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A FUEGO LENTO.- Capítulo XVIII

September 5 2008 at 4:13 PM
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Calipso  (no login)

 


Trabajan codo con codo durante el resto de la semana, Nicolás aprende rápidamente en qué consiste su cometido y lo hace tan bien como Betty, con lo que Carrasco da su conformidad.

Entonces él entra a formar parte de la plantilla mientras que Betty se desvincula de la cadena hotelera para volver a casa.






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Capítulo XVIII.- Amiga, ese bebé es del cabezón?




La última noche que pasan los dos en Cartagena van a cenar fuera para celebrar el primer empleo de Nicolás y el regreso de Betty a Bogotá.

Ya están por los postres cuando…

- Betty, ese bebé que espera es del cabezón, sí?

- Cómo dice? –Casi se atraganta por la sorpresa ya que no creía que su amigo supiera nada del embarazo.

- Que empieza a notársele, amiga.

- Seguro que usted tiene tanta experiencia como para advertirlo…? –Pregunta suspicaz.

- Bueno, más bien es que oí hablar a su mamá y a la mía. –Confiesa con una sonrisa aunque preocupado.- Se pasó de listo con usted?

- No, no tuvo culpa. Fue… un accidente.

- Un accidente ese niño de papá? –Escéptico.

- Sí, Nicolás, ocurrió algo con lo que no contábamos ni él ni yo. Un imponderable.

- No me diga más. Se les rompió.

- Sí, y deje ya el tema. –Corta avergonzada de hablar con él de ese asunto.

- Pero, Betty, usted sabe que ese tipo de hombres no son de fiar.

- Don Armando es buena persona.

- Es un aprovechado y un sinvergüenza que siempre ha utilizado a las mujeres. Las considera de usar y tirar.

- Ha cambiado. –Insiste.

De pronto es consciente de que le está defendiendo a pesar de no estar convencida de lo que dice, pero la molesta mucho que Nicolás le ataque.

- Betty, esos tipejos no cambian nunca. No será tan ingenua como para pensar que se va a casar con usted?

- Pues vea que ya me lo ha pedido. –Replica satisfecha de poder hacerlo.

- Cómo ha dicho? –Cree que ha oído mal.

- Lo que ha oído.

La mira perplejo.

- Y usted qué le ha contestado?

- Todavía me lo estoy pensando. –Contesta evasiva.

- Menos mal! –Exclama.- No se le ocurra aceptar si no quiere ser infeliz toda la vida.

- Aún no sé qué le diré, pero creo que usted está equivocado y sí podría ser feliz con él.

Nicolás, con su actitud contraria a Armando, está siendo un revulsivo para Betty que le defiende de corazón.

- Ya sé que está enamorada, pero no pierda su agudeza y capacidad de discernir.

- Comprendo que está preocupado por mí, que lo dice para protegerme… y se lo agradezco, pero no soy una incauta.

- Betty, no quiero que la historia se repita y acabe destrozada como cuando Miguel. Entonces me vi muy apurado para recomponer todos sus pedazos.

- Eso no sucederá porque Armando es…

- Sí, ya sé! –La interrumpe.- Es la octava maravilla del mundo, no me diga más. Ay, Betty, cuídese, sí?

- Se lo prometo, amigo, no tema. –Le tranquiliza.

Pagan a medias como buenos amigos, vuelven al hotel a dormir, y a la mañana siguiente Nicolás se incorpora a su puesto de trabajo y Betty va al aeropuerto de regreso a su lugar.






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No ha avisado que vuelve así que no espera que nadie haya ido a buscarla, pero al aterrizar en El Dorado se lleva tremenda sorpresa al encontrarse ante ella al mismísimo Armando.

- Betty, mi vida! –Le da un abrazo de oso.- Qué alegría tenerla acá para siempre.

- Usted? Cómo se enteró?

- Bueno, ésa fue toda una hazaña. Ahora le cuento, pero lo primero es lo primero.

La atrae de nuevo, ahora con delicadeza y la da un beso largo, dulce y devastador.

- Doctor… -Acierta a decir aún apoyada en él porque las rodillas no la mantienen en pie.

- Llámeme por mi nombre, por favor. Todavía no cree que es lo más preciado para mí? Mi único y gran amor?

- Bueno, yo…

- Dígame que sí, Betty… -Implora.- Diga que me cree aunque sea para darme contentillo…

- Le creo un poquitico. –Cede compadecida y también divertida.

- Bien! –Le da un piquito, toma su maleta y echa a andar tomándola de la cintura.- Es que la he llamado al móvil, pero como daba “apagado o fuera de cobertura”, llamé a su trabajo, y quién cree que me contestó?

- Nicolás. –Aventura.

- Justo, y no vea la charla que me soltó!

- Cómo así? –Le entra pavor de pensar lo que Nicolás haya podido decir a Armando.- Qué le dijo?

- Que a ver cuáles son mis intenciones para con usted, y que no piense que usted y su mamá están solas en el mundo, porque si les hago sufrir me las veré con él.

- Vaya, lo siento. –Un poco abochornada.

- Pues no lo sienta porque, lejos de disgustarme, me ha agradado saber que además de mí hay alguien más que les protege y cuida.

- Pero si tenía celos de él…

- Pues ya no.

- Vaya, me alegro, pero dígame porqué.

- Porque me convenció de que ustedes son los mejores hermanos desde que se adoptaron mutuamente a los siete años, en segundo de primaria. Entonces yo también le expliqué lo que siento por usted, y… -Hace una pausa y añade satisfecho.- …me autorizó a cortejarla.

- Que Nicolás…?

- Como lo oye.

- Así que decidieron por mí a mis espaldas. –Tuerce el morrito aparentando estar molesta aunque no es así.

- Pero es que la queremos. Cada uno a su modo, ni más faltaba! Pero la queremos.

- Bueno, es una satisfacción que hayan firmado la paz.

Nota el brazo protector en torno a su cintura y descubre que le basta estar con él para sentirse feliz.

- Betty, me concedería un favor?

- Diga cual y veré. –Intrigada.

- Me gustaría que aceptase tutearnos. Le provoca?

- No sé si sería adecuado. Nosotros…

- Nos sobran razones y la principal es el cariño que nos tenemos, sí?

- Bueno, si usted cree…

- Lo creo. –Armando zanja el asunto.

Suben al coche y se dirigen a casa de Betty. Hablan poco, pero se miran a menudo y sonríen dichosos de estar juntos.

- Has avisado a tu mamá de que venías?

- No, pensé darle una sorpresa.






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Y vaya si se la lleva la buena señora.

- Bettyca, m´hija, qué alegría! –Se abrazan con fuerza.- Cuándo tiene que volver a irse?

- He venido para quedarme, mamá. Nicolás se ha quedado en mi puesto.

- Ay, qué bien! –Vuelve a abrazarla.- Pues me alegro de que al fin tenga trabajo el muchacho. Lo que siento es que doña Eugenia va a estar muy solita. Tendré que visitarla con frecuencia.

- Me parece bien. Además, cuando cierre la panadería por vacaciones podrá ir a conocer el mar. –La anima Betty.- De todos modos Nicolás vendrá algunos fines de semana.

- Aún así le haré compañía a ratos. –Afirma doña Julia y cambia de tema.- Me alegra mucho que ya esté de nuevo en casa. Cómo se encuentra?

- Muy bien, mamá.

- Cuándo le toca revisión?

- La próxima semana.

- Conocen algún ginecólogo? –Interviene Armando.

- No, porque yo dejé de ir hace años, cuando se jubiló el mío y no me provocó conocer otro nuevo.

- Pues si Betty quiere le pido hora con el de mi madre. Es muy bueno.

- Y también será muy caro. –Añade Betty.

- Es mi hijo y correré yo con los gastos. –Responde rápido Armando.

- Pero…

- No hay “peros”. –La interrumpe suavemente pero con firmeza.- Es mi responsabilidad.

- Mamita, a mí me parece bien que esté atendida por el mejor doctor, y don Armando tiene razón al recordarle que también es su hijo.

- Entiendo, pero si voy a ese ginecólogo, inmediatamente se sabrá que va a ser padre por todo su círculo de conocidos.

- No creo porque los médicos tienen su ética y guardan el secreto profesional.

- Yo no dudo de él, pero estoy segura de que en poquísimo tiempo se va a saber y les llegará la noticia a sus padres por la puerta de atrás. –Insiste Betty.

- Comprenderás que tienen que enterarse más pronto o más tarde.

- No va a decírselo usted, don Armando? –Pregunta extrañada doña Julia.

- Sí, claro, hasta ahora lo iba posponiendo pero comprendo que ya no puedo dejar pasar más tiempo. Es mejor que lo sepan por mí antes de que les vaya alguien con el chisme.

- Y por qué lo retrasabas? –Se interesa Betty.

- Para dar tiempo a que aceptases casarte conmigo. Aceptas?

- Lo pensaré. –Dice después de pensar un instante.

- Bueno, algo hemos avanzado. Es la primera vez que no te niegas de plano, así que mantengo la esperanza. Y lo pensarás rapidito? –Sonríe relajado y alega una excusa.- Por decirlo a mis padres, sí?

- No creo porque de momento me resulta más urgente encontrar trabajo.

- Buscar trabajo, dices? –Pregunta Armando sorprendido.- Tu puesto en Ecomoda te está esperando

- Ah, sí? –Le mira pensativa.- De todos modos es imposible, porque cómo voy a volver embarazada?

- Eso se resuelve si nos casamos. –Levanta las cejas mostrando la obviedad del razonamiento.

- Nunca te han dicho que eres muy insistente?

- No, pero es que nunca he estado tan interesado en algo. Qué? Nos casamos?

Doña Julia asiste divertida al “tira y afloja” entre su hija y su, más que probable, futuro yerno.

- Necesito pensar sin apremio si cumples los requisitos que considero imprescindibles en mi marido.

- Y cuáles son ésos, doctora? –Pregunta con sorna.

- Amor y fidelidad.

- Los cumplo con creces. Estoy enamorado de ti desde hace meses y te soy absoluta y escrupulosamente fiel.

- Ya escuchó, m´hija. –Tercia la madre reforzándole.

- Pero yo insisto en que no me agobien. Primero fue para convencerme de volver a Bogotá, y ahora que he regresado ya empiezan con que tengo que casarme. Por favor, denme un tiempito. Y usted, mamá, no se ponga de su parte.

- No me pongo de ningún lado, sino de donde creo que es lo mejor para mi hija y mi nieto.

Betty calla y Armando vuelve a la carga.

- Betty, digo la verdad y tú lo sabes. –Hace una pausa en la que se miran a los ojos.- Y con respecto a Ecomoda, la empresa te necesita porque tú eres quien mejor sabe llevarla.

- Pero allá están todos: doña Marcela, el doctor Calderón, el señor Lombardi, mis amigas… -Les va enumerando con poco entusiasmo.

- Marcela viene poco, pues desde que ella y yo terminamos se fue a Palm Beach y está allí casi siempre. Además me evita como a la peste. Sólo nos vemos en las juntas y cuando éstas terminan desaparece del brazo de mi madre. A Calderón le mandé a ocuparse de las franquicias y casi siempre está fuera de Colombia, y por Hugo no tienes que preocuparte porque no te imaginas como le enternecen las futuras mamás. Le vas a tener comiendo en tu mano si le permites diseñarte algún modelito pre-mamá.

Betty le mira incrédula.

- Don Hugo?

- Como lo oyes. Resultó tan femenina que su mayor ilusión es ser mamá. Adora a las embarazadas.

- Vaya con el señor Lombardi… -Susurra sorprendida.

- Ves? Él no va a ser ningún problema.

- Y mis amigas, qué? Me preguntarán quien es el padre en cuanto me vean, y a ver qué les voy a decir?

- La verdad! No se te ocurra decir que mi hijo es de otro! –Le advierte alarmado.

Madre e hija le miran satisfechas de la reacción de orgullo paterno, y Betty añade accediendo con suavidad.

- Ay… iré a Ecomoda, pero no estoy segura de que sea buena idea.

- Es buena idea. –Afirma Armando.- Y yo llamaré hoy mismo a Paredes, el ginecólogo, para pedir cita.

- Muy bien, m´hijo, así sabremos cómo está y de cuánto tiempo.

- Lo segundo se lo digo yo, mamá! –Exclama rápida.- Y con más seguridad que el mejor médico del mundo. Sólo hubo una ocasión, así que…

Siguen hablando un rato, y luego Armando se va a la empresa después de quedar en volver a cenar ya con día y hora de consulta para Betty.






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Según sale él de la casa, la madre se sienta junto a la hija dispuesta a charlar y resolver sus dudas de una vez.

- Y ahora que no tenemos ninguna prisa…

- Esta tarde no va a trabajar?

- No, don Ramón ha contratado un empleado a media jornada para que los demás libremos dos tardes a la semana.

- Vaya, me alegra esa noticia.

- Bueno, ahora explíqueme despacico por qué, estando enamorada de él, no quiere casarse con un hombre guapo, educado, rico, con clase, que es el padre de su hijo y que, según parece, la ama de verdad.

Betty la mira en silencio unos segundos. Luego se decide a hablar.

- Pues, verá… durante años el doctor Mendoza…




CONTINUARÁ…






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Q´hubo, amigas?

Terminaron las vacaciones, llegó septiembre y como “lo prometido es deuda…” aquí os dejo un nuevo capi de la historia.

Betty ha vuelto a Bogotá y nuevamente están los dos junticos y bien avenidos.

En las próximas semanas veremos si consiguen llevar esa relación a buen término o algo se cruza en el camino.

Mientras tanto deciros que estoy encantada de estar de nuevo en el foro. Besos para todas.

 
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