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Nada cambiará mi amor por ti.- Capítulo XV

February 1 2003 at 8:14 PM
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Calipso  (no login)

 
Betty le ha oído. No se lo puede creer. Bastante es que viva con ellos y, aparentemente no salga con “amigas”, para que además considere la posibilidad de firmar unos papeles que le aten.

No tiene necesidad. Ya ha reconocido a sus hijos y todos los documentos ratifican su paternidad…



CAPÍTULO XVIII.- Hay amores que matan…



Rober y Julia escuchan la conversación.

El niño se acerca a Betty y le da unos cachetitos en el muslo.

- Ve, Beatriz? Rober apenas llega a la falda. – Insiste Armando.

- Qué exagerado! – Sonríe maliciosa y añade. – Si no le gusta… no tiene por qué mirar.

- A mí me encanta, pero el problema está en que también les va a gustar a los demás… y no van a dejar de comérsela con los ojos… - Él sabe que le van a atormentar los celos.

- Ay, qué cansón! Me voy en mi coche.

Armando reacciona con la velocidad del rayo:

- No! Ni más faltaba! – Resignado. – Vámonos. Tocará espantar moscones. Me va a dar la noche…

- No entiendo por qué dice que va a sufrir a cuenta de que yo luzca esta minifalda. Si lleva aproximadamente un mes sin hablarme y sin mirarme… Qué puede importarle que otros me observen?

Armando calla, pero la echa una mirada…

Betty siente que vaya a estar inquieto. Ella no pretende provocar ninguna situación comprometida, pero se está tomando la revancha por el mes que la ha hecho pasar de “sequía afectiva”.


Entran al coche. Armando contempla por donde se queda la falda y comenta afligido:

- Ve hasta donde llega cuando se sienta?

Betty mira al cielo. Qué paciencia!!!

- Doctor, no somos más que compañeros de piso. Mi falda y mi decoro son asunto mío. Déjelo ya y arranque de una vez, por favor.

- Tomo nota. – Está irritado. En poco tiempo le ha recordado dos veces que no es nada suyo.

Pero, en el fondo…, los dos saben que eso no es cierto.

Betty también está molesta por haberle hablado así, mas ya estaba cansada de la insistencia. La falda es corta, pero no indecente.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Van en silencio hasta la discoteca.
El aparcamiento es amplio y no tienen problemas para encontrar una plaza.

Entran, y como son los primeros, se dirigen a la barra para esperar a los demás. Armando pide un whisky y Betty, su jugo de moras con mucho hielo.

Van llegando Mario, Marcela con su hermano, Gutiérrez con su mujer, Maruja, los padres de Armando, Hugo, y los clientes: la srta. Isabel Blanco y los señores Carlos Belvis y Pedro Fuentes.

Se acomodan en una mesa bien situada, cerca de la pista de baile, pero apartada de los altavoces. Así no se verán obligados a dar gritos para conversar.

Armando, conscientemente, se ha sentado lejos de Betty y cerca de Isabel.

Habla con ésta muy interesado, según se esfuerza en aparentar.

Betty está bailando suelto con su admirador, ese tal señor Fuentes.

Isabel le invita a bailar a él y salen a la pista.

Los dos se vigilan veladamente. Empieza una tanda de música lenta y Betty dice a Pedro que prefiere sentarse, porque no le va mucho ese tipo de baile.

La verdad es que sólo le gusta bailar así con ÉL.
Van a la mesa y hablan de temas triviales.

Ella no le quita el ojo a Armando, que empieza a sentirse acosado por Isabel, cada vez más cerca, más pegada… Le tiene abrazado por el cuello, con la mejilla adherida a la de él.

Aguanta varias canciones y la propone volver a su sitio con la excusa de beber algo.

Siguen las conversaciones como pueden, simulando un interés que no sienten.

Empieza a oírse “Bésame”, cantada por R. Montaner y Pedro invita a Betty a volver a la pista.

Consiente presta, a su pesar, pues estaba muy molesta por lo que Armando había permitido a Isabel.

Pedro intentaba acercarse, pero Betty negó con la cabeza y él desistió.

Armando se enfureció, se levantó y fue a la barra a pedir otro whisky.

La miraba con los ojos entornados. No se podía creer que hubiera aceptado bailar con ese tipo esta canción.

Betty estaba incómoda. No debía haber consentido…
Miraba continuamente a la mesa y, de repente, él ya no estaba allí…

Le buscó con la vista por todo el local y le vio en la barra, con el vaso en la mano y unos ojos, que no presagiaban nada bueno, clavados en ella y en la mano que Pedro tenía colocada en su cintura.

Simultáneamente, nuestros tortolitos, empiezan a pensar que están haciendo el tonto flirteando con otros, por atormentarse mutuamente.

Y ahora, qué?

Aguantó una canción más y explicó a Pedro que debía marcharse ya, por ver cómo estaba pasando la noche su hijo y porque mañana era día de trabajo y tenía que levantarse temprano.

Él se ofreció a llevarla, pero le rechazó diciendo que había venido con Armando.

Ni por lo más remoto pensaba avisarle de que se iba a casa.

Tenía intención de pedir un taxi. Pero cuando estaba recogiendo su bolso y su chal, Armando surgió a su lado.

- Beatriz, la acerco a su casa. – Dijo sin dar opción. – Venga conmigo que he de pagar las consumiciones.

Se despidieron de los demás y salieron.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Entraron en el coche, y Betty se iba a abrochar el cinturón de seguridad, cuando los brazos de Armando la envolvieron, y sus labios se apoderaron de los suyos regalándola uno de los besos más intensos y largos que nunca hubieran compartido…

Cuando se separó de ella, comentó:

- Quería saber si seguías siendo mía…

Betty, con las rodillas temblando, y estremecida, cerró los ojos deseando más…

Armando encendió el motor, y el auto inició la marcha.

Ya se estaba haciendo costumbre ir en el coche sin decir palabra.

Entraron en casa y Betty se asomó a la habitación de sus hijos que dormían plácidamente. Cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Mientras, Armando había ido al salón para buscar algo en el mueble del equipo de música.

Llegó hasta ella, y le mostró el CD de Ricardo Montaner que incluye la canción de los dos: “Bésame”…

-Y ahora… doctora… vamos a ver quien la “mueve el piso…”, si ese tipo, Pedro… o Armando Mendoza?

- Pero… tienes dudas…? – Fue lo único que la dio tiempo a decir.

Armando la apresó firmemente por el codo y atrayéndola hacia él, la abrazó y besó con furia y vehemencia.

De primeras, Betty se sorprendió, mas pronto empezó a responderle con el mismo anhelo.

La guió hasta el reproductor y presionó el botón “play”.

Aunque sonaba muy bajito, les envolvió la canción y empezaron a bailarla muy abrazaditos.


Bésame en la boca con tu lágrima de risa
Bésame la luna y tapa el sol con el pulgar
Bésame el espacio entre mi cuerpo y tu silueta
Y al mar más profundo bésale con tu humedad
Bésame el susurro que me hiciste en el oído
Besa el recorrido de mis manos a tu altar
Con agua bendita de tu fuente
Bésame toda la frente
Que me bautiza y me bendice
Esa manera de besar…

Al terminar, Armando la tomó en brazos y la llevó al dormitorio de él, que estaba más alejado del de los niños.

Esta vez no son dulces ni tiernos. Los dos están ansiosos y así hacen el amor hasta llegar al clímax.

Betty se queda dolorida. Varias veces ha estado a punto de quejarse, pero no ha querido ceder en su frenesí y dejarse superar por la pasión de él.

Han desahogado su mal humor de los últimos tiempos.

Betty permanece encogida, sigue lastimada.

Armando se ha quedado muy sorprendido por el ímpetu demostrado por ella.

Vuelve a ser tierno, la abraza, va acariciándola, pero al llegar a la zona magullada, no le permite que la roce. Se extraña.

- Mi vida, por qué no quieres? – Pregunta cariñoso.

- Por nada… - No desea hablar.

- Nena… - Mordisquea su oreja deleitándose. – Dime qué te pasa…

Betty siente que se enciende nuevamente el deseo. Con su abrazo, sus caricias, sus mordisquitos en la oreja… Cómo puede ser posible si está hecha papilla…?

- Armando, es que no quiero empezar de nuevo… Es muy tarde… Tengo que ir a ver a los niños…

- Quédate conmigo. Sólo dormimos, pero juntitos. Vale? – Mimoso.

- Bueno, pero voy a ver cómo duerme Rober. – Al sentarse no puede contener un quejido. – Aaah!!!

- Betty! Qué te pasa? – Se asusta. – Dime!

- Nada importante. Es que hemos puesto tanto ímpetu… - Sonríe algo ruborizada. – Que estoy bastante dolorida.

- Comprendo. – Se siente responsable. – Pero por qué no has dicho nada? Habría… Quédate acostada, ya voy yo a verles. – La recuesta con delicadeza.

Vuelve pronto, se acomoda junto a ella y dice:

- Prométeme que nunca más vas a callar si te causo dolor. Promételo!

Betty asiente y se acurruca entre sus brazos. Es como volver al hogar…




CONTINUARÁ...















 
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