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ESPEJISMOS.- Capítulo III

January 10 2004 at 1:05 PM
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Calipso  (no login)

 
Cierra la boca de golpe, pero no recupera el don de la palabra y sigue mirándola fijamente.

- Es que no habías visto a Betty desde que cambió de estilo? – Le pregunta doña Julia.

Armando sólo acierta a negar con la cabeza, y ella disfruta enormemente de haberle dejado en estado de shock. Le dirige una sonrisa torcida y le mira despectiva. Que se j...!




Capítulo III.- Hormonal… so acémila?



Poco después, Armando recupera algo de lucidez, pero la sigue contemplando perplejo.

Betty saluda a don Roberto con un beso, y él reacciona y hace el intento para ver si hay suerte, y por inercia... también le besa, pero Betty le evita ofreciéndole la mano.

Ya recuperado, se la estrecha con una sonrisa cínica, pero deslumbrante. A partir de ese momento se dedica a admirarla.

Pasan al restaurante, encargan la comida y Armando se concentra en observarla con arrobamiento, y poner a trabajar sus neuronas para hallar la manera de lograr una aproximación.

Así llegan a los postres y...

- Betty, Armando, Julia y yo queremos daros una noticia y estamos inquietos porque no sabemos cuál será vuestra reacción.

Ellos dos cruzan sus miradas y las mantienen por primera vez en toda la comida.

Luego posan los ojos en doña Julia, que juguetea con la fresa y la nata que la queda en el plato, intentando tranquilizarse. Por último, miran a don Roberto que vuelve a hablar.

- Nos conocemos de toda la vida... nos entendemos perfectamente... y lo más importante... nos queremos! Así que hemos decidido casarnos… pero queremos saber su opinión.

Los hijos les miran atónitos y a continuación se miran ellos, uno a otro.

Al fin, Armando suelta una carcajada y la dice sarcástico:

- Qué suerte, Betty! Ahora vamos a ser hermanitos!

Ella no le contesta, pero le taladra con la mirada.

- Bueno... decid algo! Qué os parece? – Les anima ansioso don Roberto.

- Oh, perdón! – Reacciona Betty. – Enhorabuena a los dos! Me parece muy bien, pues mi madre merece rehacer su vida y ser feliz. Y usted... me parece una gran persona y le quiero mucho. Creo que es una decisión muy acertada.

Se levanta, besa y abraza fuertemente a su madre y da dos besos a don Roberto.

- Mi enhorabuena también! – Dice Armando y les besa y abraza a los dos. – Lo sabe Camila?

- Aún no, pero mañana hablaré con ella.

Entonces, don Roberto muy satisfecho por la reacción positiva de los hijos, pide una botella de champán y brindan los cuatro por la felicidad del futuro matrimonio.

- Bueno, hijos. Vamos a tratar otro tema. He pensado jubilarme y dejaré de acudir a Ecomoda a diario. Quiero que tú, Armando, te hagas cargo de la presidencia. Si en algún asunto necesitas un consejo o una opinión, lo que sea... ya sabes donde me tienes. – Mira a su hijo que con cara de satisfacción, asiente serio. – Y tú, Betty, deseo que ocupes la vicepresidencia económica, ahora que has vuelto con los estudios terminados. Sabes que ese fue el cargo que desempeñó tu padre durante tantos años... Así seguirán las tres familias fundadoras colaborando en la gestión de la empresa. La segunda generación Valencia, Pinzón y Mendoza...

- Qué te parece, Bettica? – La pregunta su madre.

- A mí muy bien. Pero primero tendrá que dar su opinión el futuro presidente, sobre si desea tenerme... en su equipo. – Contesta provocadora y le mantiene la mirada con malicia.

Armando la mira socarrón captando la ironía.

- Papá, Betty no me traga, pero si ella está de acuerdo, yo estaré encantado de tenerla... en mi equipo. - Dice acariciándola con los ojos entornados, y parándose en determinados puntos estratégicos de su anatomía.

Betty acaba sintiéndose incómoda por la audacia de él. Será atrevido! Y delante de nuestros padres!

- Y por qué dices que Betty no te traga? Yo nunca la he oído comentarios que me hicieran sospechar eso. Hay algún problema entre ustedes?

- Cómo así, papá! Lo que ocurre es que creo que no aprueba mi vida... – Dirigiéndose a ella. - ...licenciosa, dirías?

- No hay ningún problema, en serio. – Asegura Betty mirando al padre.

- Bien entonces. Me alegro! Y tú no tenías prisa por acudir a un compromiso, Armando?

- No, papá. No es importante, y ya lo haré otro día. – Ni loco se va ahora.

Al terminar la comida, salen a caminar aprovechando que hace buena tarde y los padres se adelantan tomados del brazo, de modo que ellos quedan emparejados.

- Como tú has dicho, vamos a ser hermanitos y a trabajar juntos, pero ni se te ocurra acercarte a mí, Armando.

- No lo has olvidado todavía, ah?

- Ni tengo el menor interés!

- Betty, éramos muy jóvenes...

- Sí. Y tú además, eras lo mismo que sigues siendo: inmaduro emocionalmente e insensible para con los sentimientos de los demás.

- Betty, fue hermoso mientras duró. No estés resentida por algo puramente natural y hormonal...

- HORMONAL, pedazo de acémila? Ya vi que eso fue para ti, pero no para mí. Acaso crees que yo me hubiera ido con cualquiera al apartamento de Mario?

- No? Eh... perdón! Perdón! – Se disculpa al verla la cara.

- NO, so cerdo! Me fui contigo porque eras TÚ y te amaba desde que tengo recuerdos...

- Y aún me amas? – La pregunta serio y desconcertado.


- No contestaré ni en presencia de mi abogado! Pero tú crees que lo que yo tengo contra ti todavía, es lo sucedido hace tres años en el piso de Mario?

- Pues qué sino? – Totalmente descolocado.

- Qué egocéntrico, Armando! Lo que no olvido ni perdono, es que no hayas dado la cara cuando dejaste de sentir algo por mí, que conociéndonos de toda la vida, no fueras capaz de decirme que se había acabado... que ya no...

- Betty…

- No quiero olvidar esa actitud tan inmadura y falta de respeto! – Le interrumpe.

Siguen caminando callados.

Armando reflexiona y comprende que Betty tiene razón. Él debió dar una explicación en lugar de “despedirse a la francesa”, dejando de llamar y comunicarse por el Messenger.

Llegan a los coches y se despiden. Los padres se van juntos en el de don Roberto, y ellos, cada uno en el suyo.



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El lunes Betty empieza a trabajar en Ecomoda.

Armando convoca a los ejecutivos en la Sala de Juntas, para comunicarles que ella se va a hacer cargo de la vicepresidencia económica y presentarla a quien no la conozca.

- Betty, amiga! – Marcela la abraza con cariño. – Cuánto tiempo sin vernos. Apenas te reconocí!

- Betty, qué sorpresa! Armando me había dicho que alguien conocido se incorporaba a trabajar con nosotros, pero no pensé que fueras tú. Y tu cambio de look... Espectacular! – La saluda Mario y se besan en la mejilla.

- No exageres, Mario. Es cierto que ha cambiado, pero tampoco ha tenido que esforzarse tanto: peinado, depilación, gafas, bráquets y... ropa. Nada extraordinario, porque nuestra amiga Betty era así de guapa debajo de todo aquello, y sólo ha tenido que romper el capullo para que surja una bonita mariposa...

- Ay qué buena amiga eres, Marcela. Y qué CURSI! – La contesta Betty.

- Ni modo! Cuándo has regresado?

- A mediados de la semana pasada, pero me dediqué a descansar y a charlar con mi madre.

Hablan y bromean un rato, y luego Armando acompaña a Betty a su despacho y él vuelve a presidencia.

Allá encuentra a su hermano con ganas de comentar sobre Betty.

- Mario, qué haces aún acá?

- Quería preguntarte algo, tigre. – Muy formal.

- Habla, que me estás intrigando!

- Lo tuyo con Betty terminó hace tres años... cuando te fuiste a Harvard, no es cierto?

- Dónde quieres ir a parar, Calderón?

- Responde, Armando. Sí o no? – Insiste Mario.

- Sí, terminó! Y será que ahora me vas a decir de una buena vez... qué tanto te importa a ti?

- Es que me ha impresionado, y quería estar seguro de no interferir.

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Que la voy a invitar a cenar, a bailar...

- NI MODO!!! – Le interrumpe. – Betty es para mí!

- Pero si acabas de decir...

- Lo de entonces acabó, Mario. Pero yo quiero volver a... me entiendes?

- Ah, no! Ahorita no es de nadie y yo voy a presentar batalla.

- Mario nunca hemos peleado por una niña! Claro, como ahora está tan bonita...

- Por esa misma razón tú también estás encandilado. Acaso te has enamorado, Armando?

- No, pues! Cómo se te ocurre?

- Pues... entonces qué problema hay? Temes perder? Dejemos que elija ella! Desde “YA” te aviso que voy a intentar conquistarla.

Y Mario sale de presidencia dejando a Armando fastidiado, porque él ni loco reconocerá a su hermano que cuando ve a Betty o piensa en ella, siente que una diminuta llamita calienta su congelado corazón. Aún no sabe si será duradera, pero que Betty le mueve… más que mueve! ZARANDEA el piso, es seguro. Por ello está intentando no ponerla a la defensiva y se ha esforzado para mantener una prudente distancia.

Él sabe que ella es consciente de sus miradas y medias sonrisas.



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Mario no pierde el tiempo y empieza a intentar aproximaciones, pero Betty le da largas con mucha diplomacia, y se va por ahí de rumba, con Marcela todas las tardes.

Armando se siente satisfecho al ver que su hermano no consigue avanzar, por más que lo intenta. Pero una mañana...

- Tigre... no se lo va a creer! – Le suelta según entra al despacho.

- Pues, qué ocurre, Calderón? – Pregunta Armando desconcertado.

- Estaba yo anoche en Taurus, con una peliteñida im...presionante, y sabe a quién vi?

- Desembuche, hombre! – Le exhorta intrigado.

- A Beatriz Pinzón Solano! Betty para los amigos...

- En Taurus? – Escandalizado. – Sola o acompañada?

- Acompañada por su amiguísima Marcela... y dos maromos, de esos triplepapitos que no hacían más que cercarlas... pero ellas, con una habilidad increíble, les mantenían a raya, y los pobres desgrrraciados sólo consiguieron lo poquitico que ellas estaban dispuestas a permitir.

Armando traga desencajado.

- Pero, Betty permitió ALGO?

- Apenas...

- ALGO???

- Jugó con él como el gato con el ratón, y luego se fue dejándole babeando.

- Mario, no ha respondido! ALGO?

- Que no, hombre. El tipo se quedó con las ganas! Qué arte de seducción, hermano... Le dejaba acercarse, y cuando él estaba tan confiado relamiéndose... ZAS! Una “mantis religiosa”, la niña!

- Así que tiene una técnica bien depurada...

- Figúrese, hasta dejé de atender a mi peliteñida por observarla, y se me voló! Nos habrán aplicado ese suplicio alguna vez a nosotros?

- Nos habríamos enterado, supongo... – Contesta Armando impresionado.

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!




CONTINUARÁ…



Hola, m´hijas.

Llevo dos horas intentando colgar el capi, pero la familia, el teléfono y los deberes del hogar se han aliado contra mí. Jo… con la mañanita!

Como parece que tengo una clarita, no me enrollo por si… y directamente aquí os lo dejo.

Espero que os guste. Besos.

 
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