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Capítulo 10: "MIENTRAS LA LLUVIA CAE"

May 28 2003 at 12:28 AM
 
de la dirección IP 200.86.253.133

 
Fernando Ramallo es Damián
Emma Watson es Esperanza
Héctor Noguera es Padre Antonio
Alvaro Rudolphy es Salvador
Solange Lackington es Doña Amanda
Tomás Vidiella es Don Fernando
Miguel Angel Rodríguez es David
Pablo Larroulet es Daniel
María José González es María Paz
Sebastián Arancibia es José Miguel
Griffin Frazen es Rodrigo


"AMANECER"

La conversación duró horas y horas. Los muchachos no sabían absolutamente nada sobre sexualidad. La misión el sacerdote que los cuidó y les brindó educación durante sus vidas había sido, además, protegerlos del pecado, ese pecado que se viste de palabras referentes a lo que distingue a los hombres de las mujeres. Salvador, sorprendido, no podía concebir que los muchachos apenas supieran el nombre de su genital y que les servía para orinar. Pronto comenzó a hablarles de la reproducción, de los aparatos masculino y femenino y de otros tópicos como la masturbación y la menstruación, entre otros temas. Al final de aquella larga y provechosa charla, los jóvenes sentían una inmensa claridad en sus mentes. Pudieron por fin, comprender todo lo que les estaba pasando y más. De pronto todos parecieron agotados con el tema y decidieron, en conjunto, ir a orinar, lo cual fue motivo de una clásica entretención masculina mediante el concurso de quien meaba durante más tiempo. El olor a mate se sintió más fuerte que nunca.

Volvieron a sentarse. Rodrigo y Damián traían mas leña mientras Daniel soplaba avivando las brasas que sonreían en tonos anaranjados desde el suelo. El fuego volvió a iluminarlos en aquella mágica noche. Salvador anunció el inicio de la ronda de historias de terror. Los más pequeños, Rodrigo y José Miguel, excusándose de tener mucho sueño prefirieron ir a dormir antes de escuchar las historias. Daniel, David y Damián se acomodaron, temerosos, al lado de Salvador que comenzaba a narrar historias de guaguas con dientes de oro, culebrones y cosas por el estilo. Daniel permanecía tranquilo, esperaba pacientemente poder narrar una historia que permanecía en su memoria casi como un secreto. Damián y David estaban asustados pero se mostraban valientes. Daniel pidió la palabra y comenzó a contar una historia, comenzando con el clásico “esta historia es real”.

-Ustedes saben que yo no soy de acá del pueblo, que el Jose y yo venimos del sur.- dijo Daniel. –Bueno, allá ocurrió esta historia. Había una niña que se llamaba Adriana, la niña Adrianita. Ella era de la edad de nosotros. Vivía con su padrastro y la hija de él. La Adrianita era muy linda, varios viejos verdes del pueblo la miraban. Un día la Adrianita fue a juntarse con una amiga a su casa y se quedó con ella hasta muy tarde. Volvía sola a su casa por la noche. Era invierno y llovía mucho. La Adrianita empezó a sentir que la seguían. Su casa quedaba lejos, fuera del pueblo. Estaba asustada, de repente miró hacia atrás y vio a un hombre con un cuchillo que la venía siguiendo. La Adrianita empezó a correr porque estaba muy cerca de llegar a su casa. El hombre la empezó a seguir corriendo, la Adrianita corría llorando. Mi papá decía que la escuchó llorar esa noche porque él andaba cazando. La cosa es que la Adrianita llegó a su casa y estaba cerrada la puerta. Empezó a golpear pero no pasaba nada. El hombre se acercaba cada vez más. La pobre Adrianita gritaba que le abrieran la puerta, mientras golpeaba con todas sus fuerzas. Entonces por la ventana de la casa se asomó la hermanastra, riéndose de ella a carcajadas al verla.

-¡Oh! ¡Qué mala la hermana...!- exclamó David.
-¿Cállate po! Deja que termine de contar la historia.- dijo Damián.

-Ya... déjenme seguir.- agregó Daniel. –La Adrianita lloraba y lloraba. En eso se da vueltas y el hombre ya estaba encima de ella. Era nada menos que su padrastro que se había vuelto loco y la acuchilló en la puerta de la casa, mientras la hermanastra miraba desde al ventana, muerta de la risa. Las uñas de las manos de la Adrianita quedaron marcadas en la puerta de la casa. Al hombre se lo llevaron preso y a la hija la mandaron a un internado de monjas. La cosa es que dicen que la Adrianita se aparece a veces, y empieza a golpear las puertas de las casas, como si el hombre todavía la estuviera persiguiendo con el cuchillo. Dicen que hay que abrirle la puerta y decirle garabatos, otros dicen que hay que poner cuchillos apuntando hacia la puerta. Pero la verdad es que la niña Adrianita nunca fue encontrada, después que la encontraron muerta, desapareció de la morgue. Eso dicen...-
-Ya... que fantástica la historia, y eso que no tenemos tele en la casa.- dijo David.
-David, te conozco, estás asustado y dices eso para que creamos que no te dio susto.- agregó Damián.

Lo cierto es que tanto Damián como David estaban aterrorizados. Salvador se percató de ello y decidió que ya era hora de ir a dormir. Pero antes de eso los mandó a buscar agua al río para apagar las brasas, a lo cual se negaron tajantemente. Daniel se burlaba de ellos diciéndoles que la Adrianita iba a venir a golpearles la carpa en la noche. Entonces Salvador lo mandó a él a buscar agua. Tampoco se atrevió a ir. Finalmente decidieron apagar lo que quedaba de fuego “a la chilena”, con una buena meada, en una segunda competencia que ganó esta vez David, mientras los demás hacían arcadas por le olor del humo que salía.

A la mañana siguiente David despertó asustado. Pensó que se había orinado durmiendo o peor que eso, había tenido una de esas poluciones nocturnas de las que Salvador les había descrito por la noche. Sin embargo no era ni lo uno, ni lo otro. Una pequeña gotera desde el techo de la carpa les indicó que una fuerte lluvia les daba la señal para regresar a la parroquia. Salvador se despertó pronto, justo antes de que David comenzara a alertar a sus compañeros.

-Vamos, tenemos que irnos luego antes que llueva más fuerte.- les indicó el maestro.

Los sacos de dormir de Rodrigo y José Miguel, que durmieron al rincón, estaban empapados. Afuera, la leña mojada, salvo unos pocos palos y ramas que Salvador había guardado justamente por si llovía. A Damián le costó media hora encender le fuego; le quedaron dos fósforos en la caja. Eran aproximadamente las nueve de la mañana, estaban todos mojados, guardando las cosas, y aunque pudieron haber salido en una hora, Daniel, Rodrigo y José Miguel no quisieron salir sin tomar desayuno.

Cerca de las once de la mañana pudieron emprender el viaje de regreso a la parroquia. Por le camino jamás pasó un vehículo, sin embargo Rodrigo se detenía cada cinco pasos para hacer señas para que los llevaran. Las mochilas pesaban el doble con el agua. Daniel se calló al barro y a David le dio un calambre en la pierna, José Miguel se quejó todo el camino de que tenía hambre, mientras Salvador no dejaba de alentar a los muchachos para llegar pronto a casa. Cerca de las siete de la tarde llegaron a la parroquia, el padre Antonio dormía la siesta y la señora Amanda, presintiendo que los viajeros deberían regresar por la lluvia, los esperaba con pan amasado y sopaipillas. María Paz y Esperanza corrieron a recibirlos cuando sintieron los gritos de Rodrigo y José Miguel anunciando que habían regresado, los pequeños fueron los primeros en meterse a la ducha, que quedó tapada de barro. Daniel aceptó quedarse por esa noche con sus amigos. Aquella mañana, cuando desarmaban la carpa y guardaban las cosas sintió una gran pena al observar que uno de sus mejores momentos se acababa. Por eso, apenas María Paz le ofreció, entre risas, una taza de leche caliente con pan amasado, y además, pasar la lluviosa noche en la parroquia, el pobre muchacho no tuvo más opción que aceptar. El mismo Salvador aceptó la invitación a alojar en la casa parroquial, fue el mismo padre Antonio quien le insistió.

-Para qué va a salir, oiga, si está lloviendo tan fuerte. Mejor se queda esta noche con nosotros junto al niño Daniel y mañana se regresan a su casa.- le dijo.
-Está bien, no me perdería ese pan amasado por nada del mundo.- contestó el maestro.

El turno para ducharse fue largo, primero los niños, José Miguel y Rodrigo, que con sus jugueteos en el agua demoraron un largo rato. Después entró Daniel que, como se había caído al barro, era le que más sucio estaba; aunque no tardó mucho, el pobre David ya no aguantaba más estar con la ropa mojada, así que prácticamente invadió el baño, mientras Daniel se ponía una venda en su rodilla izquierda. Luego fue el turno de Salvador, que entró a la ducha por insistencia del sacerdote. Damián, mientras tanto, esperaba su turno de bañarse en compañía de Esperanza, que no podía separarse de su amado.

-Damián, te eché mucho de menos.- le decía la muchacha, llenándolo de besos, a escondidas del sacerdote, que se sentía halagado con la presencia del profesor en la casa.

Y era cierto, la muchacha estuvo muy melancólica durante todo el tiempo en que los muchachos estuvieron fuera de la parroquia; lo mismo le sucedió a Damián, que pudo disimular fácilmente gracias al estado de admiración que le produjo el paisaje del lugar donde acamparon.

-Damián, está desocupada la ducha.- le avisó Daniel, mientras se peinaba con una pequeña peineta sus crespos cabellos.
-Gracias, ya voy.- respondió Damián mientras se ponía de pie para ir a buscar la toalla. Esperanza lo detuvo.
-No te preocupes, yo te llevo la toalla.- le dijo la muchacha.

Damián aceptó y se fue al baño. Entró y limpió con su mano el espejo empañado. Se miró y se extrañó de encontrarse tan sucio, sin embargo no fue eso solamente lo que lo sorprendió. Contempló en aquél borroso reflejo que daba el viejo espejo, su cara, su cara que ya no era la cara del niño que antes, en puntillas, se esforzaba para poder mirarse al espejo. Ese niño había quedado atrás, ahora había una nueva energía que lo mantenía vivo, sobre todo ahora que comprendía todo lo que le estaba sucediendo a su cuerpo, pero sobre todo, a él, y ello, gracias a las palabras de su amigo Salvador, que en aquella noche bajo las estrellas y frente a esa fogata de anaranjadas sonrisas, le había enseñado parte de los grandes sucesos de la vida.

La puerta se abrió. Más hermosa que nunca, la tierna Esperanza ingresó con una toallas limpias en sus manos.

-Aquí están las toallas, Damián.- le dijo, mientras las colocaba sobre la silla del baño.

De pronto, Damián y su amada quedaron frente a frente. Ella comenzó a ayudarle, quitándole la ropa mojada para que se metiera a la ducha. Damián no supo qué hacer, pues su miembro comenzó a erectarse, lo que le hizo sonrojarse de manera descomunal.

-¿Te pasa algo?- le preguntó Esperanza.

Pero Damián no atinó a decir nada, a pesar de saber perfectamente lo que le estaba sucediendo. En ese momento, la voz del padre Antonio llamó a su sobrina, que salió rápidamente del baño como percatándose de lo que significaba estar ahí.

Dentro del baño, Damián, erecto como fierro, no sabía si Esperanza se había dado cuenta de lo que le había pasado y tampoco hallaba palabras para explicarle lo que le había sucedido. Fue tal el grado de aflicción del pobre muchacho que apenas salió de la ducha se fue a meter a la cama excusándose de estar muy cansado y de no sentirse muy bien. Salvador fue a verlo, preocupado.

-A ti te pasa algo.- le dijo. –Y no es que te sientas mal o que estés con sueño, pues estabas perfectamente antes de meterte al baño. ¿Me dirás qué fue lo que te pasó?-

Damián, que a esas alturas no podía dejar de contarle esas cosas a su amigo y maestro, se sentó en la cama y le contó del episodio vivido con la muchacha.

-Cuando me tocó sentí algo muy especial. Sentí que la quería mucho, tenía ganas de abrazarla y besarla, pero me di cuenta que se me había parado y me morí de vergüenza, ahora no sé que le voy a decir... y ni siquiera sé si ella se dio cuenta, yo creo que sí.-

Salvador lo tranquilizó y le explicó que lo que le había pasado era absolutamente normal y que debía explicarle a Esperanza.

Llegó la hora de dormir, Damián esperó a que todos se durmieran y despertó a su hermano David para contarle todo. Aunque en principio David no pudo contener la risa, pronto se dio cuenta que a él también le pasaba eso a veces cuando se acordaba de una mujer que veía en el pueblo.

-No me habías contado de esa mujer, cochino.- le dijo Damián en tono de broma.

Al final se quedaron toda la noche, mientras la lluvia golpeaba el tejado, conversando de las mujeres, el sexo y la vida. David le dijo a su hermano que debía explicarle todo a Esperanza, incluyendo lo que Salvador les contó. Por su parte, Damián le dijo a David que al día siguiente, si no llovía, irían al pueblo a esperar que pasara aquella mujer que le quitaba el sueño a David, y que la seguirían para averiguar dónde vivía.

 
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AutorReply
Cayo

200.10.225.77

Niuno

May 28 2003, 9:11 PM 

Gracias, corto el capítulo, o sea en tiempo trascurrido. " El sexo es el sexo, El amor es el Amor" Alvaro Rudolphy...

 
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rodricreek

200.10.225.89

mmm

June 8 2003, 6:00 PM 

jeje me puse al dia maestro... sigue tan buena como al inicio.

Que buena la relacion que se esta produciendo entre salvador y los niños, veremos que opina el curita cuando sepa toda la info sobre el pecado que han recibido sus criaturas.


 
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Daniela

200.30.241.68

Somos dos...

June 12 2003, 1:06 AM 

Yo tambien ya me puse al día a pesar de estar ensayando a concho para mi muestra del proximo sábado.... Bien Cesar... estoy fascinada con esta historia de amor...

Saludos, Daniela

 
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nani

200.30.213.249

Re: Capítulo 10: "MIENTRAS LA LLUVIA CAE"

September 10 2003, 3:06 PM 

el despertar sexual: gran tema!!!

ay...la adolescencia ,nos creemos dueños del mundo!!!!... y la verdad que es el unico minuto en la vida en que eres dueño del mundo.Aunque nos falte mucho por vivir y madurez para enfrentarla.

 
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Danissa

200.10.225.76

=P

September 14 2003, 5:53 PM 

eselente la primera parte.......... ojala k conversen con maria paz y esperanza

 
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valtrexv

200.10.225.76

Re:Capitulo 10

September 19 2003, 9:32 PM 

el deseo sexual esta despertando en llos jovenes pero siempre en forma sutil,inocente, me trae ecuerdos de mi niñes.

 
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