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ESPEJISMOS.- Capítulo VII

January 25 2004 at 12:27 AM
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Calipso  (no login)

 
Las chicas se llevan con ellas a Betty, ellos a Armando. Y todos se dirigen a los coches.

Al llegar a casa de los Mendoza, estacionan los autos uno tras otro. Se apean Camila y Betty de uno, él del otro, y los tres entran.

Las chicas van directamente a sus habitaciones, pero Armando sigue a Betty y se cuela tras ella cerrando la puerta con seguro.





Capítulo VII.- Tú… me sueñas?



- Sal de mi cuarto. YA!

- Ni más faltaba! Tienes que decirme lo que te insinuó ese tipejo al oído!

- Yo no tengo que rendirte cuentas! Quién eres tú para pedirme explicaciones? Di, quién eres tú?

- Quien te sueña! – Explota. – Quien te sueña todas las noches... Según me acuesto y cierro los ojos, apareces y me atormentas... – Retira la vista agitado.

- Tú... me sueñas?

- Todas las noches. – Confirma mirándola mansamente a los ojos. - Y también te sueño estando despierto...

- …Yo también te sueño, Armando. – Confiesa ella.

Se quedan en silencio uno frente a otro y al fin habla él.

- Quieres que hoy soñemos juntos? – Pregunta muy bajito al oído.

- Sólo si entiendes que no soy de nadie. Ni siquiera tuya!

Se acerca más, la acaricia los rizos de la nuca, y la besa con labios hambrientos y ansiosos de sentir el sabor de ella.

Betty suspira, se rinde a su abrazo y le devuelve beso a beso. Luego se aferra a él dando salida al amor contenido durante años.

Betty no quiere negarse ese placer por más tiempo, hace tanto que le adora en silencio... pero se esfuerza en no olvidar que Armando es inconstante.

Coloca un dedo bajo el mentón de ella y la levanta el rostro hasta que los ojos de los dos se encuentran.

- Armando... estás jugando conmigo?

- No. – Contesta en un murmullo, y roza los labios de ella con los suyos.

Pero no les basta con un roce y ansían más. Vuelve a posar su boca en la de Betty con ternura, y al tiempo la abraza y atrae hacia él.

La separa los labios con su lengua y entra con lentas e insistentes embestidas... esa boca cálida y ávida provoca pequeños temblores en el cuerpo de ella, y finalmente... su mágica loción la arrebata la poca resistencia que la queda y se entrega a él.

Antes de que el prolongado beso acabara, había encendido en ellos un enorme fuego, una urgente ansia de acariciarse, de tenerse.

Betty eleva su boca buscando la de él, y cuando Armando empieza a besarla ya no pueden detenerse.

El juego amoroso de sus labios aumenta el ardiente deseo que se propaga por sus venas como un reguero de pólvora.

Las manos de Armando acarician su cuerpo... tantean, masajean, la adoran entera.
Betty jadea de placer y comprueba como su cuerpo reacciona al contacto de él.

Percibe como Armando se introduce dentro de ella y siente que la invade una exquisita locura a la que responde con pasión y entrega.

Tanta que el acto amoroso se prolonga durante mucho tiempo...

Después descansan felices y satisfechos, abrazados, envolviéndose con su amor.

Cada uno se confirma a sí mismo que ama con locura al otro y que es correspondido en igual medida.

Y así se quedan dormidos.


Un par de horas después, Betty despierta y él no está a su lado. Se incorpora y entonces le ve sentado en la mecedora del rincón, mirándola mientras fuma en pipa.

- Armando... tú fumas?

- Sólo cuando necesito pensar. Te he sentido tan hondo...

- Ven. – Le invita Betty.

Y vuelven a amarse lentamente sintiendo cada caricia. Todavía están regalándose besos y mimos cuando Armando rompe el silencio:

- Que sepas, princesa... que no deseo amarte a escondidas, en la oscuridad del dormitorio, sino a la luz del día... con boda en la mismísima catedral, a mediodía, el día de la fiesta nacional... si tú quieres aceptarme.

Estrechan el abrazo y continúan besándose sin prisas.


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Desayunando por la mañana en la cocina se miran tímidos, pero los ojitos les despiden chispitas de felicidad.

Van a Ecomoda, y en el ascensor, la cerca y se besan hambrientos hasta que oyen abrirse las puertas y se separan apresurados.

Al comprobar que casi les descubren, ríen nerviosos.



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Viven una época dulce en la que los dos son dichosos, pero Betty se repite a sí misma con frecuencia que no debe confiarse, ni permitirle a él saberla incondicionalmente suya.

Pero Armando está hechizado. Tiene la imagen de ella en su mente día y noche; si la ve al otro lado de la habitación, siente la necesidad de ir hasta ella, y una vez allí... su deseo de besarla y acariciarla es insuperable.

Necesita compulsivamente contemplarla, tocarla, saborearla... La abraza y roba besos cada vez que tiene oportunidad...

Y todo esto no pasa desapercibido para el sensible radar de Berta, que pone al corriente al resto del cuartel para que les observen.

Unos días después es evidente para todos los de la empresa que Betty y Armando están enamorados.

El presidente de carácter neurótico y gritón ha desaparecido, para volver a ser el hombre amable, simpático y educado que es. Incluso se le ve más joven!



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Están solos en el dormitorio y permanecen abrazados después de hacer el amor.

- Betty, te veo pensativa. – La dice mientras besa su frente.

- Es que estamos viviendo un espejismo, Armando. En cualquier momento te sentirás atraído por alguna remamita y esa ilusión se desvanecerá.

- Mi vida! Cómo así? – Pregunta súbitamente alarmado.

- Porque tú eres un tigre, y yo... no soy una gacela. Pero no te preocupes, estamos pasándolo rico y disfrutaremos mientras dure. Ahora los dos sabemos que nada es eterno!

- Pero, Betty. Nos amamos!

- Amor? Lo nuestro es atracción, deseo... cariño en el mejor de los casos.

Lo dice cruzando los dedos a la espalda, porque no va a entregarle su corazón tan ingenua y cándida como cuando tenía veinte años... aunque de verdad, nunca haya dejado de pertenecerle.

La mira desconcertado. A qué viene eso? Betty no es frívola y debe saber que lo que sienten es AMOR!

- Has tenido alguna relación en estos años? – La pregunta seguro de que no.


- No seas curioso, yo no voy a hablar contigo de mi vida privada. Vivamos el presente, sí?

Ni loca va a regalarle los oídos diciéndole que es el único hombre de su vida, pero se vuelve hacia él, que está estupefacto, y comienza a besarle y acariciarle hasta que responde, y empiezan de nuevo a amarse.

Armando se queda con una sensación de inseguridad que no le gusta nada…



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Unas semanas después, Betty va a presidencia y sorprende a Armando y Mario poniendo caritas de “mmm...” con la foto de Adriana Arboleda en una mano del amigote, Y diciendo simplezas como...

- Está buenísima!!!

- Qué culito!

- Y qué piernas...

Pone cara de “ya lo sabía yo” y termina de entrar al despacho.

- Aquí le dejo el balance, doctor Mendoza... – Lo deja sobre la mesa y sale.

Armando levanta la vista al cielo, mira a Calderón y dice bajo:

- La embarré!

Y la sigue a su oficina para intentar camelarla.

Pero la encuentra aparentemente muy tranquila.

- Betty...

- Armando, se te van los ojos tras las 90-60-90... y no pasa nada. Ya contaba con eso!

- Para empezar tú eres una de ellas! Y te amo sólo a ti. – Se acerca. – Pero quiero aclararte que una cosa es admirar obras de arte... y otra bien distinta es querer tener el museo en casa!

Y la sonríe travieso mostrando hoyuelos.

Betty le mira con ojos entornados, retira de un manotazo los dedos de él que la acarician colándose bajo la ropa y...

- No, Armando. Quizá volvamos a estar juntos alguna vez más... de cuando en cuando… por qué nos lo vamos a negar si lo pasamos rico…? Pero sin creernos dueños del otro... igual que estas semanas!

- Deja de fingir indiferencia, Betty! Me amas! Niégalo si puedes! Y yo a ti... aunque a veces como hace un momento, me comporte como un adolescente estúpido!

Ella calla, se sienta en su sillón y aparenta concentrarse en su trabajo. Armando al ver que se ha encerrado en el caparazón, sale.

- Nos vemos luego, Betty.



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Ella le rehúye toda la jornada, pero consigue acorralarla en casa después de cenar.

- Mi amor... – Mimoso.

- Armando, no me digas así. En tu boca es una palabra vana.

- Nunca se lo he dicho a otra... y sé lo que digo!

- Key! Soy tu amor, pero luego babeas por la primera modelo que ves.

- Eso terminó, cielo. Sólo tú! – Promete Armando.

- A quién crees que engañas?

- Shhh...

Están muy cerca en un rincón del pasillo, junto al dormitorio de Betty.

La acaricia suavemente la espalda, y la salpica el cuello y el hombro con dulces y pequeños besos que la enloquecen.

- Armando, no...

- Sí, mi vida. Di que sí, por favor.

Betty le toma de la mano y tira de él hacia dentro de su habitación... “Ay, Betty… - Se dice. – Será h o r m o n a l no poder decirle que no?”



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Y de nuevo, durante un tiempo se comporta muy juiciosito, cariñoso, detallista y no tiene ojos más que para “su” Betty.

Al salir de Ecomoda por las tardes se van a pasear, o al cine, o a bailar o... a cualquier lugar donde estén solos o sean desconocidos, y puedan regalarse besos y caricias sin llamar la atención... hasta que llegue la noche y puedan estar juntos de nuevo.



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Betty entra al taller para preguntar algo a Inesita, y le ve en el show-room muy divertido, pasándolo rico.

Sigue las chanzas de Mario, y participa en ellas hablando y bromeando con las modelos como el consumado seductor que es.

Una de ellas se le para delante, se pega a él totalmente, y le abraza y besa bien arrunchadita.

Él la apoya las manos en los costados para separarla y ríe entre nervioso e incómodo. Se vuelve intranquilo por si... y la ve observarle seria desde la puerta.

Se angustia totalmente al ver que ella con la mano, le hace un gesto de despedida, mientras con los labios, sin pronunciar palabra le dice: “CHAO”, y se va.


Armando consigue despegarse a la modelo y la sigue, pero llega tarde porque Betty se encierra en su despacho y no le abre.

Le evita durante todo el día, pero cuando se dispone a salir para tomar un taxi, le encuentra esperándola sentado cómodamente en el sillón de Sofía.

No la queda otra que volver con él a casa, y él aprovecha el trayecto para intentar explicarse y hacerse perdonar, Pero Betty no cede.

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…




CONTINUARÁ…


Queridas amigas, qué poco dura la alegría en casa de los pobres, ah?

Es una lástima, pero estos pobrecillos están destinados a “de sufrí”.

Mas todavía queda mucha historia y tendrán algún que otro momento de proximidad física… y emocional. Os lo prometo por Manolito Gafotas!!!

Pero, contestadme a una preguntica... creéis que el bello bobo quería separarse de la zapa de Claudia, mas Betty le pilló antes y malinterpretó su interés... o él estaba bien a gusto?

En fin, “cría fama… y échate a dormir…” como decía mi abuela, y parece que piensa Betty.

Besos y hasta pronto.

 
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