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ERES MI NORTE Y MI SUR.- Capítulo XXVI

April 8 2010 at 5:29 PM
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Calipso  (Acceso CalipsoEsp)
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Betty, que había estado muy nerviosa y empezaba a tranquilizarse pensando que al fin todo iba a salir bien, sufre un repentino sobresalto al ver aparecer a Michel hablando animadamente con un señor, y seguido muy de cerca por un Armando con ceño fruncido que va poniendo la antena a la conversación y prestando mucha atención al acento extranjero del rubio ojiazul.





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Capítulo XXVI.- Qué pesada estás, Camila!



De pronto aparece detrás Camila, apresurada y jurando en arameo.

- M...! Para una vez que me despisto va y se me escapa. Armando, espérame!

Él se vuelve exasperado.

- Qué pesada estás, Camila! Llevas toda la tarde pegada a mí como un sello. Por qué no te agarras a Juan y os dedicáis a hacer manitas?

- Pero, Armando... -Ve fracasada su misión porque no se le ocurre qué alegar para continuar siguiéndole a todas partes.

- Armando tiene razón, Camila. Deja de controlarle que ya es mayorcito. -Dice Juan que les alcanza.- Anda, dame la manita y que tu hermano recorra esto a su gusto.

Camila, con impotencia y ojos de espanto, mira a Betty que entiende lo que ha pasado y decide pasar a la acción.

Ahora será ella la que se pegue a Armando y seguro que él no protesta.

Va hacia él, que no puede creerse su buena fortuna y pierde interés por el francés.

La observa acercarse satisfecho, y sólo con verla siente una oleada de puro placer que le evoca las numerosas veces que piensa en ella a diario.

La falda del vestido de Betty tiene una caída perfecta y ondea al ritmo de sus pasos ciñéndose a sus piernas y separándose mientras avanza hacia él como una ninfa azul.

- Betty... -Susurra absorto en su imagen.

- Bueno, Armando, ahora tengo libre el ratico que querías que te dedicara. Quieres que te enseñe alguna sección especial? Mesas de comedor, estanterías, sofás, rinconeras?

- Camas. -Susurra.

Lo ha dicho sin pensar porque es lo que en ese momento necesitaría. Una bien grande para tomar a Betty en sus brazos y...

- Cómo? -Ella abre los ojos y ríe para sí al comprender lo que él está pensando.- Vas a cambiar tu dormitorio?

- No. Bueno... sí. No sé. Tú qué opinas?

Está tan concentrado en ella que le cuesta mucho pensar y coordinar dos palabras seguidas. Sale un poco del trance y dispara:

- Betty, tenemos que hablar. Yo tengo que decirte que te añoro mucho y pienso en ti día y noche. Lo que te dije la otra tarde es verdad, yo te...

Los dos se miran atentamente, los ojos del uno prendidos en los del otro... cuando inesperadamente una voz con acento extranjero rompe el hechizo.

- Beatgiz, por favor, puede atenderme?

Betty parpadea volviendo al mundo real y mira fastidiada al inoportuno.

- Monsieur Doinell, dígame.

Armando también vuelve al mundo real, pero enojado por la interrupción, y por venir de ese tipo del que lleva sospechando un buen rato que pueda ser el del teléfono de aquella tarde.

- Verá, quería hablar con usted a solas.

- Pues vea que no va a poder ser porque ahora la señora está conmigo. -Responde Armando desafiante.

Michel le mira con abierta hostilidad y el otro le devuelve la mirada y la animosidad sin disimulo.

- Nos presentas, Betty, por favor?

Betty cierra los ojos imaginando un inminente desastre. Luego respira hondo y, bastante pálida, dice mirando a Michel:

- Monsieur Doinell, le presento a mi exmarido Armando Mendoza. -Luego se gira al otro.- Armando, te presento al señor Michel Doinell, un empresario de Cartagena que es cliente de la empresa.

Los dos se estrechan las manos obligados a mantener una mínima compostura, pero siguen mostrándose desagrado.

- Me parece que hemos hablado por teléfono. -Comenta Armando.

- Es posible si era usted quien estaba en casa de Beatgiz hace unas tardes.

- Era yo, y le informo que voy todas las tardes a ver a mi hija y a estar con ellas dos. -Lacónico.- Y no entiendo que un cliente se tome la confianza de llamar al domicilio particular del dueño de una empresa en horas de descanso y de disfrute con la familia.

Michel no rehuye la pelea y contesta con dureza.

- Le gecuerdo que usted ya no es familia de Beatgiz, y que, por lo tanto, ella es la única que puede pgohibirme llamar cuando desee hablarle de cualquier tema. Usted ya sólo es agua pasada.

- Está muy equivocado. -Replica Armando entre dientes.- Quien no es nadie es usted. Váyase ahora mismo.

Betty está poniéndose malísima al ver que ninguno disimula ni controla su animosidad hacia el otro, y apoya la mano en el pecho de Armando para frenar su respuesta.

- Por favor... Armando...

- No quieres que le responda? -Pregunta atónito.- No quieres que le ofenda?

- No quiero un escándalo. -Puntualiza ella.- Por favor.

Armando le ve la expresión de espanto en los ojos, se controla con mucho esfuerzo y calla.

Simultáneamente llega hasta ellos un camarero con la bandeja repleta de vasos y copas, y Betty intenta una maniobra de distracción.

- Caballeros, quieren tomar algo?

- No. Gruñe Armando.

- No. Bufa Michel.

- En ese caso... -Betty hace una pausa y les mira a los dos bastante enfadada temiendo que esa rivalidad acabe a trompadas.- Armando, por favor, vete a tu apartamento, y usted, señor Doinell, váyase a su hotel.

- Pero, Betty...

- Beatgiz...

- Este evento ha terminado para ustedes dos. Háganme el favor de retirarse.

Echa a andar con paso enérgico hacia Camila que ha estado observando todo con atención, sin perder un detalle.

- Ay, Betty, qué nerviosa estoy! -Le estruja un brazo.

- Pues imagínate cómo estoy yo. En cualquier momento se me doblan las rodillas y me caigo redonda al suelo. Sabes si mi padre se ha dado cuenta de algo?

- No se ha enterado de nada porque está hablando animadamente con mis padres.

- Buf! Menos mal porque era lo único que me faltaba. -Sigue de espaldas a los dos.- Camila, dime si se han ido.

- Sí. Durante unos segundos se han mirado ferozmente, midiéndose, y luego han estado a punto de continuar increpándose, pero Armando te ha mirado, ha dado un bufido de impotencia y los dos se han marchado en direcciones opuestas.

- He sentido muchísimo tener que pedir a Armando que se fuese, pero... -Mueve la cabeza de lado a lado.- Estoy a punto de ponerme a llorar. Me siento fatal.

- Tranquila, amiga, si quieres yo le explico.

- No! Ya lo haré yo mañana. -No quiere que nadie se meta entre ellos.- Camila, odio decir esto pero lo voy a decir: Te advertí que era un error invitar a Michel.

- Bueno, lo admito, pero no me lo vayas a recordar toda la vida que al menos no ha pasado nada.

- Sí ha pasado. Armando estaba a puntico de decirme eso cuando Michel nos ha interrumpido.

- No me digas! Lo lamento muchísimo, Betty. A partir de ahora voy a quedarme callada con respecto a este asunto.





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Rato después empiezan a despedirse los invitados, de modo que ella y don Hermes les agradecen uno a uno su asistencia.

Tan pronto como se quedan solos padre e hija, se reúnen con Cata que está coordinando la recogida y limpieza de la sala. Le muestran su conformidad y satisfacción con la organización del evento y salen al exterior.

Según traspasan la puerta principal, una potente ráfaga de viento les empuja y zarandea con fuerza hasta que, vacilantes, entran al coche.

- Vaya viento se ha levantado! -Comenta don Hermes, al que ha ayudado el chófer a llegar al vehículo y a sentarse, cerrando la puerta a continuación.

- Desde luego. Todo un vendaval.

Marcos se acomoda ante el volante y les informa:

- Ya hace más de una hora que ha empezado a soplar, y han dicho por la radio que estamos en alerta por vientos huracanados en la cordillera.

- Ah, sí? Pues llévenos prontico a casa, no sea que arrecie el temporal y caigan árboles que corten la carretera. -Betty quiere llegar pronto junto a su niña.

Pero la aprensión de Betty no se cumple, y aunque Marcos conduce con mucha precaución y asiendo bien el volante, en apenas quince minutos han llegado a las calles de Bogotá, que con sus edificios proporcionan algo de abrigo y protección frente a los fortísimos vientos.

Paran ante la casita de Palermo, y antes de bajarse del coche pide a su padre que se queden con ella, pero don Hermes prefiere irse a su propia casa, así que le hace prometer que la llamará cuando llegue para saber que no han sufrido ningún contratiempo.

Luchando a brazo partido con el vendaval que le infla la falda del vestido y la empuja con fuerza desviándola de su camino, consigue llegar hasta la puerta cansada por el esfuerzo y atemorizada.

Entra rápidamente y cierra empujando con todas las fuerzas que le quedan.

Despeinada y con la ropa liada en torno a su cuerpo se queda apoyada en la puerta para recuperar el fuelle. Entonces ve a Milagros al pie de la escalera y lo primero que piensa es en su hija.

- Camila! Está bien?

- Perfectamente. Dormida como un angelito.

- Menos mal. Cuándo ha empezado este huracán?

- Hace algo más de una hora. Dicen en la RCN que los vientos seguirán así toda la noche y que empezarán a amainar al amanecer.

- Han dicho a qué velocidad soplan?

- A más de 100 Km/h. Por lo visto es la cola del huracán Pamela que está ahora arrasando el Caribe.

- Ay, qué miedo! Ha mirado si está todo bien cerrado?

- Sí, y he bajado todas las persianas para aislar más la casa.

- Bien. Voy a dar un beso a la niña y a cambiarme de ropa. Usted acuéstese si lo desea y descanse, que yo tengo que esperar a que me llame mi padre para decirme que ha llegado a su casa sin ningún percance.

- Y cómo no se ha quedado aquí? -Pregunta la mujer intrigada.

- Porque es un cabezón y se ha empeñado en irse a su casa. Está acostumbrado a hacer su santa voluntad y no atiende a razones. A ver si llama pronto porque estoy muy preocupada.

- Le comprendo, Beatriz. Voy a la cocina a hacerme una infusión. Quiere que le prepare otra para usted? -Echa a andar mientras Betty se encamina a la escalera.

- Sí, por favor, y bien cargadita porque entre unas cosas y otras tengo los nervios desquiciados.

- No ha resultado bien la presentación? Algún problema? -Con preocupación.- Perdone que no le haya preguntado antes, pero con eso del viento se me ha ido de la cabeza.

- Ay... -Se recoge el vestido y se sienta en uno de los escalones.- Se acuerda de ese cliente que llamó aquí una tarde y enfadó a Armando?

- Sí, claro. -Con interés.

- Pues estaba invitado, y en un momento en que yo estaba con Armando, se ha acercado a nosotros diciendo que necesitaba hablar conmigo a solas.

- Uf! -Exclama Milagros.

- Como se puede imaginar, eso a Armando le ha sentado como un tiro, porque además reconoció la voz del teléfono.

- Madre mía!

- El caso es que cruzaron unas palabras, sacaron pecho como gallos de pelea y no me quedó otra que pedirles a los dos que se marchasen de allí. -Betty queda pensativa un instante.- Armando no hizo nada malo. Fue el otro quien mostró una actitud posesiva hacia mí para la que no tiene la menor justificación, y como Armando siente lo que nosotras creemos que siente...

- Vaya con ese tipo! -Mueve varias veces la cabeza arriba y abajo.- Estará bien disgustado mi niño

- Seguro, pero tuve que tomar una decisión salomónica antes de que se hiciera evidente para los demás invitados que había un enfrentamiento entre mi exmarido y un admirador mío. Imagínese el escándalo.

- Ay, cómo lo siento! -Dice apesadumbrada.- Entonces no tuvo ocasión de decirle nada...

- Lo intentó, Milagros. Es más, ya había empezado a hablar. Dijo que me añoraba mucho... que pensaba en mí día y noche...

- Y entonces le interrumpió el francés, no me diga más!

- Exactamente.

- Ay, qué mala suerte! Con lo que le ha costado decidirse... -Se va a la cocina lamentándose.





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Lo primero que hace Betty es entrar al dormitorio de Camila, y comprueba que la niña duerme plácidamente a pesar del constante golpeteo de la persiana, que llega amortiguado por el doble acristalamiento de la ventana.

Entonces le da un par de besos, le acaricia la cabecita y va a su habitación.

Rápidamente se quita la ropa de fiesta y se pone un chándal, pues en las actuales circunstancias climatológicas no desea estar en pijama por si surgiese cualquier problema en la casa.

Luego se suelta y cepilla bien el pelo y baja a tomarse una aromática.

Milagros ha dejado las infusiones sobre la mesa del comedor y espera a Betty viendo y escuchando la información que dan por la televisión.

Según la ve aparecer, informa:

- Ha llamado el chófer de su padre para decir que ya están en casa.

- Bueno, pues me quedo más tranquila. Venga, Milagros, sentémonos a ver qué noticias dan. -Toma su taza y se sienta en un sillón señalando el otro a la tata.

Obediente, la mujer se sienta dando sorbitos a su valeriana mientras mira atentamente las imágenes de árboles arrancados y coches volcados que aparecen en la pantalla.

- Milagros, estoy muy preocupada por Armando pero no quiero llamarle yo. Me haría el favor de hacerlo usted?

- Ni más faltaba, m´hija! Ahora mismo. -Toma el teléfono y marca el número mientras Betty va a por el inalámbrico para escuchar.

La mujer también estaba preocupada por su niño, pero no ha dicho nada por no recordar a Betty el enfrentamiento entre él y Michel. Prefirió no mencionarlo, mas se siente muy satisfecha al ver que la joven muestra intranquilidad por su ex.

Apenas tiene que esperar porque al segundo tono contesta Armando.



CONTINUARÁ




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Hola, m´hijitas. Habéis descansado estas minivacaciones? Creo que aunque fueran pocos días, los necesitábamos todas, a que sí?

Bueno, a lo nuestro. Michel está muy impresionado por Betty, y tan dispuesto a conseguirla que ha fastidiado al bello bobo cuando al fin se había lanzado a declarar sus sentimientos. Pero además Armando está siendo un muelón y no sé si darle otra oportunidad o no porque no la merece. Por cortito.

Besos a todas.



 
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