El espíritu jamás es inmanente, ni siquiera en su acto de constitución. Toda acción moral es libre, porque es enjuiciable, y toda acción libre es moral, porque tiene un fin. La moral -lato sensu- no restringe la libertad, sino que la posibilita. Ahora bien, hay actos morales -lato sensu- que son -strictu sensu- censurables, esto es, inmorales; y, por el mismo motivo, actos libres que nos conducen a la esclavitud.
I.
Si la homosexualidad es una tendencia innata, y por consiguiente una tendencia escogida entre otras posibles, esto es, un acto libre, ¿por qué merece una mayor aprobación que su contrario, a saber, la represión de dicha actitud, acto igualmente libre? A estos efectos os recuerdo que la libertad de un acto no lo convierte en bueno, sino en enjuiciable. Los únicos actos no enjuiciables, amorales, son los actos necesarios.
El caso es que, según vuestros criterios de moralidad, ambas actitudes serían a priori igualmente honorables, aunque luego se condene al "reprimido" y se alabe al "liberado". Pues bien, yo digo que si fuerais consecuentes os mantendríais en la equidistancia y no tomaríais posición en el debate, siempre que no se vulnerara la premisa que vosotros y yo aceptamos, que es que los actos, para ser morales, deben ser libres.
II.
Sugiero la lectura de este link:
http://www.fundaciontriangulo.es/educacion/Sexualidad/capitulo5.htm
Concluyo:
Si realmente la homosexualidad es eso, un estancamiento del aprendizaje causado por la no identificación del niño con el padre, entonces el amor homosexual no existe, no encaja como fin en sí, sino como mero medio para la satisfacción permanente de la fase anal.
III.
Hablando claro, si vuestro amigo os dice que quiere pervertiros (como medio para su satisfacción), se acabó la amistad (como fin en sí), o ambas entelequias, sexo y amistad, pasan a convivir parasitariamente. Y si afirma que está bajo el influjo del enamoramiento, es que además el pobre diablo no conoce el amor, cuya esencia es la entrega al otro-distinto (por lo que hablamos de unión y no de yuxtaposición o agregado) y la perpetuación material en el tiempo (a través de la descendencia).
IV.
Ante la réplica "el amor es un juego la naturaleza del cual radica en la imprevisibilidad de las respuestas del otro", contesto:
¿Por qué nos divertimos antes de iniciar el juego, con la sola idea del mismo? Y: ¿por qué esa diversión no resulta infinita, sino que más bien decrece a lo largo del juego?
Ante la objeción "el amor es una experiencia concreta siempre distinta", respondo:
¿Por qué damos entonces el nombre de "amor" a esa serie de experiencias y no hacemos lo propio con todas las que integran la vida ordinaria?
Para vosotros el amor es sólo un juego de instintos sazonado con la inteligencia, que crea expectativas. Pero el amor tiene una esencia invariable, la entendáis o no.
Saludos.
Daniel.
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