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Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XVI

May 5 2011 at 11:55 PM
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Calipso  (no login)

 

- Cuéntame tus impresiones, Armando.

- Estoy muy feliz. Tus padres han sido muy acogedores, Gonzalo es encantador, y tú ya eres mi futura esposa. Me parece estar soñando. -La abraza.

- Mantén una distancia prudente que estoy segura de que mi padre estará mirando si nos comportamos de forma decente y ejemplar.

- Tú crees? -Piensa que exagera.

- Seguro. Dame un besico y mañana...

- Uau! Eso tiene carácter contractual. Me lo has ofrecido tú así que mañana... sí?

- Te pareces a Gonzalo con lo de la película. Oj! Oj! Oj!

- Ja, ja! Es que tengo hambre de ti. Susurra.

- Hasta mañana. -Sonriente.

- Hasta mañana, mi amor.

Intercambian un piquito, Betty vuelve a la casa y Armando entra en el coche y se va.

Todos están tan contentos y satisfechos que pasan una plácida noche llena de sueños felices.






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Capítulo XVI.- Y van a llevar a Gonzalico?



Por la mañana, Gonzalo es el primero en levantarse y baja rápido al comedor para poner el DVD y ver la película, pero Betty le oye y baja tras él para abrigarle, pues acierta al sospechar que no se ha puesto nada sobre el pijama. A continuación sonríe con ternura y añade:

- Te voy a traer una taza de cacao y unas galletas para que desayunes mientras ves a los gatitos.

- Vale.

El niño se acomoda en el sillón del abuelo y allá se queda como un maharajá, mojando galletas en el cacao y viendo su película favorita hasta que casi se aprende los diálogos de memoria.





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A las seis en punto de la tarde Armando llama a la puerta.

Le abre doña Julia y le invita a pasar mientras su hija termina de arreglarse. Charlan apenas un par de minutos porque enseguida baja Betty y le saluda con un besico.

- Buenas tardes. -La dedica una gran sonrisa.

- Buenas tardes, Armando. Has hecho muchas cosas esta mañana?

- Varias. Primero fui al club para montar a caballo, y he estado entrenando a Tritón en la pista de obstáculos porque el próximo mes hay un concurso hípico y le he inscrito. Y después he ido a Unicentro, porque tenía que comprar una cosa y allí incluso me la han dejado instalada.

- Instalada? Dónde? -Pregunta Betty con curiosidad.

- Vengan y lo verán. -Invita a las dos mujeres. A ver qué les parece?

Armando las guía hasta el coche, lo abre, y les muestra que en el lado derecho del asiento trasero hay una silla infantil perfectamente colocada, homologada y adecuada a la edad y tamaño de Gonzalo.

- Has comprado una silla especial para el niño? Betty se queda desconcertada.

- Naturalmente. Cómo vamos a llevar si no a Gonzalo de un lugar a otro? Te parece mal?

- Ni modo! Pero no me lo esperaba...

Le mira con adoración por tener ese detalle para con su hijo, y siente que es digno del mayor amor que pueda darle.

- Además vamos a necesitarla mañana mismo cuando vayamos a casa de mis padres.

- Tienes razón. No me había dado cuenta de eso.

Al ver la cara de su madre se da cuenta de que no sabe de qué están hablando.

- Verá, mamá, es que mañana por la tarde vamos a ir a casa de los padres de Armando para hablar con ellos sobre nuestra intención de casarnos.

- Y van a llevar a Gonzalico?

- Sí, doña Julia, para presentárselo a mi familia. -Contesta él.

De pronto la mujer siente temor al plantearse qué pensarán esos señores de su hija, y cómo la recibirán a ella y al niño. Seguro que nos les gustaría una muchacha humilde, pero si además tiene un hijo...

- Y sus papás ya saben que Betty tiene un niño? -Pregunta con un poco de aprensión.

- Sí, yo se lo he dicho ya, y no tema porque les van a recibir como ustedes a mí. Con los brazos abiertos.

Esto es un farol de Armando ya que no está muy seguro con respecto a su madre, aunque espera que guarde la compostura.

- Es que como mi Bettyca tuvo aquel problema... -A la buena mujer se le llenan los ojos de lágrimas al recordar.

- Vamos, mamá, no se ponga triste.

Betty le echa un brazo por los hombros y la acompaña a la casa mientras él cierra el coche.

- Doña Julia. -Dice Armando que las alcanza al entrar en casa.- Mis padres conocen a Betty y saben que es una persona excepcional en todos los aspectos. También comprenden que haber tenido un mal encuentro con un sinvergüenza cuando era jovencita no le resta méritos.

- Entiendo sus palabras, don Armando, pero el niño no es hijo suyo, de su sangre... Ustedes son una familia importante y supongo que a sus padres no les gustará que...

- Tranquilícese, mamá. -La estrecha y da un beso.

- Ellos saben que Betty es la mujer que he elegido para compartir mi vida, y el niño va a donde vaya ella. Con los mismos honores y el mismo cariño.

- Ay, señor...

- Doña Julia, no se apene que ya verá como los dos pasan una buena tarde.

- Si yo no dudo de la hospitalidad de sus padres, doctor. Ni más faltaba! Lo que pienso es que les va a disgustar.

- Ellos ya están al corriente de todo y mañana van a conocer a Gonzalo, que es un niño encantador y bien educado que les va a gustar en cuanto le vean. Además no se va a aburrir porque también estará mi sobrino que tiene seis años y jugarán juntos. Seguro que congenian y se llevan bien.

- Mamá, yo estoy un poco nerviosa, y si la veo a usted preocupada me voy a poner peor, así que cálmese que todo va a ir bien, sí?

- Sí, m´hija, tiene razón pero me he puesto muy alterada al recordar todo lo que sufrimos en aquel tiempo. -Se seca un par de lágrimas y esboza una sonrisa forzada.- Ustedes ahorita váyanse por ahí, que nosotros tres iremos a dar un paseo para que Gonzalito se airee ya que lleva todo el día pegado a la tele. Ha visto la película más de cuatro veces.

- Ok, mamá! Ya está mejor?

- Sí. Hala! Ustedes a divertirse. -Les empuja hacia la puerta.

- Hasta luego, doña Julia. Luego le traigo a la niña sana y salva. -Bromea Armando al salir.

Suben al coche y Armando arranca.

- Dónde quieres ir? Cine, teatro, a bailar...?

- Me gustaría algo muy tranquilo porque yo también estoy nerviosa aunque he intentado disimular delante de mi madre.

- Pues te voy a llevar al club. Allí podremos pasear por los jardines y luego tomar algo en la cafetería. Te provoca?

- Totalmente. Vamos allá.

Pasean tomados de la manita y pasan una tarde sosegada que es lo que Betty necesitaba. Luego, al anochecer, van al edificio donde está la cafetería y piden que les lleven las consumiciones a un salón anexo que está amueblado con cómodos sillones y sofás de piel.

Allí toman sin prisas sus zumos mientras hablan de ellos y de sus proyectos, y finalmente se levantan y se dirigen al coche.

Armando la lleva enlazada por la cintura y la susurra al oído:

- Yo tenía otra idea más rica para esta tarde, pero me la reservo para otro sábado.

Betty le mira entendiéndole perfectamente y contesta acariciándole una mejilla.

- Mmm... qué rico! La próxima vez haremos eso, sí?

- Me alegra que te parezca buena idea.

Se besan al entrar al coche durante unos minutos, y luego vuelven a hacerlo al despedirse ante la casa de Betty.

- Mañana os recojo a los dos a las cinco y media de la tarde, y ve relajada que no os llevo a la jaula de los leones.

- Hasta mañana, mi amor. -Le sonríe.

- Hasta mañana. Voy a soñar contigo como todas las noches, y lo seguiré haciendo hasta que podamos dormir juntos.

Se besan por última vez ese día y Betty sale del coche.





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Betty ha preparado a Gonzalo con un pantalón azul marino, una camisa de manga corta de cuadritos y una cazadora de color tostado. Después le ha dejado en el salón al cuidado de la abuela para que no haga ninguna trastada y se manche, y ella ha subido a arreglarse con la ropa que había acordado con Armando.

Ya vestida del todo mira el reloj, y viendo que quedan unos minutos para las cinco y media, pasa al baño a comprobar por última vez ante el espejo que está perfecto el suave maquillaje, el peinado y toda ella en conjunto.

A continuación da un ligero toque de cepillo a la lisa y brillante melena, suspira y baja al otro piso.





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Con total puntualidad y sincronización termina de bajar la escalera y suena el timbre.

Abre la puerta, se saludan con amplia sonrisa y suave beso, y Betty llama al niño.

- Vamos, Gonzalo, que ya está aquí Armando.

- Pase, doctor, no se quede en la puerta. -Se oye la voz del padre.

Él hace un gesto a Betty y entra al comedor sonriente.

- Buenas tardes, don Hermes, lo lamento pero no podemos entretenernos.

- Es que van con hora?

- Más o menos. Vamos a casa de mis padres para decirles que queremos casarnos y presentarles a Gonzalo.

El hombre se pone serio, pero prudentemente se calla las dudas que le asaltan sobre cuánto disgustará a los Mendoza que la novia de su hijo sea madre soltera.

- Bueno, pues que pasen buena tarde, y salude a sus padres de nuestra parte.

- Lo haré, don Hermes.

- Y usted, Gonzalico, sea juiciosito y obedezca a su mamá.

- Sí, abuelo. -Contesta el niño todavía perfectamente vestido, repeinado y oliendo a colonia de bebé.

- Adiós, papá. No regresaremos tarde.

Salen a la calle y Armando llama al niño.

- Ven, Gonzalo, que en el coche tienes que ir sentado en un asiento especial.

- Tienes en tu coche un asiento especial para mí? -Se le iluminan los ojos.

- Sí, lo he comprado ayer para que puedas venir con tu mamá y conmigo. Te gusta?

- Sí. -Dice acomodándose bien y dejándose ajustar y abrochar el cinturón. Éste es más chulo que el del coche del abuelo.

- Claro, porque ése es más antiguo y ha habido que ir adaptándolo según te hacías grande.

- Mira, también he hecho poner un reproductor de DVD detrás del cabecero de tu mamá, frente a ti. Así podrás ver dibujos mientras viajamos y no te aburrirás.

- Guau! -Exclama el niño sorprendido cada vez más.

- Te he traído El rey León. Espero haber acertado.

- Sí, gracias. Simba es muy fuerte, y sus amigos muy graciosos. -Le mira sonriente y dice en un impulso.- Armando, me gustas mucho y te doy permiso para casarte con mi mamá.

Armando y Betty le miran y se miran perplejos. Luego, él suelta una carcajada mientras ella reclama a su hijo.

- Y se puede saber quién eres tú para darle permiso a Armando para casarse conmigo, comino? -Protesta divertida por la ocurrencia.

- Gracias, Gonzalico, me alegra mucho saber que tengo un aliado tan influyente. Ja, ja, ja! -Da un beso al niño y se sienta ante el volante.

- Yo soy tu hijo. -Razona el niño dirigiéndose a Betty.- Y como tu marido será mi papá, pues quiero que me guste. Que sea simpático.

Ahora sí que los dos se quedan estupefactos y se vuelven a mirarle. Betty con su cinturón de seguridad aún sin abrochar, y Armando con la llave del coche en la mano a punto de introducir en su ranura.

- Como verás... -Dice éste.- ...tu hijo no utiliza la cabeza sólo para peinarse.

- Ya veo, ya... -Todavía asombrada.- A ver, Gonzalo, ya sabes que vamos a casa de los papás de Armando, sí?

- Sí, y que tiene un sobrino que se llama Robertito y va a ser amigo mío.

- Exactamente. -Confirma Armando.

- Bueno, pues quiero recordarte que te portes bien. Que seas amable y educado y que no te hagas el gracioso. Tú saludas y luego contestas normalmente cuando te pregunten. Key?

- Key! Y si me preguntan si quiero merendar? -Con interés.

- Pues dices sí o no. Lo que te apetezca, pero si comes no seas glotón, y no ensucies nada, y...

- Bueno, Betty, deja ya al chino, que al final no va a saber cuándo decir sí y cuándo decir no. -Interviene Armando riendo.- Ja, ja, ja!

- Sí me he enterado. -Contesta Gonzalo desde atrás.- Tengo que ser simpático y decir que sí quiero merendar.

- Ja, ja, ja! Un buen resumen. -Armando lo está pasando en grande.

- Ay, qué cruz! -Suspira Betty mirando a lo alto y con los nervios a flor de piel.

Pasa un tiempo en el que los tres guardan silencio y sólo se oye de fondo el diálogo y la música de la película que está viendo el niño.





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- Ya llegamos. -Anuncia Armando que, aunque no lo reconozca, también está nervioso porque no sabe con seguridad de qué humor encontrará a su madre.

Un par de minutos después detiene el coche ante la casa, e inmediatamente se abre la puerta y sale don Roberto seguido de doña Margarita a recibirles.

- Buenas tardes, hijo. Qué tal está, Beatriz?

- Buenas tardes, don Roberto. Muy bien, muchas gracias.

- Bienvenida a esta casa, doctora Pinzón. -La reina llega hasta ella y la saluda con un beso.

- Gracias, doña Margarita. -Aún crispada a pesar del buen recibimiento, pues quiere pasar el mal trago cuanto antes, toma al niño de la mano y dice.- Les presento a mi hijo Gonzalo.

Éste sonríe al oír su nombre y mira a esos señores que también le sonríen.

- Hola, campeón! -Don Roberto le acaricia la mejilla.

- Qué niño tan guapo! -Exclama doña Margarita agachándose.- Me das un beso?

- Sí. -Se besan mutuamente.

- Ven conmigo. -Le da la mano.- Te voy a presentar a mi nieto y yo creo que vais a ser buenos amigos.

La reina está dejando perpleja a Betty, y más aún a Armando con el recibimiento al pequeño, pero es que ellos ignoran que su marido ha tenido una larga y severa conversación con ella en la que le ha hecho reflexionar seriamente, haciéndole comprender que no puede rechazar a la familia de la mujer que su hijo ha elegido para esposa, de modo que, a su pesar, ha terminado aceptando la situación, al menos de cara afuera.

Caminan hacia la casa y le pregunta:

- Te gustan los puzzles?

- A mí sí. Y a tu nieto? -Está deseando conocer al otro niño.

- Gonzalo, habla de usted a las personas mayores. -Le corrige Betty que va tras ellos.

- Déjele, Beatriz, aquí nos tuteamos todos. -Contesta la mujer y se vuelve al niño.- Pues ven porque tengo uno tan difícil que no consigo hacerlo yo sola, y a ver si entre Robertito y tú lo lográis.

- Vale, pero si es tan difícil igual no sé. Es que yo todavía soy pequeño, sabes?

- Ah, sí? Cuántos años tienes? -Le sigue la corriente.

- Cinco.

- Y ya vas al colegio?

- Sí, y sé muchas letras y números.

Gonzalo se encuentra cómodo con esa señora y va dando saltitos a su lado.

- Pareces un muchachito muy listo. -El chaval le está entrando por el ojito derecho.

La mujer piensa que a pesar de su origen tiene buena presencia y parece agradable y bien educado. Va a resultar presentable a sus amigas.

En el salón aguardan Camila y Antonio con gesto relajado y sonriente, y a su lado espera impaciente un niño de ojos verdes como su abuela y su mamá, pelo castaño como su papá y su tío, y un poco más alto que Gonzalo.

- Le presento a mi hija Camila, a mi yerno Antonio y a mi nieto Roberto, como el abuelo. -Se vuelve a Betty.- Esta señorita es Beatriz, la novia de Armando, y su hijo Gonzalo.

- Me alegro mucho de conocerte. -Camila la abraza y le da un par de besos.

- Lo mismo digo. Armando me ha hablado mucho de ti.

- Bien o mal? -Bromea.

- Bien, naturalmente. -Contesta Betty sonriendo.

- Encantado, Beatriz.

- Igualmente. -Intercambia un beso con el marido de Camila.

- Q´hubo, hermanita? Hola, cuñado. -Armando da un beso a su hermana y a su sobrino, y se agacha entre los dos niños.- Roberto, éste es mi amigo Gonzalo y es muy buen chico. Qué te parece si hacéis el puzzle de la abuela y después salís a jugar al jardín?

- Bien. -Se vuelve a Gonzalo.- A mí se me dan muy bien los puzzles. Y a ti?

- También.

- Pues, ven conmigo que está en aquella mesa bajita. -Señala una que está cerca de un rincón con las piezas desparramadas encima.- Tú busca fichas que tengan el color rojo.

- Vale, y también las que tienen un lado lisito porque son las del borde. -Gonzalo acompaña gustoso al otro niño.

Los mayores les observan, y ven satisfechos como colaboran para buscar y encajar las piezas con total camaradería.

- Parece que han congeniado. -Comenta don Roberto.

- Más les vale porque van a ser primos adoptivos. -Bromea Armando feliz por cómo se está desarrollando todo.

- Rober es muy tranquilo. -Explica Camila.- Y le ha gustado mucho que haya venido tu hijo para tener un compañero de juegos porque igual en casa que aquí siempre está solo.

- Lo mismo le ocurre a Gonzalo. Es muy sociable, pero únicamente puede relacionarse con otros niños en el colegio y en el parque. En casa también está solo de modo que tiene que entretenerse con cuentos, puzzles, juguetes y mucha fantasía.

Viendo que los niños juegan tranquilos y charlan amistosamente entre ellos, los mayores se acomodan en los sofás y saborean el rico café.

- Bueno, ya que estamos todos reunidos, Betty y yo queremos deciros que no tenemos intención de tener un noviazgo largo, de esos de paseos de la manita por el parque en otoño, invierno, primavera y verano. Queremos fijar la fecha de la boda y empezar a preparar todo ya.

- Oh, genial! -Exclama Camila levantándose y abrazando a Betty.- Tienes hermanas?

- No. -Contesta asombrada por el entusiasmo de la otra.

- Pues yo me ofrezco para acompañarte y orientarte en todo lo que necesites.

- Camila, no seas tan impulsiva. -La frena la reina.- Aunque Beatriz no tenga hermanas, sí tiene mamá y, como es natural, ella querrá participar activamente en la preparación del matrimonio de su hija.

A pesar de que lo ha aceptado, doña Margarita no tiene prisa porque necesita tiempo para ir asimilándolo. Aún viendo que tanto Betty como Gonzalo son educados, prudentes y agradables precisa hacerse a la idea poco a poco.

- Acepto con gusto tu ofrecimiento, Camila. Cuento contigo y te avisaré siempre que mi madre esté ocupada. -Contesta Betty agradecida a la futura cuñada.





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Ellos siguen allí planeando el próximo matrimonio mientras los niños han ido a merendar a la cocina y después han salido a jugar al jardín bajo la vigilancia de una mucama.

- Entonces, resumiendo... -Dice don Roberto.- Queréis que la ceremonia religiosa sea en la parroquia de Beatriz y la celebración en el club.

- Sí, papá, y nos gustaría que sólo asistiesen los indispensables. -Gira la cabeza hacia su madre.- Perdona, mamá, yo sé que siempre has deseado invitar a todos los amigos y conocidos, pero por favor, restringe todo lo que puedas las invitaciones.

- Está bien, hijo, comprendo que debe primar vuestra idea. Nos limitaremos a invitar a la familia y los amigos más allegados. Verdad, Roberto?

- Sí, es lo mejor porque a esos es a los que de verdad importa la felicidad de nuestro hijo.

- Abuela, toma! -Rober irrumpe en el salón con un pequeño manojo de florecillas silvestres entre las que dominan las amapolas.

- Muchas gracias, hijo.

Las toma y le da un beso, viendo en ese momento que tras él ha entrado el otro niño ofreciéndole otro ramito similar.

- Son para ti.

- Muchas gracias, Gonzalo. -Al fijarse en la variedad de flores le pregunta.- Sabes qué flores son estas?

- Sí, me lo ha enseñado mi abuelo. Son margaritas, y como tú te llamas así, pues las he elegido para ti.

- Eres un encanto. -Contesta doña Margarita sonriente, y besa al niño.- Te gustan las margaritas?

- Sí, y también las campanillas.

- Qué casualidad! A mí también me gustan mucho las campanillas. -Le acaricia la carita.

Quien sabe por qué el niño ha conectado con ella, y le dice con una sonrisa.

- Mi abuelita Julia también es muy buena, como tú.

- Será pelota... -Bromea Armando, feliz al ver como el niño se está ganando a su madre.

- Yo no soy eso. -Protesta tímidamente el pequeño.

- Pues claro que no, corazón. -Le abraza la mujer ya casi conquistada.- Gonzalo es un niño inteligente que ha relacionado mi nombre con las flores.

Betty está asombrada de lo cariñosa y amable que está siendo la reina, porque lo poco que ella la conoce de verla en la empresa es bien estirada, incluso antipática.

Será que en familia es así de cálida y cercana o estará haciendo un esfuerzo para contentar a Armando? Se pregunta.

-Venid conmigo que os voy a dar un regalo por el detalle que habéis tenido.

Toma a uno de cada mano y les lleva hasta un mueble del que saca una caja de bombones y les ofrece.

- Tomad.

- Puedo comer dos, mamá? -Pregunta el nieto.

- Vale, pero no más. -Contesta Camila.

- Y yo, mamá? -Pregunta ahora Gonzalo.

- Bueno, y da las gracias. -Responde Betty.

El niño toma un bombón en cada mano y mira a doña Margarita con ojos brillantes.

- Gracias. Tú sabías que me gusta el chocolate?

- Ja, ja! No, pero me lo imaginaba porque a casi todas las personas les gusta.

- Mi abuelo Hermes lo desayuna, y moja bizcochos.

- A mí también me gusta, pero yo prefiero tomarlo de merienda.

La mujer no suele entenderse muy bien con los niños porque le resultan pesados, cargantes y fastidiosos, pero le encanta la naturalidad y espontaneidad de Gonzalo, con lo que se siente cómoda y a gusto con él.

- Bueno, mamá, deja ya que los chinos se vayan a jugar y danos bombones a nosotros. -Reclama Armando que está admirado y contento por la empatía de su madre y el niño.

- Gonzalo, vamos a los columpios. -Propone Robertito.

- Sed prudentes. -Recomienda Camila.- No hagáis locuras.

- No se preocupe, señora, que yo les acompaño. -Se ofrece la mucama.

- Gracias.



CONTINUARÁ...




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Hola, m´hijitas, como veis, la reina está siendo juiciosita, amable, buena anfitriona y cariñosa con Betty y el niño. Claro, porque don Roberto le ha hecho recapacitar, pero bueno está lo bueno.

Ahora hay que saber cómo aceptará que el noviazgo sea breve y la boda prontico...

Creéis que volverá a ponerse desagradable? Besicos.

 
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