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ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo V

October 5 2006 at 4:20 PM
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Calipso  (no login)

 

Sigue saliendo con Mario de cuando en cuando pero únicamente por no estar solo, pues esas noches de rumba ya no le satisfacen como antes y siempre se queda descontento e insatisfecho, esperando algo más.





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Capítulo V.- Yo no soy así.



Doña Margarita que le ve cada vez más apagado vuelve a la carga y le habla de Cuqui, la hija de su amiga Cuca.

- Escúchame, Armando, es una niña divina.

- Pero tú crees que yo necesito una niña, mamá? –La corta.

Don Roberto suelta una carcajada muy divertido.

- No, Armando, es una forma de hablar porque es una señorita de familia.

- De “señoritas de familia” ya he tenido suficiente. – Dice seco y cierra los ojos apretando los párpados.

- Cómo que ya has tenido suficiente? No entiendo. –Contesta don Roberto.

Pero doña Margarita sí sabe por donde van los tiros.

- No tiene importancia, papá. Cosas mías. –Responde dando un trago del vaso que sostiene en una mano y hundiéndose en el sillón.

- Bueno, pues lo que te decía, sus modales son excelentes porque ha ido a los mejores colegios y centros de estudio para señoritas.

- Seguro que ha pasado por la San Marino. –Recuerda a Pattypat.

- Pues sí, Cómo lo sabes?

- Me imaginé algo así, mamá. –Dice con paciencia.

- Es dulce, inocente, encantadora, delicada…

- Remilgada, cursi, sosa, insustancial, necia, caprichosa, estúpida… -Armando sigue la enumeración de virtudes de su madre en plan sarcástico.

- No te niegues a conocerla, hijo. No la rechaces sin dar ocasión de mostrar sus excelencias.

- Mamá, a ver si te enteras de una vez: la única virtuosa que me ha interesado no quiso perdonar mi error y volver a confiar en mí. Me condenó de por vida, así que no quiero volver a tener nada que ver con una mujer “virtuosa”. Las prefiero descocadas… de las que no están convencidas de su perfección porque saben que no son buenas aunque estén muy buenas…

- Armando, qué cosas dices… Sigo sin entender a cuenta de qué dices eso. Dónde me perdí? –

Don Roberto sigue descolocado mas ninguno le explica.

- Bueno, yo voy a llamar a Cuca para que pregunte a su niña si quiere acompañarte al evento de la próxima semana. Ése de “Moda de Colombia”.

Armando mira al techo con desesperación mientras su padre ríe para sus adentros y comenta:

- Cuídate, hijo, que a la primera muestra de debilidad te ves comprometido de nuevo.

- Mamá, saldré esa única vez con ella para que te quedes tranquila y me dejes en paz, pero es la última vez que me buscas pareja, oíste? Última vez que me organizas mi vida, ah?

- Sí, hijo, lo prometo pero dale una oportunidad a Cuqui.






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- Doña Catali… Ay, lo que me cuesta llamarla Cata! Vea, es que yo no quiero ir a ese evento.

- Mire, Betty, es una de las pocas veces que vamos invitadas en lugar de cómo organizadoras, así que vamos a disfrutar.

- Sí, sí, disfrutar. Como que voy a ir tan relajada sabiendo que con toda seguridad asistirá don Armando.

- Y puede apostar que bien acompañado. Pero nosotras también iremos muy bien acompañadas, no lo olvide.

- Es que no quiero volver a verle…

- Tiene que vencer ese pánico y afrontarle. Si le ve, le saluda y en paz. Es agua pasada.

- Ese es el problema, Cata. Empiezo a pensar que Armando Mendoza nunca será “agua pasada” para mí.

- Ya lo sé, pero él no debe sospecharlo jamás. Así que usted estará bien erguida cuando le mire, y sonriendo a Michel arrobadita cuando él la mire a usted.

- Qué noche me espera… -Se lamenta Betty.

- Una muy especial. –Cata mira el reloj.- Vámonos ya al salón de belleza y recuerde que a las ocho en punto pasaremos por su casa para recogerla Michel, mi amigo Álvaro y yo.






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Apenas faltan unos pocos minutos para las ocho y Betty ya está vestida y dispuesta en la salita.

- Disfrute de la fiesta, m´hija, que siempre está trabajando.

- Está muy linda, Betty, aunque el vestidito… en fin, comprendo que va a un evento. Pero eso sí, recuerde que el diablo es puerco y tenga cuidado con los “pulpos manoslargas”.

- Que sí, papá, ya soy mayorcita. Además quédense tranquilos porque voy bien escoltada por doña Catalina y sus amigos.

- Qué amigos son, Bettyca?

- Uno es Michel. Ustedes le conocen

- El francés de Cartagena? –Pregunta don Hermes recordando.

- El mismo.

- Parecía un caballero.

- Lo es. Y el otro es un buen amigo de mi jefa que no conozco.

- Mamita, y en esa fiesta estará… el doctor? –Se interesa doña Julia con temor.

- No sé, mamá, pero es posible. –Baja los ojos.

- El doctorcito? A ése ni se acerque! –Exclama despectivo el padre recordando cuando fue a la casa reclamando que Betty se había quedado con su empresa.

- Papá, yo no sé si va a ir, pero si va… seguro que no estará solo. Y como yo tampoco lo estaré, quédese bien tranquilo.

En ese momento se oye el motor de un coche que se detiene ante la casa y Betty se asoma retirando el visillo de la ventana.

- Son ellos, así que me voy. Adiós.

Toma el bolso y el chal y se dirige a la puerta.

- Adiós, hija, y sea juiciosita.

- Páselo rico, Bettyca.

- Gracias y chao. –Sale al pequeño jardín delantero y llega al auto.

Allá está Michel que le abre la puerta, y una vez dentro saluda sonriente.

Entonces Cata le presenta a su amigo Álvaro que resulta ser un gran representante del género masculino, pues además de guapo y buen tipo es muy simpático.






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Llegan al hotel donde se celebra el evento y muestran sus invitaciones al pasar al salón principal, en cuya entrada luce un gran cartel: “Bienvenidos a ModaColombia”.

De momento buscan sus asientos y esperan a que empiece el desfile en el que participan todas las principales empresas, pues participa una creación de cada firma a modo de muestra y colaboración.

Disfrutan mucho con el espectáculo, y cuando termina, comienza el cóctel.

Inmediatamente se acerca un camarero para ofrecerles las bebidas que porta en su bandeja y cada uno toma un vaso.

Betty duda ente dos, y pregunta.

- El jugo de mora va solo o con alcohol?

- No, señorita. Los vasos altos sólo tienen zumo.

- Gracias. –Toma uno alto y estrecho y se vuelve hacia el grupo.

Charlan entre ellos, saludan a conocidos, y poco a poco Betty consigue relajarse pues ha mirado aquí y allá buscándole y no le ha visto.







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Pero Armando sí está allí y finalmente ha llevado a Cuqui aunque no demuestra mucho entusiasmo por ella. Mas la inocente niñita está encantada de la compañía y le acaricia ligeramente de vez en cuando.

Armando ha considerado la posibilidad de retirarle la mano, pero como en definitiva a nadie amarga un dulce y él está muy necesitado de afecto… se deja querer.

Y en uno de esos momentos de sobo le descubre Betty, envarándose instintivamente en brazos de Michel mientras bailan.

- Poco más y le mete mano… -Rezonga sin poderse contener.

- Cómo dice, Betty? No entendí.

- No, nada importante. –Le sonríe levemente.- Es que vi a alguien conocido.

- Quiere ir a saludarle? La acompaño. –Se ofrece solícito.

- Ni modo! Sigamos bailando, por favor.

Armando también la descubre entonces, y quita de inmediato la mano de Cuqui que se le colaba entre la chaqueta y la camisa murmurando rojo de rabia.

- Así que bien pegadica al franchute de los…

Pero su compañera sólo ha oído la primera parte y contesta:

- Pues eres tú quien me has quitado la mano, y de momento es lo más pegadica que puedo estar sin armar un escándalo.

Armando vuelve a la Tierra al oírla.

- No, Cuqui, no te decía eso. –Le aclara.

- Si quieres, luego nos vamos solitos por ahí…

La mira de hito en hito pensando.

“Ésta es la niña divina… la señorita de familia que me recomienda mi mamá para formar una familia? Pues no me extrañaría que ya hubiera catado a todos los hombres de Bogotá adecuados a ella por edad y status…”

Pero decide aprovechar la inestimable compañía de Cuqui y valiéndose del manoseo poner a Betty los dientes largos, si es posible.

Pasa un brazo por la cintura de la muchacha y dice:

- Vamos a bailar.

La otra levanta de inmediato los brazos colgándose de su cuello y se le adhiere al cuerpo.

- Así de pegadica estoy bien?

- Eeee… yo diría que para que podamos mover los pies, tendrás que separarte un poco, sí?

- Ah, entonces es que dijiste en serio lo de bailar? –Bromea y suelta una risita muy poco inocente.

- Pues, sí, tengo intención de dar vueltas por la pista… –Responde Armando con sorna, y añade.- …por la zona donde está aquella pareja. Ella es morena, delgada, con unos ojos negros, grandes y muy dulces.

- Muy dulces… -Cuqui le mira despacio.- Tremenda vista tienes si puedes apreciar eso desde aquí, Armando.

Llegan bailando hasta cerca de ellos, y Betty y Armando se observan subrepticiamente.

Pero únicamente consiguen que a él le lleven los demonios por verla entre los brazos de Michel, y que ella esté que echa las muelas al ver las carantoñas que le prodiga la buena de Cuqui y lo que parecen satisfacerle.

Un par de canciones después dejan de bailar y de mortificarse mutuamente, la velada sigue transcurriendo lenta y agónica para ellos dos, y llega a su culmen cuando sin buscarlo, coinciden a solas en el buffet.

- Buenas noches, Beatriz. –Habla seco y tirante.- Ya veo que se está divirtiendo mucho con Monsieur Doinell…

- No me confunda con la manoslargas de su amiga, doctor. –Le responde muy digna.

- Descuide, doctora, eso sería de todo punto imposible.

- … -Betty calla sin saber qué decir.

- Ella es una muchacha fácil, sí, pero dulce, cariñosa y deseosa de complacerme… -Hace una pausa estratégica.- …usted en cambio es dura como el pedernal, áspera como la lija, de corazón tan rencoroso que sus ojos me asesinan cada vez que caen sobre mí… y en vez de complacerme desea herirme. Cómo podría confundirla?

- Yo no soy así. –Betty, conmovida, murmura suave.

- Será entonces que yo he tenido la mala fortuna de conocer la cara más amarga de su personalidad?

Entonces Betty reacciona y le espeta:

- Hasta donde yo sé usted conoció la cara ingenua, dulce y bondadosa que es mi forma natural de ser y de proceder, pero cuando usted me traicionó… se burló de mí… me hizo pedazos… la ingenuidad, la bondad y la dulzura dejaron de existir en mí en todo lo que a usted respecta.

- Yo sé que tengo todo eso bien merecido, pero usted olvida tener en cuenta mi arrepentimiento. Cuántas veces le pedí perdón? Cuántas le juré que la amaba porque todo cambió en el camino? Cuántas le pedí una oportunidad para demostrarle que había cambiado y era un hombre nuevo? –Hace una pausa mirándola a los ojos desde muy cerca y añade dolido.- Y usted siempre me apartó como a un apestado…

Quedan muy cerca con los ojos del uno clavados en los del otro cuando…

- Armando, tardas tanto que me aburro. –Cuqui se lamenta con voz caprichosa llegando hasta ellos.

Él pone cara de fastidio por la interrupción.

- Ahí tiene a su “mamita”. Hombre nuevo…?

Betty agradece que se haya roto el hechizo y se aleja dejando planteada en el aire la duda sobre su cambio.



CONTINUARÁ…





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Bueno, m´hijas, ya veis que están duros de roer los dos, pero yo no pierdo la esperanza porque según dicen “a la tercera va la vencida…” así que igual en el próximo encuentro…

Besos.

 
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