| MENDOZA.- Capítulo VIIIMay 27 2003 at 3:27 PM No score for this post | Calipso (no login) | |
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Y cuando ya se queda sin habla es al completar la vuelta a la casa y ver un precioso lago de aguas cristalinas, color verde esmeralda.
- Bueno, niña. Di algo.
- No puedo.
- No te podías imaginar que habías hecho tan buen negocio casándote conmigo, ah?
- Armando! Yo nunca...
- Todo esto es herencia de Camila y mía, con nuestros cónyuges, si no hemos hecho separación de bienes, como es nuestro caso… – Sonríe orgulloso.
CAPÍTULO VIII.
Viendo que ella se siente cohibida, continúa hablando.
- Betty, te lo digo en broma. Ya sé que no eres interesada... Anda, ven. Aunque ya es tarde, podemos pasear hasta el lago antes de que anochezca.
Y caminan agarrados de la mano hasta allí.
Betty está tan impresionada que permanece en silencio escuchando a Armando, el cual le refiere toda la historia de los Mendoza y de esa propiedad.
Finalmente él se sienta en el tocón de un árbol y la atrae, sentándola en sus rodillas.
- Vamos, Betty. Reacciona y habla.
- No sé qué decir. Estoy aturdida por la magnitud de esta hacienda. No imaginaba que podía existir algo parecido a esto. Es un paraíso.
Armando la da un pequeño beso en los labios y dice:
- Volvamos, empieza a bajar la temperatura y seguro que Carlota está preparándonos la cena.
- Sí, ya comienza a oscurecer. Y Carlota vive sola?
- No. Ella vive con su marido en la casa, pero hay muchos empleados repartidos por la finca. La mayoría viven en dos poblados que mañana te mostraré: El Grande y El Chico.
Cenan y se retira cada uno a su habitación. Duermen profundamente, y se despiertan con la sensación de haber descansado como hacía mucho tiempo que no lo conseguían.
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El sábado amanece espléndido.
Betty se despereza en la cama y a continuación escucha con atención, pero no oye ningún ruido en la habitación de Armando.
Mira entonces su reloj y ve que es más bien tarde, así que se levanta, arregla y baja a desayunar.
Según se acerca a la cocina oye una conversación, toca en la puerta y entra viendo que son Armando y Carlota con Félix, el marido de ésta.
Les presentan y se saludan.
Carlota quiere prepararla el comedor para que desayune, pero Betty insiste en tomarlo en la cocina con ellos tres.
Cuando están terminando, Armando la dice:
- Vamos, tengo que enseñarte muchas cosas. Acompáñame a los establos.
En ese momento aparece por la puerta de la cocina una niña pequeña, con el pelo suelto y un camisón que le llega a los tobillos.
Armando la mira descolocado.
- Cris, cariño. Ven que te presento a los señores. Este señor es D. Armando y la señora es Dª Beatriz.
- Yo soy Betty. – Interrumpe acercándose a la niña sonriente.
- D. Armando, Es mi nietica Cristina, de tres años. Mi hija quedó viuda y tiene que trabajar fuera, así que… pero sus papás ya saben que la tengo aquí! – Se justifica la mujer.
- Hola, Cris. – Betty se agacha ante la niña y la besa la mejilla.
- Hola, Betty. – Dice dulcemente y la devuelve el beso.
- Señora, no me lo puedo creer. Cris es muy tímida y la cuesta mucho relacionarse hasta tomar confianza.
- Pues, ya ve Carlota. Cris y yo ya somos amigas. Verdad? – Pregunta a la pequeña.
- Sí. – Contesta con una sonrisa deslumbrante.
Y la abraza el cuello, plantándola un fuerte beso.
- Cris, ahora me voy. Pero esta tarde vuelvo y nos vemos. Sí?
- Vale! – Y la dice adiós con la manita.
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Salen de la casa y toman el camino de las cuadras.
Armando la mira socarrón y la comenta:
- No sabía de tus aptitudes para relacionarte con los niños. Esos monstruitos!
- Por qué los llamas así?
- Porque berrean, muerden, dan patadas, te plantan en la ropa las manos manchadas de chocolate, te llenan de mocos, te hacen pi-pí encima. Te esclavizan!!!
- Tú no quieres tener hijos, Armando?
- Supongo que no. Nunca me lo he planteado. Y tú?
- Yo sí quiero, por supuesto. Son parte de ti mismo. Y son dulces, tiernos, achuchables como un osito de peluche. Y todas esas cosas que dices que hacen, sólo suceden si los malcrías y consientes.
- Después de oír tu enfervorizada defensa de la infancia y de la paternidad, que me ha dejado bastante impresionado, me alegro de haber llegado a los establos y concluir esta conversación, señora Mendoza. - Pero la sonríe con los ojos.
Félix ya le tiene ensillado un caballo tranquilo como le ha pedido, pues lo necesita para llevar con él a Betty.
No se atreve a dejarla montar sola, aunque el caballo sea tan parado como uno de cartón.
- Betty, sube y colócate en la silla. Te ayudo y luego monto yo. – Y la ofrece la mano.
- Que monte yo? – Pregunta espantada.
- Sí. Apoya ahí el pie, en el estribo y luego pasas la otra pierna.
- Tú estás seguro? – Pero está emocionada a pesar del temor y sigue sus instrucciones.
Se sienta en la silla y le mira sonriendo desde arriba.
A continuación, monta él ágilmente y se coloca detrás de ella.
Armando la abraza por la cintura sujetándola con el brazo izquierdo y toma las riendas con la mano derecha.
Van saliendo de las cuadras y le oye susurrar en el oído:
- Apóyate en mí y relájate.
Y Betty recuesta la espalda en el pecho de él y la cabeza en su hombro… y calmándose, disfruta de sentirlo tan cerca después de tantos días.
También la llega el aroma de su loción, y eso ya la transporta al séptimo cielo…
Recorren a paso lento una pequeña zona de la hacienda, pero a Betty la sirve para hacerse idea de la inmensidad de la finca.
Varias veces ha notado como Armando la atraía hacia él y luego la besaba el cuello. Se siente feliz.
Está convencida de que sigue amándola, aunque reprima sus deseos por el enfado causado por la coacción de la boda.
Comen en uno de los poblados de los trabajadores, y por la tarde vuelven a la casa.
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Bajan después de ducharse y Cris sale a su encuentro dando saltitos muy sonriente.
Betty se sienta con ella sobre la alfombra, delante de la chimenea y hablan mientras juegan con las muñecas que traía la niña.
Armando se ha sentado en un sillón y tiene un libro en las manos, pero sólo está pendiente de ella.
No la pierde de vista: dulce, relajada, risueña… Nunca la había visto así…
Un rato después, Carlota llama a su nieta para darla de cenar.
La niña obedece y Betty se sienta en un sillón junto a él, y cierra los ojos soñando.
Él sigue observándola en silencio.
Oyen la voz de Carlota diciendo:
- Qué bien ha cenado mi niña! Te vas a hacer muy grande. Y ahora a la camita!
- Pero quiero que Betty me cuente un cuento!
- Ni más faltaba! La señora no ha venido a MENDOZA para entretenerte a ti.
Betty se levanta y dice desde la puerta:
- Déjela, Carlota! – Y a Cris. – Ven, te contaré el cuento de cómo le creció la trompa al elefante, pero luego te duermes, ah?
Armando levanta una ceja y piensa: “Esto no me lo pierdo”. Y las sigue unos minutos después.
Ve que la mujer acostó a la niña y que las deja solas.
Va a hablarle al pasar junto a él, pero se pone el dedo índice delante de los labios y Carlota se aleja sonriendo.
Betty se sienta en la cama y empieza a narrar la historia.
Él escucha y observa desde la puerta, pero sin dejarse ver.
- Érase una vez un elefantito…
Antes de terminar el cuento, ve que Betty besa la frente de Cris que se ha quedado dormida, se seca una lágrima y apaga la luz de la mesilla.
Armando la espera conmovido por la lágrima de Betty y por lo entrañable de la escena, la besa cuando sale de la habitación y bajan juntos a cenar.
Comienza a verla distinta. Más mujer…? No sabe definirlo, pero le ha calado muy hondo.
Después de la cena y de la sobremesa, la acompaña hasta la puerta de su habitación y se despiden hasta el día siguiente.
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Pasan la mañana del domingo al aire libre, cerca de la casa.
Cris se les pega y las dos disfrutan más si cabe, porque esta vez participa Armando en sus juegos y las consiente y mima.
Luego vuelven y él se sienta en la mesa del porche viéndolas peinarse la una a la otra.
Carlota le trae una copa de vino y un platito de la comida que está preparando, como aperitivo, y Armando agradece el detalle, ya que le gusta mucho ese plato que nadie cocina como su tata.
- Niño Armando. Tu esposa quiere hijos, y eso no se consigue durmiendo en habitaciones separadas.
- Carlota, no te metas, aunque seas de la familia, y me hayas cocinado una de tus exquisiteces.
- Os veo enamorados a los dos, pero hay algo… verdad? Es una mujer como no has encontrado hasta ahora, ni encontrarás. Por qué te mantienes a distancia? Porque eres tú el que te alejas…
Hace un esfuerzo para responder y no contesta mal por ser quien es.
- Carlota, si eres buena y dejas ahora la preguntadera, algún día te lo contaré. – Y sonríe un poco triste.
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Por la tarde regresan a Bogotá.
Continúan durmiendo separados, pero se van sintiendo más unidos y compenetrados...
Betty sigue el consejo de Cata y se matricula en una academia de baile.
Va dos días a la semana de siete a ocho.
La gusta el baile de salón y la salsa, sobre todo, y empieza a moverse con soltura y naturalidad.
Armando va a recogerla un día que está lloviendo, y la ve salir charlando y bromeando con compañeros/as de clase.
Le molesta la camaradería, observa un rato y luego se acerca con el coche cuando se despiden y ve que ella va hacia la parada de taxis.
Betty reconoce el auto y entra rápida para no mojarse.
- Viniste a recogerme! Gracias! – Y le agradece el detalle dándole un beso muy dulce y totalmente espontáneo.
- Quiénes son esos tipos? – Pregunta Armando disimulando los celos.
- Compañeros de clase.
- Bailas con hombres?
- No, pues! Con quién voy a bailar? Soy chica, sabes?
- Apenas me acuerdo. Sólo lo intuyo por las respuestas de mis hormonas.
Betty le mira sin parpadear, con la boca abierta.
- Pues, en el pecado llevas la penitencia, Armando! - Le recrimina.
Él la mantiene la mirada mientras suben y bajan las aletas de su nariz.
Tocan el claxon los coches de detrás, y Armando vuelve en sí y arranca.
Entran en casa. Betty va a cambiarse, la sigue y la mira en silencio desde la puerta.
- Betty...
- Es tarde! Vamos a la cocina para hacer la cena y...
Armando se da la vuelta y va al estudio.
Se sienta en el sillón sin encender la luz.
Minutos después llega Betty buscándole, ya que no le encuentra por la casa y se alarma.
- Qué te pasa? Te encuentras mal?
- Llevo semanas resistiéndome a ti sólo porque me obligó mi padre! Sé que lo estoy pagando contigo que no tienes culpa de nada. – Hace una pausa. - Pero yo también estoy pasándolo fatal. Te deseo, Betty.
- Armando, nuestro matrimonio sólo es un contrato con fecha de caducidad.
Sabe que le fastidiará, pero ella también está molesta porque no entiende su actitud: a veces tierno, a veces indiferente...
- Eso es falso! Nos amamos! Ven, por favor. – Ruega y extiende la mano hacia ella.
Betty se acerca, la toma y la sienta sobre él. Comienza a besarla y ella responde con el mismo fervor.
Qué delicia sentirse! Hace mucho que la negaba los besos, las caricias, el amor... y es tan dulce...
De pronto, recuerda:
- Armando! ponte...
- Demasiado tarde…
CONTINUARÁ...
Cómo veis, Betty también está bastante desconcertada con Armando.
Y él mismo reconoce que en definitiva está aún rebelándose contra la coacción de la boda.
Pero no os alborotéis, que sólo pondrán morritos un par de veces y empezarán a entenderse.
Decidme si entendéis mejor la actitud del bello BOBO.
Besos y hasta el próximo.
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| Respuestas- Pues la verdad... - Guiomar y Celia on May 27, 2003, 3:46 PM
- Parece que se han olvidado de algo.... - Cata on May 27, 2003, 4:37 PM
- Para lo que es Armando... - belengd on May 27, 2003, 7:51 PM
- Desde luego que le entiendo - Eternidad on May 27, 2003, 7:53 PM
- no estoy - Gala on May 27, 2003, 8:46 PM
- entenderlo, lo entiendo - mari on May 27, 2003, 9:14 PM
- claro que que lo entiendo - marisa on May 27, 2003, 10:57 PM
- por fin Armando se da cuenta - marg on May 27, 2003, 11:28 PM
- claro que lo entiendo... - isabel on May 28, 2003, 2:20 AM
- Solo un poco!! - Mar (mex) on May 28, 2003, 2:27 AM
- ¿¿¿¿Será lo que será???? - María quehubo? on May 28, 2003, 3:39 PM
- Deberían separar... - Sara Guerrero on May 28, 2003, 11:28 PM
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