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ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo II

September 14 2006 at 4:10 PM
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Calipso  (no login)

 

Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla.

“Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.





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Capítulo II.- Tu empresa y tu familia te necesitan.



El sonido del teléfono le hace dar un respingo por lo inmerso que estaba en sus reflexiones.

- Aló!

- Armando, hijo, buenas noticias!

- Sí?

Al pronto se ilusiona su subconsciente pensando en Betty, pero comprende de inmediato que su padre no va a darle ningún mensaje de ella, y vuelve a su dureza anterior.

- Hemos recuperado la empresa...

- Y Beatriz? –Le interrumpe para preguntar por ella a su pesar.

- La doctora Pinzón recogió su liquidación esta mañana y se fue. Yo le sugerí que siguiera con nosotros, pero no quiso.

- Ya me imagino. Y ahora?

- Ahora voy a convocar, para dentro de una semana, una junta extraordinaria de accionistas y elegiremos presidente. Así que llama al aeropuerto, reserva pasaje y regresa a Bogotá.

- Mira, papá, yo...

- Tu empresa y tu familia te necesitan, así que pon fin a tus lamentaciones por tu amor perdido y vuelve.

- Papá! –Protesta sorprendido.

- Armando, a ver si te crees que me chupo el dedo. Si quieres recuperarla alguna vez, tendrás que demostrarle que cambiaste y eres un hombre nuevo.

- Y quién quiere recuperarla? –Con amargura.- Para que me siga rechazando y despreciando quién la necesita...?

- Comprendo que ahora estás dolido, pero llegará el momento en que querrás deslumbrarla para que acuda a ti... o para que vea lo que se ha perdido.

- No te conozco, papá.

- Yo también he sido joven, hijo. A ver si te crees que conseguir a tu madre fue tarea fácil.

- Así que vosotros también...

- También tuvimos nuestra historia, sí.

- Tienes que contármela. –Sonríe algo más animado.

- Ya veremos, jovencito.

- Bueno, admito que puedes tener razón, pero con respecto a la empresa ya sabes que Daniel siempre ha deseado...

- Ni me hables de Daniel. Ha tenido un problema muy grave en el ministerio, y en vez de reconocer su falta con humildad, y disculparse, ha reaccionado comportándose grosero y desconsiderado hasta con sus jefes. Imagino que como mínimo le trasladarán de negociado. No sé qué va a ser de este muchacho. Estoy muy desengañado con él.

- Pues yo no entiendo de qué te sorprendes porque Daniel siempre ha sido muy prepotente y maleducado, sobre todo con las personas que él considera inferiores. Recuerda como se ha portado siempre con Betty. –Al pronunciar su nombre se estremece.

- Por todo eso comprenderás que te necesitamos, hijo.

- Pero tú no me considerabas buen candidato a presidente y acertaste...

- Estoy seguro de que has aprendido la lección muy duramente. Lo sé y confío plenamente en ti.

Armando se queda sin palabras de la sorpresa y emoción.

- Hijo, por favor, perdona que haya antepuesto tantas veces a Daniel, pero afortunadamente ya ha caído la venda que cubría mis ojos.

- Está bien, papá. Volveré.





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A las diez de la mañana del día siguiente, Betty entra con toda puntualidad en la agencia de Cata.

Se presenta ante una secretaria, y tan pronto como anuncian su presencia es invitada a pasar al despacho.

Su amiga sale a recibirla hasta la puerta y disimula la impresión que le hace verla tan desmejorada.

- Betty, no se puede imaginar cuanto me alegro de verla y de pensar que va a trabajar en mi equipo.

- Sí, doña Catalina, yo también estoy muy feliz y espero no defraudarla.

- Ni más faltaba, Betty. Ya la conozco y sé que es una trabajadora eficiente y seria. Pero a mí me gustaría pedirle algo…

- Si está en mi mano cuente con ello, doña Catalina.

- Desde luego que usted puede hacerlo. Se trata de que me llame Cata, como hacen mis amigos.

- Pero doña Cat… yo… -Balbucea incómoda.

- Sí, Betty, usted es mi amiga, así que espero que me llame… -Calla animándola.

- Cata. Qué pena con usted… -Dice sonrojada.

- Bueno, pues ahora que hemos dado un paso fundamental en nuestras relaciones, vamos a hablar de otro asunto importante: el trabajo que va a desempeñar y su salario. Verá, yo he pensado que usted podrá ocuparse brillantemente de…

Hablan durante casi una hora, y la jefa concluye diciendo:

- Pero antes de empezar… Betty, tómese unos días de descanso, relájese, y vuelva con las pilas recargadas dentro de dos semanas. A principios del próximo mes.

- Pero, doña Cat…

- Ejem… -Frunce el ceño con falsa severidad.

- Perdón, Cata. Yo quiero incorporarme de inmediato.

- Comprendo, pero usted no ve lo estresada que está y yo sí. Haga caso a la “doctora Ángel” y descanse. Piense sólo en el mar, en Cartagena, en cosas agradables… y venga el día uno.

- Bueno, si usted lo cree necesario… seguiré su consejo. Yo sé que tiene razón y que me conviene hacer un alto entre Ecomoda y Agencia Ángel.

- Incluso puede irse fuera unos días. Me ha dicho que Roberto le ha dado una buena liquidación. Pues gaste algo en sí misma y váyase a ver el mar.

- Lo pensaré, doñ… -Sonríe y rectifica.- …Cata.

- Esto… se me está ocurriendo una idea…

- Sí?

- A ver qué le parece. Hace apenas un par de meses yo compré una casita en Cartagena. Váyase allí estas dos semanas, y llévese a sus padres si le provoca.

- Bueno, yo…

- Sí, Betty, no se lo piense. Yo le mando las llaves y la dirección esta tarde a su casa, y verá que descansada y relajada regresa.

- Yo no puedo aceptar. Creo que abusaría de su amabilidad…

- Vamos, no sea tímida!

- OK! –Respira hondo satisfecha de haber aceptado.

- Perfecto, amiga. Así me gusta. Luego le envío todo con un mensajero, y ya puede ir reservando vuelo.

- Infinitas gracias, C… Cata. Qué adecuado le queda el apellido!

- Ja, ja, ja! Pues debe saber que mis exmaridos no están de acuerdo con usted. Ja, ja, ja!





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Al llegar a casa va directamente a la cocina y le cuenta todo a su madre.

- Oh! Qué considerada es esa señora. Pues vea que me parece muy bien que haya decidido seguir su consejo, pero se va a ir usted solita.

- Cómo así, mamá? Ustedes…

- No sea ingenua, m´hija. Usted cree sinceramente que podría relajarse y descansar con el cansón de su padre al lado? Ni en Cartagena, ni en Tombuctú!

- Entonces… está segura…

- Completamente. Ande, váyase a comprar el pasaje.

- OK! Voy a la agencia de viajes que hay en la avenida.

- Bien, mamita. Ya verá cuanto bien le hace el descanso de esos días.

- Qué descanso? –Pregunta don Hermes llegando a la cocina.

- Yo me voy antes de que cierren. Mamá, cuéntele usted, sí?

La guiña un ojo a su estilo y sale de casa confiada en que su madre le sabe manejar, para que sea ella quien le diga que se va de Bogotá y no ponga demasiadas pegas.

Vuelve rato después con un billete de avión para el primer vuelo del día siguiente, y como su padre ya ha sido convencido por la buena de doña Julia de que su hija necesita unas vacaciones más que respirar, tienen una comida tranquila.





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El mensajero de Cata llega a media tarde.

- Buenas tardes, vive aquí Beatriz Pinzón?

- Soy yo.

- Vea, me envía doña Catalina Ángel para que le entregue estas llaves y este sobre. También me ha insistido en que le diga que la llave grande es de la cancela, y que hay que introducirla bien hasta el fondo y tantear el punto, porque sino…

- Entiendo. Gracias y déselas también a la señora Ángel. Adiós.

Está cerrando la puerta cuando empieza a sonar su celular.

- Aló?

- Betty, soy Aura Mª. Le viene bien que nos veamos esta tarde sobre las seis y media para tomar un tinto?

- Verá, es que mañana me voy unos días fuera de la ciudad y tengo que preparar el equipaje. Pero cuando regrese, yo la llamo, sí?

- Así que se va de vacaciones?

- Sí, unos días junto al mar.

- Pues disfrute, amiga, que se lo tiene bien merecido. Llámeme cuando vuelva y entonces nos vemos.

- Gracias, déles un beso a las muchachas y otro fuerte para usted.

- Igualmente y hasta pronto, Betty.

- Chao.





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El vuelo ha sido muy tranquilo, ha recogido su maleta sin ningún problema de la cinta sin fin y ha salido a la calle para tomar un taxi.

Éste se detiene rato después ante una pequeña casita y Betty se queda extasiada mirándola pues la encuentra encantadora.

Vuelve en sí al oír la voz del taxista.

- Son 5.000 pesos, señorita.

- Oh, sí, perdón! –Saca la cartera y paga.

- OK, señorita. Voy a sacar su equipaje del maletero.

Betty se apea, toma su maleta y se detiene de nuevo a mirar la edificación mientras el taxi se aleja.

- Ésta es mi casa por dos semanas.

Dice en voz baja, busca las llaves en el bolso y a continuación abre la cerradura de la pequeña verja que da paso a un acogedor jardincillo.

Todo él está lleno de plantas entre las que abundan las buganvillas y los geranios, y destacan varias esbeltas palmeras muy altas que elevan sus penachos de hojas hacia el cielo.

Echa a andar cruzando el jardín, y descubre en un lateral una pequeña piscina de atractiva agua azul celeste que la llama como una legendaria sirena.

- Ya te probaré… -La promete contenta.

Llega a la entrada de la casita, abre la puerta y entra directamente al salón.

Entonces suelta la maleta y de espaldas a la puerta se toma un tiempo para mirar a su alrededor estudiando el salón de su nueva vivienda.

La habitación es moderna, con pocos muebles muy coquetos pero sencillos: una alfombra de nudo de color natural, un sofá marrón con almohadones naranjas, una estantería con pocos libros muy bien seleccionados, una mesa acompañada de cuatro sillas, y una mesita con la TV en un rincón.

El techo es alto en esa estancia y llega hasta el tejado, y en una esquina hay una escalera de caracol que conduce arriba, a los dormitorios, que se ubican sobre las habitaciones del otro lado de la casa.

Del salón salen dos puertas que llevan a la cocina y a un baño, y un ventanal permite salir a una alegre terraza frente al mar.

La casa no es muy grande, pero sí alegre, acogedora y coqueta, con varios ventanales al jardín y al océano.

Asiente con la cabeza satisfecha, y a continuación sube la maleta al piso de arriba, elige dormitorio, coloca la ropa en el armario, y baja rápidamente para instalarse en una de las hamacas de la terraza con la sana intención de no hacer otra cosa que contemplar el mar durante un buen rato.

- Voy a empezar a relajarme ahora mismo.



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas. Lo que nos faltaba! Ahora que vuelve Armando, ella se va a Cartagena… Pero no os alborotéis que es por poco tiempo y en el fondo de sus corazones, los dos se aman.

Besos para todas.

 
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