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ESPEJISMOS.- Capítulo XVI

February 25 2004 at 3:58 PM
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Calipso  (no login)

 
Va con el ejecutivo a un local agradable con música ambiental suave y charlan tranquilamente, sin prisas, y así... le explica que su corazón está ocupado.

- Por el doctor Mendoza, supongo...

- El mismo. – Betty asiente con la cabeza, sonriendo. – Y además estoy en deuda con él, porque he sido muy exigente y poco comprensiva.

Leo la arranca la promesa de ser buenos amigos y la lleva a casa.







Capítulo XVI.- Tienes los labios tensos.




Aunque sólo son las nueve, la casa está desierta y prácticamente a oscuras. Entra en la habitación de Rob, y allí le encuentra con el niño en brazos.

- Le pasa algo? – Pregunta asustada.

- No, pero el señorito no tiene sueño! – Responde Armando.

Su hijo la ve y sonríe al tiempo que aprieta el chupete con las encías.

- Dámelo, por favor. Es posible que esté molesto con algún diente.

Betty le toma en brazos y pasea por la habitación cantándole bajito al oído.

El niño juguetea con un tirante del vestido de Betty, y lo sube y baja afectando profundamente a su papá. Luego posa la boquita abierta en el hombro desnudo, apoyando y levantando, y mira a su mami riendo por el sonido intermitente que emite:

- A... a... a...

- Bueno, Rob, por qué no te duermes si estás bien y contento?

- Seguro que no le gusta estar solito... como a mí... – Dice Armando lastimero mirándola absorto.

Saca un pañuelo de papel de la caja y la seca el hombro.

- Te ha llenado de babitas... – Traga con dificultad. – Dámele un rato si quieres.

Betty se lo pasa y ahora es ella la que les contempla amorosa.

Rob le da palmaditas y poco a poco se adormece. Le acuestan y pasan a la habitación de Betty.

- Dónde están nuestros padres? – Le pregunta bajito.

- Fueron al teatro con unos amigos. Y usted, doctora... cómo pasó la tarde? – La pregunta socarrón.

- La pasé rico! – Exagera para fastidiarle por el tonito que él empleó.

Armando se acerca y la acorrala contra la pared.

- Betty... – Con voz ronca. – Te gusta ese tipo?

- Ni modo! Es simplemente un conocido, ni siquiera un amigo.

- Te necesito tanto... Tú a mí, no? – La murmura mimoso.

- Armando, yo... ya te expliqué que no podem...

Los labios de él empiezan a hacer estragos en ella cuando la rocían con pequeños besos y mordisquitos el labio inferior.

- Por qué haces eso? – Empieza a sentir los primeros fuegos artificiales dentro de sí.

- Porque tienes los labios tensos, y hay que relajarlos para que aprecies y disfrutes otros besos... – La susurra en el oído. - Deja de negarnos lo que más deseamos! - Hace mucho que no hacemos el amor. Dime que me quede, cielo.

Betty le mira seria sopesando la petición.

- Key! – Cede. – Pero sólo esta noche, y cuidándonos.

Armando se queda paralizado por la inesperada concesión.

- Yo quiero pasar todas las noches de mi vida contigo, pero de momento... me conformaré con las migajas que me regales... - Confiesa mientras acaricia la oreja de Betty con los labios.






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Los rayos del sol atraviesan los cristales de la ventana, y se filtran por el visillo haciendo dibujos caprichosos sobre la piel de Betty y la sábana que casi la cubre.

Armando, que lleva un rato despierto contemplándola, ve cómo sus dedos se estiran con voluntad propia para retirar la tela suavemente.

Se vuelve hacia ella apoyando el codo en el colchón, y durante largo rato sólo la admira.

Luego cede a la tentación y con su boca la acaricia los labios con levísimos besos, hasta que ella los separa y comienza a responder.

A continuación baja por el cuello, y después desciende a lugares aún más tentadores.

Dormida todavía, Betty arquea su espalda para acercarse más a él, y Armando encantado de su pronta y positiva respuesta, no se hace de rogar.

- Oh, Armando... Para, por favor...

- Por qué? Acaso no te gusta? – Pregunta despacio mientras continúa besando y acariciando.

- Me enloquece... – Confiesa enredando perezosamente los dedos en el pelo de él.

- Entonces... por qué parar?

- Porque si volvemos a hacerlo otra vez más, no sé...

- Qué no sabes?

- ... Prefiero... prefiero no pensar... ahora. - Percibe nuevamente el aroma inconfundible y su minúscula resistencia se desvanece. - Oh! Ámame...






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Armando sale del baño con una toalla a la cintura y otra en las manos secándose el pelo, y al verla despierta se agacha y la besa. Luego se incorpora y mueve la cabeza para salpicarla de diminutas gotitas de agua.

- Vamos, dormilona. Levanta que hay que ir a trabajar! Te prometo otra rica noche de pasión dentro de unas quince horas, si no nos dejan antes...

- Armando, qué pena contigo, pero no te hagas muchas ilusiones conmigo, pues sabes que soy un desastre. Yo sé que te amo, y últimamente creo que tú a mí también, pero tengo una lucha interna conmigo misma...

- Bueno, tocará seguir esperando y acá estaré, sentado en el banco de la paciencia!

Se echa junto a ella sobre la ropa, de buen humor.

- A veces pienso que si no me decido, te puedes cansar de esperarme y encontrarás otra... – Confiesa temerosa.

- Y si pasase eso, qué harías? Darte por vencida o luchar? – La pregunta interesado.

- No sé. Si llegase la ocasión, quizá pelearía por ti... pero como tú has cambiado y estás tan formal y maduro... no tengo que apresurarme en tomar decisiones, ni tener celos de “fantasmas”.

- Ay, qué cruz! – Protesta cariñoso acariciándola con la punta de la nariz. - Pues no dice la señorita que no hay prisa? Cuándo pensará aceptar mi propuesta de matrimonio? Cuándo seamos viejitos y vayamos a la iglesia con bastón?






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Lleva toda la mañana incómodo y desasosegado. Casi ha hecho una zanja en el suelo de su despacho de tanto caminar hasta que madura una idea y va a otra oficina.

- Marcela, necesito que me escribas cartas de amor.

- CÓMO ASÍ? Armando, tú te volviste loco? A qué viene eso?

- Betty me ama, pero no se decide a dar el paso y lanzarse a mis brazos.

- Y dónde encajo yo escribiéndote las carticas?

- Es para que reaccione al ver que otra me declara su amor... y tema perderme.

- Armando, no creo que sea buena idea. Si piensa que andas otra vez en líos de faldas...

- NO! Eso, no! La idea es que a mí me vea juiciosito y sensato, pero “acosado”.

- Entiendo. Tú responsable y serio, mas sufriendo por el asedio epistolar de una admiradora?

- Justo! Yo seré un modelo y no le daré queja.

- Armando, Betty y yo somos amigas desde niñas y además... quiero que te quede claro que tú no me inspiras nada!

- Ni falta hace que yo te inspire. Te he dicho que sólo quiero intranquilizarla para que acepte casarse conmigo prontico. Anoche dijo que si otra se interesase en mí... pelearía! Anda, Marce...

- Y si reconoce mi letra?

- Pues, la deformas, buscas un libro de cartas de amor... y las copias!

- Pero... y si Betty se entera, lo malinterpreta... y no me perdona?

- Te digo que me ama y tengo que lograr convencerla. Sólo necesita un empujón!

- OK! Acepto, pero no estoy nada convencida.

- GRACIAS!!! – La toma la cabeza con las manos y la da tremendo y casto beso en la frente.







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Un par de días más tarde, llama Leo para hablar con Armando sobre el incidente del sabotaje de la máquina; y al finalizar la conversación, él le pregunta cómo resultó la tarde que salió con la vicepresidente económica.

- Ah, es encantadora, deliciosa, pero... una “estrecha”. Alegó que está enamorada... y no conseguí nada!

Se despiden, cuelgan y Armando sonríe muy satisfecho.

Esa tarde, al entrar en casa desde el garaje pasan por el recibidor, y cada uno toma la correspondencia que Chelo les tiene apilada por separado, en sendas bandejitas de plata.

Van mirando los sobres y pasándolos con indiferencia, hasta que Armando suelta una exclamación que llama la atención de Betty.

Le ve abrir rápidamente una carta, leerla con avidez, y sonreír, según ella, con suficiencia y satisfacción.

Con esto, Armando consigue plenamente su objetivo que es alertar a Betty.

Los dos salen al jardín y se sientan un rato a jugar con su hijo y charlar con los abuelos.

Pero ella se ha quedado inquieta y le mira por el rabillo del ojo, observando que ha dejado todas las cartas despreocupadamente en una mesita, mientras lee de nuevo la otra, y luego se la guarda en el bolsillo de su chaqueta.

Alguna de sus antiguas conquistas le está escribiendo! – Piensa ella. – Mis temores se cumplen. Y él, qué hará? Espero que no le pare bolas...






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Por la mañana empieza a sonar el móvil de Armando durante el trayecto a la empresa. Él lo mira y se lo pasa.

- Es de Ecomoda. Contesta tú, por favor.

- Aló?

- Doctora! Está don Armando? – Pregunta una voz masculina.

- Sí, pero está conduciendo. Dígame!

- Soy Sánchez, el jefe de producción, y llamo para informar al doctor Mendoza que esta noche han vuelto a sabotear una máquina.

- No! Ahora mismo se lo comunico. Pero, tranquilo porque estamos de camino. Chao!

- Qué ocurre, Betty? – Apremia Armando.

Le devuelve el teléfono, y va a hablar cuando empieza a sonar de nuevo.

- Otra vez Ecomoda... pero distinta extensión. Toma! – Alarmado.

- Aló!

- Betty? Soy Marcela! – Se la nota acelerada. – Y Armando?

- Al volante. Dime qué hay!

- Que esta noche... alguien ha entrado a la tienda...

- Y qué han robado?

Armando al oírla ya no aguanta más, y se vuelve sobresaltado.

- Qué pasó? Betty?

- Espera que me entere. – Le susurra tocándole el brazo. – Sigue, Marcela.

- Eso es lo extraño. No han robado nada, ya lo hemos comprobado pero... se han limitado a cambiar cosas de lugar... es como una burla!

- Betty, cuéntame! – La insiste él.

- Espera Marcela, que voy a adelantar algo a Armando. A ver, la primera llamada era de Sánchez, de producción, pues ha vuelto a colarse alguien esta noche, y ahora es Marce porque también han entrado en el punto de ventas, pero no se han llevado ni destrozado nada...

- Sí que es extraño... Dile que estamos llegando al aparcamiento.

- Has oído, Marcela? – Pregunta a su amiga.

- Sí. Hasta ahora.

Según llegan se dirigen a la fábrica e inspeccionan con detenimiento la máquina saboteada mientras escuchan el informe del jefe de producción, después van al punto de ventas anexo, y observan con sorpresa el ordenado caos. Todo está cuidadosamente sacado de su lugar y colocado en el suelo del establecimiento...

Luego suben a la planta ejecutiva y Armando llama a Colsegur.

- Sí, doctor Mendoza!

- Vea, Leo. Le llamo...

- Yo sé. Hace un rato recibí el fax y pedí los informes que ya tengo sobre mi mesa. Estoy revisando ahora mismo las grabaciones, y las cámaras no han registrado la menor incidencia en toda la noche. - Afirma el de la empresa de seguridad. – La verdad, doctor, no hay nada especial en las cintas...





CONTINUARÁ…


Q´hubo, m´hijas?

Mucha agua caída del cielo, ya sé! Un fin de semana pasado por agua y nieve, y seguimos por el estilo… Ay, qué cruz!

Betty parece dar lentos pasitos hacia Armando, pero él necesita que sean más rápidos y pretende acelerarla con las carticas…

Tendrá razón Marcela y podrá ser contraproducente, o… dará resultado?

Besos.


 
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