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ALMA DE BOLERO.- Capítulo VII

April 26 2005 at 3:45 PM
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Calipso  (no login)

 

La visita que había empezado fría... y luego tomó un cariz inquietante de fuerte censura... terminó convertida en una cálida reunión familiar gracias al cambio de actitud de la reina Margarita cuando supo que venía un nieto en camino.

Al fin relajados, se toman lo que ha traído Juani, y rato después se despiden con la promesa de mantenerse en contacto frecuente ellas dos, para ir con doña Julia a elegir el vestido de novia y preparar todo mientras Armando permanezca de viaje.

Al salir, Armando mira a su madre con la boca abierta. “Será que lo que a ella le gusta es organizarme las bodas?”





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CAPÍTULO VII.- Te me apareces en los espejos...



Ya en el coche la nota callada.

- Tranquila, que ya pasó todo y lo han aceptado bastante bien.

- Es que ahora que ha cedido la tensión nerviosa... me siento tan agotada como si hubiera escalado el Aconcagua.

- Cuando empezó a hablar mi padre... se me pusieron de corbata, pero he de reconocer que tiene razón, pues fui un inconsciente no cuidándome y exponiéndote a una situación difícil. Crees que podrás perdonarme algún día?

- A ver, Armando, perdonarte podré en cuanto pase un tiempo si veo que eres juiciosito, pero olvidar... volver a confiar... lo dudo. Las heridas son profundas y van a tardar mucho en cicatrizar. Lo sé. Debes esforzarte en recordar que lo nuestro es un pacto que hemos firmado por el bien de nuestro hijo, y que nosotros vamos a ser amables colaboradores en su crianza, pero nada más. No te equivoques y esperes en vano, pues sabes que unos meses después de nacer el bebé nos divorciaremos y en paz. Podrás volver a volar libre para cazar gacelas con tu hermano, el doctor Calderón.

- Betty. –Dice aparcando ante la casa de los Pinzón.- Ya veo que no hay forma de que creas en mi arrepentimiento y dolor por el daño que te hice. Y lo acepto, pero te aviso que no voy a cejar en el intento de convencerte de la sinceridad y perpetuidad de mi amor. No me interesa volar libre, ni ir de cacería. Quiero vivir contigo y con nuestro hijo, y admito las condiciones que me impones sobre una convivencia simplemente amistosa... pero lo del divorcio... no es recomendable porque después del disgusto que he dado hoy a mis padres, les digo que nos divorciamos... y nos toca enterrar a mi madre sólo de pensar que volvemos a dar tema de chismorreo a Mónica Agudelo.

- Entiendo, pero...

- Deberemos intentar que nadie descubra que nuestro matrimonio sólo es virtual. Pero no pierdo la esperanza de que antes o después cambiará eso.

- Bueno, mientras no lo olvides tú... Así luego no te sentirás defraudado. Hasta mañana, Armando.

- Espera! Y mi beso de despedida?

- Armando...

- De puertas para afuera somos novios, y hemos de parecerlo.

Betty se acerca y él la besa dulce pero intensamente, reteniéndola pegada a él y dilatando el beso. Luego se separan agitados y ella se apea.

- Sueña conmigo, mi amor. –Susurra Armando viéndola entrar en casa.

Betty apoya la espalda en la puerta porque aún la tiemblan las rodillas por el beso. Empieza a tener dudas sobre si podrá manejar a Armando y mantenerle a distancia.





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Él se va un par de días después, y Betty no sabe si se alegra o no de estar distanciados, porque empezaba a besarle al saludarle y despedirle con la mayor naturalidad y complacencia.

Sale varias tardes con su madre y la de Armando para ir disponiendo todo.

Una van a la parroquia de Betty a elegir fecha para celebrar el matrimonio, y como desean casarse entre semana, no les resulta difícil encontrar disponible el día que les interesa.

Unas tardes después acuden al club, e igual que en la iglesia, no hay problema para reservar los salones de la celebración.

También salen de tiendas para comprar el vestido de novia y bastantes cosas más que Betty no creía necesitar, pero las dos madres que se han hecho íntimas, dicen que sí.





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Armando la llama todos los días un par de veces muy cariñoso, y ella hace lo que puede por no enternecerse.

Mas cuando falta menos de una semana para que vuelva, la llama una noche a casa desde Caracas, y se lleva tremenda sorpresa cuando oye que doña Julia le dice que Betty salió a cenar.

- A cenar... Está bien... yo la llamo al móvil. –Dice algo contrariado.

Cuelga y marca el número.

- Aló, Armando! –Lee el nombre en la pantallita.

- Buenas noches. Cómo estás mi amor?

- Muy bien, pero ahora no puedo seguir hablando. Qué te parece si te llamo en cuando me sea posible?

- OK! Con quién estás? –Pregunta intrigado e inquieto.

- Con el doctor Valencia. –Espera la explosión, pero ésta tarda en llegar unos segundos debido al desconcierto de Armando.

- Daniel? Has salido a cenar con Daniel Valencia? –Vocifera de tal modo que casi no necesita el teléfono, pues le puede oír todo aquél que no esté sordo entre Caracas y Bogotá.

- Armando, dentro de un ratico te llamo y seguimos hablando, sí? –Intenta que Daniel no se dé cuenta del enfado de él.

- Pero tú... tú con ese tipo? Con el doctor Mortis, como le llamáis? No será que quiere seducirte para vengarse porque terminé con su hermana? –Los celos le corroen.

- No te preocupes, porque yo ahora soy toda una experta en ese tema con los altos ejecutivos. Chao, Armando.

- No pues! Igual lo pasas tan rico con él que me botas!

- No lo creo probable. Chao. –Lo dice suavemente, sonríe, y desconecta el teléfono porque sabe que insistirá.

Esto es lo único que la quedaba... aguantar sus reclamos después de la desagradable cena que la está dando el repelente Daniel Valencia, con sus repugnantes preguntas e insinuaciones sobre su vida sentimental... Ni más faltaba!

- Parece que está durando mucho el interés de su novio, pero conociendo su naturaleza infiel, yo que usted no confiaría mucho porque tres semanas solo y sin vigilancia... Seguro que ya le ha puesto los cachos. Tremendo sátiro!

- Doctor Valencia. –No le para bolas.- Ya ha quedado clara su intención al invitarme a esta cena, y creo que igualmente clara le habrá quedado mi respuesta: Ecomoda no dispone en este momento de efectivo para poder adelantarle esa cantidad. –Se levanta.

- Beatriz, no se vaya.

- No hay más que hablar. Le dejo estos billetes para que la cena no se le haga tan gravosa, pues en su situación actual...

Se gira, anda con rapidez hasta la puerta, y consciente de su nerviosismo, pone especial prudencia al conducir.

Llega a casa, se asoma a la habitación de sus padres para desearles buenas noches y va a su dormitorio.

Entonces, ya a solas, llama repetidas veces a Armando, pero no consigue hablar con él, porque enfadado al ver que ella había desconectado el móvil, ha apagado el suyo.





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Por la mañana le vuelve a llamar y el teléfono suena y suena... Está a punto de colgar cuando le oye.

- Aló!

- Armando, siento que estés molesto, pero no podía ni quería hablar delante de él.

- No tendrías que haberlo hecho si no hubieras aceptado su invitación. –Responde seco.

- Era una cena de negocios. Es un accionista de la empresa y quería hacer una petición a la presidenta de Ecomoda, así que como comprenderás, debía atenderle.

- Cada vez que te imagino cenando con él, se me revuelve el estómago, Betty. Fue desagradable contigo?

- Ya le conoces, pero al estar en público se cortó un poco. –Ni loca le cuenta las insinuaciones y alusiones que hizo.

- Me parece inconcebible que sabiendo el antagonismo y odio que nos tenemos, hayas transigido en cenar con él. Podrías haberle atendido en presidencia o en la sala de juntas. Lo lamento, Betty, pero me siento muy mal y prefiero no seguir hablando ahora, pues podría decirte algo que luego lamentaría.

- OK! Chao. –Contesta dura y fastidiada.

- Adiós. –Cuelga molesto.

No la llama en los dos días que quedan hasta su regreso, y ella tampoco lo hace.





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Al fin vuelve a Bogotá y entra en Ecomoda poco después de las nueve. Sale del ascensor sonriente porque poco a poco se le ha ido pasando el enfado, y se dirige a presidencia saludando a las secretarias.

- Don Armando, bienvenido. –Le dice Aura Mª.

- Gracias, está... –Señala al despacho.

- No, doctor.

- Cómo así? –Se vuelve sorprendido.

- Ha ido al banco de Montreal, pero ya no creo que tarde porque ha convocado una reunión a las diez.

- De acuerdo, Aura Mª. Voy a mi despacho, con el doctor Calderón, pero avíseme cuando llegue Betty.

- Sí, don Armando.

Va a la oficina que comparte con su hermano y charlan un rato poniéndose al día de sus vidas durante el mes que han estado sin verse. Luego pregunta:

- Mario, Daniel ha acudido a la empresa durante este mes más de lo acostumbrado.

- Pues vea que sí, y no sé el porqué.

Armando entorna los ojos y siente que vuelve el ogro, descuelga el teléfono y marca la extensión de Aura Mª.

- Sí, doctor?

- Llegó Betty ya?

- Aún no, pero no se preocupe que yo le digo.

- Gracias.

Se abren las puertas del elevador y al fin sale Betty que va hacia su secretaria.

- Alguna novedad?

- Sí, Betty. Ha llegado don Armando y está impaciente por verla. –Le hace un gesto.

- Pues dígale que ya llegué, y que puede venir si lo desea porque estoy en el despacho.

- Ahora mismo.

Va a presidencia y casi de inmediato acude él.

Llama a la puerta y entra sin esperar respuesta. La ve ligeramente apoyada, a medio sentar en la parte delantera de la mesa esperándole con los brazos cruzados, y avanza hasta ella.

- Así que has intimado tanto con Danielito que hasta te invita a cenar... –Con sonrisa ácida.

- No hagas reclamos, doctor Mendoza, que estás patinando. –Le advierte.

- Ni modo! Incluso durante todo el mes que he estado ausente, él ha frecuentado más que nunca Ecomoda y a su presidenta...

“Qué rico está tan celoso. Ayyys... Tan lindo!” Se dice Betty.

- Vamos, Armando, no intentes hacerme creer que sientes celos... bueno, tal vez por tu honor... porque sino te vas a sentir defraudado, pues el interés de Daniel Valencia por la presidenta interina es tan rastrero como todo él.

- Explícate que estoy muy interesado. –También se cruza de brazos y queda plantado delante de ella.

- Necesita plata. Hizo unas malas inversiones y me está insistiendo para que le haga un préstamo. Como la respuesta ha sido negativa todas las veces que vino a la empresa, creyó que en un ambiente más informal y distendido... cenando en un restaurante chic, yo me ablandaría.

- No pretendía nada... más?

- No. Acaso pensaste que querría hacerse cargo de la crianza, jardín de infancia, colegio, uniformes, ortodoncia, y gastos de universidad de tu hijo? –Pregunta sonriente con ironía.

- Betty, no te burles que lo he pasado muy mal. Ya me conoces, soy celoso de ti y sabes que me monto unas películas...

- Piensas que alguna vez podría cambiarte por él? Armando, tus defectos me gustan más que sus virtudes. –Pero viendo la satisfacción que denota su cara, agrega malintencionada y traviesa.- Todavía por otro...

Armando que estaba tan orgulloso de lo primero, entorna los ojos y se acerca a ella tomándola por la cintura.

- Dame todos los datos sobre como deberá ser ese otro y...

- Suéltame, por favor, estamos solos y no necesitamos aparentar un cariño que no hay.

“Ay, qué cruz, con la niña esta tan terca...!” Se dice él resignado.

- Calla esa linda boquita y dame un besico, que después de un mes sin ver a tu novio ya me lo merezco...

- Armando... –Sin fuerzas para rechazarle al sentir los brazos que primero la rodean y luego la estrechan.

- Shsss... Besa y calla.



CONTINUARÁ...




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Hola, chicas.

Celos, malditos celos... aunque se pone tan rico...

Betty se pregunta si podrá manejar a Armando para mantenerle a distancia, pero yo me pregunto si podrá resistir ella el encanto del papito y desear esa distancia.

Por mi parte, no la querría. Besos a todas y espero que os haya gustado.


 
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