Fernando Ramallo es Damián
Emma Watson es Esperanza
Héctor Noguera es Padre Antonio
Alvaro Rudolphy es Salvador
Solange Lackington es Doña Amanda
Tomás Vidiella es Don Fernando
Miguel Angel Rodríguez es David
Pablo Larroulet es Daniel
María José González es María Paz
Sebastián Arancibia es José Miguel
Griffin Frazen es Rodrigo
Felipe Braun es Manuel
Carolina Varleta es Sofía
Carolina Arregui es Carola
Monica Bellucci es Amparo Santa Cruz
Participación especial:
Fernando Kliche como Jaime
Pablo Díaz como Gonzalo
Damián trataba de respirar con dificultad. De pronto, todos los sueños e ilusiones de vivir el amor con Esperanza se habían derrumbado. La muchacha comenzó a llorar desconsoladamente.
-Lo siento Damián. No quería darte una noticia como esta, pero tenía que hacerlo.-
-No te preocupes Esperanza. Hiciste lo que tenías que hacer. Soy tan responsable como tú de esto.-
-¿Qué vamos a hacer, Damián? ¿Qué vamos a hacer?-
-Tranquila, tenemos que pensar bien lo que haremos.-
-¿Qué dirá el padre Antonio cuando sepa? Me mata, ahí sí que me mata.-
-Que se atreva a ponerte un dedo encima porque soy capaz de cualquier cosa.-
-¿Qué harías si él me llega a hacer algo?-
-No lo sé, pero te juro que algo haría. Ya le advertí que no se metiera conmigo, porque el que saldría perdiendo sería él, no yo.-
-Sea como sea, él es quien está a cargo mío todavía. Aunque yo no quiera que así sea, mientras no sea mayor de edad, él será mi tutor.-
-Lo sé, lo sé, ¡Por la cresta!- exclamó Damián con rabia.
-Tengo miedo, tengo mucho miedo. Aunque pretendamos engañarlo, llegará un momento en que será imposible. Tendremos que decirle la verdad y te juro que no soy capaz de hacerlo.-
-No sé Esperanza, estoy muy confundido en este momento. Se me ocurren muchas cosas, pienso en ti, en mí, en ese niño que traeremos al mundo, en el padre Antonio... por primera vez siento que no tengo posibilidades de enfrentar la situación.-
-Yo también estoy confundida... no me dejes sola, no me dejes nunca, Damián.-
-Mi amor, jamás te dejaré sola. Estaré contigo ahora más que nunca, te lo prometo. Te amo y nunca te dejaré de amar. Si Dios quiso enviarnos este niño será porque quiso ponernos esta prueba en nuestro camino, y juntos lo superaremos.- dijo el muchacho besando a su amada.
-¿Qué haremos por mientras?-
-Supongo que Amanda ya lo sabe...-
-Sí, ella me ayudó a confirmar que estoy embarazada.-
-Bien, entonces tendremos que pedirle que nos apoye en todo. Por ahora tendremos que seguir escondiéndote acá en el galpón. Al menos tienes de todo.-
-Damián, cuando llegue el invierno no podré quedarme acá, y para eso no falta mucho.-
-Tranquila mi amor, buscaré un lugar mejor para que puedas quedarte.-
-No, Damián. Creo que lo mejor que puedo hacer ahora es volver a la parroquia.-
-¡Qué dices!-
-Sí, es lo mejor. Allá estaré con Amanda día y noche. Ella podrá cuidarme y protegerme del padre Antonio. Maria Paz también estará encantada de ayudarme. Además no puedo seguir en estas condiciones. Estoy embarazada, tengo que cuidarme por el niño que llevo dentro.-
-¿Estás segura que estarás bien en la parroquia?-
-Sí, segura. Además si tu dices que el padre Antonio no se atreverá a molestarnos...-
-No, ya se lo advertí.-
-Entonces definitivamente estaré mejor en la casa. Si tengo que verle la cara a ese señor, bueno, no tengo más alternativa, lo haré por nuestro hijo. Lo importante es que Amanda y Maria Paz me ayudarán en todo.-
-Esperanza, no te dejaré sola. Quiero que sepas que no te abandonaré nunca, menos en un momento como este.-
-Hay algo que quisiera saber... ¿Qué haremos con el niño?-
-Lo único que sé es que no permitiré que nos lo quiten, por ningún motivo. Le pediremos a Amanda que nos ayude a criarlo, al padre Antonio no le quedará más alternativa, porque si hace algo, yo hablo, así de simple.-
-Pero... yo me moriría de vergüenza si la gente en la calle me empieza a señalar, si empiezan a hablar cosas de mí... cuando la guata me crezca, no podré ocultar el embarazo.-
-Tampoco dejaré que se rían o hablen cosas de ti. Confía en mí, Todo saldrá bien.-
Claudia miraba su anillo de compromiso pensando en lo poco que faltaba para el matrimonio. Sin embargo, algo la tenía preocupada.
-Mi amor, hay algo que me tiene inquieta.- dijo la prometida de Salvador.
-¿Qué pasa? ¿Es sobre el matrimonio?-
-No, no. No tiene nada que ver con eso. Sé que todo está bien con nuestro casamiento, la ceremonia la celebraremos en la parroquia, ya hablamos con el padre Antonio, mi familia vendrá al pueblo, la señora Amanda se hará cargo de la comida, los partes de matrimonio los enviaremos por correo mañana... todo está en orden.-
-¿Entonces? ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Es el trabajo? Amparo ya nos dijo que ambos vamos a trabajar en el nuevo colegio, es fabuloso.-
-Lo sé, pero tampoco es eso. Salvador, ten cuidado con ese viejo.-
-¿Con quién?-
-Con don Fernando. No me gusta su mirada, es peligroso. Podría ser capaz de hacerte cualquier cosa.-
-¿A mí por qué?-
-Por que tú eres quien encabeza las manifestaciones en su contra. Su reputación está en juego y es por que tú te has encargado de que la gente sepa la clase de persona que es.-
-Es lo mínimo que puedo hacer después de lo que le hizo al pobre José Miguel.-
-Sí, lo sé. Pero prométeme que tendrás cuidado. Él es capaz de todo, esa clase de gente no piensa, solo actúa.-
-No te preocupes, no pasará nada. Yo seguiré luchando porque encierren a ese depravado en la cárcel, es el único lugar donde debe estar. Sólo entonces descansaré.-
-Salvador, prométeme que te cuidarás de ese viejo.-
-Te lo prometo.-
-Ahora dame un beso... te quiero mucho.-
Carola quedó prácticamente muda tras oír el diagnostico del médico. Daniel bajó la vista tras mirar a su madre. Ella comprendió que debía subirle el ánimo y apoyar a su hijo. Por eso, apenas llegaron de vuelta al pueblo, le dio una gran noticia.
-¿Cómo estás, hijo?-
-Mmm... bien... ¿Y tú?-
-¿Seguro estás bien? No tienes muy buena cara.-
-Tú tampoco... en realidad no sé qué cara se pueda tener después de saber que tienes epilepsia.-
-Pero mi niño, no te debes dejar vencer por eso. Hay gente que pierde sus piernas o brazos, gente que queda ciega o postrada para siempre en una cama, y aún así, logran salir adelante. Tú en cambio tienes tu cuerpo íntegro, sólo tienes un pequeño impedimento que te significará cambiar un poco tus hábitos.-
-Pero de todas formas es frustrante saber que tienes una enfermedad de por vida.-
-Lo sé hijo. Pero tú tienes la posibilidad de seguir un tratamiento que te permitirá hacer una vida normal.-
-¡Ay! ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas?-
-Hijo, basta. Se acabaron las penas y amarguras. Vamos a cambiar las caras.-
-¿Qué voy a hacer ahora?-
-¿Qué vas a hacer? hijo, ya te he dicho que no estás solo.-
-Sí, es verdad, lo siento.-
-Daniel, llegó la hora de que tu vida sea mejor.-
-¿Qué me quiere decir con eso?-
-Prepara tu equipaje. Te vienes a vivir conmigo a Iquique, allá seguirás tu tratamiento.-
-¿En serio?-
-Sí mi niño, no voy a dejar que sigas sufriendo, menos ahora que sabemos lo que tienes. Darío estará feliz de tener un hermano, así que no se hable más, te vienes a vivir con nosotros ¿Qué te parece?-
-Me parece... me parece... ¡Genial! ¡Gracias mamita, muchas gracias!-
Tres generaciones se reunían en la casa de don Fernando. Abuelo, hijo y nieto no hablaban de otra cosa: Salvador Muñoz.
-¿Así que fue ese infeliz quién organizó esa manifestación en su contra, papá?- preguntó Jaime.
-Así fue, ese profesor de cuarta me tiene entre ceja y ceja desde hace tiempo. Recuerdo cuando llegó a este pueblo vino a ver si le arrendaba una cabaña. Me trató de lo peor.-
-Yo me lo encontré en Santiago hace unos meses. Andaba raro y fue súper desagradable conmigo. Me hizo la desconocida.- dijo Jaime.
-¡Qué tipo más pesado! Hay que hacer algo, no podemos aguantar que se siga riendo de los Núñez, nuestra familia merece respeto.- dijo Gonzalo.
-No se preocupen, yo sé qué podemos hacer. Este individuo no tiene un prontuario limpio. Supongo que sabían que estuvo preso, años atrás.- dijo Jaime.
-Sí pues. Estaba a cargo de unos viejos amigos de cuartel. Parece que se escapó en una noche de fusilamiento.- respondió don Fernando.
-Abuelo, es súper grave la acusación que este tipo está haciendo en su contra. Lo está dejando como un depravado sexual que abusa de niños delante de todo el pueblo. ¿Qué van a pensar de usted cuando lo vean?-
-Sí, tiene razón Gonzalo. Papá, no podemos seguir permitiendo que ese mal nacido siga acusándolo de esa forma. Tenemos que hacer algo y rápido.-
-¿Y qué podemos hacer, ah? ¿Ir y sacarle la cresta? A estos tipos les pegan y después se pican más.-
-No papá. Yo le digo que sé qué podemos hacer.-
-¿Qué cosa?-
-Déjenme que haga unas llamadas telefónicas. Tengo amigos que me pueden ayudar en este caso.- respondió Jaime con una risa malévola.
Esperanza volvió a la parroquia con nerviosismo. No volvió sola, su hijo, fruto del amor entre ella y Damián, la acompañaba desde su vientre. La muchacha sabía que volver a esa casa significaba el desafío de tener que contarle todo al padre Antonio, por eso, sus manos sudaban y la garganta se le apretó al mirar la cruz en lo alto de la iglesia.
-¡Esperanza!- exclamó María Paz al verla.
-¡Hija, por Dios!- dijo la señora Amanda.
-Paz, Amanda, estoy de vuelta.-
-Hermanita, Amanda me lo contó todo. Quiero que cuentes conmigo para lo que sea.- dijo María Paz abrazando a su amiga del alma.
-¿Estás segura de querer volver?- preguntó Amanda.
-No tengo otra alternativa. No puedo seguir escondida en ese lugar, que me hace pensar y pensar en mis problemas. No puedo seguir escapando de la realidad, tengo que enfrentarlos, así es la vida.- respondió Esperanza.
-Admiro mucho tu fuerza. Me sorprende ver cómo sacas tanto valor en este momento tan difícil.- dijo María Paz
-Gracias a ustedes que siempre me han acompañado en estos momentos.-
-¿Vas a ir a hablar con el padre Antonio?-
-Sí, prefiero ir a hablar con él ahora mismo.-
-Está en su escritorio.-
Salvador notó preocupación en la cara de Damián. Esta vez, era totalmente distinto a aquella ocasión en que el muchacho confesó el secreto sobre su padre. Esta vez era peor.
-No comiste nada... ¿Estás bien?- preguntó el maestro.
-No tengo hambre, gracias.-
-Pregunté si estás bien... no tienes buena cara.-
-No tengo buena cara porque no estoy bien. Creo que este es el fin.-
-¿El fin de qué? Vamos, dime qué está pasando, tal vez yo te pueda ayudar como otras veces.-
-No, esta vez es distinto... esta vez ni tú ni nadie me puede ayudar.-
-Me estás empezando a asustar. Dime qué pasa.-
-Salvador... voy a ser papá...-
-¿Qué?-
-Esperanza está embarazada.-
-¡Santo Dios!-
-Estoy perdido. No sé qué hacer, por favor Salvador, ayúdame.- dijo Damián llorando desconsoladamente mientras abrazaba a su amigo y maestro.
-Tranquilo muchacho. Todo saldrá bien. Te apoyaré en todo momento, no estás solo.-
-Pero, ¿Qué pasará con Esperanza? ¿Qué haremos con ese niño que espera?-
-No te preocupes, entre todos vamos a cuidar a ese niño, ya verás.-
-No creo que sea tan fácil. Esto es terrible, terrible.-
-Damián, llegó el momento de crecer. Esto te cambiará la vida drásticamente. Pero existe dentro de ti la fuerza para enfrentar estas cosas. Tienes el valor, no temas.-
Esperanza entró al escritorio del padre Antonio en completo silencio.
-Buenas tardes.- dijo la muchacha.
-¡Esperanza! ¡Hija, por Dios! ¿Dónde te habías metido?- exclamó el sacerdote saltando de su asiento emocionadísimo.
-Necesitaba estar sola. Tenía mucho que pensar.-
-Pero tanto tiempo... me tenías muy preocupado. Aunque sabía que no podías estar muy lejos. ¿Estás bien? ¿Has comido bien, has pasado frío?-
-No se preocupe padre. Estoy bien. Sólo quería decirle que estoy de vuelta.-
-Me alegra saber que estés de vuelta con nosotros. Espero que esta vez sea para siempre.-
-Eso sólo Dios lo sabe.-
-En eso tienes razón... hija... ¿Lograrás perdonarme algún día?-
-Eso también sólo Dios lo sabe... ahora con su permiso, me retiro. Necesito estar sola.-
Esperanza salió rápidamente de la oficina del religioso. No soportaba mirarlo y saber que todo cambiaría bruscamente cuando se supiera la verdad. Estaba triste, la vida para ella se había transformado en un constante mar de sufrimiento. Sólo el amor de Damián, que ahora también era tormentoso, la alentaba a seguir viviendo.
-¿Cómo te fue con el padre Antonio?- le preguntó María Paz cuando la vio salir.
-No sé... te juro que no lo sé... voy a salir a caminar un rato, necesito pensar.-
María Paz se quedó sentada en la escalera de la entrada. Miró alejarse a su amiga con una estela de tristeza. Era capaz de dar cualquier cosa por ayudarla. En ese momento pensó en algo que nunca había reflexionado. Siempre vivía en función de ayudar a los demás, siempre se esmeraba en amparar a sus seres queridos. Aunque eso no estaba mal, María Paz se percató de que ya era hora de pensar en sí misma, en hacer cosas por ella, para ella. En ese momento tan trascendental en su vida, una extraña figura de mujer la sorprendió.
-¿Está abierta la iglesia, paisana?-
-¡¡Svenka!!-
-Quiero agradecerle a la Santa Sara por volverme a encontrar con esta niña tan inteligente.-
-¡Svenka! ¿Cuándo llegaste?-
-Llegamos recién. Apenas armamos la chara corrí a buscarte. ¿Cómo va la lectura de cartas?-
-Bien, muy bien. Pero la he dejado de lado últimamente.-
-¿Por qué?-
-Porque me han dicho puras cosas malas las cartas.-
-Por eso tienes que saber leerlas, hija. Tú puedes ayudar mucho sabiendo esas cosas que nadie más sabe.-
-Pero siento que llegó la hora en que me preocupe más de mí. Siempre he ayudado a los demás y me he dejado en segundo lugar. Quiero hacer cosas por mí también.-
-Hija, Tengo algo muy importante que decirte.-
-¿De qué se trata?-
-Vamos al campamento para que conversemos más tranquilas ¿Te parece?, así aprovechas de saludar a Rosaura que está ansiosa de verte.-
-Sí, sí, vamos.-
Esperanza caminaba mirando el suelo. Veía su vida desorientada, no hallaba qué camino tomar. Sentada en una banca de la plaza, miraba a un pequeño niño jugar con su pelota.
-¿Por qué tan sola, preciosa?- preguntó Gonzalo sonriendo con galantería.
-¡Gonzalo! ¿Cuándo llegaste?-
-Esta tarde. Vinimos con mi papá a ver a mi abuelo.-
-Qué bien. Hace mucho tiempo que no te veía. ¿Cómo has estado?-
-Mejor que tú parece, ¿Por qué tienes esa carita?-
-¡Ay, Gonzalo! Si te contara...-
-¿Y por qué no me cuentas? ¿Acaso no confías en mí?-
-No es eso, no me malinterpretes. Es que en verdad es algo muy grave. No creo que me puedas ayudar.-
-Eso no lo sabes. Parece que no me conoces bien. Daría cualquier cosa por alegrar esa caritas triste.-
-Gracias.-
-¿Tú conoces a Sofía?-
-Sí, la niña que vivía en la casona que se quemó.-
-Sí, ella. ¿Dónde está? ¿Sabes?-
-No lo sé. Ella estaba en Santiago cuando se quemó la casa. Pobrecita, murió toda su familia. Cuando ella llegó ya no quedaba nada. Vino al funeral y después se fue de nuevo. Supongo que debe estar en Santiago.-
-Esa sí que es desgracia, perder a toda tu familia y ni siquiera poder despedirte de ella. Más encima en un incendio, qué trágico.-
-Tal vez tengas razón, a lo mejor lo mío no es tan terrible como parece.-
-¿Ves? Si me cuentas yo te podría ayudar, no sé por qué pero siento que podría hacerlo.-
-Te lo agradezco mucho, de verdad. pero no creo que sea buena idea contártelo.-
-Esperanza, confía en mí. Yo soy tu amigo ¿O no?-
-Sí, claro que eres mi amigo. Me acuerdo cuando viniste la primera vez, cuando te conocí. Tú me gustabas... yo estaba enojada con Damián. Recuerdo que salimos de paseo y conversamos y lo pasé tan bien... como que me olvidé de los problemas.-
-Así que te gustaba...jeje... tú también me gustabas.-
-¡Qué vergüenza! Jaja... las cosas que uno viene a saber después de tanto tiempo. Pero ahora no, yo estoy con Damián.-
-¿Y están bien?-
-Ese es el problema....-
-¡Ya pues! No me vas a dejar así de intrigado. ¿Qué problema tienes? ¡Vamos, confía en mí!-
-¿Prometes no contarle a nadie?-
-Te lo prometo.-
-Es que es algo muy delicado, si se llega a saber...-
-No te preocupes, yo soy una tumba.-
-Confío en ti... Gonzalo... el problema es que... yo... estoy... estoy embarazada...-
-¡Vaya! Con razón no me querías contar.-
-¿Viste? Es algo muy delicado, el padre Antonio no lo sabe. Imagínate qué pasaría si llegara a saberlo.-
-¡Uf! No me lo quiero ni imaginar.-
-No sé qué hacer, te juro que no sé qué puedo hacer.-
-Tranquila, no te preocupes. Lo único que necesitas en este momento es cariño. Es la única forma en que puedes aliviar el sufrimiento.-
-Gracias Gonzalo, muchas gracias.-
-¡Esperanza!- exclamó Damián a lo lejos.
-¡Damián!-
-Hola Gonzalo... Esperanza, necesito que hablemos.-
-Sí, claro. Gonzalo, gracias por todo.-
-De nada. Si necesitas algo, estaré en la casa de mi abuelo este fin de semana.-
Carola estaba contentísima por poder recuperar a su hijo. Pero algo le preocupaba a Daniel. Algo le impedía sentirse tan feliz como su madre.
-Hijo, ¿Pasa algo? Hace rato que te noto raro, desde que llegaste de ver a tu hermano.-
-Es José Miguel, mamá.-
-¿Qué le pasa?-
-Mi hermano no está bien. Yo no lo puedo dejar solo, menos así.-
-¿Qué me quieres decir, Daniel?-
-Mamá, no me puedo ir contigo a Iquique.-
A Damián le hirvió la sangre al ver a Esperanza junto a Gonzalo.
-¿Qué estabas haciendo con ese imbécil?-
-Estábamos conversando, no tienes por qué ponerte así.-
-¿Cómo quieres que me ponga? No le creo ni lo que reza a ese estúpido. Yo lo conozco, es un cabro turbio, no me gusta que te le acerques, no es de confianza.-
-Damián, no es para tanto. Yo también lo conozco, es un amor, se porta súper bien conmigo.-
-Supongo que no le habrás contado nada ¿O sí?-
Esperanza bajó la vista en un silencio eterno.
-¿Por qué te quedas callada? ¿Acaso le contaste todo? Esperanza, dime la verdad. ¿Le contaste a ese tipo que estás embarazada?-
La noche se asomaba con aire amenazante. La luna se dibujaba en el cielo con un dejo de desconcierto. Una visita que no era bien recibida en la parroquia llegó con perversión.
-Padre, tiene visita.- dijo Amanda con temor.
-¿Quién es? Te he dicho que no estoy para nadie.-
-Soy yo padre Antonio.- dijo Gonzalo. –Discúlpeme si lo molesto.-
-¿Gonzalo Núñez? ¿Qué estás haciendo acá? Amanda, déjenos solos por favor.-
-Con permiso.-
-Padre, me he enterado del alejamiento entre usted y mi abuelo. Sepa que lo lamento mucho.-
-Prefiero no hablar de ese tema. ¿Qué te trae por acá?-
-Padre, usted sabe que yo le tengo un cariño especial a su sobrina Esperanza.-
-Sí, lo sé.-
-Estoy preocupado por ella. La vi muy triste esta tarde.-
-Sí, yo también estoy preocupado por ella. Sé perfectamente lo que le pasa, pero no puedo hacer nada.-
-¿Está seguro que sabe lo que le pasa? Es que a mí me dijo que usted no tenía idea de nada.-
-¿Qué dices? Muchacho, me estás confundiendo. ¿Hablaste con mi sobrina esta tarde?-
-Sí, estuve con ella y me contó todo, por eso vine a hablar con usted, porque creo que es urgente que usted sepa la verdad.-
-Habla de una vez, me tienes nervioso.-
-Padre, por el respeto que le tengo a usted y por el cariño que le tengo a su sobrina, quiero que usted sepa que... Esperanza está embarazada.-