carta Benjamín dice que desea nombrarla heredera de sus bienes al no tener mas parientes. Magdalena se sorprende porque Benjamín no nombra a Alejandro, este dice que su padre siempre negó su existencia, solo cuando estaba a las puertas de la muerte, después de hablar con el padre Abundio, lo admitió, lo legitimo y reconoció como su heredero, ante el evidente desconcierto de Armida, Alejandro con aire de desafió reconoce ser hijo ilegitimo de Benjamín Almonte. Alejandro se interesa por la situación de Armida, pregunta si llego con su familia, a lo que ella responde que no, esta sola en el mundo.
José Luis es llamado a presencia del secretario del gobernador, Francisco Torres Quintero, el marido de Nadia, este le explica la razón por la que se le requiere, necesita encargarle una misión. Últimamente se han registrado revueltas en el país, hasta este momento han sido acaudillas por indios y gente baja, que fomentan la inconformidad entre obreros y campesinos, pero ahora ha surgió un problema que podría volverse muy peligroso, esta vez la inconformidad viene de sus propias filas, del bando de los poderosos, se refiere a Alejandro Almonte, este hombre ha concedido a sus trabajadores mejoras en el sueldo y condiciones de trabajo, creando de este modo inconformidad entre los demás trabajadores, lo que ha perjudicado seriamente al resto de los industriales, pues sus obreros amenazan con la huelga si no se equiparan las condiciones laborales, los representantes de los industriales han hablado varias veces con el administrador le señor Almonte para llegar a un acuerdo, pero ha sido inútil, esto les hace sospechar que dicho señor pueda tener conexiones con grupos subversivos que desean derrocar al gobierno, el trabajo de José Luis será investigar a Almonte y descubrir esos lazos para poder arrestarle. José Luis aclara que no desea encargarse del asunto, considera que por el estado de su relación con Alejandro Almonte, otra persona debería encargarse del asunto. Francisco Torres Quintero le aclara que su relación con Almonte es la razón de que lo eligieran a él, es de todos conocido su duelo y su enemistad, lo que hace altamente improbable que José Luis sea susceptible de ser sobornado o atraído por Almonte, este es un hombre importante y muy rico, puede pagar sumas muy altas por ser dejado en paz. José Luis vuelve a negarse a aceptar la misión, pero Francisco le aclara que no tiene opción, se le ha dado una orden y debe cumplirla.
En casa de Alejandro todos están reunidos en el salón todavía desconcertados por los acontecimientos, Armida ya se retiro y hablan sobre lo ocurrido, el padre Abundio no recuerda que Benjamín Almonte tuviera una hermana, nunca lo visito, y él jamás la menciono en los muchos años que se conocieron. Alejandro le pregunta a su madre, que aclara que ella no hablaba con el patrón, y que jamás escucho una conversación en la hacienda que hiciera referencia ha dicha señora. Magdalena esta intrigada por que Benjamín no menciona en la carta a Alejandro; ¿quizá no sabia que existía? el padre Abundio aclara que lo sabia muy bien, él mismo se lo dijo cuando la tropa se llevo a Rosario, lo que sucede es que hasta el momento de su muerte se negó a admitirlo
- Porque era un infame – Alejandro se dirige a Magdalena evidentemente molesto – o.. ¿Estas pensando que quien mintió fue mi madre –
Magdalena se azora, evidentemente no era eso lo que quería decir, el padre Abundio señala que puesto que Alejandro es el único pariente que le queda a esa muchacha, es su obligación hacerse cargo de ella y protegerla. Alejandro esta de acuerdo, mas tarde se pasara por su hotel para ofrecerse a ayudarla. Cambiando de tema Alejandro anuncia que no puede regresar a la hacienda, debe quedarse en Puebla por un tiempo, los problemas de la fabrica se están poniendo muy difíciles y no puede dejar a Víctor solo, por lo que ordenara que un trabajador traslade al pueblo al padre Abundio en el coche, pues este tiene necesidad de regresar rápidamente. Alejandro se levanta anunciando que regresa a la fabrica, Rosario y Magdalena se asustan tienen miedo que sea peligroso, pero él insiste, no puede dejar a Víctor solo, se despide de las dos mujeres con un beso y se marcha.
Armida regresa a su hotel muy molesta, un hombre le espera en la habitación, se llama Sebastián, este le pregunta como le fue, ella responde que muy mal, la herencia se esfumo, Benjamín Almonte ha muerto y ya heredo su hijo. Sebastián se altera mucho, no es posible, él escucho muchas veces hablar a los Guillén sobre el famoso Benjamín Almonte y nunca dijeron que tuviera hijos, es mas, esta seguro que siempre hablaron de que su esposa no había podido darle descendencia. Armida muy molesta responde que este hijo es bastardo y que fue reconocido antes de la muerte del viejo Almonte, por lo que es su heredero, asi que ya no se puede hacer nada. Sebastián aclara que él no mato a aquellas personas y hizo un viaje tan largo de Perú a México para quedarse con las manos vacías, asi que va a intentar meter a Armida en casa de Alejandro Almonte y después de conocerles ya se vera como pueden conseguir tener acceso a la fortuna de los Almonte, es mas, en ese mismo momento ira a visitar a Alejandro Almonte, le recomienda a Armida que no olvide que desde ahora él es el marques Sebastián de la Cruz y Cañizares, a estos provincianos les impresionan mucho los títulos, además ellos se han conocido en el viaje y antes jamás se habían visto.
José Luis después de su entrevista con Francisco Torres Quintero se va muy molesto para su casa y allí le cuenta a Rufino lo sucedido. Le han elegido para investigar a Almonte y si encuentra que tiene relación con grupos subversivos debe arrestarlo, lo eligieron por que están enterados de su duelo y enemistad con él por lo que no le consideran susceptible de ser sobornado, pero a él no le gusta, Almonte puede pensar que lo hace por venganza y lo que para él es mas importante Magdalena puede pensar lo mismo, Rufino salta inmediatamente muy molesto.
- Ya sabia yo, me estaba preguntando cuanto tardarías en hablar de ella. Bueno total a ti te dieron una orden y las ordenes hay que cumplirlas.
- Si, pero por otra parte Almonte no esta haciendo nada malo, su intención es hacer menos difícil la vida de los obreros y eso es muy encomiable ¿no crees? – pregunta José Luis a Rufino –
- No, pues eso sí, allá en la hacienda se portaba retebien con los trabajadores, es muy buen patrón – reconoce Rufino – ¡Hijole! Querer mecerlo en la cárcel porque esta ayudando a los pobres, la verdad no es justo Pepe... ¡No Pepe! No creas que ese chango me cae a mi bien, pero una cosa son los líos de viejas y otra quererlo fregar porque sus gentes comen mejor que las demás. ¿Oye tu crees que de verdad esta metido con esos que están en contra del gobierno?
- No lo sé Rufino – responde José Luis sin saber que hacer –
- Bueno, ¿y por que no se lo dices? – sugiere Rufino –
- ¿A quien? ¿ A Almonte?
- Si, para que se ponga aguzado, ¿si quieres se lo digo yo?
Rosario se pasea por el salón inquieta, parece preocupada, llega Magdalena y Rosario aborda el tema que le preocupa, desea saber si Magdalena piensa que mintió al decir que Alejandro era hijo del patrón; Si no se lo contó a nadie es porque le dada vergüenza, solo se lo dijo al padre Abundio cuando la tropa vino por ellos, porque no quería que su hijo se criara en aquel horrible lugar al que los iban a llevar. Magdalena tranquiliza a Rosario, no duda de su palabra, pero no entiende porque cuando nació no se le dijo a Benjamín Almonte que era su hijo. Rosario no considera que tuviera ninguna utilidad que lo supiera, ella sabia que no lo iba a aceptar, nerviosa pregunta a Magdalena si no le importa que Alejandro sea hijo de alguien como ella, a lo que Magdalena responde que de ninguna manera. La conversación es interrumpida por el sonido de la campanilla, Rosario va a abrir y se encuentra con un señor que dice ser el marques Sebastián de la Cruz y Cañizares, le conduce frente a Magdalena que le invita a sentarse, él aclara que esta allí para hablar por la señorita Armida Guillén Almonte, la conoció en el viaje desde Perú y la tomo bajo su protección pues viajaba sola, estaba todavía traumatizada por la desgracia de le había acontecido, se dispone a relatarla, pero no tiene tiempo pues vuelve a sonar la campanilla, abren la puerta y se escucha la voz de José Luis preguntando por Alejandro Almonte, anta la estupefacción de las dos mujeres el capitán Álvarez aparece en el salón reclamando la presencia de Alejandro Almonte, al ver a Magdalena sentada en el sofá junto con Rosario y una visita, se queda de piedra, se hace un silencio de muerte durante unos incómodos segundos y después Magdalena le comunica fríamente que su marido no esta y que tardara en volver, José Luis pide hablar con ella en privado, pero en un tono de voz helado Magdalena se niega, dice estar muy ocupada, le presenta a su visita, José Luis saluda y después de pedir que Alejandro le busque pues tiene algo que decirle se marcha, Sebastián se apresura a despedirse y sale tras él, en la calle lo alcanza y le pregunta por el casino, José Luis se ofrece a indicarle por el camino.
Rosario y Magdalena se quedan muy preocupadas por la visita de José Luis, ambas conversan sobre la conveniencia de decírselo a Alejandro. Magdalena tiene miedo de su reacción y es partidaria de no decir nada, antes deben averiguar para que quiere verlo José Luis, quizá seria mejor que ella intentara averiguarlo, pero Rosario no esta de acuerdo, si Alejandro se entera puede pensar lo que no es, además lo más probable es que ese hombre regrese, es mejor decírselo y que se arreglen entre ellos. Magdalena expresa su preocupación; tiene miedo de que discutan y acaben llegando a las manos, ante esta idea Rosario se horroriza, el fantasma del duelo planea sobre las dos. Magdalena pide a Rosario que sea ella la que vaya hasta casa de José Luis para intentar averiguar que desea, pero Rosario no se atreve y acaba aconsejándole a Magdalena que se lo diga a Alejandro, no es bueno comenzar otra vez a hacer cosas a escondidas.
Sebastián invita a tomar un café a José Luis, es forastero y desea hacer amigos, durante la conversación intenta averiguar cosas sobre Alejandro Almonte, con la disculpa de su interés en proteger a la prima de Almonte, de la que Alejandro es único pariente, debe solicitarle que la tome bajo su protección. José Luis afirma que no cree que tenga problemas a Almonte le sobra el dinero, Sebastián no consigue sacarle nada mas, José Luis se despide muy digno y lo deja solo en el café.
Magdalena esta bordando en el salón cuando llega Alejandro se saludan, ella le pregunta por los acontecimientos de la fabrica.
- La tropa disperso a la gente, por lo que pudo averiguar Víctor parece que se trata de unos provocadores – se sienta al lado de Magdalena -
- ¿Provocadores, pero porque?
- Quieren ocasionarme problemas.
- ¿Pero quienes?
- Los aristócratas, pretenden presionarme para que le retire los beneficios que les di a mis obreros.
- Bueno, ¿Y que piensas hacer?
- Nada, legalmente no pueden obligarme, el dinero es mío y si yo decido despilfarrarlo en mis trabajadores nada pueden decir.
Magdalena cuenta a Alejandro la visita del supuesto marques, al no encontrarle regresara al día siguiente, pero se calla la de José Luis. Alejandro mira a Magdalena, parece querer decir algo, suspira, duda y finalmente pregunta.
- Magdalena ¿Me quieres de veras? O... ¿Accediste a volver conmigo solo para evitar las habladurías de la gente?
- Porque me lo preguntas si sabes bien que yo... – Alejandro interrumpe a Magdalena -
- No, no yo no se nada, solo lo que tu me dices.
- ¿Y eso es lo que no crees verdad? – dice Magdalena ofendida –
- Debiste haber estado muy enamorada de ese tipo para comportarte como lo hiciste – Alejandro se siente inseguro, aparta la mirada de Magdalena -
Magdalena esboza un gesto de cansancio y desesperación. Alejandro continua hablando.
- ¿Por qué me engañaste de esa manera? - Alejandro habla con amargura y desesperación - ¿Por qué? ¿Cómo pudiste olvidar el honor, la dignidad que toda mujer debe tener? – mira directamente a Magdalena y pregunta - ¿Alguna vez sentiste remordimiento, vergüenza?
- Si, - afirma Magdalena si dudarlo –
Alejandro la mira sorprendido por la respuesta y le pregunta dolorido.
- ¿Entonces porque lo hacías? – Alejandro se desespera y pierde el control de lo que dice – o es que... ¿Cuando tienes a ese infeliz frente a ti no puedes aguantarte?
- Me estas ofendiendo Alejandro – Magdalena se cubre la cara con la mano desesperada, cansada de la situación –
- Y crees que tú a mi no me has ofendido, no me has herido en lo mas profundo, donde más me duele. – Alejandro habla con amargura - Eres mi mujer y estuviste en los brazos de otro hombre. Cualquier otro con mas dignidad que yo, no solo lo habría matado a él, sino a ti también.
- Entonces hazlo, hazlo de una vez, yo asi no puedo vivir.
Magdalena se levanta muy alterada y se marcha de la habitación, indignada y ofendida. Cuando ella sale, Alejandro se levanta y se cubre la cara con las manos desesperado, atormentado y comienza a pasear como un poseso por el salón, mientas se muerde la mano para intentando ahogar la desesperación, Rosario acude preocupada.
- Que paso hijo, discutiste otra vez con la niña Magdalena.
- Es que no puedo soportar que Magdalena me haya sido infiel mama, esto es peor que no verla.
- Pero tú la quieres.
- Es una pasión maldita que me denigra, que me humilla. No, no debí haber sido tan débil, no debí permitir que volviera conmigo ¡Nunca!
José Luis llega a su casa muy afectado por haber visto a Magdalena en casa de su esposo y se queja amargamente. Rufino lo mira con compasión y le contesta que es su esposa y por lo tanto es normal que viva con él.
- Como puede volver con él después de lo que le hizo. Seguramente se la llevo a la fuerza – asegura José Luis indignado –
Rufino le mira desesperado anta la ceguera de su amigo y cambia de tema.
- Y mañana ¿vas a ir de vuelta a verlo?
- No, que me busque él – dice soberbio José Luis –
- ¿Y que le vas a decir?
- Le voy a decir que tengo ordenes de vigilarlo, y si esta en colaborando con algún grupo contrario al gobierno, él sabrá que hacer, pero también le diré que esto no lo hago por él sino para evitarle otra mortificación a Magdalena.
Magdalena después de su discusión con Alejandro se ha encerrado en su dormitorio y no ha salido en toda la tarde, Rosario entra para avisarle que la cena esta lista, pero ella alegando una jaqueca se niega a salir, y pide que la disculpe con Alejandro y el padre Abundio. Rosario pregunta si se enojo con Alejandro por la visita de José Luis, pero ella asegura que ni siquiera se lo dijo, no se atrevió y aun asi discutieron, si se lo hubiera dicho habría sido peor, Magdalena se desespera.
- No me lo va a perdonar nunca Rosario.
Alejandro y el padre Abundio conversan en el salón, el padre intenta hacer entrar en razón a Alejandro.
- Asi no puedes seguir Alejandro, tienes que olvidar y perdonar.
- He tratado de hacerlo padre, se lo aseguro, pero no puedo. Magdalena me ha faltado a tenido amores con otro hombre, ella dice que solo fue una vez un beso, pero quien me asegura que fue asi. – Alejandro habla con amargura y dolor - Además aunque hubiera sido solo eso, es imperdonable padre, es mi esposa, como puedo tolerar que mi mujer me haya engañado.
- ¿Y sobre la criatura, ya no tienes dudas?
- Quiero creer que sea mi hijo padre.
- Yo nunca pensé que Magdalena hubiera llegado hasta ese punto, sabia que ese hombre estaba allí, que insistía en que ella se fuera con él, pero creí que iba a resistir la tentación.
- Pues ya ve que no fue asi – dice Alejandro atormentado –
- Tienes que esforzarte por entenderla, por perdonar, como Cristo perdono a los que lo crucificaron.
- No soy un santo padre, soy simplemente un hombre herido amargado y lo peor es que la quiero, la deseo como jamás he deseado a ninguna mujer.
- Dios te va a ayudar hijo, y te dará la fuerza necesaria para que encuentres la paz y la tranquilidad a su lado y al lado de tu hijo. Pero una cosa quiero pedirte, que me prometas... no... que me jures, que no volverás a intentar nunca nada contra ese hombre. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie, solo Dios. Júrame Alejandro, júrame que no lo harás, si algo crees que le debes a este pobre viejo, prométeme que respetaras la vida de José Luis Álvarez, por favor, te lo pido en nombre de Dios.
Alejandro se resiste, no desea prometer eso, su odio por José Luis es demasiado fuerte, pero al final no puede resistirse a las suplicas de quien fue como un padre para él.
- Esta bien padre, se lo prometo.
Sebastián ha ido a ver a Villarias, el antiguo administrador de la fabrica de los Almonte, al que Alejandro despidió cuando se dio cuenta que le robaba, allí se entera de que nadie sabia de la existencia de ese hijo, que este llego de pronto afirmando ser único descendiente de Benjamín Almonte y se hizo cargo de todos sus bienes, él no le pidió documentos no se hubiera atrevido a hacerlo, además le cuenta los chismes que corren sobre Alejandro Almonte, el descontento del resto de los industriales por su comportamiento con los obreros y también su duelo con el capitán José Luis Álvarez por un asunto de honor en el que se dice esta involucrada su mujer. Sebastián comprende lo sucedido en casa de los Almonte y la razón de la forma en que fue tratado el capitán cuando acudió esa mañana a la casa, sonríe satisfecho por lo que ha averiguado.
Magdalena esta en su dormitorio terminando de prepararse para irse a la cama, es muy tarde y Alejandro todavía no ha acudido a dormir, ella sale a buscarlo y lo encuentra en el salón a oscuras fumando.
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te has ido a dormir? – pregunta Magdalena –
- No tengo sueño – responde Alejandro distante –
Magdalena se sienta a su lado suspirando y decide afrontar la situación.
- Alejandro ¿podemos hablar?
- ¿De que? – responde Alejandro sin mirarla –
- De lo que nos pasa – Magdalena intenta explicarse, que Alejandro la comprenda- no pretendo justificarme delante de ti, pero estaba enamorada de José Luis, me enamore antes de conocerte.
- Pero eras mi esposa cuando me traicionaste con él.
- Pero yo creía que eras malo, que te habías puesto de acuerdo con mi mama para obligarme a casarme contigo.
- Entonces ¿lo hiciste para vengarte?
- No, lo hice porque pensé que... – Alejandro muy alterado la interrumpe –
- ¿Qué?... no te detengas, habla. ¿Por qué lo hiciste? – los celos de Alejandro estallan y contesta él mismo sus preguntas - Porque tus sentimientos hacia ese hombre están por encima de cualquier cosa, de tu dignidad de mujer, del nombre de tu familia, de mí y e tu hijo también.
Magdalena se levanta con dignidad, con aspecto desolado pero con serenidad le dice.
- No tiene caso seguir hablando, quiero que me permitas volver a mi casa.
Fin del capitulo 51.
Mar




Escrito desde Apr 2, 2003, 3:26 PM

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