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ALMA DE BOLERO. Capítulo XI

May 16 2005 at 4:54 PM
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Calipso  (no login)

 

- Eso es porque me quieres, cielo. Dímelo, por favor.

- Te... te... te quiero. –Tartamudea indecisa.

- Y yo a ti, mi amor. Tranquila que ya me quedo acá para dormir solito, y tan pronto como termine con el asunto de la decoración me vuelvo. Te prometo que estoy siendo muy juiciosito. Me crees?

- Sí, Armando y ven pronto, por favor. –Al fin su voz suena tierna.






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CAPÍTULO XI.- No va a caber en ningún bolero.




Betty hace por creerle porque reconoce que él nunca se habría molestado en llamar a Marcela para tranquilizar sus celos, así que lo considera buena señal.

Y eso unido a lo que oyó Berta, hace que mantenga la esperanza y el corazón ilusionado.





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A la vuelta, Armando va directamente a Ecomoda desde El Dorado, y se dirige a presidencia.

- Buenos días, Aura Mª, Betty está atendiendo a alguien?

- No, doctor, puede usted pasar, y bienvenido.

- Gracias. –Dice tocando con los nudillos y entrando.- Buenos días, mi amor, ya estoy aquí y no pienso volver a separarme de ti.

- Buenos días, Armando. Ya terminaste en Caracas? –Intentando ser agradable.

- Sí. Ya dejé todo bien encauzado.

Ha llegado hasta ella y se agacha para besarla en los labios, pero Betty le ofrece la cara. Se lo da sonriendo, y él también pone la mejilla indicando que le corresponda.

Ella se dispone a hacerlo cuando, con picardía, él gira la cabeza y el beso cae en sus labios.

- Así me gusta, cielo... –Risueño.

- Tramposo! –Sonríe a pesar de la broma.

- Es posible, pero como no me dejas elección... he oído decir que el hambre aguza el ingenio, y yo tengo mucha hambre de ti y de tus besos.

Le mira, y poco después comenta:

- Sólo quedan tres días.

- Yo sé, Betty, y se me van a hacer eternos. Hay algo pendiente? Algún cabo suelto que deba resolver?

- No. Ya todo está dispuesto. Tu madre y la mía se lo tomaron como algo personal y me han dado buenas palizas. Por las tardes venían a recogerme a las seis con el chófer y me llevaban de tiendas. –Habla muy animada de pronto.- A veces pensé que se habían vuelto locas. Unas compradoras compulsivas o algo así. Lo cierto es que han disfrutado tanto que en ocasiones me contagiaron su entusiasmo, y por momentos llegué a sentirme como una novia de verdad...

- Y lo eres, Betty. No te empeñes en negarlo. Aunque nuestras circunstancias hayan sido poco convencionales, nos han abocado a un final feliz.

- Bueno, yo... estoy dispuesta a ser amable y cordial contigo.

- Sugieres que me vas a dar una tregua? –Se frota las manos.

- Ya que hemos de convivir durante un tiempo, podemos hacérnoslo más agradable si nos comportamos con respeto y educación.

- Por mi parte, perfecto. Yo nunca he pensado hacer otra cosa. Te amo.

- Muy bien, pero aún tenemos que acordar las condiciones del pacto.

- ...? –Una ligera expresión de asombro se pinta en el semblante de él.

- Sí, Armando. He pensado que debemos negociar unas cláusulas.

- Para...? –Sigue descolocado.

- Para que sepamos a qué atenernos en nuestro matrimonio, y ninguno se vea defraudado... es aconsejable que todo figure por escrito.

Betty desea estar a su lado, hablar con él, captar toda su atención, y sobre la marcha inventa un juego para provocarle que a ella estimula emocionalmente, y a él inquieta.

- Eeeh... vamos a comer y me sigues contando. –La sugiere tomándola del brazo.

Betty mira el reloj.

- OK! Vamos.

- Qué te provoca?

- Ensaladita... pescado... comida mediterránea.

- Te llevaré a “El racó” y pediré un arroz...

Conduce entre mosqueado y divertido, y termina ganando la segunda opción.

“Qué me importa con tal de que firme en la línea de puntos? Se va a casar conmigo y voy a ganármela.”

Se detiene ante la puerta, echa las llaves al aparcacoches que acude solícito, la rodea delicadamente por la cintura y entran.

Les instalan en una mesa junto a un gran ventanal que da a un jardín y Armando la exhorta.

- Betty, te escucho.

- Bueno, pero es mejor que vayamos apuntando. –Mira alrededor buscando un papel.

Armando se levanta hasta un aparador para ver si hay servilletas de papel, pero sólo las ve de tela. El maître viene hacia él.

- Desea algo señor Mendoza?

- Sí, un papel. Una servilleta será suficiente.

- Ahora mismo se la traigo del bar. –Va por el encargo y Armando vuelve a la mesa.

Al momento viene un camarero con varias servilletas amarillas.

- Gracias. –Sonríe al joven y saca de su chaqueta un bolígrafo de oro que ofrece a Betty.

Cuidadosamente y en letra de imprenta porque escribir en ese tipo de papel no es fácil, estampa allá sus cláusulas.

1º.- Deseo que no me acoses.

2º.- Quiero una habitación para mí sola.

3º.- No debes celarme si me relaciono con otras personas.

4º.- Nos divorciaremos cuando nuestro hijo cumpla un año si surgen problemas insoportables de convivencia, o de fuerza mayor para alguno de los dos...

Vacila porque quiere preverlo todo, lo relee, y finalmente le tiende la servilleta muy seriecita.

Armando mira la lista por encima, como con suficiencia.

- Muy curioso... –Comenta fastidiado, conteniendo el mal humor que se le está poniendo.

Betty está segura de que no lo está tomando en serio, pero ya se convencerá de que sí porque ella va a seguir con la broma.

- Y qué sucede si yo no estoy de acuerdo con algo, o... con la totalidad? –Pregunta despacio mirándola fijamente a los ojos.- Será que tendré que aguantarme?

- Ni modo! Escribe tus condiciones y negociaremos. –Sonríe pasándole el bolígrafo.

- Eso ya me gusta más. –La guiña un ojo y se pone a escribir rápidamente pensando: “Ésta es la mía...”

A continuación de lo escrito por Betty, él añade:

1º.- De acuerdo en no acosar, pero SÍ a cortejarte con mimo y ternura...

2º.- Prefiero una sola habitación y cama, pero sólo transijo en lo segundo y te concedo camas gemelas.

3º.- Define “Relacionarme con otras personas”. Donde dice personas, debe leerse “hombres”? Porque si pretendes que sea un marido complaciente y mire a otro lado mientras te “relacionas” con alguno... te aviso que no soy nada tolerante, y si a mi esposa la provoca flirtear, sólo lo admitiré conmigo.

4º.- El divorcio es totalmente inviable, a no ser que quieras mandar a tu suegra a la tumba antes de tiempo. Un nuevo escándalo social en la familia y de esa magnitud... la mataría. Propongo hacernos grata la convivencia con amabilidad y cortesía, pues aunque según tú digas que no hay amor, yo sé que sí lo hay.

A continuación agrega tres cláusulas más.

5º.- Deseo gozar el placer de tu compañía en todas las presentaciones, eventos y actos sociales privados y profesionales a los que deba acudir.

6º.- Te pido que nos conduzcamos en público como un matrimonio bien avenido y ejemplar.

7º.- Consensuar todas las decisiones que haya que tomar con respecto a nuestro hijo.

Relee con atención lo que ha escrito y unos minutos más tarde la devuelve la servilleta satisfecho e impaciente por ver su reacción.

Ella lo lee con interés estudiándolo cuidadosamente, luego levanta los ojos encontrando los de él que la contemplan ilusionados y traviesos.

- Bueno, qué dices? –Pregunta inquieto.

- Aclárame a qué llamas “cortejar con mimo y ternura”. –Pregunta con mirada brillante.

- A ser cortés, galante, cariñoso... sin agobiar.

- Key! Los demás puntos me parecen coherentes y asumibles excepto la negativa al divorcio. Lo siento por tu madre, pero si la convivencia resulta imposible...

- No será así. –Sentencia.- Y ahora explícame eso de que no sea celoso si te relacionas con otros.

- Armando, yo no tengo intención de coquetear con nadie. Únicamente quiero que no me impidas conversar, tomar un café o salir a comer si me provoca. No voy a hacer nada, y menos aún ponerte en evidencia o avergonzarte. Sólo quiero que no me hagas escenas, ni me consideres de tu propiedad. Comprendes?

- Me esforzaré por conseguirlo. Trato hecho? -Él la tiende la mano.

- Sí. –Se acerca a él y le da un leve beso en los labios.

Luego se estrechan solemnemente las manos y estampan sus nombres y rúbricas en la servilleta.

Armando la entrega el contrato, y ella lo pliega cuidadosamente y guarda en el bolso diciendo para rematar la broma:

- Mi asesor jurídico querrá verlo. –La gusta la sorpresa que se refleja en el rostro de él, que casi se atraganta con un sorbo de vino.- Quizá quieras una copia...

- Eeeh... no es necesario. Confío en ti. –La dice con mirada burlona, pero en el fondo intrigado y dudando si ella lo dirá en serio.- Podemos encargar ya la comida? Es que yo tengo hambre y el maître se va a mosquear.

A partir de ese momento reina entre ellos el trato amable y distendido que los dos dicen desear.

Y cuando por la tarde salen de la empresa, pasean hablando de la boda y se despiden en la puerta de Betty con un dulce beso.





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Pero al día siguiente... un poco antes de la hora de salir, hace su gloriosa entrada en Ecomoda un bello espécimen de la raza humana. Un triplepapito que invita a suspirar, y eso es lo que hacen las secretarias al verle salir del ascensor.

Incapaces de reaccionar, todas se quedan en sus escritorios contemplándole.

Él se encamina divertido hasta la mesa de Aura Mª y ésta se levanta de golpe tirando de la superminifalda hacia abajo y del superescote hacia arriba.

- Buenas tardes, señor. En qué puedo ayudarle?

- Buenas tardes, señorita. Deseo ver a mi buena amiga Beatriz Pinzón.

- El de la foto... –Murmura Sandra.

- Qué dice, jirafa solterona? –Pregunta Patricia desde la mesa contigua.

- Cállese, peliteñida que no hablo con usted.

- A quién debo anunciar? –Pregunta al francés.

- A Michel Doinell.

- Ahora mismo la aviso. Siéntese donde guste, señor.

Sale disparada a presidencia y Michel se sienta cerca del elevador.

Entonces, Pattypat aprovecha el momento para acercarse y probar qué posibilidades tiene de enredarle para endosarle su persona y sus muchas deudas.

Le saluda, cruzan unas frases en las que demuestra su ignorancia y estupidez, da un par de golpes de melena, y al fin desiste al convencerse del nulo interés que ha despertado en el hombre, y regresa a su mesa convencida de que si no sabe apreciarla, ni valorarla, es que no la merece.





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Segundos después hacen su aparición los dos compadres, y Armando al ver al desconocido, piensa que puede ser algún cliente potencial interesado en las franquicias que desea más información.

Se acercan a saludarle, se presentan, y charlan con la mayor corrección y agrado hasta que Michel les revela que la razón de su visita es ver a Betty.

Entonces, Armando frunce el ceño automáticamente. “Y por qué tiene que venir este supergalán a ver a mi Betty?”

- En ese caso, monsieur Doinell, nosotros vamos a seguir con nuestro trabajo. Encantado de conocerle. –Consigue controlar su mal humor haciendo un gran esfuerzo por cumplir lo que firmó en el pacto.

- Igualmente doctor Mendoza... doctor Calderón...

- Adiós monsieur Doinell. –Se despide también Mario.

Estrechan las manos y ellos dos regresan al despacho que comparten.

- Tigre, cómo se espabiló su niña... Vaya buen tipo que se consiguió! –Comenta el verdugo sorprendidísimo por las amistades de Betty.

- Basta, Calderón, que le conozco y sé que va a empezar a echar leña al fuego. Y ya tengo suficiente conmigo mismo...

Mario se encoge de hombros y milagrosamente se calla al ver que no está el horno para bollos.

Mientras, Armando continúa rumiando donde puede Betty haber conocido y entablado amistad con ese francés.



CONTINUARÁ...




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Buenaaas...

Hoy Betty estaba juguetona, y le ha tomado el pelo al bello bobo proponiéndole un "pacto" con cláusulas leoninas, pero él le ha seguido el juego sin saber al fin si la situación era real o no.

Et Voilà! Ya llegó Michel. Qué sucederá ahora a tan poco tiempo de la boda? Se admiten apuestas.

Gracias por vuestros mensajes y besos para todas.

 
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