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Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XI

March 18 2011 at 4:23 PM
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Calipso  (no login)

 


Los tres pasan un buen rato situando a Noé y a la cebra, el elefante, el león, el mono, la jirafa... haciendo fila para subir al arca, o entrando a sus compartimentos, o mirando el cielo lleno de nubarrones, o esperando a que regrese la paloma cuando deje de llover.





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Capítulo XI.- Betty, de qué va el chisme?



Betty ha disfrutado tanto contemplándoles como ellos dos jugando, pero el tiempo ha pasado rápido y en la calle ya están las luces encendidas porque ha anochecido.

- Gonzalo, empieza a recoger a Noé y los animalitos que ya es tarde, y ten cuidado para que no se te pierda ninguno.

- Ya, mami?

- Ya, Betty?

Preguntan los dos apenados de que haya llegado la hora de despedirse.

- Sí, hijo. Don Armando, le agradezco muchísimo la estupenda tarde que ha pasado con nosotros.

- Ha disfrutado, Betty? -Con ojos acariciadores.

- Mucho, y me ha sorprendido lo bien que se entiende con los niños.

- Bah! Juego con ventaja. Mi sobrino apenas tiene un año más que Gonzalo y lo paso muy bien jugando con él. Esto, Betty, los niños pueden viajar en taxi?

- Sí, creo que sí.

- Pues voy a pagar y tomaremos uno. Así les dejo en su casa y me voy a la mía.

- Pero usted no ha traído su coche?

- No, porque aquí se aparca muy mal. También vine en taxi.

- Vale, como quiera.





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Cuando el taxi se detiene ante la casa de los Pinzón, Armando dice al conductor que espere y les acompaña hasta la puerta.

- Hasta mañana, Betty. Ha sido un placer pasar una tarde en familia. -Sonríe marcando hoyuelos.

- Hasta mañana, don Armando, nuevamente gracias por todo. -Le mira como si viese al ser más extraordinario sobre la faz de la Tierra.

- Bueno, Gonzalo... -Baja la vista al niño y se agacha poco a poco.- Me ha gustado mucho conocerte y espero que volvamos a vernos pronto.

- Yo también lo he pasado rico contigo. -Contesta sonriente.

- Me alegro. Me das un beso?

- Key!

El niño se acerca a Armando y le besa la mejilla. Luego él se lo devuelve y dice a Betty levantándose:

- También me gustaría despedirme así de usted, pero ya sé que no es posible. Lo siento.

- Mañana nos vemos, doctor. -Le responde con una sonrisa.

- Hasta mañana. Adiós, chino!

Saluda con la mano y vuelve al taxi mientras madre e hijo entran en casa.

- Abuela! Abuelo! Mirad qué cuento me ha regalado Armando.

- Cómo Armando, jovencito? Qué confianzas son esas? -Le reclama don Hermes.- Se dice don Armando.

- Así le llama mamá, pero a mí me ha dicho que le llame Armando.

- Es verdad, papá. A mí también me lo ha dicho varias veces, pero no quiero hacerlo para evitar que se me escape en la empresa.

- Como debe ser. Es su jefe y hay que guardar las formas. -Se gira al niño.- Bueno, pues aunque le llame por su nombre, siempre con respeto. Entendido?

- Sí, abuelo. -Contesta dócil.

- A ver, m´hijo, enséñenos el cuento que le regaló ese señor. -Dice doña Julia.

No hace falta que se lo digan dos veces. El niño pone el libro sobre la mesa y les muestra las páginas y los muñequitos.

- Y también le contaron un cuento muy bonito. -Le recuerda Betty cuando les ha mostrado todo.

- Ah, sí? Cómo fue eso? -Pregunta la abuela.- Cuéntenos, Gonzalico.

El niño les cuenta con todo detalle la actuación del cuentacuentos, y luego también sus conversaciones y juegos con Armando, lo que deja admirados a los abuelos.

Tanto que cuando ya está el pequeño acostado y los tres mayores cenan en el comedor...

- Betty, usted ve a su jefe tratar al niño con agrado de forma natural o cree que estaba forzado?

- Su forma de tratar a Gonzalo es totalmente natural y espontánea. Él tiene un sobrinito un año mayor y se ve que disfruta mucho jugando con los niños.

Quedan un rato en silencio, y lo rompe doña Julia diciendo:

- M´hija, si a usted le mueve el piso el doctor y él está interesado en usted, no se lo piense porque estoy convencida de que es un buen hombre.

Ella aprecia mucho a Armando por todo lo que Betty le ha contado y le acepta encantada como posible yerno.

- Sobre todo si además ve que admite al niño de buen grado. -Añade el padre.- Tiene usted mi bendición para iniciar una relación de fines serios con don Armando.

Betty se muestra muy sorprendida al ver a su padre tan comprensivo y paternal, pero entiende que el hombre sabe de sobra que, teniendo ella un hijo, le va a costar mucho encontrar un buen marido. Y también que desea verla amada, acompañada y protegida para cuando él falte.





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Quedan diez minutos para las ocho de la mañana cuando Betty llega al trabajo y encuentra a todas sus amigas en recepción, conversando con Aura Mª.

Mira al reloj y, como ve que dispone de unos minutos, decide que es un momento perfecto para hablarles de Gonzalo, porque hay tiempo para decírselo pero no para que la mareen a preguntas, ya que a las ocho en punto todas deben empezar a trabajar.

- Buenos días, Betty. -Dicen a coro sonrientes.

- Buenos días, chicas. Tengo que contarles un chisme.

- Un chisme? -Los ojos de Berta se agrandan.- Vamos a nuestra sala de juntas.

- Eso! Se convoca un 911 con carácter de urgencia! -Refuerza Sofía.

- Vamos! Vamos! -Todas se lanzan al ascensor.

- Fresca, m´hija! Adelántenos algo. -Pide Aura Mª.

- Betty, de qué va el chisme? -Pregunta Sandra.

Entran atropelladamente en el servicio de señoras, y en total silencio hacen un semicírculo alrededor de Betty.

Hay tal expectación que ella no puede reprimir la risa.

- M´hija, empiece... -Hasta Inesita está en ascuas.

- Bueno, lo que voy a decirles es muy serio y no se lo he dicho hasta ahora porque acababa de incorporarme a la empresa y no tenía confianza suficiente. Pero como ya estoy segura de la amistad y el cariño que me tienen todas ustedes, considero que ha llegado el momento de decírselo.

- Hable, Betty. -Berta está que se muere de ansiedad.

- Tengo un hijo de cinco años. -Suelta sin esperar a más.

El silencio lo rompe Aura Mª que se lanza a sus brazos llorosa.

- Betty, amiga! Entiendo perfectamente cómo lo habrá pasado. Le apoyaron sus padres? Porque los míos, de primeras, se pusieron muy bravos. -La estruja de nuevo y da un par de besos de solidaridad.

- Me apoyaron porque me entró tal depresión que pensaron que no me recuperaría.

La segunda en reaccionar es Inesita, que también la abraza como la madraza que es.

- Bueno, m´hija, pues ya sabe que acá nos tiene para lo que necesite.

- Ha dicho que es niño? -Pregunta Sandra con ternura.

- Cómo se llama? -Mariana.

- Y sabe algo del papá? Se voló? -Sofía piensa mal de todos los hombres, y en la mayoría de los casos acierta.

- Tuvo un tinieblo y la abandonó. -Resume Berta.

Betty las mira a todas con sonrisa triste.

- Pues sí, tuve un tinieblo que creí que me quería, pero se burló de mí y cuando consiguió lo que quería desapareció.

- Cómo desapareció? Quiere decir que no ha vuelto a verle?

- Exactamente. Se fue del barrio y no volvió.

- Pero sabe que tiene un hijo?

- No lo sé. Yo, desde luego, no le he buscado para informarle ni para reclamarle. Es más, prefiero no volver a verle nunca.

Todas asienten aprobando las palabras de Betty.

- Bueno, amiga, díganos cómo es el niño. -Pide Mariana.

- Es bueno, inteligente, guapo y muy simpático. Es mi alegría y la razón de mi vida.

- Enséñenos una foto. -Dice Sofía.

- Ahora mismo. -Betty busca en su bolso, saca la foto más reciente que tiene de su hijo y se la da a su amiga.

Inmediatamente todas se apiñan junto a ésta estirando el cuello para ver.

- Sí que es guapo el chino.

- Y qué cara de pillo!

- Cómo se llama?

- Gonzalo.

- Qué ricos son de pequeños, pero luego crecen y se van lejos del nido... -Comenta Inesita triste.

Entonces Betty la abraza y la dice con una sonrisa:

- Aquí nos tiene a nosotras usted también, Inesita. Ya sé que no es lo mismo, pero no está sola.

- Gracias, m´hija. -La buena mujer le devuelve el abrazo y le da un par de besos. Luego seca las lágrimas que se le habían escapado y dice.- Ahora vámonos que ya es la hora y seguro que don Hugo me está buscando.

- Vamos. -Dice Aura Mª.- Pero, Betty, tenemos que quedar algún día para que se conozcan nuestros hijos.

- Me parece bien. -Se apunta Sofía.

- Sí. Ellos que jueguen y nosotras merendamos. -Añade Berta.

Salen una tras otra al lobby dispuestas a empezar el trabajo y cada una va a su escritorio.





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Betty se sorprende agradablemente cuando encuentra a Armando en el despacho.

- Doctor, hoy me ha ganado. -Dice sonriente.

Pero el humor de Armando es muy diferente al suyo.

- Buenos días, Betty. Debo confesarle algo y espero que no cambie su actitud hacia mí.

- Pasa algo, don Armando? No entiendo.

- Siéntese, por favor. -Le toma las manos sobre la mesa.

- Me está asustando, doctor...

- Me siento avergonzado, Betty. He de decirle algo que seguramente no le hubiera revelado nunca si usted no me hubiera confesado su secreto. Estoy en deuda con usted.

Betty está totalmente descolocada. Le mira de lado y pregunta despacio:

- También tiene un hijito?

- No. -La sonríe con cariño.- En el pasado pude haber tenido unos cuantos, pero siempre me cuidé y protegí a mi pareja. Fui bastante juiciosito. Mi secreto es peor y me avergüenza más.

- Hable de una vez, doctor. -Se sienta bien.

- Verá, cuando empezamos a salir... -Mira a Betty y ésta le anima con un movimiento de cabeza.- ...no fue por casualidad.

- Claro, sería porque nos sentimos atraídos...

- Betty, escúcheme hasta el final, por favor. De primeras yo le propuse salir juntos porque Calderón escuchó una conversación del cuartel en la que entendió que usted tenía un tinieblo.

- Yo no... -Niega ella.

- Ahora lo sé, pero en aquel momento a mi compadre le dio por meterme el miedo en el cuerpo con la absurda sospecha de que ese tinieblo podía convencerla para quedarse con Terramoda, y Ecomoda, claro.

- Y tan absurdo! -Protesta incrédula.

- Tiene razón. El caso es que me insistió una y otra vez machaconamente para que yo la conquistase a usted, y así neutralizar la influencia de su novio. Y al final... lo hice. -Confiesa apesadumbrado.

- Empezó a invitarme a salir porque temía que yo le arrebatase la empresa y no porque yo le moviese el piso? Ni un poquito?

- Espere, que no he acabado. -Prefiere no responder.

- Salió conmigo sin estar interesado en mí? Me mintió como Miguel?

Armando se asusta porque ve que se le va de las manos.

- Espere, Betty. Así empezó, pero eso sólo fue al principio. Yo me enamoré de usted inmediatamente. Todo cambió en el camino y para siempre. Betty, yo la adoro. -Angustiado.

- Pero me engañó.

- Sólo un poquitico. -Mimoso.- Podrá perdonarme?

- No sé, don Armando. Ahora me siento burlada y muy dolida... -Sumamente triste.- ...y deseo estar sola.

Se levanta y va hacia la puerta.

- Va a marcharse?

- No. -Le mira enfadada y le contesta con sarcasmo.- Yo no tengo un amigo con yate en Italia ni plata de sobra, así que tendré que lamerme las heridas sin faltar a mi trabajo.

- Betty, vida mía. -Va tras ella.

- Doctor, en este momento necesito pensar y no quiero verle. -Tajante.- Más tarde hablamos.

- Key, Betty. Key! No le molesto más, pero tenga en cuenta que todo cambió en uno o dos días y cuando le decía que la quería no era mentira. Se lo juro.

Armando está aterrado de pensar que Betty ahora le rechace por culpa de aquella neura de Calderón que él siguió aún no estando convencido.

Vuelve a su sillón y se sienta desanimado.

Mientras, Betty ha llegado al baño, se encierra en una cabina, apoya la espalda en la puerta y cruza los brazos sobre el pecho.

Se me acercó como Miguel... con intereses sórdidos... sin sentir nada tierno y cálido por mí...

Una gran congoja se apodera de ella, y llora copiosa y desesperadamente durante un buen rato. Tras desahogarse se seca las lágrimas con infinita tristeza y sale para lavarse los ojos con agua fría. Luego se seca suavemente con unas toallitas de papel, se mira al espejo para asegurarse de no tener gotitas delatoras en las pestañas y, irguiendo la espalda, sale al lobby.



CONTINUARÁ...




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Dedico este capi a todas las chicas del cuartel que estabais impacientes porque Armando también se sincerase. Ya habéis visto que no tenía la menor intención de confesar nada, pero como Betty se vio también obligada a contar su secreto... no le quedó otra.

Un besico.



 
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