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Los tigretones de Bogotá.- Capítulo XI.

October 5 2003 at 2:04 PM
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Calipso  (no login)

 

- En la reunión que voy a convocar para informar de las franquicias, necesito que me colabore.

- Usted dirá. – Ya sale el viejo compinche.

- Quiero que proponga usted completar la inspección, visitando el nuevo punto de ventas. Y por supuesto me insiste si ve que alguien (Marcela) no lo considera necesario.

- Cuente con ello, hermano. Si usted quiere ahorcarse, pues tendré un amigo ahorcado, pero un amigo al fin!

Ahora se abrazan con fuertes palmadas en la espalda, celebrando la nueva estratagema.





Capítulo XI.- El reencuentro.



Entra en la sucursal de Cartagena y la recorre con detenimiento hasta que un empleado se le acerca

- Señor, puedo ayudarle en algo?

- Soy Armando Mendoza. El presidente de Ecomoda y deseo que me indique cómo llegar a la planta ejecutiva.

- Sígame, por favor, D. Armando.

Y le conduce hasta delante de la mesa de la secretaria de Betty. Ésta le anuncia y entra al despacho serio, porque todavía se siente abandonado.



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Betty le recibe sentada tras el escritorio por dos razones: la primera y menos importante es que le tiemblan de tal modo las piernas, que las rodillas la fallan y no la mantienen en pie. La segunda…

Él sin embargo, lo interpreta como rechazo y habla formal y frío.

Llega un momento en que Betty tiene que levantarse sin remedio para sacar unos documentos, y él cree apreciar que ha ensanchado de cintura y abdomen…

Se le ocurre de repente y sin pensar, la pregunta a bocajarro:

- Beatriz, está embarazada?

- Sí! – Contesta lacónica después de unos segundos.

- Y cómo así?

- Ya ve. Alguien que tuvo más prisa que interés en protegerse…

- Y quién fue ese “alguien”? – Pregunta con temor de que no le guste la respuesta.

Silencio.

- De cuánto tiempo está? – Insiste Armando.

- Casi de tres meses.

Calcula mentalmente y sigue preguntando.

- Qué dicen sus papás?

- Mi padre no sabe nada. Mi madre sí, aunque yo no se lo he dicho.

- Y qué va a hacer?

- He empezado a buscar apartamento. Y vale ya con la preguntadera!

Betty da por finalizado el interrogatorio, y con aire profesional empieza a mostrarle y explicarle los informes.

Está cada uno por su lado de la mesa y tienen que aproximar las cabezas para ver los números. Betty aspira su loción y se siente flotar entre las nubes…

A mitad de la exposición, Armando la pregunta bajito:

- Fui yo, verdad?

- Eso es asunto mío, doctor. – Seca y cortante.

- No, Beatriz. Si su hijo también es mío, el “asunto” es de los dos.

Nuevo silencio.

- Betty, por favor. Responda. – Ruega Armando.

- Sí.

Reconoce por fin, bajando la voz y la mirada. Más turbada que nunca, da la vuelta a su asiento y se le escapan unas lágrimas.

Armando después de respirar aliviado, va hasta ella, se arrodilla y la seca las lágrimas con su pañuelo.

- No me voy a desentender, Beatriz.

- Yo sola puedo! No necesito… - Reacciona con rabia.

La silencia poniendo un dedo sobre sus labios y vuelve a hablarla de tú.

- No dudo que eres muy capaz de no necesitarme a mí, ni a nadie para ocuparte de tu hijo, pero dado que no es sólo tuyo, sino nuestro… yo también quiero formar parte de su vida!

Ha sido una gran sorpresa, ya que nunca pensó en ello, pero se siente feliz en su interior. Quiere a ese hijo porque además de suyo, es de Betty.



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Suena el interfono y es la secretaria.

- Doctora, ha llamado su ginecólogo.

Betty ve que Armando levanta una ceja con curiosidad, así que pasa el sonido al teléfono y toma el auricular.

- Qué ha dicho?

- Que se tiene que ir a un congreso, y le es imposible hacerle mañana la ecografía, pero si usted puede, se la hace dentro de una hora.


Betty sopesa la situación. No quiere esperar más para ver a su hijo y saber si todo se desarrolla normalmente… Pero Armando está con ella y al corriente de la situación… Lo mismo no consigue deshacerse de él… En fin, lo primero es saber del bebé!

- Dígale que allá estoy dentro de una hora.

Armando la pregunta preocupado:

- Era tu ginecólogo? Hay algún problema?

- No. – Contesta lacónica porque no quiere darle explicaciones.

- Betty, no soy bruto. Si te llama él... tendrá algún motivo!

Ella le mira mientras medita. Al fin dice:

- Tenía cita para hacerme mañana la primera ecografía, pero se va a un congreso y me ha propuesto hacerla hoy o a su vuelta, la próxima semana.

- Y has decidido ir dentro de una hora.

Betty asiente.

- Estupendo! Te acompaño!

- NO! – Dice más dura de lo que deseaba.

- Cómo así?

- Armando, no pretenda retomar nuestra relación, como si no hubiera pasado nada! Ha pasado... y MUCHO!

- Betty, he venido para hablar contigo, explicarte, pedirte perdón...

- Qué jartera! Pero, es que yo no quiero escuchar sus excusas, ni perdonarle. Ya es mayorcito para saber que sus malas acciones hacen sufrir a las personas!

- Betty... – Mimoso y marcando hoyuelos.

- Ya conozco su estrategia y no le va a servir de nada! – Le dice con tono de advertencia.

- Pues, no me escuches, ni me perdones, pero yo voy contigo a la ecografía! – Afirma con decisión y se cruza de brazos en su postura característica.

Disimula la decepción por la actitud distante de Betty, pues aún reconociendo que tiene razón para ello, no la esperaba tan inaccesible.



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Efectivamente, Armando se apunta y va contra el deseo de Betty, pero ella no le permite entrar a la consulta y le toca quedarse en la sala de espera.

Betty saluda al médico, se tumba en la camilla, y empiezan a realizarle la ecografía.

- Beatriz! Qué gran noticia!

- Sí? Está bien?

- Están bien! Son dos!

- QUÉ!!! – Y se desmaya.

Avisan a Armando como acompañante.

- Qué relación tiene usted con Dª Beatriz Pinzón?

- Es mi mujer, y vamos a tener un hijo… - Responde sin dudar. – Hay algún problema?

- No. No se preocupe. El doctor le ruega que entre.

Entonces le permiten entrar y le comunican que Betty se desmayó al enterarse que son dos bebés.

Segundos más tarde, Betty recupera el conocimiento y al verle allí, comprende que ya lo sabe por la cara de felicidad que tiene. Está feliz, pletórico…

Ella le mira sin saber qué hacer. Le ve observar el monitor con gran atención, siguiendo las explicaciones e indicaciones del médico, y asintiendo o preguntando dudas.

- Aún no se puede saber el sexo, verdad? – Pregunta Armando.

- No, pero son gemelos univitelinos, y por lo tanto, idénticos. Serán los dos varones, o las dos, hembras.

- Doctor, podríamos saber el tiempo exacto de gestación?

Pregunta Betty para que Armando disipe dudas, si es que las tiene. Y le observa pensando: esta respuesta… te la brindo.

Armando la mira con los ojos entornados, y entendiendo la intención, la echa una ácida sonrisa.

- Naturalmente. En este momento se cumplen once semanas de embarazo. – Asegura el médico.

Los dos calculan mentalmente y comprueban que coincide plenamente con las semanas de amor que vivieron. La sonríe dándole a entender que se da por enterado.

Mira por donde, después de un tiempo de no saber cómo acercarse nuevamente a ella, la vida le ha servido en bandeja la mejor oportunidad para recuperar el contacto. No va a desaprovechar la ocasión, y procurará que la relación se estreche más cada día.



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Al salir del médico pasean por la playa.

- Betty, vuelve a Bogotá.

- Ni más faltaba! Estoy en mi ciudad, acá está mi familia, mis amigos…

- Quiero tenerte cerca., y yo no puedo ausentarme de Ecomoda. Sólo podría venir de fin de semana en fin de semana. Pide el traslado de nuevo, por favor…

- Pero, doctor. Qué se me ha perdido a mí en Bogotá?

- Puede que yo no haya significado nada en tu vida, pero tú has conmocionado totalmente la mía. Quiero vivir contigo el embarazo, y compartir la existencia contigo y con nuestros hijos… cuidaros a los tres!

- Tengo quien me cuide. Mis papás… - Se calla al pensar.

- Tus papás? Acaso ignoras cuál va a ser la reacción de tu padre? Tan estricto él?

- Ya le dije que voy a buscarme un apartamento. Sé cuidarme sola!

- El embarazo es una etapa delicada, y más éste que es doble. No quiero que estés sola!

- Si en algún momento necesito algo, llamaré a mi mamá, o a una amiga o amigo…

- AMIGO? – Saltan las alarmas en el corazón de Armando.

- Sí. Un amigo. Será que puedo tener amigos, o no?

- Naturalmente que puedes, pero prefieres que te cuide un amigo… antes que yo? – Se le ve dolido.

- Michel no es un amigo cualquiera...! – Exclama imaginando el alcance de sus palabras en Armando.

Más serio que nunca, pero controlando su tono y sus palabras.

- Tu novio?

- Ex… novio. Le dejé cuando fui a trabajar a Bogotá.

Él se alegra pero no lo exterioriza.

- Y pretendes que tu exnovio cuide de ti y de nuestros hijos?

- Seguimos siendo amigos. Hoy mismo es su cumpleaños y estoy invitada a una fiesta en su restaurante. Incluso puedo llevar un invitado.

- No has contestado a mi pregunta, Betty.

Ella mira el mar y guarda silencio.

- Betty, tú me has querido mucho… y con suerte, aún me quieres algo…

- Creído! – Y echa a andar

- Betty, yo también te amo! Sólo a ti. Te lo juro!

- Doctor, me dice eso para darme contentillo, porque le interesa ahora por los bebés! Sé que sólo fui una más…

- Eso creí yo al principio. Vamos a algún lugar donde podamos hablar en privado.

- Elija, doctor: Ecomoda o mi casa.

- Ninguna de las dos. Vamos a mi hotel!

- Ah, no!

- Betty, tenemos que hablar mucho y trascendente. De ninguna manera voy a permitir que os cuide tu ex… Sé que fui un cerdo y te hice mucho daño, pero por favor, permíteme explicarte. Espero que con el tiempo puedas perdonarme, mas ahora escúchame!

Le mira largamente. Qué guapo está… Si no le conociera, hasta le parecería sincero.

- Vamos, pues. – Decide oír su versión.

Tiene curiosidad por saber que batallita va a contarle, aunque da igual lo que diga, porque ella no va a creerle...




CONTINUARÁ…


Hola, m´hijitas!

He podido comprobar que todas somos SÓLO medio malas, así que no podemos presentarnos a un casting de requetemalos.

Queremos que el bello bobo sufra, pero poco. Lo justico!

Y además estoy segura que Betty también piensa hacerle penar… lo imprescindible, porque en definitiva, también sufre ella…

Armando ha conseguido decirla que la ama, y al parecer, no le ha resultado muy doloroso.

Pregunta: Habrá cambiado nuestro niño? Será ya digno de confianza!

A ver qué grado de candidez e inocencia tenemos…

Besazos y hasta el próximo.

 
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