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CARTA A LOS REYES MAGOS.- Capítulo XII

January 17 2005 at 7:13 PM
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Calipso  (no login)

 
Armando se lanza.

- A saber: una relación madura y estable, matrimonio con una mujer dulce y maravillosa de los pies a la cabeza, y seguro que hasta hijos... deliciosas Bettys y traviesos Armanditos.

Betty le mira sospechando burla en sus palabras, pero le ve absolutamente serio y relajado.

- Quiero todo eso contigo, Betty. Ya lo descubrí.

Quedan mirándose unos segundos cada uno desde un lado de la mesa, Armando se incorpora y empieza a acercarse a ella... mas inesperadamente golpean la puerta y se asoma don Roberto cortando la magia.

- Hola, Betty. Armando, hijo, cuando puedas ven a presidencia para contarnos lo que has acordado con Becerra.

- Ahora mismo, papá. –Se gira a Betty y dice bajito.- Tan oportuno! Luego seguimos.

Betty no sabe qué pensar porque no quiere ilusionarse de nuevo, pero no consigue evitar emocionarse.





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Capítulo XII.- Di algo, Betty, que no puedo más!



Pero no lo hacen porque él tiene que explicar a los padres y copresidentes la transacción llevada a cabo en el banco, y eso le lleva bastante tiempo.

Cuando terminan ya se han ido los ejecutivos y empleados, ya que el último día del año sólo trabajan media jornada.

Va al despacho de Betty por si... pero ella ya no está.

“Maldita sea! Menuda nochecita me espera. Ganas me dan de no ir al baile, pero eso sería dejar a Tomás el campo libre, y además tenemos que terminar de hablar para convencerla de que ya sé lo que representa para mí.”

En esas cavilaciones anda cuando...

- Vamos, hermano, que se va a terminar mi plato favorito en Le Noir.

- Creí que no quedaba nadie por acá. Vamos, pues!

- Me quedé esperándole. Va a ir esta noche al club? –Pregunta entrando al elevador.

- Sí. –Responde lacónico.

- Para sufrir viéndola bailar con otro? O es que va a acudir con alguna mamita para pasársela por delante de las narices?

- Voy a ir solo o con usted, que viene a ser lo mismo.

- Vaya! Gracias por convertirme en Nadie Calderón.

- Quiero decir que no iré con ninguna mujer y usted me entendió, así que no se me haga el ofendido.

- Key, tigre! Tranquilo que ya vamos a comer. Ahora se sube, me sigue y yo le guío al restaurante.





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Después se va a su apartamento y deja pasar el tiempo hasta que es la hora de prepararse para la fiesta.

Llega pronto al club, ceñudo y malhumorado, pero se encuentra con unos amigos de la universidad y se queda hablando con ellos hasta que la ve entrar en el salón con un precioso vestido verde esmeralda.

Por un instante se cruzan las miradas de los dos, y Armando echa fuego por los ojos al ver la mano de Betty apoyada en el brazo de Tomás.

Ella comprende de pronto y se suelta discretamente.

Entonces se gira de nuevo hacia los amigos, y procura distraerse y esperar el momento propicio para acercarse.

Mira de vez en cuando y aunque no soporta verla bailar en brazos de otro, y lo que más le pide el cuerpo es beber trago tras trago, sigue todavía con el primero en la mano.

Está esforzándose para tomarlo muy despacio con el fin de mantenerse sereno y no embarrarla, porque está decidido a hablar con Betty. Tienen una conversación a medias, la que su padre les interrumpió por la mañana. Tan oportuno él!





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Al fin se presenta la ocasión que esperaba, la ve sola y se acerca rápido por detrás.

- Buenas noches, mi vida. Me echas de menos?

- Armando! –Exclama contenta y mira involuntariamente hacia donde fue Tomás.

- Te hace estremecer en sus brazos? –Susurra.

- He venido con él, así que es natural que bailemos. –No le responde a la pregunta.

- Pero te mueve el piso? Te hace sentir como yo? –Reclama angustiado.

- Armando, tuviste tu oportunidad y la desaprovechaste no queriendo compromisos. Ya no puedes darte el gusto de tenerme... –Disfruta rechazándole.

- Betty, te amo con locura y mi vida sin ti es un infierno. Ven ahí fuera, por favor.

- No voy contigo ni al otro lado del salón. Deja de insistir.

- Tampoco vendrías a la catedral para darme un SÍ ante el obispo y toda la JET santafereña?

- ... –Betty le mira perpleja.

- Cásate conmigo, por favor. No puedo comer, ni dormir, ni pensar... apenas respiro! Me tienes atrapado en esos ojos y esos labios. Mi cuerpo añora el tuyo de continuo y no sé si eres mi mejor sueño o mi peor pesadilla... –Pausa en la que se miran intensamente.- No dices nada? Si me sigues rechazando, creo que moriré.

- Es que me cuesta creer que me ames, que renuncies a tu adorada LIBERTAD. –Confiesa.

- Piensas que miento? –Pregunta dolido.

- No, pero sí que confundes tus sentimientos. –Dice un poco ablandada.

- Betty, no he sentido nunca esta angustia que me produce tu alejamiento. Después de saber lo que es convivir contigo, no soporto la idea de perderte. Déjame mostrarte que mi corazón late enamorado de ti.

- A ver, Armando, tú y yo ya lo hemos intentado y no funcionó.

- Es que yo no sabía aún que te amaba... que tú eras mi dueña y señora. Fue mi culpa... –Reconoce con tristeza.

- Y qué se supone que sugieres ahora? –Le pregunta muy confundida.

- Empezar desde el principio. Que alguien... Camila, por ejemplo, nos presente. Ir juntos al parque, al cine... como novios antiguos. Y más adelante, cuando tú confíes en mí, si te gusto... pues nos comprometemos para casarnos.

Betty se pellizca un brazo para convencerse de que no está soñando, cuando vuelve a oírle.

- Jamás te daré motivos de queja, pues desde que nos besamos la primera vez, ya no me interesa ninguna otra. Igual hasta te enamoras de mí, porque mi madre dice que puedo ser encantador. –Sonríe con hoyuelos.

Ella permanece un tiempo callada mirándole y sopesando.

- Di algo, Betty, que no puedo más! –Suplica.

- La verdad es que tengo curiosidad por saber si es cierto que puedes ser encantador o sólo es pasión de madre.

- Eso es un SÍ?

- Más bien es un “LO PENSARɔ... –Recuerda la conversación que tuvo con Camila y Aura Mª.- ...pero si sospechase que estás jugando conmigo, terminaríamos para siempre. No soy la “perdonatodo” de Marcela.

- No voy a tirar esto tan grande por la borda, porque eres demasiado importante para mí como para jugar a la ruleta rusa. Te amo, soy hombre de palabra, y no te fallaré.

- Armando, veo venir a Tomás.

- OK! Me callo.

Éste llega donde ellos y se coloca junto a Betty.

- Qué hay, Mendoza? Tome, Betty. –La ofrece una copa de champán.

- Ya ves, Baena... vi a Betty sola, y vine a hacerle compañía.

Interpreta esas palabras como una crítica y se justifica.

- Sólo la dejé para ir a buscar las copas, pero me entretuvieron por un asunto de trabajo...

- No tiene importancia, Tomás. –Le tranquiliza ella.

- Le importa que yo baile una pieza con Betty? –Pregunta Armando de improviso.- Es que antes se lo propuse a ella, pero no quiso por si a usted no le parecía bien.

Betty le mira asombrada por la osadía.

- No, no! Ni más faltaba! –Responde forzado el otro por no ser descortés.

- Gracias. Vamos, Betty.

- De verdad no le importa, Tomás? –Pregunta ella.

- No. Vaya tranquila. –Disimula mordiéndose los puños.

Van hasta la pista y Armando la enlaza por la cintura, pero haciendo un gran esfuerzo por no atraerla tanto como desea. Suena “Feelings”, y creen estar en el séptimo cielo.

Tienen las cabezas juntas y él la habla al oído diciendo cuánto la ama y haciendo promesas de fidelidad y dedicación.

- Armando... –Le dice muy quedo.- No te he prometido nada. Sólo pensarlo.

- Yo sé. Chsss... Calla y disfruta.

Y eso hacen el resto de la canción. Disfrutar la proximidad y recordar los días que pasaron juntos.



Tomás les mira apenado, y dice a Juan que llega a él en ese momento:

- No tengo nada que hacer, amigo.

- Por qué dices eso? Betty ha venido contigo, no con él.

- No nos engañemos, Juan. Siempre ha estado enamorada de Armando Mendoza, y si ha salido conmigo algunas veces es porque él la ha defraudado por ser un “balaperdida”, pero ahora el niño de papá comprendió que va a perderla, y ha reaccionado.

- Vamos, compadre, eso no...

- Mírales, son uno! No intentes hacerme albergar falsas esperanzas.



Suenan las últimas notas de Feelings y Armando la confiesa.

- Se me parte el alma al tener que dejarte con él... pero en fin... mañana nos vemos y habl... –Dice caminando hacia donde espera Tomás.

- Mañana me voy fuera por unos días. –Dice cortándole.

- Cómo así? –Se queda de piedra.

- Necesito estar sola.

Va a contestar cuando oyen una llamada de atención por la megafonía que les interrumpe.

“Damas y caballeros, faltan cinco minutos para la medianoche. Les comunicamos que en breve conectaremos con la RCN para oír las campanadas que darán paso al próximo año.”

- Lo pasó bien, Betty? –Pregunta Tomás.

- Sí, gracias.

- Baena, acá le dejo... –Sabe que no puede seguir hablando con ella.- Gracias.

- Mendoza, quédese con nosotros, por favor, deseo hablar con usted después. –Le invita.

- OK! –Responde serio y se sitúa al otro lado de Betty, que se queda en tensión muy sorprendida por las palabras de Tomás.



Luego todos se felicitan y besan brindando por el nuevo año al terminar las campanadas.

- Mi amor... –Susurra sólo para ella.- ...choca tu copa con la mía y brinda por que este año empiece nuestra vida juntos: “Por nosotros y nuestra eterna felicidad”.

Betty levanta la copa lentamente y brinda con él.

- Dilo. –Suplica.

- Por nosotros. –Dice al fin perdida en su mirada y traga saliva.

- Así será. –Y apuran las copas mirándose.

- Mendoza! –La voz de Tomás les vuelve a la realidad.- Me acompaña al cenador?

- Desde luego. –Le sigue.

Betty no deja de observarles preocupada, pero les ve hablar muy formales y correctos, aunque tremendamente serios.

Regresan poco después y al otro se le ve claramente contrariado.

- Nos vemos, Betty, Aura Mª, Juan...

Armando se despide y aleja, pide otra copa de champán y queda pensativo junto a un ventanal diciéndose: “Debo hablar con ella e intentar convencerla de que no se vaya”.

- Qué pasó, Tomás? No te veo muy satisfecho. –Le pregunta su amigo en un aparte.

- Dado que los dos parecemos estar muy interesados en Betty, le propuse competir deportivamente por conseguir su amor. –Responde bajo creyendo que ellas están distraídas.

Betty les oye, y abre los ojos como platos mirando a Aura Mª.

- Y? –Pregunta Juan.

- No aceptó. Ha tenido la desfachatez de reconocer que él, por conseguirla... es capaz de todo. Que le da igual actuar con deportividad, que recurrir al juego sucio si lo considera necesario.

- Bueno, al menos fue sincero... –Comenta Juan.

Ellas dos cruzan una mirada de entendimiento, y la verdad es que Betty se siente muy satisfecha y orgullosa de que Armando no tenga la menor intención de hacer concesiones, y esté dispuesto a pelear por ese amor que jura sentir.





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Una hora más tarde, Tomás la deja en casa, y ella se despide rapidito y sube volada a su habitación, deseando quedarse a solas para pensar en Armando y su insólita e increíble propuesta.

“Matrimonio. Me ha propuesto matrimonio...” se dice mientras introduce la cabeza por el escote de un coqueto camisón y avanza hacia la cama.

Rac.. rac... ñiii...

Oye extraños ruidos para los que no encuentra una explicación razonable, y a continuación una voz conocida farfullando.

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo, a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo! –Exclama de nuevo la voz.

Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.


CONTINUARÁ...




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Al fin lo dijo! Dijo ”Te amo”. Un hurra por el bello bobo!

La pena es que igual ahora se rompe la cabeza y vuelve a hacérsele un lío la neurona solitaria... ayss, qué cruz!

Aunque quizá no sea Armando el que trepa trabajosa y temerariamente por la dichosa escalera.

Será? No será?

Besos y hasta pronto.

 
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