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ESPEJISMOS.- Capítulo V

January 17 2004 at 12:32 PM
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Calipso  (Acceso CalipsoEsp)
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- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




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A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



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Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.

 
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