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Capítulo 15: "VERDADES Y PROMESAS"

August 7 2003 at 4:02 AM
 
de la dirección IP 200.86.253.246

 
Fernando Ramallo es Damián
Emma Watson es Esperanza
Héctor Noguera es Padre Antonio
Alvaro Rudolphy es Salvador
Solange Lackington es Doña Amanda
Tomás Vidiella es Don Fernando
Miguel Angel Rodríguez es David
Pablo Larroulet es Daniel
María José González es María Paz
Sebastián Arancibia es José Miguel
Griffin Frazen es Rodrigo

Paticipación especial:

María Elena Swett como Claudia Bahamóndez
Felipe Braun como Manuel






Esperanza se quedó callada. Jamás llegó a pensar que debería dar tal explicación. Sus manos comenzaron a sudar.

-Ya pues, contésteme. Estoy esperando. ¿Qué le pasó que dejó tan manchada la cama?-

La muchacha respiró hondo. Sabía que lo peor que podía hacer era quedarse en silencio.

-Amanda, no te preocupes, estoy bien.-
-No le pregunté cómo estaba. Si veo que está bien. Pero, ¿Qué le pasó?-
-No sé... no sé qué decir... –
-La verdad pues mi chiquilla, no me mienta, que yo sé porque soy más vieja que usted.-

Esperanza bajó la vista. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

-No pues, no llore. No ve que me da pena a mí cuando los veo llorar. Venga para acá.- dijo la mujer abrazando a la muchacha.

-¡Ya pues! ¡Vengan a tomar el desayuno! ¿Qué les pasa que se demoran tanto?- exclamó desde el comedor el padre Antonio.
-Ya, vamos. Lávese la carita que se van a dar cuenta que estaba llorando y allá están todos contentos. Después conversamos nosotras, ¿Quiere? Yo nunca la voy a acusar, confíe en mi, yo siempre la voy a ayudar en todo.- dijo la señora Amanda.
-Gracias, Amanda. Te prometo que después te contaré lo que pasó.-

En el comedor todos estaban alegres con Salvador de regreso. Ni siquiera notaron que Esperanza apenas tomó la leche. Solamente María Paz y la señora Amanda cruzaron miradas al ver que la muchacha se paró de la mesa antes que todos excusándose de tener dolor de cabeza. A los varones de la parroquia, poco les importó la ausencia de la muchacha.

-Tómese un analgésico, Esperanza.- dijo el padre Antonio cuando escuchó a su sobrina.

Pero la señora Amanda no podía quedarse de brazos cruzados. No podía permitir que su muchachita estuviera sufriendo. Sabía que lo que había sucedido ya no tenía remedio. Por eso, lo único que le quedaba por hacer era aconsejar a los enamorados de la parroquia, antes que fuera demasiado tarde.

-Damián, venga a ayudarme, mijito.-
-Voy, espérame que termino de comerme el pan.-
-Déjese de comer, venga ahora.-
-¿Qué pasa?-
-Mi chiquillo, ¿Vio cómo está la Esperancita?-
-¿Por qué? Yo la vi bien.-
-Mijito, yo sé que algo le pasa. ¿Por qué no la va a ver?-
-¿Estás segura? No me asustes... –
-Yo sé lo que le digo. Vaya.-

Damián volvió a sentirse como estaba por la noche. Por primera vez supo darse cuenta que lo que habían hecho con Esperanza era más difícil de lo que él se imaginaba. Por esta razón no fue en busca de Esperanza. En ese momento el único que podía ayudarlo era Salvador.

-Salvador, ¿Qué tienes que hacer ahora?-
-Nada importante, ¿por qué?-
-Necesito hablar contigo.-
-Bien, acompáñame a dar una vuelta. Tengo ganas de estirar las piernas.-
-Bueno, pero al tiro.-
-¿Por qué tanto apuro?-
-Vamos, ahí te cuento.-

Sentado en su escritorio, el padre Antonio abría un sobre con cuidado. Dentro de él, una gran suma de billetes le recordaban que su amigo, don Fernando Núñez, esperaba la visita del pequeño José Miguel para la ayuda de quehaceres domésticos.

-José Miguel, don Fernando te está esperando, me dijo que estabas haciendo muy bien tu trabajo, por eso te felicito.- dijo el sacerdote.
-¿Tengo que ir otra vez?- preguntó el pequeño.
-Pero por supuesto. ¿Qué pensabas?. Don Fernando nos ayuda mucho con la parroquia. Lo mínimo que podemos hacer es darle una manito cuando necesite algo. En este momento estás siendo una gran ayuda para él. Ya, basta de cháchara y váyase luego antes que sea tarde.-
-Padre, no quiero ir.-
-No me venga con cosas, no sea porfiado.-
-Por favor, que vaya otro, yo he tenido que ir varias veces, los chiquillos no han ido nunca.-
-Ya te dije que a don Fernando le gusta como trabajas tú. A los demás les toca hacer otras cosas. No porfíes más, ¡Ándate luego!-
-Por favor, padre, no me mande a mí.- dijo el niño, sollozando.
-Me estás haciendo enojar, José Miguel. ¡Anda! Te digo.-
-Por favor, padre, no quiero ir, ¡No quiero!-
-¡Anda! ¡y deja de llorar!-

El pequeño José Miguel salió de la parroquia llorando. David, que escuchó la conversación, se sintió muy mal.

-Padre, el Jose no quiere ir a la casa de don Fernando, no lo obligue al pobrecito que me dio pena.-
-No te metas, David, eso es asunto mío.-
-Si no me meto, pero para la próxima vez, yo voy. A lo mejor al pobre Jose le da susto ese caballero, como es tan miedoso y dicen que ese señor mataba gente... –
-¿Quién te dijo eso a ti?-
-La gente en el pueblo dice eso. Que en la capital mataba gente, que lo echaron de su trabajo y por eso llegó al pueblo. Yo creo que es verdad, tiene pinta de ser asesino.-
-¡Más respeto, mocoso! ¿qué te has creído? La gente inventa cosas cuando no tiene nada mejor que hacer. No tienes por qué creer todas las tonteras que dice la gente ¿Me oíste? Además yo no te crié para que le faltes el respeto a tus mayores, ¿O sí?-
-No, padre. Discúlpeme.-
-Última vez que le faltas el respeto a alguien, ¿Oíste?-
-Sí, padre. Yo lo único que quería era ir en lugar del Jose.-
-Sí, en castigo, irás tú de ahora en adelante, ¿Estamos?-
-Sí, padre.-
-Y ahora, vas a encerar el comedor.-
-¿Yo? ¡Pucha! ¡Injusticia! Yo quería ayudar al Jose no más.-
-Ya dije.-


En el pueblo, toda la gente se sorprendía al ver a Salvador con vida. Cada persona que lo veía se acercaba a saludarlo, por lo cual, la conversación de Damián se vio interrumpida muchas veces. No faltaba quien le preguntaba al profesor si los milicos lo habían tratado muy mal o cómo se había logrado escapar. El noble maestro de la parroquia sólo respondía que no quería conversar del tema.

-Mira, ¿Ese no es José Miguel?- preguntó Salvador.
-Sí, es él. Debe ir a la casa de don Fernando.-
-¿A la casa de don Fernando? ¿Y a que?-
-Le ayuda en algunas cosas de la casa, con el perro. Pero al pobre Jose no le gusta ir.-
-A mi tampoco me gustaría ir a la casa de ese hombre. Me da mala espina-
-¿Te da mala espina? ¿Has oído lo que dicen, de que era uno de esos señores que trabaja para el gobierno haciendo desaparecer gente?-
-No, no sabía eso.-
-Quizás sea verdad, yo creo que sí. Tiene pinta de mafioso el viejo.-
-No sé, pero de que me da mala espina, me da mala espina.-
-Salvador, no me habías contado que tenías una pololita en Santiago.-
-¿Lo dices por Claudia? Ella no es mi polola.-
-Pero en el libro que me prestaste había una carta de amor que te escribió ella.-
-Sí, pero nosotros no somos pololos. Esa carta me la escribió hace mucho tiempo.-
-Bueno, lo que sea. Es bien linda ella, ¿No te gusta?-
-Damián, no me preguntes eso ahora. Todavía no me repongo de la impresión de todo lo que me ha pasado.-
-Disculpa, pero en todo caso, gracias a esa carta ella está acá.-

Salvador permaneció en silencio pensando en qué se podía beneficiar con la presencia de Claudia en el pueblo. No tuvo respuesta para ello.

-Y tú, Damián, ¿De qué me querías hablar?-
-¡Ay, Salvador! Si supieras... –
-¿Qué, pues? Cuéntame.-
-Anoche, Esperanza y yo salimos a dar una vuelta.-
-Ya, ¿Y?-
-Llegamos al bosque... no sé cómo pasó, pero llegó un momento en que nos dimos muchos besos, nos abrazamos, empezamos a tocarnos, hasta que nos fuimos sacando la ropa... –
-¿Y?-
-Y bueno, estábamos tan excitados que... pasó lo que tenía que pasar... –
-¿Qué se supone que es eso?-
-¡Ya poh, Salvador! No te hagas el que no sabes.-
-¿Tan grave es que no puedes decírmelo por su nombre?-
-¡Ya! ¡Ya! Hicimos el amor... –
-Ah, era eso.-
-¿Y qué pensabas que era?-
-Nada. Pero dime, ¿Te gustó?-
-La verdad, no mucho. Lo único que me gustó fue poder sentirla muy cerca mío, poder tocarla y sentir como ella me tocaba mi cuerpo... de solo acordarme se me... –
-¿Se te qué?-
-Se me para... –
-¡Tan pudoroso que eres!-
-¿Tan que?
-Pudoroso. ¿Sabes lo que es ser pudoroso?-
-No, ¿Qué es?-
-Es como ser vergonzoso.-
-Ah, sí.-
-Bien, ¿Y cuál es el problema entonces?-
-Es que no sé, como que me siento mal... –
-¿Por qué?-
-Por Esperanza. Anoche se puso muy rara. Después me contó que le dolía mucho, que estaba sangrando.-
-¿No te diste cuenta que le salía sangre?-
-No.-
-Damián, Esperanza era virgen. En la primera vez se rompe un tejido que se llama himen. Ese tejido, al romperse, sangra. También puede causar dolor.-
-Ah, por eso... Yo estaba asustado, pensé que podía haberle roto algo yo... –
-No, eso es normal. Ahora, debes preocuparte mucho por ella, porque en general las mujeres se ponen como bien tristonas, nostálgicas. Viene un sentimiento de arrepentimiento, debes apoyarla, acompañarla, demostrarle que la quieres.-
-Pucha, Esperanza se puso así. Después me dijo que estaba bien, pero ahora como que se puso triste de nuevo.-
-¿No tienes miedo?-
-¿De qué?-
-De que los lleguen a pillar, de que se sepa que ustedes están metidos en esto.-
-¡Ay! No quiero ni pensar en eso.-
-Bueno, pero prométeme una cosa.-
-¿Qué cosa?-
-Prométeme que te vas a cuidar. Prométeme que no harás sufrir a Esperanza, y sobre todo que serás responsable de esta nueva etapa que comienzas a vivir.-
-Te lo prometo.-
-Damián, ya no eres un niño. Te has convertido en un hombre.- dijo Salvador abrazando al muchacho, que cerró sus ojos tratando de imaginar el difícil futuro que pronto llegaría.-


En la cabaña, Claudia se calentaba las manos con una taza de café, mirando por la ventana cómo la primavera se apoderaba de ese olvidado rincón de la tierra. Alguien golpeó la puerta.

-¡Daniel, yo abro!- dijo la mujer.
-¡Hola!- dijo Manuel al ver a la muchacha.
-Hola, ¿A quién buscas?-
-¿A quién busco? Se me olvidó a quien busco.- dijo Manuel bromeando.
-Jajaja, ¡Qué simpático! ¿Tú, quién eres?-
-Yo soy Manuel, amigo de Daniel, de Salvador y de los muchachos. ¿Y tú? ¿Quién eres?-
-Digamos que una amiga de Salvador.-
-Mira tú, y esa amiga ¿No tiene nombre?-
-Claudia, me llamo Claudia.-
-Mucho gusto, Claudia. ¿No me harás pasar?-
-¿Quién es?- gritó Daniel desde otra habitación.-
-Daniel, soy yo, Manuel.-
-Manuel, pasa. ¿Ya conociste a Claudia? Es una amiga de Salvador, viene de Santiago.-
-Sí, ya tuve el placer de conocer a esta linda señorita.-
-Cuidadito, Manuel, no vayas a tener problemas con Salvador después.- dijo Daniel.
-No te preocupes Daniel, mientras sea broma, no hay problema.- dijo Claudia.
-¿Y si no es broma?- dijo Manuel.

Silencio

-¡Era broma! ¡Ya! No se pongan graves.-
-Ya, vayámonos mejor, Manuel. Claudia, te vamos a tener que dejar sola, disculpa.-
-No te preocupes.-
-Chao Claudia, un placer conocerte. Y discúlpame por la broma, en serio, se me pasó la mano.-
-No te preocupes Manuel. Está todo bien.-
-¿Segura?-
-Si, tranquilo.-
-Si quieres podemos conversar otro día, no sé, si tú quieres.-
-Bueno, podría ser.-
-¡Ya poh Manuel! ¡Vamos a llegar tarde!-
-Ya voy, ¡Chao Claudia!-
-Chao.-
-¡Claudia!- exclamó Salvador a lo lejos.
-¡Salvador! Te estaba esperando.- dijo la muchacha.
-Veo que ya conociste a Manuel.-
-Sí, me cayó bien. Es muy simpático.-
-Además se ha portado muy bien con los muchachos. Él fue quien ayudó a Daniel cuando recién llegó al pueblo.-
-¡Vaya! Además de ser simpático es generoso y buena persona. Ya no queda gente así... –
-Bueno, uno que otro debe quedar por allí.-
-Salvador, te estaba esperando. Necesito que hablemos.-
-Claro, a eso vine, a hablar contigo.-

Ambos se sentaron en la escalera de la entrada de la cabaña. Salvador, un poco incómodo, se puso de pie. Finalmente se acomodó frente a la muchacha.

-Yo sé que todo esto es muy difícil para ti, pero quiero que sepas que aún me importas mucho. Si vine hasta acá es con la única ilusión de volver a verte, de poder aclarar lo que pasó entre nosotros.-
-Lo que pasó entre nosotros ya fue, Claudia. Lo que quiero que entiendas es que ahora debes rehacer tu vida y olvidarte de mí.-
-No. No me pidas eso por favor. He vivido más de un año esperando el momento de volver a verte, ¿para qué? ¿para que me digas que te olvide? No Salvador, no lo haré.-
-Claudia, no llores. Mírame. El tiempo que estuvimos nosotros juntos fue maravilloso, es algo que no olvidaré nunca. Pero las cosas cambiaron. Tú sabes que lo que nos pasó fue difícil. A mí me ha costado poder superarlo. No sé si tú has podido.-
-Claro que he podido. Me costó mucho salir adelante, pero lo logré. Sola, pero pude. Desde que desapareciste todo se me complicó más, y no te imaginas cuanto. Si pude superar todo esto fue porque en el fondo algo me decía que llegaría el día en que volveríamos a estar juntos.-
-Claudia, no puedes vivir de ilusiones. La vida es distinta, tenemos que ser realistas. Nuestro amor murió... –
-¡No!-
-Sí, nuestro amor murió cuando... –
-¿¡Cuando qué?!-
-¡Cuando perdimos a nuestro hijo, Claudia, por Dios! No me hagas repetirlo... –
-¡Perdóname! ¡Perdóname!- exclamó Claudia llorando desconsoladamente. Salvador la abrazó fuerte, con los ojos llenos de lágrimas. La conversación que tuvo momentos antes con Damián le hizo reconocer que no podía huir de los problemas, que debía enfrentar ese asunto inconcluso con Claudia, la madre de su desaparecido hijo. Había dado el primer paso, pero todavía le quedaban muchas cosas que decir.

Los árboles ya florecían. Las calles se dibujaban con aire de fiesta. Pero un pequeño corazón en la parroquia sufría. Una muchachita se debatía entre los últimos destellos de su abnegada niñez y su nueva y peligrosa adolescencia. Frente al altar, Esperanza rezaba de rodillas. La puerta se abrió lentamente. Damián, lleno de dudas en su cabeza entró, tembloroso.

-Esperanza... –

Pero la muchacha no respondía.

-Esperanza, mi niña, ¿estás bien?- insistió Damián.
-Déjame sola, por favor.-
-Mi niña, estás llorando. No quiero verte así.-
-No te preocupes, déjame sola... –
-¡Cómo te voy a dejar sola! Estás sufriendo... –
-Por favor, estaré bien... –
-¿Segura?-
-Damián, no sé si esto sea fácil para ti, pero para mí es muy difícil.-
-Pero... ¿por qué?-
-¿Por qué? Te he entregado lo más preciado de mí, hicimos algo que no nos corresponde a nuestra edad... ¡Mira!-
-¿Qué cosa?-
-Mira los ojos de Jesús. Está triste. No se merece que le hagamos esto.-
-Mi niña, nosotros nos amamos, lo que pasó demuestra el amor que nos tenemos.-
-¿Tú crees? Hay muchas formas de demostrar el amor que nos tenemos. Elegimos la manera más equivocada.-
-Esperanza, no me digas eso, por favor.-
-¡Pero es la verdad!-
-Pero estabas bien en la mañana, ¿Qué te pasó?-
-Damián, ¡Entiende! Lo que hicimos estuvo mal ¡Mal!-
-¡No! Mi niña, no pienses eso.-
-¿Qué quieres que piense entonces?-
-Que nos amamos. Que no nos separaremos nunca. Que pase lo que pase, estaremos siempre juntos.-
-Entiéndeme, por favor.-
-Te entiendo, pero escúchame lo que te digo. Te amo, y no te dejaré nunca, te lo prometo.- dijo Damián abrazando a su Esperanza y dejando caer sus últimas lágrimas de niño, esas lágrimas que en ese momento demostraron el sentimiento más grande que podían sentir, el amor.



 
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AutorReply


200.86.253.246

AFICHE

August 7 2003, 4:08 AM 


 
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payasso lateaodelpre

200.29.48.203

grande kid a

August 7 2003, 4:16 AM 

te las mandaste...! esta muy bueno el afiche!!

Feliciticitaciones

 
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rodricreek

200.10.225.89

Mmm...

August 9 2003, 5:43 PM 

Bueno el afiche... pero lo q nos tiene aca es la historia.

Me sorprendiste con la historia de Salvador-Claudia, no me lo esperaba.

Damian-Esperanza se afirma la historia tener ciertas complicidades lo hace mejor, ojala que todo salga bien para ellos.

Maldito Fernando... se que algo malo tiene

 
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Daniela

200.74.46.116

Buen capítulo

August 12 2003, 3:56 PM 

Me gusto el capítulo, la forma como esperanza toma este paso, esas dudas son algo clásico.. bien.

Fernando que le habrá hecho a José... mmmm.. viejo (piiiiiiii)

Una duda, ¿Salvador y Claudia perdieron al hijo en gestación o se les perdió el niño ya más grande? eso no me quedó muy claro.

Saludos, Dani

P.D: Bonito el afiche

 
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Cayo... Aquel que caminaba solo....

200.28.110.153

Buen Capítulo

August 12 2003, 3:57 PM 

Excelente capitulo pos degracíao', weno weno.. lleno de dramatizmo, especial... lleno de recovecos que estarán, espero, por resolverse... impacienta el próximo así que dedicate a nosotros tus lectores muy luego.... Gracias.
Cayo aquel que caminaba solo

 
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Magdalenus

200.29.55.151

Re: Capítulo 15: "VERDADES Y PROMESAS"

August 13 2003, 4:15 PM 

Super buen capítulo ¡no lo había podido leer antes!Fernando es un viejo de mierd... quizás que le hizo al pobre niño. Ese tipo es malo de verdad, estoy degura.

Yo entendí que el hijo lo perdieron es gestación ¿asi fue, o no? Pero no creo que ese sea el único motivo de su separación...

 
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200.86.253.246

PROXIMAMENTE

August 13 2003, 7:03 PM 

Conocerán los detalles de esta historia entre Salvador y Claudia, en el próximo capítulo que ya está escribiéndose.

¡Espérenlo!


Pd: Magdalenus, gracias por tus comentarios, me alegra saber que tenemos otra lectora, ¡Y de las wenas! jejeje

 
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nani

200.30.213.249

Re: Capítulo 15: "VERDADES Y PROMESAS"

September 12 2003, 8:38 PM 

amanda y Salvador: toma los roles de padres de los chicos,ellos no estan solos y tiene un gran apoyo.

Que desilucion,Salvador abandonó a claudia por la perdida del hijo.Por que los hombres huyen de ls problemas???,mejor dicho este hombre.


Gran punto a discutir....

 
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Danissa

200.10.225.76

=P

September 17 2003, 12:34 AM 

me encanta damian.....es super jugaoooooo.........super wena la ultima parte.......

 
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valtrexv

200.10.225.76

espero que el no le pase nada.....

September 20 2003, 4:04 PM 

a la relacion de damian y la esperanza, esta ultima la veo muy tristona, bueno eso a algunas mujeres les pasa, la relacionde claudia y salvador que pena por su hijo pro debio ser algo muy grave para que el tomara la decision de abandonarla o talvez el tuvo la culap de la muerte de su hijo por eso reacciono asi. maldito viejo (&%*^^) espero que el pobre jose miguel este bien y solo sean los temores a los rumores de la gente ...... seguire leyendo hasta ponerme al dia....

 
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