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A FUEGO LENTO.- Capítulo XI

June 13 2008 at 4:42 PM
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Calipso  (no login)

 


- M´hija, ha estado un poco seca con don Armando.

- Yo sé… -Se justifica.- …pero es que he dormido poco y ya sabe que eso me pone de muy mal humor.

- Pues tendrá que disculparse mañana, porque su jefe es un caballero encantador y no tiene la culpa de su mal despertar. –La reconviene doña Julia.

- Sí, mamá, no se preocupe.

Con un poco de suerte no llegará a enterarse nunca del motivo de su animosidad hacia Armando, de modo que no va a dar más explicaciones.





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Capítulo XI.- Y usted qué desearía?



Al día siguiente madruga para llegar antes que de costumbre con el fin de evitar a sus amigas y recluirse en la cueva porque sabe que la preguntarán por las vacaciones y prefiere retrasarlo lo más que pueda.

Armando también llega pronto, y al ver luz por debajo de la puerta del hueco se dirige allí.

- Buenos días, Betty. Qué tal el vuelo?

- Bien, gracias.

- Se encuentra bien o tiene algún tipo de molestia?

- Doctor, no entiendo mucho pero creo que es demasiado pronto para tener trastornos. –Contesta con brusquedad.

- Perdone, yo tampoco sé nada de este tema. –Se sienta en una de las sillas que están ante la mesa.- Betty, yo quiero tener buena sintonía con usted. Créame que siento mucho lo que sucedió y tenga la seguridad de que no voy a desentenderme si hubiese ocurrido lo que ninguno de los dos deseamos, pero ya es inevitable y sólo nos queda esperar. Sabe aproximadamente cuándo saldremos de dudas?

- Dentro de unas semanas, creo.

- Varias semanas, ok! Qué le parece si mientras esperamos, actuamos como si no hubiera pasado nada?

- Es que sí ha pasado, doctor.

- Lo que ha pasado es que hemos hecho el amor sintiéndolo de verdad, y ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida porque estoy enamorado de usted. -Ya ha empezado a creérselo a pesar de que Mario no le anima desde hace varios días.- No me diga que para usted no fue muy especial hasta que…

- Fue algo que nunca debió ocurrir. –Dice bajando la cabeza.

- Fue maravilloso. Reconózcalo.

Ella guarda silencio y él insiste.

- Betty, dígame si usted también sintió algo muy tierno, mágico y extraordinario junto a mí, por favor. –Pide con dulzura.

Le mira a los ojos una décima de segundo y, mientras enrojece, contesta un rápido:

- Sí.

- Estaba seguro y me alegro. –Satisfecho.- Firmemos la paz, olvidemos de momento el “accidente” y esperemos tranquilos hasta que podamos saber si ha habido consecuencias. Sí?

- Lo de “tranquilamente” sirve para usted, porque yo me siento en la cuerda floja y mis nervios están en un estado calamitoso. Sin embargo, entiendo que lo que usted sugiere es lo más sensato que podemos hacer por el momento.

- De acuerdo entonces, Betty. –Le tiende la mano.

- OK, doctor. –Se la estrecha.

Armando se levanta, la acaricia la mejilla levemente con un dedo y la anima.

- Todo va a salir bien. Confíe en mí.

“Confíe en mí… confíe en mí… mejor me habría ido si no hubiera confiado y hubiese seguido manteniéndole a una prudente distancia…”

Se dice ella viéndole salir del despachito.






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Durante la comida en El Corrientazo Betty cuenta a sus amigas su viaje con todo lujo de detalles. Todo menos lo más importante: su encuentro más que amistoso con Armando.

- Así que estaba comiendo con su mamá cuando apareció el doctor ante sus ojos… -Comenta Sandra.

- Así, de pronto… -Mariana se queda pensativa.

- Oiga, Betty, y con todos los sitios que hay para pasar un fin de semana… por qué don Armando se fue a donde estaba usted? –Inquiere Berta con tremenda curiosidad.

- Cómo voy a saberlo? –Contesta ella agobiada por la preguntadera.

- Habrá sido una coincidencia. –Sugiere Inesita.

- Demasiada casualidad! –Apunta Sofía.- Don Armando podía haber ido de fin de semana a Santa Marta, pero ir a parar al mismo hotel… yo no creo que eso fuese casual.

- Fresca, m´hija, tiene razón Sofía. –Sentencia Aura Mª.- Y el doctor no le dijo algo?

- No, Aura Mª. –Contesta Betty con la cara metida prácticamente en el plato.

- No será que don Armando quiere algo de usted? –Pregunta Berta que no ha quedado conforme.

- Y qué va a querer de mí? –Contesta angustiada por el cariz que va tomando la conversación.

Mariana observa cuidadosamente y guarda silencio, pero toma nota mental de echar las cartas a esos dos esa misma noche, porque está segura de que hay “gato encerrado”.

- Bueno, m´hijas, ya está bien de chismoseo y van a dejar en paz a esta criatura porque le va a sentar mal la comida.

Inesita da por concluido el interrogatorio y las demás obedecen reconociendo que casi están acosando a su amiga.





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Durante los siguientes días Armando sigue muy pendiente de ella, y la invita a comer, y a llevarla y traerla en su coche, pero ella se niega y él sólo consigue que acepte llevarla de regreso a casa por las tardes, aduciendo que al final del día tiene que estar muy cansada, e insiste tanto que al final no la queda otra que acceder.

- Qué terca es, Betty. Lo que me ha costado convencerla para que me permita traerla a casa.

- Y sigo sin estar convencida, pero ya me callé porque estaba más cansada de discutir que de trabajar.

Miente por no dar el brazo a torcer, pues en el fondo la agrada que él esté tan pendiente de ella.





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Una de esas tardes…

- Betty, me gustaría hablar con usted de un asunto. Puedo invitarla a tomar un jugo de moras?

- Y de qué quiere hablar? Porque si es para preguntarme si ya sé algo, le informo ahora mismo que no ha habido ninguna variación.

- No, Betty, ya sé que aún es pronto para saberlo. Verá, si no quiere el jugo por lo menos podemos hablar en el coche, camino de su casa, sí?

- Sí, mejor así.

Suben al auto y ya llevan rato circulando por las calles de la ciudad cuando Armando se decide a plantear la pregunta que le ronda por la cabeza desde que hicieron el amor.

- Vea, yo quiero preguntarle algo, pero no se lo tome a mal porque no tengo la menor intención de molestarla. En absoluto.

- Usted dirá.

Se imagina por donde va, y ya estaba extrañada de que no se lo hubiese planteado antes.

Armando ve una larga fila de aparcamientos vacíos y emboca hacia allí el coche hasta detenerlo. Entonces se libera del cinturón de seguridad y se vuelve hacia ella.

- Yo no sé porqué me había hecho la idea de que cuando hicimos el amor en Santa Marta sería su primera vez y… me sorprendió que usted ya no fuera… en fin…

- Que no fuera virgen. –Le ayuda a terminar.

- Eso es. Yo sé que no soy quien para preguntarle puesto que yo tampoco lo era, y comprendo que no debió extrañarme puesto que usted tuvo novio, pero…

- Efectivamente usted no es quien para pedirme explicaciones.

- Y no se las pido, Betty. Yo… yo ni siquiera sé lo que quiero, pero me interesa mucho todo lo que le afecte. Hasta creo que son celos…

- Don Armando, sospecho que lo que realmente le preocupa es saber si hay alguna posibilidad de que usted no fuese el padre en el caso de que se hubiese producido un no deseado embarazo. –Le dice con toda franqueza.

- Qué aguda es, Betty. Sí, creo que también necesito saber eso.

- Y usted qué desearía? –Con curiosidad.

- Prefiero que no haya embarazo, pero si lo hay quiero ser yo el padre. –No sabe de donde sale ese deseo pero es la verdad.

- Pues le aseguro que así sería porque no hay ningún otro candidato.

- No se arregló con su novio?

- No, aquello terminó definitivamente hace meses.

- Entonces, él no podrá pensar en ningún caso que es hijo suyo?

- Es de todo punto imposible ya que él y yo nunca tuvimos relaciones.

- Ah! –Armando se queda perplejo y la mira con ojos y boca bien abiertos.

- Yo sólo he tenido relaciones dos veces en mi vida. Una que usted ya sabe hace un par de semanas, y otra hace varios años que fue un desastre.

- OK, Betty! No tiene porqué seguir si no le agrada recordarlo y hablar de ello, pero dígame sólo si fue un desastre porque la forzaron. –Sinceramente preocupado.

- Oh, no! Afortunadamente no. Lo que sucedió es que un muchacho del que yo estaba ingenuamente enamorada demostró interés por mí. Salimos por ahí varias veces y una tarde acabamos en su casa… -Calla recordando.- …fue desagradable… casi sórdido. Me desenamoré de inmediato pero ya era tarde.

- No fue cariñoso.

- No. Y además unos días después supe que su interés por mí había sido fingido, y únicamente con el fin de ganar una apuesta. Fue mi verdugo y yo fui un muerto viviente durante tiempo y tiempo.

- Betty…

Se siente dolido al imaginar su sufrimiento, y totalmente desconcertado piensa en como empezó él también con sus maniobras de seducción de Betty ante las exigencias de Calderón… en ese plan siniestro que ideó su hermano y al que ella se había resistido durante meses, hasta que finalmente cayó en sus brazos en Santa Marta.

“Ahora se ha repetido la historia y yo he sido la mano cruel del destino, pero no voy a ser su segundo verdugo, ni modo!

Yo realmente siento por ella aunque no sé exactamente con cuanta intensidad. No sé si es simple cariño o amor profundo, pero no voy a decírselo y permitir que sufra una segunda decepción porque es una persona extraordinaria que no se lo merece.

No, nunca se enterará de la intención con que me acerqué por primera vez a ella.”


- Lo que ha oído. Se burlaron de mí por ser fea.

- Si pillo a ese tipo lo despedazo. –Lo dice con sincera rabia y a continuación, con gran ternura la abraza y besa el pelo.- No sabe como siento que le hicieran esa canallada.

- Gracias, doctor. –Betty agradece el consuelo y la calidez de Armando, con lo que disminuye considerablemente su nivel de enfado para con él.

Luego emprenden el trayecto, la deja en su casa y él se va al apartamento rumiando incómodo todo lo que Betty le ha revelado.






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Pasa una semana más y Betty empieza a mosquearse porque la tan esperada regla no llega y Armando le pregunta todos los días poniéndola más nerviosa de lo que está por sí misma.

- Betty, qué podemos hacer?

- Esperar unos días más. –Contesta inquieta.- Ahora mejor me concentro en el trabajo porque si no…

- Esperar… esperar… algo podremos hacer! Yo recuerdo que mi hermana compró un test de embarazo en una farmacia y supo de inmediato que mi sobrino Robertito venía de camino.

- Ya sé que existen esos tests, pero yo todavía tengo esperanzas.

- Y eso? No me dijo que lo sabríamos en tres semanas?

- Aproximadamente. Es que yo… ay, qué pena con usted! –Se ruboriza.

- Usted qué? Pasa algo malo? –Preocupado.

- No, pero es que soy un poco irregular en mis ciclos, por eso pienso que esto aún es posible que sea un simple retraso.

- Comprendo. Esperaremos entonces.





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Pero esa esperanza se va disolviendo como un azucarillo en un vaso de agua, porque según pasan los días y no llega lo que espera, cada vez está más angustiada aún siendo consciente de que puede estar influyendo en su organismo con la ansiedad que siente.

Finalmente, después de un tiempo más que razonable de “retraso”, compra un test de embarazo en una farmacia alejada de su casa y lo hace.

PLIN! Embarazo.

- Si es que soy única! Para una vez que me desmando se lo comunico al mundo con una barriga. Lo que no me pase a mí…

- M´hija, está hablando sola? –Pregunta doña Julia entrando a la habitación.

- Sí, mamá, mi cabeza se ha trastornado.

- Bettyca, qué le sucede? –Preocupada.- No se encuentra bien? Le ocurre algo? O acaso es algún asunto de trabajo?

Betty mira a la pared de enfrente esforzándose por controlar las lágrimas que pugnan por salir y se dice: “a lo hecho, pecho”. Mira a su madre que está al borde del síncope y anuncia balanceando el test en una mano:

- Mamá, estoy embarazada.

- Cómo dice, mamita? –Naturalmente piensa que ha entendido mal.- Ha dicho cansada? Agotada?

- He dicho que voy a tener un bebé. –Contesta mansamente.

- Embarazada… -La buena mujer se sienta en la cama de su hija.- Pero cómo es posible si usted no…

- De una única vez que… -Rompe a llorar.

- Y quién es él? –Siente latidos en las sienes y la habitación da vueltas a su alrededor.

- Alguien que a usted le cae muy simpático… ése del que usted dizque es un perfecto caballero… Pues esa maravilla de hombre ha dejado embarazada a su hija. Qué le parece ahora?



CONTINUARÁ…





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Bueno, chicas, se confirmaron los temores de Betty y lo mismo hemos influido porque como casi todas teníamos ganas de que sucediese…

Ahora veremos como reaccionan nuestra parejita ante la noticia. A Betty no parece que le haya hecho mucha gracia. Pero, y Armando? Se alegrará o se sentirá obligado a cumplir como un caballero?

Qué opináis? Besos.



 
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