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Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XII

March 25 2011 at 4:10 PM
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Calipso  (no login)

 



Se me acercó como Miguel... con intereses sórdidos... sin sentir nada tierno y cálido por mí...

Una gran congoja se apodera de ella, y llora copiosa y desesperadamente durante un buen rato. Tras desahogarse se seca las lágrimas con infinita tristeza y sale para lavarse los ojos con agua fría. Luego se seca suavemente con unas toallitas de papel, se mira al espejo para asegurarse de no tener gotitas delatoras en las pestañas y, irguiendo la espalda, sale al lobby.





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Capítulo XII.- Si no le quisiera tanto...



Tiene la suerte de no cruzarse con nadie y entra en presidencia donde le ve a él también abatido.

- Q´hubo, Betty? Ya ha pensado? Quiere hablar conmigo?

- No, doctor. Hasta ahora sólo he llorado. Voy a trabajar.

- Vale! Acá me tiene para cuando quiera...

Le cuesta bastante concentrarse en el trabajo, pero medio lo logra con un esfuerzo sobrehumano.

Armando, sin embargo, no consigue salir del pozo sin fondo en el que se ha sumido y no piensa más que en ella y en que la embarró por querer ser sincero. Se levanta varias veces y da unos pasos hacia el hueco, pero siempre se frena y consigue respetar el deseo de ella de estar sola.

A mediodía la llama Sandra para ir a comer a El Corrientazo, pero Betty alega tener mucho trabajo para quedarse.

Armando, que lo ha oído, decide pedir unas botellitas de agua y unos sándwiches para los dos a la cafetería y comer con ella.





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Cuando se lo traen, toma la bandeja y va al despachito. Llama con un toque de los nudillos y entra sin esperar respuesta.

Lo que ve le descorazona. Betty sigue disgustadísima y tiene la papelera llena de pañuelos de papel.

Ella, al verle con la bandeja, niega con la cabeza y con un dedo.

- No tengo apetito.

- Ok! Armando cobra ánimo, avanza y se sienta frente a ella.- Al menos beberá agua, porque tiene que estar deshidratada. Vea todos esos pañuelitos empapados. Tenga.

Le pone delante dos botellitas, le abre una y se la da.

- Vamos, beba delante de mí.

- No puedo. Dice Betty entre hipidos.- Y quiero estar sola.

- Beba. Insiste Armando, y ella al verle tan serio da un sorbito.

- Quiero estar sola. Repite machacona.

- Ya ha estado bastante tiempo sola. Demasiado porque creo que ha entrado en un bucle, así que ahora va a pensar conmigo, sin llorar.

Betty levanta los ojos y le mira sorprendida de la decisión que ve en Armando.

- Sé que lo hice mal y me siento arrepentido y avergonzado, pero ya no puedo cambiarlo. Los errores no pueden deshacerse como se desata un nudo, y sólo le quedan dos opciones: a) Ver si le merece la pena perdonarme y olvidar para poder darnos la oportunidad de rehacer la vida con felicidad, o... b) Decidir que lo que le hice fue infame e imperdonable, alejarse de mí aunque me quiera con locura y retirarse a su casa con la cabeza alta, resignada a ser desgraciada por siempre jamás. Esto último se llama DIGNIDAD, lo otro AMOR.

Betty se ha quedado impresionada por las suaves pero firmes palabras de Armando, y le mira fijamente. Ese Armando es desconocido para ella.

- Ha tomado su decisión, Betty? Yo la aceptaré sea cual sea, pero por favor, medite despacio porque lo más importante es que usted sea feliz. Yo la amo y siento haber empezado tan mal, pero ya no puedo remediarlo... Nuestro futuro está en sus manos.

Betty sabe que él tiene razón, y que la única solución al problema es perdonarle si quiere ser feliz, porque su amor no tiene marcha atrás, y cree que el de él por ella, tampoco.

Armando se va a levantar para salir cuando la oye hablar.

- Espere. No sé cuánto me va a llevar superar su revelación, pero no voy a ser yo quien nos condene a ser infelices porque sé que ahora nos amamos.

- Betty... Con sonrisa boba va a tomarle una mano.

- No vaya a ponerse tierno ahora! Le da un cachetito en la mano.- Sólo le perdono por pragmatismo. Sería estúpido estar separados... por algo que ya no tiene remedio, pero Aughhhh!!! Betty ruge con impotencia.- Me sentiría mejor si le propinase un puñetazo.

- Démelo! Armando pone la cara raudo.

- No quiero! Responde también rápida.- Pero me aliviaría.

- Betty, mi amor, le gusta Gloria Estefan?

- A qué viene eso? Pregunta malhumorada.

- Porque estoy recordando: Con los años que me quedan por vivir, demostraré cuanto te quiero... y lo voy a hacer.

Ahora Betty pasa en un suspiro de la furia a la congoja, y rompe a llorar de nuevo.

Armando va hasta ella, se arrodilla junto al sillón y, antes de abrazarla, pide permiso.

- Me permite? Sólo quiero consolarla porque no soporto verla sufrir.

- Vale! Contesta bajito y acepta el abrazo.- Pero sepa que en este momento lo que me gustaría es poder odiarle.

Él la estrecha con un brazo mientras con la otra mano toma un pañuelo de la caja y le enjuga las lágrimas.

- Déme ese puñetazo.

Ella niega con la cabeza, modorra.

- Aunque sea chiquito. Vamos, desahóguese!

Entonces Betty levanta una mano y se la apoya con suavidad en la mejilla.

- Ya está. Hunde la cara en el hueco del cuello de Armando, le estrecha y murmura.- Si no le quisiera tanto...

- Me sigue queriendo?

- Sí, y si no le quisiera tanto... Rompe a llorar.

- Ay, mi vida, ya! Ya no llore más que le prometo que no hay más secretos ni embarradas. Desde aquélla siempre he sido juiciosito y usted sabe todo sobre mí. Hasta mis pensamientos.

Siguen abrazados cuando Armando oye la voz de ella muy tenue.

- Por qué lo hizo?

- Porque soy un cretino y me dejé liar por Calderón! No hay otra explicación! Explota Armando furioso consigo mismo.

Betty aprieta los párpados, respira hondo y se separa un poco de él.

- Hay algo más que yo deba saber?

Armando niega con la cabeza.

- Ya le he dicho que conoce hasta mis pensamientos. La amo, Betty. Podrá perdonarme?

- Seguro, pero concédame un tiempo para asimilarlo y digerirlo, porque volver a sentirme engañada ha sido muy fuerte.

- Comprendo, pero es que yo quiero estar con usted para consolarla y hacerle olvidar el mal trago cuanto antes.

- Pues yo necesito pensar. Por favor, déme la tarde libre.

- Claro que se la doy. Ni más faltaba! Y me voy con usted.

- No, doctor. Sonríe con dulzura.- No está invitado, pero le permito que me llame sobre las ocho de la tarde.

- Betty, me da miedo. No irá a volarse... Mire que yo sin usted me muero y sería culpable de asesinato...

- No voy a volarme. Le da un piquito, se levanta, recoge sus cosas y va hacia la puerta.- Hasta la tarde, doctor.

- Hasta luego, Betty.

Él continúa arrodillado junto al sillón de ella y, con gesto de dolor e impotencia se sienta en el asiento gruñendo:

- Maldito Calderón! Si vuelve a darme un consejito en lo que me queda de vida... se traga toda la dentadura.





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Betty no hace nada especial. Simplemente se va a un centro comercial, a la zona de cines y se decide por uno que proyecta una película ininterrumpidamente, una vez tras otra.

Se sienta en un lateral de la sala, se hunde en la butaca, cierra los ojos y vuelve a vivir la conversación con Armando paso a paso, enterita de principio a fin.

De vez en cuando todavía se seca una lagrimita, pero cada vez menos, y termina diciéndose que no va a torturarse a cuenta de su mala suerte del pasado, que pasará página y se ocupará de ser feliz con sus dos amores, en el presente y en el futuro.

Sin saber qué película proyectaban, ni cuantas veces la han pasado mientras estaba dentro, sale del cine y se va a su casa cuando ya está anocheciendo.

Una vez allí saluda a la familia y se sube con Gonzalo a hacer unos puzzles.

Ella temía que con éstos su dolor de cabeza fuese a mayores, pero la compañía infantil la relaja mucho y se siente mejor a cada momento.

A las ocho en punto empieza a sonar su teléfono.

- Aló!

- Aló, mi amor! Cómo está y dónde?

- Estoy bien y en mi casa, jugando con Gonzalo.

- De verdad que se encuentra bien? Pregunta no muy convencido y añade temeroso.- Ha decidido algo?

- Sí, y como no queda otra, he pensado que después de esta tarde voy a borrar de mi disco duro para siempre lo que me ha dicho, y nuestra historia empezará el día de mi cumpleaños. Le parece?

- Betty, gracias. Yo también llevo toda la tarde pensando, disgustado y molesto, y no he encontrado otra solución más que dejarlo en el pasado. Le aseguro que valoro y agradezco mucho su bondad y generosidad para conmigo. Gracias.

- Hasta mañana, doctor.

- Hasta mañana, Betty. Duerma bien y descanse que se lo tiene merecido. Ah! Y besicos para usted y para mi amigo Gonzalo.





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Al día siguiente Betty llega a Ecomoda recuperada del disgusto y en paz con su novio. Casi optimista tras el eclipse que se produjo en su relación, fundamentalmente porque cree en él.

Entra en presidencia, que está vacía y se dirige a su hueco, conecta el ordenador y se organiza mentalmente para empezar a trabajar, pero en ese momento se abren las puertas correderas y aparece la que menos esperaba.

- A ver, Beatriz, sabe si su jefe se dignará venir hoy a la empresa o seguirá con sus vacaciones?

- Creo que vendrá. Contesta Betty con la espalda envarada a causa de los nervios que le provoca esa mujer.

- Y cómo cree eso si el viernes cuando le pregunté no sabía nada? Marcela pone ojos felinos.- No pretenderá hacerme creer que Armando la ha llamado para informarle de sus planes?

- Sí, doña Marcela, el doctor me llamó. Contesta al reto de la otra.

- Ahora? Sabe que no porque ha entrado tras ella al despacho.

- No.

- Ya sé! Seguro que se lo ha dicho durante el fin de semana que, naturalmente, han pasado juntos. Ja, ja, ja! La doctora Valencia desahoga su frustración relativa a Armando burlándose de Betty.

Pero esa actitud despectiva hace crecer la rebeldía en el interior de Betty, y ésta contesta desafiante sin aclararle que Armando ya estuvo ayer en la empresa.

- No hemos pasado el fin de semana juntos. Remarca la palabra.- Pero sí nos hemos visto.

- No me conteste, igualada. Eso es mentira! Grita Marcela.

- No es mentira. Hemos salido juntos el sábado y el domingo. Se oye la voz serena de Armando desde la puerta.- Y ni Betty ni yo tenemos que darte cuenta de nuestros actos.

Marcela se vuelve de golpe sorprendida, pero no amaina su mal genio ni su mala educación.

- No me digas más, Armando. Va a resultar que Beatriz te mueve el piso.

- Pues, sí. Y mucho. Sigue hablando tranquilo.

- Y cuánto va a durar esta vez tu interés? Lo mismo que por la última? Dos semanas?

- Toda la vida. Sonríe mirando a Betty con cariño.

Ésta asiste al intercambio de palabras incómoda, y más aún perpleja por el hecho de que Armando esté confesando abiertamente su interés por ella a la doctora Valencia.


Y todavía se queda más sorprendida cuando le oye decir a Marcela mientras la sigue contemplando a ella con mirada amorosa...

- Vas a ser la primera en saberlo, Marcela. Te comunico que hoy mismo voy a pedir a Betty que me haga el honor de ser mi esposa, y si acepta nos casaremos lo antes posible.

- Lo dices por herirme y lo estás consiguiendo. Le responde con voz quebrada.

- No, Marcela, lo digo porque es verdad que amo a Betty con toda mi alma y quiero pasar con ella el resto de mis días.

Sigue hablando a la gerente de puntos de venta sin apartar los ojos de los de Betty.

Y ella se derrite de amor por él, y le agradece que lo diga delante de Marcela, porque así se siente compensada de todos los insultos y desprecios que le ha hecho esa horrible mujer.

- Armando Mendoza! Cómo puedes decirme todo eso a mí que siempre he disculpado tus infidelidades y he perdonado todas tus aventurillas de una, dos o varias noches? Le reclama a punto de romper a llorar.

- Yo sólo estoy contestando a lo que tú me has preguntado intentando molestar a Betty.

- Cómo puedes poner a esa aparecida por delante de mí, que aunque haya mejorado su aspecto sigue sin tener estilo ni clase ninguna?

- En primer lugar sí tiene clase y estilo a pesar de que tú no sepas apreciarlo, y en segundo lugar te diré que estoy enamorado de ella porque es buena, dulce, cariñosa, generosa, y tiene una categoría moral que tú nunca entenderás.

Marcela está a punto de quedarse sin palabras, pero en el último momento pregunta con ojos llenos de malicia:

- Es buena en la cama, ah?

Betty da un respingo al oírla, pero Armando contesta.

- Marcela, no te pego porque eres una mujer y desde chiquito me han enseñado que eso no es cosa de hombres. Conteniéndose y con los músculos en tensión.- Vete.

Pero no le hace caso, y todavía con lágrimas en los ojos continúa intentando hacer daño.

- Margarita y Roberto están informados de esta magnífica noticia?

- Aún no. Responde seco, y le advierte apuntándole con un dedo.- Y no te metas en lo que no es asunto tuyo. Entendiste?

Ahora Marcela sí se toma en serio la firme advertencia de Armando y ataca por otro flanco.

- Está bien, te dejaré el dudoso honor de decírselo tú, pero Ecomoda sí es de mi competencia, verdad? Como accionista puedo tomar decisiones... -Hace una pausa, destila veneno por los ojos y añade.- Hablaré con mis hermanos para vender nuestra parte porque no quiero volver a verte ni en fotos.

Se gira y sale sin más del hueco y de presidencia.



CONTINUARÁ...





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Como dice Armando: ya no hay más secretos en su vida y Betty conoce hasta sus pensamientos, así que... en teoría deberían ser felices por siempre jamás. Les dejamos que lo sean o...?

Ya me contaréis. Besicos.

 
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