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TERCIOPELO AZUL.- Capítulo XXII

June 27 2004 at 4:43 PM
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Calipso  (no login)

 

- Sí, mi vida, y comprendo que haber recordado aunque turbador, es buena señal.

Se besan de nuevo y Armando sale más seguro.

Betty, en cambio, se queda muy alterada. Tanto que no puede concentrarse en su trabajo.

Así que decide idear algo adecuado para castigar la estupidez de Mario por haber mortificado a Armando, ahora que es tan vulnerable.





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Capítulo XXII.- Papi, ya sé donde quiero ir esta tarde.



Se oye llamar a la puerta…

- Siga!

- Doctora Pinzón, ya informé a su… amigo, el francés, y se marchó satisfecho.

- Me parece muy bien, doctor Calderón. - Le habla muy seca. - Pero le prohíbo que vuelva a referirse a nadie como mi “amigo…”, porque esa palabra en su boca suena sucia, y desprovista del sentido de lealtad y desinterés que habitualmente conlleva. Entendió?

- Sí, doctora. Disculpe. - Mario está alerta porque sabe que Betty le conoce bien, y que le pilló malmetiendo a su dizque hermano..

- Y con respecto a Armando, usted tampoco desempeña el papel de amigo. Sabe que él aún no recuerda, que se siente inseguro como quien pisa hielo quebradizo… y lo ha aguijoneado para hacerle desconfiar de su esposa!

- Beatriz… Doctora… Era una broma… sin mala intención!

Betty le mira fríamente con los ojos entornados y no le para bolas.

- A lo que íbamos, doctor Calderón. Desde que Armando sufrió el accidente, tenemos desatendida la supervisión de las franquicias y… he pensado que usted es el más adecuado para ocuparse de ese cometido. Así que avise a su secretaria para que se encargue de reservarle pasajes de avión y hoteles cuanto antes, y prepare su equipaje para una larga temporada, pues va a salir de Bogotá inmediatamente.

- YO? YA? - Pregunta el pobre descerebrado.

- No tenemos nada más que hablar, doctor Calderón. Buen viaje y espero que sus informes lleguen puntualmente.

Mario sale muy contrariado, pero es la presidenta y reconoce que tiene muchas y buenas razones para mandarle lejos de ella y su marido, así que…




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Apenas media hora después… don Hermes que sigue insistiendo a su hija de cuando en cuando para que bote a Armando, cree que es un buen momento esa mañana, y la visita.

- Hija, supongo que ya se recuperó el sinvergüenza de su marido, porque me he enterado de que viene a la empresa a trabajar…

- Sí, está bastante bien.

- Y ya recuerda lo que la hizo?

- No, papá. Todavía no. - Contesta con fastidio.

- Pues dígaselo de una buena vez y que se vaya de su casa, con cualquiera de sus p…titas.

- Papá, deje ya la cantaleta. Si ahora tengo una posibilidad de ser feliz con mi marido, no la voy a desperdiciar.

- Eso quiere decir que van a seguir viviendo en la misma casa?

- Seguimos estando casados, papá! Y no hacemos más que darle gusto a usted, puesto que le recuerdo… fue idea suya coaccionarle para que se casase conmigo.

- No sea insolente con su padre, señorita! Y conteste a la pregunta.

- Ya he respondido. Seguimos siendo esposos en el más amplio sentido de la palabra.

- Después de cómo se portó con ustedes?

- Está cambiado. Es como era antes de separarnos... y le amo.

- OK! Tomo nota, y usted aténgase a las consecuencias. Está avisada! – La amenaza enfurecido.

Se dispone a salir del despacho y coincide en la puerta con Armando que regresa del banco.

- Buenos días, don Hermes! – Le saluda educado.

Su suegro le mira de arriba abajo perdonándole la vida, no le contesta y levantando el mentón, sigue su camino al ascensor.

- Tu padre está bien raro, ah? Sabes si le debo algo y no le pagué? – Bromea.

Betty va hacia él y le abraza.

- Yo sé, mi amor. Olvídate de él y quiéreme a mí...

Procura ocultarle lo preocupada que está por la amenaza de su padre. La segunda...





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Entonces empieza a sonar el móvil de él. Mira la pantallita y lee: “casa”. Se le ilumina la cara.

- Aló, princesita!

- Papi, ya sé donde quiero ir esta tarde.

- Ah, sí? Pues, dímelo. - Tapa el micrófono y la dice. - Es Laura.

Betty levanta la cabeza, le sonríe y va a sentarse.

- Al cine. Quiero ver una peli con muuuchos perritos.

- OK! Dile a Teresa que vea a qué hora empieza.

- Voy! Tú espera ahí, no cuelgues!

- Yo espero… - Dice condescendiente y se sienta en el brazo del sillón de Betty. La atrae por los hombros y la pregunta. - Se fue el franchute?

- Sí. Se fue. - Contesta serena.

- Es todo un papito… - Comenta con ironía.

- Pero no es mi tipo, doctor Mendoza. - Le contesta haciendo un guiño.

- Te provoca ir esta tarde al cine?

- Dónde quiere llevarnos la lianta de tu hija?

- A ver una peli con muuuchos perritos. - La imita.

- Será “101 dálmatas”.

- Eso creo… - Atiende al auricular. - Sí, Laura. A las siete. De acuerdo, esta tarde vamos los tres al cine a ver a los perritos. Di a Teresa que te tenga preparada a las seis y media.

- Sí. Chao, y da un besito a mami.

- Y para mí?

- También!

- Chao, princesita. - Guarda el teléfono y se agacha. - Yo soy muy obediente y Laura me ha dicho que te diera un besico…

- Armando, puede entrar alguien!

- Pues vamos al hueco. - Tira de su mano y allá se van con las más sanas intenciones de darse un pequeño achuchón.





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Entran los tres en la sala que está por la mitad del aforo, con sendos refrescos y bolsas de palomitas, y se acomodan junto al pasillo lateral. Armando en el extremo, Betty en medio, y la niña que está muy nerviosa en el otro lado.

- Laura, no bajas tu asiento?

- No, porque así estoy más alta. - Contesta segura. - Me lo enseñó mami.

- Sabes? Recuerdo que yo también hacía eso de niño, con Camila. Cuánto hace de eso…

Se apagan las luces y comienza a abrirse el telón.

- Toma, mami! Corre! Que ya empieza! - La da el vaso y las palomitas para palmotear feliz.

Los dos ríen al verla tan contenta, ella se vuelve y poniendo el dedo índice delante de la boquita les dice:

- Chsss! Que no oigo…

Y recogiendo el refresco y la bolsa de manos de su madre, se concentra en la pantalla.

Armando se arrellana en su asiento, pasa un brazo sobre los hombros de Betty y la atrae besándola en la sien.

Y así quedan contemplando a Pongo, a Perdita y a sus quince cachorros hasta que aparece Cruella de Vil… Entonces Laura da un salto y se sienta sobre su madre tapándose los ojos con las manos.

- Laura, qué susto! Qué pasó?

- Esa señora no me gusta. - Y señala con el dedo a la bruja del pelo blanco y negro.

- Has tirado el vaso y la bolsa? - Pregunta Armando.

- No. Están allá, en el otro asiento. - Contesta y sigue mirando a la pantalla atrincherada entre los brazos de Betty.

Durante un rato la vale esa protección, pero cuando Cruella secuestra a los perritos, se pasa rápidamente a los brazos de Armando, que la recibe encantado.

- A mí tampoco me gusta esa vieja… - La dice al oído.

- Pero a ti no te da miedo porque eres grande y fuerte, ah?

- Sí, hija. - La contesta. - Soy tremendo hombretón. Pregunta a mamá y verás qué te dice.

Betty levanta una ceja y le mira pícara.

- Lo es, mami?

- Sí, cielo. Te prometo que tu papá te protege, y estás totalmente segura en sus brazos. - Le mantiene la mirada.

Laura vuelve a atender a la película y él la guiña un ojo satisfecho y agradecido por la respuesta.





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Entran en casa y la niña habla más que un sacamuelas.

- Qué bien lo hemos pasado! Los perritos eran preciooosos, y la hamburguesa estaba bien rica. Nos llevarás más veces, papá?

- Claro, hija. Ni más faltaba!

- Pero… todos los días no podemos ir al cine y cenar hamburguesa… usted ya sabe eso, señorita. Así que no líe a su papá!

- Vaaale. - Admite bajando la cabeza. - Y un día a la semana?

- Ya veremos, cielo. - Contesta Armando sin querer comprometerse a nada antes de hablarlo con Betty.

- Laura, vamos a bañarte y a la cama. Sin protestar! - Se adelanta la madre al verla abrir la boca.





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Betty baja rato después y se sienta con él en el salón.

- Mi amor, te traigo algo de comer? -La pregunta.

- No, Armando. Gracias, pero no tengo apetito.

- Y un tintico? Un helado?

- OK! Un helado. - Acepta Betty.

Armando va a la cocina, toma dos helados del congelador y regresa con ellos. Los comen en silencio escuchando las noticias de un telediario.

Cuando terminan y la mira, ve que tiene una mancha de chocolate en la comisura de la boca.

- Estate quietica que te voy a limpiar…

Se acerca a ella y se come beso a beso el churrete.

- Armando…

- No sé si estás más rica con chocolate, o al natural… A ver? Sí, creo que al natural.

La abraza, empiezan a besarse y suben las escaleras enlazados por la cintura.






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Apenas una semana después, Betty recibe una llamada de la tutora de Laura que desea hablar con ella, de modo que convienen una cita.

Se lo comenta a Armando, y éste dice que naturalmente acudirá con ella al colegio.

Van a la entrevista y charlan largamente sobre la niña con la profesora, la cual les habla del tremendo cambio que ha experimentado Laura últimamente.

Salen muy felices y Armando la dice totalmente emocionado:

- Betty, nos ha felicitado por la estabilidad y el equilibrio que ha adquirido Laura en los dos últimos meses. No te puedes imaginar lo satisfecho y aliviado que me encuentro después de haber oído decir eso a la maestra de nuestra hija. Por un momento temí que mis mimos y lo que la consiento, la perjudicasen.

- Bueno, no hay que exagerar con eso, pero tú la amas de verdad. Y el amor no daña a nadie.

- Cuánto os quiero a las dos! – La abraza y besa.

- Bueno, doctor Mendoza, sea formal y juiciosito... que estamos en la calle.

- Uyyy, perdón! – Y los ojos le despiden chispitas al sonreír feliz.

Betty sobre todo, ahora está absolutamente convencida de haber hecho lo acertado para Laura, al permitir que Armando se quedase en casa y conviva con ellas. Piensa en su padre y se dice:

“Así que don Hermes… ya puedes patalear y amenazar cuanto quieras, que mientras Armando siga siendo un modelo de padre y esposo… no nos van a despegar de él ni con agua caliente!”




CONTINUARÁ...




Hola, m´hijitas, aunque no sé si estaréis muchas por ahí, porque parece que todas estáis de exámenes o de vacaciones, y a mí también me “provoca” leer vuestras historias. Anda, sed juiciositas y poneos las pilas…

Estáis comprobando que llevamos una buena temporada y la vida de nuestra familia favorita es idílica, verdad? Pues no olvidéis que don Hermes acecha con la consabida amenaza…

Con Michel no he podido tomar medidas porque él solito se subió a un avión camino de Cartagena y se quitó de en medio, pero qué os parece donde mandé a Mario?

A él no pareció gustarle ni pizca. Y eso es bueno porque quiere decir que le ha j…

Besos y hasta pronto.

 
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