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MENDOZA.- Capítulo II

May 13 2003 at 6:15 PM
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Calipso  (no login)

 
Esto le confirmaba que Betty estaba muy extraña últimamente y sospecha que el cambio de su hija es más profundo.

Quizá ese doctorcito tenga algo que ver en el asunto.

Va a estar muy atento y a investigar por su cuenta.



CAPÍTULO II.


Betty sube con su madre a la habitación y las dos disfrutan viendo los trajes, blusas, sweters, lencería, zapatos y bolsos que ha comprado.

- M´hija, también tendrá que cambiarse la montura de las gafas!

- Sí, mamá. Pero esperaré a que regrese Dª Catalina para que me aconseje. Me ofrece mucha confianza porque es elegante y sencilla.

- Ay, mamita! No se disguste por la reacción de su papá. Él es muy anticuado y ya se acostumbrará. Pero a mí me gusta mucho su cambio.



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Por la tarde la llama Armando para preguntarla qué tal está de ánimos, y decirla que al día siguiente la esperan en Ecomoda con los abogados Sánchez y Rosales para una reunión.

- Avíseles y paso dentro de un ratico por usted y le cuento.

- No, doctor. Cuénteme por teléfono.

- Betty, yo quiero verla. Usted a mí, no?

- Sí, pero es un poco tarde…

- La recojo y tomamos un café. Sólo eso!

- Está bien. Le espero.

Avisa a los abogados y queda en llamarles cuando sepa a qué hora deben presentarse en la empresa.

A continuación sube a vestirse y se pone el mismo traje que estrenó por la mañana.

Es de color cámel con la falda por encima de la rodilla y lo ha combinado con un sweter marrón de manga corta y entallado, que insinúa sus formas.

Betty espera en la salita y cada poco rato, mira por la ventana a ver si llega.

Está deseando verle, y además quiere comprobar si su cambio produce el efecto deseado.

Ve parar el coche y sale corriendo hacia él.

Armando se extraña al ver a esa joven que viene tan decidida… y entra en el auto sentándose a su lado muy sonriente.

- Betty? – Pregunta inseguro.

- Oj! Oj! Oj!

- BETTY! Qué cambio! – Se le ilumina la cara y se le encienden los ojillos, examinándola encantado. – No sé qué decir.

- Pues yo sí! ARRANQUE!!! – Ha visto abrirse la puerta de casa y a su padre que salía.

- Voy! Voy! Qué afán! Y ahorita me va a contar cómo ha sido eso del cambio…

- No sé el por qué, pero sentí la necesidad de cambiar totalmente. Llamé a Dª Catalina y ella me aconsejó dónde acudir.

- Pues ahora me gustas mucho más. – Sus ojos lo confirman y empieza a tutearla. – No entiendo por qué ibas escondida tras el capul y aquellas ropas tan grandes… Me gustan tus rodillas. – Y la roza una con la mano.

- No sé. Yo creía que era así y me sorprendí mucho al ver tan tremendo cambio.

- Pues ahora vas a atraer muchos moscones. Y yo no quiero competencia… – Mimoso.

- No lo he hecho con intención consciente de atraer a nadie, sino de agradarme a mí, pero ha resultado una metamorfosis. Lo reconozco.

- Qué egoísta la doctora. Menos mal que a mí también me gusta… - Con ojos golosos.

- Dónde vamos a tomar café? – Pregunta Betty al darse cuenta de la calle por la que van circulando.

- A la mejor cafetería de Bogotá. – Dice sonriéndole pícaro.

- D. Armando…

- Que no me llames Don Armando, y tutéame. Tranquila que tenemos tiempo. – La interrumpe porque sabe lo que ella va a decir.



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Según llegan al apartamento y cierran la puerta, Armando la abraza con dulzura y se besan lentamente.

Luego, la lleva de la mano a la cocina.

- Y ahora voy a hacer café, para que no tengas que mentir cuando te pregunten qué hemos hecho.

No disponen de mucho tiempo y sentados en el sofá, se besan mientras saborean el café y él la pone al corriente de todo lo acontecido durante el día en Ecomoda.

- Mañana te llamará mi padre para que vengas con los abogados de Terramoda. También estará el doctor Santamaría, porque hay que elegir presidente, acudir al juzgado a una cita con el juez y… empezar a recuperar la empresa. Pon en marcha tus prodigiosas neuronas, porque tú vas a tener que arrimar el hombro ideando tácticas para conseguirlo.

Betty se acurruca junto a él y sube los pies descalzos al asiento. Permanecen un tiempo en silencio.

Luego pregunta Armando:

- Sabes dónde tendría yo que haber estado en este mismo momento?

- Sí. En el club, celebrando tu boda con Marcela…

- Y ves dónde estoy en cambio? Y con quién?

- En tu casa y conmigo. – Y se incorpora para besarle.

- Y en qué estoy ocupado?

- En acariciar mi espalda, abrazarme, bes…mmm…arme, meter mano… – Enumera lo que él va haciendo.

Armando se levanta, tira de ella y la guía al dormitorio.

- No tenemos tiempo!

Él no contesta y sigue abrazándola y besándola.

- Bueno, quizá mi papá se duerma y no se entere que llego tarde…

- Seguro, mi cielo, seguro. Ahora vamos a quitar ese trajecito tan lindo que llevas.

- Pero apaga la luz!

- Ni más faltaba! Yo quiero ver la nueva ropa interior.

- Armando, con luz, NO! Qué pena contigo!

- Pues cómo será que la voy a ver si no?

- Con la luz del baño.

- Será posible… - Y sonriendo apaga la luz del dormitorio para encender la otra, que llega tenue y más adecuada al momento.

Se deshacen de la ropa de los dos y Armando se separa para mirarla y admirarla.

- Una lencería pequeña y sugerente… mmm… me gusta! A ver, date la vuelta. Definitivamente apetitosa!

Betty está roja como un tomate y al verla, la dice:

- Por qué tan vergonzosa? No es la primera vez!

- Claro que no. Es la tercera! No hay demasiada diferencia.

Se deja caer en el lecho, la arrastra con él y como dice la canción…

“Desaparecen las palabras y sólo se oyen mil suspiros…”



******************************************************



Cuánto les cuesta levantarse para ir al barrio de Palermo!

Betty no tuvo suerte. D. Hermes estaba despierto, envuelto en una cobija y deambulando por la casa.

- Y será que la señorita me va a decir QUÉ ha estado haciendo hasta ahora con el doctorcito?

Betty piensa: “Pues más bien, NO”, pero contesta:

- Hemos estado tomando café, escuchado música y me ha contado todo lo que ha sucedido hoy en Ecomoda.

- Y nada más…?

- Qué más quiere, papá? – Con cara inocente.

- Ande, suba. Suba a su habitación y acuéstese. Qué costumbre de trasnochar tienen los jóvenes!

Al ver que ha salido tan bien librada, se retira rápidamente.



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A la mañana siguiente suena el teléfono sobre las nueve y media.

- Alló?

- Betty, soy Aura Mª. Cómo está, m´hija?

- Bien, amiga. Ya estoy bastante bien, gracias.

- La llamo de parte de D. Roberto. Se lo paso.

Hay un corto silencio y…

- Beatriz? Doctora Pinzón?

- Dígame, D. Roberto.

- Necesito hablar con usted. Puede venir hoy?

- Sí, doctor. A qué hora?

- Sobre las once. Y avise a los abogados de Terramoda.

- Hasta entonces. Hablaré con ellos y veré si pueden ir.

- Muchas gracias, Beatriz.

- A usted, D. Roberto.

Betty llama a los letrados y les dice que ya ha recibido la llamada que esperaban, y queda con ellos a las once menos cuarto en una cafetería frente a Ecomoda.



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Todos son puntuales. Aprovechan esos minutos para tomar postura sobre lo que prevén que pueda tratarse en la reunión a la que van a asistir y acuerdan devolver la empresa dignamente.

Ya es la hora y se acercan a Wilson que la reconoce por la voz y las gafas.

La saluda y anuncia su llegada.

Suben a la segunda planta y sus amigas, primero se sorprenden y luego la examinan alborozadas y con detalle.

La dan su aprobación y la animan a completar el cambio.

Patricia se mantiene apartada y les mira despectiva, a ella y a los hombrecillos que la acompañan.

Finalmente se acerca y les dice ásperamente que esperen a que les anuncie.

Tan pronto avisa a presidencia, Armando sale a recibirles, saluda a los abogados y a ella la invita a pasar con él al despacho.

D. Roberto la saluda muy amable:

- Buenos días, Beatriz, y muchas gracias por venir.

- No hay de qué, D. Roberto.

- Necesitamos su colaboración. Está dispuesta?

- Naturalmente. Nunca ha sido mi intención aprovecharme de las circunstancias.

- Pasemos entonces a la Sala de Juntas.

Y entran los tres por la puerta directa.

Todos les esperan sentados, incluso el doctor Santamaría.

Se avisa a Patricia y esta hace entrar a los otros abogados.

Dª Margarita y Marcela la clavan los ojos como puñales, aunque como los demás también la contemplan curiosas por el cambio que se ha producido en su persona.

Estas revisiones acrecientan su incomodidad y mira a Armando que la apoya con una mirada cálida y la guiña un ojo.



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Mientras, en casa de los Pinzón, D. Hermes aprovecha que su esposa ha salido a comprar, para entrar al cuarto de Betty y buscar minuciosamente algún detalle que pueda darle una pista de lo extraña que encuentra últimamente a su hija.



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La reunión termina después de mucha “movida”, nombrando a Betty presidenta hasta que reflote Ecomoda.

Daniel, Marcela, Dª Margarita y Hugo no querían, pero lo ha propuesto el mismo Santamaría y D. Roberto lo ha apoyado y forzado a los demás a aceptar.

- Mañana a las diez tenemos la cita con el juez que se ocupa del embargo y debemos acudir: la dueña de Terramoda con sus abogados, y el apoderado de Ecomoda, conmigo. Si les parece bien, podemos encontrarnos quince minutos antes en la sala de espera del tercer piso.– Informa el doctor Santamaría.

- De acuerdo. Nosotros allí estaremos.– Responden Rosales y Sánchez.

- Y yo también.- Dicen al tiempo Betty y Armando.



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D. Hermes ya ha terminado de examinar sin resultado la mesa de estudio de Betty y la estantería con sus libros.

Mira desanimado, pensando, el resto de la habitación, y sus ojos se fijan en un cuaderno con tapas de flores que descansa en la mesilla.

Da un paso hacia allá cuando oye:

- Hermes, ya llegué!

- Voy, Julia. Ya bajo.

Y sale de la habitación con el propósito de volver para examinar ese cuaderno, tan pronto como tenga una oportunidad.



CONTINUARÁ...



Bueno, ya veis que D. Hermes está haciendo de Sherlock Holmes...
Pero, igual se olvida del cuadernito... o Betty lo cambia de sitio... o viene E.T. y se lo lleva a la nave para estudiar el estilo literario de Betty...
Se admiten apuestas!
Gracias por vuestros mensajitos, y hasta el próximo. Besazos.

 
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