Contadores Gratis
Contador Web
 

 Return to Index  

Los tigretones de Bogotá.- Capítulo XIV

October 14 2003 at 3:12 PM
No score for this post
Calipso  (no login)

 

- No te hagas muchas ilusiones con respecto a mí. He aceptado por nuestros hijos, pero yo no sé si podré volver a confiar en ti, ni cuando...

- Conseguiré que lo logres! Hasta mañana, mi amor. – La da un ligero beso.

- Hasta mañana.




Capítulo XIV.- Su hija, Julia! Su hija!


Los Pinzón entran en su dormitorio, y el padre va directamente hasta un sillón y se deja caer en él.

- Por un momento me sentí muy mal por la impresión, Julia. Pensé que iba a darme algo malo... Por eso no he querido quedarme abajo para enfrentarme a su hija y a ese hombre.

- Ay, Hermes. Ya sé que es un problema muy serio, pero no se exalte, que todo se arreglará.

- Cómo no me voy a enojar, Julia! Vio a su hija? Ah? La vio? Claro, tanto darle alas a la niña! Tantas alas le dio... que voló!

- Hermes, tranquilícese que va a enfermar.

- Enfermar? Ya estoy enfermo! Muy enfermo de rabia y de impotencia!

- Hermes... – Dª Julia está muy asustada al ver a su marido tan alterado.

- Tanto Hermes! Tanto Hermes! Qué la hemos enseñado en esta casa a SU hija, Julia?

- Le recuerdo que también es suya...

- Pero usted, señora, es muy blanda, y ha abogado por ella muchas veces para que se la permitiesen cosas que no debían ser! En cambio yo, la he inculcado los más estrictos principios morales y éticos. Era prístina, como los rayos del sol! Y ahora nos pone ante un hecho consumado... MUY CONSUMADO! A saber cuántas veces lo han CONSUMADO!!! Porque de una sola vez... sería mucha casualidad.

- Cálmese, Hermes.

- No quiero calmarme. Bastante he tenido que controlarme ante ese sátiro que ha seducido a mi niña!

- Betty ya no es una niña. Es una mujer, y se ha enamorado… – Baja la voz y añade. – De todo un papito, sí señor.

- Qué dice, Julia? No murmure, que no la oigo.

- Eeeh... nada! Que el amor, a veces no le permite a uno controlar...

- Paparruchas! Yo siempre me he controlado.

- En eso tiene razón... – Para sí misma. – Demasiado.

- Y volviendo al tema... Dígame! Dígame qué puedo decirles yo ahora? Naturalmente no me queda otra que permitirles que se casen, y además cuanto antes, porque con unos gemelos en camino...

Hace una pausa para tomar resuello y continúa.

- Porque si por dignidad o autoridad paterna me opongo, condeno a Betty a quedarse soltera y con dos hijos. DOS! Nada menos... y cómo voy a hacerla eso? Pobre hija mía! Que mala suerte ha tenido al tropezarse con ese tipo...

- Pues yo creo que usted se equivoca, Hermes. El doctor Mendoza está enamorado de nuestra hija, y desea casarse a pesar del embarazo. No se ha desentendido, y responde como un hombre de bien.

Su marido la mira nada convencido, pero ella sigue su razonamiento.

- Lo único es que han trastocado el orden tradicional de hacer las cosas... pero usted que sabe tantas matemáticas, recordará la propiedad conmutativa de la multiplicación: “El orden de los factores, no altera el producto...”

- Julia! No sea alcahueta! Vamos a dormir que mañana no nos quedará otra que seguir hablando con Betty y ese doctorcito. Cachaco de los...



************************************************************************


Betty sale muy temprano de su casa para evitar cruzarse con su padre, pero apenas ha dormido.

Encuentra a Armando desayunando en una cafetería al lado de Ecomoda y pasan el día trabajando juntos.

Por la tarde, casi a punto de cerrar, suena el interfono.

- Sí!

- Doctora, la llaman de su casa.

- Páseme la llamada, por favor. – Espera.

- Bettica? Tenemos que seguir platicando con ustedes.

- Sí, mamá. Yo sé!

- Vengan, y cenamos como ayer.

- Hablaré con Armando y les llamo. – Cuelga y le mira.

- Qué hay? – Pregunta él con un movimiento de cabeza.

- Quieren que vayamos a cenar para continuar hablando.

- Es natural. Ayer no rematamos, no resolvimos nada. Vamos?

- NO! – Dice Betty. – Yo no quiero estar tanto tiempo allá, tratando del embarazo y de nuestra relación con mi padre.

- Quieres pues, que cenemos fuera y vayamos después? – Propone Armando.

- Sí. Eso me parece mejor. Además, así podemos llevar ya alguna propuesta nosotros. Llamo y les digo.



************************************************************************



Al salir de la empresa, pasan por el hotel para que Armando se duche y cambie de ropa. Luego hablan mientras toman un refresco en la terraza.

Cuando van a salir hacia el restaurante, la rodea la cintura y la pide un beso.

- Armando… - Con tono de advertencia.

- Betty, no me creo con derecho a nada, pero no seas tacaña, que es el primer beso del día… y vamos a cenar!

- Tacaña yo?

Le abraza por el cuello y se funden en un increíble beso en el que Betty toma la iniciativa, y juega con la lengua acariciando la de él y explorando toda su boca, para luego mordisquearle el labio inferior. Y todo con la mayor lentitud…

Se separan jadeando y apoya la cabeza en el hombro de Armando para recuperar la respiración.

- BUF!!! – Resopla Armando.

- Tacaña…? – Vuelve a preguntar.

- Sí, tacaña! Porque haciéndolo tan bien, tengo que mendigarlos…

Cenan intentando llevar solucionado el asunto a casa de los Pinzón.



*********************************************************************



Luego van caminando y antes de que Betty introduzca la llave en la cerradura, la puerta se abre suavemente.

- Buenas noches, mamá.

- Buenas noches, Dª Julia.

- Q´hubo! Sigan, sigan a la salita.

Allá les espera D. Hermes con la bandeja y los servicios del café sobre la mesita.

Les indica los asientos con la mano permaneciendo sentado.

Betty, al ver que su madre va hacia la bandeja, se adelanta:

- Deja, mamá. Ya sirvo yo.

Toman el tintico en silencio y luego el papá carraspea y empieza a hablar.

- A Julia y a mí nos gustaría escuchar qué idea tienen ustedes, sobre cómo hacer frente a esta situación.

Armando no se hace de rogar y explica lo que ellos han acordado durante la cena.


- Yo voy a venir a Cartagena todos los fines de semana, y siempre que pueda escaparme de Bogotá mientras se prepara la boda.

- Nosotros suponíamos que iba a decir algo parecido, y hemos pensado que no vaya a un hotel, sino que se aloje aquí, en la habitación que hay libre. – Explica Dª Julia.

- Mamá… - Betty sorprendidísima por tan fácil aceptación de los hechos.

- No sé, señora. Me resulta mucho atrevimiento por mi parte…

- De ninguna manera, doctor. Eso está decidido! – Sentencia D. Hermes y ceñudo, no vuelve a intervenir en la conversación.

Continúan hablando y deciden que irán a informarse a la parroquia para ver qué fechas hay libres, y que sean compatibles con las estancias de Armando en Cartagena…



************************************************************************



Al día siguiente va Dª Julia, y cómo ha de ser en fin de semana, deberán esperar unos cuatro meses.

Eso a Betty no la agrada, y se la ve desanimada porque estará de siete, y con tremenda barriga de gemelos, así que se plantean retrasarla para después del nacimiento de los bebés.

- Podemos casarnos y bautizarles en la misma ceremonia, Betty. Qué te parece? – Sugiere Armando para animarla.

- Sí. Posiblemente sea lo mejor. – Reconoce ella.

A D. Hermes no le gusta, pero milagrosamente se calla.



************************************************************************



Y tal como lo han planeado, van transcurriendo las semanas.

Armando viene los viernes y se aloja en casa. Por supuesto, bajo la estricta vigilancia del señor Pinzón.

Ellos pasean y se dan algún besito fuera de casa, claro…

Los domingos por la tarde Armando toma el avión y se vuelve a Bogotá, pero llevan muy mal esa despedida y los padres notan a Betty malhumorada hasta el jueves.




************************************************************************



Dos meses después Armando insiste a Betty para que se traslade con él a Bogotá, pues se acerca la próxima colección y le va a resultar muy difícil escapar, ya que tendrá trabajo hasta los sábados.

- Armando, estamos llegando a casa. Déjalo ahora, luego paso a tu cuarto, y seguimos buscando alguna solución…

Entran, saludan a los padres de Betty y se sientan con ellos a charlar un rato.

Últimamente notan a D. Hermes algo huraño, pero no saben por qué y tampoco se aventuran a preguntarle.

Y es que el hombre ve que la barriga de su hija cada día es más voluminosa… y que la boda no se celebrará antes del parto… y que el tal D. Armando tiene a la madre y a la hija comiendo en su mano… y él tiene la sospecha de que el tipo no va a casarse.

Después de cenar hacen un rato de sobremesa, pero Betty y su mamá se retiran pronto, D. Hermes empieza a dar cabezadas delante de la TV, y Armando simula bostezar para justificar la subida temprana a su dormitorio.

Poco más tarde, Betty oye que su padre sale del baño y entra a su habitación. Mira el reloj, deja pasar un tiempo prudencial y va al cuarto de Armando.

Él la está esperando sentado en un sillón, leyendo; pero al verla entrar, sonríe y abre los brazos hacia ella, invitándola.

Betty no se hace de rogar y va hasta él, se sienta en su regazo y se abrazan y besan saboreándose.

Luego la acaricia la barriga y deposita dos besos recomendando a sus hijos:

- Se los reparten como buenos hermanos o hermanas… y no den patadas a su mami!

Ríen por el consejo y retoman el tema que les preocupa: convencer al padre de Betty para que la permita ir con él a Bogotá, pues prefieren hacerlo persuadiéndole y no por las bravas…

En esas están cuando oyen un golpe en la puerta, y ésta se abre casi simultáneamente permitiendo el acceso a D. Hermes.

- Papá! – Se incorpora.

- D. Hermes! – Armando también se levanta.

No están haciendo nada, pero sabe que para su “suegro” eso ya es demasiado: están en la misma habitación, y Betty sentada sobre él…

- Beatriz Aurora, será que puede darme una buena explicación de por qué está en este dormitorio… y en una disposición de tanta confianza con este… - Le mira con desprecio.

- D. Hermes, Betty y yo estábamos hablando…

- Cállese, miserable! – Le interrumpe. – Así agradece el trato recibido en esta humilde casa después de lo que hizo a mi hija?

- D. Hermes, escúcheme!

- No tengo nada que escucharle a usted! FUERA! Salga de mi casa y no quiero volver a verle jamás!

- Papá, cómo así? Pero… Te estás equivocando!

- Y usted se calla y se va a su cuarto! Mañana hablaremos, señorita!

- No, papá. Si le echas y no recapacitas, yo también me iré!

Dª Julia llega a la puerta en ese momento y ve cómo su marido levanta la mano para propinar un bofetón a Betty, y que Armando para esa mano en el aire sujetándole por la muñeca, con un gesto tan duro como nunca lo vio, y le oye decir muy bajo entre dientes:

- Ni se le ocurra levantar la mano a mi mujer, y mucho menos descargarla… Por muy padre suyo que sea!

D. Hermes se da la vuelta vencido y sale de la habitación.



CONTINUARÁ...



Hola, amigas.

Aquí os dejo el capi de hoy esperando que os guste.

Apenas puedo enrollarme porque ando mal de tiempo y si no cuelgo ahora, no iba a poder hasta las nueve de la noche.

Pero decidme: vosotras también os habríais agarrado del brazo de Armando para iros con él?

Yo SÍ! Besazos.

 
Scoring_Disabled_MsgRespond to this message   
Respuestas

Find more forums on TelenovelasCreate your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2013 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement  
Contadores Gratis
Contador Web