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Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XIV

April 8 2011 at 4:10 PM
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Calipso  (no login)

 



- A ver, mamita... -La madre ya empieza a pensar en lo suyo.- Qué comidas le gustan a su novio? Tiene que decirme platos que le agraden.

- Mamá, no se complique. A Armando le gusta la comida tradicional colombiana si está bien cocinada, y eso es justo lo que usted hace. Ah! Y no come grandes cantidades.

- Bueno, mañana me haré una lista de comidas y cuando usted venga decidimos.

- Me parece bien, pero no piense platos raros.

- Yo compraré un buen vino. -Dice el padre, y vuelve a prestar atención a la televisión.





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Capítulo XIV.- He venido para hablar con vosotros.




Armando acaba de llegar a casa de sus padres, saluda con cariño a su vieja tata y pasa al salón.

- Buenas noches.

- Buenas noches, cariño. -Su madre se levanta para darle un beso y afirma.- Te quedas a cenar.

- Como quieras. -Contesta pensando que quizá su madre cambie de idea cuando se entere de lo que él les va a comunicar.

- Buenas noches, Armando. Qué tal tu viaje? -Pregunta don Roberto ofreciéndole un jerez.

- Bien. Muy bien.

- Y cómo así de repentino? Tenía algún problema tu amigo Carlo?

Armando decide aprovechar la ocasión que le ponen en bandeja y sincerarse.

- No, papá, era yo quien tenía que reflexionar sobre un asunto muy importante y pensé que irme al yate era perfecto.

- Y encontraste la solución? -Los padres están serios y le miran con la máxima atención.

- Sí. He venido esta tarde para hablar con vosotros.

- Habla, hijo. -Le exhorta doña Margarita toda desazonada.- Me estás preocupando.

Y así, sin anestesia, se lanza al vacío.

- Me he enamorado. Llevo unos meses saliendo con una señorita y le he pedido que sea mi esposa.

- Hijo, qué alegría! -La reina se lanza a estrecharle entre sus brazos.- Qué susto me habías dado.

- Lo mismo digo, Armando. Pensé que nunca ibas a darnos esa noticia. -Don Roberto choca su copa con la de su hijo haciendo un brindis.

- Me alegra que os guste tanto la noticia. -Sonríe esperando que le pregunten detalles.

- A ver, dinos quién es esa muchacha. La conocemos? -Pregunta el padre.

- Sí, papá, la contrataste tú.

El hombre se queda un poco desconcertado ante la respuesta.

- Cómo que la contraté yo?

- Es mi secretaria.

- La rubia! -Exclama la madre contrariada y escandalizada.- Pero si es frívola, mezquina y muy cortita!

A doña Margarita sólo se le ha ocurrido Patricia porque físicamente es del estilo de las conquistas que hace su hijo, y claro, en la feíta como la llama ella, ni piensa.

- Quita, mamá! Ni más faltaba! -Protesta él enérgicamente.- Mi novia es Betty.

- Betty es la que seleccioné yo? Beatriz Pinzón?

- Sí, papá.

- Esa joven es muy competente y ha resultado una gran trabajadora. Eficaz y brillante, pero no es del tipo que tú sueles frecuentar. -Comenta don Roberto.

- Naturalmente. Yo no niego la valía de esa niña en el plano profesional, pero Armando... -Le reclama la madre.- Por favor...

- Preferirías a la rubia? -Contraataca Armando.

- Cómo piensas, hijo? Ni de fundas!

- Comprendo que cuando Betty llegó a Ecomoda su aspecto físico dejaba mucho que desear, pero Cata le ayudó a cambiar y ahora es una muchacha bonita, moderna y discreta que puede ser perfectamente presentada a tus amigas, mamá, como la esposa de tu hijo. La habéis visto últimamente?

- No. -Contestan los padres al unísono.

- Pues cuando la veáis estaréis de acuerdo conmigo en que físicamente no desmerece para nada al heredero de los Mendoza. -Dice Armando con sarcasmo.- Y en cuanto a inteligencia me supera con creces, así que debería satisfaceros la noticia.

- Sí nos satisface, Armando. Sé que es buena persona, que es trabajadora, que tiene la cabeza muy bien amueblada... y si, como dices, ha mejorado su forma de arreglarse y vestirse, pues no tenemos nada en su contra. Pero tú mismo reconocerás que para representar a Ecomoda hay que dar una imagen al menos agradable y discreta.

- Sí, papá, y ése ya no es problema. Vosotros mismos lo comprobaréis.

- Pero es pobre... -Murmura la reina sin poder callarse.

- Mamá, no seas clasista. Eso no es un defecto y tiene fácil solución: regálale la hacienda que heredaste de los abuelos y dejará de ser pobre. -Imita el tono desabrido de su madre al pronunciar la palabra, y don Roberto se vuelve para ocultar la risa.

- Bueno, sí es así... -Parece resignarse doña Margarita.- Porque de Marcelita nada, verdad?

- No, mamá, aquello terminó en septiembre y no debía de haber empezado nunca. Pero, bueno, hay un pequeño detalle más que quiero comunicaros.

- Algo más? -La reina se echa a temblar.

- Sí. Sentaos si queréis. -Se lo aconseja para no tener que recogerles del suelo porque va a soltar la bomba.- Betty tiene un niño de cinco años.

- Un hijo? -Pregunta la madre con voz quebrada y agarrándose a los brazos del sillón para no desplomarse.

El rostro de don Roberto se ha endurecido.

- Betty tiene un chino?

- Sí.

- Cómo es eso? Esa chica no me da sensación de imprudente ni desvergonzada.

- Y no lo es, papá. Al contrario. Pero fue cuando era muy joven. Apenas tenía diecinueve años y fue víctima de un desalmado de su barrio que la engañó y se burló de ella. La hizo creer que la amaba, que eran novios... ya os imagináis.

- Y ese tipo? Qué sabes de él?

- Que desapareció como si se le hubiera tragado la tierra. Cuando el padre de Betty se enteró y fue en su busca había desaparecido. Y no ha vuelto.

- Conoces al niño?

Sigue preguntando don Roberto porque al parecer la reina está en estado de shock.

- Sí, es un muchachito inteligente, simpático y de buena presencia. Tiene unos ojos muy despiertos y le gustan mucho los cuentos.

- Vamos, veo que estás entusiasmado! -Exclama al fin la madre sarcástica.- Armando, no me digas que vas a cargar con un niño que no es hijo tuyo!

- Me voy a casar con su madre y, como es natural, el niño vivirá con nosotros.

- Ay, qué cruz! Tantos años revoloteando de flor en flor y al final te vas a quedar con lo... -Iba a decir con lo peor, pero afortunadamente se frena.

- Mamá, piensa lo que dices, por favor. -Está molesto.

- Es que no me lo puedo creer, hijo. Mira que he imaginado miles de veces qué ibas a hacer con tu vida de solterón juerguista, y me daba miedo que pudieras encontrarte con algún serio problema. Pero que al final cargaras con el hijo de otro, nunca se me ocurrió.

- Mamá, deja de decir cargar porque lo hago voluntariamente y es un buen niño al igual que es buena su madre. Piensa que el que ha llevado vida de crápula soy yo, y bien podía haber sido yo quien aportase un hijo al matrimonio. Te gustaría que los padres de mi novia me mirasen mal a mí o, peor aún por ser injusto, a mi hijo?

Doña Margarita tarda en contestar, pero al fin dice quedamente:

- No.

- Pues no lo hagáis vosotros ahora. A Betty le pasó eso porque creyó estar enamorada y se aprovecharon de su inocencia. Y además hay que admirar su valor al seguir adelante con el embarazo, sabiendo que tener un hijo de soltera la iba a señalar para siempre con el dedo de personas hipócritas y puritanas.

- Está bien, hijo. -Habla don Roberto.- Veo que quieres mucho a Beatriz y, por las cualidades que la conozco, creo que has acertado eligiéndola, pero tienes que comprender que nos has sorprendido doblemente. Primero con tu anuncio de noviazgo y próximo matrimonio, y luego has elevado el grado de sorpresa a la enésima potencia al revelarnos que tu novia tiene un hijito.

- Comprendo que necesitéis tiempo.

- Y ese niño no será mal educado o impertinente...? -Pregunta la madre con gesto avinagrado.

- No, mamá. Está bien educado y es cariñoso y simpático. -Contesta Armando pensando que su madre empieza a resignarse.- Se llevará bien con Robertito porque apenas es un año menor.

- Bueno, pues quiero que nos presentes pronto a la familia de Beatriz. -Dice el padre.- He deseado tanto que te casaras con una mujer buena y formal que no voy a oponerme ahora porque tuviese un tropiezo de jovencita.

Armando siente un profundo agradecimiento hacia su padre al oír esas palabras, de modo que va hasta él y le abraza con cariño.

- Gracias, papá. Ésas son justamente las palabras que necesitaba escuchar.

- De nada, hijo. Cuándo podrás presentárnosle?

- El sábado o el domingo por la tarde.

- Mejor el domingo porque viene Camila con Antonio y el niño. Así los chinos se entretendrán jugando juntos y no se aburrirá el pobre, rodeado de mayores.

- Bien pensado. -Coincide Armando.

- Cómo se llama? -Sigue don Roberto.

- Gonzalo.

- Bueno, al menos el nombre me gusta. -Comenta la reina digiriendo el fastidio.- Esa muchacha ha tenido el buen gusto de ponerle un nombre de los nuestros en vez de un apellido yanqui como Nelson, Brandon o Darwin.

- Y el niño también te va a gustar, mamá. -Contesta Armando conciliador.

- Pero nunca le consideraré mi nieto. -Con pataleta.

- Te va a ganar con su forma de ser y serás tú quien le pida que te llame abuela. Ja, ja!

Armando ríe divertido relajándose un poco al comprobar que recibirán a Betty y al niño.

Su padre con agrado, y su madre resignada, en el peor de los casos.

- Eso sí que no. -Responde doña Margarita muy digna.- Yo sólo soy abuela de mis nietos.

Don Roberto rodea a su mujer por la cintura, estrechándola al comprender lo que le cuesta aceptar la situación con lo clasista que es. Y encima con suplemento, porque una cosa es aceptar a una muchacha humilde, y otra bien distinta es que además tenga un hijo.

- Vamos a cenar que veo venir a Martina. Y sabed los dos... -El padre mira serio a los otros y les dice con solemnidad.- El hecho de que la familia aumente siempre es motivo de alegría.

- Por los métodos tradicionales, Roberto. -Apostilla su mujer.- Qué encuentras de bueno en que Armando nos ponga ante el hecho consumado de recibir en nuestra familia al hijo que su novia tuvo con un desalmado?

- Margarita... -Don Roberto se ha puesto serio.- Dios escribe derecho con renglones torcidos. Deja de insistir y acéptalo porque es la voluntad de Armando, y digo yo que tiene años suficientes para saber lo que quiere, y ser capaz de discernir si ésa es o no es la mujer adecuada.

Con esta intervención, el mayor de los Mendoza da por finalizada la conversación y se pone a hablar de la empresa con su hijo.

Doña Margarita, por el contrario, cena silenciosa y pensativa. Y también con cierto grado de curiosidad por conocer al dichoso niño y ver si al menos es presentable en su círculo de amistades.





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Como no es muy tarde, cuando Armando llega a casa llama a Betty.

- Aló, Armando! Cómo te ha ido? -No espera contestación y sigue hablando nerviosa.- Mal, supongo, porque ya comprendo que es tremendo trago decir a los padres que tu novia tiene un hijo de soltera, y...

- Beeetty... -Canturrea Armando divertido.- Para ya y déjame colar alguna palabra entre medias. Ja, ja!

- Ay! Sí, perdona.

- Bueno, como supones...

- Ya decía yo. -Le interrumpe.

- Como supones... -Repite Armando.- ...la noticia no ha caído demasiado bien, pero mi padre ha dicho que no se va a oponer porque hayas tenido un tropiezo de jovencita. Que tiene constancia de que tú eres buena persona, y que yo tengo años suficientes para saber lo que quiero.

- Buf! -Resopla.- Algo es algo. Y tu madre?

- Pues a mi madre le ha caído peor porque es un poco esnob, pero ya le he dicho que se va a enamorar de Gonzalo en cuanto le conozca y le va a pedir que la llame abuela.

- Eres muy optimista. -Comenta un poco desanimada.- No creo que desee conocerle.

- Pues sí, doña Pesimista. He quedado en que iremos los tres el domingo por la tarde, porque también irá mi hermana, con mi cuñado y mi sobrino. Así los dos niños podrán jugar.

- Ay, señor. No me va a dar tiempo para preparar al niño.

- Prepararle de qué? -Armando no entiende.

- Pues de cómo comportarse.

- Vamos, Betty, ahora vas a ser tú la neurótica? Gonzalo es un buen chico, educado y simpático. Dale, si quieres, alguna indicación pero déjale ser natural.

- Tú crees?

- Sí. No vayas a ponerte cansona con él toda la semana porque únicamente conseguirás que no quiera ir o vaya a disgusto.

- Está bien. Seguiré tu consejo. Oye, y qué les ha parecido que fuese yo tu novia? Antes de saber que había un niño, claro.

- Primero se han sorprendido, porque con mis antecedentes de mujeriego impenitente no se esperaban oírme hablar de matrimonio, y menos todavía con una mujer juiciosita, pero lo han aceptado bien.

- Ay, qué nervios!

- Estamos los dos igual, porque no olvides que yo también voy a ir a conocer a mis futuros suegros.

- Sí, pero ni tú eres mi secretario, con lo que nadie sospechará que quieres cazarme, ni tienes un hijo.

- Tampoco mis padres han pensado que me hayas hechizado para cazarme. Por favor, tranquilízate y no te agobies que todo va a ir bien. Hazme caso.

- Voy a intentarlo. Me tumbaré en la cama, respiraré hondo varias veces, visualizaré como llegan las olas a la arena de una playa... y a ver qué pasa.

- Fantástico. Un beso, mi amor. Mañana paso a recogerte.

- Hasta mañana, Armando. Un beso y que descanses.

Betty hace lo que ha dicho y, aunque tarda un poco, termina quedándose profundamente dormida.

Armando, en cambio, está inquieto porque conoce a su madre y sabe que es un poco cabezona, pero se dice que Gonzalo conquistará el corazón de la mujer.



CONTINUARÁ...





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Hola, amigas. La reina no está muy convencida, pero creo que le va a tocar tragar le guste o no.

Cómo serán las cenas de viernes y domingo? Os imagináis? Besicos.

 
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